Epidemia alucinatoria

 

Así se ve lo que no está

 

alucinar Del lat. allucināri. 1. tr. Ofuscar, seducir o engañar haciendo que se tome una cosa por otra. 2. tr. Sorprender, asombrar, deslumbrar. U. t. c. intr. y c. prnl. 3. tr. coloq. Arg. Fantasear, imaginar vivamente algo. Aluciné que viajaba por el espacio. 4. intr. Padecer alucinaciones. 5. prnl. Confundirse, desvariar.

Diccionario de la Lengua Española

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La siguiente perla, del diputado a la Asamblea Nacional Constituyente Gerardo Márquez, se refiere a la Asamblea Nacional que ahora preside Juan Guaidó: “Propongo que esa Asamblea y esa directiva, que está en desacato y que apoya las agresiones en contra de Venezuela, sea disuelta como lo establece la Constitución”.

¿Qué establece al respecto la Constitución Nacional?

Artículo 236. Son atribuciones y obligaciones del Presidente o Presidenta de la República: (…)  21. Disolver la Asamblea Nacional en el supuesto establecido en esta Constitución.

¿Cuál es ese supuesto?

Artículo 240. La aprobación de una moción de censura al Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, por una votación no menor de las dos terceras partes de los integrantes de la Asamblea Nacional, implica su remoción. El funcionario removido o funcionaria removida no podrá optar al cargo de Vicepresidente Ejecutivo Vicepresidenta Ejecutiva o de Ministro o Ministra por el resto del período presidencial. La remoción del Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva en tres oportunidades dentro de un mismo período constitucional, como consecuencia de la aprobación de mociones de censura, faculta al Presidente o Presidenta de la República para disolver la Asamblea Nacional. El decreto de disolución conlleva la convocatoria de elecciones para una nueva legislatura dentro de los sesenta días siguientes a su disolución.

La Asamblea Nacional no ha causado la remoción del Vicepresidente Ejecutivo de la República ni una sola vez, mucho menos tres veces. El diputado Márquez ha puesto de manifiesto su ignorancia constitucional, y eso que se supone que el cuerpo al que pertenece redactará una nueva constitución (un proyecto que no entrará en vigencia hasta que el Pueblo la apruebe en referendo especialmente convocado a tal fin). El diputado Márquez desvaría, confunde, alucina.

………

En otra asamblea, la “normal”, también se alucina. Esta vez el anuncio fue proporcionado por el diputado Luis Parra, militante de Primero Justicia:

El diputado a la Asamblea Nacional (AN), Luis Parra, informó que el Parlamento aprobó este martes un anteproyecto de Ley la cual rige la transición democrática, así como el restablecimiento de la vigencia de la Constitución de cara al 10 de enero, fecha en la cual Nicolás Maduro se juramentará para su segundo periodo presidencial. En este sentido, el parlamentario destacó que “esto es una lucha que convoca a todo el país a través de la única institución legitima reconocida a nivel nacional e internacional”. Cabe destacar que esta Ley nace producto de la crisis constitucional sin precedente que atraviesa Venezuela; todo en el marco del colapso económico y social que está ocasionando la emergencia humanitaria compleja y la crisis masiva de refugiados y migrantes. (Primicias24).

Se conoce el texto de ese anteproyecto, que lleva por compacto título: Ley del Estatuto que rige la Transición a la Democracia y el Restablecimiento de la Vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. En su exposición de motivos se encuentra ya no una perla, sino un collar entero de ellas con varias vueltas. Por ejemplo, allí se lee:

…la ilegítima asamblea nacional constituyente organizó de manera apresurada un fraudulento evento político el 20 de mayo de 2018, pretendiendo celebrar las elecciones presidenciales que, en todo caso, han debido convocarse y efectuarse con al menos seis meses de antelación al vencimiento del período presidencial, de conformidad con el artículo 298 de la Constitución. Tal evento fue consecuencia de una abierta violación a los derechos humanos de contenido electoral y de la usurpación de las funciones del Poder Electoral y de la Asamblea Nacional, con lo cual, es jurídicamente inexistente, como ya esta Asamblea lo ha declarado con base en los artículos 25 y 138 de la Constitución.

¿Qué dice el Artículo 298? “La ley que regule los procesos electorales no podrá modificarse en forma alguna en el lapso comprendido entre el día de la elección y los seis meses inmediatamente anteriores a la misma”. Ésa es la Ley Orgánica de Procesos Electorales, que no dice nada al respecto y que no ha quedado modificada de ningún modo con la fijación de una fecha que no se opone a esa ley o la Constitución; sólo contradice la costumbre.

¿Qué dice el Artículo 25? “Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo, y los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes superiores”. ¿Cómo viola o menoscaba derechos constitucional o legalmente garantizados una anticipación legal?

¿Y el Artículo 138? “Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos”. Atendamos de inicio a un artículo más básico, al punto de ser nada menos que el noveno: “El idioma oficial es el castellano”. ¿Qué significa usurpar en nuestro idioma oficial, obligatorio? Una página web chilena lo explica muy bien:

La palabra usurpar viene del latín usurpare, que es un vocablo compuesto perteneciente al campo jurídico. Se compone de usus (derecho de utilización y goce que uno tiene sobre lo suyo) y la raíz compacta del verbo rapere (arrebatar, agarrar con violencia, robar). Es así como usurpar significa arrebatar, apoderarse de un derecho de uso que corresponde a otro.

El diccionario define:

usurpar (Del lat. usurpare.) 1. tr. DERECHO Apoderarse de una propiedad o derecho que por ley pertenece a otra persona, en general con violencia. 2. Quitar a una persona su cargo o su empleo y usar de ellos como si fueran propios.

¿A quién ha quitado el Sr. Maduro su cargo o su empleo? La Asamblea Nacional debiera encontrar una etiqueta distinta de usurpación.

Etiquetar es encasillar,​ describir a alguien o algo en una palabra o frase corta.​

Existen argumentos a favor de la etiquetación como fórmula necesaria en la comunicación,​ sin embargo, el uso del término tiende a remarcar el hecho de que etiqueta es una descripción aplicada desde fuera, más que algo intrínseco a la persona etiquetada; esto puede darse por varias razones:

Para provocar una discusión sobre cual es la mejor descripción

Para rechazar una etiqueta determinada

Para rechazar la idea de que la cosa etiquetada puede ser descrita mediante una frase corta.

Este último uso muestra como una descripción corta es reductiva y simplista. El uso de etiquetas está asociada al uso de estereotipos y puede tener los mismos inconvenientes.

(Wikipedia en Español).

En el Diccionario de la Lengua Española, que es la oficial: etiquetar 3. tr. Asignar a alguien o algo una etiqueta (‖ calificación simplificadora). Rehúsa que lo etiqueten como novelista superficial.

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Lamento encontrar asimismo confusión en la Conferencia Episcopal Venezolana, reunida en su centésima undécima asamblea plenaria. Su exhortación final dice:

Como señalamos en nuestra Exhortación del 11 de julio de 2018, “reiteramos que la convocatoria del 20 de mayo (para elegir el Presidente de la República) fue ilegítima, como lo es la Asamblea Nacional Constituyente impuesta por el poder ejecutivo. Vivimos un régimen de facto, sin respeto a las garantías previstas en la Constitución y en los más altos principios de dignidad del pueblo”. Por tanto, la pretensión de iniciar un nuevo período presidencial el 10 de enero de 2019 es ilegítima por su origen, y abre una puerta al desconocimiento del Gobierno porque carece de sustento democrático en la justicia y en el derecho.

Bueno, acabo de despachar esas falsas premisas de las que se deriva una falsa conclusión, pero más adelante el documento expone:

En esta crisis política, social y económica, la Asamblea Nacional, electa con el voto libre y democrático de los venezolanos, actualmente es el único órgano del poder público con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias. En efecto hace tres años (1-12-2016) el Secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, pidió que se restituyera cuanto antes a la Asamblea Nacional el rol previsto en la Constitución.

¿Por qué es un órgano con legitimidad para ejercer soberanamente sus competencias? ¿Porque fue compuesta en elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 organizadas por el Consejo Nacional Electoral, que dio los resultados y también organizó la elección presidencial del 20 de mayo de 2018 y dio sus resultados? En cuanto a la solicitud de monseñor Parolin, fue la misma Asamblea Nacional la que cosió la camisa de fuerza que ahora le maniata, al producir la declaración de que era un “compromiso no transable” suyo “buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno”. (Henry Ramos Allup, discurso inaugural como Presidente de la Asamblea Nacional, 5 de enero de 2016). Ese propósito no tiene fundamento constitucional, no es prerrogativa de la Asamblea Nacional procurar la cesación del gobierno y por tanto no podía ser en ningún modo un “compromiso no transable” de ese órgano.

Traté de impedir que errores como ésos se cometieran. El 6 de los corrientes envié a un destacado obispo y a un común amigo, quien a su vez las dio a conocer a otros dos importantes miembros de la CEV, unas notas—Misiva a un obispo _ Dr. POLÍTICO—que precontradecían lo citado, anticipando su retórica. Eso no resultó.

Veremos qué pasa con el gobierno a partir de mañana. Para mí que es la Asamblea Nacional la que tiene nombre de telenovela: La usurpadora. LEA

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El bodrio de ANCO

 

Ofrenda navideña de ANCO

 

bodrio De brodio, y este del germ. *brod ‘caldo’. 1. m. Caldo con algunas sobras de sopa, mendrugos, verduras y legumbres que de ordinario se daba a los pobres en las porterías de algunos conventos. 2. m. Guiso mal aderezado. 3. m. Sangre de cerdo mezclada con cebolla para embutir morcillas. 4. m. coloq. Cosa mal hecha, desordenada o de mal gusto. Esa película es un bodrio.

Diccionario de la Lengua Española

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No puede ocultarse lo pernicioso del régimen chavista, y la condición a la que ha sometido al país es repudiable en todo sentido. Es por ello que las ganas de mucho Pueblo de protestarlo son harto explicables; el gobierno nos ha llevado a los límites de la exasperación. Pero mandar es muy preferible a protestar.

La salida – 21 de febrero de 2014

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Hace cuatro días, la Alianza Nacional Constituyente “Originaria” (ANCO) ofreció al país un grandilocuente (y mal escrito) comunicado que cierra con una cita en carta de Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander:

En una palabra, mi querido general, yo no conozco más partido de salud, que el de devolver al pueblo su soberanía primitiva para que rehaga su pacto social. Vd. dirá que esto no es legítimo: y yo, a la verdad, no entiendo qué delito se comete en ocurrir a la fuente de las leyes para que remedie un mal que es del pueblo y que sólo el pueblo conoce. Digo francamente que si esto no es legítimo, será necesario a lo menos, y, por lo mismo, superior a toda ley: pero más que todo es eminentemente popular, y, por lo mismo, muy propio de una república eminentemente democrática.

Ya ese cierre permite un juicio sumario del documento de ANCO, pero primero cabe observar lo siguiente: en mensaje electrónico mío, por supuesto menos importante que aquella carta, enviado a alguien más importante que yo el 29 de mayo de este año, expuse:

La Alianza Nacional Constituyente se ha rebautizado a sí misma: ahora quiere ser conocida como Alianza Nacional Constituyente Originaria. Para esa asociación existen “constituyentes originarias”, pero esa creencia es un error de gran bulto, que ya señalé a Blanca Rosa Mármol en visita que me hiciera en compañía de su esposo el 20 de diciembre de 2016. No existen asambleas constituyentes “originarias”; lo único originario es el Pueblo, como le expliqué paciente y abundantemente sin que ella atinara a refutar mi argumentación. Poco después decidí escribir Proyectos anti Maduro (29 de diciembre de 2016), “la exposición y comentario crítico de 15 proposiciones para la cesantía anticipada del presidente Nicolás Maduro”. En esa ocasión, ofrecí tal comentario crítico como documento descargable en formato .pdf, pero el 18 de enero de 2017 transcribí su largo recuento en Licitación Abajo Maduro, donde reproducía parte de comunicación mía a Felipe Pérez Martí (preservando su nombre en reserva) de diciembre de 2016, unos días antes de la visita de Blanca Rosa: “Gracias, NN, por hacerme llegar el documento que el grupo al que perteneces ha producido. Lo único que tiene carácter originario es el Pueblo; una constituyente es un poder constituido más, tan constituido como lo es la Asamblea Nacional o el Tribunal Supremo de Justicia. Es el pueblo quien posee el carácter intransferible de originario”.

Es convicción errónea de ANCO que una constituyente “originaria” es la convocada por iniciativa popular, contemplada en el Art. 348 de la Constitución: “La iniciativa de convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente podrá hacerla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildos, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; y el quince por ciento de los electores inscritos y electoras en el Registro Civil y Electoral”.

Tal como se evidencia del artículo citado, no hay diferencia alguna entre una constituyente convocada por el Presidente de la República y otra que se convoque por iniciativa popular. Creer que la que se derive de esta última es una constituyente “originaria” es una crasa equivocación, una lectura falsa e interesada. (Por cierto, la exmagistrada Mármol opinó que era inválida la convocatoria hecha por Maduro no porque dejara de provenir de un referendo previo—lo que la Constitución no exige para nada—, que fue la tesis de Brewer Carías expuesta el mismo 1º de mayo de 2017 a CNN, acogida por la MUD y luego, lamentablemente, por la CEV, vendida a buena parte de la comunidad internacional en inauguración del adjetivo “fraudulento” y el adverbio “fraudulentamente”, sino porque Maduro era ¡un presidente de facto! dado que la Asamblea Nacional había decretado (delirantemente) su abandono del cargo.

Lo sumario es esto: Bolívar habla de “devolver al pueblo su soberanía primitiva para que rehaga su pacto social”. ANCO se suma a quienes ignoran la proposición reiterada de convocar al Pueblo, el Poder Supremo del Estado (como Bolívar parecía tener claro), para que se pronuncie en referendo y decida los asuntos cruciales de esta hora. Para los directivos de esa “alianza”, son ellos—una vez electos diputados constituyentes—quienes deben decidir, no el Pueblo.

………

En su comunicado, la proposición de ANCO se contrae a lo siguiente:

…solicitamos al Legitimo TSJ la designación en el momento que corresponda a los mejores intereses de la Nación, de una JUNTA  DE UNIDAD NACIONAL PARA EL RESTABLECIMIENTO DE LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA, con poderes amplios y suficientes para arbitrar, ejecutar y lograr un proceso de recuperación de las libertades y la democracia en Venezuela. Dicha Junta debe estar integrada por destacados ciudadanos de meritoria trayectoria profesional provenientes de la Sociedad Civil, Instituciones Universitarias, Academias, Iglesias, Gremiales, Asamblea Nacional, Militares en situación de retiro, dispuestos a prestar este honroso servicio a la Nación.

Por supuesto, ese “Legítimo TSJ” fue formado por la Asamblea Nacional en desconocimiento de la imprescindible participación (Constitución Nacional, Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia) del Poder Ciudadano en su nombramiento. Por lo contrario, es radicalmente ilegítimo, es claramente fraudulento. Más aún, la junta propuesta por ANCO es enteramente anticonstitucional, a pesar de lo cual los proponentes caracterizan al gobierno presidido por Nicolás Maduro, para desconocerlo, como violatorio de la Constitución. No es esa junta que la Constitución ignora quien puede convocar al pueblo a referendo.

Para que esté claro: más adelante, el comunicado detalla que ella “se aboque de inmediato a organizar y convocar a la Soberanía Popular con apoyo de la Comunidad Internacional, para que en ejercicio del Principio de Autodeterminación de los Pueblos acuda a una Gran Consulta Popular, a nivel nacional y el exterior, sin el CNE, art.70 constitucional, para definir el proceso de cambio estructural para la refundación de  la República y reinstitucionalización del país”. Si se censura en el gobierno la violación de la Constitución, ésta sólo establece que quienes pueden convocar a un referendo son el Presidente de la República en Consejo de Ministros, la Asamblea Nacional por mayoría simple y un 10% de los electores venezolanos. Así reza el Artículo 71 de la Constitución, que para nada menciona una “junta de unidad”, y la “comunidad internacional” no tiene vela en ese entierro. Sí la tiene, naturalmente, el Consejo Nacional Electoral del que ANCO quiere prescindir; a pesar de la redacción del Artículo 70—”Son medios de participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la revocatoria del mandato, la iniciativa legislativa, constitucional y constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas…—, una consulta popular no es otra cosa que el referendo especificado en el siguiente artículo, y corresponde al CNE “La organización, administración, dirección y vigilancia de todos los actos relativos a la elección de los cargos de representación popular de los poderes públicos, así como de los referendos”. (Artículo 293, Numeral 5). Dicho sea de paso: “El derecho de libre determinación de los pueblos, más conocido como derecho de autodeterminación, es el derecho de un pueblo a decidir sus propias formas de gobierno, perseguir su desarrollo económico, social y cultural, y estructurarse libremente, sin injerencias externas y de acuerdo con el principio de equidad”. (En Wikipedia, énfasis de este blog). Es decir, al invitar ANCO a la tal “comunidad internacional” contradice el principio de autodeterminación de los pueblos, que se define esencialmente como determinación nacional sin injerencias externas.

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Con una pobreza argumental inexplicable, el comunicado de marras resucita la especie, jamás probada—es principio universal de Derecho Penal que la carga de la prueba recae en quien acusa—, de que el Sr. Maduro posee una doble nacionalidad. La Registraduría Nacional de Colombia ofició a nuestra Asamblea Nacional, a mediados de 2016, certificando que Maduro no aparece en sus registros como nacional colombiano, luego de que ella misma certificara antes, como fraudulentamente forjada, una “partida de nacimiento” que presentara el exembajador ante la OEA por Panamá, Guillermo Cochez:

El exembajador de Panamá—¡qué casualidad!—ante la OEA, Guillermo Cochez, presentó a la cadena colombiana NTN24—¡qué casualidad!—una presunta partida de nacimiento del presidente Maduro y declaró irresponsablemente: “Maduro nació en Cúcuta el 22 de noviembre de 1961 y no en Caracas”. Poco después, la Registraduría de Colombia investigó el documento presentado por Cochez y llegó a la conclusión de que era falso, según informó Carlos Alberto Arias, Director Nacional de Identificación, quien señaló varias inconsistencias e irregularidades en la “prueba” de Cochez. (Disección de una “mancheta” necia).

Con igual pobreza aduce ANCO que Maduro ya no está en ejercicio de su cargo presidencial, desde que la AN presidida por Julio Borges declarara el 9 de enero de 2017 su falta absoluta ¡por abandono del cargo! En Licitación Abajo Maduro (18 de enero de 2017):

Sobre este extravío apuntaba el 1º de noviembre la web de la BBC de Londres:

Aunque los diputados opositores hablan de un “juicio político” al presidente, esa figura como tal no existe en la Constitución, a diferencia de lo que ocurre en Brasil, donde el parlamento destituyó en agosto a la presidenta Dilma Rousseff. (…) Algunos expertos tampoco creen que sea una figura correcta ni que vaya a tener algún efecto. “Yo creo que el abandono del cargo no procede”, afirma a BBC Mundo el profesor de Derecho Constitucional Pedro Afonso del Pino. “El abandono del cargo es cuando el presidente ha dejado de ejercer la función. Que un presidente ejerza mal el poder o lo ejerza inconstitucionalmente no es abandono del cargo. (Maduro) No ha dejado de ejercer su cargo“, asegura Del Pino.

Más adelanto puso:

Según el cronograma previo al proceso de diálogo entre gobierno y oposición iniciado este domingo, la idea de los líderes opositores era entregar este jueves a Maduro, al menos simbólicamente, la notificación de “abandono del cargo” en la marcha prevista hasta el palacio presidencial de Miraflores. Ahora, sin embargo, tras el inicio del diálogo con la mediación del Vaticano, la decisión sobre el abandono del cargo se aplazó y también quedó suspendida la manifestación que su destino final será Miraflores. Y si finalmente se aprueba, es posible que el TSJ invalide el documento.

Se trata de un caso más de holgazanería política.

La ritual alusión al Artículo 333 de la Constitución—Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella—escamotea que la primera oración se refiere a un golpe de Estado (y Maduro no ejerce la Presidencia de la República por uno), así como deja de reconocer que si ha habido más de una violación de la Constitución, por el propio Tribunal Supremo de Justicia en 2008 (ver Violación denunciada) o en el caso del nombramiento del ilegítimo TSJ en la plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes—ver A un corresponsal no identificado, 5 de junio de 2018—, nunca ha sido derogada. (derogar Del lat. derogāre. 1. tr. Dejar sin efecto una norma vigente. Diccionario de la Lengua Española).

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En síntesis, no se ha probado la doble nacionalidad de Nicolás Maduro, éste no ha abandonado su cargo, el TSJ en el exilio no es “legítimo” y la propia Alianza Nacional Constituyente “Originaria” no es esto último porque no existen constituyentes originarias. La que actualmente opera fue convocada legítimamente por el Presidente en Consejo de Ministros (Artículo 348), y en virtud del segundo parágrafo del constitucional  Artículo 349—”Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente”—decidió ordenar elecciones presidenciales que el Consejo Nacional Electoral convocó y organizó para el 20 de mayo de 2018* sin contravenir la Constitución, la que no especifica fecha para la celebración de las mismas.

¿El comunicado de ANCO? Un verdadero bodrio. LEA

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*Nelson Bocaranda anticipó—Runrún de alerta—inminentes procesos electorales en octubre de 2017: “las pretensiones de acelerar los procesos de alcaldías y consejos legislativos (¿hasta las presidenciales?)” La dirigencia opositora no hizo caso de su advertencia.

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Historia de una renuencia

Él nos conducirá a la salida

 

A Ramón Guillermo Aveledo

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Existe una larga tradición filosófica acerca de las condiciones de una guerra justa; gente como Santo Tomás de Aquino se ha ocupado de eso. De modo esquemático, son éstas las que justifican una acción violenta ante la agresión a una colectividad: 1. El daño infligido por el agresor en contra de la comunidad ha sido grave y continuado; 2. Todo otro medio de detenerlo se ha mostrado impráctico o ineficaz; 3. La probabilidad de éxito de la acción reparadora es elevada o suficiente; 4. El empleo de la violencia no debe producir males mayores que lo que se pretende repeler. Puede admitirse que la primera y, tal vez, la cuarta condición están cumplidas—el momento económico nacional, que pesa sobre toda la Nación, ciertamente se agravará con los disturbios—, pero ni están agotados todos los medios para parar el trote a Nicolás Maduro ni era en absoluto probable que fuera exitosa la iniciativa propugnada por López & Machado. Los hechos lo dicen. La salida no es la calle. La salida es la apelación al Soberano. (…) No puede ocultarse lo pernicioso del régimen chavista, y la condición a la que ha sometido al país es repudiable en todo sentido. Es por ello que las ganas de mucho Pueblo de protestarlo son harto explicables; el gobierno nos ha llevado a los límites de la exasperación. Pero mandar es muy preferible a protestar.

La salida – 21 de febrero de 2014

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¿Por qué rechazan los políticos profesionales de uno y otro bando en Venezuela la apelación al Soberano para resolver nuestros muy agudos problemas de Nación? Antes de intentar una respuesta a tal cuestión, conviene enumerar hechos que la justifican.

1. La Constitución de 1961 contemplaba un referendo en el numeral 4 de su Artículo 246, relativo a una reforma general de sus disposiciones: “El proyecto aprobado se someterá a referéndum en la oportunidad que fijen las Cámaras en sesión conjunta, para que el pueblo se pronuncie en favor o en contra de la reforma”. Nunca se convocó uno para tal propósito, a pesar de que funcionó durante 1992, luego de las intentonas golpistas de ese año, una comisión bicameral del Congreso de la República para la reforma constitucional, presidida por Rafael Caldera.

Al año siguiente, él mismo recogería la noción en su Carta de Intención con el Pueblo de Venezuela, el programa de gobierno para su segunda elección: “El referéndum propuesto en el Proyecto de Reforma General de la Constitución de 1992, en todas sus formas, a saber: consultivo, aprobatorio, abrogatorio y revocatorio, debe incorporarse al texto constitucional”. (Licitación Abajo Maduro, 18 de enero de 2017).

2. En el primer año de su segundo gobierno (1994), Caldera amenazó con un referendo bastante particular:

Publicado de 1994 a 1998

La consulta que Caldera (Rafael), había asomado como posible—el Ministro Andueza llegó a hablar, incluso, de un texto de decreto convocatorio ya preparado—consistiría, simplemente, en preguntar a los Electores si estaban de acuerdo con la suspensión de garantías decretada por el Gobierno. (…) Si era posible convocar un referéndum “consultativo” sobre la suspensión de las garantías, es posible convocar un referéndum para consultar a los Electores sobre cualquier otra materia. A este respecto puede valer la pena considerar la siguiente idea: consultar a los Electores sobre los lineamientos generales del plan de desarrollo económico y social del Ejecutivo, el que hasta ahora, dicho sea de paso, es desconocido. La Constitución Nacional incluye ahora, gracias al Artículo 7º de su Enmienda Nº 2, la siguiente disposición: “El Ejecutivo Nacional en el transcurso del primer año de cada período constitucional, presentará para su aprobación, a las Cámaras en sesión conjunta, las líneas generales del plan de desarrollo económico y social de la nación”. En nuestra opinión, debiera ser a los Electores, no a las Cámaras del Congreso de la República, a quienes debiera solicitarse la aprobación de las “líneas generales del plan de desarrollo” del Ejecutivo. Esto, naturalmente, precisaría que la Constitución fuese modificada. No puede crearse de la noche a la mañana un carácter vinculante que colida con uno dispuesto expresamente en el texto constitucional. Pero si, como había argumentado el Gobierno, podía hacerse un referéndum no vinculante para consultar su diferendo con el Congreso, perfectamente puede celebrarse uno para el acto más esencial que puede haber en el ejercicio de la política: obtener la aquiescencia del Pueblo respecto del rumbo general del Estado de cuya soberanía es asiento. (Ahora tiene que consultar, referéndum #6, 8 de agosto de 1994).

3. Ese mismo año se había expuesto sobre el asunto de fondo:

Lo aconsejable es confiar más en este pueblo. Lo aconsejable es un referéndum anual de la República. (…) Hay que confiar en que el pueblo de Venezuela puede aportar tanto en un referéndum anual como puede aportar a una empresa la asamblea de sus accionistas. Este referéndum debe producirse luego de la presentación de la cuenta ordinaria del Presidente de la República al término de cada año de su mandato. Debe pronunciarse por la aprobación o improbación de su memoria y cuenta y sobre su confirmación en el cargo o su cesantía. Todos los años. (Visión de Venezuelareferéndum #2, 4 de abril de 1994).

4. En plena campaña electoral de 1998, se propuso convocar un referendo para decidir acerca de la elección de una asamblea constituyente:

Memorias imprudentes

Probablemente sea el mayor pecado de la segunda administración de Caldera uno de omisión. El presidente Caldera pudo convocar el referendo consultivo que detonara la elección de la asamblea constituyente y se negó a hacerlo. Eso fue una grave abdicación. Es pensable que un proceso constituyente desencadenado por Caldera hubiera sido menos abrasivo que el que Chávez puso en marcha y, en todo caso, ya este último no habría tenido la celebración de una constituyente como su principal y exclusiva franquicia de campaña. Le habría sido arrebatada, como Corina Parisca había entendido correctamente. Quizás hubiera perdido las elecciones por eso mismo. Yo había propuesto precisamente la consulta en Primer referendo nacional. [20 de septiembre de 1998]. En ese artículo postulaba la realización de un referéndum sobre la deseabilidad de convocar una asamblea constituyente, aprovechando que el Congreso de la República había incluido un título nuevo—De los referendos—en la reforma de diciembre de 1997 a la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política. No había razones válidas para que el gobierno que había amenazado con una consulta popular sobre la suspensión de garantías constitucionales, aunque la institución referendaria no existiera en la legislación del sufragio, se negara a producir la convocatoria cuando ya la había. (Las élites culposas, mayo 2012).

5. El 25 de febrero de 2002—un mes y diecisiete días antes del “Carmonazo”—, se propuso en el programa Triángulo que transmitía Televén un procedimiento para abolir el gobierno de Hugo Chávez desde la suprema majestad del Pueblo de Venezuela:

Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando: que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz; que el gobierno presidido por el ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines, al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto; por este Acto declaramos plenamente abolido el gobierno presidido por el susodicho ciudadano, ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República y decretamos el siguiente Estatuto de Transición… (Acta de Abolición y Estatuto de Transición – Versión de mayo de 2003).

………

Primera formulación del derecho de abolición

… pensé que yo no tenía la más mínima capacidad para llevar la idea a la práctica y que, por tal razón, tendría que convencer a alguien que pudiera. Rápidamente descarté la posibilidad de interesar a Acción Democrática o COPEI, los desprestigiados partidos, y pensé que quizás Primero Justicia, un partido joven nutrido de abogados, fuera un vehículo adecuado. Solicité entonces una entrevista con Julio Borges. (…) Borges me recibió acompañado por Gerardo Blyde, Liliana Hernández y otra persona de nombre descortésmente olvidado por mí, quien fungiera entonces como Secretario del partido. El grupo escuchó mi planteamiento acerca de un procedimiento de soberana abolición del gobierno de Chávez y no encontró manera de invalidarlo, ni lógica ni jurídicamente. (…) Lo que sí hizo Borges al término de una sesión de resultados indefinidos fue invitarme a su despacho, donde me entregó una carpeta que contenía el trazado de la avenida que Primero Justicia pretendía construir: una enmienda constitucional para recortar el período de gobierno a Hugo Chávez, cuyo trabajo argumentativo había sido preparado por el abogado Juan Manuel Raffalli. Era sorprendente que quisiera alterarse el texto constitucional para resolver el problema de un presidente específico, y que predominara en el partido que Borges dirigía la ingenuidad de creer que la Asamblea Nacional, de mayoría chavista, consentiría en aprobar una disminución de los poderes de Hugo Chávez, “el líder del proceso”. Allí sufrió el procedimiento de abolición una primera muerte. A comienzos del año siguiente, sería definitivamente rematado por la Gente del Petróleo. (Las élites culposas).

6. Para la época del paro petrolero de fines de 2002 y comienzos de 2003, César Gaviria y James Carter venían a Venezuela para mediar entre gobierno y oposición en circunstancias de gran tensión. Se entregó al primero de ellos un texto para un posible acuerdo de las partes enfrentadas:

Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional. Lo primero que debiera dilucidar un referéndum así es la conveniencia de la permanencia del Presidente de la República en su cargo. No es éste un asunto que compete sólo a los más conspicuos entre los actores políticos en Venezuela. Es un asunto del Pueblo todo. Formulada así la pregunta: “¿Considera Ud., Sr. Elector, conveniente para la salud de la Nación que el ciudadano Hugo Chávez Frías continúe en el cargo de Presidente de la República Bolivariana de Venezuela?”, el resultado no sería, en ningún caso, legalmente vinculante, aunque sí sería moral y políticamente obligante. Distinto fuere que una mayoría de venezolanos suscribiese un mandato expreso de abolición del gobierno, pues aquí se manifestaría plenamente el carácter supraconstitucional del Pueblo. Pero aunque no sea vinculante el Sr. Presidente sabrá atenerse a la opinión popular. Si una mayoría contestare negativamente, entonces el Sr. Presidente debiera renunciar. Esta última posibilidad introduciría la obligación constitucional de elegir un nuevo presidente dentro de los treinta días de haberse hecho efectiva la renuncia, si es el caso que ésta se produjere antes de cumplirse la mitad del período. (Un posible acuerdo político ante el ultimátum de abolición, en Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).

7. Comenzando 2007, se propuso convocar por iniciativa popular una consulta que decidiera acerca de cosas como la estatización de la C. A. La Electricidad de Caracas, luego de que fuera anunciada por Hugo Chávez poco después de su triunfo sobre Manuel Rosales en la elección presidencial del año anterior:

…no está en la naturaleza de Chávez el procedimiento democrático. Lo de él es pantalla y decreto, así que ¿por qué no emprende la oposición la convocatoria de un amplio referendo por iniciativa popular? ¿Qué tal si el triunvirato Borges-Petkoff-Rosales que ha vuelto a reunirse pone orden nuevamente en la incipiente cacofonía opositora y se atreve, aunque sea esta vez, a una iniciativa política audaz, profunda, de aliento? ¿No y que somos cuatro millones de los que menos de la mitad tendría que firmar? ¿No es cierto que la mayoría de los venezolanos—Datanálisis dixit—no quiere ni dictadores ni “mares de la felicidad”? Ése es un referendo que pudiera muy bien ganarse para la democracia en Venezuela, que no es otra cosa que el respeto a la inteligencia de sus Electores. (Todo es mentira, 18 de enero de 2007. Carolina Jaimes Branger, entusiasmada por la iniciativa, me entrevistó en Radio Caracas Radio sobre el punto una semana justa después).

8. Luego de constatar que todos los estudios de opinión registraban en 2009 un rechazo mayoritario al socialismo, se planteó un referendo que preguntara si queríamos la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista:

No al socialismo

…la mayoría de los venezolanos rechaza la pretensión de implantar en el país un sistema político-económico socialista, a pesar de lo cual Rafael Ramírez, bajo su casco de Presidente de PDVSA, proclama: “PDVSA está con Chávez. PDVSA está con la revolución… Quien no esté en un comité socialista es sospechoso de conspirar contra la revolución”. ¿Qué hace uno con una mayoría tan fuerte? Pues procura que se exprese políticamente de modo válido. Pide que el asunto sea votado, pues está seguro de ganar una consulta que lo considera. Es ésa una regla política elemental: quien tiene la mayoría quiere que se la mida y certifique, porque quien tiene la mayoría puede mandar. La mayoría abundante que no quiere un régimen socialista para Venezuela debiera apoyar la convocatoria, por iniciativa popular, de un referéndum consultivo sobre dicha posibilidad, de una consulta que le pare el trote a Ramírez y a su jefe. (Parada de trote, 23 de julio de 2009. Casi un año después—9 de junio de 2010—, se expandió la argumentación en Doctrina del referendo sobre el socialismo. La misma idea ha sido replanteada desde Dr. Político en RCR desde sus inicios en 2012).

9. Ya con la Asamblea Nacional bajo el control de los partidos de oposición al gobierno de Nicolás Maduro, se mostró que ella podía convocar por mayoría simple un referendo consultivo que pudiera decidir la celebración de nuevas e inmediatas elecciones presidenciales:

Mandables popularmente

El Poder Constituyente Originario, el Pueblo llamado a referendo en ese carácter, tiene la potestad de superponerse a la Constitución y aprobar una norma que ella no contemple. En consecuencia, puede preguntársenos a Nosotros, la Corona, el Soberano, lo siguiente: “¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria a elecciones, en el plazo de tres meses a partir de esta fecha, que escojan al ciudadano que se encargue de la Presidencia de la República hasta el 10 de enero de 2019, elecciones ésas en las que podrá participar como candidato el ciudadano Nicolás Maduro Moros, actualmente en el cargo?” Que el presidente Maduro pueda presentarse como candidato marca, primeramente, una diferencia sustancial con la figura del referendo revocatorio; no se trata de una revocación, no la sustituye, y por consiguiente no puede recibir contravención jurídica alguna sobre la base de que la revocación está expresamente normada en la disposición del Artículo 72 de la Constitución. Luego, tal vez funcione como disuasivo de lo que pudiere ser su explicable tentación de oponerse a la solución descrita, con igual denuedo con el que ha entorpecido la revocación. (Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016. Poco menos de dos meses después, se adaptaba el Acta de Abolición de 2002 al mandato de Nicolás Maduro, en Manda Su Majestad, 17 de diciembre de 2016).

10. Al año siguiente, ya elegida la Asamblea Nacional Constituyente aún operante, se postuló lo siguiente:

La supremacía del Poder Supraconstitucional le permitiría disolver la constituyente dudosamente elegida el 30 de julio. (El 9 de agosto, Saúl Cabrera, de Consultores 21, presentó en un foro de Ecoanalítica los resultados de su más reciente registro: 88% de sus entrevistados reportó no haber votado en la elección de diputados constituyentes). Igualmente tiene el Pueblo poder más que suficiente para anular todas y cada una de las decisiones de esa asamblea contraria a la voluntad mayoritaria nacional. El Artículo 349 no nos obliga; nosotros sí podemos impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente, pues no somos un poder constituido: somos el Poder Constituyente Originario, el único originario, el Poder Supraconstitucional. (Catecismo constituyente, 11 de agosto de 2017).

11. El 24 de marzo de este mismo año, se explicó en el programa #290 de Dr. Político en RCR cómo podía aprobarse en referendo un “Primer Decreto del Pueblo”, anticipado en el programa #275 del 18 de noviembre precedente. La médula de la proposición reside en someter a la consideración popular, para imponerlo, el acuerdo entre poderes públicos que se propusiera inicialmente en Plantilla del Pacto (25 de abril de 2016) y más tarde en Del armisticio como programa y Versión formal, del 11 y  26 de mayo de 2017, respectivamente.

Acá cabe escribir etcétera y dejar constancia de que nada de lo que antecede ha sido acogido jamás por la dirigencia que se define como de oposición. (¿Al gobierno o al Pueblo?)

………

Habiendo establecido la secuencia principal, es posible aventurar una respuesta a la pregunta inicial: ¿por qué rechazan los políticos de uno y otro bando en Venezuela la apelación al Soberano para resolver nuestros muy agudos problemas de Nación?

No acusa recibo

De una vez descarto que la contestación sea de orden unipersonal; que yo haya sido el proponente en cada una de las instancias enumeradas, y que la oposición resienta las críticas que le he hecho desde 1985 no conforman una explicación suficiente de la resistencia. Algunas veces he procurado permanecer en la sombra para que alguna idea no sea vetada por provenir de mi cacumen; por ejemplo, a comienzos de 2016 supe que la Asamblea Nacional preparaba la aprobación de una Ley de Referendos, y creí que ella podía reforzarse si introducía en su texto la previsión de la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas (Chávez habilitado, enero de 2001), cuyo Art. 4 establece: “Los Mensajes de Datos tendrán la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos…” Llamé a Blanca Rosa Mármol (Alianza Nacional Constituyente) y Melquíades Pulido (hoy apoya a María Corina Machado) para destacar que esa integración legal podía garantizar la convocatoria y realización de referendos por vía electrónica y les rogué que ni mencionaran siquiera mi nombre, para no debilitar la posibilidad. Igualmente, propuse a Julio Borges que se tratara de incorporar el referendo sobre el socialismo a las elecciones de Asamblea Nacional en diciembre de 2015; así le escribí el 3 de marzo de ese año: “Tal vez conozcas que llevo algún tiempo promoviendo este tratamiento referendario pero, si acogieras estos planteamientos, yo no tendría inconveniente en permanecer tras el telón; es decir, no exigiría protagonismo alguno”. Tres años y nueve meses después, no tengo acuse de recibo.

Pero, como digo, esa personalización de la renuencia no es una buena explicación; en general, se conoce desde hace tiempo en la literatura de la innovación el Efecto Not-invented-here. Si una buena idea es desarrollada en los Laboratorios Bell, probablemente sea resistida en predios del Centro de Investigaciones Watson de IBM simplemente porque no surgió de este último.

Creo que la razón de fondo de la resistencia reside en dos factores complementarios: primero, una sobrestimación de los políticos como gente que sabe cómo se bate el cobre; segundo, en una desconfianza del liderazgo—oficialista y opositor—en el Pueblo venezolano:

Una muy buena parte de la resistencia de la política convencional al tema programático es una desconfianza muy arraigada respecto de las posibilidades e intereses del pueblo, de los intereses y capacidades de los Electores. La inmensa mayoría de la dirigencia nacional, política o privada, alimenta un desprecio básico por el pueblo venezolano. A casi todo proyecto político verdaderamente audaz y significativo se le opone usualmente la idea de que el pueblo no se interesa sino por muy elementales necesidades de supervivencia, por las más egoístas apetencias, por los más triviales objetivos. O si no, se derrota alguna buena idea con la declaración de que el pueblo no la entendería, de que “no está preparado para eso”. (De héroes y de sabiosreferéndum #26, 17 de junio de 1998).

………

Una lección todavía más fundamental es que la situación política que el país atraviesa tampoco habría sido posible si la dirigencia venezolana de los años previos a Chávez hubiera respetado a la ciudadanía y a su inteligencia. La inmensa mayoría de los venezolanos ha sentido por demasiado tiempo, más allá de la penuria económica, un persistente desprecio proveniente de las élites nacionales. Hace un poco más de un mes que tuve una constatación típica de este fenómeno. Recibí la generosa apreciación de un texto mío, escrita en los siguientes términos: “Interesante tu escrito y llama al debate. Eso sí, entre nosotros, los de las clases medias profesionales. Los que votan mayoritariamente por Chávez no saben de estas cosas, o no les interesan y les parecen paja de gamelote. Pero sí les interesa consumir cada vez más y mejores bienes, tener trabajo… Pero eso sí: fácil, sin mucho esfuerzo, tener casa, carro y poder viajar y tomar caña los fines de semana”. (Lecciones disponibles, 25 de octubre de 2007).

En la cultura convencional de los políticos, el Pueblo sería incompetente para decidir, tendría que ser guiado por los profesionales de la Política, que son ellos mismos. Sostengo una opinión distinta:

Caos aparente

Para la economía clásica la mano misteriosa del mercado estaba basada en la eficiencia del decisor individual. Se lo postulaba como miembro de la especie homo œconomicus, hombre económicamente racional. Los mo­delos del comportamiento microeconómico postulaban competencia perfecta e información transparente. El mercado era perfecto porque el átomo que lo componía, el decisor individual, era perfecto. La propiedad del conjunto estaba presente en el componente. En cambio, la más moderna y poderosa corriente del pensamiento cientí­fico en general, y del pensamiento social en particular, ha debido admitir esta realidad de los sistemas complejos: que éstos—el clima, la ecología, el sistema nervioso, la corteza terrestre, la sociedad—exhiben en su con­junto “propiedades emergentes” a pesar de que estas mismas propieda­des no se hallen en sus componentes individuales. En ilustración de Ilya Prigogine, Premio Nobel de Química: si ante un ejército de hormigas que se desplaza por una pared, uno fija la atención en cualquier hormiga ele­gida al azar, podrá notar que la hormiga en cuestión despliega un com­portamiento verdaderamente errático. El pequeño insecto se dirigirá hacia adelante, luego se detendrá, dará una vuelta, se comunicará con una vecina, tornará a darse vuelta, etcétera. Pero el conjunto de las hor­migas tendrá una dirección claramente definida. Como lo ponen técni­camente Gregoire Nicolis y el mismo Ilya Prigogine en Exploring Com­plexity (Freeman, 1989): “Lo que es más sorprendente en muchas socie­dades de insectos es la existencia de dos escalas: una a nivel del indivi­duo y otra a nivel de la sociedad como conjunto donde, a pesar de la inefi­ciencia e impredecibilidad de los individuos, se desarrollan patrones cohe­rentes característicos de la especie a la escala de toda la colonia”. Hoy en día no es necesario suponer la racionalidad individual para postular la racionalidad del conjunto: el mercado es un mecanismo eficiente inde­pendientemente y por encima de la lógica de las decisiones individuales. Es esta característica natural de los sistemas complejos el más poderoso fundamento de la democracia y el mercado. A pesar de la imperfección política de los ciudadanos concretos, la democracia sabe encontrar el bien común mejor que otras formas de gobierno; a pesar de la imperfec­ción económica de los consumidores el mercado es preferible como dis­tribuidor social. (Marcos para la interpretación de la libre empresa en Venezuela, 9 de enero de 2004).

Naturalmente, las sociedades pueden tomar decisiones equivocadas, pero también y más frecuentemente su liderazgo.

Al final, la mayoría de los electores, deseosa de una presidencia que no proviniera de AD o de COPEI, se vio compelida a optar por dos opciones que nominalmente superaban el bipartidismo. Una de ellas se dejó apoyar por Acción Democrática—la carne de la guanábana—, despedía un tufo de godo a kilómetros de distancia y se opuso a la constituyente. Sólo quedaba Chávez. En ese sentido, los electores que lo eligieron no se equivocaban; el equivocado era, por supuesto, Hugo Rafael Chávez. (Las élites culposas).

A pesar de esto, los líderes tienden a suponerse intrínsecamente superiores en juicio para la toma de decisiones. Para emplear un adjetivo que suena a Herman Escarrá (o recuerda a David Morales Bello, que hablaba parecido), se desconfía de una democracia que se etiqueta como “tumultuaria”. De allí que se proponga falsificaciones del supremo acto referendario, el instrumento primordial de la democracia participativa; así, por ejemplo, la noción de que las elecciones municipales del 8 de diciembre de 2013 constituirían un “plebiscito” sobre el gobierno del presidente Maduro, o la pretensión del entonces candidato a diputado José Guerra (en artículo del 11 de octubre de 2015): que la elección de Asamblea Nacional de diciembre de ese año ¡era también un referendo sobre el socialismo!

La noción está equivocada. Jamás unas elecciones (democracia representativa) equivaldrán a un referendo (democracia participativa); jamás fueron las elecciones municipales de 2013 un “plebiscito” acerca del gobierno de Nicolás Maduro, como intentara vender Henrique Capriles Radonski. Pretender algo así es adulterar el sentido constitucional de los actos electorales. El 6 de diciembre no está planteada esa disyuntiva, sino la de votar o no votar por alguno de los candidatos del circuito correspondiente. Si se quiere que algo sea tenido por un referendo consultivo debe serlo; no debe proponerse que las elecciones del 6D usurpen lo que tendría que ser una manifestación explícita del Soberano. (…) No están los electores convocados en su carácter de miembros del Poder Constituyente Originario para el próximo 6 de diciembre, así que el socialismo no va a referendo en esa fecha; lamentablemente, no se lo quiso convocar. Pero la Asamblea Nacional puede hacerlo por mayoría simple. Espero que el candidato Guerra prometa que en cuanto esté a su alcance procurará que así sea; cordialmente le invito a que nos comunique que tal es su decisión. (Consideraciones sobre un texto de José Guerra, 11 de octubre de 2015).

Ni la Asamblea Nacional de oposición ha querido jamás convocar un referendo sobre ésa u otra materia ni sé que el diputado Guerra lo haya propuesto. En 2010, un antiguo Secretario General de Acción Democrática se interesó en la proposición de un referendo sobre el socialismo e intentó convencer a Henry Ramos Allup, el primer presidente de aquélla, de sus bondades; entonces sólo recibió como respuesta de éste: “¡Eso es una locura!” Dos años más tarde (29 de octubre de 2012), Ramos Allup declaraba a Noticias 24: “Ojalá se hiciera una especie de referéndum, donde independientemente de campañas, de discursos y de carisma se le pregunte a los ciudadanos si quieren un régimen parecido al comunismo cubano”. Pero mientras presidiera la Asamblea Nacional no movió un dedo para que la opinión del Pueblo fuera tomada en cuenta. (Es facultad de la Asamblea convocar referendos consultivos mediante mayoría simple; habrían bastado 84 brazos alzados y, por supuesto, resolver previamente el problema del desacato a la Sala Electoral para recuperar su eficacia como poder público).

Se dijo también en De héroes y de sabios: “Depende, por tanto, de la opinión que el líder tenga del grupo que aspira a conducir, el desempeño final de éste. Si el liderazgo venezolano continúa desconfiando del pueblo venezolano, si le desprecia, si le cree holgazán y elemental, no obtendrá otra cosa que respuestas pobres congruentes con esa despreciativa imagen. Si, por lo contrario, confía en él, si procura que tenga cada vez más oportunidades de ejercitar su inteligencia, si le reta con grandes cosas, grandes cosas serán posibles”.

………

Sentimiento que paraliza

Por supuesto, hoy gravita sobre la conciencia de más de un ciudadano la desconfianza respecto del Poder Electoral venezolano (en gran medida por culpa de una cierta oposición; ver Suma contra gentiles abstencionistas, 1º de enero de 2012), y tal razón le lleva a considerar inviable y poco realista cualquier convocatoria a referendo. Puede decirse que esto equivale a trocar renuencia en renuncia; son cada vez menos quienes sostendrían, dirigentes o meros ciudadanos, que la ruta de la Nación deba ser constitucional, democrática, pacífica y electoral”, rasgos que se agrupara indisolublemente en vida de la antecesora de la Mesa de la Unidad Democrática: la Coordinadora Democrática. Quien propone una solución referendaria se arriesga a ser tenido por iluso, y esto no es nuevo. (Ver Autoungidos furibundos, 3 de mayo de 2005. Allí se encuentra una respuesta a quien fuera más allá para sugerir en mi prédica antigolpista la presencia de “visos delatores”:

Entiendo lo que quieres decir, como te consta de interacciones en vivo sobre el mismo punto: que quien prescribe un golpe de Estado o un magnicidio como solución, no puede, en virtud del carácter sigiloso propio de tales remedios, ir explicando a voz en cuello detalles de su cronograma conspirativo. Esto lo entiendo perfectamente. Pero entonces te digo que aquello de lo que no se puede hablar no debe ser mencionado en absoluto. Una vez te dije en una cierta reunión que a unos presuntos conspiradores pudiera incluso convenirles la actividad de comeflores románticos como el suscrito, y que por tanto sería útil que se nos dejase tranquilos, mientras la conspiración procedía, en secreto, oculta tras la cortina de humo gratuita que los más ilusos proveeríamos.

La convocatoria a un Gran Referendo Nacional por iniciativa popular es tan posible como relativamente poco costosa; es mucho más barata que un levantamiento militar o una invasión multinacional como la propugnada por Ricardo Hausmann o Álvaro Uribe Vélez. Es posible pararle el trote a Nicolás Maduro; no es verdad que “todo otro medio de detenerlo se ha mostrado impráctico o ineficaz”, sólo la mera protesta o los fallidos atentados criminales con drones. LEA

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(Para descargar esta entrada como archivo de formato .pdf: Historia de una renuencia)

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Dos enfoques

 

Del autor de La rebelión de las masas

 

Resulta simplemente banal, e incluso enojoso, para un observador el transportar consigo mismo, vaya donde vaya, el centro del paisaje que atraviesa. Pero ¿qué es lo que le sucede al paseante si las circunstancias le llevan hacia un punto naturalmente privilegiado (encrucijada de caminos o de valles), desde el cual no ya sólo la mirada, sino las mismas cosas irradian? Es entonces cuando, al coincidir el punto de vista subjetivo con una distribución objetiva de las cosas, se establece la percepción en toda su plenitud. El paisaje se descifra y se ilumina. Se ve.

Pierre Teilhard de Chardin S. J. – Verprólogo a El Fenómeno Humano

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Una nueva ola de proposiciones jesuíticas para “la transición” moja las playas políticas venezolanas. Hace seis días, se publicó un artículo (Acuerdo obligado) de Luis Ugalde S. J. (comentado en el programa #316 de Dr. Político en RCR), y Benigno Alarcón Deza, el Director del Centro de Estudios Políticos y Gobierno de la UCAB, ha promovido en la página web de esa unidad y en su servicio de correos las proposiciones—Cómo producir una transición democrática en Venezuela I y II—que ha llevado a “partidos políticos y plataformas de la sociedad civil, como Creemos Alianza Ciudadana y el Frente Amplio Venezuela Libre, así como a otros actores representativos”. En general, puede decirse que ambas iniciativas son meritorios esfuerzos bien encaminados, incluyendo la pieza de Ugalde labores concretas, principalmente económicas, una vez completada “la transición” y las de Benigno Alarcón un método para conducir en el camino hacia ella. También, por supuesto, Ugalde se refiere al método: “una salida pronta y negociada con espíritu de reconciliación, no de venganza sino de perdón”,* en la que a su juicio se debe dar participación a militares y el “chavismo democrático”. Por su parte, Alarcón propugna algo similar: “es esencial que el liderazgo democrático pueda posicionarse del lado de la tolerancia y la justicia, que es lo opuesto a la venganza” y también hace referencia a un “plan de gobierno que atienda la gobernabilidad durante la transición” sin especificarlo, así como recomienda “[p]repararse para una elección presidencial”.

Alarcón va más allá en lo metodológico; así expone: “la ruta descrita demanda un factor esencial, hasta ahora inexistente: un liderazgo responsable de la dirección del proceso. Tal como sucede con una orquesta, ésta no puede funcionar sin un director y una partitura (plan bien definido) y tampoco con varios directores que dan instrucciones simultáneamente siguiendo partituras distintas. Se necesita un director y una partitura. Sin tal liderazgo resulta imposible lograr avances significativos en ninguna de las tareas necesarias”. Sobre esto abunda proponiendo que ese “director”, ese líder único, sea elegido directamente por la ciudadanía y recomienda una forma de hacerlo:

…en una elección de participación abierta se corren dos riesgos principales: uno es la dispersión de votos entre candidatos (conocidos o emergentes), lo que pudiese traer como consecuencia que quien gane por una mayoría relativa no cuente con el reconocimiento de parte importante del resto de electores. El otro es que tal elección, como algunos temen, termine generando una importante pugnacidad que haga más difícil la posterior cohesión de todo el movimiento democrático en torno a un liderazgo. Ambos obstáculos pueden superarse con una solución sencilla que ha sido probada en procesos electorales en otros países: una elección con selección múltiple; para ello existen varias metodologías con distintos niveles de complejidad. Creo que en nuestro caso lo más sencillo puede ser lo más eficiente. Cada elector tendría la oportunidad de votar por tres candidatos de su preferencia. Esta metodología tendría dos ventajas. La primera es que todo candidato, al necesitar de los votos de los electores de sus contendores, se vería obligado a reducir su pugnacidad hacia los otros candidatos. Si alguien necesita los votos de otro, nadie que dedique su campaña a descalificarlo tendrá los votos necesarios para ser una de las tres opciones mayoritarias. La segunda ventaja es que el ganador será el que tenga el mayor consenso y el menor rechazo entre todos los competidores y se convertiría en una de las opciones para la gran mayoría de los electores.

Hace más de catorce años, la Carta Semanal #91 de doctorpolítico (17 de junio de 2004) había sugerido esa misma modalidad:

Estas cosas las perciben algunos entre los aspirantes a la sucesión de Chávez, y se han reunido, como en gremio, para acordarse en algunas cosas—acuerdo que Américo Martín llama “el contrato”—y urgir a la Coordinadora Democrática un cronograma hacia la celebración de elecciones de base para la determinación del candidato único. (…) Parece ser que Tejera París recomendó una segunda vuelta de esta elección, para cimentar aun más el apoyo al candidato. Es lo más probable que se decida que no hay tiempo para, además, hacer una segunda vuelta. Pero hay un modo de simularla. Consiste en el modelo que los norteamericanos llaman run-off election. (Elección por vaciado; “elección de pérdida”. Debemos el dato, desde hace varios meses, al Dr. Ramón Adolfo Illarramendi). En una elección por vaciado uno puede seleccionar más de un candidato en orden de preferencia. Por ejemplo, si el Sindicato Único de Aspirantes a la Sucesión de Hugo Chávez (SUASHCH) terminara admitiendo diez—o veinte—candidatos en la elección “primaria”, los Electores podríamos señalar, digamos, tres nombres en orden de preferencia. Si el que recibe más votos no obtiene la mayoría absoluta, entonces se va pasando sucesivamente un colador que finalmente determinará el aspirante elegido. Quien queda de último en los votos que postulan como primera opción es eliminado. Pero quienes votaron por él no dejan de estar representados, porque su segunda opción será acumulada a los votos de los candidatos correspondientes. De nuevo se repite el proceso. Se elimina al último —los eliminados no pueden ya recibir las transferencias—y se adjudican sus segundas opciones. (En algunos casos muy apretados puede llegarse a las terceras opciones antes de arribar a un ganador). Llega un momento en que este proceso produce un ganador con suficiente mayoría. (Es muy fácil programar computadores para que hagan los cálculos con gran rapidez. Bastará iterar un algoritmo, diría un programador). No es un método perfecto, pero se le señalan dos ventajas. Los candidatos no pueden con facilidad transar apoyos entre sí y reciben menos ventaja de campañas de descrédito de oponentes, puesto que su suerte puede depender del apoyo secundario de quienes opten por sus contendores. Las campañas tenderán a ser más positivas y los aspirantes se respetarán más.

………

En todo caso, las prescripciones de Ugalde y Alarcón son esencialmente metodológicas, del reino del cómo y no del qué, aunque el primero adelante tareas a cumplir desde el gobierno “de transición” y el segundo afirme: “La ruta descrita demanda un factor común para su desarrollo exitoso, un liderazgo que asuma la dirección y vocería única del proceso, que debe desarrollarse bajo un plan debidamente concebido”. Nadie propondría, supongo, un plan indebidamente concebido, pero la expresión de Alarcón revela que ese plan no existe aún.

La confusión de la herramienta con el fin explica mucho de los resultados de la política nacional. La discusión pública venezolana se halla a punto de agotar los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a los principales factores de poder de la sociedad. Nuevamente, no hay duda de que términos tales como el de conciliación o participación se refieren a muy recomendables métodos para la búsqueda de un acuerdo o pacto nacional. No debe caber duda, tampoco, que no son, en sí mismos, la solución. (…) Es decir, se insiste en hablar de la herramienta sin hablar del producto que ésta debe construir. (De la herramienta al producto, en Los rasgos del próximo paradigma político, 1ª de febrero de 1994).

En efecto, no hay plan; no hay, más operativamente, una estrategia para causar la transición, tan sólo la prescripción de un liderazgo único que debe dirigir la orquesta en la interpretación de una única partitura que no ha sido escrita. Bueno, conocemos dos de sus temas principales: presión—”Ya dijimos que la mayor parte de las transiciones democráticas en el mundo se han producido por la movilización y presión social masivas” (Alarcón)—y negociación—“una salida pronta y negociada con espíritu de reconciliación” (Ugalde)—; el mismo Alarcón trae a colación sobre este punto:

Shimon Peres, cuando se le preguntó si veía la luz al final del túnel en el conflicto entre su país, Israel, y Palestina, dijo: “veo la luz, pero lo que aún no veo es el túnel que nos llevará a ella”. Si alguien tiene una propuesta más realista que no implique sentarse a esperar a que otros decidan o hagan algo que nosotros no hemos sido capaces de hacer, seré el primero en reconocer, con la mayor humildad, la pertinencia de otra alternativa y poner mi mayor esfuerzo en la construcción de un camino que sea factible hacia una Venezuela libre, próspera y democrática.

………

Hay una manera eficaz y supremamente democrática de causar, de producir la transición; ésa no es otra que la decisión del Pueblo en referendo. El poder supraconstitucional del Pueblo y sólo él, a menos que Nicolás Maduro se avenga a renunciar a su nuevo período, puede causar una nueva elección presidencial, ésa para la que Alarcón aconseja prepararse:

El Poder Constituyente Originario, el Pueblo llamado a referendo en ese carácter, tiene la potestad de superponerse a la Constitución y aprobar una norma que ella no contemple. En consecuencia, puede preguntársenos a Nosotros, la Corona, el Soberano, lo siguiente: ¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria a elecciones, en el plazo de tres meses a partir de esta fecha, que escojan al ciudadano que se encargue de la Presidencia de la República hasta el 10 de enero de 2019, elecciones ésas en las que podrá participar como candidato el ciudadano Nicolás Maduro Moros, actualmente en el cargo? Que el presidente Maduro pueda presentarse como candidato marca, primeramente, una diferencia sustancial con la figura del referendo revocatorio; no se trata de una revocación, no la sustituye, y por consiguiente no puede recibir contravención jurídica alguna sobre la base de que la revocación está expresamente normada en la disposición del Artículo 72 de la Constitución. Luego, tal vez funcione como disuasivo de lo que pudiere ser su explicable tentación de oponerse a la solución descrita, con igual denuedo con el que ha entorpecido la revocación. (Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016).

La misma fórmula, presentada hace dos años en este blog y en el programa #219 de Dr. Político en RCR, puede ser ajustada al momento actual. En la copiosa literatura oposicionista de estos años brilla por su ausencia el Pueblo, al que sólo quiere convocarse para “la movilización y presión social masivas”. Pero una decisión inapelable del Soberano es más eficaz que la mera presión, y ella puede ser causada por la organización de un referendo consultivo de iniciativa popular (con 10% de los electores, o la mitad del esfuerzo requerido para un referendo revocatorio).

Pero mandar es muy preferible a protestar. (…) Para esto es necesario, naturalmente, que el pueblo venezolano adquiera conciencia de Corona. Que se percate de que no tiene que desfilar para pedir o protestar, que no tiene que rogar pues puede mandar. (La marcha de la insensatez, 12 de febrero de 2014).

Todavía es tiempo de causar esa conciencia, de apostar al Pueblo. Es él, antes que los conciliábulos negociadores que probablemente no podrán ser obviados, el actor decisivo. Es él la luz al final del túnel. LEA

………

*Sobre la prédica de Ugalde y Alarcón de no buscar venganza en la eventual transición, en Recurso de Amparo (14 de julio de 2015) debí contestar la pregunta que me hiciera la Sra. Amparo Schacher de Wiedenhofer: “Tomando en cuenta su visión de la política como acto médico ¿cuál sería el método y cuáles las primeras medidas a tomar si Ud. fuese elegido presidente actualmente?” Allí se encuentra lo siguiente:

Lo primero que haría como Presidente es comunicar al país mi convicción de que las personas de convicción socialista, en su mayoría, son gente que privilegia la virtud de la solidaridad, y que no debe llegarse a la Jefatura del Estado con ánimo altaneramente justiciero. Ya en septiembre de 1987 escribía (en Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela):

Si un aspirante a outsider sorpresivo, a “tajo” de las elecciones, plantea su campaña con un grado apreciable de vindicta, de falta de comprensión de lo que en materia de logros políticos debemos aun a los adversarios, obtendrá temprana resonancia y fracaso final. El outsider con posibilidad de éxito no se impondrá por una mera descalificación de sus contendientes y, en todo caso, no por descalificación que se base en la negatividad de éstos sino en la insuficiencia de su positi­vidad. El propio Isaac Newton reconoció: “Si pude ver más lejos fue porque me subí sobre los hombros de gigantes.”

Creo, por supuesto, que el socialismo, en tanto ideología, es terapia equivocada, medicina antigua, concebida en el siglo XIX como toda otra ideología—liberal o libertaria, social-demócrata o social-cristiana (o eso que ahora presentan como si fuera nuevo, un tal progresismo)—con la pretensión de saber cuál es la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que la sociedad actual no lo sea. Su presunción fundamental es errónea: a partir de unos pocos casos observables de empresarios nocivos para el grupo social, razonan que la empresa privada en general es perniciosa y por tanto debe ser establecido un “Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes”. (Diccionario de la Lengua Española; definición de socialismo). Si tal proceder fuese correcto, entonces habría que acabar con el Estado, pues son numerosos los casos de estados harto inconvenientes. Toda institución humana exhibe patologías, y la solución no es eliminarla, sino curarla.

Pero eso no es lo mismo que condenar al chavismo a la Quinta Paila del Infierno por toda la eternidad. Es posible hacer ver a quienes se inscriben en esa variedad del socialismo, aunque con dificultad, que su enfoque de la política es equivocado, como lo es toda posición ideológica. El error de mi contendiente no es causa de mi acierto, y nuestra tarea principal es la de reunir a un país ideológicamente dividido. Vale.

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George Clooney for President

 

Un político para el presente y el futuro

 

La idea expresada en el título de esta nota vino a la mente mientras veía una entrevista, de este mismo año, del mítico David Letterman a George Clooney. En ella se hizo aparente la evidente inteligencia del notable actor, así como otros rasgos de su personalidad, de los que no es el menor su compasión de persona con indudable vocación humanitaria. En Test para Trump (3 de agosto de 2016), se echó mano de cuatro rasgos necesarios descritos en El político virtuoso (18 de octubre de 2007), para examinar si alguno de ellos estaba presente en Donald Trump. (El artículo original de 2007 se proponía lo mismo para evaluar a Hugo Chávez). Por ejemplo:

Una tercera virtud política, exigible de los líderes que adquieren poder público y complementaria de la anterior o muy cercana a ella, es la compasión. (…) Quien odia es un mal político; quien se mueve con el poder en pos de sus resentimientos es un mal político, pues desecha parte integral del tejido social y niega a otros la libertad de mejorar, de dejar atrás sus errores y progresar moralmente.

El test propuesto concluía así: “Sería fácil añadir otras virtudes a esta exigua lista, pero si los ciudadanos tomáramos conciencia de que debemos exigir a nuestros políticos responsabilidad, humildad, compasión y honestidad, y así lo hacemos, podríamos al fin construir entre todos una buena república. Sería utilísimo, por caso, preguntarnos si el gobernante de turno ha sido adornado con las cuatro virtudes cardinales de un buen político. ¿Es Donald Trump responsable, en el sentido expuesto? ¿Es humilde? ¿Es compasivo? ¿Es honesto?”

………

Apartando su muy destacada carrera cinematográfica, Clooney ha hecho su impacto de activista en el campo de derechos humanos, que certificara la revista TIME en 2009 al incluirlo en su lista de “Personas más influyentes en el mundo”. Pone Wikipedia: “También destaca por su activismo político y económico, y ha servido como uno de los Mensajeros de la Paz de las Naciones Unidas desde el 31 de enero de 2008. Su trabajo humanitario incluye su postura de encontrar una resolución para el conflicto de Darfur, la recaudación de fondos para Haití por el terremoto de 2010, el reconocimiento del genocidio armenio, la ayuda a las víctimas del tsunami de 2004 y las del 11 de septiembre de 2001, y la creación de documentales tales como Arena y Dolor para elevar la conciencia general acerca de las crisis internacionales”. Por supuesto, su matrimonio con Amal Alamuddin, ella misma una eficaz abogada de derechos humanos, ha potenciado esta notable actividad de Clooney.

Viéndolo conversar con Letterman, creí encontrar una posibilidad presidencial en él; sus ideas son claras, son humanitarias, compasivas, algo muy distinto de las desalmadas, erráticas e irresponsables actuaciones de Donald Trump. No perteneciendo al establishment de la tradicional bipolaridad política estadounidense, y vividas las experiencias de competentes gobernantes que fueron antes actores de cine (Ronald Reagan y Arnold Schwarzeneger), me pregunté ¿por qué no Clooney como Presidente de los Estados Unidos? LEA

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Pataleo de “comeflor”

 

Vladimir y Benjamín conversandito

 

A JRR

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Hace un rato me envió un amigo el enlace a un artículo en The Harvard Gazette: Choosing partners or rivals, cuyo sumario anuncia que un reciente estudio de Martin Nowak y colaboradores examina cómo las estrategias pueden promover o destruir la cooperación. La dicotomía entre socios y rivales es la estructura lógica de los autores del estudio, que emplearon como modelo el clásico juego de estrategia que la literatura especializada conoce como Dilema del prisionero.

En vísperas de la Navidad de 2007, la aguda comentarista Argelia Ríos y su esposo invitaron a su casa a un compacto grupo de comensales: Cristina Guzmán, Bernardo Paúl (Q. E. P. D.), Arístides Hospedales, mi señora y yo. Estábamos contentos, luego de que el 2 de diciembre de ese año los proyectos socializantes de reforma constitucional de Hugo Chávez y la Asamblea Nacional de la época fueran derrotados en referendo, lo que el suscrito había predicho. Uno de los circunstantes aconsejó una actitud acogedora de la figura del general Raúl Isaías Baduel, pues pensaba que luego de su publicitada oposición a los proyectos mencionados pudiera emerger como líder nacional y eventual Presidente de la República. Otro me acusó de pensar la política románticamente*, y declaró como dogma que todo político venezolano quería en realidad ponerle la mano a la bolsa de treinta mil millones de dólares de la renta petrolera nacional. “A ver, nómbrame uno que no quiera eso”, me conminaba.

A partir de allí se agrió el feliz ambiente, pues rechacé con molestia tanto el dogma como la acusación. Tres días después (jueves, 27 de diciembre de 2007) tocaba publicar la Carta Semanal #269 de doctorpolítico, que decidí dedicar al examen de la discrepancia y envié a cada uno de los presentes en el gentil agasajo. Al leer hoy la nota en The Harvard Gazette me pareció que su análisis había sido anticipado en aquello que entonces había escrito, pues incluso eché también mano del “juego del prisionero”. De esa carta transcribo ahora lo fundamental de ella:

El protagonista de ¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes? (por Enrique Jardiel Poncela) se propuso, con ánimo de naturalista de lo más empírico, una exploración que pudiera rebatir la noción de que alguna vez hubiera once mil vírgenes. Su método: yacer con toda mujer que tuviese a tiro. Después de una catalogación sexual que le llevó años y a muchos sitios, después de una dilatada carrera de fornicador, jamás encontró una virgen. Así, razonó, nunca hubo once mil vírgenes, pues si alguna vez las hubiera habido debería haber quedado aunque fuera una.

Respecto de la existencia de un himen, sin embargo, es fácil pensar dicotómicamente. O una mujer lo tiene o no lo tiene, es tautología que se insinúa de inmediato. O es virgen o no lo es. O está preñada o no lo está; no puede estar medio preñada. Pero los políticos no son categorizables de modo tan elemental, a pesar de que, con autocomplaciente vulgaridad, admirados de su propia y pretendida astucia, haya quienes digan con frecuencia que a Perencejo le hace falta mucho burdel político. Implícita en una caracterización tal, está la idea de que cierta inmoralidad es imprescindible para ejercer la política, que la conducta inmoral o amoral es consustancial a la política.

Atendamos, entonces, a lo que las ciencias, sociales y biológicas, tienen que decir sobre este asunto, pues, quiéralo o no el cínico, es deber moral del político ser responsable y serio, puesto que se entromete en la vida de un amplio contingente humano, y no puede hacer eso con seriedad o responsabilidad si no procura abrevar de lo científico.

Una primera constatación, evidente, es que ciertamente hay conductas observables que responden a motivaciones egoístas, que hay comportamientos que se rigen por la suspensión de otra moralidad que no sea el propio interés o beneficio. La palabra “maquiavelismo” ha llegado a ser un término técnico; los psicólogos sociales y de la personalidad lo emplean para describir la tendencia de una persona a engañar y manipular a otras personas para fines de ganancia personal, y también aluden a “inteligencias maquiavélicas”. De hecho, Richard Christie y Florence Geis diseñaron un test destinado a medir el nivel de maquiavelismo presente en una persona cualquiera. El test MACH-IV, desarrollado hacia 1960, se ha convertido en la herramienta estándar de los psicólogos para la evaluación cuantificada de la presencia de maquiavelismo. Algunos, bastante interesantemente, han creído encontrar una correlación entre maquiavelismo y desórdenes psicopáticos o sociopáticos y, más específicamente, con el desorden narcisista de la personalidad, de indudable importancia política en Venezuela. Sobre todo los sociópatas se caracterizan, como las personalidades maquiavélicas, por la maquinación astuta. Estos tipos de personalidad no son, por fortuna, los más frecuentes.

Una segunda fuente científica mana de la Biología, y crea un río que corre en dirección distinta. Escribiendo para The New York Times (Científicos hallan inicios de la moralidad en comportamiento de primates, 20 de marzo de 2007), Nicholas Wade reporta:

Algunos animales son sorprendentemente sensitivos a peligros que acosan a otros. Los chimpancés, que no saben nadar, han llegado a ahogarse en estanques en zoológicos tratando de salvar a otros. Ante la posibilidad de obtener comida halando una cadena que también administra una descarga eléctrica a un compañero, los monos rhesus pasan hambre durante días enteros. Los biólogos arguyen que éstas y otras conductas sociales son las precursoras de la moralidad humana… El año pasado Marc Hauser, un biólogo de la evolución en Harvard, propuso en su libro Mentes morales que el cerebro tiene un mecanismo, conformado genéticamente, para la adquisición de reglas morales, una gramática moral universal similar a la maquinaria neural para el aprendizaje del lenguaje. En otro libro reciente, Primates y filósofos, el primatólogo Frans de Waal defiende, contra filósofos críticos, su punto de vista de que las raíces de la moralidad pueden encontrarse en la conducta social de monos y simios… La vida social requiere empatía, la que es especialmente obvia entre los chimpancés, así como sus métodos para terminar las hostilidades internas. Toda especie de simio o mono tiene su propio protocolo para la reconciliación después de las peleas, según hallazgo del Dr. de Waal. Si dos machos no logran reconciliarse, los chimpancés hembras a menudo reúnen a los rivales, como si sintieran que la discordia empeora a la comunidad y la hace más vulnerable al ataque de vecinos. Incluso llegan a evitar una pelea arrebatando piedras de las manos de los machos. El Dr. de Waal cree que estas acciones son emprendidas para el mayor bien de la comunidad, distinto de las meras relaciones entre individuos, y son un precursor significativo de la moralidad en las sociedades humanas.

Pero es que hasta en disciplinas más abstractas, como la Teoría de los Juegos (John von Neumann y Oskar Morgenstern), es posible asistir a la emergencia de la cooperación. El famoso “dilema del prisionero” es un juego de estrategia matematizable—inventado en la Corporación RAND, el más grande think tank del mundo—, que modela cómo es posible llegar a un resultado que daña a todos los jugadores cuando éstos siguen una estrategia perfectamente racional que se cierra a la cooperación. Llevado a computadores que juegan entre sí, y a pesar de sembrar en ellos una estrategia inicial de retaliación (tit for tat), al cabo de numerosas repeticiones los computadores típicamente “aprenden” a cooperar.

El altruismo, pues, es tan real como el egoísmo, por lo que cualquier esfuerzo serio y responsable de entender el comportamiento social, y de hacer política, debe tomarlo en cuenta.

En febrero de 1985 escribía el suscrito: “Si se piensa en la distribución real de la ‘honestidad’—o, menos abstractamente, en la conducta promedio de los hombres referida a un eje que va de la deshonestidad máxima a la honestidad máxima—es fácil constatar que no se trata de que existan dos grupos nítidamente distinguibles. Toda sociedad lo suficientemente grande tiende a ostentar una distribución que la ciencia estadística conoce como distribución normal de lo que se llama corrientemente ‘las cualidades morales’: en esa sociedad habrá, naturalmente, pocos héroes y pocos santos, como habrá también pocos felones, y en medio de esos extremos la gran masa de personas cuya conducta se aleja tanto de la heroicidad como de la felonía… Tan imposible como hacer que una población esté compuesta por genios, es lograr que sea toda de idiotas. Tan imposible como hacer que toda sea una población de santos es obtener que sea íntegramente conformada por delincuentes, y, por tanto, en una sociedad económicamente justa, no podrá ser que todos sus habitantes sean ricos o que todos sus habitantes sean pobres”.

Una “Política Clínica”, pues, no cree que “el maestro es el apóstol de la juventud”, como titulaba Luis Beltrán Prieto Figueroa uno de sus recordados artículos, ni tampoco que la universidad es “fundamentalmente una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre”, como reza nuestra Ley de Universidades. (1970). Ese lenguaje hiperbólico no es bueno para fundar repúblicas, y ya Bolívar alertaba contra las que llamaba “aéreas”. Para ser político clínico no es necesario chuparse el dedo.

Pero una aberración contraria, si queremos hacer dicotomías, es desconocer el altruismo en política. El político profesional serio debe ser, sin duda, realista. Esto no conduce a tener el realismo como sinónimo de cinismo. Nadie menos que Federico el Grande de Prusia quiso escribir un breve ensayo—corregido y ampliado por el cáustico Voltaire, su protegido—para refutar a Maquiavelo. En Anti-Maquiavelo (1740), Federico expuso que el italiano había ofrecido un punto de vista parcial y sesgado del arte del estadista. Además de reivindicar un lugar para un genuino interés por la prosperidad de los ciudadanos, el gran monarca apuntó agudamente cómo Maquiavelo había escamoteado la evidencia del término infeliz o desastroso de más de un gobernante malhechor por él alabado.

Y es que, asimismo, no es nada difícil recabar comprobación empírica de que la bondad es eficaz. La bondad funciona en la práctica. Los expertos en gerencia de personal ya abrazaban, a fines de los años sesenta del siglo pasado, la “Teoría Y”, que se oponía a una “Teoría X” que contemplaba cínicamente las motivaciones de los empleados de las empresas privadas. Sin darse cuenta de lo que hacían, eran, como Federico el Grande, antimaquiavélicos. Habían descubierto que, con mucho, era preferible ser amado que temido.

El líder temido, no cabe duda, puede ser muy eficaz. Con frecuencia logra sus propósitos. Pero para lograr metas más elevadas es necesario ser líder amado. No se puede convocar a grandes cosas desde el miedo.

Es en este sentido práctico, plenamente realista, que Don Pedro Grases, el gran catalán venezolano, afirmaba en su septuagésimo quinto cumpleaños: “La bondad nunca se equivoca”. Para quien había logrado escapar de la muy real y concreta tragedia de la Guerra Civil Española, eso no era poesía, sino constatación práctica.

Una política fundada en ese sentimiento, a pesar de su hermosura, es perfectamente posible. (Y muy necesaria). LEA

………

*El 20 de marzo pasado escribí a un amigo distante acerca de mi presunta ingenuidad, que recientemente ha sido presumida como la posición desde la que predico un referendo por iniciativa popular que pueda disolver la Asamblea Nacional Constituyente en funciones. Así le puse:

Hay quienes razonan que siempre he sido un iluso comeflor, que no entiende que “el régimen” nunca va a permitir ese referendo. Yo creo que le será al gobierno muy difícil impedirlo.

Conozco al enemigo; tú hiciste universidad en el “monasterio” de la UCAB, yo también allí, pero antes estuve tres años en Mérida (donde fui el participante más destacado de un curso antiguerrillero bajo instrucción de un capitán cubano anticastrista) y uno en la UCV, adonde fui armado a rescatar cuatro decanos no izquierdistas secuestrados en el salón del Rectorado. He debatido más de una vez con comunistas, y ellos siempre salieron en derrota. Sé cómo piensan y cómo operan, sé qué trampas emplean y dónde las colocan; sé rebatirlos. (En 1962, fui elegido como primer Presidente del Movimiento Universitario Católico de la ULA porque dos días antes logré revolcar a un mirista y un comunista en su Facultad de Humanidades). Sé también que, en último caso, pueden matarme, pero ya estoy demasiado mayor como para que eso me importe. En Retrato hablado (30 de octubre de 2008), escribí:

Finalmente, y no menos importante, la persona en cuestión deberá estar dispuesta a arriesgarse grandemente. Una tarea como la descrita [contrafigura de Chávez] pondrá en peligro, indudablemente, su seguridad personal. Chávez no es José Gregorio Hernández, y aun si quisiere respetar a ese contendiente, tan distinto de los que ha confrontado hasta ahora, su círculo inmediato incluye gente violenta con lógica revolucionaria que autoriza, en nombre de valores pretendidamente superiores, prácticamente cualquier cosa. Lo de Chávez y sus principales aliados es un protocolo de poder sine die, eterno. El outsider del que se viene hablando deberá ser capaz de resistir los ataques que sobrevendrían, en una gama que puede ir desde el enlodamiento de su reputación hasta la eliminación física. El riesgo aumentará a medida que la opción que represente comience a significar una posibilidad clara de éxito.

No soy un comeflor; no me chupo el dedo.

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