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Se puede decir, muy literalmente, que el Presidente de los Estados Unidos ha tenido un encontronazo con la policía. Más específicamente, con la policía inglesa. En terrenos del Hotel Gleneagles—no lejos del sitio de la primera destilería de güisqui escocés de malta pura—la bicicleta impulsada “a bastante buena velocidad” por George W. Bush, arremetió ayer contra un agente policial del dispositivo de seguridad, quien fue enviado al hospital por precaución. El augusto personaje, que cumplía 59 años de edad, había arribado al sitio para la cumbre del G-8 cuyo anfitrión es Tony Blair. Del incidente guarda raspones en brazos y manos, atendidos por el médico de su comitiva.

La agenda ostensible de esta cumbre escocesa tiene dos focos temáticos: la ayuda financiera a los países africanos (con posible condonación de deuda), y los compromisos de reducción de emisiones contaminantes para paliar el recalentamiento planetario. Respecto de este último asunto ya Bush había declarado que Blair no deberá esperar regalos—una mayor aquiescencia de los Estados Unidos a los límites aceptados por la inmensa mayoría de las naciones—a cuenta de su “buena conducta” en lo tocante a la guerra contra Irak.

Pero los más recientes acontecimientos del mercado petrolero han amenazado con opacar esos dos puntos, al extenderse un desasosiego entre los países miembros del grupo, así como temores de que una energía relativamente cara pudiera dar al traste con la tasa de crecimiento esperada para la economía mundial en 2005: 4%.

Los estudiosos de Oxford Analítica apuntan a una situación de demanda no compensada por la oferta (en los tipos de petróleo requeridos por el mercado), y señalan el ingente crecimiento económico de China como uno de los principales factores alcistas. Tal vez ésta sea la razón por la que Hu Jintao, el Presidente de China, haya sido invitado a la reunión de Gleneagles. (Los miembros naturales del G-8 son los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, la Federación Rusa, y Australia. China, a través de su empresa estatal de petróleo—CNOOC—intenta adquirir la propiedad de UNOCAL, la sexta petrolera norteamericana, lo que ha alarmado a la Cámara de Representantes norteamericana, que ve esa posible transferencia como problema de seguridad). Los analistas ingleses resumen su posición así: “Es improbable que el petróleo caiga por debajo de US$50 por barril en lo que resta de año, y pudiera estar considerablemente por encima”. Algunos traders internacionales especulaban a comienzos de la semana sobre la posibilidad de US$80 por barril para fines de año.

Y nada de lo decidido o anunciado por la OPEP con el fin aparente de atemperar los precios ha surtido efecto. Más bien, la más reciente declaración del presidente de la organización, el Ministro de Petróleo de Kuwait, Ahmad Fahad Al-Sabah, ha avivado los temores. El funcionario opinó que un nivel adecuado para el precio del West Texas Intermediate estaría alrededor de los US$53, una cota marcadamente más alta que la sugerida anteriormente.

Lo cierto es que el mercado petrolero está más tenso que una cuerda de violín. Las tormentas tropicales que ahora se dirigen hacia el Golfo de México han contribuido a nuevas elevaciones del precio petrolero, que ayer superaron los US$ 61 para ciertos tipos. (A fin de cuentas, la mitad de las importaciones norteamericanas van a la zona, que también representa el 50% de su capacidad de refinación).

En síntesis, la chequera de la revolución bolivariana continuará teniendo fondos muy suficientes.

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