Cartas

“Este libro nació de un texto de Borges…”, decía Michel Foucault en la introducción de su obra cumbre—Las palabras y las cosas—y este texto nació del “Día a Día” del 20 de mayo en el diario Tal Cual, que como siempre lleva la firma de Simón Boccanegra, seudónimo de Teodoro Petkoff, su Director. Si, siguiendo la costumbre de quienes bautizan sus “movimientos” con fechas que pretenden usurpar, ese fragmento de Boccanegra se convirtiere en manifiesto, quien suscribe no vacilaría en firmar al pie.

La nota dice: “Este minicronista oyó ayer a Miguel Henrique Otero explicando en TV los alcances y propósitos del grupo del cual es vocero, el 2D. Según el director de El Nacional, en vista de que los partidos políticos sólo se ocupan del tema electoral y no le paran bola a los ‘verdaderos problemas’ que está viviendo el país, el 2D se ocupará de ello. Es decir, nos hará saber que tenemos un lío con Colombia, que nadie había notado, probablemente; que la inflación va por 30%, cosa que seguramente tampoco nadie sabía, etc., etc. Muy loable, desde luego, ese esfuerzo. Pero a este minicronista le llama la atención que para llevarlo adelante tenga MHO que darle, de refilón, un tequichazo a los partidos. Por una parte, es falso de toda falsedad que los partidos políticos no se ocupen de los problemas del país. En el propio diario de MHO pueden leerse numerosas declaraciones de dirigentes políticos ocupándose precisamente de los problemas a los que aquél se refiere. Por otra parte, uno que es bruto, se pregunta si trabajar para derrotar al gobierno electoralmente, en noviembre, no es la manera más directa y eficiente de ocuparse, precisamente, de los problemas del país. ¿El propio nombre que se ha dado el grupo, 2D, no es, acaso, la mejor demostración de la eficacia de una estrategia democrática y electoral? ¿O es que la contienda por las elecciones de gobernadores y alcaldes es un juego floral, una diversión para eludir los ‘verdaderos problemas’—que sólo desvelarían, al parecer, a los integrantes del 2D? A este minicronista le gustaría saber, junto a mucha otra gente, si, además del esfuerzo—que se le agradece al 2D—de informarnos del mal que estamos muriendo, tienen alguna alternativa que ofrecernos. Porque si preparar una campaña electoral es soslayar los ‘verdaderos problemas’, ¿cuál sería la verdadera manera de hacerles frente?”

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De tan certero disparo se ocupó el mismo día el geólogo petrolero, Gustavo Coronel, antiguo activista de la “sociedad civil” venezolana, ex director de PDVSA, quien desde hace años procura dirigir la oposición local desde su residencia en los Estados Unidos. Así escribió en su ecléctico blog castrense (http://www.lasarmasdecoronel.blogspot.com/): “En Tal Cual, edición de hoy martes 20 de mayo, el cronista Simón Boccanegra publica un corto comentario titulado ‘Preguntas Ingenuas al 2D’, en relación a los propósitos del nuevo grupo de opinión política llamado grupo 2D. A pesar del tono crítico de la nota creo que, por primera vez, se vislumbra la posibilidad de un diálogo serio entre la oposición. Creo que el grupo 2D debe aprovechar la nota de Petkoff para establecer ese diálogo”.

También dice: “Petkoff hace algunas preguntas al Grupo 2D, las cuales, aun formuladas en tono de queja, son pertinentes y pueden y deben ser respondidas de buen talante por el Grupo 2D”. Más adelante compensará eclécticamente, no vaya a ser que se le presuma “teodorista”: “Petkoff está en lo cierto al afirmar que las elecciones son una excelente herramienta de cambio político y el grupo 2D tiene razón al afirmar que la ansiedad mostrada por los partidos de oposición por lograr posiciones burocráticas para sus propios grupos o líderes, no es lo que más le conviene al país en estos momentos”.

Y añade esto: “Lo que el país requiere ya es suficientemente sabido y estoy seguro de que Petkoff mismo debe tener sus ideas bastante claras en ese sentido. Pero, es que ¡la ausencia de Chávez es ya una alternativa a seguir teniendo a Chávez! Nunca he podido comprender el argumento de distinguidos miembros de la oposición, ése de que Venezuela no tiene alternativas a Chávez y, que por ende, tenemos que aguantarlo resignadamente hasta el 2012 (o más allá)”.

Y también: “La estrategia electoral es importante pero no es la única. Allí hay una diferencia de fondo entre el Grupo 2D y líderes como Petkoff, Borges y Rosales, para quienes la vía electoral parece ser la única y quienes parecen haberse convencido de que es necesario calarse a Chávez por cinco años más, a fin de derrotarlo electoralmente en el 2012”.

El artículo de Coronel aboga, finalmente, por la celebración de un “Congreso por la Democracia, en Venezuela, con la participación de dos o tres invitados extranjeros de estatura internacional, a lo Clavel [Havel, se supone], Cardozo [Cardoso, se presume] u otros líderes democráticos del mundo, un Congreso donde la oposición se ponga de acuerdo en torno a estrategias electorales y programas de transición post-Chávez que sean breves, claros y sencillos”. Es decir, todo un evento de primera, con tarjetas de identificación en la solapa y todo.

Toda la pieza está profusamente ilustrada, con una secuencia de ocho fotografías. La que abre la serie y está más destacada es una de Jon Goikoetxea, en la que se le muestra micrófono de megáfono—¿contradictio in terminis?—en mano dirigiéndose a un grupo de estudiantes. No se le nombra en el artículo, pero se le concede el sitio de honor, luego de que recibiera el Premio Milton Friedman (líder de la “Escuela Monetarista de Chicago”, inspiradora de las economías de Ronald Reagan y Augusto Pinochet) de la Libertad. (Concedido por el Instituto Catón, un think tank de definición “libertaria”, es decir, derechista, que “busca ampliar los parámetros del debate de la política pública para permitir la consideración de los principios estadounidenses tradicionales del gobierno limitado, la libertad individual, los mercados libres y la paz”. Esto último, por cierto, no pareciera ser un “principio tradicional de gobierno” de los Estados Unidos, que sin contar una que otra invasioncilla menor se ha comprometido en al menos cuarenta y ocho guerras con posterioridad a su independencia. Una cuenta distinta puede verificarse en la incómoda Wikipedia—List of United States military history events—, que enumera más de doscientos cincuenta “principales despliegues extraterritoriales y domésticos”—guerras como la Segunda Mundial, la de Corea, la de Vietnam, la de Irak, etcétera cuentan cada una como una sola intervención—, sin contar setenta contra sus pieles rojas y la advertencia siguiente: “Además de las operaciones enumeradas arriba, los Estados Unidos tienen una muy activa política exterior que emplea diversos métodos para influir los eventos en otros países. Estos métodos incluyen: venta de armas, asesoría militar y adiestramiento, préstamos internacionales, sanciones económicas, ayuda al desarrollo, transmisiones radiales al exterior, donaciones a organizaciones no gubernamentales, apoyo a grupos separatistas y apoyo de medios de prensa antigubernamentales”). ¿Habrá sido ya coaptado por la derecha estadounidense el prometedor Goikoetxea?

Debajo de Goikoetxea sigue la foto—una de las más pequeñas—de Teodoro Petkoff, y por debajo de ésta las de Miguel Henrique Otero (“Movimiento 2D”), Antonio Ledezma, Oswaldo Álvarez Paz (“Movimiento 4D”), Marcel Granier (“Movimiento 4D”), Oscar García Mendoza (“Movimiento 4D”), Leopoldo López y, para cerrar, la de Manuel Rosales. Implicación: éstos son, para Coronel, los líderes venezolanos más importantes del momento, quienes debieran “dialogar”.

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La pieza de Coronel puede ser comentada a muchos niveles. Podría empezarse con el análisis de la última de sus oraciones citadas: “… un Congreso donde la oposición se ponga de acuerdo en torno a estrategias electorales y programas de transición post-Chávez que sean breves, claros y sencillos”. Primero que nada, una vez más la acción política relevante queda definida, para opinadores como Coronel, como “oposición” a Chávez. Si Chávez no existiera, ¿cuál sería entonces la esencia de esa acción? (Como el “postmodernismo”, que sólo atina a definirse en relación con el “modernismo” que lo precede). Luego, es sospechosa la cantidad de adjetivos—de transición post-Chávez, breves, claros, sencillos—para calificar a una sola noción sustantiva: programas. Claro, Coronel ha explicado antes que “[l]o que el país requiere ya es suficientemente sabido”, y por esto se abstiene de especificarlo, aunque luego propugne que sobre tal cosa hay que ponerse “de acuerdo”.

Después está su iluminadora declaración de que “la ausencia de Chávez es ya una alternativa a seguir teniendo a Chávez”. (La presencia de Coronel no es lo mismo que su ausencia). Adelanta tan profundo descubrimiento para postular su incomprensión del “argumento de distinguidos miembros de la oposición, ése de que Venezuela no tiene alternativas a Chávez y, que por ende, tenemos que aguantarlo resignadamente hasta el 2012 (o más allá)”. Ésta es una caracterización falaz. Lo que algunos distinguidos miembros “de la oposición” y otros observadores que no se definirían así—de los llamados “Ni-ni”, por ejemplo—han señalado es que no hay en el panorama político venezolano una oferta alterna de proporciones equivalentes a la chavista que, obsoleta y maligna como es, todavía no tiene competidores. (Por lo menos no hay ninguna que haya concitado igual grado de apoyo. ¿O es que acaso “Un sueño para Venezuela”, de Gerver Torres, después de años de patrocinio bancario y largo recorrido por el país, ha levantado una poblada?) Y este dato de nuestra terca realidad no es un axioma del que se desprenda, como teorema ineludible, que hay que calarse a Chávez hasta el 2012 (o más allá). Se trata de dos juicios independientes.

Ya que estamos en esto, puede apuntarse que ciertamente la elección que previsiblemente proveería un sucesor de Chávez ocurriría en 2012, pero en 2010 vuelve a presentarse la posibilidad constitucional de revocar su mandato. Esto no parece ser suficientemente rápido para Coronel—ni para el “movimiento” 2D—y por tanto lo que promueven, sin decirlo, no es un expediente constitucional. Repitamos una cláusula esclarecedora de Coronel: “La estrategia electoral es importante pero no es la única. Allí hay una diferencia de fondo entre el Grupo 2D y líderes como Petkoff, Borges y Rosales, para quienes la vía electoral parece ser la única y quienes parecen haberse convencido de que es necesario calarse a Chávez por cinco años más, a fin de derrotarlo electoralmente en el 2012”. No, la estrategia electoral no es la única, pero ninguna otra aceptable puede contradecirla.

Ha costado mucho haber obtenido los resultados, precisamente electorales, del pasado 2 de diciembre, fecha que ahora se apropia un grupo que procura desacreditar a quienes—Petkoff, Borges y Rosales—con el mayor acierto siempre pusieron fe en el camino electoral, incluso luego de la insensatez del insurreccional paro petrolero, la necedad de los invasores militares en Altamira, el incompetente manejo “coordinado” del fallido intento revocatorio y, sobre todo, la estupidez criminal de la conspiración que tuvo por mascarón de proa a Pedro Carmona Estanga. Hasta el mismo premiado de Catón, Jon Goikoetxea, muy principalmente, insistió siempre en que había que ir a votar el 2 de diciembre de 2007.

Cuatro días más tarde de esa fecha, esta publicación quiso despejar una que otra cosa previa, antes de sugerir un “orden correcto” de las tareas políticas, fortalecido por el crucial logro de rechazar el proyecto de “reforma constitucional” del combo Chávez-Asamblea Nacional. Así ponía: “La primera es la de despejar las leyendas urbanas alimentadas desde los recalcitrantes radicales de oposición que a estas alturas, como dice Luis Alberto Machado, en vez de regocijarse con los resultados del domingo, y por mantener tercamente que tenían razón cuando obviamente carecían de ella, andan buscando el modo de amargarse la vida. (Como, por ejemplo, la necedad totalmente falsa que circula en correos anónimos alegremente distribuidos: ‘Baduel, Chávez, el CNE, el Alto Mando Militar y los factores del NO, negocian unos resultados que no fueran humillantes para Chávez y aparecen esos resultados cerrados’. Esta estúpida especie es de la misma calaña de las que sostenían que Gaviria se vendió en agosto de 2004, que Petkoff fue a reunirse con Fidel Castro de regreso de la toma de posesión de Bachelet en abril de 2006 y que Rosales se reunió en Fuerte Tiuna en diciembre de ese mismo año para negociar su rendición)”. Y luego recomendaba: “Hay, en cambio, un evento electoral inexorablemente pautado para 2008: las elecciones de nuevos gobernadores y alcaldes. Sólo un poco más de diez meses nos separan de esos comicios… La preparación de candidaturas para esa circunstancia ineludible debe comenzar ya”.

En efecto, hay una “diferencia de fondo entre el Grupo 2D y líderes como Petkoff, Borges y Rosales”, y es por ella que el “diálogo” que Coronel vislumbra entre ambos bandos es más bien ilusorio. Es quizás imposible.

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“Uno crea sus propios precursores”, dijo una vez Jorge Luis Borges, quien inspirara a Michel Foucault, para indicar que a veces uno arriba independientemente a un hallazgo ya encontrado antes por otros. Esto ha debido pasar a Antonio Sánchez García (“Movimiento 4D”), que escribe anteayer el artículo “¡Renuncie, Presidente!”, que encabeza de este modo: “Esa sería la exigencia que una oposición política seria, digna y honorable, a la altura de las circunstancias y responsable ante el pasado, el presente y el futuro de su patria, le hubiera planteado ya hace horas a quien, dirigiendo los destinos de un país decente, hubiera sido desenmascarado ante el mundo como un mandatario irresponsable de su alta investidura, coaligado con las narcoguerrillas de un país vecino y embarcado en la aventura de destruir sus bases morales, jurídicas y culturales”.

Once días antes, el viernes 9 de mayo, el suscrito fue entrevistado gentilmente por José Gregorio Graterol desde Unión Radio. El rumbo de la conversación llevó a que comentara que a principios de 2002, cuando comenzaba a generalizarse en el país la impresión de que una continuación de Chávez en el poder era nacionalmente inconveniente—mayoría civil destrozada por los conspiradores de abril—, los analistas revisaban un abanico de posibilidades: enmienda para recorte del período (Raffalli, Primero Justicia), nueva constituyente, referendo consultivo, “acta de abolición” (quien escribe) y hasta golpe de Estado puro y simple (Olavarría, en el artículo “Derecho de rebelión”). Pero más allá de la consigna inmediatista de las marchas de la época (“¡Chávez, vete ya!”) nunca fue seriamente considerada la petición masiva de la renuncia presidencial, seguramente porque, con alguna razón, se pensaba que Chávez había llegado al poder para aferrarse a él. Entonces dije a Graterol, luego de inventario breve de las más recientes arbitrariedades y delincuencias de Hugo Chávez, que bien pudiera hacerse necesario exigírsela.

Es poco probable que Sánchez García haya escuchado el programa de Graterol, así que estaría en la situación borgiana. Esto tranquiliza a quien escribe, pues usualmente está en desacuerdo con Sánchez García. Del propio artículo de éste se desprende que cree que Chávez haría caso omiso de una petición de renuncia (a la que habría que construirle una abrumadora mayoría para que fuese eficaz). Por esto es otra cosa a la que apunta cuando, también descargando su invectiva contra los dirigentes partidistas—“Ante el ominoso silencio de quienes debieran estar exigiendo su inmediata renuncia”—, cierra su argumento con las horrorizadas preguntas: “¿Habrá quienes honren lo que nuestra sociedad civil espera de ellos? ¿Habrá quienes asuman el peso de la historia y salven la Patria en peligro? ¿O esperaremos insensibles hasta alcanzar el último grado de la degradación moral?” Así concluye: “De la respuesta a estas sencillas interrogantes depende el futuro de la Patria”.

Sánchez García fue figura muy visible del “Movimiento 4D”, aquel grupo en el que destacaban dos de los retratados por Coronel, Oscar García Mendoza (patrocinante de “Un sueño para Venezuela”) y Marcel Granier. (De éste se guindó oportunamente Sánchez García, cuando a raíz del arrebatón contra RCTV dijera: “Venezuela ha perdido un canal, pero ha ganado un estadista”). Éste era otro “movimiento” inmediatista más—ya difunto—, que pretendía que el silencio de la abstención de 75% en las elecciones para Asamblea Nacional en 2005 equivalía a catorce “mandatos” específicos “del Pueblo a la Nación” que jamás fueron pronunciados.

Ahora ha sido sucedido por otro “movimiento” (rebajado de 4D a 2D) con parecido propósito. El más notorio líder (su presidente de facto) de la nueva agrupación, a la que no se puede augurar destino mejor que el de la precedente, es Miguel Henrique Otero, editor y codueño del diario El Nacional. Es el mismo periódico que apoyó a Hugo Chávez en 1998 y al comienzo de su gobierno, cuando uno de sus antiguos directores, el desaparecido Alfredo Peña (trasladado de prisa a Venevisión la última vez que Caldera ganó una elección), fungía como Ministro de la Secretaría de la Presidencia de Chávez, y cuando quien entonces era la esposa de Otero, Carmen Ramia, aún dirigía la Oficina Central de Información.

Otero dice no tener nada en contra de los partidos de oposición o las elecciones regionales, aunque advierte: “Pero para llegar al proceso del 23 de noviembre, primero se deben (sic) atender las irregularidades en el área militar y educativa, por ejemplo”. De lo educativo se está ocupando un gentío; ¿será que Otero (o su “movimiento”) se ocupa de “las irregularidades en el área militar”?

Lo que nos lleva a mencionar al más nuevo entre los mártires castrenses, el general Francisco Usón, otro notorio líder del “Movimiento 4D”. (También muy cómodo en la primera parte del gobierno de Chávez, al punto de que fuera su Ministro de Finanzas en 2001 y hasta 2002, hasta cuatro años después de iniciado el estropicio). Usón ha dicho en Globovisión que el “Movimiento 4D” “representa a todos los venezolanos que, en un momento dado, estamos preocupados por la situación del país”. Ha debido preocuparse él antes, desde 1999 al menos, por un lado; por el otro, el “Movimiento 4D” representa, si acaso, a los opositores más talibánicos y atrabiliarios de Hugo Chávez, que nunca han tenido sentido político y que, en más de una ocasión, fueron sus promotores de antaño.

El 28 de febrero de este año, la Carta Semanal #276 de doctorpolítico advertía: “…no es en absoluto despreciable la probabilidad de que este quinquenio no culmine. Muchos factores, en convergencia no necesariamente planeada, pueden suscitar un desenlace distinto: la interrupción del mandato de Chávez antes de que llegue a su término constitucional”. Pero también señalaba: “Suceder a Hugo Chávez en la Presidencia de la República es, sin duda, un asunto enormemente complejo… como dice el adagio político norteamericano, you can’t fight somebody with nobody. Si se ve la cosa desde el punto de vista de la oposición a Chávez, la ausencia de una figura nacional clara, con suficiente arraigo, es la más evidente carencia política”. Y más adelante: “Lo más probable es que el régimen de Chávez pueda superar este año de 2008, especialmente porque la población querrá esperar la consulta electoral de noviembre, que será un indicador muy significativo del apoyo que haya podido conservar. Todavía pudiera sobrevivir a 2009. La mera inercia de un ente tan enorme como el gobierno hará que su caída no sea excesivamente rápida, como debe comenzar a frenarse un supertanquero unas buenas decenas de kilómetros antes de llegar a Rotterdam, so pena de encallar en medio de la ciudad. El éxito de un referéndum revocatorio será más seguro en la medida en que se haya hecho universalmente insoportable el gobierno de Chávez, y para esto deberá invertirse lo que queda de este año y el siguiente. Así como Chávez tuvo la paciencia de esperar cinco años para revocar la licencia de señal abierta a RCTV, así debiera tenerse pulso firme para eludir atajos desesperados y asegurar la revocación”.

Ni Miguel Henrique Otero es, después de muy largos intentos, una figura nacional clara con suficiente arraigo, ni debe permitírsele que nos lleve por atajos desesperados.

LEA

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