Al cierre de 2016

 

Hace una semana explicó finalmente la Mesa de la Unidad Democrática la reorganización que había anunciado en reiteradas ocasiones. En su despedida como Secretario Ejecutivo de la federación opositora, Jesús Torrealba informó que su gerencia queda ahora en manos de un Coordinador General—José Luis Cartaya—, a quien responderán tres secretarías: la Política a cargo de Ángel Oropeza, la Técnica en manos de Roberto Picón Herrera (ejerce competentemente esa función desde 2012) y una Social que pedalearán en tándem Alfredo Padilla y Tinedo Guía.

El esquema organizativo

Más allá de eso, Torrealba reportó el 17 de los corrientes la creación de un “Congreso de la Sociedad Democrática”, como instancia de articulación de los partidos políticos de la MUD con “organizaciones no gubernamentales y distintos movimientos sociales”, presentándolo como el principal mecanismo de consulta y debate de esa variedad de actores. Además informó de una representación ampliada en el máximo nivel de la MUD, que pasa de ser un G4 a un G9 (un “comité político organizativo”): Acción Democrática, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo, Primero Justicia, La Causa R, Movimiento Progresista de Venezuela, Avanzada Progresista, Alianza Bravo Pueblo y Vente Venezuela. Esto es, tres socialdemócratas: AD, UNT, ABP; uno socialcristiano: PJ (aunque Wikipedia lo describe como profesando un “humanismo, socioliberalismo, tercera vía”); uno socialista: CR; tres progresistas: VP, MPV, AP; uno liberal: VV y, como en Rebelión en la granja, todos son iguales pero algunos serán “más iguales” que otros, pues el peso del voto de cada uno estará calibrado en función de su representación parlamentaria. Finalmente, se anunció que la vocería de la nueva organización será rotativa entre los partidos que tengan diputados en la Asamblea Nacional; en eso, al menos, Cartaya no hereda a Torrealba.

Una cosa más: este último aseguró que, tras semanas de deliberación, la MUD avanza en la construcción de una hoja de ruta que persiga un cambio del gobierno actual por uno de unidad que deberá aplicar “un proyecto de reconstrucción nacional consensuado”. Un mes antes había señalado estos objetivos de la recomposición: “definir un proyecto de construcción nacional, un proyecto país y un proyecto de gobierno de unidad nacional para que, en torno a ese propósito, nos unamos todos. Fortalecer los partidos políticos y que la vocería de la mesa la ejerzan directamente los actores políticos y construir una relación firme y sólida, permanente, respetuosa, entre liderazgo político y sociedad civil”. El Universal registró el 17 de enero: “[Torrealba] indicó que esas modificaciones de fondo deben dar lugar a ese proceso de reconstrucción de confianza”. La confianza en la MUD que dirigió había sufrido erosión, admitía.

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La mera reorganización no será suficiente para recuperar la confianza del pueblo opositor en la MUD, que en diciembre sólo alcanzaba 43,2%, según registró Venebarómetro. ¿Será eso posible? ¿Qué ha cambiado?

Primero: que ahora tendrán que ponerse de acuerdo nueve cabezas en lugar de cuatro en el “comité político organizativo”. Segundo: que se crea un espacio de interacción con ONG’s y “distintos movimientos sociales”. (A fines de 2002, la madre de la MUD—la Coordinadora Democrática—interactuaba con Fedecámaras, la CTV y la Gente del Petróleo en época del paro general y, principalmente, petrolero, y mantuvo relaciones con organizaciones como Asamblea de Educación, Asamblea de Ciudadanos, Sinergia y Ciudadanía Activa). Tercero: que para reforzar esto último se añadió una “Secretaría Social” a lo que ya eran órganos auxiliares existentes: lo que maneja Picón es lo mismo que siempre ha dirigido, y la Secretaría Política asume las funciones de lo que hasta ahora se conoció como Comité de Estrategia. Por lo que respecta a lo programático, en 2003 ya se había producido el Consenso País y en 2012 los Lineamientos de Programa de Gobierno de la Unidad Nacional. ¿Surgirá algo distinto o la MUD terminará por entender que no hay proyectos de países? (El Pitazo, 11 de enero: “El secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, Jesús ‘Chúo’ Torrealba, celebró la declaración de abandono del cargo aprobada por la Asamblea Nacional el pasado 9 de enero [!] y dijo que se debían trazar dos estrategias: una hoja de ruta a partir de este momento hasta que se llegue al poder y un proyecto claro de país”).

Lo esencial, puede decirse, no ha cambiado. La MUD sigue siendo una organización de organizaciones, un “movimiento de movimientos”; no es todavía un movimiento de ciudadanos y sigue definiéndose como oposición. Aún se le aplica la descripción de Ramos Allup (Ciudad Ccs, 9 de marzo de 2011): “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”. (Son al menos cinco las ideologías distintas—ideales y visiones—en el seno de la MUD). La ampliación de cuatro a nueve miembros de su “junta directiva”, si bien más representativa, hace el consenso estratégico y operativo más difícil, y el peso del voto de cada uno es más bien un asunto de procedimiento antes que de fondo. Por otra parte, aún la “vocería rotativa” no está rotando entre los miembros del G9 pero la asume, por ejemplo, Oropeza, quien ha declarado más frecuentemente que Cartaya y a veces contradictoriamente. Esta semana dijo a César Miguel Rondón que “el país no ve una salida a la situación del país, lo que lleva a la resignación”; en la misma entrevista asentó que la mayor autoridad de la MUD ya no son los partidos, sino que es un Congreso de la Unidad Democrática, que estará constituido por organizaciones populares, sectores universitarios, iglesias, “para que sea la gente que nos indique hacia dónde es el camino”. Tan sólo el viernes de la semana pasada había afirmado: “Este país no está desesperanzado sino urgido de que le digan para dónde ir”. (?) Voluntad Popular, por su lado, anuncia al público en general lo que “va a proponer” en la instancia directiva de la MUD: “Leopoldo nos plantea tres escenarios claves: la comunidad internacional, la calle y la realización de una gran jornada de consulta popular, que sea el pueblo quien decida si quiere o no elecciones presidenciales en este 2017. Esta agenda de lucha propuesta por Leopoldo López la estaremos difundiendo por todo el país”. Al final de su nota consiente la web de VP: “la agenda de lucha planteada por Leopoldo López será expuesta a la Mesa de la Unidad Democrática y a los sectores sociales para trabajar juntos en una ruta política”. ¿Es que no estarán “los sectores sociales” precisamente representados en el “Congreso de la Sociedad Democrática” de la MUD por estrenar? (Esa “agenda de lucha” será examinada mañana en el programa #237 de Dr. Político en RCR).

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Lo más innovador, por supuesto, es ese “Congreso de la Sociedad (¿Unidad?) Democrática”, pero se insiste con él en el eterno error de una representación sectorial de la sociedad. El 11 de febrero de 2015, dos presos y una diputada defenestrada—Leopoldo López, Antonio Ledezma y Ma. Corina Machado—proponían un esquema parecido: “…hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales”. La sociedad no es una torta que se pica en pedazos; quien debe hablar en esta crisis es la Corona en estado puro, no sus fragmentos “sectoriales”. Lo que hay que activar es el Poder Constituyente Originario, y los componentes de ese poder supremo no son sectores sino ciudadanos.

Mudar la pelambre o la piel es un proceso cíclico y superficial. Una mutación, una metamorfosis es infrecuente y muchas veces final, definitiva. Era lo que la MUD requería y no se ha producido todavía.

El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos.* Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito. (¿Jesús Gorbachov?, 1º de octubre de 2014).

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*He formulado la misma observación desde hace mucho tiempo, sin el menor éxito. Por ejemplo, el 12 de agosto de 2004 escribía en la Carta Semanal #99 de doctorpolítico, en referencia a la Coordinadora Democrática: “para ciertas evoluciones necesarias la organización pudiera estar genética o constitucionalmente impedida—porque es una organización de organizaciones en lugar de una organización de ciudadanos”.

LEA

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