Es mejor que el gobierno esté quebrado

 

Las crisis no necesariamente purgan a un sistema de la locura; los viejos hábitos y actitudes son duros de matar.

Barbara Tuchman – The March of Folly

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Un buen amigo me remitió hoy un artículo en BBC Mundo: “Por qué la oposición en Venezuela está ‘indignada’ con el ‘salvavidas financiero’ de Goldman Sachs al gobierno de Nicolás Maduro”. Copio mi contestación:

Si hubiera estado en los zapatos de Borges (cosa que nunca he querido) hubiera saludado la inversión de Goldman-Sachs, claramente predicada sobre la expectativa de que el régimen de Maduro va a ser sustituido por algo muy preferible.* Habría dicho que esa inversión es el mejor indicador de que el gobierno va a terminar.

Pero no; en una lógica enfermiza no es bueno que se obtenga esos dólares y lo mejor para el país es que los precios del petróleo caigan. (Por ahora parece que se recuperarán algo, luego de la reciente confirmación de la línea OPEP de techos a la producción). Algunos entre quienes razonan de ese modo sostienen que Maduro debe durar hasta enero de 2019, para que se cueza “en su propia salsa”; no convendría agarrar el coroto en 2016 o 2017 porque la situación está muy difícil, y quien se encargara tendría que pagar los costos políticos de los ajustes, haciendo imposible su reelección. (Médicos que contestan: “No, no me voy a encargar del paciente ahora; está demasiado mal. Tráiganmelo cuando esté mejorcito”). Pero no hay un pensamiento único a este respecto:

Una cosa sí no haría: buscar la reelección al término de ese plazo. Es estipulación de mi código de ética política—compuesto y jurado públicamente en septiembre de 1995—ésta que me obliga:

Podré admitir mi postulación para cargos públicos cuyo nombramiento dependa de los Electores en caso de que suficientes entre éstos consideren y manifiesten que realmente pueda ejercer tales cargos con suficiencia y honradamente. En cualquier circunstancia, procuraré desempeñar cualquier cargo que decida aceptar en el menor tiempo posible, para dejar su ejercicio a quien se haya preparado para hacerlo con idoneidad y cuente con la confianza de los Electores, en cuanto mi intervención deje de ser requerida.

El mejor médico es el que se hace prescindible cuanto antes. (Recurso de Amparo, 14 de julio de 2015).

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La muerte de Miguel Castillo Bracho, asesinado hace veinte días, nos golpeó duro en La Veguita; era alguien a quien conociéramos cuando todavía estaba en el vientre de su madre. (Hermano menor de un compañero de aulas y pelota de nuestro hijo Luis Armando en el San Ignacio). Ese día, puse una nota en el blog con estas palabras al final:

En 2013, Henrique Capriles Radonski amenazó con una manifestación de calle porque le habrían robado la elección del 14 de abril. Luego la desactivó porque “podría haber muertos”, lo que criticaron Ma. Corina Machado y Germán Carrera Damas conversandito (fueron ilegalmente grabados). Este año Capriles ha patrocinado, junto con otros conductores políticos, unas cuantas marchas; ya no calcula las víctimas. En la treintena de muertes de esta temporada postguarimbera, no hay la de ningún dirigente de la oposición.

Hace un año, una persona muy cercana a la MUD me puso: “La buena noticia es que la crisis continúa” (!?) Y hoy vi en Facebook un comentario que decía: “La calle y nuestros jóvenes valientes es lo único que nos queda. Hay descontento en los militares. Algún héroe saldrá de su hueco, Dios mediante”. Hace unos años, escuché en alguna peña: “Lo que hay que hacer es provocar un segundo Caracazo”, y luego de la marcha precursora del 23 de enero de 2002, alguien comentó en nuestra casa: “Está muy bien, pero hasta que no pongamos unos muertos no saldremos de esto”. Se pusieron poco después, el 11 de abril de ese año. La locura. Gente como ésa, ni joven ni valiente, dirá que la muerte de Miguel es “una buena noticia”.

No es cierto que la calle es “lo único que nos queda”. Por ejemplo: Prontas elecciones. Con algo como eso se evitaría otras muertes.

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* Goldman Sachs bought last week around US$2.8 billion bonds issued by Venezuela’s embattled state oil firm PDVSA, betting that a change in the Venezuelan regime could more than double the value of debt, The Wall Street Journal reported on Sunday, citing five people familiar with the deal. According to the people in the know, last week Goldman’s asset management division paid US$0.31 on the dollar, or around US$865 million, for bonds that PDVSA issued in 2014 and that mature in 2022. The bonds had been held by the central bank of Venezuela, according to The Journal. Due to Venezuela’s risk of default, bonds trade at deeply discounted rates and yields are juicy, at around 30 percent. Goldman’s bond purchase is part of a strategy to increase positions in Venezuelan holdings, The Journal’s sources said. The U.S. bank hadn’t negotiated the bond purchase directly with the Venezuelan government, rather, it acquired the debt via an unnamed broker, according to three of the sources. (Is Goldman Sachs Playing With Fire In Venezuela?)

Actualización: “Le cifre sono imponenti e suggerirebbero fiducia da parte di un grosso investitore americano per la tenuta finanziaria a Caracas. Proprio questo dato dovrebbe allarmare Maduro, perché gli analisti hanno carpito da questa operazione la scommessa della banca d’affari USA per una fine imminente del regime chavista nel Venezuela, cosa che farebbe più raddoppiare il valore delle obbligazioni di PDVSA, nei fatti assimilate ai titoli del debito pubblico locale”. (En investireoggi.itCrisi Venezuela, perché il “paradiso socialista” di Maduro starebbe cadendo).

LEA

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