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Falta poco para saber si la opción revocatoria va a ver prolongada su vida. Si los criterios radicales predominan en el gobierno, éste sería el momento para frenarla, cuando dispone del sartén por el mango con lo de los paramilitares, varios líderes opositores están neutralizados o atenuados (incluyendo Colombia, los Estados Unidos, la OEA, el Centro Carter, los que para el gobierno son líderes opositores), el tono psicológico de la oposición está bajo, los Estados Unidos pasan trabajo con el lío iraquí, hay cambios de gobierno en Alemania y España—algo adormecida esta última con la boda principesca—el petróleo está alto y Bush está en campaña, la oposición está sobrecargada y se juega su destino. Si el CNE anuncia que los reparos no fueron suficientes y por ende no hay referendo revocatorio, seguramente habrá reacciones de protesta, pero podremos reprimirlas, y el 350 contra el gobierno no llegará a materializarse en los términos especificados ya en sentencia anticipada de Iván Rincón Urdaneta.

Pero puede haber una conducta gubernamental más taimada y más legitimante para el régimen, y que cuadra con anteriores comportamientos. Aflojar ahora y permitir el revocatorio—en la rayita, con reparos reconocidos en número escasamente suficiente—y ganarlo. (O “ganarlo”). Ante una oposición que con las elecciones regionales estará desgañitada y atomizada, “descentralizada”, lo que tanto le gusta.

Entonces, desde “Domingo Sensacional”—¿no será, en realidad, el choque Chávez-Cisneros una confrontación disimulada entre el primero y Daniel Sarcos?—se dirá: “¿Se fijan? No les gustan ni los huevos fritos. Primero querían su enmienda constitucional. Entonces vino Carter y aceptaron discutir la opción del revocatorio, que nosotros propusimos. Después no recogieron las firmas que dijeron—dijeron tres millones setecientas y después quisieron meternos gato por liebre con tres millones cuatrocientas que presentaron—y luego recogieron apenitas lo necesario para activar el referéndum. Un millón menos. El megafraude fue de por lo menos un millón de firmas. Pero les reconocimos dos millones cuatrocientas mil, pues. Y ahora nos quieren hacer creer que cuatro millones cien mil querían revocarme en una votación de sólo cinco millones setecientos. Porque la mayoría no votó. La mayoría, que me apoya, sabía que no iban a poder revocarme, y no se molestó en ir. La verdad es que no recogieron más de tres millones doscientos mil, y a mí me eligieron tres millones ochocientos mil venezolanos. Y ahora que ofrezco de nuevo la paz, y que les ofrezco ser también su presidente, vienen con esto del fraude, cuando los tramposos son ellos, que admitieron que no tenían un millón de firmas que decían tener”. Etcétera.

Pero si esto no se pudiera establecer, sin grave ruptura con los observadores internacionales, por ejemplo, ¿no queda todavía que el presidente Olegario se mida en elecciones inmediatas, contando conque de nuevo Iván—¡cónchale, Iván! ¡Eres un tipazo!—autorizará su candidatura, porque él es quien interpreta en su nombre la Constitución, y legitimarse todavía más directamente?

De nuevo, etcétera. Porque, por complicar más las cosas, puede haber revocatorio pero después del 19 de agosto, con la conocida consecuencia: un presidente “gomecista” , más probablemente el controlable Rangel que el peligroso (para Chávez) Cabello, garantiza todo. La culpa habría sido de la oposición, que cogió el camino largo del Tribunal Supremo de Justicia. “Yo, Jorge Rodríguez, me cansé de decirles que ésa era la vía más larga”. (Esta es una opción para un chavismo débil. Si Chávez fuere revocado después del 19 de agosto, su sucesor, nombrado por él, presidiría un gobierno enormemente desligitimado).

Es decir, no sabemos. Por los momentos, lo que sabremos la semana que viene, más o menos, es si habrá, por fin, referendo revocatorio. Nuestro olfato dice que sí. Pero podemos estar oliendo mal. Aunque si yo pensara como Chávez, preferiría montar el revocatorio y ganarlo. Tal vez la hoja en Microsoft Excel ya está hecha (Sala Situacional, predicción para el caso “B 1.2” de votación elevada con abstención de 35%): “Por el sí, 3.900.000 votos, 100 mil más que los que me eligieron; por el no, 4.235.000 votos, los que, según Iván, me atornillan. ¿Quieren más democracia?”.

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