LEA

Bueno, el ciudadano Defensor del Pueblo, el conchudo Germán Mundaraín, ha logrado publicar el informe de las actuaciones de su despacho en el ejercicio de ¡2005!

El balance que Mundaraín hace de la situación de los derechos humanos en Venezuela es poco menos que idílico, y casi representa la admisión más flagrante de que sus servicios son realmente innecesarios. Por ejemplo, en materia del derecho a la vida, expone tersamente que “la condena pública al más alto nivel” de la masacre de los estudiantes de la Universidad Santa María sería el factor a destacar en un descenso que registra de los atentados—en realidad de las denuncias: 308 en 2004, 300 en 2005—contra esa garantía fundamental.

En vena parecida, comenta sobra las violaciones a la libertad de expresión. Mundaraín vuelve a atribuir la “mejora” del ambiente a este respecto a factores ajenos a su actuación. Así dice: “Las causas de esta reducida actividad de denuncia pueden tener que ver con la percepción de que se trata de derechos cuyas diferencias se dirimen en el terreno en que se producen: la opinión pública. Asimismo, los profesionales del periodismo cuentan con el apoyo amplio de las asociaciones sindicales y de organizaciones que se dedican al tema, tanto nacional como internacionalmente”.

Y en lo que es decididamente ciego es en lo tocante a los atentados contra la libertad de trabajo. El Defensor del Pueblo reconoce sólo 21 casos de denuncias de ciudadanos que habrían sido impedidos de trabajar por causas políticas. Pero Mundaraín aduce que en ningún caso “se han encontrado pruebas fehacientes” de que, por ejemplo, la “lista de Tascón” se haya usado con intención discriminatoria. El inútil funcionario—casi tanto como el ineficaz Fiscal General—no ha tenido noticia del encendido discurso de Rafael Ramírez ante empleados de PDVSA (claro, esto fue en 2006, año no cubierto por su informe), ni tampoco de que la diputada Iris Valera hubiera amenazado públicamente, por radio y televisión, a los empleados públicos que se atrevieran a no ir a votar en elecciones recientes, y mucho menos se ha enterado del contenido de una conversación grabada en la que un alto empleado de la Cancillería justificaba despidos por razones políticas.

Mundaraín, pues, no parece haber cogido seña de la Presidencia de la República, que consciente del pie del que cojea, anda dando explicaciones acerca de los defectos de su gobierno y muy apresurado cambiándolo. Por lo que atañe a la ciudadanía, Mundaraín pudiera no existir sin que se note su ausencia. El año que viene pudiera publicar una memoria de sus actuaciones en 2002 o 2003. Daría lo mismo. Total, ¿qué importa que nos cuente con atraso que no ha hecho absolutamente nada?

LEA

Share This: