Cartas

Como dijera Julio César en el año 49 antes de Cristo (reporta Suetonio), iacta alea est; los dados—es decir la suerte—están echados. El 3 de diciembre de 2006, a menos que medie lo que abogados y aseguradores llaman un “acto de Dios”, Hugo Chávez Frías resultará reelecto al cargo de Presidente de la República. Así puede colegirse de lo que mide la mayoría de las encuestadoras serias del país. Naturalmente, hay las chimbas, y también difieren de la lectura general dos empresas estudiosas de la opinión, una local y otra extranjera. Se hará referencia a este último tándem más adelante.

Se espera, pues, una continuación de Chávez en el poder, y esto es ciertamente malo para la nación. El caso de la inconveniencia de Chávez es lo suficientemente conocido como para que sea necesario recapitularlo acá, pero baste decir que un informe de fines de octubre, elaborado por la Economist Intelligence Unit, enumera una buena cantidad de ítems negativos en el gobierno de Chávez y lleva a esta unidad de la afamada revista inglesa a degradar un tanto a Venezuela en la percepción de “riesgo-país”. El análisis incluye la posibilidad, incluso, de violencia. En cualquier caso, como la mayor parte de los observadores foráneos, concluye que Chávez resultará vencedor dentro de dos semanas y tres días: “La oposición se ha unido alrededor de un solo candidato a presidente, el gobernador del Zulia, Manuel Rosales, que está atrayendo apoyo significativo sobre la base de sus propuestas para la redistribución del ingreso petrolero y su postura contraria a la esplendidez fiscal del gobierno en el extranjero. En balance, no esperamos que esto sea suficiente para desalojar al Sr. Chávez en diciembre, pero la carrera será más apretada de lo previamente esperado”.

Ahora está la cosa, pues, en la recta final. Si bien no hay suficientes elementos nuevos para alimentar esperanzas racionales en un triunfo de Rosales, es preciso comentar dos incidentes de cierta significación. El primero de ellos es la reciente visita del Presidente del Brasil, Luiz Inázio Lula Da Silva, con motivo de la inauguración de un segundo puente sobre el río Orinoco, construido casualmente por Odebrecht, una firma brasileña de ingeniería.

Del modo más desfachatado dijo Lula a Chávez en su discurso para la ocasión: “El mismo pueblo que me eligió a mí, que eligió a Kirchner, que eligió a Daniel Ortega y que eligió a Evo Morales, sin duda te va a elegir presidente de Venezuela”. Recordando una previa visita a Venezuela en 2003, el año anterior al referendo revocatorio, dijo también: “Cuando fui a Caracas y vi la televisión, volví a Brasil diciéndome a mí mismo que jamás había visto un tipo de comportamiento de cierto tipo de medios de comunicación agrediendo a un Presidente de la República como fuiste agredido. Jamás imaginé que eso podría ocurrir en Brasil y ocurrió lo mismo, querido compañero”. Allí no se detuvo. También dijo, de nuevo dirigiéndose a Chávez: “No tengo duda de que en Venezuela hace muchos y muchos años que no había un gobierno que se preocupase por los pobres como tú te preocupas”. Y asimismo, refiriéndose a los numerosos gobiernos de izquierda en América Latina: “Podría citar a nuestra querida Michelle Bachelet de Chile, a nuestro querido compañero Kirchner de Argentina, a Tabaré Vázquez de Uruguay, a Nicanor [Duarte] de Paraguay, a Evo Morales de Bolivia y citar la reelección más reciente: es la del Frente Sandinista en el gobierno de Nicaragua”.

Pero después de tan descarada intervención en nuestra política local—a pesar de que dijo: “…no soy venezolano, no puedo opinar de la política venezolana”—deslizó una advertencia entre líneas: “Ten la seguridad, presidente Chávez, de que este pueblo que te quiere mucho será mucho más exigente en el próximo mandato de lo que fue en el primero”. Es lo mismo que ya ha registrado y predicho el opinólogo Oscar Schemel—Hinterlaces—quien dijo a la Asociación de la Prensa Extranjera hace exactamente una semana: “El Presidente está muy amenazado. Triunfante pero amenazado, dado el gran descontento por el incumplimiento de promesas”, y habló de una “grieta profunda en el liderazgo del Presidente”. Es exactamente lo mismo que apunta la Economist Intelligence Unit en el informe ya mencionado: “Ha habido también signos crecientes de mala gerencia y corrupción en meses recientes. Combinados con el fracaso en el tratamiento de instituciones débiles que no inspiran respeto a amplios sectores de la sociedad, pudiera darse la puesta en escena para una erosión gradual del apoyo al gobierno del Sr. Chávez a largo plazo, dado que una falta de contrapeso agrava la mala gerencia y la corrupción y hace más difícil que el gobierno satisfaga las expectativas crecientes de sus partidarios, a pesar de ganancias petroleras extraordinarias”.

Chávez ganará, por supuesto, pero ahora es cuando comienzan sus dificultades.

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Un segundo incidente significativo de esta recta final de la campaña es la denuncia protagonizada por Roberto Smith, ex candidato presidencial subido al vagón de Rosales, sobre justamente grave corrupción en el SENIAT. Hablando con grandes elocuencia y fuerza por Globovisión, que se dio banquete con la acusación, prometió indignado que no daría descanso a su brazo y reposo a su alma hasta que los responsables del delito fueran llevados a la justicia. Así dijo que esperaría cuarenta y ocho horas por la actuación, sobre notitia criminis, de las instituciones llamadas a ocuparse del caso: el propio SENIAT, la Fiscalía General y la Contraloría.

Probablemente el comando de Rosales esperaba que la denuncia, destapada en la fase final de la campaña, ejerciera una especie de “efecto video Montesinos” sobre la propensión a votar por Chávez, sin dar tiempo a la recuperación luego del daño. Pero la verdad es que el asunto es demasiado obviamente un recurso de campaña electoral, cosa que no engaña al elector promedio, y por si fuera poco, el propio Vielma Mora le mató a Smith el gallo en la mano al recibirlo de lo más cordialmente justo al día siguiente del escándalo y declarar con la mayor tranquilidad que él mismo lo acompañaría a llevar los recaudos probatorios a la Fiscalía. Como hace ya unos cuantos años Alberto Quirós Corradi, cuando era Presidente de Maravén y él mismo denunciara a los sonados “petroespías” de la empresa, Vielma Mora salió más bien fortalecido. Con motivo de la visita de Smith al SENIAT, a la que se permitió el libre acceso de las cámaras de Globovisión, se habló incluso de áreas de cooperación entre gobierno y oposición y hasta María Isabel Párraga, mano derecha de Leopoldo Castillo, asentía ante esto y hablaba de la necesidad de construir “una bisagra”.

Muy sintomáticamente, el diario El Universal no publicaba ni una sola línea sobre el “caso SENIAT” al día siguiente de la carga de Smith.

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Estos últimos incidentes, por tanto, no modifican en grado apreciable el cuadro general, que continúa signado por una ventaja de entre quince a veinte puntos, según se mida, de Chávez sobre Rosales.

Pero a pesar de esto, en las más recrudecidas filas opositoras se ha alentado un triunfalismo temerario, contra el que nadie menos que el Director Nacional de Estrategia de la campaña de Rosales, Teodoro Petkoff, con característica franqueza, alertara precisamente en el programa de Leopoldo Castillo. Un serísimo presidente de encuestadora ha expresado, en círculos discretos, su gran preocupación sobre la siembra de esperanzas falsas en la oposición, lo que sólo puede redundar en un nuevo desencanto y una nueva depresión.

A alimentar este conmovedor pero peligroso espejismo han contribuido las presentaciones de dos encuestadores. El local, Alfredo Keller; el internacional Penn, Schoen & Berland.

Alfredo Keller & Asociados pareciera servir para presentar ante empáticas audiencias un panorama lo más rosado posible para la campaña de Rosales, al decretar la existencia de un supuesto “empate técnico” a estas alturas—48% Chávez, 42% Rosales—que daría pie a la esperanza. Pero ya antes ha cumplido ese papel. Para la época del referendo revocatorio hablaba de un “voto oculto”, como el que habría determinado años antes la victoria de Violeta Chamorro en Nicaragua ante un sandinismo atemorizador, aunque se cuidó de mencionarlo como una “posibilidad”, curándose en salud. El tímido pronóstico de Keller llevaría a Ibsen Martínez a dedicar uno de sus estupendos artículos al tema, en el que aseguraba que el voto oculto existía y se manifestaría el 15 de agosto de 2004. Vistos los resultados del referendo, tuvo la hombría de ofrecer excusas a sus lectores en un nuevo artículo, que además fue muy divertido.

Por lo que respecta a Penn, Schoen & Berland, no sólo confirma idénticamente las cifras de Keller con un estudio de peculiar diseño metodológico, que asegura permite que los encuestados venzan el temor de pronunciarse por Rosales, sino que hace referencia repetida y explícita a Alfredo Keller & Asociados. ¿Actúan en tándem para evitar un desinflamiento tardío de la candidatura Rosales?

Habría que preguntarse, además, qué interés especial tiene PSB en Venezuela para repetir su presencia, y quiénes la financian. Sobre el primer asunto puede que baste suponer que la firma procura recuperar su credibilidad técnica, cuestionada a raíz de que en 2004 tabulara unas encuestas a boca de urna del referendo revocatorio e informara unos resultados diametralmente opuestos a lo que fue la votación real. Respecto del segundo no se dispone de información, pero la factura debe ser elevada: no debe ser barato hacer que el propio Douglas Schoen, uno de los socios principales de la empresa, haya venido en septiembre a preparar el terreno y ahora también en persona, cuando ayer convocara a rueda de prensa en inglés inmediatamente traducido, para decir que Rosales y Chávez estaban cabeza a cabeza y que el vector instantáneo de la dinámica reciente favorecía al zuliano.

En ocasión del referendo revocatorio, su procesamiento de las exit polls fue contratado por Súmate. Ayer adujo el amigo Douglas, como prueba irrefutable de que sus mediciones habían sido exactas, que The Wall Street Journal, periódico favorecido por hombres de negocios, había opinado que su informe era confiable.

Y fue precisamente sobre esas encuestas de salida que Súmate montó su pretensión de que había demostrado que aquel fatídico 15 de agosto había sido perpetrado un fraude masivo, al encargar a los impecables profesores Hausmann y Rigobón un análisis estadístico al respecto. Pero el año pasado Alejandro Plaz admitió, ante asedio insistente de Pedro Pablo Peñaloza que le entrevistaba para El Universal, que no se había podido demostrar fraude y que tampoco se podría en el futuro. Antes de tamaña admisión, el profesor Rigobón había declarado al mismo periódico en 2004, poco después de que sus “hallazgos” hubieran sido anunciados con fanfarria, y en imprudente descuido: “Hay dos piezas de evidencia en lo que nosotros mostramos. Uno depende de los exit polls. Pero éstos, como tal, pueden estar muy sesgados. Y eso ocurre en todos los países del mundo. Los exit polls no deberían ser tomados tan en serio como lo hacemos en Venezuela, porque son una porquería en todos los países. Y las diferencias son, generalmente, muy grandes, entre sus resultados y el conteo. En nuestros métodos estadísticos tomamos en cuenta que ese instrumento es muy malo”.

Esta vez no se ha escuchado una certera advertencia de Enrique Mendoza sobre los trabajos de Penn, Schoen & Berland en Venezuela. Cuando otra encuestadora norteamericana—Greenberg, Quinlan, Rosner Research, traída y financiada por empresarios venezolanos—advertía en el primer semestre de 2004 que el gobierno podía salir airoso del intento de revocación, el otrora líder de la extinta Coordinadora Democrática declaró muy molesto: “Estamos acostumbrados a que cada vez que se acercan los procesos electorales aparecen empresas con esos nombres rimbombantes”.

En cualquier caso, ALKA y PSB confirman que Chávez está sobre Rosales aunque, como el Economist, confían a dúo en que la decisión será cerrada. Ojalá no se monte sobre ese deseo una nueva y falsa acusación de fraude, como racionalización del nuevo e inminente fracaso.

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