Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada.

Alfredo Le Pera – Volver

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Hace exactamente treinta años, se proponía en Venezuela una organización política de código genético distinto de un partido convencional. El documento que la describía justificaba su invención de este modo:

 

El documento original

El documento original (clic amplía)

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla in­volucra una responsabilidad bastante grande, una responsa­bilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte?

Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicio­nales es justamente la afirmación que hacemos.

Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tra­dicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales.

Los descalificamos porque nos hemos convencido de su in­capacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los ver­daderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. (…)

Pero junto con esa insuficiencia en la conceptualización de lo político debe anotarse un total divorcio entre lo que es el adiestramiento típico de los líderes políticos y lo que serían las capacidades necesarias para el manejo de los asuntos públicos. Por esto, no solamente se trata de enten­der la política de modo diferente, sino de permitir la emergencia de nuevos actores políticos que posean experien­cias y conocimientos distintos.

Las organizaciones políticas que operan en el país no son canales que permitan la emergencia de los nuevos actores que se requieren. Por lo contrario, su dinámica ejerce un efecto deformante sobre la persona política, hasta el punto de imponerle una inercia conceptual, técnica y actitudinal que le hacen incompetente políticamente. Hasta ahora, por supuesto, el país no ha conocido opciones diferentes, pero, como bien sabemos, aún en esas condiciones los registros de opinión pública han detectado grandes desplazamientos en la valoración popular de los actores políticos tradicionales, la que es cada vez más negativa. (…)

No basta, sin embargo, para justificar la aparición de una nueva asociación política la más contundente descalifi­cación de las asociaciones existentes. La nueva asociación debe ser expresión ella misma de una nueva forma de enten­der y hacer la política y debe estar en capacidad de demos­trar que sí propone soluciones que escapan a la descalifi­cación que se ha hecho de las otras opciones. En suma, debe ser capaz de proponer soluciones reales, pertinentes y fac­tibles a los problemas verdaderos.

………

El acta constitutiva de la asociación que jamás fue constituida—no recibió apoyo significativo; “ahora es cuando hay AD y COPEI para rato”, se le opuso como argumento en contrario—se preparó hace treinta años. En ella se encuentra, por supuesto, definido su objeto:

La Asociación tiene por objeto facilitar la emergencia de actores idóneos para un mejor desempeño de las funciones públicas y el de llevar a cabo operaciones que transformen la estructura y la dinámica de los procesos públicos nacionales a fin de: 1. Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general y especialmente de personas con vocación pública; 2. Procurar la modernización y profesionalización del proceso de formación de las políticas públicas; 3. Estimular un acrecentamiento de la democracia en dirección de límites que la tecnología le permite; 4. Aumentar la significación y la participación de la sociedad venezolana en los nuevos procesos civilizatorios del mundo.

¿Pertenecería una organización con esos fines a cualquiera de las que Carlos Fuentes llamó “las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha?”

Ha llegado su tiempo.

LEA

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