Fichero

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Naturalmente, ha sido la comidilla política en Venezuela, Argentina y el resto del mundo, el pintoresco episodio de un maletín lleno de dólares—1.720 millones de bolívares a la tasa de Cadivi, 3.440 millones a la del mercado paralelo—incautado en el aeropuerto de Aeroparque, en Buenos Aires, por autoridades aduaneras argentinas. Ya habría bastado para suscitar interés el reparto de actores de la película: ejecutivos públicos argentinos y venezolanos, un empresario privado venezolano—la mula portadora—y el hijo de un vicepresidente de PDVSA. Pero el incidente ocurrió, para mayor realce, en momentos cuando Hugo Chávez se encontraba en Buenos Aires, durante una visita de Estado a Néstor Kirchner.

Hugo Chávez ha descubierto, como antaño Isaac Newton, una fuerza universal, esta vez no gravitacional sino política: el imperialismo norteamericano. Este importante vector de la polis planetaria explicaría absolutamente todo; no se necesita identificar otras causas. En el caso de los dólares transportados de contrabando al país sureño, Chávez vio de inmediato la mano del imperio. Así lo declaró tempranamente, en cuanto fuera asediado por periodistas argentinos interesados en su opinión sobre lo acontecido. No dijo que el suceso fuese preocupante, ni que hubiera de ser investigado hasta clarificarlo por completo, ni tampoco pareció preocuparse porque una mancha afeara al gobierno argentino y la campaña presidencial de la Sra. Kirchner. Él ya tenía claro que en esto debía verse la trama de una nueva maniobra del gobierno de George W. Bush en su contra.

Entonces, alguna agencia estadounidense, en operación encubierta, habría colocado casi ochocientos mil dólares en un maletín del ciudadano venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson y convencido a Diego Uzcátegui—padre de Daniel Uzcátegui, el acompañante y avalista de Antonini—de solicitar cupo al sur en avión fletado por funcionarios argentinos, para que se embarcasen con ellos tres ejecutivos de PDVSA, su propio hijo y, con él, el Sr. Antonini. La misma agencia gringa, en perfecto remate de su golpe maestro, habría alertado a los aduaneros en Buenos Aires para que interceptaran a Antonini y registraran su equipaje de mano. Éste es el cuento chino que Chávez pretende que creamos.

La Ficha Semanal #157 de doctorpolítico se atiene a reproducir tres reportajes publicados en el diario argentino La Nación. Los dos primeros, uno de Mariano Obarrio y otro de Hugo Alconada Mon, son del sábado 11 de los corrientes; el tercero, también de Obarrio, apareció en La Nación al día siguiente, domingo 12 de agosto.

La lectura de este material ofrece interés porque en esos trabajos hay matices y detalles muy reveladores, como los que describen, por ejemplo, el abusivo tratamiento de agentes de la guardia personal de Hugo Chávez en tierra extraña, o el grado de malestar causado por la raya que el asunto representa para el gobierno de Kirchner.

En el texto de la tercera nota se ha corregido el apellido de los Uzcátegui, que el periodista Obarrio escribía “Uzcateguy”.

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La piel de mula

El caso de la valija causa tensión entre Kirchner y Chávez

Mariano Obarrio

Hugo Chávez rechazó el pedido argentino de dar explicaciones por el escándalo de la sospechosa valija. El presidente Néstor Kirchner llegó a esta ciudad para celebrar una cumbre sobre energía junto con sus colegas de Venezuela y de Bolivia, Evo Morales. Pero quería una aclaración de Chávez, que lo ayudara a capear la tormenta. El socio bolivariano se negó tajantemente.

“Allá ustedes con sus percepciones”, cortó en seco el mandatario venezolano a los medios argentinos, entre ellos LA NACION, que lo abordaron para transmitirle la inquietud que allí mismo mostraban funcionarios argentinos.

Desde el lado venezolano, entonces, persiste el hermetismo. ¿Quién es y qué hacía Guido Alejandro Antonini Wilson, el empresario que intentó ingresar en la Argentina el sábado, a las 3 de la madrugada, con una valija que contenía 800.000 dólares sin declarar? Iba, junto con funcionarios de la petrolera estatal venezolana Pdvsa, en un avión rentado por el gobierno argentino. Por el caso, Kirchner echó anteayer a Claudio Uberti, hombre de máxima confianza del ministro Julio De Vido.

“Yo no sé por qué hay tanto empeño en darle a esto una dimensión que no tiene”, respondió Chávez a la prensa. Y cuando LA NACION le puntualizó el pedido público de funcionarios argentinos, Chávez alzó la voz: “No te voy a hacer declaraciones, si ya te lo dije”. Uno de sus custodios de camisa roja tomó del brazo a este cronista y lo retiró con violencia. No fue mucho más útil hablar con el canciller bolivariano, Nicolás Maduro: “No hay nada que aclarar. Dedíquense a temas más importantes, como el energético”, despachó a LA NACION.

El reclamo público a Venezuela fue formulado desde anteayer por el Gobierno. Y ayer, bien temprano, fue reiterado por el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, el ministro de Planificación, De Vido, y en forma reservada por otros funcionarios. Sólo se sabe que Antonini es amigo de los directivos chavistas de Pdvsa y que viajaba en el mismo avión privado que los funcionarios de confianza de Kirchner.

El clima de tensión era fácil de percibir en Tarija. Terminado el acto del enésimo lanzamiento de la integración energética entre la Argentina, Bolivia y Venezuela, cuyos avances reales son escasos, Kirchner se retiró, literalmente, por la puerta de atrás del anfiteatro del hotel Los Parrales. No quería hablar con los periodistas. Quedó, pues, en el más puro hermetismo, la charla de 15 minutos que había mantenido con Chávez antes de la ceremonia que se realizó en el lujoso hotel de la capital de este estado petrolero.

El Presidente llegó puntualmente a las 10, de no muy buen humor. Se lo veía circunspecto; fue al día siguiente de haber tenido que expulsar a Uberti, un operador de su confianza en la diplomacia con Venezuela.

Kirchner llegó aquí acompañado por De Vido, el canciller Jorge Taiana y el ministro del Interior, Aníbal Fernández, además del titular de Enarsa, Exequiel Espinosa, el hombre que alquiló el avión privado en el que entró al país Antonini. Fue llamativo que no hubiera integrado la comitiva la primera dama y candidata presidencial, Cristina Kirchner.

El mismo De Vido dijo a LA NACION a paso rápido, al llegar al hotel: “Hemos pedido y hablado con ellos [el gobierno de Venezuela] para que hagan una aclaración como corresponde”.

—¿Quién era el empresario Antonini? —se le preguntó.

—Son ellos los que lo tienen que decir. Nosotros sabemos lo que dice el comunicado de Enarsa: que subió al avión y que ignorábamos quién era.

—Pero venía acompañando al hijo del vicepresidente de Pdvsa.

—Sí, exactamente. Esperemos a ver qué tienen ellos para decir.

Y se dirigió a su habitación. En medio de ese nervioso arribo, Kirchner también fue interceptado en el lobby por la prensa argentina. “¿Cómo se siente con lo que pasó con la valija?”, le preguntó una cronista.

“Bárbaro. Nosotros no tenemos nada que ver”, replicó Kirchner. ¿Está enojado con De Vido? “Yo no me enojo con nadie”. ¿Se le van a pedir explicaciones a Venezuela? “Todos sabrán quiénes dicen la verdad y quiénes mienten. Ésa es la realidad”. Y se escabulló.

Consultado un alto funcionario sobre si el tema se abordaría en una cumbre bilateral con Chávez, respondió: “¿Y a vos qué te parece?” Y se fue.

Luego de unos minutos, Kirchner y Chávez descendieron a un subsuelo del hotel para conversar. Tras 25 minutos, regresaron a la planta baja. Chávez pasaba el brazo derecho por encima del hombro de De Vido, en forma paternal. No había rostros festivos. Todos se dirigieron al acto de integración energética, tema que sí produce un sentido de hermandad entre ellos, y todos hicieron profesión de fe bolivariana, incluido Kirchner.

Mientras tanto, los allegados de Kirchner comentaban en el lobby que el Presidente no estaba enojado con Uberti porque creyera que estaba “involucrado en un hecho ilícito”, sino porque “dejó subir en el avión a cualquiera sin saber quién era y qué cargaba en la valija”. Luego del acto, vendrían los desplantes de Chávez y Maduro. Nada de aclaraciones, pese a que lo pedía el “compañero Kirchner”.

Los hombres de la seguridad del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, imponen respeto por su despliegue. Pero también por sus valijas. Son de gran tamaño, capaces de contener armamento, siempre listo para ser usado ante un posible atentado contra Chávez. Por donde transita el líder bolivariano se ponen en línea, con rostro circunspecto, observan los alrededores, los jardines, los montes. Y ayer cortaban el paso de los pasajeros hacia sus habitaciones en el hotel donde se realizó la reunión entre Néstor Kirchner, Chávez y Evo Morales.

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En Miami nadie quiere decir dónde está el señor de la valija

Hugo Alconada Mon

El misterio sobre dónde está el valijero continúa. Cuatro días después de que, según el Gobierno, viajó a Uruguay, sus abogados insistieron en que está en esta ciudad, pero su familia dijo a LA NACION que sigue “en el exterior”. Y el interrogante no es anecdótico, como quizá parezca.

Si Guido Alejandro Antonini Wilson, de 46 años, se encontrara aún en la Argentina, como él dijo a LA NACION por teléfono anteanoche, la Justicia podría citarlo a declarar. Si tras una escala por Aruba recaló en Venezuela, como sostienen algunas versiones, podría obtener refugio o estar en serios problemas, y si volvió a Estados Unidos, podría ser detenido.

“No creo que sea tan estúpido como para volver a Florida”, dijo a LA NACION un ex alto funcionario de la administración Bush. Añadió que las autoridades norteamericanas podrían tener interés en detenerlo y “exprimirlo” de información.

“Si en la valija llevaba dólares y es ciudadano norteamericano, como trascendió, tiene que explicarlo porque puede ser lavado de dinero”, comentó el ex funcionario. Y tomó en cuenta el cariz político del asunto: “Hay que ver si el gobierno argentino le pide colaboración al norteamericano y si éste tiene interés en meterse en un caso en el que Hugo Chávez ya lo acusó de estar involucrado”.

Apenas nacido el escándalo, Chávez dijo que “el imperialismo” estaba detrás de los dólares y que era “falso de toda falsedad” que el asunto tuviera que ver con su comitiva.

Periodistas cercanos a su gobierno, como Mario Silva, buscaron ligarlo al antichavista Isaac Pérez Recao, que vive aquí, y a una empresa de armas, Armor Holdings, al circular la versión de que había ido a Buenos Aires en busca de contactos para esa firma. Eso es incorrecto. “Hasta donde sé, no tenemos un empleado bajo ninguno de esos nombres”, refutó Shannon.

Smith, vocero de BAE Systems, la dueña de Armor, cuando LA NACION consultó si alguien llamado Guido y/o Alejandro y Antonini (y/o Wilson) trabajó o trabaja como empleado o contratista.

Sí es seguro que la esposa de Antonini, Jacqueline Regnault, vive con él en el complejo de condominios de lujo de Key Biscaine. Ella o algún otro familiar mandó decir ayer a LA NACION que Antonini “no está aquí” y que “continúa fuera del país”.

A dos kilómetros de allí, en una bellísima residencia con marina propia en uno de los canales de la isla, un joven afirmó 15 minutos después que “el señor salió, pero vuelve en un par de horas”, cuando se le preguntó por Antonini. Dos horas más tarde, una empleada doméstica comentó que en la casa -valuada en US$ 3,9 millones- no vivía ningún Antonini desde hacía al menos un año: “Aquí vive la familia Durán”. Durán sería Franklin Durán, con quien Antonini comparte el amor por los autos: participaron juntos en un rally por Europa a bordo de un Porsche auspiciado por Venoco, compañía en la que Durán y otro venezolano, Carlos Kauffman, son accionistas.

Lazos chavistas

Kauffman es recordado en Caracas por su notable enriquecimiento durante el gobierno chavista. Adquirió al menos un avión, un helicóptero ·y hasta compró una Ferrari”, de color rojo, “y le puso un sello en su ventana trasera que decía ¡¡¡No!!!, la consigna de Chávez cuando fue el referéndum revocatorio”, contó a LA NACION un conocido periodista desde Caracas.

La relación entre Antonini y Durán no se acaba en la pasión por los autos. La casa donde vive Durán figura en registros de Miami como propiedad de Antonini. Allí constituyó domicilio legal su firma Foxdelta Investments, junto con otro socio, Wladimir Abad. Los mismos registros muestran que “el valijero” y Kauffman compartieron al menos un domicilio comercial en el 9° piso de una torre en el 1155 de la calle Brickell Bay. Pero ya la desactivaron, confirmó LA NACION.

Abad o un homónimo cobró notoriedad un mes atrás, cuando la agencia de lucha contra las drogas norteamericana, la DEA, confiscó un avión que estaba a nombre de American Food Grain, propiedad de Abad, Arturo Minarro y el empresario Ricardo Fernández Barruecos, por supuestas irregularidades en los papeles.

Fernández Barruecos es también dueño de Proarepa, una firma favorecida por el gobierno chavista, con contratos multimillonarios para programas de distribución de alimentos.

Los abogados de Antonini quieren extremar el bajo perfil de su cliente, tras el despegue meteórico de su patrimonio desde que 10 años atrás vendía repuestos al por menor—y al contado—para tractores agrícolas, detalló ayer El Nuevo Herald.

La venta de maquinaria agrícola a Venezuela fue uno de los grandes anuncios que hizo el gobierno argentino, allá por junio de 2003.

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Kirchner reclama una disculpa de Chávez

Espera la renuncia del vicepresidente de la petrolera Pdvsa

Mariano Obarrio

El presidente Néstor Kirchner le pidió anteayer a su par de Venezuela, Hugo Chávez, y espera de él, que haga un “gesto tajante” que, además de traducirse en una disculpa pública, derive en la renuncia del vicepresidente de la empresa petrolera venezolana, Pdvsa, Diego Uzcátegui Matheus, un hombre clave del chavismo.

Por ese motivo, la tensión bilateral podría crecer. Fuentes oficiales muy cercanas a Kirchner revelaron ayer a LA NACION que ese pedido se debe a que el Gobierno sabe que Uzcátegui Matheus fue quien pidió que Guido Alejandro Antonini Wilson viajara en polémico vuelo privado alquilado por Enarsa, el 4 de agosto último.

Ese ciudadano venezolano fue quien entonces intentó ingresar en el país 800.000 dólares sin declarar. En el mismo avión privado viajaba el director del Occovi, Claudio Uberti, el presidente de Enarsa, Ezequiel Espinosa, tres directivos de Pdvsa y Daniel Uzcátegui Matheus, hijo del vicepresidente de la petrolera bolivariana.

“Fue Uzcátegui Matheus quien le pidió a Uberti si podía llevar a Buenos Aires a cinco directivos de Pdvsa”, confió una fuente a LA NACION. “Y entre esos cinco directivos había dos que no lo eran y él no lo dijo”, se indignan en la Casa Rosada. Uno era Daniel Uzcátegui Matheus y el otro era Antonini Wilson, que portaba la valija.

El escándalo le costó la cabeza a Uberti, de relación muy estrecha con Diego Uzcátegui, con quien anudaba todos los convenios energéticos bilaterales. Ahora, en Balcarce 50, piden ese “gesto de reciprocidad”: la cabeza de Uzcátegui.

En los despachos muy cercanos a Kirchner no descartan que el ingreso de dinero sin declarar “pudiera ser parte de un negocio de Uberti”. Y admiten que “se debería establecer hasta qué punto estaba desinformado Julio De Vido”, el ministro de Planificación, de quien Uberti dependía hasta su renuncia. Más allá de ello, Uberti siempre gozó de la confianza de Kirchner para centralizar las negociaciones con Venezuela. Y el Presidente sólo lo desplazó una vez desatado el escándalo, el jueves último.

En la Casa Rosada relatan que el 3 del actual Uberti y Diego Uzcátegui participaron de un almuerzo en el que terminaron de anudar todos los convenios energéticos que Chávez y Kirchner anunciarían en Buenos Aires el lunes último. A los postres, el vicepresidente de Pdvsa le preguntó al ex responsable del Occovi:

—Claudio, tengo cinco directivos de Pdvsa que tienen que ir al Cono Sur. ¿Tú no los puedes llevar en tu avión a Buenos Aires?

—Sí, cómo no. Salimos a las 6 de la tarde.

Uberti—siempre según la versión de la Casa Rosada—sólo se enteró en el aeropuerto de Maiquetía de que dos de esos pasajeros no pertenecían a Pdvsa: Daniel Uzcátegui y Antonini Wilson.

Indignación

“Pedimos que renuncie, porque Uzcátegui sabía que dos no eran directivos. Y Uberti afirma que él dijo ‘cinco directivos’. Chávez sabe el daño que le hizo a Kirchner”, señaló a LA NACION una fuente oficial de la Presidencia.

Diego Uzcátegui no es un funcionario cualquiera, ni es sólo el vicepresidente de Pdvsa. Es también el presidente de la filial argentina de Pdvsa y de la empresa Petrolera del Conosur SA. No era un desconocido para la Casa Rosada. Todavía hay incertidumbre acerca de si Chávez aceptará desprenderse de Uzcátegui. “El Presidente lo pidió y así lo espera”, señaló otra fuente.

Pero el líder bolivariano no le garantizó nada durante la reunión a solas que mantuvieron durante 20 minutos, anteayer, en Tarija, Bolivia. Según fuentes cercanas al jefe del Gabinete, Alberto Fernández, Chávez ensayó un pedido de disculpas, pero en forma privada, ante las recriminaciones de Kirchner por el silencio del bolivariano.

“Se pretende que las disculpas sean públicas y tajantes, además del gesto de renuncia del vicepresidente de Pdvsa”, confirmó esa fuente.

Por ahora no hubo gestos concretos de Chávez. Sólo existió una tibia declaración del presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, que anteayer, tras la tensa cumbre Kirchner-Chávez, prometió una investigación para esclarecer el escándalo.

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