Edvard Munch: Muerte en el cuarto del enfermo (1895). Nasjonalgalleriet, Oslo.

Desde el mismo comienzo, todo nombre, el nombre de cualquiera, nombra un sitio de luto por venir.

Jacques Derrida

Y si, como [Peggy] Kamuf sugiere [en Por venir: La vigilia de Derrida], el nombre es en sí mismo otro nombre para el luto, esto es porque todo nombre lleva adentro el rastro de una escisión: para ser lo que llamamos un nombre, un nombre debe ser repetible en ausencia de aquél a quien ostensiblemente “pertenece” y debe por tanto ser siempre capaz de seguir viviendo después de la muerte de su portador.

Elissa Marder

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María Elena era la paz más dulce de todas, la hermana más querida de sus hermanos. En fecha de patria para los venezolanos se ha despedido, después de cinco meses de preaviso doloroso. Mis otras hermanas, Francis y sobre todo Sylvia, la cuidaron y mimaron con su sacrificio desde que su enfermedad terminal se declarara. Mi cuñado, Lisandro Lecuna, prestó su casa para que en ella muriera acompañada. José Luis, mi hermano, se deshizo en gestiones para aliviar sus incomodidades. El menor, José Gabriel, empezó a llorarla en diciembre desde afuera. Todos—sobrinos, cuñados, primos, amigos, colegas, alumnos—iban a verla, a acariciarla, o llamaban a cada rato a preguntar por ella. Todos la queríamos, todos la queremos, todos la querremos.

Hay luto en Facebook, en el Instituto Universitario Tecnológico de Los Teques, donde fue amada y eficaz profesora (lo representó deportivamente con honor en innumerables justas de natación, dominó, bowling, softbol y atletismo); hay luto en el grupo Las Magnolias, en el Conjunto Alma Nueva. Hay luto por María Elena.

María Elena era la tía ME de sus muchos sobrinos, hoy desolados. La hermana ME, la que disolvía conflictos, la que amaba la paz y la sonrisa. La hermana musical, la hermana audiovisual, la hermana lúdica, la hermana que escribió de la familia, la que llevaba sus maravillosos equipos de sonido hasta los sitios de las fiestas familiares, listos para el baile y el karaoke.

ME era la cuarta de nosotros. Tres otros hermanos hemos debido morir primero. María Elena asumió el pronóstico de su muerte prematura con su paz característica, indicando con dulzura que quienes la queríamos no teníamos por qué entristecernos.

Todos nosotros somos mejores por María Elena. Ahora es nuestro nombre los hermanos de ME. No habrá en el mundo quien quiera olvidarla, por más que el dolor parezca necesitarlo.

LEA

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