Fichero

LEA, por favor

El sociólogo venezolano Orlando Albornoz, profesor de larga y fructífera trayectoria en la Universidad Central de Venezuela, escribió una obra dedicada al examen de lo que él denomina “populismo académico”, que es la postura del régimen chavista ante la educación superior. Para buscar mayor resonancia, Albornoz escribió la obra, en dos tomos, en idioma inglés. Academic Populism: Higher education policies under State control fue publicada en 2005 por la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV, en asociación con Bibliotechnology C. A. En ella hace Albornoz la disección del problema de una universidad asediada por primitivos y equivocados planteamientos revolucionarios. El primer tomo desentierra “Las raíces del populismo académico”; el segundo describe al “Populismo académico en progreso: El caso venezolano”.

La Ficha Semanal #129 de doctorpolítico traduce la sección final del capítulo 12—Educación superior en 2004: educación superior para todos—del primer volumen. En estos trozos el sociólogo confronta la ingenua idea igualitarista, cargada de emocionalidad pero desprovista de todo soporte científico, y recuerda el experimento peronista que sirve de fuente al chavista.

Al término del capítulo mencionado, una nota al pie remite a la conferencia dictada por Juan Domingo Perón en 1949, ante el I Congreso Nacional de Filosofía de Argentina, obviamente escrita para él por algún amanuense anónimo, para exhibir una cultura que Perón no tenía y con la cual quería lucirse ante los profesores nacionales y extranjeros asistentes. Si bien ciertas formas exteriores del peronismo y el chavismo son similares, las analogías llegan a su término en cuanto a la apreciación sobre el marxismo. Así leyó Perón en la ocasión mencionada:

Todavía Fichte crea un amplio espacio donde el individuo, subordinado al todo social, puede realizarse. Hegel convertirá en Dios al Estado. La vida ideal y el mundo espiritual que halló abandonados los recogió para sacrificarlos a la Providencia estatal, convertida en serie de absolutos. De esta concepción filosófica derivará la traslación posterior: el materialismo conducirá al marxismo, y el idealismo, que ya no acentúa sobre el hombre, será en los sucesores y en los intérpretes de Hegel, la deificación del Estado ideal con su consecuencia necesaria, la insectificación del individuo. El individuo está sometido en éstos a un destino histórico a través del Estado, al que pertenece. Los marxistas lo convertirán a su vez en una pieza, sin paisajes ni techo celeste, de una comunidad tiranizada donde todo ha desaparecido bajo la mampostería. Lo que en ambas formas se hace patente es la anulación del hombre como tal, su desaparición progresiva frente al aparato externo del progreso, el Estado fáustico o la comunidad mecanizada.

Frente a Chávez, hasta el mismísimo Perón se hubiera rasgado las vestiduras. LEA

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Populismo togado

Las sociedades están organizadas como un cuerpo asincrónico, y lo mejor que podemos hacer es compensar algunas de las variables que afectan la desigualdad con el fin de lograr cierta igualdad democrática y justa. Pero alguna gente se aprovechará de las oportunidades y otra no, y esto, tarde o temprano, enfatizará diferencias sociales que no pueden ser evitadas. Es inútil tratar de hacer a las sociedades homogéneas, puesto que las sociedades están compuestas de individuos y éstos nunca obedecen reglas que se les imponen externamente sobre lo que sería interesante llamar “natural”, sin importar cuál sea la red de su ambiente social. La búsqueda de igualdad puede conducir a grandes injusticias cuando quiera que sus políticas estén concebidas incorrectamente y sean emprendidas para acomodar metas políticas e ideológicas de corto plazo. Éste es otro ejemplo de cómo el populismo académico puede trabajar en contra de los mejores deseos y los más nobles ideales. La desigualdad, como la pobreza, no es cualquier enfermedad endémica que pueda eliminarse de una vez y para siempre, con la administración de la medicina adecuada. La una y la otra son variables de muy compleja naturaleza, y su manejo requiere cuidado y compasión. Del mismo modo, estos argumentos, empleados en nombre de alguna revolución disponible, sólo servirán propósitos perversos y serán la causa de tristeza y frustraciones.Ningún venezolano que conozca los déficit sociales de esta sociedad negará que hay desigualdades salvajes—el término está tomado del libro de Jonathan Kozol (1991) Savage inequalities, children in America’s schools, New York: Crown Publishers—que son no sólo no equitativas sino injustas. También son obstáculos para el desarrollo, cualquiera sea el modelo que se escoja para ese objetivo. En desesperación, las sociedades toman a veces el camino equivocado al efecto de un deterioro incrementado de tales problemas y la creación de otros nuevos. Esto pudiera ser el efecto de la revolución venezolana, que tratando de hacer bien sólo ha logrado empeorar las cosas y aumentar el costo de la recuperación. La indignación moral no es suficiente para mejorar la calidad de vida en una sociedad dada. Para hacer ese bien se requiere políticas públicas probadas que son el resultado de cuidadoso análisis; de otra forma las improvisaciones y la toma de decisiones arbitraria producirán sólo efectos negativos. Muchas de las decisiones de la revolución parecen ser hechas al calor de una aproximación emocional y sentimental a la solución de problemas. Por otro lado, aun cuando algunas de esas decisiones parecen haber sido tomadas sin racionalización aparente, la revolución ha sido muy persistente en la búsqueda de sus fines. Se trata de un objetivo muy simple: tomar por completo el poder de la sociedad para cambiar el modelo de la “sociedad capitalista neoliberal” al modelo de la “nueva sociedad revolucionaria”. Debe emplear la estrategia de dos pistas para el desarrollo político: establecer “lo nuevo” junto a “lo viejo” hasta que “lo nuevo” ocupe todo el espacio y “lo viejo” se desvanezca y desaparezca. Según la lógica de la revolución, el poder debe ser retenido a toda costa. Ésta puede ser la tragedia que se cultiva en Venezuela, una sociedad secuestrada por alguna gente con la peregrina idea de que el poder puede ser retenido indefinidamente por algunos en nombre del conjunto. Esto se llama dictadura y/o totalitarismo, y como tal es una perspectiva muy desagradable para una sociedad al comienzo del siglo XXI. Muchos venezolanos sienten que la democracia debiera prevalecer.

Los fundamentos ideológicos de la revolución son engañosos en cuanto a la condición humana. Es razonable creer que todos los hombres son iguales ante la ley. Pero afirmar que todos tienen las mismas capacidades cognitivas para aprender, y los mismos niveles de interés, motivación y expectativas de logro es totalmente equivocado, científicamente hablando. Hay diferencias individuales que no pueden ser fácilmente cambiadas por la intervención del gobierno. Los hallazgos científicos acumulados en los últimos cincuenta años han demostrado que las diferencias en inteligencia, por ejemplo, son intratables, y que la capacidad intelectual promedio de varios grupos socioeconómicos y étnicos es diferente; y en caso de tratar de modificar tal cosa el procedimiento está lleno de complejidades. No es suficiente proponer la justicia y la equitatividad como instrumento de cambio. Gente sin información puede ser fácilmente llevada a creer que la inteligencia puede ser mejorada. Esto fue una política de Estado en Venezuela, cuando un gobierno trató infructuosamente de mejorar los niveles de inteligencia social de la población. Se aseguró a la gente que un cierto número de años este país estaría entre los pueblos más inteligentes del mundo, y que los Premios Nóbel lloverían sobre Venezuela por docenas. Todos estos propósitos se demostraron equivocados. Pero en vez de aprender de la experiencia, el actual régimen está prometiendo a todos los venezolanos una escolaridad hasta el nivel de postgrados. Ésta es una proposición cruel, inmoral e injusta. Una sociedad que ha sido incapaz de ofrecer escolaridad a todos los niños en un sistema formal, difícilmente pueda adiestrarlos a todos al nivel de postgrado. Los regímenes están acostumbrados a desarrollar una capacidad inagotable para ofrecer lo imposible y manipular esperanzas. La revolución venezolana ha aplicado el mecanismo de la propaganda política para vender su imaginario ideológico, y la impresión es que ha tenido éxito. Los venezolanos más pobres y menos educados pueden estar más dispuestos a creer que la felicidad está a su alcance, y que muy pronto todos tendrán los beneficios de la educación, el empleo y la vivienda, y que todos serán libres de la pobreza y la inseguridad social. Los incansables líderes de la revolución son visibles en los medios masivos con ideas articuladas que promueven la ilusión. Obviamente, tal como ocurre, los fondos estatales para este esfuerzo propagandístico se consiguen fácilmente, y se emplea estrategias comunicacionales hábiles y profesionales a este efecto.

Como se sabe, el populismo es ilimitado en sus proposiciones. El catálogo de promesas hechas por el prototipo de todo populismo, el régimen de Juan Domingo Perón en Argentina, es legendario. Su programa político, que llamaba una tercera posición entre el capitalismo y el comunismo, era fuertemente nacionalista, anti-imperialista y anti-Estados Unidos. Estaba basado en una rápida industrialización y la autosuficiencia económica. En el poder, Perón se hizo cada vez más autoritario: los oponentes eran encarcelados, la prensa acallada o cerrada, y la educación estrictamente controlada. Con ayuda de su popular esposa, Eva Duarte, convirtió a los sindicatos en una organización militante conocida como los descamisados según líneas fascistas. A esto se llama la lógica de algunos regímenes populistas; están destinados a suprimir la libertad como parte del paquete. No hay necesidad de establecer falsas comparaciones entre las situaciones argentina y venezolana, sin embargo, es importante observar que ambos regímenes han tenido el apoyo del Ejército, y en estos casos, y quizás a causa de la naturaleza anti-intelectual del Ejército, han chocado contra la vida y la fuerza académicas, que siempre prevalecen. Una de las tempranas influencias ideológicas sobre los líderes de la revolución venezolana viene de Perón, aunque hasta ahora no ha sido tomada ninguna de las acciones violentas de los líderes argentinos. De hecho, “la revolución bonita” navega a puerto a pesar de los muchos obstáculos puestos por la oposición, de los que el régimen se ha aprovechado. Todavía está por verse si la revolución venezolana tomará alguna vez el camino emprendido por Perón.

Orlando Albornoz

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