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Al mejor estilo de un adulante vividor, el señor Heinz Dieterich, de quien se dice es uno de los más cercanos asesores intelectuales de Hugo Chávez, ha publicado un panegírico que mueve a risa, por el simplismo (y facilismo) de sus afirmaciones centrales.

Olvidando convenientemente que él mismo había empleado ya—en entrevista concedida a Luis Juberías Gutiérrez, de AVANT, el 7 de abril de 2004: “El socialismo del siglo XXI. La economía de equivalencias”—la expresión “socialismo del siglo XXI”, Dieterich se desata en rastreras lisonjas al comandante sucesor del comandante Fidel. En efecto, el título del trabajo de Dieterich es La Revolución Mundial pasa por Hugo Chávez.

Así escribe, por ejemplo, en la segunda parte del texto: “En una audaz operación de comando, Hugo Chávez estableció el 27 de febrero del 2005 su ‘cabeza de playa’ de vanguardia mundial en el campo de batalla ideológica con la burguesía, al proclamar la necesidad de ‘inventar el socialismo del siglo XXI’ y ‘seguir alejándonos del capitalismo’. Caso seguido, el Comandante consolidó la posición con dos divisiones de blindados indestructibles, cuando enfatizó que el socialismo en Venezuela sería de carácter democrático y participativo, ‘en concordancia con las ideas originales de Carlos Marx y Federico Engels’.” Se guinda con buena técnica el Sr. Dieterich, no sin sugerir como quien no quiere la cosa que su nombre pudiera estar involucrado en un esfuerzo de recolección de ideas por Internet (lo que costaría sólo 100 mil dólares), dado que “no tenemos acceso a las supercomputadoras marca Marx, Engels o Einstein”, que él estima necesarias al esfuerzo.

Dieterich exhibe su ignorancia, o su interés de manipulación histórica, al pretender que “no hay ningún Karl Marx o Friedrich Engels a la vista, quienes tuvieron la genialidad de concebir en apenas tres meses la ruta crítica hacia la sociedad postcapitalista, el ‘Manifiesto Comunista’ (1847). Tampoco se vislumbra a un Albert Einstein, quien en el mismo lapso de tiempo sentó las bases del mundo postnewtoniano (1905) con la teoría cuántica y la teoría de la relatividad”. El Manifiesto Comunista publicado en 1848 fue ciertamente encargado a Marx y Engels a fines del año anterior, pero no es que estos autores inventaron de cero sus nociones en tres meses. Fue precisamente la circunstancia de que la pareja de teóricos tuviera ya un buen tiempo rumiando, escribiendo y hablando de esas ideas lo que determinó su escogencia. Del mismo modo, tampoco es el caso de que Einstein decidiera brusca y repentinamente que escribiría unas cositas para revolucionar la Física en 1905. Hacía largos años que lidiaba con los conceptos de lo que fuera después su teoría de la relatividad especial. De hecho, al menos desde su adolescencia jugaba con estas ideas, al preguntarse por primera vez cómo vería el mundo un observador que pudiera cabalgar sobre un rayo de luz. Y, naturalmente, Einstein jamás tuvo nada de comunista, por lo que su asociación con Marx y Engels en este contexto es simplemente otra manipulación más, idéntica a la técnica publicitaria de asociar un hembrón en bikini con una cierta marca de cerveza.

En su romántica concepción—el mismo Marx le hubiera llamado sin pensarlo mucho un “socialista utópico”—el Sr. Dieterich declara, en la entrevista mencionada, que el asunto se reduce a la democracia participativa y a “una sociedad en la cual el objetivo sea dar igual nivel de vida a todos los ciudadanos”. Y explica: “El ideal de justicia de que todos tengan la misma gratificación por el mismo esfuerzo laboral, a mi juicio, sólo se consigue en el comunismo. Para que esto suceda no es suficiente la voluntad, sino que se exigen unas condiciones objetivas. Para que cada uno pueda aportar lo mismo con igual esfuerzo, necesitas niveles semejantes de alimentación, educación, participación, etc., es un proceso de voluntad política y de condiciones prácticas que te hacen una sociedad homogénea en cuanto a realizar y aportar más o menos lo mismo”.

Es decir, una sociedad de hormigas idénticas, clonadas, sobre las que por supuesto es muy fácil perpetuar una dominación. Ése es, para Dieterich—y pronto para Chávez—el socialismo del siglo XXI.

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