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En el paleolítico año de 1978 un alto funcionario público de vistosa carrera pretendería la Presidencia de la República a partir de una estructura ajena a los partidos tradicionales. Para esto invitó a cierta persona que creía capaz de creación política y le explicó: “Traté de hacerlo por los cauces convencionales y me lo impidieron. Por eso tengo que intentarlo desde tienda aparte. Te he llamado porque quiero que tú seas el ideólogo de mi organización de campaña”.

Tres buenas botellas de vino blanco aderezaron el almuerzo y la conversación, al cabo de las cuales el invitado se atrevió a decir, enológicamente alentado: “¿Sabes una cosa? Yo creo que si la improvisación fuese admisible yo sería mejor presidente que tú”.

Pero el anfitrión también estaba algo alebrestado por el vino, y respondió con sus características agilidad y simpatía: “Estoy de acuerdo, pero tienes que concederme que yo tengo más chance que tú”.

No importa saber si la pretendida colaboración se dio (no se dio); no importa siquiera si la conversación ocurrió de verdad (se non é vero é ben trovato); lo importante es que el diálogo diseca y pone al desnudo una tensión polar entre idoneidad y oportunidad que con alguna frecuencia se hace presente en las discusiones sobre el poder. Usualmente esta tensión se resuelve a favor de la oportunidad.

En la búsqueda de un deseable candidato unitario para la llamada presidencia de transición esta tensión está presente, pues seguramente hay quienes serían una magnífica escogencia pero no disponen de los canales para emerger. Dentro del territorio del “tercer lado”, entonces, pudiera valer el ejercicio de yuxtaponer, a la lista de los que “tienen chance”, una compuesta por nombres de los que sabrían qué hacer con el coroto. Pudiera ser que la oportunidad fuese más fácil de construir a breve plazo que la capacidad.

Comoquiera que el asunto es serio, no conviene forzarlo, como se ha propuesto, para la misma fecha del reafirmazo. Ya el confuso combo del firmazo del 2 de febrero fue un atropellamiento que a la postre resultó inútil, por el simple hecho de que había una fecha “propicia” por delante.

Lo que sí debe hacerse ya es abrir todos los canales a la participación y exposición de actores no convencionales, dado que éstos, hasta ahora, no terminan de convencer.

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