por Luis Enrique Alcalá | Abr 30, 2009 | Cartas, Política |

A los cien días de haberse iniciado el gobierno de Barack Obama, el Senado de los Estados Unidos ha completado la aprobación del presupuesto federal más grande de la historia (tres billones cuatrocientos mil millones de dólares), en logro de enorme significación. Al comentar ayer este hito extraordinario, dijo el Presidente de los Estados Unidos:
“Este presupuesto construye sobre los pasos que hemos dado en los últimos cien días para mover esta economía de la recesión a la recuperación y, en último término, a la prosperidad. Comenzamos aprobando una ley de recuperación que ya ha ahorrado o creado más de 150 mil empleos y ofrecido una rebaja del impuesto al 95% de todas las familias trabajadoras. Hemos aprobado una ley que provee y protege el seguro de salud para 11 millones de niños estadounidenses cuyos padres trabajan a tiempo completo. Y lanzamos un plan de vivienda que ya ha contribuido con un pico en la cantidad de propietarios de casas que están refinanciando sus hipotecas, lo que equivale a una rebaja de impuestos adicional”.
Pero también ha podido decir: “Hemos rechazado el falso dilema entre nuestra seguridad y nuestros ideales cerrando el centro de detención de Guantánamo y prohibiendo la tortura sin excepción”.
En el ámbito internacional, por otro lado, ha revertido la postura negadora de la administración Bush en materia de calentamiento global, y sustituido la prepotente postura de jefe del mundo por la de una postura respetuosa de otros países y gobiernos.
Un regalo inesperado para Obama ha sido el espectro que le ha salido a los republicanos. El senador Arlen Specter, que hasta ayer militaba en filas republicanas, ha anunciado su migración a las demócratas. Siendo que lo más probable es que el puesto por definir en Minessota vaya también a los demócratas en la persona de Al Franken, no les será posible a los republicanos entorpecer la agenda legislativa de la Casa Blanca mediante las tácticas dilatorias del “filibusterismo”.
El electorado de los Estados Unidos, en más de 60%, aprueba su gestión. (El promedio es de 61,6%; Rasmussen Reports mide 55% mientras que ABC News/Washington Post registra 69% de aprobación).
Es, sin duda, una fuerza benéfica en el mundo el gobierno de Barack Obama.
Pero no falta quien encuentre forma de resentir y rechazar su brillante desempeño de arranque. Rob Asghar, Fellow del Centro de Diplomacia Pública de la Universidad del Sur de California, ha registrado—en The Huffington Post—cómo los comentaristas conservadores y “halcones” no cesan de chismear sobre lo que llaman el “tour global de excusas” de Barack Obama que incluye, más allá de sus propias representaciones, la admisión de su Secretaria de Estado, Hillary Clinton, de la responsabilidad estadounidense en el problema de las drogas en su reciente e impactante visita a México. Entre sus “pecados” estaría el haber saludado a Hugo Chávez con cortesía en Trinidad.
Lo cortés no quita lo valiente, reza el dicho español, y el propio Obama, en respeto de sus propios detractores, se ha limitado a señalar que sus fugaces intercambios con Hugo Chávez en nada han vulnerado la seguridad de los Estados Unidos, que es lo que es su responsabilidad.
El mundo, el continente americano en particular, desde hace cien días, y especialmente desde un evento cumbre en Puerto España que se anunciaba conflictivo y no lo fue, presenta otra cara, adquiere otro cariz.
………
Ocariz. Carlos Ocariz, Alcalde del Municipio Sucre del estado Miranda. Puede decirse de su triunfo electoral del pasado 23 de noviembre que, además de capturar la Alcaldía del más importante, poblado y representativo municipio mirandino, produjo asimismo el triunfo en la Gobernación de Miranda de Henrique Capriles Radonski y el de Antonio Ledezma en la Alcaldía Metropolitana. Sus votos dieron para tres gobiernos y para profunda molestia de Hugo Chávez, que visitó Petare once veces en la campaña a favor de la candidatura de Jesse Chacón. Chávez, por consiguiente, fue personalmente derrotado por Ocariz en el Municipio Sucre.
En 2004 (el 4 de noviembre) reportaba esta carta así: “De los juveniles de Primero Justicia tal vez quien haya alcanzado más proyección política es, paradójicamente, el perdedor Carlos Ocariz. A menos de cuarenta y ocho horas de las votaciones concedió la victoria a su adversario, no sin destacar que había perdido por sólo 1.500 votos. De los ‘tres justicieros’ postulados a alcaldías caraqueñas—luego de que la mosquetera Hernández se retirara del centro de Caracas—fue el único que se midió en municipio de población mayormente proletaria, y estuvo a punto de ganar. Se ve claramente que hizo un buen trabajo”. El 10 de julio del año pasado decía la Carta Semanal #294 de doctorpolítico: “…Carlos Ocariz—por quien el suscrito votará para la Alcaldía del Municipio Sucre, justamente por su valentía al decir cosas ‘políticamente incorrectas’, como que en octubre de 2004 había perdido las elecciones por abstención opositora y no por fraude gobiernista—…” El 30 de septiembre de 2007 decía Luis Vicente León en su acostumbrado artículo dominical: “Carlos Ocariz lo entendió en carne propia cuando perdió la alcaldía de Sucre no porque era minoría, ni por que nadie lo robó, sino porque su mercado natural no votó, pensando que era imposible ganar, cuando la historia está llena de ejemplos que indican que nada, en política, es imposible”.
Pues bien, este lunes pasado llegó Carlos Ocariz a presentarse ante un nutrido grupo que esperaba para escucharlo con gran interés, y al describir su exitosa trayectoria política destacó como paso crucial justamente ese honesto reconocimiento de noviembre de 2004. Dijo Ocariz: “Me gané, no el apoyo de los chavistas de Petare, pero sí su respeto”.
Más cosas dijo y contó Ocariz hace tres días; por ejemplo, que el foco no es Chávez sino la gente, que la participación en elecciones es esencial, que si la oposición se contrae a decir sólo cosas desagradables a los electores les provocará inscribirse en el PSUV, y otras cosas en la misma dirección optimista.
Lo que no sabía Ocariz es que el efecto balsámico de sus palabras era en esos momentos más intenso que lo habitual: había llegado a la cita con algo de retraso y, antes de su discurso, el grupo se había enfrascado en la lectura más negativa posible de la situación política y económica, a partir de una justificada alarma por la proyectada Ley de Propiedad Social. Lo dicho por Ocariz dio otro cariz a la sesión. No disipó, por supuesto, los temores por las consecuencias de la ley mencionada, pero mostró una manera eficaz de oponerse, una fórmula para el éxito aun en contra del ventajismo más abrumador, como el que tuvo él que aguantar en el Municipio Sucre directamente de manos del Presidente de la República, que hacía cadenas de radio y televisión desde Petare.
………
El lunes de esta semana se preguntaba Teodoro Petkoff, en su editorial de ese día en el diario Tal Cual, “¿Qué hacemos?” Y decía estas cosas:
“Chacumbele viene leyendo con preocupación lo que ha ocurrido desde su reelección para acá. Los resultados numérico-políticos del referéndum constitucional, de las elecciones regionales y del referéndum para la enmienda, muestran una clara tendencia al incremento en la votación opositora y a un decrecimiento correlativo en el respaldo popular a Chacumbele. La votación opositora ha subido desde un 37%-38% durante los ocho primeros años del chacumbelato, hasta girar en torno al 50% en los tres últimos procesos, en tanto que el respaldo electoral del oficialismo ha venido cayendo desde un promedio de 62%-63% hasta, también, las vecindades del 50%. Chacumbele sabe que, inexorablemente, las dos líneas opuestas van a cruzarse; la primera tendencia seguirá hacia arriba y la segunda hacia abajo. Eso es lo que lo ha llevado a tratar de descarrilar la estrategia democrática. Los atropellos que ha adelantado, más que fuerza, denotan una debilidad intrínseca”.
La respuesta de Petkoff a su propia pregunta es la siguiente: “¿Qué vamos a hacer? Pues, responder al nuevo reto, en las nuevas condiciones, pero sin llevar a que las contingencias coyunturales afecten la línea principal de acción, esa que ha venido produciendo avances”.
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Dos cosas es preciso superar en estos días de la “contingencia coyuntural” de una preocupación recrecida: primero, la desesperanza, que lleva a suponer que todo está perdido y no debe perderse un minuto más sin preparar las maletas; segundo, el simplismo estratégico, inmediatista o regañón.
Ya se conoce que ha comenzado la promoción de la figura y candidatura de Eveling Trejo de Rosales, en ocurrencia apresurada de algunos, que ven en ella el clon de Corazón Aquino ahora que su esposo ha optado por el exilio y asilo en Perú para no someterse a jueces controlados por Hugo Chávez. A algún iluminado le ha parecido que tal cosa es estrategia brillante, que es la hora de Merkel y Bachelet, la hora de que una mujer ocupe la Presidencia de la República en Venezuela.
Pudiera ser; el suscrito no tiene absolutamente nada en contra de la más igualitaria participación política de las damas. En 1968 escribía un artículo decididamente feminista en la clásica revista El Farol; en 1978 defendía la participación igualitaria de las mujeres en las sesiones del Grupo Santa Lucía, cuyas primeras reuniones las relegaban, como gran concesión, a escuchar en silencio las conferencias y deliberaciones, pues lo que se había pensado para ellas eran excursiones turísticas y expediciones de compra. (La defensa no se hizo porque fueran mujeres, sino porque eran personas). En 1986 llegó a escribir: “Sin ánimo de comparaciones, cuando he pensado en mujeres venezolanas que podrían desempeñar muy bien la Presidencia de la República, el nombre de Alba [Fernández de Revenga] viene a mi mente junto con el de Mercedes Pulido de Briceño”.
Pero no es mérito suficiente para el liderazgo nacional el ser esposa de un mártir político. Que el nombre de Doña Eveling sea propuesto, sin embargo, es sintomático: de algún modo expresa la falta que hace una voz opositora, una contrafigura de Chávez. Éste es personaje excepcional; podrá burlarse uno de que haya obsequiado un libro obsoleto y poco leído ya a Barack Obama, pero su gesto disparó el texto de Eduardo Galeano hasta el segundo lugar en ventas de Amazon en menos de treinta y seis horas, con celeridad “viral” digna de Susan Boyle. No podrá superársele sino con la oposición de persona excepcional.
Y además de los ocurrentes tenemos—parece ser nuestro sino—que lidiar con quienes son rápidos para desencadenar discursos de superioridad moral y arresto heroico. Una vez más el geólogo Gustavo Coronel pontifica airadamente desde su distante residencia en los Estados Unidos. En reciente artículo, echando en falta un levantamiento masivo del enjambre ciudadano para oponerse al gobierno de Hugo Chávez, expone con arrogante indignación: “El coraje moral es el ingrediente que falta en Venezuela para dar al traste con la pandilla chavista que ha arruinado al país. Aunque estoy seguro de que aún si los venezolanos no hiciéramos nada para sacarla del poder, ella implosionaría debido a su ineptitud, la exhibición de cobardía moral que está dando la sociedad venezolana, con su pasividad y hasta masoquismo, representa un profundo descrédito para nuestro gentilicio”. (Destacado de esta carta). Antes ha resucitado, con desprecio lombrosiano, un argumento que invalida cualquier pretensión democrática que aún quiera exhibir. Así pone: “Los seguidores del régimen son gente mediocre, resentida, ansiosa del poder y del dinero que ahora está a su alcance: son los chacones, los merentes y los isaíases; las linas, las cilias y las irises. Son gente cuya anatomía frecuentemente refleja sus torvas cualidades morales, generalmente fáciles de identificar por su aspecto en cualquier lugar del mundo, ya se trate de Calixto en Las Vegas, Hugo en Doha o Nicolás en Nueva York”.
Estas declaraciones de Coronel, emitidas desde la segura distancia que desde hace años lo separa de esta atribulada tierra, son injustas y constituyen una falta de respeto hacia quienes permanecemos en ella para dar la batalla cotidiana y la más profunda y penetrante. Dice Coronel: “La cobardía moral predomina entre los venezolanos sentados en la barrera, asistiendo inexplicablemente al espectáculo de su propia destrucción, exhibiendo una cobardía mezclada con indiferencia y masoquismo”. Y también: “Pronto tendrá que llegar la chispa que prenda la resistencia civil en Venezuela, una acción continuada en el tiempo, no una protesta esporádica.. Y esa chispa la encenderá un venezolano (a) con coraje moral”. Si, como parece ser su implicación, es él alguien con la estatura moral que haría falta ¿por qué no deja de vivir en los Estados Unidos y se radica de nuevo en Venezuela a guiarnos con su superioridad?
Coronel nos haría un gran favor adquiriendo un poco de modestia y respeto por los que aquí estamos dando la pelea.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Abr 28, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
En septiembre de 1987, hace ya casi veintidós años, completó el suscrito un estudio que llamó Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela. Dos fueron las “sorpresas” discutidas en tal trabajo: el acceso de un outsider a la Presidencia de la República y un golpe militar. Sobre esto último afirmaba en las conclusiones: “…de ganar las elecciones de 1988 uno de los candidatos tradicionales… la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabilidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable”. Pudiera sostenerse entonces, y halando las cosas por los cabellos, que el estudio mencionado tuvo un error de al menos un mes y cuatro días respecto de la asonada del 4 de febrero de 1992.
Al iniciar la discusión de la sorpresa golpista, establecía: “Las mismas condiciones que hacen en general más probable la aparición de un hecho político sorpresivo son las que han aumentado la base con la que contaría un intento militar de tomar el control de las cosas: las condiciones de creciente deterioro de la situación. Sería muy raro que en las condiciones venezolanas de la actualidad no hubiesen aumentado las aproximaciones al tema y el examen de las consecuencias de un hecho tal por parte de actores con alguna posibilidad técnica de intentarlo. Para empezar, la imagen del golpe circula por la psiquis del país en una mayor proporción desde hace al menos dos años. Este fenómeno incluye la añoranza comparativa de Pérez Jiménez para quienes conocieron su época, así como el atrevimiento de decirlo en personas de los estratos sociales menos dotados, quienes tienen menos que perder, pues en todo caso participan menos de los ya exiguos beneficios del sistema actual”.
Pero antes de considerar el caso del golpe, un primer capítulo (La propensión a la sorpresa) discutió factores comunes a ambas posibilidades, y de él su primera sección hacía referencia a cambios en la matriz de opinión pública en materia política. Es esta sección el contenido de la Ficha Semanal #239 de doctorpolítico. En ella se registra un deterioro súbito y marcado de la imagen de los partidos políticos cuando apenas comenzaba el sexto gobierno (Jaime Lusinchi) de la democracia venezolana.
No habiendo en esa época una prédica que pudiera identificarse como antipolítica—la vilipendiada telenovela Por estas calles se estrenó veintiséis días después del primer alzamiento de 1992, mientras que Abdalá Bucaram Ortiz y Antanas Mockus no hacen presencia política hasta mediados de los años noventa—aquel desplazamiento de la opinión en 1984 sólo puede atribuirse a evaluación autónoma de la ciudadanía y, presumiblemente, a un desempeño insatisfactorio por parte de los partidos.
LEA
…
Variación matricial
No es necesario, para convencer de la posibilidad de una sorpresa política al ciudadano informado, hacer un recuento exhaustivo de los registros más formales de la opinión ni de aquella que se expresa en manifestaciones tales como artículos, conferencias, exposiciones de toda índole, reveladoras de un estado de ánimo nacional que incluye el escepticismo y hasta el hartazgo con todo un modo de conducir la función pública, tanto en el nivel del Gobierno como en el nivel de sus conductos nutritivos principales: los partidos políticos.
A pesar de esto, es conveniente datar el momento cuando se produjo el primer desplazamiento medible de la psiquis venezolana, desplazamiento que en estos momentos ya se ha asentado con claros signos de irreversibilidad. El desplazamiento, asimilable analógicamente al de las placas tectónicas de la geología, comenzó a ser más marcado cuando aún el Presidente Lusinchi no había cumplido un año como gobernante.
En efecto, la encuestadora Gaither registró en agosto de 1984 un súbito movimiento de opinión respecto de encuestas anteriores por lo que respectaba a la identificación del «mejor partido». Dicha encuesta comparaba sus resultados contra los obtenidos en la pregunta «¿cuál es el mejor partido?» en agosto de 1974 (primer año de gobierno de Pérez), septiembre de 1979 (primer año de Herrera) y octubre de 1983 (dos meses antes de las últimas elecciones presidenciales). Los siguientes datos dan los porcentajes de personas que respondieron «ninguno» (entre las opciones AD, COPEI, MAS y otros) y que no opinaron.
………………..AGO.74 SEP.79 OCT.83 AGO.84
NINGUNO ……..16 14 19 29
NO OPINA ……..13 13 8 14
TOTAL ………….. 29 27 27 43
Como puede verse, el total de personas que no lograba identificar un mejor partido entre las opciones disponibles experimentó un salto brusco equivalente a 16% más de los encuestados que en veces anteriores.
Ese mismo año, el 27 de mayo, las elecciones municipales registraban el más alto porcentaje de abstención electoral registrado desde 1958. Las abstenciones en las elecciones nacionales de 1983 representaron un 12,25% de los electores, mientras que seis meses después la abstención en los comicios municipales alcanzó el 40,7%. (Aún si se compara este radical comportamiento con la abstención de las elecciones municipales de 1979 – 27,1% – la diferencia entre las dos elecciones municipales es de 13,6% más de abstenciones.)
Dos años más tarde, la encuesta Datos (trabajo de campo entre el 20 de mayo y el 13 de junio de 1986) registró un 58% de encuestados a favor de elegir un independiente para desempeñar la Presidencia de la República y, tal vez más sorprendentemente, que el 52% lo consideraba posible.
Finalmente, en julio y agosto de este año de 1987 la encuestadora Gaither realiza en el Area Metropolitana de Caracas una «elección simulada», en la que un partido nuevo, no especificado y sin estipulación de candidato, obtiene el segundo lugar con 22%, detrás de Acción Democrática (37%) y relegando a C.O.P.E.I. (17%) al tercer puesto. En este mismo sondeo el porcentaje de la categoría «no sabe/no contesta» es de 12%. (La encuestadora «aclara que este «nuevo partido» es un atractivo para muchos votantes, sin especificar candidato, pero quizás ese ideal no sea alcanzable en la práctica.» La diferencia entre esta última impresión y el 52% que en 1986 midió Datos como creyentes en la posibilidad de un independiente en Miraflores puede deberse a la cercanía de la próxima fecha electoral y a la creencia de que ya no habría tiempo para montar ese «partido nuevo», esa opción diferente.)
Por otra parte, la misma proliferación de ofertas políticas nuevas es un indicador de que se percibe la situación política como más fluida. El Consejo Supremo Electoral es una institución de suyo conservadora, pero la nueva presión es registrada allí de modo evidente. El Presidente del organismo, Dr. Carlos Delgado Chapellín, opinó ante la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado que debiera concederse al elector venezolano la libertad jurídica de la abstención, como una forma para expresar su descontento ante las opciones que se le presentan. Eso es manifestación de una orientación creciente de la opinión pública, en la que, ante la ausencia de una opción nueva convincente cobra fuerza la salida de la abstención o el voto nulo como vehículo de protesta.
En suma, no hay dudas de que la matriz de opinión pública venezolana ha experimentado un muy significativo desplazamiento de signo contrario a los conductos políticos tradicionales, de que tal desplazamiento se ha producido recientemente con alguna brusquedad y de que tal desplazamiento no se ha detenido.
Luis Enrique Alcalá
por Luis Enrique Alcalá | Abr 23, 2009 | Cartas, Política |

El término “paradigma” y su uso en la expresión “paradigma político” se ha hecho de uso bastante generalizado. El sentido en el que se emplea es el propuesto por Thomas S. Kuhn en su obra de 1962 The Structure of Scientific Revolutions. Kuhn se refiere con el término paradigma al núcleo esencial de una determinada teoría o doctrina científica. Por ejemplo, en materia del fenómeno de la gravitación, el paradigma de la física aristotélica quedaba definido por el concepto de causa final; Aristóteles explicaba que los cuerpos cayesen porque todos los cuerpos buscarían ir hacia su lugar natural, la tierra, dado que todos los cuerpos estarían hechos del “elemento” tierra. Sobre el mismo fenómeno el paradigma de Newton sustituye el concepto de Aristóteles por la idea de “acción a distancia”, que permite concebir una “fuerza de gravitación universal” existente entre dos cuerpos cualesquiera. Einstein prescinde de esa noción de acción a distancia y la sustituye, a su vez, por la proposición de que la presencia de masa en el espacio induce una curvatura en éste; sería esta curvatura la que seguirían los astros al girar en derredor de cuerpos de mayor tamaño, y no una fuerza de gravitación.
La famosa obra de Kuhn describe el progreso de la ciencia entre épocas de estabilidad conceptual, de permanencia de un determinado paradigma, hasta que una crisis en el poder explicativo del paradigma conduce a la formulación de uno nuevo. Esta idea ha sido extendida para explicar la sucesión en el tiempo de las distintas concepciones sobre lo político. Los paradigmas, pues, son los marcos mentales básicos a partir de los cuales se interpreta la realidad. Obviamente, de ellos depende la conducta humana. Dice John Stuart Mill: “Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan”. (Ensayo sobre el gobierno representativo).
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La crisis de los paradigmas socio-políticos ha tenido una grave expresión en el descrédito que sufrió la llamada planificación estratégica. Comúnmente se acostumbra fechar la primera derrota importante de los planificadores estratégicos con el embargo petrolero árabe de fines de 1973. Las predicciones dejaron de ser confiables, al generalizarse la impresión de volatilidad o impredecibilidad del mercado petrolero. La discontinuidad, por otra parte, comenzó a manifestarse en el mundo político por esa misma época. La caída del régimen del Shah de Irán fue la primera “sorpresa” de cierta magnitud, la que inicia la serie de acontecimientos “impensables” que incluyó cataclismos tales como el derrumbamiento del Muro de Berlín y la desmembración de la Unión Soviética como secuela de la perestroika de Gorbachov.
Una turbulencia de tan grande magnitud dejaba mal parados los intentos predictivos de los más sofisticados centros de análisis. Junto con un agotamiento del recetario político clásico, esa inestabilidad ha sido la razón principal de que cundiera el escepticismo hacia los intentos de manejar el ambiente social desde marcos generales como guía para la acción. Ahora, un nuevo simplismo ideológico (el “socialismo del siglo XXI”) lleva las cosas al otro extremo, luego de una renuncia a pensar estratégicamente. Para que esto fuera posible, para que sonara viable al elector promedio en Venezuela, hubo antes un proceso de erosión en el pensamiento político de corte general.
En Venezuela fue muy intenso el rechazo a los “habladores de paja” de los departamentos de planificación estratégica. El IESA publicó en 1985 El caso Venezuela: Una ilusión de armonía, libro en el que sus editores, Moisés Naím y Ramón Piñango, objetaban a la planificación estratégica en el trabajo introductorio del siguiente modo: “El mejoramiento de la gestión diaria del país requiere que los grupos influyentes abandonen esa constante preocupación por lo grandioso, esa búsqueda de una solución histórica, en la forma del gran plan, la gran política, la idea, el hombre o el grupo salvador. Es urgente que se convenzan de que no hay una solución, que un país se construye ocupándose de soluciones aparentemente pequeñas que forman eso que, con cierto desprecio, se ha llamado ‘la carpintería’. Si bien no hay dudas de que la preocupación por lo cotidiano es mucho menos atractiva y seductora que la preocupación por el gran diseño del país, es imperativo que cambiemos nuestros enfoques”.
Es decir, el remedio propuesto era el de sustituir los estrategas por los tácticos.
Poco después (entre 1989 y 1993), muy connotados profesores así como gerentes reconocidamente capaces del sector privado ejercieron importantes funciones públicas (entre ellos, de modo destacado, Moisés Naím), con resultados terribles. Por esta razón resulta interesante contrastar este caso local de miopía técnica con el juicio que mereció a Tocqueville la ceguera de los funcionarios del gobierno de Luis XVI cuando la Revolución Francesa estaba a punto de estallar: “…es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, Intendentes, los magistrados—hayan exhibido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hombres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la administración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evoluciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario”. (Alexis de Tocqueville: El Antiguo Régimen y la Revolución).
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Es sólo muy recientemente que la “teoría de la complejidad”, que incluye la llamada “teoría del caos”, ha podido proporcionar un paradigma adecuado a los muy complejos procesos sociales. Los primeros ejercicios analíticos de predicción eran fundamentalmente proyecciones en línea recta. (La estadística había proporcionado la herramienta de la “regresión lineal”, mientras el “determinismo histórico” de las doctrinas marxistas contribuía a esa opinión de que el futuro era único e inevitable). Obviamente, sólo pocos fenómenos pueden ser adecuadamente descritos como una línea recta.
El reconocimiento de la multiplicidad del futuro llevó, más tarde, al desarrollo de la técnica de “escenarios” (principalmente por la Corporación RAND, en la década de los sesenta), en los que se exponía intencionalmente un conjunto de descripciones diferentes del futuro en cuestión. Sin embargo, aún la técnica de escenarios tiende a estar asociada con una percepción del problema en forma de “abanico” de futuros, según la cual se presume una continuidad de la transición entre los distintos futuros, al desplazarse por el área continua del abanico. Este modo de ver las cosas supone, por tanto, una enorme cantidad de incertidumbre, pues los futuros serían, en el fondo, infinitos.
El formalismo matemático (fractales) sobre el que se asienta la teoría de la complejidad, en cambio, permite describir el futuro como una estructura arborificada o ramificada, como una arquitectura discontinua en la que unos pocos futuros posibles actúan como cauces o “atractrices” por los que puede discurrir la evolución del presente. (Un modelo sencillo de un sistema de atractrices lo constituye un péndulo que oscila a poca distancia de una base hexagonal, en cuyos vértices se han colocado imanes de aproximadamente igual intensidad magnética. Tomando el péndulo entre los dedos se le dota de un impulso inicial que, al soltarlo, lo hace describir una trayectoria que bajo la acción de los imanes es típicamente errática. Al agotarse el impulso inicial el péndulo se detiene sobre uno de los vértices, una de las atractrices. Incluso en un sistema tan sencillo como éste, no es posible predecir cuál será la atractriz que predominará al final).
Incertidumbres de este tipo han llevado a la desesperante noción de que la predicción social es imposible. El hecho de que por lo atrayente del nombre, se haya popularizado más la teoría del caos que la teoría de la complejidad que la engloba, ha contribuido aún más a la desesperanza.
Pero esto es un conocimiento y una aplicación superficiales de tales teorías. Por una parte, aun los fenómenos caóticos transcurren por cauces que siguen un orden subyacente estricto. Por la otra, ya a niveles prácticos se ha tenido éxito en introducir estímulos que “sincronizan” procesos caóticos para hacerlos seguir trayectorias estables. En otras palabras, es posible dominar el caos. Más aún, la proporción de caos dentro de los sistemas complejos es usualmente pequeña, y predomina en éstos un proceso opuesto y más poderoso de autorganización, especialmente en sistemas que, como el social, son capaces de intercambiar información.
Naturalmente, ciertos episodios caóticos pueden tener consecuencias lamentables en magnitudes enormes. Los acontecimientos del 27 y el 28 de febrero de 1989, por ejemplo, son más fácilmente comprensibles si se les interpreta como un caso de proceso caótico, antes que como resultado de una acción subversiva intencional. (Hubo incidencia de agitación programada, pero el grupo Bandera Roja no tenía, por supuesto, la escala que pudiera producir lo que ocurrió. El 27 de febrero de 1989 pudo observarse la propagación de la avalancha desde Guarenas, exacerbándose por la transmisión del evento a través de los medios de comunicación social, pero también a través de una cadena informal de transmisión de información: los mensajeros motorizados, que exhiben desde hace mucho una rápida solidaridad de conducta y que fueron propagando el descontento desde Guarenas a Petare, de allí a Chacaíto, a la estación del Metro en Bellas Artes, y así sucesivamente).
En contraposición a estas posibilidades caóticas, los sistemas sociales aprenden y se autorganizan. Es así como aun en condiciones de extrema complejidad es posible tanto predecir el futuro como seleccionarlo. Por el lado de la predicción social, el problema es ahora un asunto de identificación de las atractrices actuantes en un momento dado. Por el lado de la acción, se trata de evitar ciertas atractrices indeseables y de seleccionar alguna atractriz conveniente o, más allá, de crear una nueva atractriz altamente deseable.
Es un trabajo muy diferente del que puede acometer el mejor entre los políticos convencionales, cuyo know how seguirá siendo útil, aunque con rendimiento decreciente.
luis enrique ALCALÁ
por Luis Enrique Alcalá | Abr 23, 2009 | LEA, Política |

El 13 de enero de este año fue el Presidente de la República a la Asamblea Nacional, para hablar durante más de siete horas sobre los logros de su gobierno en, no sólo el ejercicio del año anterior, sino de la década entera que lleva gobernando. (Una cuarta parte ya de toda la previa época democrática). Cuando comenzaba a incursionar sobre el tema educativo, enumeró algunas carreras nuevas, y entonces escogió significativamente detenerse un rato sobre la flamante carrera de Ingeniería Azucarera. “¡Fíjense por donde venimos!”, dijo, y repetía: “¡Ingeniería azucarera! ¡El socialismo alimentario!”, o algo parecido.
Bueno, desde el lunes ondea una bandera de la Misión Zamora, “Tierra y Hombres Libres”, en tierras (33 hectáreas) del fundo La Paca, que surte de azúcar al central azucarero El Palmar y a la producción de Ron Santa Teresa. Es harto conocido que estas actividades ocurren en tierras que, desde el siglo XVIII, son propiedad de la familia Vollmer.
El pretexto, expuesto por Juan Carlos Loyo, Presidente del Instituto Nacional de Tierras, es que el fundo La Paca produciría menos de ochenta toneladas de azúcar por hectárea, las que vendrían a conformar los requerimientos mínimos de productividad para que la vocación planetaria de la “revolución bolivariana” no se vea vulnerada en su lucha contra el imperio capitalista, o algo así.
Fue justamente en territorio de ese imperio donde se libró una cruenta guerra civil, en gran medida peleada por la liberación de los esclavos en plantaciones agrícolas al sur de los Estados Unidos. Era el presidente de esa nación, naturalmente, Abraham Lincoln, que pagó con su vida su dedicación a la libertad universal de todos los hombres, independientemente de su raza. Es conocida expresión de su elocuencia democrática el trozo copiado a continuación:
No se puede crear prosperidad desalentando el ahorro. No se puede fortalecer al débil debilitando al fuerte. No se puede ayudar a quien gana un salario rebajando a quien lo paga. No se puede auspiciar la hermandad de los hombres estimulando la lucha de clases. No se puede ayudar al pobre destruyendo al rico. No se puede eludir los problemas gastando más de lo que se gana. No se puede edificar carácter y coraje quitándole al hombre su iniciativa e independencia. No se puede ayudar permanentemente a los hombres haciendo por ellos lo que pudieran y debieran hacer por sí mismos.
LEA
por Luis Enrique Alcalá | Abr 21, 2009 | Fichas, Política |

LEA, por favor
Con motivo del juicio que culminara en la condenación a penas máximas de funcionarios de la Policía Metropolitana por muertes acaecidas el 11 de abril de 2002, ha salido a la luz un documento de una década anterior, en el que Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Diosdado Cabello, José Vielma Mora, Ronald Blanco La Cruz y dieciséis militares más, anunciaban que no escucharían de boca del juez militar Ramón Moreno Natera la imposición de un auto de detención.
El abogado defensor José Luis Tamayo leyó extractos de este documento el 15 de enero de 2008, al protestar la negativa de la juez Marjorie Calderón a sobreseer la causa contra Iván Simonovis, Henry Vivas y Lázaro Forero, y los funcionarios de la Policía Metropolitana Marco Hurtado, Julio Rodríguez Salazar, Héctor Rovaín, Arube Pérez Salazar, Luis Molina Cerrada, Erasmo Bolívar, Rafael Neazoa López y Ramón Zapata. Quince días antes, el Presidente de la República había decretado una Ley de Amnistía, cuyos beneficios fueron negados a los policías mencionados.
Los militares nombrados firmaron una carta de recusación del juez Moreno Natera el 15 de mayo de 1992, tres meses y cuatro días después de haber actuado criminalmente con armas de la República en alzamiento inconstitucional, ilegítimo y abusivo en contra de un gobierno elegido por una mayoría de venezolanos. La razón para repudiar cualquier acción de ese juez era que éste habría ordenado el traslado de algunos de los golpistas prisioneros en el Cuartel San Carlos a la Cárcel de Yare, y que tal cosa habría sido hecha con “nocturnidad y apremio”. (¿Es que la intentona criminal del 4 de febrero de 1992 ocurrió a plena luz del día y poquito a poco?) También porque se les había dicho que el traslado, que acataron como “medida disciplinaria”, sería revertido poco después y tal promesa habría sido violada, olvidando que “la palabra es el honor del hombre”.
Entre los destinatarios de la patética misiva se contaban “la conciencia jurídica del mundo civilizado y democrático” (¿la de Mugabe, por ejemplo?) y los “compañeros de armas de los gloriosos ejércitos latinoamericanos” (que en manos de Pinochet, Videla, Goulart, Castro, Somoza y demás dictadores alcanzaron la gloria). Entonces si era “excelentísimo” el Nuncio Apostólico de Su Santidad (todavía no ocurría el asilo de Nixon Moreno) e importantes “las comunidades que integran las Facultades de Derecho” y los Colegios de Abogados, a los que apelaban con la cursi e inmodesta pretensión de que hablaban desde “las celdas de la dignidad”.
En 1992 preocupaba mucho a los reclusos que un juez militar actuara “servil y obedientemente” por mandato del Presidente de la República, y que tal cosa negara el “principio de la separación de los poderes que caracteriza la existencia de un Estado Republicano y Democrático”. Entonces se quejaban porque los hubieran cambiado de celdas y afirmaban: “Aquí, en Venezuela, los Poderes del Estado se encuentran concentrados en manos del Jefe del Ejecutivo. Es decir, vivimos bajo un régimen autocrático y totalitario de gobierno”.
La Ficha Semanal #238 de doctorpolítico reproduce el contenido de la carta comentada, con una que otra mínima corrección de acentuación o puntuación. Un facsímil en archivo .pdf de las seis páginas del documento, con las firmas de los militares golpistas, puede obtenerse en http://imagenes.globovision.com/archivos/75126_cartac.pdf o en http://media.noticias24.com/0904/chavez93.pdf
LEA
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Petición de cacao
Al Pueblo de Venezuela
A la conciencia jurídica del mundo civilizado y democrático
A la juventud militar que hemos precedido en la lucha por la defensa de nuestra integridad territorial y de la dignidad nacional para restablecer la supremacía de la Constitución
A nuestros compañeros de armas de los gloriosos ejércitos latinoamericanos
Al Excelentísimo Nuncio Apostólico de Su Santidad el Papa Juan Pablo II y a los Excelentísimos Representantes del Cuerpo Diplomático acreditado en Venezuela
A las comunidades que integran las Facultades de Derecho del País
A los Colegios de Abogados
Los suscritos, Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela, soldados del Ejército Bolivariano, que el 4 de febrero del presente año cumplimos con el deber que nos imponen los artículos 51 y 250 de la Constitución Nacional, violada y puesta fuera de vigencia por el actual Gobierno, el más corrupto de nuestra historia republicana, hoy en las celdas de la dignidad, recluidos en la Cárcel de Yare, Estado Miranda, en el Cuartel San Carlos y en el Fuerte Tiuna de la ciudad de Caracas, declaramos:
Recusamos ante la opinión pública al Juez Militar que conoce de nuestra causa, por considerarlo persona no idónea para conocer de ningún juicio militar, por carecer de independencia y autonomía, ya que actúa servil y obedientemente no conforme a la Ley, sino a los mandatos del Presidente de la República y de su Ministro de la Defensa. Este Juez, con su conducta, pone de manifiesto que en Venezuela no existe un Poder Judicial autónomo e independiente como el que consagra la Constitución Nacional. Trátase de un Juez vasallo, que sepulta el Estado de Derecho y deshonra la Magistratura Militar. Su conducta niega el principio de la separación de los poderes que caracteriza la existencia de un Estado Republicano y Democrático. Aquí, en Venezuela, los Poderes del Estado se encuentran concentrados en manos del Jefe del Ejecutivo. Es decir, vivimos bajo un régimen autocrático y totalitario de gobierno.
Ciertamente, el Juez Militar Ramón Moreno Natera no ha actuado, ni podrá actuar como representante de un Poder Judicial como el que consagra la Constitución Nacional en su artículo 205: “En el ejercicio de sus funciones los Jueces son autónomos e independientes de los demás órganos del Poder Público”. Norma ésta que reproduce, como cabeza rectora de la administración de Justicia, la Ley Orgánica del Poder Judicial en su artículo 1°: “El Poder Judicial es independiente de las demás ramas del Poder Público en el ejercicio de sus funciones”, y que consagra también como tal el Código de Justicia Militar en su artículo 22: “Los Jueces Militares son autónomos en el ejercicio de sus funciones y soberanos en la apreciación de los hechos que les corresponden juzgar”.
En efecto, el traslado arbitrario, de un grupo de Oficiales, con nocturnidad y apremio, desde el Cuartel San Carlos de Caracas, a la cárcel de Yare lo ordenó dicho Juez Moreno Natera, obedeciendo instrucciones y dictados del Presidente de la República y del Ministro de la Defensa, cumpliendo una orden. Una vez llevado a cabo dicho traslado, el ciudadano Ministro de la Defensa manifestó, según lo publicó la prensa, que ello ocurrió porque “el Juez comprendió y aceptó las argumentaciones que él le había expresado”. Posteriormente el Ministro le expresó a las esposas de dos de los Comandantes detenidos, que “fue equivocada la orden de ese traslado por parte del Presidente de la República”.
Las anteriores aseveraciones que hacemos fueron difundidas por la prensa nacional, que dio publicidad a esas manifestaciones del Ministro de la Defensa. Pero aún hay algo más que añadir al respecto:
Para que se llevara a cabo el traslado de ese grupo de Oficiales a la Cárcel de Yare, fue necesaria una negociación entre los representantes del Ministerio de la Defensa y los Militares detenidos en el Cuartel San Carlos, en presencia de una representación del Ministerio Público y otra de las Autoridades Eclesiásticas de Venezuela, a saber: “que el traslado se imponía sólo como una medida disciplinaria y temporal que acataban como tal dichos militares detenidos y que en los próximos días serían trasladados de nuevo al Cuartel San Carlos”.
Así pues, en esta negociación no intervino el Juez Militar, sino los representantes del Ministerio de la Defensa. El traslado entonces, de hecho, lo imponía el Alto Mando Militar en base a una promesa en cuyo cumplimiento estaba envuelto el Honor Militar. (La promesa no se cumplió, olvidándose que la palabra es el honor del hombre). El Juez Militar Ramón Moreno Natera, estuvo ausente de esta tragicomedia físicamente, pero permitió que las Autoridades Militares decidieran,actuaran y negociaran a sus espaldas, obedeciendo órdenes a su vez del Presidente de la República. Testigos de esto, y muy calificados por cierto son los Monseñores Mario Moronta y Diego Padrón, Obispos Auxiliares de Caracas, y el Padre Arturo Sosa, representantes de la Iglesia, el ciudadano Fiscal General fe la República, Dr. Ramón Escovar Salom, quien estuvo acompañado del Director General de la Fiscalía y del Director de los Derechos Humanos Dr. Antonio Herrera y Padre Dr. Luis María Olaso.
De todo lo anteriormente expuesto se evidencia que el Juez Militar que conoce de nuestra causa no lo es independiente y autónomo, sino más bien un Juez servil y obediente a los dictados del Ministro de la Defensa y a la vez del Presidente de la República, con lo cual todas sus actuaciones estarán fundamentadas no en debido proceso legal, no en la Constitución y las Leyes, pero sí en las ordenes castrenses y políticas del Ministro y del Presidente.
Por tales razones pues, que son obvias, hemos decidido negarnos a que seamos impuestos del írrito auto de detención, dictado por ese Juez Militar al cual recusamos por ante el Pueblo, máximo Tribunal de la República y al cual reconocemos como fuente legítima única de todos los Poderes. Y es que el Juez Ramón Moreno Natera actúa en una relación de supra-subordinación con el Ministro de la Defensa, servidor del Presidente de la República.
A un Juez semejante, un distinguido militar retirado procesado y condenado injustamente por influencias políticas y mercenarias a principios de siglo, le escribió en el expediente, al apelarle el fallo inicuo:
“Hombre cretino y soez
cuyas sentencias oprimen,
tu no eres Juez del crimen
sino un crimen hecho Juez”
Con razón decía un extraordinario jurista latinoamericano, asesinado por los políticos corruptos de su país, al expresarse acerca de un Poder Judicial cortesano y mercenario, que: “Cuando el puesto de los prevaricadores de la justicia está en la magistratura judicial, el de los hombres honestos está en la cárcel”.
Desde las celdas que dignifican, Cuartel San Carlos de Caracas; sede del Batallón Lino de Clemente de Fuerte Tiuna y Cárcel de San Francisco de Yare en el Estado Miranda, a los quince días del mes de mayo de mil novecientos noventa y dos.
Oficiales y Suboficiales de las Fuerzas Armadas de Venezuela, soldados del Ejército Bolivariano
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