Entrevista con Rosalía Arteaga, periodista ecuatoriana, 9 de septiembre de 2012 (primera parte)

 

¿Por qué este Ulises, este héroe de la belleza más poderosa, este insólito condensado de humanidad escogió a Venezuela como casa? (…) Creo tener la respuesta. Cornelis vio algo único en el alma venezolana. (…) Es nuestra gente lo que cautivó a Cornelis y Vera. Se quedaron en Caracas por nosotros.

Zitmangebouw de Caracas

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Folleto de la exposición

Ayer fuimos mi señora y yo a La Trinidad, por gentil invitación de Vera Roos de Zitman, para ver una exposición de esculturas de pequeño formato y de dibujos del gran e inolvidable amigo, Cornelis Zitman. Es una hermosa muestra de su arte, montada muy eficaz y bellamente por Berend, el mayor de los hijos de la singular pareja, sobre curaduría de Rafael Santana y la nieta de Cornelis, Sarah Adam. Vale la pena ir a sumergirse en esa belleza; hay oportunidad hasta el 2 de abril en el Secadero 3 del Parque Cultural Hacienda La Trinidad.

Cornelis solía hacer maquetas de sus esculturas finales, algunas de las cuales son de escala colosal. (Hubo que enviar una de ellas a Boston en la barriga de un Boeing 747 para que cupiera). Me regaló uno de esos bocetos, para una obra que nunca vio su plena realización; era la figura, de unos treinta centímetros de alto, de un hombre desnudo con una piedra en su mano derecha, sobre un suelo en el que reposaban otros proyectiles similares, listos para ser lanzados. ¿Contra qué? Pues hacia la puerta del viejo Consejo Supremo Electoral, que quiso encargarle un grupo escultórico que se colocaría a su entrada. Naturalmente, nunca se aprobó contratarle la obra que así proyectaba; no convenía recordarle al organismo electoral que el Pueblo podía visitarle con violentos reclamos, y menos al Pueblo mismo que podía hacer justamente eso. ¿Premonición de artista? El psicólogo existencial Rollo May postuló, en Love and Will (1969), que los neuróticos y los artistas presentían el futuro, y los segundos lo anticipaban en sus obras ¡constructivamente!

En el video de YouTube colocado al comienzo, primera parte de una entrevista—segunda parte, tercera parte—, Zitman deja entender lo que sus amigos sabemos: que nunca se tomó a sí mismo demasiado en serio. Poseedor de un persistente buen humor, cuenta cosas divertidas y entrañables acerca de su llegada a estos lares de la Tierra de Gracia descubierta por Colón en 1498, a los que regaló su arte y su familia. Espoleado por Rosalía Arteaga (nada menos que Ministra de Educación, Vicepresidenta y fugaz Presidenta de Ecuador), confiesa su ignorancia inicial acerca de la galerista parisina que lo descubriera en nuestro Museo de Bellas Artes, Dina Vierny; entonces no sabía que ella había sido la musa de Aristide Maillol, el gran escultor francés, o modelo preferida de Henri Matisse y Pierre Bonnard, ni que abriría a este europeo original, venezolano por adopción, las puertas de Francia, la patria de Rodin. Hoy hay exposiciones permanentes de su escultura en España y Holanda, y obras suyas en museos y espacios arquitectónicos de Japón, Italia o Estados Unidos, para no contar las colecciones privadas en todo el mundo. Por lo que respecta a nosotros, ya Cornelis había ganado el Premio Nacional de Escultura en 1951—”de ñapa”, dijo—, a cuatro años apenas de su benéfica llegada.

Detrás de su arte, por supuesto, estuvo su humanidad; nadie puede crear tanta belleza si ella no es la substancia de su alma. Quienes tuvimos la inmensa fortuna de tratarle supimos de su inerrante instinto moral, su bondad, su generosidad, su invariable alegría. No sabemos, creo, cómo agradecer su existencia entre nosotros. LEA

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