Cecilia García Arocha anuncia los resultados de la jornada de ayer

 

El Presidente de la Asamblea Nacional declaró anoche, al conocerse la participación de la población en el “plebiscito” convocado para el 16 de julio: “Con los votos que hoy manifestó el pueblo venezolano matemáticamente Nicolás Maduro está revocado el día de hoy”. Bueno, para empezar, ninguna de las tres preguntas de la consulta de ayer estuvo referida a una teórica revocación del mandato de Maduro; Julio Borges corona así una serie de manipulaciones que iniciara Henrique Capriles Radonski en 2013, cuando predicara que las elecciones municipales del 8 de diciembre de ese año eran “un plebiscito contra Nicolás Maduro”. Dos años después (11 de octubre de 2015), el entonces candidato a diputado José Guerra afirmaba: “Estoy entre quienes opinan que este 6 de diciembre, además de la elección de una nueva Asamblea Nacional, se celebra un referendo consultivo sobre el modelo económico que queremos transitar”. (El socialismo va a referendo). Capriles perdió, como autoungido jefe de campaña de todos los candidatos a alcaldes por la MUD (en imitación de Hugo Chávez), ese plebiscito inexistente, y José Guerra nunca propuso seriamente, ya elegido diputado a la Asamblea Nacional, que este órgano convocara válidamente el referendo que proclamara falazmente. (Ver ¿Qué espera la Asamblea Nacional?, 8 de marzo de 2016).

Mala costumbre ésa de distorsionar el sentido de los eventos políticos. (Otros ejemplos de afirmación hiperbólica: el 20 de septiembre de 2014, Voluntad Popular proclamaba por boca de Luis Florido—su Coordinador Regional en Lara—que había “activado” el Poder Constituyente en el estado para tal fin, al reunir tal vez cuatro centenas de personas en un “céntrico hotel de Barquisimeto”. Miguel Rodríguez Torres declaraba el 4 de febrero de 2015 al diario El Universal: “El 4F irrumpimos contra un sistema que venía de los tiempos de la Colonia y apenas la revolución lleva 15 años”. Por su parte, Erika Farías reconoció que los problemas subsisten, pero decía que eso se debe a que quince años no son suficientes para resolver ¡los que datan de hace tres mil! Aparentemente, logró precisar cuáles serían, a pesar de que los indígenas que habitaban el territorio de Venezuela dos mil quinientos años antes de los españoles nunca tuvieron escritura y, por tanto, no dejaron registro de su inventario).

Pero es que, además, la cifra anunciada por Cecilia García Arocha (7.186.170 participantes sobre 95% de las actas escrutadas) todavía no supera los 7.505.338 votos obtenidos por Nicolás Maduro el 14 de abril de 2013 (Capriles obtuvo entonces 7.270.403); en el 5% de actas faltantes tendría que registrarse 319.169 electores adicionales. Más importantemente, el Registro Electoral arrojaba para el pasado mes de mayo un total de 19.571.043 electores en el país, y entonces la votación de ayer corresponde a 36,7% del registro, bastante menos de la mitad de los electores registrados e, insisto, esa votación no era revocatoria.

La participación ciudadana del 16 de julio ha sido ciertamente sobrecogedora, poderosísima, pero en ningún caso se trataba de la revocación del mandato de un Presidente cuya “falta absoluta” declaró el mismo Julio Borges hace seis meses y una semana (9 de enero), cuando la Asamblea Nacional proclamó que Nicolás Maduro había ¡abandonado su cargo! (¿Para qué revocar, aunque sea retroactiva y simbólicamente, el mandato de quien supuestamente ya no lo ejerce?) Uno espera mayor seriedad en quien preside el Poder Legislativo Nacional, que no se comporte como comentarista aficionado, sino como político responsable; es decir, veraz.

El verdadero cotejo está a la vuelta de la esquina. Si Maduro no retira la convocatoria a elecciones de constituyente, dentro de dos semanas ellas serán celebradas. No creo que asista a esos comicios una población superior a la reunida ayer. Las encuestas miden no más de 20% de simpatías por el Partido Socialista Unido de Venezuela. (Datincorp las midió en mayo en 17%). Es de esperar una abstención muy considerable el próximo 30 de julio, y entonces se produciría lo que Herman Escarrá ha señalado como la posible ausencia de un “quórum de legitimidad” de la asamblea constituyente a elegir ese día. (Sin embargo, el 25 de julio de 1999 se registró una abstención electoral de 53,7% en la elección de diputados a la constituyente, y en las elecciones de Asamblea Nacional en 2005 la cosa llegó a 75%. Ambos cuerpos sesionaron impertérritos).

Las señales políticas provenientes de la comparación entre el 16 y el 30 de julio serían, en todo caso, inequívocas, aunque no haya revocación del mandato de Nicolás Maduro. Pero hay que leerlas y, sobre todo, explicarlas correctamente. No puede decirse que ayer se manifestó, Borges dixit, “el grito de todo un país” en rechazo a la constituyente; fue el grito de 37% del país. Si la “Hora Cero Nacional” anunciada por la MUD significa la aplicación del desconocimiento prescrito en el Artículo 350 de la Constitución, va a necesitarse algo más que eso. LEA

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