Sacudón terapéutico

Actualizado abajo con declaraciones de hoy de Antonio Ecarri Bolívar, Vicepresidente de Acción Democrática, y de Nicolás Maduro en nota al pie.

 

Un estado generalizado en la población opositora

 

Una mezcla cambiante de explicables sentimientos, en la que en un instante predomina la rabia, en otro la depresión, en otro la desesperanza, en otro la incredulidad más refractaria, se ha aposentado en el corazón de amplias capas de la población venezolana desde la madrugada del 16 de agosto. Como aquél esposo que se niega a aceptar la muerte de la más adorada esposa, aferrado al cadáver, ido de juicio, y dice entre desconsolados gimoteos, una y otra y otra vez: “No es verdad. Ella no está muerta. No puede estar muerta”. Así discurren ahora centenares de miles de venezolanos, impedidos emocionalmente de considerar la realidad del resultado referendario.

Bofetada terapéutica – 19 de agosto de 2004

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La elección de gobernadores de estado impacta menos nuestra vida cotidiana y ciudadana que una decisión acerca de quién deba ser o dejar de ser el Presidente de la República, pero los resultados oficiales anunciados en la noche del pasado domingo llevaron las cotas de negación y desesperanza opositoras a niveles posiblemente mayores que las alcanzadas en la madrugada del 16 de agosto de 2004, cuando Henry Ramos Allup voceara “¡Fraude!” Al menos tres factores pudieran explicar tal recrudecimiento: primero, que la “revolución” chavista-madurista ya se acerca a veinte años desesperantes de dominación; segundo, que en 2004 apenas se fundaba Facebook (Twitter dos años más tarde); esto es, que ahora las redes sociales permiten la amplificación y difusión casi instantánea de los estados de opinión; tercero, que las expectativas, sobre la base del éxito opositor en la elección de Asamblea Nacional en diciembre de 2015 y lo que las encuestas registraban, eran de un nuevo y extendido triunfo; Datanálisis, por ejemplo, esperaba 16 gobernaciones para la oposición.

En términos del número de gobernaciones alcanzadas por la oposición, que esta vez haya obtenido las de Anzoátegui, Bolívar*, Mérida, Nueva Esparta, Táchira y Zulia significa un progreso de 50% respecto de las que ganó en 2012:

 

Gobernaciones de oposición en la era chavista-madurista

 

Ninguno de los gobernadores proclamados por el Consejo Nacional Electoral en esa media docena de estados parece dispuesto a renunciar a su logro, en solidaridad con la tesis de la Mesa de la Unidad Democrática: que los resultados anunciados son fraudulentos (la palabra de moda).

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Ayer envió Baltazar Cardenal Porras un mensaje a unos cuantos de sus corresponsales; en él ponía:

La primera lección que debemos asumir es que la mejor manera de calibrar nuestra espiritualidad es cuando se presentan las situaciones adversas. No hay, no puede haber motivo para la desilusión ni la desesperanza. La razón es sencilla, las adversidades y los aparentes fracasos están para superarse no para llorarlos. Por supuesto que hay que hacer discernimiento personal y colectivo, pero no para desahogarnos ni buscar chivos expiatorios sino para ver hacia adelante. Nos toca por nuestra condición de creyentes y de pastores. Esto no quita que se sienta dolor y pena por lo sucedido.

En segundo lugar, hay que pisar tierra y no hacernos ilusiones vanas. Estamos ante un gobierno que ha sido calificado de “delincuencial” y esto no es solamente un epíteto, es una realidad y hay que asumirla como tal. Crece y crecerá la desconfianza y la falta de credibilidad en los organismos públicos, y esto es grave, por las consecuencias que pueda traer. Las tentaciones son muchas: violencia, exilio, componendas o enfrentamientos que deben ser guiados, en nosotros, por el respeto, la misericordia y la justicia. Nada fácil de compaginar pero así debe ser.

Tercero. Es fácil y cómodo achacar todo a la ineficiencia de la MUD. Tiene su responsabilidad y debe asumirla pero no se puede ser masoquista. La responsabilidad primera y mayor es la del gobierno y la de los organismos públicos que se deben a la ciudadanía y no a ninguna parcialidad. El comportamiento del CNE, del plan República, y el abuso grosero, antes, durante y después de las elecciones regionales, son muestra clara de ello.

Cuarto. Hay que evitar por todos los medios la tentación de la violencia. Es fácil, decir a la calle. Pero no se trata sin más de ofrecerse como carne de cañón ante quienes no tienen escrúpulos para lesionar vidas y bienes.

Quinto. No podemos hacernos eco de los que solamente son críticos de barrera, que no se comprometen con nada, critican todo, pero no se involucran. Más bien este tipo de personas hacen daño a la sociedad, y terminan sirviendo a los intereses de quienes dicen adversar.

Sexto. Dios quiera y la MUD sea capaz, o tenga los elementos claros para poder ofrecer a la opinión pública, la acusación de desconocimiento y de fraude en los resultados electorales. Sería excelente para la salud social.

Séptimo. No hay duda de que podemos hablar de incongruencias entre lo pronosticado y los resultados. Por supuesto que tanto los analistas como los que ofrecen datos pueden equivocarse. Pero la dimensión de lo sucedido, indica que hay algo más profundo. El manejo inescrupuloso de los datos, la manipulación y el regodeo ante el adversario, indicativo de que algo no va por buen camino.

Escribo a la carrera, porque hoy ha sido complicado abrir el internet. En los análisis de los próximos días tendré elementos más concretos que compartir con ustedes. Lo que no podemos en estos momentos es convertirnos en plañideras con cara de velorio y decir sin más: apaga y vámonos.

Hacía falta una sacudida así. LEA

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* El presidente Maduro aseguró hoy que el PSUV había ganado la gobernación del estado Bolívar.

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Actualización: a las 10:39 a. m. de hoy, la web de El Universal publicó la siguiente nota:

El vicepresidente de Acción Democrática (AD), Antonio Ecarri Bolívar, informó este martes que está en discusión que los gobernadores electos por la oposición se juramenten ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Durante una entrevista transmitida por RCR aclaró que hay que estudiar bien esa decisión; porque están tomando en consideración que de no ir quedarían excluidos, y según él los electores “van a querer que sus gobernadores se instalen, tomen posesión y ejerzan”.

Ecarri señaló que juramentarse ante la ANC “no legitima a nadie, porque desde su origen y elección es ilegal e inconstitucional”.

Cabe recordar que el jefe del comando de campaña de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Gerardo Blyde, afirmó que no iban a acudir a esa juramentación, porque tal proclamación se debe realizar ante los Consejos Legislativos Estadales.

Por otra parte, Ecarri Bolívar acotó que la razón por la que la oposición perdió el grueso de las gobernaciones en las elecciones regionales celebradas el domingo 15 de octubre fue por la “abstención” de gran parte de los electores.

En cuanto a las actas, puntualizó que no han encontrado “inconsistencias numéricas”, por lo que no ve factible que esa diferencia de 600 mil votos que “nos saca el Gobierno esté asociada a un fraude”.

Sin embargo, indicó que en los comicios hubo una serie de “ventajismos políticos” que, a su juicio, viciaron la nulidad del proceso “como la exclusión de testigos en las mesas en el estado Miranda, la migración de electores de centros a 48 horas del proceso y el no permitir las sustituciones”.

N. R. aunque la ANC fuese legal y constitucional, ningún gobernador tendría que juramentarse ante ella; Gerardo Blyde tiene razón. Vale.

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Las Vegas también duelen

Actualizado con video al final

Mecanismo del Colt AR15 (600 tiros por minuto), una de las 23 armas usadas por Stephen Paddock en Las Vegas

 

A Marilén Alezones

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Clinton Richard Dawkins se dedica a la biología evolutiva y la etología y es un ateo declarado. De nacionalidad británica, nacido en Nairobi, Kenya, introdujo el concepto de “meme” como analogía genética en su libro The Selfish Gene (El gen egoísta, 1976), y lo define como una “unidad de información cultural” que una mente transmite a otra verbalmente o por otra demostración. Tal vez por eso el espacio de Twitter, donde puede ser tan imprudente como Donald Trump en mensajes fugaces como un disparo, le sea muy conveniente; The Washington Times y otros medios reprodujeron dos de los que descargase ayer (simulando la pronunciación sureña):

Durn tootin’, great shootin’. Cool dude sertin’ he’s 2nd Mendment rahts. Hell yeah! — Every country has its psychopaths. In US they have guns.

Los más recientes memes de Dawkins aluden, naturalmente, a la masacre en Las Vegas (59 muertes y 527 heridos reportados) del domingo 1º de octubre, la más reciente de las muchas escenificadas en los Estados Unidos, que tercamente mantienen el derecho constitucionalmente establecido para cada uno de sus ciudadanos de poseer y portar armas de fuego. El tema ha sido tratado varias veces en este blog; por ejemplo, el 10 de enero de 2011 (By the time I get to Tucson), en momentos cuando Gabrielle Giffords, Representante de Arizona en la Cámara Baja del Congreso de los Estados Unidos, yacía en coma, provocado por una bala que penetrara su cráneo, en la sala de cuidados intensivos del Centro Médico de la Universidad de Arizona, en Tucson. Sarah Palin era entonces candidata a la Vicepresidencia de los Estados Unidos:

Palin, entusiasta de las armas de fuego y la cacería de grandes animales, emplea regularmente un léxico incendiario. Para animar a sus partidarios les aconseja, por ejemplo: “No se retiren; recarguen”. (Do not retreat; reload). En la oportunidad de las recientes elecciones legislativas, Palin señaló por nombre y apellido a veinte representantes demócratas, cuyos circuitos destacó en un mapa—sólo retirado este fin de semana, después de la balacera en Tucson—bajo el símbolo de mira de un arma de fuego, como blancos que debían ser obliterados. Uno de los blancos marcados era Gabrielle Giffords quien, sintiéndose amenazada, comentó: “Estamos en la lista de blancos de Sarah Palin. Pero el asunto es que la forma en que ella la exhibe tiene la cruz en la mira de un arma de fuego sobre nuestro distrito. Cuando la gente hace eso, tiene que darse cuenta de que tiene consecuencias”. Tenía razón; en su caso, las consecuencias fueron la herida en su cabeza y el insulto a su cerebro.

Más adelante en esa entrada, se argumentó así:

Gente como Sarah Palin, John Wayne, Barry Goldwater, Mel Gibson (que aparentemente golpea mujeres), pero también el ocasional izquierdista, como Michael Moore, es la que provee la mayor parte de los cuatro millones de miembros de la National Rifle Association (NRA) el más influyente de los lobbies en los Estados Unidos. La misión principal de esta asociación es la defensa de la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, que en la interpretación estándar sostiene el derecho de todo estadounidense a portar armas de fuego.

Este lobby es tan poderoso que ha impedido lo que obviamente es la lectura correcta de la mentada enmienda. En 1791, al ser ratificada, los Estados Unidos eran una nación recién nacida, cuya independencia fue conseguida en guerra que duró de 1775 a 1783, cuando el Ejército Continental que Jorge Washington dirigiera, y que de todos modos debió ser complementado por milicias locales, fue desbandado. Era, pues, la doctrina militar de la incipiente nación que esas milicias eran, como lo justifica la letra de la enmienda, necesarias para su seguridad.

Hace mucho que cualquiera milicia de alguno de los estados de esa unión, considerablemente aumentada con el tiempo, haya participado en la “defensa” de los Estados Unidos. La muy larga serie de conflictos militares en los que ese país se ha involucrado a lo largo de su historia se ha desenvuelto prácticamente toda fuera de sus fronteras, sin milicianos. El comodoro Perry que llevó la presión estadounidense al Japón del siglo XIX no comandaba milicianos, sino militares de profesión llevados tan lejos en una flota profesional. No se constituye con milicianos el Comando Aéreo Estratégico de los EEUU, ni son milicianos los tripulantes y operadores de sus buques de guerra. La premisa de la Segunda Enmienda ha desaparecido y, en consecuencia, también debiera desaparecer su corolario. Una nación racional no debe sostener como derecho de ningún ciudadano, esté o no en sus cabales, la libre adquisición y porte de armas. La Segunda Enmienda debe ser repelida. (Ya los Estados Unidos han hecho esto antes: la Décima Octava enmienda de 1919, que desató la epidemia gangsteril con la Prohibición, fue repelida por la Vigésima Primera, en 1933).

El censo de abril de 2010 reportó que los Estados Unidos tienen 308 millones de habitantes; 304 millones de ellos no son miembros de la NRA.

(La Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, adoptada el 15 de diciembre de 1791 como parte de su Estatuto de Derechos—Bill of Rights—, estableció: “Siendo necesaria a la seguridad de un Estado libre una Milicia bien regulada, no deberá infringirse el derecho del pueblo de guardar y portar Armas”).

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Hace prácticamente tres años (el 11 de octubre de 2014) se reprodujo en el programa #114 de Dr. Político en RCR partes de una conversación de Isabel Allende con Andrés Oppenheimer, quien planteara a la exitosa escritora que viviera unos años en Venezuela el tema de la cultura estadounidense de las armas; he aquí el fragmento correspondiente a ese tema:

Pero la Casa Blanca dijo ayer—por boca de Sarah Huckabee Sanders, Secretaria de Prensa—que “no era el momento” para reabrir el debate sobre control de armas; a fin de cuentas, la cosa no es epidémica sino endémica. El Washington Examiner recordó el mismo día:

Trump apoyó con fuerza los derechos a las armas durante la campaña, cuando advirtió a los votantes que Clinton buscaría quitarles sus armas si se convertía en presidente. Desató una controversia el año pasado cuando pidió a la “gente de la Segunda Enmienda” que impidiera a Clinton alcanzar el cargo e instalar jueces anti-armas, un comentario que muchos críticos interpretaron como una incitación a la violencia contra la candidata demócrata.

Quizás sea mejor esperar a otra masacre, para que el Presidente del país que actúa como juez moral de otras naciones vea el problema con algo de racionalidad, si es que es capaz de tal hazaña. Que no tarde mucho; la última vez que se habló en los Estados Unidos de control de armas, a raíz de otra matanza masiva, las tiendas que las expenden debieron afrontar una demanda inusitada. LEA

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Por gentileza de Orlando Amaya, se inserta este elocuente video:

 

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Sobre la sucesión

 

La popular telenovela brasileña

 

La cota de dos mil entradas en este blog se alcanzó ayer con La condición Machado; ésta es la 2.001, esta entrada es por tanto la odisea del espacio. Se inserta para despejar dudas que se formaran a raíz de la primera nota al pie de la anterior, que comentaba posibilidades de la sucesión de Nicolás Maduro en la Presidencia de la República; algunos amigos me llamaron, sorprendidos de que hubiera redactado lo siguiente:

A menos que nombre a otro Vicepresidente antes de renunciar, lo que sería lo menos costoso. Por ejemplo, a la misma María Corina Machado. Ya el suscrito la postulaba a ese cargo el 12 de febrero de 2004: “Cualquier Presidente de la República contaría en ella con una Vicepresidenta de lujo”. (LEA #73).

Hace trece años, Súmate organizaba y superaba los numerosos obstáculos del referendo revocatorio del mandato de Hugo Chávez; por la época, exhibía una superior altura política al ofrecer sus servicios al partido oficialista:

Durante la tortuosa travesía de la oposición venezolana entre 2002 y 2004, la actuación de Súmate y su líder más connotada fue poco menos que impecable. Las declaraciones de Machado siempre fueron claras, pertinentes y aplomadas. Alguna vez se dio el lujo de ofrecer los servicios de Súmate al Comando Maisanta, para ayudarlo en la organización de las elecciones internas del Movimiento Quinta República. Así consolidó una imagen de excelencia profesional, respetuosa del liderazgo de la Coordinadora Democrática, a la que prestó el brazo técnico que esa cúpula opositora requería. En el #74 de esta carta, del 19 de febrero de 2004, se afirmaba: “Súmate es el núcleo vital de la nueva organización política que necesitamos. Ella merece mejores estrategas”. (Carta Semanal #140 de doctorpolítico, 2 de junio de 2005).

Las cosas han cambiado desde que suponíamos que Chávez perdería ese referendo. (Proponía en aquel momento la dupla Petkoff-Machado, como un ticket de la política estadounidense que pone en campaña al candidato a Presidente y el escogido por éste como su Vicepresidente; es decir, la proponía a Petkoff).

Desde tales fechas, han ido aumentando mis diferencias con la Sra. Machado, aunque no haya disminuido mi respeto por ella y sus obvias capacidades ejecutivas. En las emisiones #88 y #89 de Dr. Político en RCR, del 29 de marzo y 5 de abril de 2014, me ocupé de defenderla ante los ataques de Diosdado Cabello y la errada sentencia en su contra de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que la despojó de su investidura de diputada a la Asamblea Nacional. El 18 de noviembre de ese mismo año se grababa en Radio Caracas Radio una conversación del suscrito con Nehomar Hernández, para una edición especial de Y así nos va que la emisora transmitiría el siguiente 30 de diciembre; en esa ocasión opiné que no convenía al país que la Sra. Machado fuese la sucesora de Nicolás Maduro. Éste es el fragmento de audio pertinente:

Mi opinión en este punto no ha variado. El nombre de la aguerrida máxima dirigente de Vente Venezuela fue señalado en el tema sucesoral como posible Vicepresidente Ejecutiva a título de ejemplo, dado que la entrada doble milésima se originara en sus declaraciones de anteayer, recogidas en su segundo párrafo: “Aceptaremos un diálogo y una negociación verdadera y genuina sólo en el caso para establecer los términos, las condiciones y las garantías para la salida de Maduro y sus mafias del poder”. Sigue siendo verdad que, antes de renunciar, Nicolás Maduro pudiera escoger un Vicepresidente Ejecutivo que sustituya a El Aissami y fuese un estadista competente que pudiera ser tolerado tanto por el PSUV como por la MUD para gobernar hasta el 10 de enero de 2019. Nada sería más rápido y barato, y pudiese ser lo que más convenga superponer un administrador solónico a la crisis. LEA

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La condición Machado

 

No sirve el diálogo si no conduce a acuerdo

 

A la tercera va la vencida es un refrán que evoca el esfuerzo. Se utiliza cuando algo no se consigue al primer intento sino que es necesario probar de nuevo y con más esfuerzo.

El granero del Tío Casiano

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Una tercera e incipiente oportunidad de diálogo y acuerdo entre los adversarios políticos de Venezuela—luego de los infructuosos amagos de 2014 y 2016—se construye ahora en suelo dominicano, gracias a recientes intervenciones de la cancillería francesa y el tenaz esfuerzo de José Luis Rodríguez Zapatero. Las decisiones a tomar e instrumentar no han variado: un tratamiento concertado a la crisis económica y la apertura a la ayuda humanitaria exterior, la liberación de presos políticos, la recuperación de la eficacia de la Asamblea Nacional, como parte del mutuo respeto entre éstos y la obligación constitucional (Artículo 136) de colaboración de los poderes públicos nacionales… y el nudo del problema, que no es otro que el pronto término del mandato de Nicolás Maduro.

María Corina Machado ha dicho ayer: “Aceptaremos un diálogo y una negociación verdadera y genuina sólo en el caso para establecer los términos, las condiciones y las garantías para la salida de Maduro y sus mafias del poder. Éste es el único diálogo, la única negociación que los venezolanos aceptamos hoy”. ¿Cómo imagina la infatigable lideresa que esto puede lograrse?

En una mesa de negociación lo único que pudiera pactarse sería la renuncia de Nicolás Maduro, y esta posibilidad conduce a que el Vicepresidente Ejecutivo en funciones, hoy Tareck Zaidan El Aissami Maddah, asuma la Presidencia de la República hasta la conclusión del actual período constitucional*. (Parágrafo último del Artículo 233 de la Constitución: “Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar el mismo”). La propia Sra. Machado rechazó la celebración de un referendo revocatorio presidencial después del 10 de enero de este año, por cuanto llevaría precisamente a ese resultado, y no puede pactarse una nueva elección presidencial en la República Dominicana ni en ninguna otra parte del mundo, puesto que así se contravendría la Constitución.

Pero tenemos en Venezuela un poder que está por encima de la Constitución. “El Poder Constituyente Originario, el Pueblo llamado a referendo en ese carácter, tiene la potestad de superponerse a la Constitución y aprobar una norma que ella no contemple. En consecuencia, puede preguntársenos a Nosotros, la Corona, el Soberano, lo siguiente: ¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria a elecciones, en el plazo de tres meses a partir de esta fecha, que escojan al ciudadano que se encargue de la Presidencia de la República hasta el 10 de enero de 2019, elecciones ésas en las que podrá participar como candidato el ciudadano Nicolás Maduro Moros, actualmente en el cargo?” (Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016)**.

¿Quiénes pudieran convocar a ese referendo? Para empezar, nosotros mismos, mediante la expresión de voluntad de 10% de los ciudadanos inscritos en el registro electoral, o unos dos millones de nosotros; se trataría de un esfuerzo considerable y lento que además tendría que sortear la burocracia del Consejo Nacional Electoral—actualmente sobrecargado de compromisos y tecnológicamente disminuido—y las posibles triquiñuelas tribunalicias que ya paralizaron el esfuerzo revocatorio de 2016. Dos poderes quedan con potestad suficiente para la convocatoria: la Asamblea Nacional, que aún viste la camisa de fuerza que le ha impuesto el Tribunal Supremo de Justicia por su desacato a la Sala Electoral, incapacitada hasta que resuelva ese problema, y el Presidente de la República en Consejo de Ministros.

Es el compromiso garantizado de Nicolás Maduro Moros a convocar esa exacta consulta lo más importante que la oposición puede obtener en la patria chica de Billo Frómeta. ¿Qué debe obtener a cambio el Presidente, aparte de esta oportunidad de relegitimarse? La Asamblea Nacional, ya no la Mesa de la Unidad Democrática, puede ofrecer lo siguiente:

La Asamblea Nacional reconoce que no es una de sus facultades o propósitos la cesación del gobierno presidido por el ciudadano Nicolás Maduro Moros, anulará su declaratoria de abandono del cargo por parte del Presidente de la República del 9 de enero de este año, por cuanto éste se encuentra evidentemente en su pleno ejercicio, y procederá a anular su Acuerdo sobre la reactivación del proceso de aplicación de la Carta Democrática Interamericana de la Organización de Estados Americanos del 21 de marzo de este año, y reconoce que el Presidente de la República, en uso de la facultad expresa del numeral 4 del Artículo 236 de la Constitución puede denunciar la Carta de la Organización de Estados Americanos sin autorización parlamentaria o enmienda constitucional, por cuanto ella no es un convenio “relativo a derechos humanos” y tampoco la Convención Interamericana de Derechos Humanos ni sus posteriores protocolos, todos anteriores a la Constitución Nacional, contienen definiciones de esos derechos que sean “más favorables” a las establecidas en ella. Adicionalmente, en uso de la facultad establecida en el Numeral 5 del Artículo 187 de la Constitución, procederá a redactar un razonable decreto de amnistía. Por último, procederá a anular el nombramiento que hiciera de nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia. (El cántaro al agua).

Digo, si es que cree que es su obligación hacia los venezolanos que la eligieron dejar su propia terquedad atrás para construir una salida en paz. LEA

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*A menos que nombre a otro Vicepresidente antes de renunciar, lo que sería lo menos costoso. Por ejemplo, a la misma María Corina Machado. Ya el suscrito la postulaba a ese cargo el 12 de febrero de 2004: “Cualquier Presidente de la República contaría en ella con una Vicepresidenta de lujo”. (LEA #73).

**Que el presidente Maduro pueda presentarse como candidato marca, primeramente, una diferencia sustancial con la figura del referendo revocatorio; no se trata de una revocación, no la sustituye, y por consiguiente no puede recibir contravención jurídica alguna sobre la base de que la revocación está expresamente normada en la disposición del Artículo 72 de la Constitución. Luego, tal vez funcione como disuasivo de lo que pudiere ser su explicable tentación de oponerse a la solución descrita, con igual denuedo con el que ha entorpecido la revocación. (Prontas elecciones).

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El problema

 

Presión desde ambos lados

 

El país que sufre agudos dolores y privaciones está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo! Pobre país.

Etiqueta negra, 11 de abril de 2016

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La misma idea del epígrafe fue expresada hace cinco años en Las élites culposas (mayo 2012): “Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre”.

La dominación chavista-madurista es, sin duda, una grave y dolorosa enfermedad que ha caído sobre el país; habiéndola repudiado desde febrero de 1992, a comienzos de 2003 creí apropiado bautizarla como chavoma, para enfatizar su carácter invasivo y maligno. Este mal se superpuso a una previa y crónica condición patológica: la insuficiencia política de los actores que precedieron a la nueva hegemonía roja. (Se habla de insuficiencia cardiaca, renal o pulmonar cuando el corazón, los riñones o los pulmones no hacen su trabajo apropiadamente; si la función de los actores y sistemas políticos es la de resolver los problemas públicos—aquellos que no pueden ser resueltos por la interacción civil o mercantil—cuando no lo hacen reiteradamente puede hablarse con propiedad de insuficiencia política).

De una presentación en Seguros Nuevo Mundo, enero 2008

 

El origen de la insuficiencia

 

Los pedúnculos del tumor

(Sobre El discurso salvaje: Ficha Semanal #46 de doctorpolítico, 17 de mayo de 2005).

No es una presunta maldad de los actores políticos convencionales la explicación de la insuficiencia política:

Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tra­dicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Los descalificamos porque nos hemos convencido de su in­capacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los ver­daderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. (…) Pero junto con esa insuficiencia en la conceptualización de lo político debe anotarse un total divorcio entre lo que es el adiestramiento típico de los líderes políticos y lo que serían las capacidades necesarias para el manejo de los asuntos públicos. Por esto, no solamente se trata de enten­der la política de modo diferente, sino de permitir la emergencia de nuevos actores políticos que posean experien­cias y conocimientos distintos. Las organizaciones políticas que operan en el país no son canales que permitan la emergencia de los nuevos actores que se requieren. Por lo contrario, su dinámica ejerce un efecto deformante sobre la persona política, hasta el punto de imponerle una inercia conceptual, técnica y actitudinal que le hacen incompetente políticamente. Hasta ahora, por supuesto, el país no ha conocido opciones diferentes, pero, como bien sabemos, aún en esas condiciones los registros de opinión pública han detectado grandes desplazamientos en la valoración popular de los actores políticos tradicionales, la que es cada vez más negativa. Por evidencia experimental de primera mano sabemos que los actores políticos tradicionales están conformados de modo que sus reglas de operación se oponen a los cambios requeridos en conceptos, configuraciones y acciones políti­cas. Por esto es que es necesaria una nueva asociación política: porque de ninguna otra manera saludable podría proveerse un canal de salida a los nuevos actores políticos. (Proyecto SPV, febrero de 1985).

El problema no es nuevo, puesto que ya se lo diagnosticaba hace treinta y dos años. Treinta y tres años al menos hace que los electores nos percatábamos de que algo sistémico andaba mal con la polis venezolana. En agosto de 1984, la encuestadora Gaither había detec­tado un súbito movimiento de opinión, respecto de encuestas anteriores, en la identificación de un “mejor partido”; comparó los resultados obtenidos ese mes—con la pregunta “¿Cuál es el mejor partido?”—con los de agosto de 1974 (primer año de gobierno de Pérez), septiembre de 1979 (primer año de Herrera) y octubre de 1983 (dos meses antes de las elecciones presidenciales de ese año, que llevarían a Lusinchi a la Presidencia). Los siguientes datos dan los porcentajes de personas que respondieron “ninguno” (entre las opciones AD, COPEI, MAS y otros) y que no opinaron.

Una pregunta reiterada

 

Para la época comenté: “Como puede verse, el total de personas que no logra identificar un mejor partido entre las opciones disponibles experimentó un salto brusco equivalente a 16% más de los encuestados que en veces anteriores. Este fenómeno es muy similar a los movimientos de opinión que están siendo observados en otras latitudes. Por ejemplo, en España el gobierno ha perdido puntos sin que tal pérdida haya significado un aumento de puntos en la opinión favorable al principal partido de oposición. La población representada por tales puntos de porcentaje se queda en una especie de ‘limbo’, según la expresión de la revista Cambio 16. Asimismo, L’Express realizó una encuesta sobre las elecciones legislativas de 1985 en Francia. Las dos terceras partes de los encuestados opinaron que las elecciones serían ganadas por la oposición, mientras que más de las tres cuartas partes cree que la oposición ganará por descrédito del gobierno socialista”. (Proyecto SPV, Nota 1, febrero de 1985).

¿Cómo respondía el liderazgo partidista a este desplazamiento tectónico en la opinión? El 7 de junio de 1986 declaraba Pedro Pablo Aguilar, el Secretario General de COPEI, a El Nacional: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”. No era que los partidos estuvieran a espaldas de la realidad del país; ellos lo hacían bien, y señalar sus errores era hacer “antipolítica”:

Leopoldo Castillo creyó ver—A través de la mordaza—, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998. Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos. (…) Es realmente irónico que quienes fueron los principalísimos responsables de la llegada de Hugo Chávez Frías a Miraflores quieran cargar la culpa a los que se preocuparon de advertir a tiempo la necesidad de corrección, que pretendan pasar factura a Ibsen Martínez y RCTV por la transmisión de un registro de la realidad: la magnífica telenovela Por estas calles. El pasticho socialista del chavismo-madurismo es, por supuesto, una trasnochada y pretensiosa ilusión, una receta que no puede traer sino fracaso, pero es igualmente desandado el acatamiento irreflexivo a una Mesa de la Unidad Democrática que en materia de fracaso es experta. (A llorar p’al valle, 8 de agosto de 2013).

El 19 de marzo de 2009 me permití argumentar así: “Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) El anacrónico experimento de Chávez representa los últimos estertores de una política vieja que agoniza. Es la política del poder, que él lleva a su exacerbación; es la autodefinición política sobre un eje izquierda-derecha que ya no existe, a pesar del último pataleo de Bernard Henri-Lévy. (Left in Dark Times, 2008). Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos. No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta”. (Política natural).

………

La Mesa de la Unidad Democrática es la única hija de su difunta madre, la Sra. Coordinadora Democrática, de triste memoria; esencialmente, se trata del mismo liderazgo que trajo a Chávez al poder. He aquí una comparación de sus composiciones a las alturas de octubre de 2012:

Mapas genéticos de madre e hija única y heredera

 

Para el 19 de agosto de 2004 (5 días después del revocatorio contra Chávez), podía decirse de la Sra. Democrática (que hasta tuvo entonces a Jesús Torrealba como vocero) estas cosas:

Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia. El Informe Stratfor, publicación electrónica norteamericana, a todas luces conservadora, insospechable de chavismo, dictaminó de ella, lapidariamente, el pasado 6 de agosto: “Afortunadamente para Chávez, si hay algo que la oposición venezolana ha demostrado es que es estratégicamente torpe, profundamente impopular y moralmente cuestionable”. Nunca hemos sido tan implacables con la dirigencia opositora autoungida en esta publicación, aunque ya antes hemos hecho algunas caracterizaciones por las que la considerábamos constitucional o genéticamente impedida de producir lo que fue necesario y no se hizo, a pesar de reiteradas y longevas advertencias y recomendaciones. En el fondo del problema hay una raíz paradigmática: sus más connotados directivos operan, como Chávez, dentro del paradigma de la Realpolitik, el que propugna que la política es en realidad la procura del poder mientras se impide que el adversario lo asuma. Ellos creen, la mayoría honestamente, que “la política es así”, y desechan cualquier otra conceptualización, por ejemplo una según la cual la Política es el arte u oficio de resolver problemas de carácter público. (…) Ayer decía un editorial en The New York Times: “Es hora de que los opositores del presidente Hugo Chávez dejen de pretender que hablan por la mayoría de los venezolanos. No lo hacen, como el fracaso de un referendo revocatorio, promovido por la oposición, demostrara decisivamente el domingo. (…) El periódico neoyorquino se apresura a aclarar: “La clase de democracia del Sr. Chávez no es una que esta página apruebe. Está afectada por acaparamiento de tribunales, intimidación judicial de oponentes políticos y discursos demagógicos y fraccionalistas, incluyendo la frecuente e inflamada demonización de los Estados Unidos, el mayor cliente petrolero de Venezuela”. Y al final regresa sobre la oposición: “La oposición, entretanto, necesita dejar de cantar foul. Condujo una campaña referendaria generalmente inepta, fallando en unirse en torno a un único y creíble retador del Sr. Chávez y fallando en distanciarse adecuadamente de las políticas oligárquicas del desacreditado pasado. Una sana democracia venezolana requiere no solamente un Sr. Chávez menos divisionista. También requiere una oposición más realista y eficaz”. (Bofetada terapéutica, Carta Semanal #100 de doctorpolítico).

Ayer ocurrió (o, más bien, no ocurrió) lo siguiente:

Este martes 29 de agosto la Asamblea Nacional tenía pautado en la agenda discutir los casos de corrupción involucrados con la empresa Odebrecht, y como en otra oportunidad en la discusión sobre casos de corrupción, no hubo quórum. Julio Borges, presidente del Parlamento, informó que debido a que a la sesión solo acudieron 55 diputados no se pudo llevar a cabo la discusión. Borges solicitó a la Secretaría del Parlamento hacer pública la lista de los legisladores que no acudieron, para que el país tenga conocimiento de lo sucedido. En este sentido expresó: “Voy a solicitar a Secretaría que haga pública la lista de los ausentes para que el país nos ayude a presionar y los diputados entiendan que tienen que venir a la sesión de la Asamblea, es nuestro deber”. (…) También es relevante mencionar que el pasado 24 de agosto, sólo 33 parlamentarios asistieron a la sesión que tenía como objetivo debatir las denuncias de corrupción realizadas por la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz.

 

También ayer se conocía esta noticia, proporcionada por Walter T. Molano, de BCP Securities LLC:

There are several rumors and wire reports that Chinese state-owned banks may launch a buyback of Venezuelan short-dated maturities. None of the rumors were verified by officials sources. However, having just visited Beijing and met with individuals with senior government connections who are involved in Latin American affairs, the rumors seem to make sense. The Chinese are concerned about the situation in Venezuela and what a default will mean for the country’s ability to deliver oil. They also believe that the opposition is too divided and weak to take control of the government. Hence, they think that the Maduro government is here to stay. However, they are reticent to give additional direct assistance. The debt load has been reduced to $20 billion, and Beijing has space to increase its exposure to Venezuela. Buying back the short term debt would avoid giving money directly to a corrupt government, while helping it to avoid default.

Es decir, parece estar en el interés de los chinos conjurar el peligro de cesación de pagos por parte de Venezuela, y también parece ser su previsión que la oposición venezolana no podrá hacerse con el control del Estado, y si creen que “el gobierno de Maduro está aquí para quedarse”, eso pudiera significar no sólo hasta el 10 de enero de 2019, sino para al menos el siguiente período. A pesar de esto, algún conocido festejaba las más recientes sanciones del gobierno de Donald Trump ¡en términos morales! La misma persona me había escrito el año pasado, como le recordé: “La buena noticia es que la crisis continúa” (!). Esta vez repuse: “Me escribiste que como era bueno que el gobierno pasara trabajo, era bueno que la gente sufriera y creciera el descontento y la protesta. Eso fue, clarísimamente, lo que querías decir”. Y ya que había sustentado las últimas sanciones de Trump sobre bases morales, le añadí las palabras de Isaac Asimov: “Nunca permitas que tu sentido de la moral te impida hacer lo que es correcto”.

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El desempeño más reciente del liderazgo opositor profesional es verdaderamente insatisfactorio. Luego del impresionante logro de una mayoría calificada en la Asamblea Nacional en las elecciones del 6 de diciembre de 2015—cinco días antes Juan Pablo Olalquiaga profetizaba: “El reto de la Asamblea va a ser voltear la la economía; de no hacerlo, la opinión pública la castigará rápidamente”—, la secuencia posterior ha sido desastrosa: el mismo día de la instalación de la Asamblea (5 de enero de 2016), su Presidente presentaba como “compromiso no transable” del cuerpo encontrar en seis meses una forma de causar la cesación del gobierno; luego se ocuparía de retirar altaneramente retratos de Chávez y el Bolívar afrodescendiente del Palacio Legislativo, mientras desatendía la Ley Orgánica de Estados de Excepción y permitía el gol del primer decreto de Maduro sobre emergencia económica, que consagraba la explicación de la “guerra económica” a la gravísima situación nacional. De seguidas, boicoteó el esfuerzo revocatorio, logrando que comenzara con tres meses de retraso; estaba muy ocupado con lo de la presunta nacionalidad colombiana de Maduro, que la Registraduría Nacional de Colombia no reconoce. También prefirió “no arrodillarse” ante el Tribunal Supremo de Justicia antes que recuperar la eficacia de la Asamblea como poder; habría bastado oficializar la desincorporación de los diputados de Amazonas que la solicitaron el 15 de noviembre de 2016. Su sucesor, Julio Borges, se inició temprano con la declaratoria de que Nicolás Maduro había ¡abandonado su cargo! un día antes (9 de enero) de que venciera el plazo para que una falta absoluta del Presidente causara una elección presidencial dentro de los siguientes treinta días. Tan no creyó en su propio juicio que no ofició al Consejo Nacional Electoral mandando la elección. Su última ocurrencia fue nombrar magistrados a unos cuantos ingenuos que han debido exiliarse para huir de la prisión, sin que los legisladores puedan protegerlos. Etcétera, etcétera, etcétera. Ahora, después de un centenar de muertos, ya la MUD no organiza protestas y cada vez menos gente atenderá sus convocatorias.

A otras personas escribí: “La falta de quórum en la AN, más lo de BCP Securities, implica que es necesarísimo poner en juego una contrafigura de Maduro que no provenga de la MUD. El deterioro de la dirigencia opositora es imparable”. Lo ideal sería promover a alguien con un discurso de nivel superior al ideológico (capaz de anular la narrativa oficialista por superposición antes que por mera acusación), que no entienda la política como mera lucha por el poder, con trayectoria ejecutiva comprobadamente exitosa y dominio del “verdadero arte del Estado” (Alexis de Tocqueville): “una clara percepción de la forma como la sociedad evolu­ciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro”.

Tal vez exista. LEA

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La usurpadora

La ANC y su cliente presidencial

 

La usurpadora es una telenovela de Venezuela de los años 1970. Fue realizada por la televisora venezolana RCTV en el año de 1971 y fue protagonizada por Marina Baura (en el papel de las gemelas Alicia Estévez y Rosalba Bracho) y Raúl Amundaray como Daniel Bracho.

Wikipedia en Español

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usurpar Del lat. usurpāre. 1. tr. Apoderarse de una propiedad o de un derecho que legítimamente pertenece a otro, por lo general con violencia. 2. tr. Arrogarse la dignidad, empleo u oficio de otro, y usarlos como si fueran propios.

Diccionario de la Lengua Española

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La asamblea que ahora preside Delcy Rodríguez sufre una grave confusión: se cree “originaria” y superior a la Constitución. Ayer da cuenta la web de El Universal de una ampliación de los estatutos de la operante Asamblea Nacional Constituyente, dudosamente elegida: “El primer artículo de los estatutos establece que los Poderes Públicos están subordinados a la ANC y, en ese sentido, cumplirán y harán cumplir los actos jurídicos y acciones que de allí se [sic] emanen. Asimismo, indica que la Constitución Bolivariana de Venezuela de 1999 se mantiene vigente en todos aquellos artículos que no contradigan los actos jurídicos y decisiones de la ANC”.

Una vez creada en la Constitución de 1999, una constituyente fundada en su normativa no puede ir más allá de ella, no puede arrogarse facultades que ese texto no le confiere, y éste no dice en ninguna parte que los poderes públicos le están subordinados. Dice el Artículo 349 que “Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente”, pero estas decisiones no pueden contradecir la Constitución. La locura es que ahora Delcy y sus compinches sostienen que ¡es la Constitución lo que no puede contradecirlos!

Claro que el verbo poder se conjuga acá en sentido jurídico; “no pueden” se entiende acá en el sentido de “no deben”. Si cruzo caminando la calle fuera del paso de peatones, tal vez escuche a un policía que me reconvenga: “¡Señor! ¡Ud. no puede cruzar la calle por ahí!”, y si yo quisiera buscarme problemas respondería: “Ud. querrá decir que no debo, porque de poder pude”. Hace tiempo que los bulliciosos diputados constituyentes se han salido del rayado.

Los primeros actos de la constituyente-Rodríguez exceden sus facultades, están matando a su propia madre. Aparentemente, Herman Escarrá le ha soplado a Delcy que el Artículo 5 de la Constitución les contradice a ambos cuando declara que la soberanía reside intransferiblemente en el Pueblo. “Eso no puede mantenerse vigente; nosotros somos el poder soberano”, le habrá dicho. Pero la Constitución misma no es un poder público, no la obliga su propio Artículo 349, y la constituyente no es el Pueblo.

Para usurpar es preciso confundirse. LEA

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