Cartas

Más de una firma encuestadora—de las serias—registra para estos momentos que una proporción mayoritaria de los electores considerados en oposición o desaprobación al régimen de Hugo Chávez, declara que se abstendrá de votar en las elecciones municipales del próximo 7 de agosto. (A exactamente un mes de distancia).

Una cierta empresa de escaso prestigio, más aún, le pone número a la cosa: 86,4% de 1.115 presuntos entrevistados habrían contestado: “Seguramente no votaré”. Se trata de la firma CECA-CIFRAS ONLINE GROUP, que asegura haber encontrado “una verdad que contrasta con las cifras que hasta ahora venían manejando algunas encuestadoras y que daban al régimen de Hugo Chávez Frías, amplia ventaja sobre el sector que lo adversa”.

La presentación de este acto de folklore metodológico indica que “el Estudio de Opinión Pública Urbana—trató y en efecto lo logró—auscultar el verdadero piso político que tiene el gobierno de Hugo Chávez y conocer las lealtades de los electores, tanto de la tendencia oficialista como de la oposición”. Luego hace sumas a partir de curiosos conceptos algebraicos y estadísticos para concluir que la oposición a Chávez tiene “un piso” de 60,5% contra uno de 31,9% del gobierno. Es decir, que Datos, Datanálisis, Alfredo Keller, Mercanálisis, Hinterlaces, Félix Seijas y Consultores 21 están radicalmente equivocados.

No vale la pena discutir la metodología de la susodicha “encuesta” más que para registrar lo que se propone promover: la candidatura presidencial de Oswaldo Álvarez Paz (tal vez con Vicepresidencia de María Corina Machado, ocurrencia que ya apareció alguna vez en esta publicación). En efecto, CECA-CIFRAS dice haber detectado que el candidato de mayores preferencias para suceder a Hugo Chávez (en presunta pregunta abierta) sería el ciudadano Diosdado Cabello, con 21,1% de intención de voto a su favor, pero que estaría acosado por un Álvarez Paz que le pisa los talones con 17,2% de preferencias.

Después de esta fanfarria, la nota de la sacacifras CECA-CIFRAS procede a destacar como noticia: “Hay que hacer notar que desde la época de Irene Sáez Conde, ninguna mujer se había posicionado tan bien en las encuestas como es el caso de la presidenta de la organización SUMATE, María Corina Machado”. La osada empresa adjudica a Machado 12,2% de preferencias, ubicada entre los imposibles metafísicos de 14,3% para Enrique Tejera París y 8,5% para Antonio Ledezma. A Julio Borges le acredita un 3,8% que es el único registro que parece compatible con los más serios estudios de opinión.

¡Qué cosa! El 5 de julio un despistadísimo The Christian Science Monitor atribuía a Hugo Chávez un apoyo de 70% en las encuestas, en trabajo de Mike Ceaser sobre la figura de Machado.

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El emblema que distingue a Súmate pudiera contener una simbología intencional o freudianamente desintencionada. Es una pirámide de base cuadrilátera que muestra dos de sus caras. En el tercio superior de su altura está coloreada de amarillo; el tercio medio es azul; el inferior rojo. Obviamente, el tricolor venezolano.

Tal disposición corresponde, naturalmente, a un área y volumen más pequeños cuyo símbolo es el oro patrio, las riquezas de la nación; a un área y volumen intermedios distinguidos por el azul de nuestros cielos y nuestros mares; a un área y un volumen, finalmente, en proporción mucho más grande y que están coloreados por el rojo de la sangre—¿el rojo chavista?—de nuestros libertadores. La pirámide de Súmate refleja admirablemente la de nuestra población y su distribución de la riqueza, gruesamente coincidente con la de sus preferencias políticas. Pocos ricos, algo más de clase media, la gran masa de la roja pobreza.

Más allá de esta disquisición semiótica, Súmate es, sin que quepa la menor duda, una organización seria, profesional, metódica, moderna y no poco heroica. Baste esta resumida caracterización para pasar a comentar su más inmediato aporte, puesto que esta publicación ya ha expresado más de una vez su aprecio por la labor de Súmate y su más visible liderazgo como para que sea necesario extenderse sobre el tema.

En seguimiento de su programa de cinco puntos, anunciado en marzo de este año al convertirse en “movimiento ciudadano nacional”, Súmate procura ahora la impugnación del Registro Electoral Permanente. Para esto invita a los ciudadanos que quieren hacer valer su voto a que acudan a sus centros de votación con una exigencia escrita—ofrece una redacción estándar legalmente cuidada—sobre la publicación de las direcciones de los votantes, condición estipulada en la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. Pero toda esta iniciativa—que requeriría tal como la organización lo reconoce la “valentía” de unos ciudadanos que quedarían como opositores más patentes que en la “Lista de Tascón”—parece ser emprendida para que fracase. Así lo explica una nota de la misma Súmate: “Esta nueva acción que lanza Súmate ‘Impugna tu registro’ requiere que los ciudadanos acudan ante el director del plantel, por su condición de agentes de actualización, donde funciona su Centro de Votación para que exijan lo establecido en el ordinal 1 del artículo 91 de la LOSPP, referida a la publicación del lugar de residencia de los electores. Para Machado esto resultará imposible porque el CNE no le ha suministrado las direcciones de residencias en las listas de electores”.

Esta presunción de Machado, pues, y este enfoque, parecen procurar no tanto la corrección del sistema electoral como su invalidación y su deslegitimación. Pareciera que hay una convicción previa, un axioma subyacente y apriorístico, según el cual no podrá haber las “elecciones limpias” que Súmate buscaría. Que el objetivo real de la organización es ahora el de documentar esta conclusión.

Con un certificado técnico de tan alta factura puede darse por descontado que los abogados del abstencionismo completarán su cometido. Dados el prestigio y la influencia de Súmate habrá muy poco opositor a quien le queden ganas de ir a votar.

Y es que el teorema de la abstención es imposible de refutar, si se aceptan sus axiomas de partida. Si el sistema electoral está irremisiblemente viciado y sesgado a favor del chavismo ¿para qué debiera ir un opositor a votar cuando su voto corre el riesgo cierto de ser torcido?

El razonamiento es impecable.

Eppur si muove. Porque hay en el fondo un problema mucho más importante que el de la confiabilidad en el registro electoral: que la oposición organizada no levanta opinión a su favor, que se ha mostrado incapaz de mover a la masa electoral de modo convincente y atractivo, como lo señalan, con pequeñas diferencias, todas las encuestas. (Con excepción de la sacacifras). Por ejemplo, hace poco hacíamos referencia a las mediciones de Oscar Schemel, que arrojaban sólo 11% de apoyo a la oposición, contra uno de 37% al gobierno. Eso es una proporción superior a una de 3 a 1.

Y en estas condiciones, aun si el inefable Jorge Rodríguez fuese de súbito sustituido por una Teresa de Calcuta rediviva, el gobierno propinaría una mayúscula paliza a su oposición formal, y ganaría casi todos los puestos municipales, y abrumaría con una mayoría suficiente para el cambio constitucional en la Asamblea Nacional, y reelegiría cómodamente a Chávez en 2006, si no se hiciera nada distinto de lo que se ha venido haciendo.

Por tal razón, si bien el argumento abstencionista parece imbatible, la verdad es que funciona como pretexto o coartada de una incapacidad más fundamental. Es la que ilustraba la proverbial zorra de la clásica y cínica fábula de Félix de Samaniego:

Es voz común que a más del mediodía,
en ayunas la Zorra iba cazando;
halla una parra, quédase mirando
de la alta vid el fruto que pendía.

Causábala mil ansias y congojas
no alcanzar a las uvas con la garra,
al mostrar a sus dientes la alta parra
negros racimos entre verdes hojas.

Miró, saltó y anduvo en probaduras,
pero vio el imposible ya de fijo.
Entonces fue cuando la Zorra dijo:
“No las quiero comer. No están maduras”.

No por eso te muestres impaciente,
si se te frustra, Fabio, algún intento:
aplica bien el cuento,
y di: No están maduras, frescamente.

LEA

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