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En respuesta a la caracterización que un documento oficial de la Casa Blanca hiciera de él—demagogo que utiliza una gorda chequera para desestabilizar las democracias en América Latina—y tal vez herido en su orgullo protagónico porque no pudo ser—como lo lograra con ocasión de la toma de posesión de Tabaré Vásquez—la vedette durante la toma de posesión de la presidenta Bachelet, ignorado por Condoleezza Rice y recibido fríamente por Ricardo Lagos, Hugo Chávez superó sus cotas de injuria política para arremeter airadísimo, una vez más, contra la figura de George W. Bush.

No es probable que la nueva andanada le haya reportado, en su insolencia, mucha nueva intención de voto a su favor. Todo lo contrario, sobre todo cuando en el mismo espectáculo condenara la participación venezolana en el Campeonato Mundial de Béisbol recién concluido, en el que además los japoneses capitalistas derrotaron a los socialistas cubanos. Pontificando en materia beisbolística, en la que se cree inerrante, y contando con el eco obsecuente de Aristóbulo Istúriz, sentenció que nuestra descalificación se debió a la ausencia de un trabajo en equipo, a pesar de la excelencia individual.

El temerario y apresurado juicio es, por supuesto, una tontería. Venezuela, con la honrosa excepción de Edgardo Alfonso (promedio de 317) no tuvo ofensiva, y la ofensiva en béisbol es la consecuencia de una serie de actos individuales y personalísimos, pues no se batea en equipo. Es una persona muy sola, no un equipo, la que se enfrenta a un lanzador en la caja de bateo.

Claro que el blanco favorito de sus denuestos no las tiene demasiado consigo. En su punto más bajo en las encuestas de opinión, cuando el rechazo a su manejo del conflicto con Irak se eleva a puntaje histórico, Bush ha intentado en los últimos días salir de las arenas movedizas en las que se hunde, con la táctica característica de quienes están equivocados y son poco inteligentes: la terquedad.

Ha reconocido, por fin, el empantanamiento de su guerra, al declarar que no puede esperarse una cesación de la agresión norteamericana antes de 2009, por lo que sería alguno de sus sucesores en la presidencia de los Estados Unidos quien tendría que tomar la decisión de retirar las tropas de ocupación ahora ocupadísimas en Irak. Como si fuera una gran cosa, explicó que lo esperable es que la guerra contra una insurgencia dure ¡unos doce años!

Es decir, mientras él mande los estadounidenses estarán en guerra, a pesar de las rosadas predicciones que antaño hiciera sobre un conflicto rápido. Lo que no deja de quitar el sueño a un Partido Republicano que confrontará elecciones parlamentarias en septiembre de este año. Esta publicación decía en su número 117 (16 de diciembre de 2004) lo siguiente: “Por ahora George W. Bush parece tan firmemente atornillado en el poder como Hugo Chávez, pero ¿quién sabe? Tal vez un país tan especial como los Estados Unidos encuentre a la vuelta de unos meses alguna razón para enjuiciarle (impeachment), quizás con ayuda de la FOIA”. (Freedom of Information Act).

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