Mesa de la Unidad Teocrática

Mesa de la Unidad Teocrática

La solución a la crisis política venezolana pudiera obtenerse con gran facilidad. Bastaría que Francisco I, Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, infalible cuando se pronuncia ex cathedra en asuntos de fe y costumbres*, quien seguramente tiene acceso privilegiado al oído del Espíritu Santo, miembro principal de la MUT (Mesa de la Unidad Teocrática), eleve por su intermedio oraciones a ella para que infunda en el alma de Nicolás Maduro la urgencia irresistible de renunciar a su actual cargo, para el que es destacadamente incompetente. (Hay antecedente recentísimo: el pasado 1º de septiembre fue declarado, por el papa Bergoglio, Día de la Oración por el Medioambiente; desde entonces se ha comprobado, en contra de lo que se creía, que la Antártida está aumentando su dotación de hielo. Quien piense que la oración no es eficaz, tiene acá un ejemplo de su milagroso y gélido poder).

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Claro, este problema puede dejarse a la MUD (Mesa de la Unidad Democrática), cuyo esperado triunfo electoral el próximo 6 de diciembre significaría acceso a poderes que hasta ahora no tuvo. El 15 de abril de este año, Jesús Torrealba, Secretario Ejecutivo de la central de oposición, enumeró algunos entre ellos, como puede escucharse en este archivo de audio de casi cuatro minutos:

Un inventario parecido expuso Nehomar Hernández en conversación conmigo que grabara Radio Caracas Radio el 18 de noviembre de 2014, hace casi exactamente un año, para transmitirla el 30 de diciembre en Y así nos va, el programa que Nehomar conduce junto con Daniel Lara Farías. De nuevo, he aquí el fragmento de audio correspondiente:

Como vemos, Hernández aludió a una potestad que Torrealba pasó por alto en su recuento: la liberación, mediante aprobación de una ley de amnistía, de López, Ledezma y otros alcaldes confinados, Rosales y unos cuantos guarimberos presos. (Actualización del 5 de noviembre: Ley de Amnistía y reconciliación es la prioridad legislativa de la MUD). Pero tenerlos en la calle no resolverá la inflación acelerada y la escasez, ni tampoco el crecimiento tumoral de la delincuencia asesina, por mencionar sólo dos de nuestras dolencias más graves. Más aún, las raíces del problema, el ejercicio de la Presidencia de la República por Nicolás Maduro—que una mayoría nacional prefiere que cese cuanto antes—, así como la pretensión socializante de su gobierno expresada en todo decreto suyo—“Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…”—, seguirían enterradas en el suelo de nuestra realidad político-económica.

Y la MUD por ninguno de sus voceros ha explicado qué ofrecería a este respecto desde la mayoría parlamentaria que justificadamente espera alcanzar. Torrealba mencionó en lo que le escuchamos la posibilidad de un referendo revocatorio, pero éste no puede en ningún caso ser convocado por la Asamblea Nacional, sino sólo por la iniciativa popular que se active con 20% de los electores del país.

Pero sí podría convocar por mayoría simple (Artículo 71 de la Constitución) un referendo consultivo sobre el socialismo, que es el nudo de la cuestión:

Siendo que la pretensión socialista es la excusa universal, la coartada general de todos los actos del gobierno, un rechazo masivo al socialismo en referendo debe forzar la renuncia de Nicolás Maduro al cargo que ahora ocupa. No podría sostenerse si se viera forzado a suprimir de papelería, gigantografías y carteles, de discursos y decretos, la especie de que se ocupa en la construcción del socialismo. (Irrupción constituyente).

Podría la Asamblea, igualmente, someter a referendo proyectos de enmienda constitucional ¡con sólo el 30% de los diputados! (Numeral 1 del Artículo 341 de la Constitución). Dos ejemplos: una enmienda de recorte del período presidencial (como promovía Primero Justicia en 2002), o una que pudiera neutralizar la resistencia de la dirigencia opositora a la cesantía de Maduro porque no tendrían, ni Primero Justicia ni Acción Democrática, un lanzador que poner en la lomita en la elección que sobrevendría a su falta absoluta. (No son los Royals de Kansas City). De allí su inclinación a “cohabitar”, con un Ejecutivo Nacional en manos de Maduro, si fuere necesario hasta 2019, cuando seguramente podrían field a candidate.

En verdad, la obligación constitucional de celebrar una elección presidencial “dentro de los treinta días siguientes” a la falta absoluta (Artículo 233) introduce una seria inconveniencia. La elección del 14 de abril de 2013, celebrada a los treinta y nueve días de la falta absoluta de Hugo Chávez—para una violación constitucional de sólo 9 días, el período que Sears Roebuck concedía al empleado que todos los años elegía como “jefe”—, no significó dificultades insalvables por las partes en competencia; Nicolás Maduro ya era Presidente en ejercicio y Henrique Capriles acababa de presentarse a elección seis meses antes. En los actuales momentos no hay consenso candidatural dentro de la MUD para esa oficina en Miraflores, pero puede enmendarse el Artículo 233, estableciendo que la nueva elección se celebre a los noventa días de la falta absoluta para dar más tiempo a la emergencia de las candidaturas disponibles, y eso puede someterse a referendo mediante un tercio de manos levantadas en la Asamblea Nacional.

¿Será posible que los candidatos de la MUD se comprometan de una vez a cosas como ésas? ¿Exhibirá alguna vez la dirigencia opositora algo de imaginación y audacia estratégicas que respondan a las necesidades sentidas por el país? ¿Consentirá en permitir que el Poder Constituyente Originario sea requerido en esta crisis enorme que confrontamos para disolverla, o pretenderá que sólo “los profesionales” deben ocuparse de la cuestión? ¿Procurará, para disminuir la presión, confundir engañosamente al electorado con falacias como la expuesta por el candidato José Guerra, que el 6 de diciembre “el socialismo va a referendo”, reeditando la pretensión plebiscitaria de Capriles Radonski para las elecciones municipales de 2013?

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Celebración de Halloween en Fuerte Tiuna

Celebración de Halloween en Fuerte Tiuna

Entretanto, otros actores se preparan a cosas distintas. Dentro del chavismo, gente de mucho poder busca la salida de Nicolás Maduro porque “esto es insostenible”, y ella debe producirse antes de que se haga inevitable la salida de los tanques. (Que sería en todo caso algo que repudiaría todo el continente; ni Castro, ni Morales, ni Kirchner, ni Correa, ni Ortega defenderían un golpe militar aunque fuese liderado por un izquierdista). Pero esa salida debe estar diseñada con detalle, y el más importante es quién sería el sucesor.

La conseja palaciega es una que no requeriría elección, no digamos referendo alguno. (¿Para qué necesitamos al pueblo?) El truco consiste en mantener a Maduro en el poder hasta enero de 2017, cuando se forzaría su renuncia para que un Vicepresidente tolerable o deseable para “el proceso”, que le haya sido impuesto antes al renunciante—¿Eduardo Fernández? ¿Henri Falcón? ¿Manuel Rosales? ¿Hiram Gaviria? ¿Diosdado Cabello?—, se haga con dos años de jefatura del Estado a precio de gallina flaca. (“Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar el mismo”. Artículo 233). Cabello podrá quedar cesante (con preaviso) el 6 de diciembre, pero lo que no parece probable que cese es su apetencia de quedarse con el coroto, a juzgar por lo que Mario Silva le acusara ante Aramís Palacios, oficial cubano de inteligencia, hace un poco más de dos años. (Ver La revolución espantosa; también, de 2011, Infidencias riesgosas).

Para cierta gente, la que entiende la política como algo que debe imponerse al Pueblo una vez cocinado en trastiendas cortesanas, ésa es la solución ideal. LEA

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*Según definición del Concilio Vaticano I, convocado por Pío IX, en constitución aprobada en 1870. (De Romani Pontificis infallibili magisterio). Los jesuitas estadounidenses, colegas de Francisco I, destacaban en su revista America para la época del Segundo Concilio Vaticano (Juan XXIII) que nada de lo que apruebe un concilio tiene poder definitorio sin la anuencia del Papa; escribieron que lo que ocurrió en el siglo pasado equivalía a que Pío IX se levantara a escribir en un pizarrón: “Yo soy infalible”.

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