Un poster arrugado

Un poster algo ajado de la película (“comedia épica”) de 1963

 

El mundo está loco, loco, loco, loco. Este ha sido el año del Brexit, la derrota de Santos y el triunfo de Trump. (La cuarta reiteración es por la persistencia de Maduro; bueno, una quinta por la reelección de Ortega, y más por la casi elección de un neo-nazi en la Presidencia de Austria, y la reafirmación de Erdogan en Turquía, la interminable guerra civil en Siria, el desempeño político de España, la sustitución de Rousseff por Temer… etc., etc., etc.). Ha sido un año de sorpresas: el Premio Nobel de Literatura para Bob Dylan, los Cachorros de Chicago como campeones mundiales de béisbol, un venezolano—Arturo Sosa Abascal—como General de la Compañía de Jesús; hace no demasiado tiempo que Yehezkel Dror advirtiera: “La sorpresa se ha hecho endémica”. ¿Será Marine Le Pen la primera Presidenta de Francia, ya que Hillary Clinton no pudo serla de los Estados Unidos? El mundo no sólo parece enloquecer; se ha vuelto mucho más peligroso para cada uno de nosotros, tanto, que se necesitaba la muy especial cabeza del cineasta Michael Moore para predecir el resultado ¡el 28 de julio! Esto dijo entonces en The Huffington Post:

Siento ser el que dé las malas noticias, pero ya os lo advertí el pasado verano cuando dije que Donald Trump sería el candidato republicano a la presidencia. Y ahora traigo unas noticias aún peores y más deprimentes: Donald J. Trump va a ganar las elecciones en noviembre. Este ignorante, peligroso y miserable payaso a tiempo parcial y sociópata a tiempo completo será el próximo presidente de Estados Unidos.

Ya a las 10 de la noche, The New Yorker traía esta nota de Benjamin Wallace-Wells:

A dark note in a dark hour. If Trump wins, it is hard to imagine that the Republicans would not also control both the Senate and the House. The House looks settled already: NBC has called it for the Republicans, and even the most hopeful Democrats had given up realistic hopes of winning it. In the Senate, Trump’s Vice-President would break a tie, so the G.O.P. would need just fifty seats for control, rather than fifty-one. Victories by Marco Rubio, in Florida, Rob Portman, in Ohio, and John McCain, in Arizona, mean the Republicans would need just two more, out of six remaining competitive states. (Those states include Missouri, Nevada, New Hampshire, Pennsylvania, and Wisconsin). And the Supreme Court, of course, is currently short a Justice. It isn’t just the Presidency that is on a knife’s edge now but control of all three branches of government.

Llegados al día decisivo, se había hecho claro que la gente estadounidense no votaría por Clinton sino contra Trump, no lo haría tanto por Donald como contra Hillary… ¿o no es así? No; Donald Trump tocó fibras sensibles en el cuerpo general de los ciudadanos de los EEUU, y así lo percibe Paul Krugman, uno de los más respetados economistas de esa nación (Premio “Nobel” de Economía en 2008); escribiendo sin conocer los resultados definitivos, esto le publicaba The New York Times poco antes de la medianoche del fatídico 8 de noviembre:

 

Our Unknown Country

We still don’t know who will win the electoral college, although as I write this it looks — incredibly, horribly — as if the odds now favor Donald J. Trump. What we do know is that people like me, and probably like most readers of The New York Times, truly didn’t understand the country we live in. We thought that our fellow citizens would not, in the end, vote for a candidate so manifestly unqualified for high office, so temperamentally unsound, so scary yet ludicrous.

We thought that the nation, while far from having transcended racial prejudice and misogyny, had become vastly more open and tolerant over time.

We thought that the great majority of Americans valued democratic norms and the rule of law.

It turns out that we were wrong. There turn out to be a huge number of people — white people, living mainly in rural areas — who don’t share at all our idea of what America is about. For them, it is about blood and soil, about traditional patriarchy and racial hierarchy. And there were many other people who might not share those anti-democratic values, but who nonetheless were willing to vote for anyone bearing the Republican label.

I don’t know how we go forward from here. Is America a failed state and society? It looks truly possible. I guess we have to pick ourselves up and try to find a way forward, but this has been a night of terrible revelations, and I don’t think it’s self-indulgent to feel quite a lot of despair.

 

Más de un comentarista ha catalogado a la Venezuela del chavismo-madurismo como estado forajido o fracasado; que el Dr. Krugman admita que eso mismo pueda decirse de los Estados Unidos era impensable hasta hace escasos minutos. Quizás la conciencia de que ciertas cosas ocurren hasta en “las mejores familias” permita que no desesperemos por nuestra condición. Debemos tener salida, tenemos que encontrarla, y no sólo por nosotros sino por este mundo que parece haber enloquecido. LEA

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