¡Gol de Italia!

¡Gol de Italia!

Uno se entera por Internet de que un poco más de tres mil millones de personas—tres millarditos—vio por televisión el cabezazo con el que Zinedine Zidane derribara al defensa italiano Marco Materazzi, casi al término del match final de la Copa del Mundo. (Una genial caricatura de Weil muestra a la bota itálica perforando con un gol al Arco de Triunfo). Ni siquiera aquel repentino pecho descubierto de Janet Jackson, que encontrara como explicación el eufemismo de “disfunción de vestimenta”, fue contemplado por tantos ojos. Mientras Zidane promete que hablará, las conjeturas ruedan por el planeta sobre la afrenta detonante de Materazzi: que éste habría llamado “musulmán terrorista” al astro galo, aludiendo a su origen argelino: Meritate tutti ciò, voi gli enculato di musulmani, sporchi terroristici (suena horrible); que se habría metido procazmente—según lectura de labios de una televisora brasileña—con la hermana de Zidane; que lo habría tildado de chavista; etcétera. Lo cierto es que tres millardos de televidentes vimos, atónitos, el frentazo del armador francés que dejara en el suelo a Materazzi. (Quien ahora dice que él es inculto, y que ni siquiera sabe lo que significa terrorista).

Lady Windermere no habría aguantado la tentación de identificar a Teodoro Petkoff con Zinedine Zidane. El viernes de la semana pasada quedó Petkoff fuera de la copa de las primarias, al propinar no uno sino varios cabezazos sobre la humanidad de Súmate, en declaración que muchos han tenido por destempladas. Al igual que con Zidane, tanto críticos como partidarios de Petkoff han apreciado que su declaración—si se la lee escrita no suena tan agresiva—se excedió, que el tono de su rechazo a las exigencias de la ONG fue violento, que su famoso carácter duro—que está en el fondo de mucho del rechazo que suscita entre los electores—emergió fuera de sus casillas, que no ha debido mostrarse tan molesto. Que, como Zidane, habría destruido con topetazos lo que había venido construyendo, no con los pies, sino con su pluma y su voz.

Otros críticos, sin embargo, no se quedaron en observaciones relativas a la urbanidad de su declaración, sino que propusieron censuras de fondo, comenzando por Alejandro Plaz, que sugirió que la línea de Petkoff era la misma de José Vicente Rangel. Claro, así ripostaba lo más incómodo de lo dicho por el Director de Tal Cual. Refiriéndose a las exigencias del ultimátum de Súmate, dijo: “Estas condiciones parecieran surgidas del mismo espíritu que animó el decreto de Carmona del 12 de abril de 2002 y que llevaron a otros costosos errores en este largo lapso. Esos errores contribuyeron significativamente a reforzar el poder de Chávez en lugar de debilitarlo”.

Ahora sus antiguos socios de triunvirato, Rosales y Borges, le sacan el cuerpo.

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Esta publicación previó, en la madrugada del pasado jueves, lo que iba a ocurrir. Rosales iba a inscribirse en las primarias y Borges no tendría más remedio que hacerlo. El tránsfuga es el primero de la pareja. Fue él quien se reuniera con María Corina Machado a puertas cerradas, y él quien “rescatara” las primarias cuando Súmate anunció el 27 de junio que no las organizaría. Henry Ramos Allup, que lo conoce bien, había pronosticado en petit comité: “Rosales terminará traicionándolos a todos”.

El que Manuel Rosales haya mantenido por tan largo tiempo la indefinición de su candidatura ha detenido, como observara Argelia Ríos en alguna parte, el desarrollo de las demás, pero también la suya. Como se ha advertido acá más de una vez, la candidatura Rosales es la más vulnerable de todas las de oposición ante los ataques gubernamentales. Rosales está incurso en apoyo público y notorio al indescifrable decreto de Carmona Estanga, hecho del que fue testigo de excepción María Corina Machado, por encontrarse en el Salón Ayacucho de Miraflores esa fatídica tarde del 12 de abril de 2002.

El gobierno, que se divierte como gato cazador con ratón desesperado, incitó a Rosales por boca de Isaías Rodríguez, quien prometió detener el proceso por el antejuicio de mérito contra el gobernador del Zulia entretanto se definía si iba a ser candidato, para que no se dijese que la Fiscalía se empleaba como instrumento político. En otras palabras, que si Rosales se lanzaba a competir con Chávez por la Presidencia de la República, el procedimiento en su contra quedaría congelado. (Obviamente, hasta el 3 de diciembre. Al día siguiente un Rosales derrotado podría contar con que sería reabierto de inmediato, y entonces ya no sería gobernador, cargo del que habría tenido que separarse. El Artículo 229 de la Constitución dice a la letra: “No podrá ser elegido Presidente o Presidenta de la República quien esté de ejercicio del cargo de Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Ministro o Ministra, Gobernador o Gobernadora y Alcalde o Alcaldesa, en el día de su postulación o en cualquier momento entre esta fecha y la de la elección”).

De modo que lo más “sensato”, “políticamente hablando”, sería que Rosales no se lanzara como candidato presidencial, aun si ya se ha retratado con Súmate y llegare a triunfar en las primarias. No le ganaría a Chávez y se quedaría sin el chivo y sin el mecate, a la espera de la caída sobre su cuello de la espada de Damocles—o Danilo, que se la mostró en vida—que ahora blande el fiscal Rodríguez antes de envainarla. Que el procedimiento se suspenda temporalmente no significa que todo el asunto no sería ventilado amplia y ruidosamente por el gobierno durante toda su campaña.

Pero la numerosa insensatez (folly) política a lo largo de los siglos le valió a Bárbara Tuchman (dos veces Premio Pulitzer de Historia) para escribir medio millar de páginas acerca del fenómeno, que ella define como la prosecución de políticas contrarias al propio interés, a pesar de la existencia de políticas alternas viables y de la presencia de reiterados consejos contra la metida de pata. (Bárbara Tuchman, The March of Folly: From Troy to Vietnam. Murió antes de añadir lo que habría sido un seguro apéndice: el recuento de la actual ocupación de Irak). Esto es, la estupidez política, es su conclusión, es la regla y no la excepción. (Eco de Friedrich Schiller: “Contra la estupidez hasta los propios dioses luchan en vano”). No debiera descartarse, pues, que Manuel Rosales se empeñe en ser candidato contra Chávez, embobado con el espejismo de que le vencería.

Sería humanamente peor, de todos modos, que él siempre hubiese pensado en no postularse, que siempre hubiera tenido clara la estructura de su problema, y que hubiese dejado correr el expectante suspenso y así servir al desleal propósito de una tarjeta roja para Petkoff, con quien había suscrito un pacto, junto con Borges, del que ahora se desentienden.

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El guión de la película todavía está por completarse, y el domingo pasado fue revelado por Carlos Blanco, muy pero muy cercano a Súmate, en su acostumbrado artículo de prensa en El Universal. El título recuerda a Pompeyo Márquez: Se abre una rendija.

Escribe Blanco: “Para que las primarias sean exitosas deben (sic) despejarse algunas circunstancias que todavía no están del todo claras. Una, es la de combatir los justificados temores de la población ante la persecución gubernamental; otra es la de asegurarse que las primarias no sean un trampolín de algunos precandidatos para desentenderse de las condiciones irrenunciables para la participación electoral”. Los psicólogos de la comunicación sostienen que, en la mayoría de los casos, quienes exponen una enumeración de puntos están realmente interesados en el último. Son las condiciones del sistema electoral lo que realmente importa a Carlos Blanco.

Esta evidente cosa se reconfirma por la reiteración del tema a lo largo del artículo: “También es esencial que Súmate haya planteado lo de las condiciones electorales… El problema de fondo es que las primarias y la lucha por las condiciones electorales forman parte de un mismo y único proceso. Si el propósito de alguno de los candidatos es usar las primarias para encumbrarse y, luego, desentenderse de las condiciones electorales que se han planteado como irrenunciables, estaría mintiendo miserablemente al electorado. Sería una engañifa de patas muy cortas porque un candidato resultado de unas primarias, que luego pretendiera alzarse con el santo y con la limosna, desentendido del mandato del electorado de las primarias [destacado nuestro, para mostrar que continúa habiendo intérpretes de “mandatos”], para concurrir como fuese a las elecciones del 3 de diciembre, podría ser repudiado masivamente… Además, las condiciones que colocó [Súmate] en su emplazamiento son parte orgánica de la realización de las primarias; la idea de que éstas van por un lado y la lucha por las condiciones electorales por otro, es equivocada e inaceptable para la disidencia democrática… este camino tiene que ser mostrado como una vía en la cual se va a luchar en forma unitaria por unas elecciones limpias y libres. Si se advirtiera que no es éste el propósito, sino el de participar a como dé lugar, entonces el esfuerzo por las primarias se devolvería como un tsunami abstencionista”. Esto es, no se va a las primarias para obtener un candidato, no se obtiene un candidato para conquistar la Presidencia de la República; todo se hace para “luchar en forma unitaria por unas elecciones limpias y libres”.

Como buen guionista, Blanco deja para el final la insinuación de la verdadera finalidad: “Es la construcción de una poderosa herramienta, aun si después se hace necesario llamar a la abstención o a otros objetivos, en caso de no darse las demandadas condiciones”.

¿Por qué nos vendrá a la memoria el “Informe Waller”? (¿Qué hacer con Venezuela?, Center for Security Policy, Peace through Strength). Pues porque el guión es el mismo: “Para las elecciones de 2006 debe ponerse en práctica un nuevo proceso y modelo electoral para desanimar o por lo menos entorpecer la clase de fraude que ocurrió en 2004. Es probable que el régimen sabotee la implementación de cualquier nuevo proceso. Esto, por sí mismo, ayudará a consolidar el cambio de paradigma en la percepción precisa del gobierno venezolano como una dictadura… Aumentar significativamente la cooperación con socios hemisféricos y reunir inteligencia acerca de la asociación existente entre el régimen venezolano y estados patrocinantes del terrorismo, y exponer las conexiones bolivariano/terroristas. Una vez completado esto, es probable que otras opciones de acción reciban apoyo multinacional”. (Destacado nuestro). Son conceptos y prescripciones del “Informe Waller”—publicado días antes de la visita de María Corina Machado a la Casa Blanca—que el Centro de Política de Seguridad presenta con palabras que incluyen las siguientes: “El informe enfatiza que todavía es posible un cambio de régimen en Venezuela sin el uso de la fuerza, aun cuando la acción militar pudiera necesitarse si el dictador decide hundir la infraestructura económica del país consigo, como trató de hacer Saddam Hussein en Irak”. (Destacado de doctorpolítico). ¿Serán las “otras opciones de acción” de J. Michael Waller los “otros objetivos” de Carlos Blanco? ¿Será esto el “método Plaz”? Entonces ¿no se “estaría mintiendo miserablemente al electorado”?

Es notable en el escrito de Blanco que ataca no sólo a Petkoff, sino sobre todo a Manuel Rosales. A Borges lo menciona muy de paso sin criticarlo. A fin de cuentas, Julio Borges siempre—casi—abogó a favor de las primarias, y en años anteriores Primero Justicia y Súmate cooperaron. (Por ejemplo, con ocasión de las “encuestas de salida” del referendo revocatorio). Borges es, además, bastante más “de derecha” que Rosales o Petkoff. Parecería natural que fuera el favorito de los intereses más cercanos a Súmate. Si se tratara de postularse para retirarse con la idea de detonar una “crisis de gobernabilidad”, sin embargo, sería más fácil contar con Rosales—involucrado en el “carmonazo”, no se le agua el ojo—que con Borges, quien ha dicho que llegaría hasta al final independientemente de las condiciones electorales que finalmente se impongan, y que ya ha declarado contundentemente: “Los que piensan que acá no hay salidas electorales, pues que organicen su conspiración. Los invito a que lo hagan. Conmigo no cuenten”. (El Nacional, 29 de mayo de 2005).

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Aunque usted no lo crea, todavía existen partidarios de la restauración de una monarquía en Francia. Una de sus más recientes actividades ha consistido en intentar una reivindicación de María Antonieta, la imprudente y decapitada consorte de Luis XVI. Pero la reacción ante tal absurdo no se ha hecho esperar para poner las cosas en su sitio, y ciertos hechos han saltado a la luz. Por ejemplo, que María Antonieta prefirió rechazar la ayuda del “medio pelo” del Marqués de Lafayette, e instruyó a sus pocos partidarios en la Convención Nacional para que apoyasen a sus más radicales enemigos, pues según su juicio las peores amenazas en su contra suscitarían la intervención de las potencias extranjeras que vendrían en su auxilio.

Esperaba sobre todo el salvamento de manos del prusiano duque de Brunswick; a fin de cuentas ella era princesa de Austria. Brunswick, en efecto, invadió Francia y profirió terribles amenazas contra los parisinos, que cumpliría en caso de violencia contra la familia real. La proclama fue hecha pública, y este hecho aceleró la decapitación del ciudadano Hugo Capeto y la de su esposa, María Antonieta de Austria, Reina de Francia, a sus 38 años de edad. Además, Brunswick fue derrotado poco después en la batalla de Valmy (10 de septiembre de 1792), en la que se distinguiría heroicamente el mariscal de campo Francisco de Miranda, cuya conducta fuera premiada con su nombramiento como Comandante en Jefe de los Ejércitos de la República Francesa, y más tarde exaltada al inscribir su nombre en el friso del Arco de Triunfo. Diez días después de Valmy las fuerzas austro-prusianas iniciaban su retirada de suelo francés. La reina que había dicho que dieran tortas a los franceses que pedían pan, puso ella misma una torta mayúscula. Otro caso para la crónica de la estupidez.

Ahora se prepara una con ingredientes largamente macerados: las elecciones primarias que Súmate horneará. Como la Coordinadora Democrática, estas elecciones se asemejan a una lancha salvavidas que Enrique Jardiel Poncela definiera en Para leer mientras sube el ascensor: “Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado”.

José Vicente Carrasquero decía el viernes, ante asedio de Leopoldo Castillo, que tal vez Petkoff calculaba el fracaso primario para presentarse en ese momento a recoger los vidrios rotos. ¿Quién sabe? Zinedine Zidane, a pesar del agresivo cabezazo, fue distinguido como el mejor jugador del Mundial de Fútbol 2006 y claro, en cerradísima votación, con el Balón de Oro.

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