Fichero

LEA, por favor

La Academia Nacional de Ciencias Económicas de Venezuela editó en 1992 un extraordinario libro del Dr. Raúl Sosa Rodríguez: “Historia de las Relaciones Económicas Internacionales de la América Latina”. Originalmente la tesis presentada por el autor para optar al Doctorado en Economía en la Universidad de Ginebra, el texto fue ampliado posteriormente para incluir la relación de lo acaecido en la región con posterioridad a 1963. Es con unos pocos fragmentos del libro con los que está compuesta esta Ficha Semanal #27 de doctorpolítico.

En poco más de cuatrocientas páginas llenas de información y buen criterio, el Dr. Sosa Rodríguez acierta a explicarnos con gran claridad y pedagógico arte la compleja evolución de las economías latinoamericanas desde sus orígenes independentistas hasta finales del siglo XX. La lectura de este libro nos remunera con la comprensión histórica y con una desmitificación acerca de nuestro desarrollo económico. Su enfoque, pudiera decirse, es de carácter clínico, pues el Dr. Sosa Rodríguez escribe con el desapasionamiento y la serenidad de un buen médico. Una nutrida colección de cuadros estadísticos sería ya razón suficiente para desear la posesión del libro pero, reitero, es la prosa calmada y aleccionadora del autor lo que lo convierte en obra inestimable.

Tan sólo sus palabras de cierre son una guía que impediría la repetición de graves errores de política económica en América Latina:

“En el último decenio del siglo, después de la crisis de la deuda externa, América Latina ha comenzado una época de difíciles definiciones en la cual no podrá continuar sin aclarar su trayectoria futura. Será necesario escoger entre una posición en el Primer Mundo o bien en el Tercer Mundo, en el cual se encuentra ahora, es decir, entre el desarrollo y el subdesarrollo. No podrá seguir flotando entre ilusiones populistas, por una parte, y cortas aventuras en los sistemas de economía de mercado, por la otra. No será posible continuar atribuyendo la responsabilidad de los difíciles esquemas de ajuste a influencias externas, toda vez que es evidente que éstos han sido el resultado de los errores del pasado y de la necesidad de superarlos. No deberá buscar la ayuda de los grandes países industrializados, toda vez que la Alianza para el Progreso y el Plan Kennedy pertenecen a la Historia y ahora sólo existen esquemas definidos de cooperación y de ayuda mutua. Europa, su fuente original desde los tiempos de la Conquista, se transformará en un inmenso mercado integrado teniendo a su lado, y sobre sus espaldas, los restos del Imperio Soviético; los Estados Unidos, su aliado de siempre, igualmente se encuentra afectado por treinta y cinco años de guerra fría y el más elevado nivel de endeudamiento de su historia; y finalmente el Japón y el mundo asiático, ante el interrogante del futuro de la China, se encuentran en situación similar a Europa. Éstas son las alternativas de América Latina. Habrá de ser un camino largo, arduo y derecho, para descubrir y definir su identidad”.

LEA

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Así son las cosas

Es un hecho reconocido que la actual crisis latinoamericana es causada por factores de origen interno y externo. La causa interna fundamental ha sido la demanda de fondos que fue provocada obviamente por la orientación de las políticas económicas y sociales de los gobiernos, las cuales se originan esencialmente en el modelo económico adoptado. Por otra parte, es, sin duda, una causa externa la oferta de fondos por parte de la Banca Internacional en condiciones muy atractivas y posiblemente pasando por alto ciertos factores de riesgo cuya importancia ha sido puesta de relieve desde agosto de 1982, cuando comenzó la crisis mexicana. Puede afirmarse, sin embargo, que las causas del endeudamiento han sido principalmente internas y atribuibles a los gobiernos latinoamericanos. También es evidente que las causas exógenas han sido, en gran proporción, responsables de la agravación de la crisis, como ha sido el caso del alza de los intereses en 1979-80 y la prolongada recesión mundial que se inició en esa misma época.

En 1975 la mayor parte de los países de la región se encontraron en una situación difícil de balanza de pagos al comenzar la recesión de la economía internacional y al sentirse la reducción de la inversión extranjera directa. En estas circunstancias, la importante expansión de la liquidez internacional, que permitió el incremento del crédito por parte del sector bancario internacional, ofreció la solución más fácil para evitar los problemas derivados de un programa de ajuste compuesto por medidas fiscales y monetarias para reducir la demanda agregada. Ciertamente, estos países hubieran debido iniciar un período de austeridad, en vez de acudir al endeudamiento internacional, toda vez que, en aquella época, hubiera sido menos doloroso y costoso tanto para el sector productivo como para la sociedad civil en su conjunto. La reconversión industrial, y en general de la economía, hubiera sido facilitada por la amplia disponibilidad de crédito y de aceptación en el medio financiero internacional.

El modelo económico latinoamericano, como se ha expresado ha sido el origen del problema del endeudamiento externo. Consiste en un programa de desarrollo esencialmente basado en la sustitución de importaciones, en la sobrevaluación de las monedas como fórmula para contener temporalmente la presión inflacionaria, vía el aumento de la oferta mediante importaciones y, finalmente, la importante participación del Estado en el proceso productivo por intermedio de las grandes corporaciones estatales, caracterizadas por una abundante burocracia y muy baja productividad.

Sin duda alguna este modelo de desarrollo económico es responsable de la vulnerabilidad de las economías latinoamericanas ante las importantes mutaciones de la economía internacional que han sido señaladas en la sección anterior.

La sustitución de importaciones, en efecto, ha acentuado la importancia de incrementar la producción de bienes para el consumo interno sin tomar en cuenta, en primer lugar, que estos productos pudieran ser importados a un precio más bajo, aumentando así el nivel de vida de la población y, en segundo lugar, que naturalmente no pueden ser exportados a los mercados mundiales dados los costos de producción.

Así pues, la sustitución de importaciones como criterio básico de desarrollo económico conduce a una serie de consecuencias de gran importancia pues además de contribuir al problema del bajo nivel de vida de la sociedad latinoamericana, tiende a aislar las economías del comercio internacional. En efecto, cuando no se toma en cuenta en la formación de un sector industrial el criterio de las ventajas comparativas, derivadas generalmente de la disponibilidad de insumos y de tecnología en constante proceso de modernización, como tampoco de mano de obra altamente especializada, dichas empresas difícilmente pueden competir en los mercados mundiales como tampoco en los propios mercados internos, si fuese necesario eliminar el cerco protector de altos aranceles y restricciones cuantitativas. Por otra parte, la sustitución de importaciones puede conducir a una difícil dependencia de los mercados internacionales en los casos en los cuales estas actividades productivas requieran la importación de insumos y de bienes de capital. Esto puede acontecer cuando ocurre una reducción del monto o del valor de las exportaciones, a causa de variaciones en la coyuntura internacional, o en circunstancias en que se haga necesario dedicar una mayor proporción de divisas para el servicio de la deuda externa, por aumento del monto total de ésta o por incremento de las tasas de interés.

Es de gran importancia hacer notar igualmente que la incorporación de estos sectores de producción de escasa eficiencia al conjunto de la economía puede, además, conducir a una reducción de la productividad del resto del sector interno, cuyo desempeño sería mejor si pudiera operar en una economía menos cerrada, guiada por el concepto de las ventajas comparativas y en la cual prevalezca la competencia entre los componentes del grupo productivo.

El concepto de la sustitución de importaciones ha sido, pues, una de las causas principales de la crisis actual del endeudamiento externo. Además, es posiblemente el problema de más difícil solución cuando se trata de volver atrás para tomar un camino más racional en el proceso de desarrollo de la región y de lograr éxito en el programa de ajustes que se plantea. En efecto, al señalarse la reconversión industrial como forma de abrir las economías a los mercados mundiales, se plantea necesariamente la interrogante sobre el porvenir de estos sectores de producción que se han formado bajo el esquema de sustitución de importaciones, que constituyen una parte importante del patrimonio del país y cuya crisis puede representar un difícil problema social y político para la sociedad civil.

La sobrevaluación de las divisas, en el marco de un mercado distorsionado por aranceles y restricciones cuantitativas a la exportación, tendía a reducir el precio, en moneda local, de las importaciones, siempre que no compitieran con la producción interna. Se trataba de esta manera de compensar en la medida de lo posible los efectos inflacionarios del esquema de desarrollo basado en la sustitución de importaciones. Sin embargo, esta política tendía a reducir aún más la capacidad de competir en el mercado internacional y a afectar negativamente la balanza de pagos, particularmente en caso de una recesión a nivel mundial.

La eficiencia de las economías latinoamericanas se ha visto aún más comprometida por la creciente participación del Estado en la actividad productiva. La creación de grandes corporaciones estatales cuyo esquema de funcionamiento no corresponde al sistema de la economía de mercado, ha reducido considerablemente la competitividad internacional de la producción susceptible de ser exportada. Además, la presencia de una excesiva burocracia ha hecho extremadamente difícil el proceso de ajuste de estas economías después de la crisis de 1982. Esas grandes corporaciones estatales latinoamericanas, que son responsables de haber contraído directamente una parte importante de la deuda externa de la región, responden a la tradición del Estado Mercantilista que legaron las monarquías de España y Portugal. Con la excepción de Chile y quizás de otros países de la región, una proporción importante del sector productivo latinoamericano se encuentra bajo el control estatal, con el agravante de que el principio de la competencia, como factor estructural de la economía de mercado, existe apenas entre las empresas privadas mismas y aún menos cuando figuran las empresas del Estado.

Así pues, los países latinoamericanos contrajeron deudas cuyo servicio excedía su capacidad de pago, particularmente si se toma en cuenta las probables variaciones de la coyuntura internacional y la posible contracción de los créditos nuevos disponibles; el endeudamiento creció más rápidamente que la capacidad de exportar competitivamente y que las exportaciones mismas después de 1979. Parece evidente que muchos gobiernos latinoamericanos no tomaron en cuenta un principio importante en toda política de endeudamiento, según el cual el uso a que se destinen los fondos determina el grado de sacrificio que es necesario realizar posteriormente para cumplir con los compromisos contraídos. Cuando se usan los fondos para inversiones que conducen a aumentos de la productividad de los períodos previstos y particularmente en el sector externo de la economía, entonces generan su propia liquidación, sin sacrificios para la sociedad. No obstante, cuando los recursos del crédito externo se utilizan para importar bienes de consumo o para proyectos como la construcción de ciudades tales como Brasilia, la proyectada ciudad de Constitución en el Perú o para construir viviendas, su servicio y reposición tiene que hacerse mediante reducciones del ingreso real del país, es decir, a expensas del nivel de vida. Lo mismo se puede expresar con relación a proyectos de infraestructuras básicas cuyo rendimiento sobre el sector externo se causa a muy largo plazo, a menos que la economía en su conjunto haya puesto énfasis especial en el desarrollo del sector de las exportaciones.

Raúl Sosa Rodríguez

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