Fichero

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Se reproduce en esta Ficha Semanal #224 de doctorpolítico la segunda y última parte del Resumen Ejecutivo—traducido del inglés—del informe Tendencias Globales 2025: Un mundo transformado, producido por el Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos y publicado a fines de noviembre pasado.

Una vez más, se insiste en esta última sección del resumen en la complejidad del nuevo orden mundial en gestación, así como en la reducción de la influencia estadounidense. El desarrollo y consolidación de nuevas potencias—como las del llamado BRIC (Brasil, Rusia, India y China)—conforman un mundo multipolar, en el que llamativamente no se reconoce un papel preponderante a un posible bloque latinoamericano o suramericano de naciones.

A los Estados Unidos se le reconoce un papel aún importante, en su condición de “primero entre iguales”. El 30 de agosto del año pasado decía la Carta Semanal #252 de doctorpolítico: “Lo cierto es que ya no es el optimismo acerca de los Estados Unidos el sentimiento dominante. A la caída de la Unión Soviética muchos se apresuraron a pronosticar una ineludible supremacía norteamericana, y Francis Fukuyama fue tan lejos como para anunciar ‘el fin de la historia’, pues ya nada podría evitar la generalización planetaria de la democracia y los mercados. Los hechos más recientes han hecho que el académico más famoso de los noventa, antaño neo-conservador partidario del gobierno de George W. Bush, se haya distanciado de éste y sugerido algunos ajustes a su simplista visión de la época. El tocayo del presidente norteamericano, el financista y activista de la democracia George Soros, ha escrito un ensayo que titula The Bubble of American Supremacy (La burbuja de la supremacía americana), en obvia analogía con las ‘burbujas’ de expansión financiera efímera. Soros argumenta que el gobierno de Bush hijo ha dejado a los Estados Unidos en situación muy comprometida, que niega la posibilidad de continuación de la supremacía estadounidense. Si evaluaciones como ésta son atinadas, lo esperable a la salida de la actual administración en Washington—que tiene cada vez menor apoyo electoral y se ha visto forzada a quedarse sin las estrellas de su estado mayor—es una contracción de la actividad y presencia norteamericana en el mundo. Ya a estas alturas, Vladimir Putin aprovecha la evidente debilidad para reafirmar su poder y restaurar la fortaleza de Rusia como potencia, Mahmoud Ahmadinejad para proseguir impertérrito en su carrera armamentista y Hugo Chávez para retar todos los días a la superpotencia norteña y culparla de todo lo malo que pueda suceder en Venezuela. Es una suerte para el mundo que pueda distinguirse en China la postura de un socio de buena fe, que no está apostando a la desestabilización, ni financiera ni política, de los Estados Unidos. Pudiera ser que, en un sentido, el sueño americano estuviese tocando a su fin. En todo caso, las nuevas realidades que ahora confrontan los Estados Unidos pudieran acelerar la conformación de una polis planetaria verdaderamente multipolar, en la que la patria de Washington pudiera aspirar, si acaso, al sitial de primus inter pares, a la usanza de una baronía medieval que elegía al monarca de su seno”.

El informe completo (Global Trends 2025: A Transformed World) puede ser obtenido en archivo con formato .pdf en: http://www.acus.org/files/publication_pdfs/3/Global-Trends-2025.pdf

LEA

Un mundo nuevo

Perspectivas de terrorismo, conflicto y proliferación

El terrorismo, la proliferación y el conflicto seguirán siendo preocupaciones importantes, aunque temas como los de los recursos asciendan en la agenda internacional. Es improbable que el terrorismo islámico desaparezca para 2025, pero su atractivo pudiera disminuir si continúa el crecimiento económico y se mitiga el desempleo juvenil en el Cercano Oriente. Oportunidades económicas para la juventud, y un mayor pluralismo, disuadirían a algunos de unirse a las filas de los terroristas, pero otros—motivados por distintos factores, tales como un deseo de venganza o para ser “mártires”—continuarán asumiendo la violencia como modo de lograr sus objetivos.

En ausencia de oportunidades de empleo y los medios legales para la expresión política, las condiciones estarán maduras para la alienación, un radicalismo creciente y el posible reclutamiento de jóvenes por los grupos terroristas. Los grupos terroristas serán en 2025 probablemente una combinación de descendientes de grupos largamente establecidos que heredarán estructuras organizativas, procesos de comando y control y procedimientos de adiestramiento necesarios para conducir ataques sofisticados, y una colección de iracundos y marginales que se volverán radicales por sí mismos. Para aquellos grupos terroristas que estén activos en 2025, la difusión de tecnología y conocimiento científico colocará a su alcance algunas de las más peligrosas capacidades existentes hoy en el mundo. Una de nuestras mayores preocupaciones continúa siendo que terroristas u otros grupos malévolos puedan adquirir y emplear agentes biológicos o, menos probablemente, artefactos nucleares para causar una gran cantidad de víctimas.

Aun cuando no es inevitable que Irán adquiera armamento nuclear, las preocupaciones de otros países acerca de un Irán nuclearmente armado pudiera conducir a Estados de la región a desarrollar nuevos arreglos de seguridad con potencias extranjeras, adquirir armas adicionales y considerar la prosecución de sus propias ambiciones nucleares. No es claro que pueda emerger naturalmente en el Oriente cercano, con un Irán con capacidad bélica nuclear, el tipo de relación disuasiva estable que existió entre las grandes potencias durante casi toda la Guerra Fría. Ciertos conflictos de baja intensidad bajo un paraguas nuclear pudieran escalar sin intención hacia un conflicto más amplio, si no se establece claras líneas de alarma entre los Estados involucrados.

Creemos que no es probable que arraiguen conflictos ideológicos como los de la Guerra Fría, en un mundo en el que la mayoría de los Estados esté preocupada con los desafíos pragmáticos de la globalización y cambiantes alineaciones globales de poder. Es más probable que la fuerza de la ideología sea mayor en el mundo musulmán, particularmente en el núcleo árabe. En aquellos países que probablemente tengan que luchar con el abultamiento juvenil de sus poblaciones y una débil base económica—tales como Pakistán, Afganistán, Nigeria y Yemen—es probable que la tendencia radical Salafi del Islam gane terreno.

Pudieran resurgir ciertos tipos de conflictos—por recursos, por ejemplo—que no hemos visto por cierto tiempo. La percepción de una escasez de energía impulsará a los países a asegurar su acceso a suministros de energía. En el peor caso, esto pudiera resultar en conflictos interestatales si los líderes de los gobiernos estiman que un acceso seguro a recursos energéticos, por ejemplo, es esencial para mantener la estabilidad doméstica y la supervivencia de sus regímenes. No obstante, aun breves acciones de guerra tendrán consecuencias geopolíticas importantes. Las preocupaciones por la seguridad marítima están proveyendo justificación para ampliaciones navales y esfuerzos de modernización, tales como el desarrollo de una capacidad naval de alta mar por parte de China e India. La ampliación de capacidades navales regionales pudiera conducir a un aumento de las tensiones, las rivalidades y acciones de contrapeso, pero también creará oportunidades de cooperación multinacional para la protección de rutas marítimas críticas. A medida que el agua se haga más escasa en Asia y el Cercano Oriente, la cooperación para administrar los recursos hídricos se hará más difícil dentro de los Estados y entre ellos.

El riesgo del empleo de armas nucleares durante los próximos veinte años, aunque seguirá siendo muy menor, probablemente sea mayor que el de hoy en día, como consecuencia de varias tendencias convergentes. La difusión de las tecnologías nucleares y su conocimiento experto está generando preocupaciones acerca de la emergencia de nuevos Estados con armas nucleares y la adquisición de materiales nucleares por grupos terroristas. Los actuales choques de baja intensidad entre India y Pakistán continúan evocando el fantasma de la escalada de esos eventos, hasta un conflicto más amplio entre estas potencias nucleares. La posibilidad de un futuro cambio perturbador de régimen o su colapso, en un Estado nuclear como Corea del Norte, también continúa cuestionando la capacidad de Estados débiles para controlar y proteger sus arsenales nucleares.

Si llegare a emplearse armas nucleares en los próximos quince a veinte años, el sistema internacional experimentará un choque de inmediatas repercusiones humanitarias, económicas y político-militares. El uso futuro de armas nucleares probablemente traería cambios geopolíticos significativos, pues algunos Estados buscarían establecer o reforzar alianzas de seguridad con potencias existentes, y otros presionarían por un desarme nuclear global.

Un sistema internacional más complejo

La tendencia hacia una mayor difusión de la autoridad y el poder que ha venido ocurriendo por un par de décadas se acelerará probablemente, a causa de la emergencia de nuevos actores globales, el empeoramiento del déficit institucional, la potencial expansión de bloques regionales y la aumentada fortaleza de actores y redes no estatales. La multiplicidad de actores en la escena internacional pudiera añadir vigor—en el sentido de llenar los vacíos dejados por instituciones de posguerra envejecidas—o fragmentar ulteriormente el sistema internacional e incapacitar la cooperación internacional. La diversidad de tipos de actores aumenta la probabilidad de fragmentación de las próximas dos décadas, en especial por el variado espectro de retos transnacionales que confronta la comunidad internacional.

No es probable que las potencias emergentes del BRIC desafíen el sistema internacional como lo hicieron Alemania y Japón en los siglo XIX y XX, pero en virtud de su creciente influencia geopolítica y económica disfrutarán de amplios grados de libertad para establecer políticas a su medida en lugar de adoptar plenamente las normas occidentales. Es también probable que deseen preservar la libertad de sus políticas para maniobrar, dejando a otros la carga principal de tratar problemas tales como el terrorismo, el cambio climático, la proliferación y la seguridad energética.

No parece probable que las instituciones multilaterales—que son grandes y engorrosas y fueron diseñadas para un orden geopolítico diferente—tengan la capacidad de adaptarse rápidamente para emprender nuevas misiones, acomodar afiliaciones cambiantes y aumentar sus recursos.

Las organizaciones no gubernamentales (ONG)—concentradas sobre problemas específicos—serán cada vez más parte del paisaje, pero es probable que las redes de ONG estén limitadas en su capacidad de efectuar cambios en ausencia de esfuerzos concertados de instituciones multilaterales o gobiernos. Los esfuerzos de mayor inclusión—para reflejar la emergencia de las potencias más nuevas—pueden hacer más difícil a las organizaciones internacionales el ataque de los desafíos transnacionales. El respeto por los puntos de vista divergentes de las naciones miembros continuará conformando la agenda de las organizaciones y limitando las clases de solución que pueden ser intentadas.

Un mayor regionalismo panasiático—posible para 2025—tendría implicaciones globales, detonando o reforzando una tendencia hacia tres núcleos comerciales y financieros que pudiesen convertirse en cuasi-bloques: América del Norte, Europa y Asia Oriental. El establecimiento de tales cuasi-bloques tendría implicaciones para la capacidad de lograr futuros acuerdos globales de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Los agregados regionales pudieran competir en la fijación de estándares transregionales para la tecnología de la información, la biotecnología, la nanotecnología, los derechos de propiedad intelectual y otros aspectos de la “nueva economía”. Por otra parte, la ausencia de cooperación regional en Asia pudiera acicatear la competencia entre China, India y Japón en materia de recursos como el energético.

La proliferación de identidades políticas es intrínseca a la creciente complejidad de roles del Estado, instituciones y actores no estatales, lo que conduce al establecimiento de nuevas redes y comunidades redescubiertas. No hay identidad política que sea probablemente dominante en la mayoría de las sociedades para 2025. Las redes basadas en la religión pudieran ser redes temáticas imprescindibles, y en conjunto pudieran jugar un papel más fuerte que el de agrupaciones seculares en muchos problemas transnacionales, como los del ambiente y la desigualdad.

Los Estados Unidos: una potencia menos dominante

Hacia 2025 los Estados Unidos se verán como uno de varios actores importantes, aunque todavía el más importante de la escena mundial. Incluso en el reino de lo militar, donde los Estados Unidos continuarán teniendo considerables ventajas en 2025, los progresos de otros países en ciencia y tecnología, una adopción más amplia de tácticas de guerra irregular por actores tanto estatales como no estatales, la proliferación de armas precisas de largo alcance y el creciente uso de ataques de guerra cibernética constreñirán cada vez más la libertad de acción de los Estados Unidos. Un papel más constreñido de los Estados Unidos tiene implicaciones para otros países y para la probabilidad de enfrentar con eficacia nuevos temas de la agenda. A pesar del reciente aumento del antiamericanismo, los Estados Unidos probablemente continúen siendo vistos como un contrapeso regional muy necesario en el Cercano Oriente y Asia. Seguirá esperándose de los Estados Unidos un rol significativo en el empleo de su poder militar para contrarrestar el terrorismo global. En materia de nuevos problemas de seguridad como los derivados del cambio climático, el liderazgo de los Estados Unidos será ampliamente considerado crítico para coordinar puntos de vista diversos y encontrar soluciones. Al mismo tiempo, la multiplicidad de influyentes actores y la desconfianza respecto de los poderes muy grandes disminuirá la capacidad de los Estados Unidos para imponer decisiones sin el apoyo de socios fuertes. Ciertos desarrollos en el resto del mundo, incluyendo desarrollos internos en un número de Estados clave—particularmente China y Rusia—también sean probablemente determinantes cruciales de las políticas de los Estados Unidos.

2025 – ¿Qué clase de futuro?

Las tendencias mencionadas sugieren discontinuidades, shocks y sorpresas importantes, que destacaremos en el informe. Algunos ejemplos incluyen el empleo de armas nucleares o pandémicas. En algunos casos, el elemento sorpresa es sólo un asunto de tiempo: una transición energética, por ejemplo, es inevitable; la única duda es acerca de cuándo o cuán abrupta o suave será la transición. Una transición energética de un tipo de combustible (fósil) a otro (alternativo) es un evento que históricamente sólo ha ocurrido una vez en un siglo con consecuencias de gran magnitud. La transición de la leña al carbón ayudó a desencadenar la industrialización. En este caso, una transición que deje atrás los combustibles fósiles—en especial si es abrupta—tendrá repercusiones mayores sobre los productores de energía del Cercano Oriente y Eurasia, potencialmente causando la declinación permanente de algunos Estados como potencias globales y regionales.

Otras decadencias son menos predecibles. Es probable que resulten de la interacción de varias tendencias, y dependerán de la calidad del liderazgo. No hay seguridad de que China o Rusia se conviertan en democracias. La creciente clase media de China aumenta las probabilidades pero no convierte un desarrollo así en inevitable. Un pluralismo político en Rusia parece menos probable en ausencia de diversificación económica. Una presión desde abajo pudiera forzar el asunto, o pudiera un líder comenzar o enriquecer el proceso de democratización para sostener la economía o estimular el crecimiento económico. Una caída sostenida en los precios del petróleo y el gas alteraría el panorama y aumentaría las probabilidades de una mayor liberalización política y económica en Rusia. Si alguno de estos países se democratiza, tal cosa representaría una nueva ola de democratización con amplia significación para muchos otros países en desarrollo.

Son asimismo inciertos los desenlaces de los desafíos demográficos que Europa, Japón y aun Rusia confrontan. En ninguno de estos casos la demografía implica un destino inevitable de poder global o regional disminuido. La tecnología, el papel de la inmigración, las mejoras en salud pública y las leyes que alientan una mayor participación de la mujer en la economía son algunos de los factores que pudieran cambiar la trayectoria de las tendencias actuales que apuntan a un crecimiento económico disminuido, mayores tensiones sociales y una posible declinación.

El que las instituciones globales se adapten y revivan—otra incertidumbre clave—estará también en función del liderazgo. Las actuales tendencias sugieren una dispersión del poder y la autoridad que creará un défict global de goernabilidad. La inversión de estas líneas tendenciales requeriría un fuerte liderazgo en la comunidad internacional  por parte de varias potencias, incluyendo en éstas a las emergentes.

Algunas incertidumbres, de ocurrir, tendrían mayores consecuencias que otras. En este trabajo, enfatizamos un potencial en conjunto de mayor conflicto, algunas de cuyas formas pudieran amenazar la globalización. En esta categoría ubicamos a un terrorismo con armas de destrucción masiva y una carrera armamentista en el Cercano Oriente. Las incertidumbres clave y sus posibles impactos son discutidos en el texto en la página vii sobre su probabilidades relativas. En los cuatro escenarios imaginados, hemos destacado nuevos retos que pudieran surgir como resultado de las transformaciones globales en progreso. Presentan nuevas situaciones, dilemas o complicaciones que representan un alejamiento de recientes desarrollos. Como conjunto, no cubren todos los futuros posibles. Ninguno de ellos es inevitable o aun necesariamente probable pero, como con muchas otras incertidumbres, los escenarios son modificadores potenciales de las reglas de juego.

•  En Un Mundo sin Occidente, las nuevas potencias suplantan a Occidente como los líderes de la escena mundial.

•  Sorpresa de Octubre ilustra el impacto de la desatención al cambio global del clima; impactos inesperados estrechan el rango de opciones del mundo.

•  En Ascenso del BRIC, las disputas por recursos vitales emergen como fuente de conflicto entre potencias mayores, en este caso los pesos pesados emergentes de India y China.

•  En La Política No Siempre Es Local, emergen redes no estatales para fijar la agenda internacional en materia de ambiente, eclipsando a los gobiernos.

Consejo Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos

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