Un apretón premonitorio

Un apretón premonitorio

 

Las decisiones anunciadas simultáneamente ayer por Barack Obama y Raúl Castro, encaminadas a normalizar las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, fueron la mejor de las noticias en el planeta al cierre de un año que en general ha sido terrible. Pocas horas antes, el reporte del monstruoso ataque del Talibán contra niños de un colegio paquistaní, a los que asesinó a mansalva, añadía dolor al doloroso 2014: el año de ISIS, el año de los conflictos entre Rusia y Ucrania, el año de los estudiantes desaparecidos en Iguala, el año en que recrudeciera el forúnculo del conflicto entre Israel y Palestina. Localmente, nuestro ambiente político se ha endurecido este año con el ciclo de protesta y represión que comenzara el 12 de febrero, y se prolonga con la detención de Leopoldo López y otros dirigentes opositores—hoy aprobó el Parlamento Europeo una muy fuerte declaración condenatoria del gobierno venezolano: Resol. Parl. Eur. sobre Vzla.—, en medio de una economía seriamente deteriorada y ante un gobierno que resiste a la rectificación de su equivocadísimo planteamiento fundamental. Necesitábamos buenas noticias, y el acuerdo cubano-estadounidense ha sido una magnífica. Como si fuera un eco de su espíritu conciliador, al caer la tarde de ayer un comunicado de las FARC colombianas anunciaba un cese al fuego unilateral indefinido a partir del 20 de diciembre. Los europeos andan haciendo lo suyo. Un acuerdo del Parlamento de Europa reconoce al Estado Palestino, mientras el Tribunal de Luxemburgo desecha la calificación de Hamás como grupo terrorista. (No certificando su inocencia, sino invalidando los elementos de juicio—alegatos en prensa e Internet—empleados por la Unión Europea para fundamentar tal designación). Son todos eventos que favorecen la distensión planetaria al concluir doce meses muy conflictivos para el mundo.

Por supuesto, hay aguafiestas: el senador Marco Rubio (republicano de Florida e hijo de cubanos), agitado porque Jeb Bush admitiera estar interesado en la próxima candidatura presidencial de los republicanos (lo que él también desea), no tardó en denunciar el acuerdo entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos, e incluso amenazó con hacer presupuestariamente imposible el establecimiento de una embajada estadounidense en La Habana; Robert Menéndez (senador por Nueva Jersey e hijo de cubanos, con serias investigaciones en su contra por corrupción) opinó que Obama ha hecho concesiones sin obtener contraprestación suficiente a cambio; Ileana Ros-Lehtinen (cubana representante por Florida) emitió una declaración oficial en la que asegura que “esta extraviada acción del presidente Obama envalentonará al régimen de Castro en la continuación de sus actividades ilícitas, y a pisotear libertades fundamentales e ignorar los principios democráticos”. (También sugirió que Obama pudiera haber violado varias leyes con su decisión). Éste es el trío que promovió y logró la aprobación—al día siguiente de las revelaciones sobre las “técnicas de interrogatorio enriquecidas” de la Agencia Central de Inteligencia—de la legislación para sancionar a funcionarios venezolanos acusados (no convictos) de violación de derechos humanos, sobre la base de denuncias que el Tribunal de Luxemburgo habría desestimado. Bueno, ellos tres se posicionan en contra de la mayoría de los ciudadanos estadounidenses (y de los cubano-estadounidenses) que reflejan en encuestas su aprobación del alivio conseguido ayer. Afortunadamente, Marco Rubio no será el próximo Presidente de los Estados Unidos; ni siquiera será el candidato del Partido Republicano. (Ver análisis de Edward-Isaac Dovere).

Lo que ha hecho Obama respecto de Cuba tal vez sea lo más significativo de su accidentada y, hasta cierto punto, decepcionante presidencia. Trae paz a los hombres de buena voluntad.

¡Feliz Navidad! LEA

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