Los hijos de José Antonio

La primera vez que estuve en presencia de José Antonio Abreu (diciembre de 1962), fue para escucharle una conferencia en materia económica cuyo contenido he olvidado del todo. Lo que no olvidaré nunca es la fuerte impresión que me produjo la articulación perfecta de sus palabras, tan exacta que, si se hubieran transcrito, quien las escribiera habría sentido sin equivocarse dónde debía marcar los signos de puntuación. Supe que su cerebro estaba mejor organizado que el mío, y que no en balde se había graduado de economista Summa Cum Laude en la Universidad Católica Andrés Bello.

Luego haríamos algo de amistad, que incluyó su invitación a almorzar en 1974, en el restaurante Anatole de San Bernardino, cuando José Antonio era el número dos en la Oficina de Coordinación y Planificación (CORDIPLAN) de la Presidencia de la República, con sólo 35 años de edad. Llegué a la cita puntualmente, pero siendo el anfitrión, ya él me esperaba en una mesa. Lo encontré leyendo el Breviario Romano, el libro del que todo sacerdote debía leer todos los días; entendí que eso era una indicación de santidad.

Poco tiempo después (1975) se ocupaba de la obra más importante de su vida, que presentó en el Poliedro de Caracas al dirigir la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar en la imponente Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven. Antes de ese concierto fundamental, mi gran amigo de juventud y compadre, Eduardo Plaza Aurrecoechea, me había colado en un evento con instructores de dirección orquestal en el balneario Los Caracas, donde encontré también a Andrés Ignacio Sucre Guruceaga, uno de los primeros colaboradores de Abreu y primo de mi esposa. Fue Andrés quien me llevara al Poliedro esa noche especialísima; recuerdo haberle señalado con pedantería algunos errores de ejecución de la enorme pieza, y haber criticado que Abreu impusiera allí mismo una medalla a los jóvenes músicos cuando apenas empezaban; me pareció mala pedagogía, pero estaba totalmente equivocado. (En 1983, escribí una nota de avergonzado desagravio por esa crítica enteramente privada, cuando ya era obvia la potencia del sueño de José Antonio).

Hoy ha muerto José Antonio Abreu Anselmi, sobre el que llovieron honores y reconocimientos del mundo: premios de las más importantes instituciones culturales y doctorados honoris causa que pocos merecieron tanto. Ha debido estar entre sus preseas el Premio Nobel de la Paz. En mi caso, escribí de él en 2009 (Dictamen 2010):

El maestro Abreu es una figura que es ampliamente querida, hasta venerada, por una inmensa mayoría de los venezolanos. Su profesión, además de la de músico, es la de economista; esto es, fue adiestrado en una disciplina social diferente de la jurídica, más propiamente científica. El maestro Abreu ha sido bendito por una grandísima inteligencia, y además hace gala de una envidiable “mano izquierda”, que le ha permitido crear y desarrollar, para admiración planetaria, el ejemplar, benéfico y único Sistema de Orquestas Juveniles. El maestro Abreu tuvo una temprana vocación política, que sacrificó a la música pero le ha servido para adquirir dotes de negociación y convicción que facilitaron sus logros increíbles. De hecho, tiene conocimiento directo de la administración pública, al haber sido el segundo hombre en Cordiplán (1974) y Ministro para la Cultura (1984). El maestro Abreu, además de su Doctorado en Economía en la Universidad Católica Andrés Bello, realizó estudios de postgrado en Economía Petrolera en la Universidad de Michigan. El maestro Abreu es hombre probo, de hábitos frugales, como corresponde a quien se concentra en la búsqueda de valores espirituales permanentes. El maestro Abreu, por encima de todo, ha sido el inventor y animador principal de un movimiento que ha beneficiado directamente a cientos de miles de niños y jóvenes venezolanos, en manifestación poderosísima de una vocación social sin parangón.

El 31 de agosto de este año, José Antonio Abreu recibió de manos del rey Carl XVI Gustaf de Suecia el Premio Polar de Música, conferido por la Academia Real Sueca de Música. Esta academia dijo de él:

El Premio Polar de Música 2009 se concede al director, compositor y economista José Antonio Abreu. Impulsado por una visión de que el mundo de la música clásica puede ayudar a mejorar las vidas de los niños venezolanos, ha creado la red musical El Sistema, que ha ofrecido a cientos de miles las herramientas para superar la pobreza. La exitosa creación de José Antonio Abreu ha promovido valores tradicionales, como el respeto, la solidaridad y la humanidad. Su logro nos muestra lo que es posible cuando se hace de la música un terreno común y por eso mismo parte de la vida cotidiana de la gente. Simultáneamente, se ha dado a niños y padres, así como a los políticos, una nueva esperanza para el futuro. La visión de José Antonio Abreu sirve de modelo para todos nosotros.

En suma, José Antonio Abreu está mandado a hacer para la dificilísima tarea de asumir la jefatura del Poder Ejecutivo Nacional a la cesantía de Hugo Chávez, con una capacidad incomparable y una disposición real de unir a los venezolanos.

Habría sido un gran Presidente de los venezolanos. Hoy se ha despedido, tras una larga caminata por la enfermedad que soportó con estoicismo y grandeza, como todo lo que hizo. El país, el planeta entero, le están grandemente agradecidos. LEA

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