Impureza pura

 

Robert Moses, un “político puro”, fotografiado en el East River de Nueva York por Arnold Newman

 

A Fernán Frias Palacios

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Un político puro no es una persona éticamente irreprochable, ni tiene por qué serlo. En efecto, es insuficiente o mezquino juzgar éticamente a un político: hay que juzgarlo políticamente.

Luis Vicente León¿Qué es un político puro?

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Nuevamente me escribe desde Nueva Zelanda el ingeniero Leonardo Durán (Universidad Simón Bolívar), esta vez para participarme que lee ahora The Power Broker, la monumental biografía—1.200 páginas que fueron originalmente 3.000—de Robert Caro sobre su tocayo Robert Moses (1888-1981), una figura poderosísima en Nueva York. La obra mereció un Premio Pulitzer en 1974, y presenta a Moses como un implacable constructor de vías públicas que en un momento dado llegó a acumular doce cargos públicos ejercidos simultáneamente sin que fuera jamás un funcionario electo. Desde tan considerable poder, Moses desarrolló buena parte de Manhattan a partir de la era de la Depresión (1929), destruyó vecindarios enteros en la ciudad de Nueva York cruzándolos con autopistas o puentes (trece en total), e implantó reglas racistas en algunos de sus proyectos obstaculizando, por ejemplo, a excombatientes afroamericanos el acceso a un desarrollo habitacional destinado a veteranos de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando recibí la notificación de Durán, ya había leído el domingo pasado un artículo de Luis Vicente León en El Universal y decidido que lo comentaría. Además de lo citado en el epígrafe, lee uno en esa pieza de León:

El político puro es lo contrario de un ideólogo, pero no es sólo un hombre de acción; tampoco es exactamente lo contrario de un intelectual: posee el entusiasmo del intelectual por el conocimiento, pero lo ha invertido por entero en afinar el ingrediente esencial y la primera virtud de su oficio: la intuición histórica. Algunos podrían llamarla también sentido de la realidad, un don transitorio que no se aprende en la universidad ni en los libros y que supone una cierta familiaridad con los hechos relevantes que permiten a ciertos políticos y en ciertos momentos, saber qué encaja con qué, qué puede hacerse en determinadas circunstancias y qué no, qué métodos van a ser útiles en qué situaciones y en qué medida, sin que eso quiera necesariamente decir que sean capaces de explicar cómo lo saben ni incluso qué saben.

León emplea acá el término ideólogo en un sentido suyo, no con los significados reconocidos por el Diccionario de la Lengua Española, el editado por la Real Academia de la Lengua Española:

ideólogo, ga 1. m. y f. Persona creadora de una ideología. 2. m. y f. Persona entregada a una ideología. 3. m. y f. Fil. Persona que profesa la ideología (‖ doctrina que estudia las ideas). ideología De idea y -logía, sobre el modelo del fr. idéologie. 1. f. Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc. 2. f. Fil. Doctrina que, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, tuvo por objeto el estudio de las ideas.

Para León, ideólogo significa alguien que se ocupa de las ideas o las crea él mismo, un intelectual, lo que considera ocupación contrapuesta a la política. Me he ocupado de este asunto antes. (Ver De héroes y de sabios, en referéndum #26, 17 de junio de 1998). Allí preguntaba en su primera sección:

Existe una antigua leyenda de las tribus germánicas según la cual, al comienzo del mundo, sólo había dos clases de hombres: héroes y sabios. (Dicen que en algunas traducciones se lee justos en lugar de sabios). Según el mito, los héroes se levantaban todas las mañanas dispuestos para la faena: conquistar castillos, derrotar bandidos, rescatar doncellas y matar dragones. Al caer el día cesaba la jornada; y entonces los héroes se dirigían a las cuevas de los sabios, para que éstos les explicaran el significado de sus hazañas, pues no sabían ni por qué ni para qué las emprendían. Lo que la leyenda indica es que desde hace mucho tiempo, en un pueblo bastante distante de nuestra heredad, ya se pensaba que había una gente que se ocupaba de las cosas y otra distinta que se entretenía con los significados de las cosas. No es sólo en Venezuela, pues, que se manifiesta esa bipolaridad entre “hombres de acción” y “hombres de pensamiento”, entre héroes y sabios, entre caciques y brujos. Pero en Venezuela esta tensión se manifiesta con particular crudeza. (…) hace unos años ya en una de las operadoras de PDVSA, nuestro dechado de virtudes gerenciales, un conferencista buscaba una página en blanco en el rotafolio de la junta directiva a la que hablaría en unos instantes. En ese proceso se topó con una página en cuyo centro estaba escrito lo siguiente: “A la industria petrolera no le conviene tener demasiada gente inteligente”. ¿Qué es este prejuicio contra las personas que tienen la tara de intelectualidad? Que se sepa, la Constitución de 1961 sólo inhabilita para el ejercicio de los altos cargos públicos a quienes no son venezolanos por nacimiento, a quienes son demasiado jóvenes, a quienes son religiosos. (Si se comprende las enmiendas, a quienes han sido hallados culpables de delitos contra la cosa pública). No existe indicación alguna, ni en su texto original ni en las dos enmiendas subsiguientes, de la inhabilidad política de los “hombres de pensamiento”. ¿De dónde se saca entonces que éstos no deben mandar?

Escogí para epígrafe de ese trabajo la cuestión planteada el año precedente por Argenis Martínez:

La característica general de la política venezolana hasta ahora es que si usted está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país, entonces usted ya perdió las elecciones.

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He aquí el cierre del artículo de Luis Vicente León:

De acuerdo a esta definición del político puro, que ya habrá encrispado a los radicales por su desfachatez ética al plantear que más vale un político que resuelve problemas, entiende los momentos, negocie y solucione conflictos que aquel que se encierra en luchas intestinas, discursos emocionales y amenazas de perro echado que no puede operacionalizar, me gustaría plantear tres cosas relevantes: La primera es que no existe forma de resolver el problema venezolano sin contar con, al menos, un político puro, capaz de enamorar a la población para que confíe en él, aunque su tarea luzca inalcanzable, y que luego sepa convertir esa fuerza en presión de cambio, en tensión para lograr una negociación exitosa, en la que tendrá que sacrificar a veces legalidad, a veces justicia y siempre derechos propios para lograr el objetivo final, que en definitiva será el éxito político por el que deberá ser evaluado. La segunda es que no hay en este momento en Venezuela un político puro que nos permita ser optimistas en cuanto a la posibilidad del cambio en breve, aunque podríamos decir en su defecto que sí existen condiciones para que un actor diferente e inesperado llene ese vacío y se convierta en el fenómeno político necesario. Finalmente, tengo que decir a quienes ya están listos en sus redes para arrancar sus ataques sobre mi falta de escrúpulos en la definición del político necesario, que no me pertenece para nada. Es simplemente la suma textual de las definiciones de José Ortega y Gasset, uno de los más importantes filósofos españoles e Isaiah Berlin, considerado uno de los principales pensadores del siglo XX, referidos ambos por uno de mis escritores favoritos: Javier Cercas en Anatomía de un Instante. Atáquenlos a ellos.

Apartando que la última justificación que emplea—refugiado en Ortega y Gasset o Berlin—es una instancia del argumento de autoridaduna entre las más comunes falacias—razonamientos lógicamente inválidos con apariencia de invalidez—, León sobresimplifica al postular que la oposición única a su político “puro”, a quien sería “insuficiente o mezquino—DRAE: Falto de generosidad y nobleza de espíritu—juzgar éticamente”, es la de alguien “que se encierra en luchas intestinas, discursos emocionales y amenazas de perro echado que no puede operacionalizar”. La bondad no está reñida con la eficacia, ni obliga a luchas intestinas, a discursos emocionales o la incompetencia operativa; creer que ella castra la eficacia política es una simpleza.

…no es nada difícil recabar comprobación empírica de que la bondad es eficaz. La bondad funciona en la práctica. Los expertos en gerencia de personal ya abrazaban, a fines de los años sesenta del siglo pasado, la “Teoría Y”, que se oponía a una “Teoría X” que contemplaba cínicamente las motivaciones de los empleados de las empresas privadas. Sin darse cuenta de lo que hacían, eran, como Federico el Grande, antimaquiavélicos. Habían descubierto que, con mucho, era preferible ser amado que temido. El líder temido, no cabe duda, puede ser muy eficaz; con frecuencia logra sus propósitos. Pero para lograr metas más elevadas es necesario ser líder amado. No se puede convocar a grandes cosas desde el miedo. Es en este sentido práctico, plenamente realista, que Don Pedro Grases, el gran catalán venezolano, afirmaba en su septuagésimo cumpleaños: “La bondad nunca se equivoca”. Para quien había logrado escapar de la muy real y concreta tragedia de la Guerra Civil Española, eso no era poesía, sino constatación práctica. Una política fundada en ese sentimiento, a pesar de su hermosura, es perfectamente posible. (Y muy necesaria). (Reflexión postrimera, 27 de diciembre de 2007).

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La postura de León es frecuentemente compartida. Con ocasión (15 de octubre de 2012) del bautizo de un libro que recogía poemas de su madre, mi querido amigo Fernán Frías me presentó a un importante profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, a quien dijo con intención de elogiarme que yo era probablemente el mejor analista político venezolano. Intenté precisar enmendando su definición: “Analista político no; político”. Fernán reviró de inmediato: “Tú no eres político”, y su sentido del término era el mismo que empleara Luis Vicente León. Así que León está en buena compañía; Fernán Frías es señor de bondad. Reconozco, adicionalmente, que una autoridad mundial en estos temas piensa en líneas parecidas a las del afamado encuestólogo; se trata del profesor emérito de Ciencia Política en la Universidad Hebrea de Jerusalén, Yehezkel Dror:

La Realpolitik es cosa muy seria. Nos dice Wikipedia: “Realpolitik se refiere a la política o la diplomacia basada primariamente en el poder y en factores y consideraciones prácticas y materiales, antes que en nociones ideológicas o moralistas o premisas éticas”. Guerra es guerra, pues. La justificación implícita de la “política realista” es, en su límite, la siguiente: “A mí me gustaría que las cosas fuesen de otro modo, pero mi oponente, que en la prác­tica es todo aquel que no me está subor­dinado, es una persona a quien debo entender como perpetuamente en procura del engrandecimiento de su propio poder como un fin en sí mismo, y convencido de que la base de su poder descansa sobre la amenaza y el empleo de la fuerza física o la coerción económica. Es así como estoy moralmente justificado, por autopreservación, para em­plear cualquier medio de ganarle; es así como estoy moralmente obligado a ganar. Lo único inmoral es no ganar”. (Preámbulo de Dictamen, 21 de junio de 1986). La última frase me fue dicha varias veces, a modo de regaño, por un dirigente copeyano durante la campaña de Rafael Caldera en 1983. Luego de explicar a sus alumnos los principios de la Democracia Cristiana, los profesores del IFEDEC acostumbraban advertirles (me lo confió quien fuera su Director General a comienzos de los noventa): “Pero en política hay que sacar sangre”. La Realpolitik nos enseña que otra cosa es chuparse el dedo. Por eso, un candidato presidencial de COPEI estableció en su momento un laboratorio de guerra sucia que, entre otras cosas, elaboró para fines non sanctos una lista de homosexuales en Acción Democrática. Hasta quienes dicen regirse por una “ética política”—uno de los “principios para la acción” enumerados por Enrique Pérez Olivares en sus Principios de la Democracia Cristiana—han adoptado esa práctica. Ese modo de entender la política no es invento venezolano. En todo el planeta se admite la guerra sucia, se la justifica. En 2008, recibí del amigo y mentor Yehezkel Dror su estupendo trabajo The New Ruler: Leadership for the 21st Century. Leí con agrado su recomendación de sustituir la raison d’État por la raison d’humanité, pero debo admitir que me chocó leer su décimo cuarto consejo práctico a los “nuevos gobernantes”: “Para todo lo que hagas, por más válido que sea en sí mismo, necesitas mucho poder. Inevitablemente, tendrás que usar estratagemas que pueden ser inmorales. Úsalas con moderación y pon cuidado extra para no permitir que envenenen tu mente”. (Presunción de inocencia, 14 de septiembre de 2012).

Claro, no es típica la definición de político como resolvedor de problemas públicos sujeto a un código de ética profesional; la más empleada entiende por político a alguien que lucha por el poder. Admitiendo que practico con fruición el pecado capital de intelectualidad y que me sujeto a normas éticas que nunca he desatendido ¿ha impedido eso mi eficacia? No pareciera, a juzgar por mis logros profesionales en el Instituto para el Desarrollo Económico y Social, el grupo de empresas de Corimón, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas o el periódico La Columna de Maracaibo, al que conduje al Premio Nacional de Periodismo a sólo nueve meses de su reaparición y al primer lugar de circulación metropolitana en seis.

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Me rebelo ante la dicotomía postulada por Luis Vicente León; no se necesita la inmoralidad para ser político eficaz, y ser un intelectual no es óbice de lo mismo. Admitir lo que él postula es acoger el error, y éste sólo se supera con la verdad, no con otra equivocación. Si alguna profesión debe ejercerse con bondad es la política—ver El político virtuoso, 18 de octubre de 2007—, puesto que la visibilidad de los dirigentes políticos les convierte en modelos de conducta:

Cualquier cosa positiva que Chávez haya podido traer a su pueblo es anulada por esta permanente modelación de la violencia, por cuanto aquí el daño que infiere es a lo psíquico de nuestra sociedad. No hay, pues, nada que pueda salvar a las administraciones de Chávez en el registro de la historia, y esto debe ser explicado a sus partidarios en nuestra ciudadanía. Uno pudiera invitarles a que hicieran una lista de los aciertos de Chávez, pues por más larga que fuese sería reducida a la insignificancia al cotejarla con su perenne modelación de la violencia y la agresión, que deja cicatrices en el espíritu de la Nación. ¿Cómo puede disminuir la delincuencia en un país cuyo presidente la modela, exacerbando el azote que lacera por igual a sus partidarios y sus opositores? ¿Qué asaltante no se sentirá “dignificado” por la conducta presidencial, cuya agresividad y cuyo desprecio por la propiedad puede tomar por modelos? (Nocivo para la salud (mental), 5 de julio de 2007).

Así que procuraré siempre encontrar la verdad y decirla, a pesar de que Terencio afirmara en su comedia Andria (166 a. C.): “La verdad engendra odio”, y que Oscar Wilde asentara en La esfinge sin secreto (1894): “Solíamos decir de él que sería el mejor de los compañeros si no dijera siempre la verdad”. En algún día de octubre de 2015 señalé a un dirigente de Voluntad Popular que Luis Florido había faltado a la verdad el 20 de septiembre de 2014, al afirmar públicamente—lo que recogió la página web de su partido—que había sido “activado el Poder Constituyente” en acto en “un céntrico hotel de Barquisimeto” al que asistieron tal vez tres centenares de personas. Aquel dirigente excusó la cosa reponiendo: “Bueno, pero eso es una frase política”, como si tal cosa autorizara la falsedad manipuladora, como si eso convirtiera a Florido en “un político puro”.

Pero rescato del lamentable artículo de León esta idea: “…no hay en este momento en Venezuela un político puro que nos permita ser optimistas en cuanto a la posibilidad del cambio en breve, aunque podríamos decir en su defecto que sí existen condiciones para que un actor diferente e inesperado llene ese vacío y se convierta en el fenómeno político necesario”. Por ahí viene, creo. LEA

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Guerra civil (oral)

 

Ofrenda de Edvard Grieg a Henrik Ibsen

Durante el programa #331 de Dr. Político en RCR pudo examinarse algunos de los desvaríos más notorios de los discursos oficialista y opositor en el intercambio político nacional, pero también la incipiente acogida de la tesis reiterada de Dr. Político: que una consulta a la Corona, el Pueblo, es necesaria para resolver el inútil conflicto que causa la hiperinflación de costos sociales de aquella confrontación. De Richard Strauss escuchamos el apacible tema de la primera sección de su poema sinfónico Muerte y Transfiguración; de Edvard Grieg, el hermoso Lamento de Ingrid (El rapto de la novia), de su segunda suite de Peer Gynt, la música incidental que compusiera para la obra teatral homónima de Henrik Ibsen, el gran dramaturgo noruego.

He aquí el archivo de audio de esa transmisión:

LEA

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Epidemia alucinatoria

 

Así se ve lo que no está

 

alucinar Del lat. allucināri. 1. tr. Ofuscar, seducir o engañar haciendo que se tome una cosa por otra. 2. tr. Sorprender, asombrar, deslumbrar. U. t. c. intr. y c. prnl. 3. tr. coloq. Arg. Fantasear, imaginar vivamente algo. Aluciné que viajaba por el espacio. 4. intr. Padecer alucinaciones. 5. prnl. Confundirse, desvariar.

Diccionario de la Lengua Española

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La siguiente perla, del diputado a la Asamblea Nacional Constituyente Gerardo Márquez, se refiere a la Asamblea Nacional que ahora preside Juan Guaidó: “Propongo que esa Asamblea y esa directiva, que está en desacato y que apoya las agresiones en contra de Venezuela, sea disuelta como lo establece la Constitución”.

¿Qué establece al respecto la Constitución Nacional?

Artículo 236. Son atribuciones y obligaciones del Presidente o Presidenta de la República: (…)  21. Disolver la Asamblea Nacional en el supuesto establecido en esta Constitución.

¿Cuál es ese supuesto?

Artículo 240. La aprobación de una moción de censura al Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, por una votación no menor de las dos terceras partes de los integrantes de la Asamblea Nacional, implica su remoción. El funcionario removido o funcionaria removida no podrá optar al cargo de Vicepresidente Ejecutivo Vicepresidenta Ejecutiva o de Ministro o Ministra por el resto del período presidencial. La remoción del Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva en tres oportunidades dentro de un mismo período constitucional, como consecuencia de la aprobación de mociones de censura, faculta al Presidente o Presidenta de la República para disolver la Asamblea Nacional. El decreto de disolución conlleva la convocatoria de elecciones para una nueva legislatura dentro de los sesenta días siguientes a su disolución.

La Asamblea Nacional no ha causado la remoción del Vicepresidente Ejecutivo de la República ni una sola vez, mucho menos tres veces. El diputado Márquez ha puesto de manifiesto su ignorancia constitucional, y eso que se supone que el cuerpo al que pertenece redactará una nueva constitución (un proyecto que no entrará en vigencia hasta que el Pueblo la apruebe en referendo especialmente convocado a tal fin). El diputado Márquez desvaría, confunde, alucina.

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En otra asamblea, la “normal”, también se alucina. Esta vez el anuncio fue proporcionado por el diputado Luis Parra, militante de Primero Justicia:

El diputado a la Asamblea Nacional (AN), Luis Parra, informó que el Parlamento aprobó este martes un anteproyecto de Ley la cual rige la transición democrática, así como el restablecimiento de la vigencia de la Constitución de cara al 10 de enero, fecha en la cual Nicolás Maduro se juramentará para su segundo periodo presidencial. En este sentido, el parlamentario destacó que “esto es una lucha que convoca a todo el país a través de la única institución legitima reconocida a nivel nacional e internacional”. Cabe destacar que esta Ley nace producto de la crisis constitucional sin precedente que atraviesa Venezuela; todo en el marco del colapso económico y social que está ocasionando la emergencia humanitaria compleja y la crisis masiva de refugiados y migrantes. (Primicias24).

Se conoce el texto de ese anteproyecto, que lleva por compacto título: Ley del Estatuto que rige la Transición a la Democracia y el Restablecimiento de la Vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. En su exposición de motivos se encuentra ya no una perla, sino un collar entero de ellas con varias vueltas. Por ejemplo, allí se lee:

…la ilegítima asamblea nacional constituyente organizó de manera apresurada un fraudulento evento político el 20 de mayo de 2018, pretendiendo celebrar las elecciones presidenciales que, en todo caso, han debido convocarse y efectuarse con al menos seis meses de antelación al vencimiento del período presidencial, de conformidad con el artículo 298 de la Constitución. Tal evento fue consecuencia de una abierta violación a los derechos humanos de contenido electoral y de la usurpación de las funciones del Poder Electoral y de la Asamblea Nacional, con lo cual, es jurídicamente inexistente, como ya esta Asamblea lo ha declarado con base en los artículos 25 y 138 de la Constitución.

¿Qué dice el Artículo 298? “La ley que regule los procesos electorales no podrá modificarse en forma alguna en el lapso comprendido entre el día de la elección y los seis meses inmediatamente anteriores a la misma”. Ésa es la Ley Orgánica de Procesos Electorales, que no dice nada al respecto y que no ha quedado modificada de ningún modo con la fijación de una fecha que no se opone a esa ley o la Constitución; sólo contradice la costumbre.

¿Qué dice el Artículo 25? “Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo, y los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores”. ¿Cómo viola o menoscaba derechos constitucional o legalmente garantizados una anticipación legal?

¿Y el Artículo 138? “Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos”. Atendamos de inicio a un artículo más básico, al punto de ser nada menos que el noveno: “El idioma oficial es el castellano”. ¿Qué significa usurpar en nuestro idioma oficial, obligatorio? Una página web chilena lo explica muy bien:

La palabra usurpar viene del latín usurpare, que es un vocablo compuesto perteneciente al campo jurídico. Se compone de usus (derecho de utilización y goce que uno tiene sobre lo suyo) y la raíz compacta del verbo rapere (arrebatar, agarrar con violencia, robar). Es así como usurpar significa arrebatar, apoderarse de un derecho de uso que corresponde a otro.

El diccionario define:

usurpar (Del lat. usurpare.) 1. tr. DERECHO Apoderarse de una propiedad o derecho que por ley pertenece a otra persona, en general con violencia. 2. Quitar a una persona su cargo o su empleo y usar de ellos como si fueran propios.

¿A quién ha quitado el Sr. Maduro su cargo o su empleo? La Asamblea Nacional debiera encontrar una etiqueta distinta de usurpación.

Etiquetar es encasillar,​ describir a alguien o algo en una palabra o frase corta.​

Existen argumentos a favor de la etiquetación como fórmula necesaria en la comunicación,​ sin embargo, el uso del término tiende a remarcar el hecho de que etiqueta es una descripción aplicada desde fuera, más que algo intrínseco a la persona etiquetada; esto puede darse por varias razones:

Para provocar una discusión sobre cual es la mejor descripción

Para rechazar una etiqueta determinada

Para rechazar la idea de que la cosa etiquetada puede ser descrita mediante una frase corta.

Este último uso muestra como una descripción corta es reductiva y simplista. El uso de etiquetas está asociada al uso de estereotipos y puede tener los mismos inconvenientes.

(Wikipedia en Español).

En el Diccionario de la Lengua Española, que es la oficial: etiquetar 3. tr. Asignar a alguien o algo una etiqueta (‖ calificación simplificadora). Rehúsa que lo etiqueten como novelista superficial.

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Lamento encontrar asimismo confusión en la Conferencia Episcopal Venezolana, reunida en su centésima undécima asamblea plenaria. Su exhortación final dice:

Como señalamos en nuestra Exhortación del 11 de julio de 2018, “reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo (para elegir el Presidente de la República) fue ilegítima, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente impuesta por el poder ejecutivo. Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y en los más altos principios de dignidad del pueblo”. Por tanto, la pretensión de iniciar un nuevo período presidencial el 10 de enero de 2019 es ilegítima por su origen, y abre una puerta al desconocimiento del Gobierno porque carece de sustento democrático en la justicia y en el derecho.

Bueno, acabo de despachar esas falsas premisas de las que se deriva una falsa conclusión, pero más adelante el documento expone:

En esta crisis política, social y económica, la Asamblea Nacional, electa con el voto libre y democrático de los venezolanos, actualmente es el único órgano del poder público con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias. En efecto hace tres años (1-12-2016) el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, pidió que se restituyera cuanto antes a la Asamblea Nacional el rol previsto en la Constitución.

¿Por qué es un órgano con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias? ¿Porque fue compuesta en elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 organizadas por el Consejo Nacional Electoral, que dio los resultados y también organizó la elección presidencial del 20 de mayo de 2018 y dio sus resultados? En cuanto a la solicitud de monseñor Parolin, fue la misma Asamblea Nacional la que cosió la camisa de fuerza que ahora le maniata, al producir la declaración de que era un “compromiso no transable” suyo “buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno”. (Henry Ramos Allup, discurso inaugural como Presidente de la Asamblea Nacional, 5 de enero de 2016). Ese propósito no tiene fundamento constitucional, no es prerrogativa de la Asamblea Nacional procurar la cesación del gobierno y por tanto no podía ser en ningún modo un “compromiso no transable” de ese órgano.

Traté de impedir que errores como ésos se cometieran. El 6 de los corrientes envié a un destacado obispo y a un común amigo, quien a su vez las dio a conocer a otros dos importantes miembros de la CEV, unas notas—Misiva a un obispo _ Dr. POLÍTICO—que precontradecían lo citado, anticipando su retórica. Eso no resultó.

Veremos qué pasa con el gobierno a partir de mañana. Para mí que es la Asamblea Nacional la que tiene nombre de telenovela: La usurpadora. LEA

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Primer programa del año

La 2da. Sinfonía de P. I. Tchaikovsky

En fecha de instalación de la Asamblea Nacional para el período de sesiones de 2019, el programa #330 de Dr. Político en RCR se concentró en las expectativas de desconocimiento de Nicolás Maduro como Presidente Electo de la República por parte del Poder Legislativo, según lineas establecidas por el Grupo de Lima o la Academia de Ciencias Políticas y Sociales, con pronunciamientos en esa dirección en el día de ayer. Dos segundos movimientos de segundas sinfonías—Adagio de Johannes Brahms y Andantino de P.I. Tchaikovsky—se ofreció a los oyentes en este día. (Erróneamente atribuí a la sinfonía de Tchaikovsky el nombre de Viento de invierno; en verdad se la conoce como Pequeña rusa). Acá abajo, el archivo de audio de la transmisión:

LEA

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Adiós, 18. Hola, 19.

Este año será mejor por estos cantantes—Veniamin. Anastasia y Vsevolod—en la canción fundamental de John Lennon: Imagine. (Véalos y óigalos a pantalla completa).

 

Imagine, torre de luz en honor a John Lennon en Islandia

Imagine there’s no heaven
It’s easy if you try
No hell below us
Above us, only sky
Imagine all the people living for today
Imagine there’s no countries
It isn’t hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion, too
Imagine all the people living life in peace
You…

[Coro]
You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope some day you’ll join us
And the world will be as one

Imagine no possessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
A brotherhood of man
Imagine all the people sharing all the world

 

Imaginen a toda la gente compartiendo todo el mundo. Imaginen a todo el Pueblo mandando. Así haremos que 2019 sea bueno. LEA

 

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