Se dijo que esto ocurriría

Se dijo que esto ocurriría

 

Uno debe tener sentido común (…) nada es permanente, nada perdura. He llegado a la conclusión de que este lugar es manejado por un loco. Un loco, déjame decirte, puede ser muy lógico. Si eres rico y lógico, y también loco, por muy largo tiempo puedes tener éxito en vivir tu ilusión. Pero al final—se encogió de hombros—, al final esto se desintegrará. Porque, ve, ¡lo que ocurre aquí no es razonable! Al final, lo que no es razonable debe siempre pagar sus cuentas.

Agatha Christie – Destino desconocido

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Un estado loco 1. tiene objetivos muy agresivos en contra de otros; 2. mantiene un profundo e intenso compromiso con esos objetivos (dispuesto a pagar un alto precio por su logro y a correr grandes riesgos); 3. está imbuido de un sentido de superioridad frente a la moralidad convencional y las reglas habitualmente aceptadas de la conducta internacional (dispuesto a la inmoralidad e ilegalidad en términos convencionales en nombre de “valores superiores”); 4. exhibe un comportamiento lógicamente consistente dentro de tales paradigmas; 5. lleva a cabo acciones externas que impactan la realidad (incluyendo el uso de símbolos y amenazas).

Yehezkel Dror – Estados locos

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El profético y desatendido estudio de Yehezkel Dror—Crazy States: A Counterconventional Strategic Problem—fue publicado en 1971, veintiún años antes del fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992 en Venezuela; la novela atípica de Agatha Christie—Destination Unknown—, política antes que policial, es de 1954, el año en el que Hugo Chávez Frías viniera al mundo. Ambos se aplican a nuestro proceso político.

Dror ofreció su estudio, elaborado desde su ocupación como Investigador Senior en la Corporación RAND, el más grande think tank del planeta, en respuesta a una asignación: debía presentar su propia versión acerca de una “amenaza inusual” (uncommon threat). Veinte años más tarde, Daniella Ashkenazy lo entrevistaría—hacen hoy exactamente veinticuatro y un día—para The Jerusalem Post:

El libro fue publicado antes de que el líder libio Muammar Gaddafi comenzara a enviar sub-ametralladoras por valija diplomática, y en un momento en el que muchos en el mundo jamás habían oído de un ayatollah. También eran desconocidos líderes tan infames como Pol Pot y Saddam Hussein. Crazy States fue escrito en una era antes de que terroristas y movimientos separatistas y de liberación comenzaran a volar aviones y autobuses, secuestrar civiles y políticos y asesinar atletas olímpicos. Dror puso gran energía en probar que su visión del futuro habitaba el reino de lo probable. Crazy States dibujó el mapa de una visión que los humanistas encontraron difícil de aceptar. La prestigiosa American Political Science Review observó: “Brillante pensamiento… pero ¿cómo se puede ser tan fantástico y estar tan distanciado de la realidad?” En retrospectiva, aunque Dror pudo reír de último, su risa era hueca: “Tengo sentimientos encontrados por haber tenido razón, a la vez satisfacción y pesar”, me dijo: “satisfacción intelectual; pesar en tanto ser humano”.

En verdad, no hay diversión en ver cómo se desenvuelve un resultado negativo que haya sido suficientemente advertido y con bastante antelación. Cinco días antes del 7 de diciembre de 1998, la fecha de la primera elección de Hugo Chávez, el ingeniero petrolero Marco Antonio Suárez escribía a sus amigos: “Porque una vez electo, no son cinco, ni diez, son veinte años antes de que volvamos a ver luz. Y mientras tanto una nueva generación podrá educarse para que estos resbalones históricos no vuelvan a suceder. Para que la retórica superficial y sabanera no vuelva a ser protagonista. Para que los adornos baratos del lenguaje no sustituyan la discusión seria. Por lo pronto, Chávez habemus, con todo y verruga. Es nuestra manera particular de recibir el siglo XXI. Por ahora”. He aquí predicciones más anticipadas:

Por otra vía, los golpistas podrían buscar apoyo, ya no en los sectores económicos, sino en los estratos de más bajos ingresos, planteando una orientación populista nutrida ideoló­gicamente de fórmulas de izquierda, esto es, con dosis variables de mar­xismo. (…) En cambio, de ganar las elecciones de 1988 uno de los candidatos tradicionales (…) el próximo gobierno sería (…) ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aun antes, sería considerable. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987. El MBR 200 se planteó dar el golpe el 16 de diciembre de 1991, para amanecer en Miraflores en un nuevo aniversario de la muerte de Simón Bolívar).

Alexis de Tocqueville consideraba que el “verdadero arte del Estado” consistía en “una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro”. Pero Agatha Christie no podía saber, cuando escribía su thriller, que en ese tiempo alguien nacía en Sabaneta para establecer cuarenta y cinco años después un “estado loco” en Venezuela, un régimen nada razonable que tendrá que pagar sus cuentas.

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Nadie sabe cuál forma adoptará el desenlace, pero todos lo presentimos. Los médicos conocen una condición clínica a la que llaman “hemorragia (o sangrado) en capas”, que se presenta sin aviso en pacientes con lesiones abdominales; saben con seguridad que ocurrirán nuevos sangramientos, aunque ignoran cuándo y dónde. Todavía sufrirá más el pueblo venezolano antes de que lo razonable se establezca. LEA

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