William Kapell en su elemento

William Kapell en su elemento

 

“Kapellmeister” is a German word designating a person in charge of music-making. The word is a compound, consisting of the roots Kapelle (“choir”, “orchestra”, or originally, “chapel”) and Meister (“master”).

Wikipedia

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La última gira de conciertos de William Kapell al exterior de los Estados Unidos, su tierra natal, se desarrolló en Australia, y en el concierto final interpretó la Sonata #2 de Federico Chopin—Si bemol menor, op. 35—, cuyo segundo movimiento es la famosa Marcha fúnebre, que interpreta acá:


El VH-BPE de BCPA que hacía el vuelo 304

El VH-BPE de BCPA que hacía el vuelo 304

Concluida la gira, Kapell tomó el vuelo 304 de British Commonwealth Pacific Airlines el 29 de octubre de 1953 para regresar a San Francisco, y murió en el estrellamiento del avión Douglas DC-6 a las afueras de la ciudad; tenía entonces sólo 31 años de edad.

Así desapareció quien fuera tenido por el mejor pianista estadounidense de su generación, un genio del piano que naciera en Nueva York el 20 de septiembre de 1922, hace 93 años. Sus progenitores mezclaron la sangre hispano-rusa del padre y la polaca de la madre para gestar esa maravilla, que ganó una primera competencia de piano a sus diez años y fue contratado en exclusiva por RCA Victor a los diecinueve.

Su pianismo era tan eléctrico como el del gran Vladimir Horowitz—quien admitió que no tenía nada que enseñar a su joven colega—, como se evidencia en esta rendición del Vals Mefisto, grabada en 1945 poco antes de que Kapell cumpliera 23 años:

A pesar de su corta fase de grabaciones (doce años tan sólo), Kapell dejó abundante registro de su arte. En 1998, RCA Victor editó nueve discos compactos de sus grabaciones autorizadas, y enriqueció ese tesoro en 2008 con el disco Kapell rediscovered, que contenía grabaciones hechas en Australia en la gira mencionada al comienzo. Pero tal vez sea la más famosa de ellas la que guarda la segunda grabación en el mundo—1946; Moura Lympany hizo la primera en Londres el año anterior—del Concierto para piano y orquesta en Re bemol mayor de Aram Khachaturian, con Serge Koussevitzky acompañándole al frente de la Orquesta Sinfónica de Boston. Es, sin duda, una obra ajustada a su temperamento como ejecutante, y su asociación con ella fue tan estrecha que poco después se le puso el sobrenombre de Khachaturian Kapell. Hela aquí:

Setenta y ocho años antes de Khachaturian, el noble Johannes Brahms había compuesto su Concierto para piano y orquesta #1 en Re menor, op. 15, cuyo primer movimiento es igualmente poderoso. Escuchemos la interpretación de este movimiento por Kapell, grabada en vivo del concierto en el que Dimitri Mitropoulos dirigiera la Orquesta Filarmónica de Nueva York en 1953, año de la muerte del pianista:

El repertorio de Kapell era amplísimo, extendiéndose de Bach a Shostakovich. Acá está su grabación del Preludio en Do sostenido menor, op. 34 #10 de este último:

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Los jóvenes músicos William Kapell y Leonard Bernstein

Pero seguramente fue su afinidad con la música de Sergei Rachmaninoff lo que más disfrutaran los seguidores de Kapell. Su interpretación de los conciertos segundo y tercero del compositor ruso alcanzó justa fama, como explica esta ejecución del último movimiento del Concierto #2 en Do menor, op. 18, la obra con la que Rachmaninoff emergiera de una paralizante depresión. (Leonard Bernstein, amigo personal de Kapell, dirigía ya la Orquesta Filarmónica de Nueva York el 18 de febrero de 1951, cuando la obra fue grabada en vivo):

Creo que es Rafael Sylva (Nuestro insólito universo) el cultor más fiel del arte de William Kapell en Venezuela. Uno de las tesoros de su abundante archivo discográfico era la Rapsodia sobre un tema de Paganini, el op. 43 de Rachmaninoff, con la Robin Hood Dell Orchestra—la Orquesta de Filadelfia en conciertos divulgativos especiales—bajo la batuta de Fritz Reiner. Seguramente casi todo el mundo ha escuchado su hermosísima Variación 18, un dulce tema del compositor que sudaba melodías. Pero cuando Rafael me hacía escuchar a Kapell en esta obra destacaba la variación siguiente, de endiablada digitación, la 19, y era invariable que empleara el sustantivo fiereza o el adjetivo diabólica para referirse a la ejecución del pianista ya desaparecido, declarando que nadie más la había tocado como él. En agradecimiento a quien debo una buena proporción de mi cultura musical, y en memoria del gran William Kapell, cerremos esta muestra de su arte con la inigualable rapsodia, una pieza perfecta irrepetiblemente ejecutada:

Gloria al Maestro de Capilla. LEA

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