Doble conminación

Apuntando a dos blancos

 

En el programa de Dr. Político por Radio Caracas Radio del último sábado (emisión #241) se dirigió una exigencia a los Poderes Legislativo y Ejecutivo Nacionales (y al Partido Socialista Unido de Venezuela y la Mesa de la Unidad Democrática)* para que acuerden convocar al Poder Constituyente Originario, a fin de que este Poder Supremo del Estado venezolano dilucide las cuestiones fundamentales de nuestra problemática política: la conveniencia para el país de un régimen político-económico socialista y la celebración de elecciones presidenciales inmediatas. Estas cosas no requieren de un diálogo complicado o prolongado y tampoco el “acompañamiento” de expresidentes o enviados pontificios; basta que cada una de las partes entienda que la democracia participativa tiene la solución a la crisis política nacional: “Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional”. (Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).

He aquí el fragmento de audio correspondiente a ese reclamo:


LEA

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* Venebarómetro, febrero de 2017: PSUV, 24,5%; los cinco mayores partidos de la MUD (el quinto COPEI con 1,0%) suman 25,9%; no saben o no responden, 40,8%.

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A cañonazos

Un compositor acosado por Stalin

La sesión #241 del programa de Dr. Político en RCR procedió por andanadas acerca de la emergencia y la “guerra” económicas, el tema de la consideración de la situación venezolana en el seno de la Organización de Estados Americanos, el retraso constitucional en materia de las elecciones estadales y municipales y la renuencia de los Poderes Legislativo y Ejecutivo nacionales a tomar la opinión del Poder Constituyente Originario sobre asuntos cruciales de nuestra vida política. La angustia del tercer movimiento de la Quinta Sinfonía en Re menor de Dmitri Shostakovich fue superada por la poderosa y triunfal alegría de su cuarto movimiento. He aquí el archivo de audio de esta transmisión:

LEA

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Atribuciones de una autoridad planetaria

Opinión de un ciudadano del mundo

 

El conocimiento de un único gobierno temporal sobre la humanidad es lo más importante y lo menos explorado. Dado que esta teoría es una ciencia práctica, su primer principio es la meta de la civilización humana, la que debe ser una y la misma para todas las civilizaciones particulares. Por el gobierno temporal del mundo o imperio universal entendemos un único gobierno sobre todos los hombres en el tiempo, esto es, sobre y en todas las cosas que pueden ser medidas en tiempo.

Dante Alighieri De Monarchia, 1313

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Todavía falta tiempo bastante para que una conciencia irreversible se apodere de los seres humanos: que la suprema condición política es la de ciudadano del planeta, que la polis que finalmente tiene sentido es la planetaria.

Ciudadanía mundialCarta Semanal #285 de doctorpolítico, 8 de mayo de 2008

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Lectura obligatoria

Urgently needed is a Humanity Constitution which institutionalizes a suitable global regime and decision-making bodies, while avoiding “structural sin”, such as expanding interventions beyond what is essential.

Yehezkel DrorAvant-Garde Politician – Leaders for a New Epoch, 2014

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En la carta de la que procede el segundo epígrafe, se formulaba el problema hace casi una década en estos términos:

…no tenemos gobierno mundial. Hay una asociación de estados-nación, más bien tenue, en la Organización de las Naciones Unidas, y ciertamente han ido añadiéndose instituciones planetarias con autoridades hasta hace poco inexistentes. (La Corte Penal Internacional es el caso más destacado y significativo). Por otra parte, hay megaprocesos cuya presión va llevándonos a conformar, en algún momento no tan lejano, una polis del mundo. Hay un calentamiento global que todos causamos, desde una vaca en Abisinia hasta un fumador en Estocolmo, desde un tractorista en Wisconsin hasta un talador en la Selva Amazónica. El clima no reconoce fronteras. Hay, desde hace tiempo ya, corporaciones transnacionales, pero también crimen transnacionalizado, desde el más vulgar hasta el terrorista, incontenible por policías locales. Hay, también, un cerebro del mundo en construcción. Google procesa ya alrededor de mil millones de búsquedas por día, y todavía la Internet está en pañales. Nos preocupa Chávez, pero también Putin y Bush, y se nos engurruña el corazón con un volcán chileno o un ciclón birmano. El mundo es plano, argumenta Thomas Friedman.

Es necesario un pacto federal que transfiera a una autoridad central planetaria ciertas atribuciones. ¿Cuáles serían? ¿Quiénes serían las autoridades de ese Estado global? ¿Cómo se les elegiría? Debe haber una legislatura planetaria, tal vez construible sobre una reforma de la Asamblea de las Naciones Unidas, pero probablemente haya que sustituir el Consejo de Seguridad por un Senado Planetario, compuesto por miembros elegidos por los bloques de la “geotectónica política”. Hay ya grandes bloques en el planeta bajo autoridad única: EEUU, Rusia, China, India, Europa, Australia. Hay protobloques en América del Sur y África, así como subbloques en Centroamérica. Hay entidades que tienen más bien base religiosa, como el Islam, que agrupa a más de 1.200 millones de almas. ¿Cómo sería y cómo pudiera establecerse un gobierno mundial viable y beneficioso? ¿Cómo se pagará?

En la base de todo tendría que estar la conciencia apuntada al principio: la de que en verdad somos, por encima de cualquier otra cosa, ciudadanos del planeta; la de que es una nueva soberanía planetaria, emanada del único pueblo del mundo, lo que dará base a un gobierno del mundo.

Esta última noción, la de soberanía planetaria, establece la única legitimidad posible para un gobierno del mundo: que la “Constitución de la Humanidad” propuesta por Yehezkel Dror sea aprobada por una mayoría calificada—¿dos terceras partes?—de la población del mundo expresada en referéndum, lo que es, en época de la extensa Internet, tecnológicamente posible. Cualquier otra cosa sería la imposición aristocrática de los barones del mundo. Aquí difiero de esta percepción del Prof. Dror: “La democracia global, en un sentido u otro, no es factible en el futuro previsible y la ficción de la igualdad entre los estados no puede servir de base para el régimen global requerido”. Si bien su advertencia opera para la toma de decisiones ordinaria de una autoridad mundial, sólo un origen constitucional democrático de ésta en un referéndum planetario que es viable dará fundamento a su legitimidad. Pudiera organizarlo un Consejo Mundial Electoral que presida Mark Zuckerberg.

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A la creación de los Estados Unidos en América del Norte (1777), sus padres fundadores redactaron y aprobaron su primer texto constitucional, en el que establecieron la igualdad fundamental de tránsito y comercio de sus ciudadanos—salvo para los pordioseros, vagabundos y prófugos de la justicia—en todo el territorio de la unión (la integración económica de un plumazo en su Artículo 4).* En ese documento—Articles of Confederation—se plasmó la sabia decisión de limitar los poderes del nuevo estado federal a tres cosas: 1. la conformación y jefatura de un solo ejército; 2. la dirección de una sola política exterior; 3. el establecimiento y administración de una sola moneda. (En el Artículo Segundo se estableció clara y explícitamente: “Cada estado retiene su soberanía, libertad e independencia, y todo poder, jurisdicción y derecho que no sean por esta Confederación expresamente delegados a los Estados Unidos reunidos en Congreso”).

Algo así sería necesario para establecer una autoridad planetaria, la Global Authority que Dror visualiza;** la propone formada por un Directorio, un Consejo—mayormente científico—y una Corte Global de Justicia. Es de suprema importancia que Dror especifique un espacio a la inteligencia y el conocimiento en el Consejo de tal gobierno mundial. (Carl Sagan era más radical, según reporta Guy Soreman en Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo):

¿Qué propone, pues, Sagan a una humanidad bloqueada incómodamente a medio camino entre la mundialización y la autodestrucción? Es poco probable, estima él, que la sabiduría gane la batalla, si permanecemos encerrados en los marcos políticos y mentales concebidos en una época en que los hombres eran menos numerosos e incapaces de destruir el planeta. Sólo la utopía es hoy razonable. La utopía política: hay que retirarle el poder a la clase política, para dárselo… ¡a los sabios! “La ciencia tiene respuestas, a condición de que se nos quiera escuchar”. (Citado en La hora del filósofo-rey).

En la tradición de Elías

Dror sugiere tentativamente que el Consejo “esté compuesto por 16 miembros, la mitad de ellos ganadores del Premio Nobel” que sean menores de 60 años de edad. (¿Debiera permitirse que las academias sueca y noruega, por más prestigiosas que sean, determinen la composición de la mitad de un cuerpo de autoridad mundial?) Pero Dror tiene razón al incluir bajo ese Consejo lo relativo a la “evaluación de los peligros que se deriven de desarrollos de la ciencia y la tecnología”, que han sido su preocupación constante; hay que hacer caso al autor de Crazy States (1971),*** al vigilante del terrorismo como fenómeno, cada vez más globalizado y sofisticado.

En todo caso, y más allá de esa área específica, falta por establecer cuáles serían los asuntos sobre los que la autoridad mundial debiera tener injerencia exclusiva.

Como a los estadounidenses de 1777, convendría mucho a los pueblos de la tierra que hubiera en el planeta una única moneda, pues así cesarían de cuajo los serios problemas que se derivan de las tasas de cambio diferenciales de monedas diferentes. Esto es, debe pensarse en una autoridad monetaria única del mundo, y tal vez esto deba caer fuera de las tres instituciones sugeridas por Dror, del mismo modo que un banco central sano goza de autonomía respecto de la autoridad ejecutiva en un país sanamente gobernado. (Es previsible que una moneda única mundial llegue a expresarse como criptomoneda, como bitcoin).

En materia de defensa, debiera pasar al dominio exclusivo de la autoridad mundial todo el arsenal de armas de destrucción masiva; no debe permitirse, por ejemplo, a ninguna nación la posesión de armas nucleares.

Mucho se ha pensado, en una especie de convicción de invulnerabilidad final muy acusada en nuestro pueblo, que una conflagración nuclear en países del Hemisferio Norte (OTAN-Varsovia), si bien nos afectaría grandemente por el lado económico, al menos nos sería leve en cuanto a lo físico, a los daños por los efectos mismos de las explosiones, entre otras cosas por distancia y por factores naturales tales como el pulmón del Matto Grosso. Pero los modelos más recientes de meteorología nuclear nos muestran cómo nos veríamos directa e impensablemente afectados por un invierno artificial de proporciones cataclísmicas, que incluiría la traslación, por inversión de los ciclos eólicos normales, de nubes de hollín y polvo que harían barrera a más del 90% de la radiación solar incidente (con lo que muy pronto la superficie terrestre descendería a temperaturas de subcongelación) y de nubes intensamente radiactivas. (Para un caso base de un intercambio de 5.000 megatones, equivalente a la mitad del arsenal actual. Ackerman, Pollack y Sagan, Scientific American, agosto de 1984). (En Debate Viso, Urbaneja, Alcalá; 10 de diciembre de 1984).

Luego, es mi opinión que la exploración del espacio extraterrestre, así como la posible explotación de recursos fuera de la tierra, debe ser conducida por la autoridad mundial: “Los astrofísicos consideran muy seriamente la posibilidad de vida inteligente extraterrestre. En realidad, dado el gigantesco número de estrellas y galaxias, contadas por centenares de millones, la hipótesis de que estamos solos en el cosmos resulta, decididamente, una conjetura presuntuosa”. (Un tratamiento al problema de la calidad de la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990). “Para prevenir escenarios de invasiones agresivas extraterrestres, o para demoler aerolitos amenazantes en imitación de Bruce Willis en Armagedón, la Organización de las Naciones Unidas debiera asumir un único control planetario de esta clase de armamentos [nucleares]”, escribía en Ideas para la crisis el 7 de abril de 2009. Bueno, ahora ese control debiera estar en manos de la autoridad global droriana.

La demolición de las torres gemelas del Centro Mundial de Comercio en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, fue el primer acto de hiperterrorismo por el que el mundo se alarmara y acongojara, y el gobierno de los Estados Unidos respondió con una retaliación militar, la invasión de Irak, que habría sido lo indicado si se tratara de que un estado fuera el responsable de los ataques. Pero, por más grande que fuese, el monstruoso atentado fue un hecho criminal a tratar policialmente, sólo que no tenemos una policía antiterrorista mundial. Pues bien, ella debe ser establecida para ocuparse del terrorismo transnacional y tal vez otros delitos penetrantes de fronteras, como el tráfico de armas y la trata de blancas. Necesitamos una policía planetaria, un FBI mundial. (Precedente: el secuestro del hijo de Charles Lindbergh y Anne Morrow en 1932 propulsó la declaratoria de esa ofensa como delito federal; es decir, fue sustraída de la jurisdicción penal de los estados una vez que sus fronteras fueran cruzadas por los secuestradores).

Definitivamente, por último, debe caer bajo el control de la autoridad mundial lo concerniente a la protección del ambiente terrestre, con multas y todo. “El clima no reconoce fronteras”, y en esto, como también en los restantes problemas, la autoridad mundial puede echar mano de los recientes progresos en materia de acuerdos internacionales; en este caso, sobre la protección ambiental del mundo.

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En suma, hay que pensar como Yehezkel Dror lo hace. Ya en 2001 proponía en su reporte al Club de Roma (The Capacity to Govern) una noción que relanzaría una década después en The New Ruler: que la razón de Estado debía ser superada por la razón de Humanidad. LEA

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* The better to secure and perpetuate mutual friendship and intercourse among the people of the different States in this Union, the free inhabitants of each of these States, paupers, vagabonds, and fugitives from justice excepted, shall be entitled to all privileges and immunities of free citizens in the several States; and the people of each State shall free ingress and regress to and from any other State, and shall enjoy therein all the privileges of trade and commerce, subject to the same duties, impositions, and restrictions as the inhabitants thereof respectively, provided that such restrictions shall not extend so far as to prevent the removal of property imported into any State, to any other State, of which the owner is an inhabitant; provided also that no imposition, duties or restriction shall be laid by any State, on the property of the United States, or either of them.

** En el siguiente enlace puede descargarse una sección del capítulo Circumscribed Global Leviathan de Avant-Garde Politician – Leaders for a New Epoch (págs. 39-42) de Yehezkel Dror, en archivo de formato .pdf: Global Authority

*** “Un estado loco 1. tiene objetivos muy agresivos en contra de otros; 2. mantiene un profundo e intenso compromiso con esos objetivos (dispuesto a pagar un alto precio por su logro y a correr grandes riesgos); 3. está imbuido de un sentido de superioridad frente a la moralidad convencional y las reglas habitualmente aceptadas de la conducta internacional (dispuesto a la inmoralidad e ilegalidad en términos convencionales en nombre de ‘valores superiores’); 4. exhibe un comportamiento lógicamente consistente dentro de tales paradigmas; 5. lleva a cabo acciones externas que impactan la realidad (incluyendo el uso de símbolos y amenazas)”. A los veinte años de la publicación de Crazy States, Daniella Ashkenazy entrevistaba a Dror en The Jerusalem Post; allí destacó:

Crazy States was written in an era before terrorists and separatist and liberation movements began blowing up aircraft and buses, kidnapping civilians and politicians, and killing Olympic sportsmen. Dror put a great deal of energy into proving that his vision of the future was within the realm of probabilities. Crazy States mapped out a vision that humanists found hard to accept. The prestigious American Political Science Review observed: “Brilliant thinking … but how can he be so fantastic and distanced from reality?” In retrospect, while Dror may have the last laugh, it’s a hollow one. “I have mixed feelings about being right – both satisfaction and regret,” he replied; “intellectual satisfaction; regret as a human being.”

“Resueno, pues, con la tristeza de Yehezkel Dror; no hay diversión en ver cómo se desenvuelve un resultado negativo del que uno advirtiera”. (Hallado lobo estepario en el trópico, 28 de mayo de 2011).

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La incomprensión como base del disgusto

No le gusta mi conducción

 

El sábado pasado, a las 2:33 p. m., una dama que se identificó como residente de Caracas y de nombre que mantendré en reserva, se sintió con derecho a penetrar mi celular privado para enviarme un mensaje de censura por mi comportamiento de ese día en el programa de RCR: Dr. Político.

El texto que puso dice, a mayúsculas cerradas y con algunas abreviaturas, lo siguiente: ALCALA X DIOS APRENDE A ESCUCHAR PERMITE QUE LA GENTE HABLE SIN INTERRUMPIRLOS. ES A JURO Q UD DEBE TENER LA ULTIMA PALABRA.

Esa persona está radicalmente equivocada, por varias razones. Primero, no es cierto que yo deba tener a juro la última palabra. El 24 de septiembre de 1995 juré públicamente, en un programa que conducía por la época en Unión Radio, cumplir un código de ética de la política que había compuesto no hacía mucho, y del que nunca me he apartado porque su redacción no era sino poner en cláusulas ordenadas lo que siempre había sido mi conducta. Las estipulaciones quinta y sexta de ese juramento dicen: “Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia”, y “No dejaré de aprender lo que sea necesario para el mejor ejercicio del arte de la Política, y no pretenderé jamás que lo conozco completo y que no hay asuntos en los que otras opiniones sean más calificadas que las mías”.

Luego, en muchas ocasiones he explicado que las interacciones con los oyentes son conversaciones; no se trata de que algún oyente pueda exponer un discurso completo que debo escuchar y responder al final en conjunto. Cuando en ocasiones intervengo antes de que la conversación pase a otro punto, siempre dejo espacio para que el oyente continúe hablando y, si quiere, intente refutar lo que acabo de decirle. Así dije, por ejemplo, a Don José Miranda. Al último participante, Don Pedro Viloria, que bastante ha intervenido en mi programa desde hace años y nunca se ha quejado de que no le escucho o no lo dejo hablar, le comenté lo que él acababa de decir y le indiqué que debía cerrar el programa pues el tiempo se había agotado.

Tercero, como conductor del programa, debo cumplir funciones de director de debate. En un régimen parlamentario o, como lo llaman los sajones, según las reglas del orden de debate, es el director de éste quien puede declarar que un asunto, por ejemplo, está fuera de orden, y conducir la discusión de modo que ésta se desenvuelva con lógica argumentativa.

Cuarto: el empleo de mayúsculas cerradas, escribir todo con mayúsculas en el contexto telefónico y de Internet, es tenido por el equivalente de gritar; es decir, a eso se le considera mala educación y, por supuesto, lo que se escriba así no aumenta ni en un gramo su verdad, que en este caso es exactamente igual a cero.

Quinto: en más de una ocasión en mi programa (que el sábado pasado alcanzó las 240 emisiones) he reconocido equivocaciones mías, incluso en casos, que son la mayoría, en los que sea yo quien se percate de un error que haya cometido. Podría escamotear eso, pero opto por destaparlo. En un texto mío de 1985, escribí: “Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra”.

Por último: jamás me ha molestado que alguien me señale que estoy equivocado; por lo contrario, algo así me alegra porque aprendo y me ofrece la oportunidad de corregir, y no olvido mi agradecimiento. Un ejemplo: en una cierta organización que dirigía ejecutivamente me tomó tres meses formular las bases de su plan, las que presenté a la junta directiva. Ésta las aprobó por completo y yo participé esto a los ejecutivos que me estaban subordinados; uno de ellos, a quien yo había contratado, señaló un mejor arreglo que el que yo había propuesto para la unidad que él dirigía. De inmediato reconocí ante mis subalternos que la fórmula de Juan, que así se llamaba, ya fallecido, era superior a mi proposición. El lunes siguiente, admití a la junta que lo que le había propuesto yo había sido superado por una opinión distinta de la mía, y solicité su aprobación de lo propuesto por Juan. Hoy, a 37 años de esos hechos, recuerdo el episodio con agradecimiento y alegría.

De modo que la señora que invadió mi privacidad no tiene razones válidas para regañarme, y si creyó que era su deber hacerlo, ha debido llamar al programa, en vez de penetrar mi espacio privado desde su celular para ejercer una presión indebida y odiosa. Cuando quiera llamar, será bienvenida, siempre y cuando sea para aportar una lectura que sea útil a nuestra conversación de los sábados y no para calmar sus injustos desagrados.

Hay un modo de reducir la equivocación: no decir sino aquello de lo que se está seguro, o al menos algo de cuyo error no hay seguridad. Es eso lo que procuro hacer en el programa que conduzco, y cuando no tengo seguridades de algo así lo advierto en cuanto hablo, como he hecho varias veces.

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Advertí a la dama que leería su mensaje en mi programa del próximo sábado 25 de marzo para comentarlo, y he bloqueado su número en mi línea. LEA

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El arropamiento correcto

Un compositor jocoso

Hoy arribó a su entrega #240 el programa Dr. Político en RCR. La sesión fue dedicada, primeramente, a satisfacer inquietudes de dos oyentes y a comentar la proposición adelantada por Monseñor Pérez Morales: la sociedad civil debe arropar a los partidos políticos y forzar un gobierno de transición que conlleve a la reconstitucionalización del país. Se argumentó, como ya se hizo en este blog, que lo que debe ser arropado es la Asamblea Nacional, el órgano supremo de la democracia representativa, constituido por los representantes de nosotros. En continuación del “mes de las quintas sinfonías”, escuchamos el tema ancho del tercer movimiento de la Quinta Sinfonía en Mi bemol mayor de Jan Sibelius y el inicio del segundo movimiento de la Quinta Sinfonía en Si bemol mayor de Sergio Prokofiev. A continuación el archivo de audio de esta emisión:

LEA

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