La coacción de un director

La seductora coacción de Gustavo Dudamel

 

El próximo sábado 16 de julio, en el programa #205 de Dr. Político en RCR, sonarán fragmentos de dos piezas del repertorio sinfónico: el popularísimo Bolero de Maurice Ravel y la Danza sinfónica #1 de Sergei Rachmaninoff. Aquí se colocan completas.

Motivo rítmico (redoblantes) del Bolero

Motivo rítmico (redoblantes) del Bolero

La obra de Ravel es interpretada por la grande y noble Orquesta Filarmónica de Viena—siempre entre las mejores del mundo—, que sigue la batuta de Gustavo Dudamel. Es una brillante rendición, en la que es patente el genio del director venezolano al coaccionar a un gran ejecutante para que rinda una interpretación fuera de lo común. El solo del primer trombón de la orquesta vienesa, Dietmar Küblböck, que se inicia a los 9 minutos y 17 segundos, es un ejemplo de este talento de Dudamel para sacar lo mejor de un músico excepcional; lleva una calidad jocosa, un tumbao, diríamos en criollo, que habría hecho las delicias del compositor. La edición del 28 de octubre de 2006 del Magazine del venerable The New York Times traía un artículo de Arthur Lubow (Director del Pueblo) que destacaba esa habilidad:

Los músicos procuran asir palabras para expresar lo que hace tan excitante tocar para él. “Cuando está dirigiendo la pieza, uno siente como si estuviera siendo compuesta en ese momento; es como si la estuviese creando él mismo”, dice la primera clarinetista de la Filarmónica de Los Ángeles, Michele Zukofsky. “Lanza hacia atrás el pasado. Uno no se queda atascado en lo que está supuesto a ser. Es como jazz, en cierta forma”. En un ensayo para el debut de Dudamel en Disney Hall, Zukofsky ejecutó un extenso solo que aparece en las Danzas de Galanta, de Zoltan Kodaly. “Toqué un pasaje ascendente muy suavemente, pianissimo”, recuerda ella. “Él dijo, ‘Oh, eso me encanta’.” Es un pasaje que normalmente toca mezzoforte, o moderadamente fuerte. “Aun cuando era un error, disfrutó la diferencia”, dice. E hizo que lo tocara así en cada uno de los conciertos.

Antes, al comenzar su admirada y extensa nota, Lubow registra la precoz opinión de Esa Pekka Salonen, predecesor de Dudamel como Director de la orquesta californiana y miembro del jurado que concedió a éste el premio de la primera Competencia Internacional de Dirección Orquestal Gustav Mahler (2004), en Bamberg, Alemania: “Gustavo no se preocupa por la autoridad. Se preocupa de la música, que es exactamente la aproximación correcta. La orquesta es seducida a tocar bien para él, en lugar de ser forzada”.

Oigamos el producto de la cooperación de los vieneses bajo el mando de Dudamel:

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El hombre que sudaba melodías

El hombre que sudaba melodías

La pieza de Rachmaninoff—op. 45 #1, Non allegro—tiene en general un carácter enérgico, evidente desde su poderoso comienzo, pero hacia el final emerge sorpresivamente, en las cuerdas acompañadas por flautas y campanillas, uno de los temas más hermosos del compositor, un canto que dura 25 segundos y se inicia a los 10 minutos y 3 segundos de esta ejecución de la Orquesta de Filadelfia, dirigida por Eugene Ormandy. El opulento tema no se repite en la pieza, ni es empleado más nunca por Rachmaninoff en alguna otra; es como si le hubiera sobrado y lo hubiera abandonado allí, pero también pudiera pensarse que toda la fuerza precedente de la primera Danza sinfónica debía desembocar en él, que hubiera justificado una sinfonía entera.

Buen provecho. LEA

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