LEA

Debe reconocerse a Teodoro Petkoff la nobleza con la que depusiera su aspiración presidencial, y la seriedad, la lealtad y el denuedo con los que ha ofrecido su apoyo a la candidatura de Manuel Rosales. (Si Rafael Caldera, en 1987, hubiera apoyado a su antiguo pupilo, Eduardo Fernández, en lugar de “pasar a la reserva” de COPEI, es posible que éste hubiera vencido a Carlos Andrés Pérez en 1988 y la historia hubiera sido diferente). En opinión de quien escribe, Petkoff habría sido mucho mejor y más redondo candidato que Rosales, pero el acuerdo tripartito con Julio Borges establecía que una encuesta—llevada a cabo por Datos—sería el criterio selector, y la base política de Rosales en el Zulia hizo la diferencia. El suscrito opinaba así desde 1999, cuando ya se podía entrever la enorme dificultad que comportaría la mera reparación de los estropicios que Chávez dejaría a su paso por el poder. No podía ser un político de medianas luces quien sucediera a Chávez, y sin duda el calibre político de Petkoff es muy alto y mucho mejores sus cualidades humanas que las del actual presidente. (Para no comparar la preparación intelectual de ambos).

El martes de esta semana reportó Globovisión: “Teodoro Petkoff, miembro del comando de campaña de Manuel Rosales, señaló que hay que terminar de vencer el temor y comprender que se puede ganar. En su opinión, la condición para que un triunfo del candidato de la oposición se produzca es que nadie se atemorice. Petkoff expresó que está persuadido de que Rosales ganará, aunque siempre hay que estar preparado para las dos opciones”. (Destacado de esta publicación). En las mismas declaraciones apuntó que nada indica la preparación de un fraude electoral, no sin señalar que el ventajismo y la intimidación gubernamentales sí están presentes. Recomendó, una vez más, la supresión de las ilegales máquinas captahuellas, aunque las desestimó como posibles violadoras del secreto del voto, reforzando así su prédica de vencer el miedo.

Más allá de ese temor, sin embargo, lo que habría que vencer es la percepción de imposibilidad de un triunfo de Rosales. La mayoría de las encuestas registra que las dos terceras partes de los electores creen que Chávez ganará, y esto es lo que hace la cuesta tan empinada.

Una vez más, la esperanza de esta publicación es que el elector promedio decida que ya ha tenido bastante de la epopeya chavista, de sus milenarios y heroicos objetivos, que imponen un excesivo e injustificado costo de odio y sobresalto, para optar por una administración tranquila, probablemente nada brillante, pero en paz y normalidad.

LEA

Share This: