Un estimadísimo amigo me ha hecho llegar un video que me habían recomendado antes, anexo a un correo electrónico en el que pone: “Fuerte el discurso”. A continuación, inserto el video en cuestión y, luego, lo que contesté al remitente:

Gracias. Me lo habían mencionado varias veces y aún no lo había visto. Me recuerda el estilo muy eficaz de Antonio Sánchez García; destacando con muchísima verdad las manipulaciones abominables de los regímenes de izquierda, incurre sin embargo en una absolución del “capitalismo”, sistema al que le pega la noción de “justicia independiente” como si le fuera consustancial. No es mi manera de hablar, y no se puede admitir la propaganda de signo contrario; los EEUU no son santos. Nadie menos que Alan Greenspan, antiguo jefe de la Reserva Federal de los EEUU, publicó un libro de memorias—The Age of Turbulence: Adventures in a New World—, que vio la luz el 17 de septiembre de 2007, en el que dice: “Estoy entristecido porque sea políticamente inconveniente reconocer lo que todo el mundo sabe—que la guerra en Irak es en gran medida por el petróleo”.

El Sr. Vidal hace mucho del cristianismo, pero deja de registrar que Francisco ha escrito (Evangelii gaudium): “La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera”. Y también: “Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”.

De modo, pues, que si comparto la descripción crítica de sistemas como el castrista, el sandinista o el chavista, todos cultores de la mentira sistemática como herramienta de distorsión para dominar, no concurro con la presentación del mundo como película en blanco y negro, como un asunto de superhéroes contra supervillanos. La realidad tiene muchas tonalidades de gris o, más exactamente aún, viene en deslumbrantes colores. No todo lo que se opone al socialismo es por eso mismo esencialmente loable.

Por último, se percibe en el Sr. Vidal un cierto tufo de pretendida superioridad, como se desprende de sus alusiones a lo que está al sur del Río Grande. Tampoco España ha podido parir nadie que se parezca a Steve Jobs. LEA

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