Doble conminación

Apuntando a dos blancos

 

En el programa de Dr. Político por Radio Caracas Radio del último sábado (emisión #241) se dirigió una exigencia a los Poderes Legislativo y Ejecutivo Nacionales (y al Partido Socialista Unido de Venezuela y la Mesa de la Unidad Democrática)* para que acuerden convocar al Poder Constituyente Originario, a fin de que este Poder Supremo del Estado venezolano dilucide las cuestiones fundamentales de nuestra problemática política: la conveniencia para el país de un régimen político-económico socialista y la celebración de elecciones presidenciales inmediatas. Estas cosas no requieren de un diálogo complicado o prolongado y tampoco el “acompañamiento” de expresidentes o enviados pontificios; basta que cada una de las partes entienda que la democracia participativa tiene la solución a la crisis política nacional: “Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional”. (Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).

He aquí el fragmento de audio correspondiente a ese reclamo:


LEA

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* Venebarómetro, febrero de 2017: PSUV, 24,5%; los cinco mayores partidos de la MUD (el quinto COPEI con 1,0%) suman 25,9%; no saben o no responden, 40,8%.

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Atribuciones de una autoridad planetaria

Opinión de un ciudadano del mundo

 

El conocimiento de un único gobierno temporal sobre la humanidad es lo más importante y lo menos explorado. Dado que esta teoría es una ciencia práctica, su primer principio es la meta de la civilización humana, la que debe ser una y la misma para todas las civilizaciones particulares. Por el gobierno temporal del mundo o imperio universal entendemos un único gobierno sobre todos los hombres en el tiempo, esto es, sobre y en todas las cosas que pueden ser medidas en tiempo.

Dante Alighieri De Monarchia, 1313

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Todavía falta tiempo bastante para que una conciencia irreversible se apodere de los seres humanos: que la suprema condición política es la de ciudadano del planeta, que la polis que finalmente tiene sentido es la planetaria.

Ciudadanía mundialCarta Semanal #285 de doctorpolítico, 8 de mayo de 2008

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Lectura obligatoria

Urgently needed is a Humanity Constitution which institutionalizes a suitable global regime and decision-making bodies, while avoiding “structural sin”, such as expanding interventions beyond what is essential.

Yehezkel DrorAvant-Garde Politician – Leaders for a New Epoch, 2014

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En la carta de la que procede el segundo epígrafe, se formulaba el problema hace casi una década en estos términos:

…no tenemos gobierno mundial. Hay una asociación de estados-nación, más bien tenue, en la Organización de las Naciones Unidas, y ciertamente han ido añadiéndose instituciones planetarias con autoridades hasta hace poco inexistentes. (La Corte Penal Internacional es el caso más destacado y significativo). Por otra parte, hay megaprocesos cuya presión va llevándonos a conformar, en algún momento no tan lejano, una polis del mundo. Hay un calentamiento global que todos causamos, desde una vaca en Abisinia hasta un fumador en Estocolmo, desde un tractorista en Wisconsin hasta un talador en la Selva Amazónica. El clima no reconoce fronteras. Hay, desde hace tiempo ya, corporaciones transnacionales, pero también crimen transnacionalizado, desde el más vulgar hasta el terrorista, incontenible por policías locales. Hay, también, un cerebro del mundo en construcción. Google procesa ya alrededor de mil millones de búsquedas por día, y todavía la Internet está en pañales. Nos preocupa Chávez, pero también Putin y Bush, y se nos engurruña el corazón con un volcán chileno o un ciclón birmano. El mundo es plano, argumenta Thomas Friedman.

Es necesario un pacto federal que transfiera a una autoridad central planetaria ciertas atribuciones. ¿Cuáles serían? ¿Quiénes serían las autoridades de ese Estado global? ¿Cómo se les elegiría? Debe haber una legislatura planetaria, tal vez construible sobre una reforma de la Asamblea de las Naciones Unidas, pero probablemente haya que sustituir el Consejo de Seguridad por un Senado Planetario, compuesto por miembros elegidos por los bloques de la “geotectónica política”. Hay ya grandes bloques en el planeta bajo autoridad única: EEUU, Rusia, China, India, Europa, Australia. Hay protobloques en América del Sur y África, así como subbloques en Centroamérica. Hay entidades que tienen más bien base religiosa, como el Islam, que agrupa a más de 1.200 millones de almas. ¿Cómo sería y cómo pudiera establecerse un gobierno mundial viable y beneficioso? ¿Cómo se pagará?

En la base de todo tendría que estar la conciencia apuntada al principio: la de que en verdad somos, por encima de cualquier otra cosa, ciudadanos del planeta; la de que es una nueva soberanía planetaria, emanada del único pueblo del mundo, lo que dará base a un gobierno del mundo.

Esta última noción, la de soberanía planetaria, establece la única legitimidad posible para un gobierno del mundo: que la “Constitución de la Humanidad” propuesta por Yehezkel Dror sea aprobada por una mayoría calificada—¿dos terceras partes?—de la población del mundo expresada en referéndum, lo que es, en época de la extensa Internet, tecnológicamente posible. Cualquier otra cosa sería la imposición aristocrática de los barones del mundo. Aquí difiero de esta percepción del Prof. Dror: “La democracia global, en un sentido u otro, no es factible en el futuro previsible y la ficción de la igualdad entre los estados no puede servir de base para el régimen global requerido”. Si bien su advertencia opera para la toma de decisiones ordinaria de una autoridad mundial, sólo un origen constitucional democrático de ésta en un referéndum planetario que es viable dará fundamento a su legitimidad. Pudiera organizarlo un Consejo Mundial Electoral que presida Mark Zuckerberg.

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A la creación de los Estados Unidos en América del Norte (1777), sus padres fundadores redactaron y aprobaron su primer texto constitucional, en el que establecieron la igualdad fundamental de tránsito y comercio de sus ciudadanos—salvo para los pordioseros, vagabundos y prófugos de la justicia—en todo el territorio de la unión (la integración económica de un plumazo en su Artículo 4).* En ese documento—Articles of Confederation—se plasmó la sabia decisión de limitar los poderes del nuevo estado federal a tres cosas: 1. la conformación y jefatura de un solo ejército; 2. la dirección de una sola política exterior; 3. el establecimiento y administración de una sola moneda. (En el Artículo Segundo se estableció clara y explícitamente: “Cada estado retiene su soberanía, libertad e independencia, y todo poder, jurisdicción y derecho que no sean por esta Confederación expresamente delegados a los Estados Unidos reunidos en Congreso”).

Algo así sería necesario para establecer una autoridad planetaria, la Global Authority que Dror visualiza;** la propone formada por un Directorio, un Consejo—mayormente científico—y una Corte Global de Justicia. Es de suprema importancia que Dror especifique un espacio a la inteligencia y el conocimiento en el Consejo de tal gobierno mundial. (Carl Sagan era más radical, según reporta Guy Soreman en Los verdaderos pensadores de nuestro tiempo):

¿Qué propone, pues, Sagan a una humanidad bloqueada incómodamente a medio camino entre la mundialización y la autodestrucción? Es poco probable, estima él, que la sabiduría gane la batalla, si permanecemos encerrados en los marcos políticos y mentales concebidos en una época en que los hombres eran menos numerosos e incapaces de destruir el planeta. Sólo la utopía es hoy razonable. La utopía política: hay que retirarle el poder a la clase política, para dárselo… ¡a los sabios! “La ciencia tiene respuestas, a condición de que se nos quiera escuchar”. (Citado en La hora del filósofo-rey).

En la tradición de Elías

Dror sugiere tentativamente que el Consejo “esté compuesto por 16 miembros, la mitad de ellos ganadores del Premio Nobel” que sean menores de 60 años de edad. (¿Debiera permitirse que las academias sueca y noruega, por más prestigiosas que sean, determinen la composición de la mitad de un cuerpo de autoridad mundial?) Pero Dror tiene razón al incluir bajo ese Consejo lo relativo a la “evaluación de los peligros que se deriven de desarrollos de la ciencia y la tecnología”, que han sido su preocupación constante; hay que hacer caso al autor de Crazy States (1971),*** al vigilante del terrorismo como fenómeno, cada vez más globalizado y sofisticado.

En todo caso, y más allá de esa área específica, falta por establecer cuáles serían los asuntos sobre los que la autoridad mundial debiera tener injerencia exclusiva.

Como a los estadounidenses de 1777, convendría mucho a los pueblos de la tierra que hubiera en el planeta una única moneda, pues así cesarían de cuajo los serios problemas que se derivan de las tasas de cambio diferenciales de monedas diferentes. Esto es, debe pensarse en una autoridad monetaria única del mundo, y tal vez esto deba caer fuera de las tres instituciones sugeridas por Dror, del mismo modo que un banco central sano goza de autonomía respecto de la autoridad ejecutiva en un país sanamente gobernado. (Es previsible que una moneda única mundial llegue a expresarse como criptomoneda, como bitcoin).

En materia de defensa, debiera pasar al dominio exclusivo de la autoridad mundial todo el arsenal de armas de destrucción masiva; no debe permitirse, por ejemplo, a ninguna nación la posesión de armas nucleares.

Mucho se ha pensado, en una especie de convicción de invulnerabilidad final muy acusada en nuestro pueblo, que una conflagración nuclear en países del Hemisferio Norte (OTAN-Varsovia), si bien nos afectaría grandemente por el lado económico, al menos nos sería leve en cuanto a lo físico, a los daños por los efectos mismos de las explosiones, entre otras cosas por distancia y por factores naturales tales como el pulmón del Matto Grosso. Pero los modelos más recientes de meteorología nuclear nos muestran cómo nos veríamos directa e impensablemente afectados por un invierno artificial de proporciones cataclísmicas, que incluiría la traslación, por inversión de los ciclos eólicos normales, de nubes de hollín y polvo que harían barrera a más del 90% de la radiación solar incidente (con lo que muy pronto la superficie terrestre descendería a temperaturas de subcongelación) y de nubes intensamente radiactivas. (Para un caso base de un intercambio de 5.000 megatones, equivalente a la mitad del arsenal actual. Ackerman, Pollack y Sagan, Scientific American, agosto de 1984). (En Debate Viso, Urbaneja, Alcalá; 10 de diciembre de 1984).

Luego, es mi opinión que la exploración del espacio extraterrestre, así como la posible explotación de recursos fuera de la tierra, debe ser conducida por la autoridad mundial: “Los astrofísicos consideran muy seriamente la posibilidad de vida inteligente extraterrestre. En realidad, dado el gigantesco número de estrellas y galaxias, contadas por centenares de millones, la hipótesis de que estamos solos en el cosmos resulta, decididamente, una conjetura presuntuosa”. (Un tratamiento al problema de la calidad de la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990). “Para prevenir escenarios de invasiones agresivas extraterrestres, o para demoler aerolitos amenazantes en imitación de Bruce Willis en Armagedón, la Organización de las Naciones Unidas debiera asumir un único control planetario de esta clase de armamentos [nucleares]”, escribía en Ideas para la crisis el 7 de abril de 2009. Bueno, ahora ese control debiera estar en manos de la autoridad global droriana.

La demolición de las torres gemelas del Centro Mundial de Comercio en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, fue el primer acto de hiperterrorismo por el que el mundo se alarmara y acongojara, y el gobierno de los Estados Unidos respondió con una retaliación militar, la invasión de Irak, que habría sido lo indicado si se tratara de que un estado fuera el responsable de los ataques. Pero, por más grande que fuese, el monstruoso atentado fue un hecho criminal a tratar policialmente, sólo que no tenemos una policía antiterrorista mundial. Pues bien, ella debe ser establecida para ocuparse del terrorismo transnacional y tal vez otros delitos penetrantes de fronteras, como el tráfico de armas y la trata de blancas. Necesitamos una policía planetaria, un FBI mundial. (Precedente: el secuestro del hijo de Charles Lindbergh y Anne Morrow en 1932 propulsó la declaratoria de esa ofensa como delito federal; es decir, fue sustraída de la jurisdicción penal de los estados una vez que sus fronteras fueran cruzadas por los secuestradores).

Definitivamente, por último, debe caer bajo el control de la autoridad mundial lo concerniente a la protección del ambiente terrestre, con multas y todo. “El clima no reconoce fronteras”, y en esto, como también en los restantes problemas, la autoridad mundial puede echar mano de los recientes progresos en materia de acuerdos internacionales; en este caso, sobre la protección ambiental del mundo.

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En suma, hay que pensar como Yehezkel Dror lo hace. Ya en 2001 proponía en su reporte al Club de Roma (The Capacity to Govern) una noción que relanzaría una década después en The New Ruler: que la razón de Estado debía ser superada por la razón de Humanidad. LEA

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* The better to secure and perpetuate mutual friendship and intercourse among the people of the different States in this Union, the free inhabitants of each of these States, paupers, vagabonds, and fugitives from justice excepted, shall be entitled to all privileges and immunities of free citizens in the several States; and the people of each State shall free ingress and regress to and from any other State, and shall enjoy therein all the privileges of trade and commerce, subject to the same duties, impositions, and restrictions as the inhabitants thereof respectively, provided that such restrictions shall not extend so far as to prevent the removal of property imported into any State, to any other State, of which the owner is an inhabitant; provided also that no imposition, duties or restriction shall be laid by any State, on the property of the United States, or either of them.

** En el siguiente enlace puede descargarse una sección del capítulo Circumscribed Global Leviathan de Avant-Garde Politician – Leaders for a New Epoch (págs. 39-42) de Yehezkel Dror, en archivo de formato .pdf: Global Authority

*** “Un estado loco 1. tiene objetivos muy agresivos en contra de otros; 2. mantiene un profundo e intenso compromiso con esos objetivos (dispuesto a pagar un alto precio por su logro y a correr grandes riesgos); 3. está imbuido de un sentido de superioridad frente a la moralidad convencional y las reglas habitualmente aceptadas de la conducta internacional (dispuesto a la inmoralidad e ilegalidad en términos convencionales en nombre de ‘valores superiores’); 4. exhibe un comportamiento lógicamente consistente dentro de tales paradigmas; 5. lleva a cabo acciones externas que impactan la realidad (incluyendo el uso de símbolos y amenazas)”. A los veinte años de la publicación de Crazy States, Daniella Ashkenazy entrevistaba a Dror en The Jerusalem Post; allí destacó:

Crazy States was written in an era before terrorists and separatist and liberation movements began blowing up aircraft and buses, kidnapping civilians and politicians, and killing Olympic sportsmen. Dror put a great deal of energy into proving that his vision of the future was within the realm of probabilities. Crazy States mapped out a vision that humanists found hard to accept. The prestigious American Political Science Review observed: “Brilliant thinking … but how can he be so fantastic and distanced from reality?” In retrospect, while Dror may have the last laugh, it’s a hollow one. “I have mixed feelings about being right – both satisfaction and regret,” he replied; “intellectual satisfaction; regret as a human being.”

“Resueno, pues, con la tristeza de Yehezkel Dror; no hay diversión en ver cómo se desenvuelve un resultado negativo del que uno advirtiera”. (Hallado lobo estepario en el trópico, 28 de mayo de 2011).

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Del catastrofismo como placer

Un camino a la notoriedad

 

catastrofismoActitud de quien, exagerando con fines generalmente intimidatorios, denuncia o pronostica gravísimos males.

Diccionario de la Lengua Española

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El estropicio causado en Venezuela por el chavismo-madurismo es de muy grandes proporciones. Al término de su dominación, será preciso practicar cirugía reconstructiva sobre el Estado venezolano y hacer mucha psiquiatría política de nuestra sociedad, pues el daño en la psiquis nacional que esa dominación ha producido es muy considerable.

Desde que entró, en mala hora, Hugo Rafael Chávez Frías a la política venezolana, el 4 de febrero de 1992, este ciudadano se ha conducido, constantemente, como un modelo agresivo. (…) Cualquier cosa positiva que Chávez haya podido traer a su pueblo es anulada por esta permanente modelación de la violencia, por cuanto aquí el daño que infiere es a lo psíquico de nuestra sociedad. (…) Preparémonos para una inmensa tarea de psiquiatría política al cese de su mando. (Nocivo para la salud mental, 5 de julio de 2007).

Entonces llevaba el pernicioso modelo socialista ocho años de haberse inaugurado, y esa peligrosidad era previsible. Cuatro días antes de su primera elección, el ingeniero petrolero Marco Antonio Suárez escribía muy preocupadamente a sus amigos:

No puedo votar por Chávez. Hago uso de mi muy democrático derecho a disentir. Por mucha arrechera que también tenga encima no pretendo lanzarme del trampolín sin saber si la piscina tiene agua, o por lo menos si hay piscina. No he visto en Chávez ni la intuición de saber gobernar esta complicación llamada Venezuela. No le he leído una frase coherente, sino efectista; no le he escuchado una propuesta sabia, sólo una denuncia hiperbólica llena de malabares. Lo cual no me impide ver que su triunfo es inminente y hasta posiblemente necesario. Creo que en su rabia represada los venezolanos estaremos tomando una decisión propia de ignorantes. (…) En cuarenta años la democracia venezolana ha preparado una generación completa de ignorantes, educados mediocremente, que leen y escriben su propia lengua mediocremente, mientras el chorro petrolero nos pasaba a todos por encima en cantidades encandilantes e iba a parar a bolsillos más que identificados, los mismos que de quienes hoy se rasgan las vestiduras. He aquí la combinación de la cual Hugo Chávez es producto: Venezuela está a punto de tomar una decisión marcada por la ignorancia innata de toda una generación estafada por nuestra versión de democracia. (…) Ya ni siquiera hace falta pensar en los culpables, que en su hirsuto afán de aferrarse a cualquier tipo de poder no se detienen a pensar que están frente a lo que crearon, y que lo mejor es encararlo con una dignidad que desconocen. Ojalá que entre la miríada de interrogantes que Chávez se niega a responder con algún dejo de claridad esté escondida en alguna parte una declaración de emergencia de la educación venezolana. Si alguno, ése debe ser su legado. Porque una vez electo, no son cinco, ni diez, son veinte años antes de que volvamos a ver luz. Y mientras tanto una nueva generación podrá educarse para que estos resbalones históricos no vuelvan a suceder. Para que la retórica superficial y sabanera no vuelva a ser protagonista. Para que los adornos baratos del lenguaje no sustituyan la discusión seria. Por lo pronto, Chávez habemus, con todo y verruga. Es nuestra manera particular de recibir el siglo XXI. Por ahora. (Anfitrionía, 4 de diciembre de 1998).

Más todavía, la posibilidad de la emergencia golpista fue anunciada en julio de 1991 (Salida de estadista) y ¡en septiembre de 1987! (Aunque en esta última fecha el suscrito la tenía por la menos probable entre los tipos concebibles de golpe de Estado: Modelo del Cono Sur, Modelo populista, Modelo cívico-militar):

Por otra vía, los golpistas podrían buscar apoyo, ya no en los sectores económicos, sino en los estratos de más bajos ingresos, planteando una orientación populista (al estilo de Perú en los años sesenta) nutrida ideoló­gicamente de fórmulas de izquierda, esto es, con dosis variables de mar­xismo. Los requisitos de un golpe de esta naturaleza son básicamente los mismos que los de cualquier intento militar. Principalmente, requiere un ni­vel muy acusado de descontento popular e incidentes reiterados de protesta social. Pero además requiere la presencia muy marcada de un liderazgo militar con ideología de izquierda. (…) …de ganar las elecciones de 1988 uno de los candidatos tradicionales (…) el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela; originalmente, los golpistas de febrero de 1992 planearon asaltar el poder en movimiento del 16 de diciembre de 1991, para amanecer en Miraflores en día de la muerte de Bolívar).

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La sociología de la Revolución Francesa

No toda predicción es, sin embargo, catastrofista. Alexis de Tocqueville consideraba la visión como una cualidad imprescindible en el verdadero estadista. Así dijo en L’Ancien Régime et la Révolution:

…es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, Intendentes, los magistrados—hayan exhibido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hom­bres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la adminis­tración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evolu­ciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario.

En el año del Caracazo, varios ministros de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez venían de posiciones ejecutivas exitosas en la empresa privada o en las filas académicas del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA); Moisés Naím, por ejemplo. Eran gente experimentada en las técnicas de gestión, pero el nombrado escribió un libro acerca del gigantesco desorden desde su voluntario y permanente exilio:

Naím estuvo entre quienes expresaron su sorpresa por la eclosión del descontento popular. En 1994, el Fondo Carnegie publicó su libro Paper Tigers and Minotaurs – The Politics of Venezuela’s Economic Reforms, sobre el paquete de Pérez y sus vicisitudes. (Puede leerse en este blog una crítica de ese libro en Minotauro de papel, artículo de diciembre de ese año). Naím argumentó que el Caracazo no se debió a que la política económica que él, como Ministro de Fomento, contribuyó decisivamente a implantar, estuviera fundamentalmente errada, sino a la falla de orden comunicacional de un gobierno que no supo explicar por qué el pueblo tenía, para alcanzar “la mayor suma de felicidad posible”, que someterse a la infelicidad de los desalmados ajustes del Consenso de Washington. El economista Jeffrey Sachs escribió una introducción al libro de Naím en la que comparte la sorpresa del autor:  “La gran paradoja de la experiencia venezolana es que logros macroeconómicos significativos—un rápido crecimiento del PNB, el haber esquivado la hiperinflación, la promoción de exportaciones—hayan sido acompañados por una profunda agitación política, incluyendo dos intentos de golpe. ¡Uno se estremece de pensar en lo que un fracaso macroeconómico hubiera producido!” (Apostilla a un texto defectuoso).

Los experimentados gerentes y profesores, Sachs incluido (como asesor del segundo gobierno de Pérez), no habían hecho caso de las advertencias: “un ni­vel muy acusado de descontento popular e incidentes reiterados de protesta social… (…) …la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable”. A posteriori, el mismo Sachs diría en The End of Poverty (2005):

…la actual economía del desarrollo es como la medicina del siglo dieciocho, cuando los doctores aplicaban sanguijuelas para extraer sangre de los pacientes, a menudo matándolos en el proceso. En el último cuarto de siglo, cuando los países empobrecidos imploraban por ayuda al mundo rico, eran remitidos al doctor mundial del dinero, el FMI. La prescripción principal del FMI ha sido apretar el cinturón presupuestario de pacientes demasiado pobres como para tener un cinturón. La austeridad dirigida por el FMI ha conducido frecuentemente a desórdenes, golpes y el colapso de los servicios públicos. En el pasado, cuando un programa del FMI colapsaba en medio del caos social y el infortunio económico, el FMI lo atribuía simplemente a la debilidad e ineptitud del gobierno. Esa aproximación, por fin, está comenzando a cambiar.

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Hasta manuales hay

Muy recientemente (28 de febrero) la web de Prodavinci publicó un trabajo de Douglas Barrios y Miguel Ángel Santos, que acometió la siguiente cuestión: “¿Cuánto tiempo tomará recuperarnos de la debacle económica?

¿Cuánto tardaría Venezuela en recuperarse de la debacle económica de estos años? Es una pregunta frecuente en las conversaciones cotidianas, en los salones de clases y en los foros de discusión dentro y fuera del país. Es también una pregunta sencilla, relativamente intuitiva, cuya respuesta es compleja por diferentes razones. En primer lugar, la pregunta supone que el país corrige el rumbo a partir de cierto punto, mediante una transición política de la que hoy en día nadie sabe a ciencia cierta cómo ni cuándo puede ocurrir. En segundo lugar, no todos entendemos lo mismo por recuperación. ¿Es detener la recesión? ¿Es recuperar el nivel de algún punto reciente? ¿Es volver a nuestro mejor momento? ¿Es alcanzar el nivel o las tasas de algún país que nos sirva de referencia? ¿Cuál es la base de referencia en la que piensan quienes se hacen esta pregunta? Es importante encontrar una definición de éxito que balancee nuestras ambiciones y posibilidades. Por último, aun suponiendo que sabemos a dónde queremos llegar y que ocurre un cambio político capaz de enrumbar al país en esa dirección, está el hecho de cuan factible es una recuperación acelerada.

Los autores del estudio sugerían que lo más probable es que Venezuela consuma veinticinco años, una generación, en el proceso, cuya esencia definen en el citado párrafo. Así resume esa conclusión un colega de ellos, Leonardo Vera, en artículo publicado en la misma web (¿Por qué Venezuela podría recuperarse de la debacle económica más rápido de lo que algunos suponen?, 8 de marzo):

S&B establecen que aun creciendo ininterrumpidamente a una tasa de 2,3% cada año, a Venezuela le tomaría 25 años retornar a los niveles de ingreso por habitante que exhibió en el año 2012 (dicho y sea de paso, su tercer mejor marca en más de 60 años de historia). Para ellos éste escenario, 25 años, es el “escenario relativamente más probable” en tanto que un crecimiento de la producción de este tipo (de 2,3%) ha sido registrado en Venezuela en al menos 50% de todas las secuencias posibles de diez años entre 1961 y 2015. Mucho más difícil sería volcarse a una meta de alcanzar el ingreso per cápita de 2012 en 10 años. Para ello se requeriría crecer durante ese lapso a tasas anuales de 4,6%, algo que ha ocurrido en sólo 5 de las 54 secuencias de 10 años entre 1961 y 2015.

Los lectores pueden acometer por su cuenta la lectura de ambos trabajos, y dejarse convencer por la más o la menos catastrofista de las evaluaciones. Barrios y Santos leyeron una versión preliminar del artículo de Vera (lo que éste hace constar), y ambos son profesores en la Universidad de Harvard, donde es académico de mucha importancia otro economista venezolano: Ricardo Hausmann. Éste lidera el llamado “Grupo de Boston”, una constelación de profesionales que sigue de cerca el caso venezolano desde los EEUU y mantiene nexos operativos con el Fondo Monetario Internacional. (Hausmann compuso en 2004 junto con su colega Roberto Rigobón, poco después del referendo revocatorio contra Hugo Chávez y por encargo de Súmate, el primer estudio de corte estadístico que pretendiera demostrar fraude electoral en ese evento; en este blog puede leerse una refutación—Juvenalia y tropicalia—de sus argumentos).

Ayer remití a un amigo los enlaces a la pareja de artículos publicados por Prodavinci, recibiendo el siguiente comentario: “Muchas gracias. Enfoque académico pero válido como marco de referencia; cambié mi opinión acerca del autor” (Santos). A mi vez respondí:

Santos siempre tuvo empaque académico, desde que era la estrella joven del IESA. Pero creo que se trata de lo académico al servicio de un propósito: decir lo peor posible respecto del gobierno actual, así sea mediante la justificación académica del catastrofismo. (“Esto es una crisis humanitaria, una hambruna” (Ma. Corina), cuando estas denotaciones tienen definiciones precisas que no corresponden a nuestra grave situación). (…) Estoy más de acuerdo con Vera. El razonamiento de Santos y Barrios es que las cosas no pueden mejorar más rápidamente porque en el pasado las cosas se comportaron de cierto modo. (“La historia siempre se repite”, lo que es una falacia).

Me permito recordarte de Recurso de Amparo (14 de julio de 2015):

Naturalmente, algunas cosas positivas vendrán de la mera omisión de lo negativo. La erradicación instantánea, por ejemplo, del abuso comunicacional del Ejecutivo Nacional actual y del estilo pugnaz y condenatorio en la retórica de los altos funcionarios del Estado. Un tratamiento respetuoso de nuestros empresarios, de nuestros universitarios, de nuestros obreros, de nuestros científicos, junto con la inmediata mejora del clima nacional, restañaría significativamente la hemorragia de la dolorosa emigración de nuestros talentos. Lo económico es en gran medida climático, y el solo hecho de la cesación de lo malo actual, del cambio de rumbo y de estilo, producirá efectos beneficiosos. Entonces escamparía.

La esperanza renacería, y con ella la energía necesaria para acometer metas ambiciosas. El país debe ser estimulado para que responda con su ingenio y su trabajo en pos de direcciones no tradicionales; es preciso encontrar actividades económicas distintas de la industria petrolera, pues necesitamos entrar en la economía del futuro, distinta de la mera extracción que es lo característico de una economía primaria, otra cosa que nuestra propia estimulación del calentamiento global. Es la marca de los tiempos la expansión indetenible de las actividades informáticas en la Internet o las de ingeniería genética; en actividades como ésas, en la nueva economía—ver New Rules for the New Economyde Kevin Kelly—siempre habrá espacio, siempre será posible, como demostró Irlanda, saltar de una economía tradicional a lo más adelantado.

Esa audacia es necesaria; esa audacia será bienvenida por los venezolanos, que queremos reto y acicate. Nada hay en nuestra composición de pueblo que nos prohíba entender el mundo del futuro. Venezuela tiene las posibilidades, por poner un caso, de convertirse, a la vuelta de no demasiados años, en una de las primeras democracias electrónicamente comunicadas del planeta, en una de las democracias de la Internet. En una sociedad en la que prácticamente esté conectado cada uno de sus hogares con los restantes, con las instituciones del Estado, con los aparatos de procesamiento electoral, con centros de diseminación de conocimiento. No es imposible que en el año 2015 el venezolano promedio tenga un nivel de conocimientos equivalente a una licenciatura de estudios generales. La educación primaria garantizada estaba bien para el país de Guzmán Blanco. A comienzos del siglo XXI los venezolanos todos deberíamos disponer de una educación superior. (En El mes de Janoreferéndum #11, 21 de enero de 1995. Digamos ahora, luego del tiempo perdido, en 2035).

Naturalmente, el estropicio es enorme. Habrá que hacer cirugía reconstructiva del Estado venezolano y psiquiatría política de nuestra sociedad. Pero Santos & Barrios (y Hausmann por detrás) hacen, con “estudios” como ése, más difícil que fácil el que el FMI nos tienda la mano. Están encareciendo la recuperación y agravando la depresión (no económica, sino psicológica).

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Creo conocer tres tipos de catastrofistas: 1. el que profetiza el desastre en apropiado tono de preocupación; 2. el que lo hace con rostro indignado, enfurecido, creyendo que es la actitud comme il faut que le reportará mayor admiración y apoyo político—políticos iracundos, atrabiliarios (de bilis negra) que (…) creen que es preciso mostrar constantemente un rostro disgustado, al borde del enfurecimiento” (Autoungidos furibundos); 3. quien pronostica la catástrofe con una condescendiente sonrisa de superioridad académica. De los tres, prefiero el primer tipo y el segundo sobre el tercero. Hay también quien cree ver en el desastre una buena cosa; hace unos meses, alguien me escribió: “La buena noticia es que la crisis continúa”. Mientras peor le fuera al país, peor le iría al gobierno y esto era lo importante. El más horrible de los cuentos produce placer a ciertos opositores. LEA

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La defensa de Tomás

 

Cuando la retransmitía Venezolana de Televisión

 

La Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) ha ordenado “la suspensión y salida inmediata de las transmisiones del Canal de Noticias CNN en español en el territorio nacional”. En su justificación de la medida, adujo que a través de la cadena de noticias “sin argumento probatorio y de manera inadecuada difaman y distorsionan la verdad”. No deja de necesitarse cara dura para repudiar una conducta que justamente caracteriza al gobierno presidido por Nicolás Maduro. (Estoy dispuesto a retractarme de esta última afirmación cuando el gobierno termine presentando pruebas irrefutables de que, por ejemplo, Julio Borges escogiera los blancos que serían bombardeados en Caracas por un mítico avión Tucano a comienzos de 2015. También pudiera ser que eso no fuese para CONATEL difamación sin argumento probatorio; a fin de cuentas, los alzados del 4 de febrero de 1992 no eran golpistas; eran rebeldes).

Comoquiera que Cable News Network es una agencia noticiosa estadounidense, cabe acá que salga en su defensa uno de los más importantes abogados de los Estados Unidos: Thomas Jefferson, uno de sus Padres Fundadores.

Nuestra libertad depende de la libertad de prensa, y ella no puede limitarse sin perderla. (Carta al Dr. James Currey, 28 de enero de 1786).

Siendo la base de nuestro gobierno la opinión del pueblo, su primer objeto debe ser el mantenimiento de ese derecho; si me fuere dado decidir si debiéramos tener un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría un instante en preferir lo segundo. (Carta al coronel Edward Carrington, 16 de enero de 1787).

Estoy por la libertad de prensa, y en contra de toda violación de la Constitución para silenciar por la fuerza y no por la razón las quejas o críticas, justas o injustas, de nuestros ciudadanos contra la conducta de sus agentes. (Carta a Elbridge Gerry, 26 de enero de 1799).

Para preservar la libertad de la mente humana y la libertad de prensa, todo espíritu debiera estar presto a entregarse al martirio, puesto que mientras pensemos como queramos y hablemos como pensamos, la condición del hombre procederá a mejorar. (Carta a William Green Mumford, 18 de junio de 1799).

Ningún experimento puede ser más interesante que el que ahora intentamos, y que confiamos terminará estableciendo el hecho de que el hombre puede ser gobernado por la razón y la verdad. Nuestro primer propósito debe ser, entonces, mantener abiertas para él todas las avenidas que llevan a la verdad. La más eficaz encontrada hasta ahora es la libertad de prensa. Es, por consiguiente, la primera que es cerrada por aquellos que temen la investigación de sus acciones. (Carta al juez John Tyler, 28 de junio de 1804).

Si una nación espera ser ignorante y libre, en estado de civilización, espera lo que nunca fue y nunca será. Los funcionarios de todo gobierno propenden a ordenar a voluntad sobre la libertad y la propiedad de sus constituyentes. No hay seguridad de ambas que no sea el mismo pueblo, ni podrán estar seguras sin información. Donde la prensa sea libre, y todo hombre capaz de leer, todo estará seguro. (Carta al coronel Charles Yancey, 6 de enero de 1816).

La única seguridad de todo reside en una prensa libre. La fuerza de la opinión pública no puede ser resistida cuando se permite que se exprese libremente. Debemos someternos a la agitación que produzca. Ella es necesaria para mantener las aguas puras. (Carta al Marqués de Lafayette, 4 de noviembre de 1823).

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Claro, se trata del abogado que escribiera en carta a William Stephens Smith, fechada en París el 13 de noviembre de 1787: “El árbol de la libertad debe ser regado de tiempo en tiempo con la sangre de patriotas y tiranos. Es su abono natural”. LEA

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Somos muchos y distintos. (Artes y oficios).

 

Llegando a 7,5 millardos de terrícolas

 

 

A Marcel Granier

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En tan solo pocos días, 7.500 millones de seres humanos habitarán la Tierra. Al cierre del siglo XXI, se estima que la población mundial alcanzará 11.200 millones de personas, o 50% más que la población actual (añadiéndose 3.700 millones en 83 años apenas). Somos mucha gente, y seremos mucha más.

De millardo en millardo

Tardamos entre 100 y 200 mil años, desde nuestro origen en la sabana africana, para que fuéramos 1.000 millones de personas a comienzos del siglo XIX, pero un poco más de un solo siglo para que ese hito millardario se duplicara, en un crecimiento que continuó acelerándose. Tan enorme variedad de seres humanos se expresa en una rica gradación de colores de piel y estaturas, de inclinaciones vocacionales y niveles de inteligencia, de sentimientos y afiliaciones… Muchas son las patrias chicas en que nacemos, muchas las biografías concretas, innumerables los sufrimientos y las alegrías de esa biomasa bípeda. No en balde nos cuesta comprender a la humanidad.

Por eso, bastante antes de que alcanzáramos los números de hoy, los pensadores y científicos intentaron entendernos como miembros de algunos pocos tipos. Venimos en cuatro sabores temperamentales, se nos dijo mientras los médicos fueron los de la antigüedad grecorromana: sanguíneos, coléricos, melancólicos y flemáticos. Nuestro biotipo necesitó mas tarde sólo tres clases: longilíneo (flaco y alto), pícnico (gordo) y atlético. Después se habló de clasificarnos introvertidos o extrovertidos, cuando se distinguía desde hacía tiempo entre cinco razas: blanca, negra, amarilla, roja y cobriza, obviamente definidas por el color de la piel.

La política siempre buscó pocas categorías para tratar la diversidad: en Esparta, o se era homioi (ciudadano pleno), perieco (una especie de clase media) o ilota (esclavo; bueno, también había los esclavos-mercancía); en la Edad Media europea uno era de los oratores (clérigos), bellatores (militares) o laboratores (siervos de la gleba), una clasificación tripartita que de algún modo mutó en los tres “estados” de la sociedad francesa, representados en los États généreaux de su revolución. El marxismo simplificó todavía más el problema con facilidad dialéctica, reduciendo la clasificación tripartita a la pareja antagónica de poseedores versus desposeídos. Desde la Revolución Francesa se habla de izquierda, centro y derecha políticas, pero se preguntaba Carlos Fuentes en artículo publicado en Madrid y Ciudad de México el día de su muerte (Viva el socialismo. Pero…, 12 de mayo de 2012): “¿Cómo responderá François Hollande a este nuevo desafío, el de una sociedad que ya no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha?” Para Nicolás Maduro, dicotómicamente marxista, no hay sino la Revolución Bolivariana y la derecha.

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Hace dos días recibí, en repago de una cita de Will Durant en Los placeres de la filosofía, un pasaje de Comercio y Civilización, artículo de Don Boudreaux (3 de junio de 2004):

El comercio y la civilización están íntima e indisolublemente conectados. El comercio crea civilización. Mientras mayor sea la libertad de comerciar, más civilizada será la sociedad… La gente, en la medida en la que es civilizada, no restringe a la fuerza el rango de las personas con las que los demás pueden comerciar en paz. La gente, en la medida en la que es civilizada, no asigna significación especial a la nacionalidad de quienes ofrezcan comerciar pacíficamente. El historiador Will Durant (1939) produjo una de mis descripciones favoritas de los beneficios últimos de un comercio abierto y libre, al señalar que la razón es ella misma hija de ese comercio: “Las encrucijadas del comercio son el lugar de encuentro de las ideas, el terreno para la atrición de las costumbres y las creencias rivales; las diferencias engendran los conflictos, la comparación el pensamiento; las supersticiones se anulan las unas a las otras… y la razón comienza”.

Es así; el comercio puede hacernos mejores personas y también mejores políticos, llenos de comprensión y empatía:

Una tercera virtud política, exigible de los líderes que adquieren poder público… es la compasión… la capacidad para compartir la pasión y la falibilidad del otro, para la comprensión y el perdón. Todos tenemos derecho a la vergüenza. Quien odia es un mal político; quien se mueve con el poder en pos de sus resentimientos es un mal político, pues desecha parte integral del tejido social y niega a otros la libertad de mejorar, de dejar atrás sus errores y progresar moralmente. El peor atentado contra la libertad del otro es congelarle en su pasado. (El político virtuoso).

Asimismo nos hace mejores el arte; por esto propuso el periodista Ryszard Kapuściński en Los cínicos no sirven para este oficio:

Hoy, para entender hacia dónde vamos, no hace falta fijarse en la política, sino en el arte. Siempre ha sido el arte el que, con gran anticipación y claridad, ha indicado qué rumbo estaba tomando el mundo y las grandes transformaciones que se preparaban. Es más útil entrar en un museo que hablar con cien políticos profesionales. Hoy en día, como el arte nos revela, la historia se está posmodernizando. Si le aplicáramos a ella las categorías interpretativas que hemos elaborado para el arte, quizás lograríamos desentrañarla mejor y tendríamos instrumentos de análisis menos obsoletos que los que, generalmente, nos empeñamos en utilizar. Caídas las grandes ideologías unificadoras y, a su manera, totalitarias, y en crisis todos los sistemas de valores y de referencia apropiados para aplicar universalmente, nos queda, en efecto, la diversidad, la convivencia de opuestos, la contigüidad de lo incompatible. Puede derivarse de todo ello una conflictividad abierta y sanguinaria, arcaica, el enfrentamiento difuso, el renacimiento de los localismos y de los más feroces tribalismos, pero también podría surgir un lento aprendizaje de la aceptación de lo distinto a uno mismo, de la renuncia a un centro, a una representación única. Como el arte posmoderno nos enseña, quizás podríamos darnos cuenta de que hay espacio para todos y que nadie tiene más derecho de ciudadanía que los demás.

En el instante de cerrar esta nota, ya éramos 7.495.897.489 humanos en el planeta, y la política de la polarización es la política de los trogloditas. LEA

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Pluma prestada

Comprobado: hijo de gato caza ratón

 

He debido titular Teclado prestado. No; más propiamente, sustraído. Traté sin éxito de obtener autorización de The Washington Post para que me permitieran traducir un lúcido artículo de Andrés Miguel Rondón, publicado el viernes de la semana pasada; sin permiso suyo o del venerable diario, pongo abajo una traducción apresurada. (Hoy pensé en él cuando elogiaba una inteligencia similar, la de Francisco Toro Ugueto, a su tío y padrino: José Toro Hardy. Mi intuición no andaba descaminada: Andrés Miguel Rondón escribe para Caracas Chronicles, el extraordinario blog iniciado por Toro).

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En Venezuela, no pudimos parar a Chávez. No cometan nuestros mismos errores.

Cómo permitir que un populista los derrote una y otra vez

 

Andrés Miguel Rondón – 27 de enero de 2016, 1:54 PM

Andrés Miguel Rondón es un economista que vive en Madrid y nació y fue criado en Venezuela.

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Donald Trump es un capitalista confeso; Hugo Chávez era un socialista con sueños comunistas. Uno construye rascacielos, el otro los expropiaba. Pero las políticas son sólo la mitad de la política; la otra mitad, la más oscura, es la retórica. Algunas veces, la retórica predomina. Tal ha sido nuestro destino en Venezuela durante las dos décadas pasadas, y ése es ahora el de ustedes, americanos. Porque, en un sentido, Trump y Chávez son idénticos. Ambos son maestros del populismo.

La receta del populismo es universal. Consiga una herida común a muchos, encuentre alguien a quien echarle la culpa y construya una buena historia que contar. Revuélvalo todo. Dígales a los heridos que usted sabe cómo se sienten. Que usted ha encontrado a los malvados. Etiquételos: las minorías, los políticos, los empresarios. Caricaturícelos: como gusanos, conspiradores malévolos, gente que odia y que pierde, lo que sea. Entonces retrátese a sí mismo como el salvador. Capture la imaginación de la gente. Olvídese de políticas y planes, simplemente cautívelos con un cuento. Uno que comience en furia y concluya en venganza. Una venganza en la que puedan participar.

Es así como la cosa se convierte en un movimiento. Hay algo calmante en toda esa ira. El populismo se construye sobre el irresistible encanto de la simplicidad. El narcótico de la solución simple a una cuestión intratable. Ahora el problema se simplifica.

El problema es usted.

¿Cómo sé eso? Porque crecí como el “usted” en el que Trump se apresta a convertirlos. En Venezuela, la clase media urbana de la que vengo fue representada como el enemigo, en la lucha política que sobrevino luego de la llegada de Chávez en 1998. Durante años, vi con frustración que la oposición no pudo hacer nada ante la catástrofe que se sobreponía a nuestra nación. Fue más tarde cuando me di cuenta de que este fracaso fue autoinfligido. Así que ahora, para mis amigos americanos, he aquí algunos consejos sobre cómo evitar los errores venezolanos.

 

No olviden quién es el enemigo

El populismo sólo puede sobrevivir en medio de la polarización. Funciona mediante el incesante vilipendio de un enemigo de tiras cómicas. Nunca olviden que ustedes son el enemigo. Trump necesita que ustedes sean el enemigo, así como toda religión necesita un demonio. Un chivo expiatorio. “¡Pero los hechos!”, dirán ustedes, enteramente equivocando el punto.

¿Qué los convierte en el enemigo? Para un populista la cosa es muy simple: si Ud. no es una víctima, Ud. es culpable.

Durante las protestas lideradas por los estudiantes en 2007 contra el cierre de RCTV, entonces el segundo mayor canal de TV en Venezuela, Chávez iba al aire continuamente para representarnos a nosotros los estudiantes como “cachorros del Imperio Americano”, “partidarios del enemigo del país”, bebés malcriados y antipatrióticos que sólo querían ver telenovelas. Usando nuestra procedencia como su acusación principal, buscó estereotiparnos como los herederos directos de los oligarcas mayormente imaginarios de la generación de nuestros padres. Los estudiantes que apoyaban al chavismo eran “hijos de la Patria”, los “hijos del Pueblo”, “el futuro del país”. Ni por un momento fue el análisis del gobierno más allá de esas caricaturas.

El problema no es el mensaje sino el mensajero, y si ustedes no se dan cuenta de eso están perdiendo su tiempo.

 

No exhiban desprecio

No alimenten la polarización, desármenla. Esto implica dejar atrás el teatro de la decencia herida.

Esto incluye retruécanos como el que el elenco de “Hamilton” dedicó al Vicepresidente electo Mike Pence poco después de la elección. Aunque sincero, sólo antagonizó a Trump; seguramente no convenció a ningún seguidor de Trump para que cambiara su punto de vista. Avergonzar nunca ha sido un método de persuasión eficaz.

La oposición venezolana luchó durante años para obtener eso. No pudimos dejar de pontificar acerca de lo estúpido que era el chavismo, no sólo hacia nuestros amigos extranjeros sino también hacia la base electoral de Chávez. “En serio ¿este tipo? ¿Están locos? Ustedes deben estar locos”, decíamos.

Estaba claro el subtexto. “Miren, idiotas: él va a destruir el país. Se alía descaradamente con los malos: Fidel Castro, Vladimir Putin, los supremacistas blancos o las guerrillas. Él no es tan inteligente. Está amenazando con destruir la economía. No respeta la democracia ni a los expertos que trabajan duro y saben cómo se hacen los negocios”.

Oí tantas veces variaciones de tales comentarios que mi despertar político se produjo por la tectónica toma de conciencia de que Chávez, sin importar su maldad, realmente no era estúpido.

Tampoco lo es Trump. Llegar al cargo más alto del mundo no sólo requiere una gran fuerza de voluntad, sino también una precisión retórica grandemente calculada. La clase de precisión con la que nacen sólo unos pocos genios políticos, ésa que él blande con extravagancia.

“Estamos en un sistema amañado, y una buena parte de la causa está en esa gente deshonesta de los medios de comunicación”, dijo Trump hacia el final de la campaña, cuando sonaba más parecido a Chávez. “¿No es sorprendente? Ni siquiera quieren verlos a ustedes”. La conclusión natural es muy clara: apaguen el televisor, escúchenme sólo a mí. Al menospreciar a los seguidores de Trump, ya han perdido la primera batalla. En lugar de combatir la polarización, han caído en ella.

Lo peor que pueden hacer ustedes es empaquetar juntos a los moderados y los extremistas y creer que los EEUU se dividen en racistas y liberales. Ésa es la definición de librito de la polarización. Nosotros creímos que nuestro país estaba dividido en oligarcas traidores y la base de Chávez, crédula y sin educación. El único beneficiario fue Chávez.

 

No traten de deponerlo

Nuestra oposición probó todo truco del libro. ¿Golpe de Estado? Hecho. ¿Una ruinosa huelga petrolera? Hecho. ¿Boicotear elecciones con la esperanza de que los observadores internacionales intervinieran? Ya saben.

Miren, los opositores estaban desesperados. Teníamos razón de estarlo. Pero un puño enfurecido no es una estrategia.

Quienes están del otro lado—y crucialmente los independientes—se rebelarán contra nosotros si parecemos estar enloqueciendo. Sólo estaríamos demostrando ser precisamente lo que decimos combatir: un enemigo de la democracia. Mientras tanto, le estamos dando al populista y sus seguidores suficiente combustible retórico para llamarnos con derecho saboteadores e intrigantes antipatrióticos, durante años y años.

Para una gran parte de la población, la oposición venezolana es todavía ese intrigante malcriado y antipatriótico. Eso minó la eficacia de la oposición en los años cuando más la necesitaríamos.

Claramente, los Estados Unidos tienen instituciones más fuertes y un más justo equilibrio de poderes que Venezuela. Aun fuera del poder, los demócratas no tienen un deseo aparente de intentar algo como un golpe de Estado, lo que está bien. Tratar de deponer a Trump, en vez de cavar para combatir su agenda, sólo distraería al público de cualquier política fallida que su administración ponga en práctica. En Venezuela, la oposición se enfocó en tratar de rechazar al dictador por cualquier medio posible, cuando hemos debido seguir señalando cómo el régimen de Chávez dañaba a la gente que precisamente decía servir.

 

Encuentren una contraargumentación. (No, no la que están pensando).

No pierdan su tiempo intentando demostrar que esta gran idea es mejor que aquélla. Boten todas las palabras grandiosas. El problema, recuerden, no es el mensaje sino el mensajero. No es que los partidarios de Trump son tan estúpidos como para distinguir lo correcto de lo incorrecto, es que ustedes les son más valiosos como enemigos que como compatriotas. Vuestro reto es probar que ustedes son de la misma tribu que ellos, que ustedes son americanos en exactamente la misma forma que lo son ellos.

En Venezuela, caímos en esa trampa de mala manera. Una y otra vez escribimos acerca de los principios, acerca de la separación de los poderes, de las libertades civiles, el papel de los militares en la política, la corrupción y la política económica. Les tomó diez años a los líderes de la oposición darse cuenta de que realmente tenían que ir a los barrios y el interior del país. No para un discurso o un mitin, sino para un juego de dominó o a bailar salsa, para mostrar que también eran venezolanos, que no sólo regañaban severamente sino que podían batear una pelota, que podían contar eficazmente un chiste. Que podían romper la división tribal, descender de las carteleras y mostrar que eran reales. Esto no es populismo disfrazado. Es el único medio de establecer su postura. Es tomar la decisión de no vivir en una cámara de eco. Poner pausa al canto de sirena de la polarización.

Porque si la música sigue, sí, ustedes verán vecinos deportados y amigos de credos diferentes y orientación sexual diferente que vivirán con miedo y ansiedad, mientras la desigualdad económica de su país se profundiza por ese camino. Pero algo peor pudiera pasarles. En Venezuela, generaciones enteras se partieron en dos. Se borró el sentimiento de una cultura compartida. La retórica ocupó el lugar de nuestros libros de historia, de nuestro futuro, de nuestra percepción de nosotros mismos. Perdimos la libertad de ser algo más que caricaturas.

Esto no tiene por qué ser vuestro destino. Ustedes pueden ser diferentes. Reconozcan que ustedes son el enemigo que Trump necesita. Muestren preocupación, no desprecio, por las heridas de aquellos que lo llevaron al poder. Por sobre todo, tengan paciencia con la democracia y luchen incesantemente para liberarse de los grillos de la caricatura de ustedes que los populistas han dibujado.

Se trata de una gran exigencia. Pero la alternativa es peor. Créanme.

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