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En junio de 1980 Pergamon Press publicaba Road Maps to the Future, del economista ucraniano Bohdan Hawrylyshyn, entonces Director del International Management Institute de Ginebra. Como tal, el libro fue encargado por el Club de Roma, el foro internacional que fundara el fallecido Aurelio Peccei.

En uno de sus pasajes, Hawrylyshyn describe las graves discontinuidades que pueden desatarse imprevista y repentinamente en sociedades sometidas a graves presiones. Así explica: “En química, puede uno disolver más y más sólidos en una mezcla hasta que se alcanza el estado de saturación. Un solo cristal adicional puede entonces precipitar a todos los sólidos fuera de la solución. La historia reciente muestra que los eventos pueden ser precipitados en una forma análoga en sociedades en las que se acumulan demasiadas tensiones. Lo que se requiere entonces es sólo un catalizador. En Portugal puede haber sido un libro publicado por un general. En Irán, que también tenía un ejército fuerte y una implacable organización de seguridad interna, fue la voz de Khomeini, oída directamente (como del cielo) en cassettes de audio. En Polonia, el Papa, durante su reciente visita, pudo haber desencadenado casi cualquier conjunto de eventos según su escogencia”.

Pudiera ser que la situación política venezolana correspondiera o se acercara a una saturación como la descrita por Hawrylyshyn. En todo caso, luego de que el episodio de la cesación de la señal abierta de RCTV hubiera sido absorbido con algún costo político considerable para el gobierno, y luego de un período de vacaciones que ha atemperado los ímpetus opositores—por lo menos los estudiantiles—la presión de la olla volverá a aumentar, y esta vez con algo más fundamental: la reforma de la Constitución para abrir paso a la perpetuación de Hugo Chávez en la jefatura del Estado.

Acción Democrática ha anunciado, por ejemplo, que está dispuesta a aliarse con otros factores de oposición para librar una lucha unificada contra esa reforma constitucional. Pero, en el fondo, es ésta una receta que reedita la fórmula de la extinta Coordinadora Democrática. Cada vez que se ha intentado federar el archipiélago de factores minúsculos que caracteriza a la oposición formal, se ha fracasado. Pareciera, además, que el electorado venezolano continúa escindido en una proporción de 60-40 de los que apoyan al gobierno y quienes lo repulsan, y el Artículo 345 de la Constitución establece, respecto del referendo final que completaría la reforma, lo siguiente: “Se declarará aprobada la Reforma Constitucional si el número de votos afirmativos es superior al número de votos negativos”. Esto es, un solo voto de mayoría sería suficiente.

¿Cómo, entonces, pudiera derrotarse la pretensión de Chávez? Una vez más, el texto de Hawrylyshyn pudiera ofrecer la clave. En cada uno de los ejemplos que citara, hay una figura personal como catalizador necesario, un líder. Si estamos en medio de una solución sobresaturada, y no se ha producido todavía la precipitación de la mezcla, es porque ninguno de los muy repetidos líderes de la oposición tiene la virtud catalítica. Se necesitaría una voz distinta.

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