Cartas

Hace exactamente una semana, en salón del Ateneo de Caracas, el partido Un Nuevo Tiempo, cuya cabeza es el Gobernador del Estado Zulia, Manuel Rosales, llevó a cabo un primer pleno nacional dedicado a temas de organización, planificación y estrategia. Según reporta El Universal, se reunieron dirigentes de ese partido en los veinticuatro estados de la República, los encargados de promover “un movimiento popular de profundo arraigo democrático” que nace con la idea de “ser amigo” de otros partidos.

Esto último es lo indicado, si se toma en cuenta que el Secretario General de UNT es Gerardo Blyde, quien se refirió a la organización como “el principal partido de oposición”. No hace tanto—30 de noviembre de 2005—de que el mismo caballero leyese, en nombre de Primero Justicia—partido del que igualmente ejerció la Secretaría General—un comunicado en el que preguntaba y contestaba: “¿Qué le ofrece Primero Justicia a los venezolanos? Seguir liderizando a una nueva generación, consolidarnos como la alternativa democrática, construir una nueva mayoría donde tengan cabida todos los venezolanos y por eso con más fuerza y mayor compromiso con Venezuela nuestro candidato presidencial a la cabeza de Primero Justicia será la alternativa del nuevo liderazgo para la elección presidencial del 2006”. (Todavía no se había peleado con Julio Borges). Conviene, pues, que al menos haya amistad entre PJ y UNT; así podrá sumarse sus simpatías hasta alcanzar entre ambos 5,1% de las preferencias ciudadanas. (Monitor Socio-Político de Hinterlaces #16, marzo de 2007: Primero Justicia, 2,8%; Un Nuevo Tiempo, 2,3%).

El evento recibió las palabras orientadoras del Presidente de la Comisión Organizadora, Manuel Rosales. Reporta el mismo diario que Rosales habló media hora—una bendita concisión, si se le compara con los interminables soliloquios de Hugo Chávez—y “abordó las amenazas contra la libertad de expresión, el desabastecimiento, la reforma constitucional, la politización de la FAN, los referendos revocatorios y el perfil que él aspira que tenga el nuevo partido”. (La crítica ritual y el dibujo organizativo).

Y es aquí, en esto del perfil del partido, donde se encuentra una definición que vale la pena comentar. Rosales advirtió a todo aquel que tenga aspiración de liderazgo en Un Nuevo Tiempo que ese título, el de líder, sólo se lo ganará quien “se llene los zapatos de barro”.

Se trata de una formulación “políticamente correcta”, para usar el argot norteamericano, o una expresión comme il faut, si se quiere la cosa afrancesada. Esto es, una declaración efectista que corresponde a aquello del “profundo arraigo popular”, pues debe ser que en la interpretación rosalista del pueblo el lodo es un ingrediente que le es consustancial. Para corroborar la conveniencia de la amistad entre UNT y PJ, puede destacarse que la misma idea, puesta de otra forma, había sido mencionada por Julio Borges, con ocasión del lanzamiento de su candidatura presidencial, justamente en el patio de Rosales, en Maracaibo, en mayo de 2005, al decir que Primero Justicia: “se cansó de declararle a Marta Colomina por Unión Radio y de hacer política por televisión”. Es decir, a patear cerro y llenarse los zapatos de barro.

Rosales no indicó otro rasgo deseable en los dirigentes de Un Nuevo Tiempo; no exigió, por ejemplo, que los dirigentes del partido fuesen estudiosos de los problemas públicos y sus soluciones. Nada cambia. En 1998 escribía Argenis Martínez: “La característica general de la política venezolana hasta ahora es que si usted está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país, entonces usted ya perdió las elecciones”. (Recordado el 27 de marzo de 2007 en la Ficha Semanal #137 de doctorpolítico). Para hacer política, muy especialmente en funciones de dirigente, lo imprescindible sería, calzado, atravesar por charcos en caminos de tierra, para llenar los zapatos de barro. No es política ideológica, no es política programática; es política de lodazal. (Y política de lugares comunes).

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Tanto Un Nuevo Tiempo como Primero Justicia son atávicos remedos de sus viejos modelos: Acción Democrática y COPEI. (Que comenzaron el año con simpatías de 1,1% y 0,7%, respectivamente, según el décimo sexto Monitor Socio-Político de Hinterlaces). Conceptual y estructuralmente, no representan innovación, un código genético organizacional diferente. Puede decirse de ellos, sin embargo, que son esfuerzos meritorios, puesto que acumulan incontables horas de trabajo, deliberaciones, buenas intenciones. Lo que no son es suficientes.

Una vez más, se trata de partidos de carácter ideológico. Esto es mucho más claro en el caso de Primero Justicia, para el que existe un “borrador”, redactado mayormente por Julio Borges, que debió ser discutido en su “congreso ideológico. (El congreso “Centrados en la gente” debió ocurrir, de acuerdo con anuncio oficial de PJ, para fines de 2005. Hasta ahora no se ha celebrado).

Pero también, aunque con menos precisión, Un Nuevo Tiempo pretende arrancar de raíces ideológicas. Omar Barboza definió su familia ideológica al indicar que UNT encarnaría la “nueva democracia social”. (O socialdemocracia). Esto es, se ubica en el campo que antaño ocupara Acción Democrática.

En otras ocasiones se ha aludido acá a un trabajo de Amos Davidowitz—The Internet and the Transformation of the Political Process: MAPAM, a Case Study, 1996—que contiene una aguda observación acerca de la obsolescencia del formato convencional de los partidos políticos. El tratamiento del tema por Davidowitz es bastante informal, en el sentido de que en esencia es un relato de sus experiencias en el MAPAM, el ala radical del laborismo israelí. El autor confía al lector que una súbita toma de conciencia le hizo entender que no tener una posición política era un lujo que ningún israelita debiera permitirse, dada la muy tensa y peligrosa situación del Cercano Oriente. Así, Davidowitz “fue de compras”—party shopping—y terminó decidiéndose por el MAPAM: “a socialist party, left of the labor party”. (El partido laborista israelí, conocido como Avoda, es el equivalente de Acción Democrática. MAPAM vendría siendo algo así como nuestro MAS original).

De este modo cuenta que al convertirse en “un miembro activo y asumir responsabilidades dentro del partido” se percató de que “la estructura organizativa del partido no estaba funcionando tan bien” como pensó que estaría. “Inicialmente, creí que era un problema gerencial, pero a medida que estudiaba los problemas en profundidad, me di cuenta de que las cuestiones patentes eran más profundas”.

Entonces Davidowitz inserta la siguiente descripción: “Los partidos políticos en el mundo son un fenómeno relativamente nuevo como desarrollo de la Revolución Industrial. Cada uno afronta los problemas creados por el nuevo orden social de acuerdo con su propia filosofía política. El MAPAM, como tal, operaba de acuerdo con este modelo. Un segundo aspecto de esto es que los partidos políticos clásicos, de los que MAPAM es uno, son una manifestación de los grandes movimientos sociales de comienzos de siglo. Todo esto implica una estructura organizativa de segunda ola. Al darme cuenta de esto, se hizo claro que el problema no era gerencial sino el de un sistema estructural inapropiado. En los partidos políticos de segunda ola, las cuestiones principales eran el control de los medios de producción, el trabajo y los recursos naturales. Un partido de segunda ola proporcionaba LA RESPUESTA: socialismo, capitalismo, marxismo, fascismo, y suponía que si todo el mundo seguía sus dictados todos los problemas del mundo se resolverían. No es necesario decir que ninguna de las agendas mencionadas trajo la era utópica que anunciaban. La cuestión es: ¿cuáles son los temas principales para un partido de tercera ola? Me pareció que, si un partido de segunda ola centraba sus actividades alrededor de la producción, el trabajo y los recursos en una estructura jerárquica centralizada, un partido moderno debía tratar con información, comunicaciones, medios y servicios en un sistema más abierto, interactivo y distributivo, un sistema que necesita los medios para procesar y distribuir información”. (Davidowiz alude, evidentemente, a la distinción establecida por Alvin Toffler en su libro de 1980 La Tercera Ola, entre una primera ola civilizatoria—en términos gruesos, iniciada al irrumpir la tecnología de la agricultura—una segunda ola—que corresponde a la época iniciada con la Revolución Industrial—y una tercera, caracterizada, entre otras cosas, por la emergencia de las tecnologías de información—con la sustitución de la identidad entre valor y producto por la de valor e información—y las de la bioingeniería, por el asedio al concepto del Estado-Nación y por una democracia más participativa).

El análisis de Davidowitz, sin pretensiones de gran sociología, es muy pertinente al caso venezolano que nos ocupa. Nada más obsoleto, si aplicamos su criterio, que el mentado “socialismo del siglo XXI” y su equivalente organizativo: el Partido Socialista Único de Venezuela. Todo el planteamiento “anticapitalista” de Hugo Chávez está irremediablemente vencido. Pero también se han encaminado en retroceso Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia, al tratar de dibujarse como partidos ideológicos. Como apunta Davidowitz esquemáticamente, las ideologías—capitalismo o liberalismo, socialismo o comunismo, socialdemocracia o socialcristianismo—son excusas catequísticas para no pensar en concreto y profesionalmente los problemas de carácter público. De allí sus formulaciones abstractas—una “economía con rostro humano”, proposición de COPEI en febrero de 1992 para sustituir, como “paquete alternativo”, el paquete neoliberal del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez—y sus discursos vacíos y meramente efectistas, usualmente demagógicos. (“Voy a acabar con la pobreza”. Manuel Rosales, en el arranque de su campaña por la Presidencia en 2006).

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Hacer estas observaciones no equivale a sustentar una postura “antipolítica”. En cambio, es la constatación de una crisis de paradigmas, que es la verdadera razón de la insuficiencia política observable en Venezuela—y en muchos otros países—desde hace ya un buen tiempo. El 20 de octubre de 1991 ya Arturo Úslar Pietri se había dado cuenta del problema: “Esto significa, entre otras muchas cosas importantes, que de pronto el discurso político tradicional se ha hecho obsoleto e ineficaz, aunque todavía muchos políticos no se den cuenta”. No ofrecía solución, sin embargo: “Toda una retórica sacramentalizada, todo un vocabulario ha perdido de pronto significación y validez sin que se vea todavía cómo y con qué substituirlo… Hasta ahora no hemos encontrado las nuevas ideas para la nueva situación”.

Ahora redescubre el asunto la historiadora Margarita López Maya, escarmentada tardíamente de su chavismo original y contumaz e igualmente perdida, como Úslar: “ Las democracias liberales occidentales, limitadas por los condicionamientos impuestos por los sectores dominantes del capitalismo, son por sí solas incapaces de profundizar la democracia política. Y, el partido-Estado, que dominó los socialismos del siglo XX, y sigue vigente en China y Cuba, acabó con el pluralismo en las sociedades donde se impuso, fracasando como modelo libertario. Ante estos antecedentes, lo que prevalece hoy es la incertidumbre y la confusión. No se sabe cómo inventar partidos diversos, que no caigan en los vicios del pasado y puedan expresar políticamente la compleja, diversa, y plural sociedad que existe y que se moviliza con frecuencia. Necesitamos encontrar formas políticas creativas que calcen a nuestra democracia participativa”.

La profesora López Maya se escama ahora con el autoritarismo de Chávez, una vez que ha caído, con retraso considerable, de la mata proverbial. Ya no es la misma que hacía la apología del chavismo en Le Monde Diplomatique, la publicación del mayor palangrista de la izquierda europea, Ignacio Ramonet. Ya no se ocupa de defender las decisiones del Consejo Nacional Electoral, con falacias, sobre las “planillas de caligrafía similar”. Ya no habla como la conferencista magistral de los Encuentros en Defensa de la Revolución Bolivariana (2003 y 2004). Ya no firma cartas abiertas dirigidas a Hugo Chávez en defensa de Rodrigo Granda, en las que se lo describe pomposamente, con todas sus letras, como “miembro del equipo de relaciones internacionales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC”. (5 de enero de 2005).

Claro, no es que López Maya se distinga precisamente por su poder predictivo. Tan tarde como en enero de 2006 decía en el Foro Social Mundial que hay algunos países, entre los que citó a Perú y México, “casi a punto de sumarse a la ola progresista”. (Es decir, creía en el triunfo de Humala y López Obrador). Pero aunque usted no lo crea, ha terminado por despertar, mucho más tarde que Ángela Zago o los difuntos Alejandro Armas y Jorge Olavarría, y atisba ahora, aún algo dubitativamente—“No tengo claro si el socialismo chavista será democrático” (febrero 2007)—que “Chávez hoy impone las reglas de juego a sus aliados y opositores. Allí están como muestra el PSUV y las descalificaciones a los partidos afines, las leyes-decretos, sin pasar por ningún mecanismo de ‘democracia participativa y protagónica’. Algunos de los integrantes de la Comisión Presidencial de la Reforma Constitucional son máximas figuras de poderes públicos, pero han aceptado subordinarse al Presidente, acatando sin chistar un mandato de confidencialidad impuesto por él. Tienen listo un proyecto de reforma, que después que lo vea el Presidente pasará a la Asamblea Nacional, y será consultado en parlamentarismo de calle, mecanismo participativo insuficiente en una sociedad compleja, plural y diversa como la nuestra”. (Abril, 2007). Por estos días escribe en Últimas Noticias: “Vistas en conjunto estas tendencias, más otras, la recomposición de nuestro sistema político lo asemeja cada vez más a uno donde Estado, partido-Estado, y consejos comunales son una sola estructura, un modelo de Estado centralizado, donde las decisiones las toma una reducidísima elite—¿una sola persona?—que encarna los intereses de la mayoría. Dictadura de la mayoría, ‘democracia’ centralizada camino al viejo socialismo del siglo XX”. Cuando muchas otras voces decían exactamente eso bastante antes de que López Maya experimentara su reciente epifanía, la desenfadada historiadora las desechaba como reaccionarias.

Son observaciones, pues, que hace con repentina y atrasada lucidez. Bienvenida sea, no obstante, cuando por fin recibe una lengua de fuego del Espíritu Santo y comenta: “Comienza un año políticamente incierto, pues diciembre cerró con señales inquietantes. Había pensado disfrutar unas tranquilas fiestas, pero al Presidente le dio un arrebato revolucionario en el Teresa Carreño y prácticamente ordenó la creación del Partido Socialista Unido de Venezuela. Sin debate, sin consulta, y con tono arrogante al referirse a los partidos políticos aliados de su gobierno”. (Enero, 2007). Ahora dice: “existe la intención de subordinar todos los poderes a la Presidencia” y que Chávez “luce cada vez más unilateral y caprichoso”, en comentarios desmentidos por el aludido el día que anunciara, como regalo de Año Nuevo, un próximo aumento de los precios de la gasolina.

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Asistimos, entonces, a la descomposición de las viejas formas de hacer política, que más pronto que tarde serán sustituidas por maneras más sensatas y eficaces. Por supuesto, lo viejo se resiste a morir. Hace pocos días fue presentada una nueva versión del Partido Liberal—Movimiento Democrático Liberal—que insiste en plantear la acción política en los viejos términos. Marco Polesel, su cabeza visible—de regreso de peleas con la ex sindicalista Haydeé Deutsch por la botella vacía del Partido Liberal que fundara y abandonara Andrés Sosa Pietri—indica que en el movimiento tendrán cabida todas las personas y organizaciones “que comulguen y procuren defender al Liberalismo Clásico u Originario, la Democracia Liberal y el Liberalismo Económico o Capitalismo Liberal”. Toda una novela de Dickens.

Hace una semana el Secretario General de COPEI hizo lo suyo, y presentó la propuesta programática de una organización que ahora quiere llamarse Partido Popular—para marcar enfáticamente su identificación con el partido derechista de José María Aznar, del que COPEI recibe alguna ayuda desde hace unos años—lo que representa una instantánea competencia para Polesel—e indicó que aquélla queda sustentada en un “proyecto de centro reformista”, basado en el humanismo cristiano (es decir, Maritain), que propone la economía social de mercado (es decir, Adenauer), tiene como norte la reconquista de la descentralización (es decir, Salas Römer), y contrapone al lema oficialista: “Patria, socialismo o muerte”, el mensaje: “Democracia, libertad y vida”. Periódico de ayer.

De Acción Democrática no se sabe nada últimamente. Pura pérdida.

Entretanto, altos dirigentes del chavismo—Adán Chávez, Jorge Rodríguez—ofrecen cifras contradictorias sobre el número de inscritos en el partido socialista único del jefe único de la única revolución. Como denuncia Margarita López Maya, “el gobierno utiliza los recursos públicos, y las misiones sociales como propios en la creación y coordinación a nivel regional y local del PSUV. Diversos funcionarios de alto rango convocan a los venezolanos a registrarse en ese partido. Esto recuerda demasiado el partido-Estado de los socialismos reales”. Genuino abusismo del siglo XXI.

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Pero es una sociedad cada vez más informatizada y aprendida la que terminará exigiendo e imponiendo una política clínica, ocupada principalmente de la solución de los problemas de carácter público, pues no otra cosa justifica—ciertamente no la mera lucha por el poder desde ideologías encontradas—la existencia del Estado y cualquier otra forma de instituciones y actores políticos. Lo que viene es la Medicina Política.

LEA

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