Catástrofe anticatastrófica

Sí, en cualquier partido político

 

A José Antonio Gil Yepes

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Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos. No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta.

Política natural – Carta Semanal #324 de doctorpolítico, 19 de marzo de 2009

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Si he visto más lejos es porque subí sobre los hombros de gigantes.

Isaac Newton – Carta a Robert Hooke, 15 de febrero de 1676

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Cuando se usa la expresión inglesa nested (anidado), no siempre es referida a un único nido; frecuentemente, la idea alude a una serie de nidos: un nido que tiene dentro un nido menor que a su vez aloja otro nido más pequeño, y así sucesivamente. Por ejemplo, en un manual de Microsoft para su sistema operativo Windows se lee: You can create nested folders by dragging one folder into another”. (Ud. puede crear carpetas anidadas arrastrando una carpeta dentro de otra). Es ésta la estructura de los problemas políticos más persistentes y profundos: una cierta concepción cuya persistencia es responsable de insuficiencia o ineficacia política está alojada en un marco conceptual más básico, que a su vez está incluido en una concepción más general, und so weiter. En un cierto nivel, es aquello a lo que Thomas S. Kuhn llamara paradigmas en La estructura de las revoluciones científicas (1962): “En ciencia y filosofía, un paradigma es un conjunto diferenciado de conceptos o patrones de pensamiento que incluyen teorías, métodos de investigación, postulados y estándares de lo que constituye contribuciones legítimas a un campo”. (Wikipedia). Los alemanes tienen incluso un sustantivo singular para referirse a la concepción más general del mundo: Weltanschauung. Es ineludible a los humanos pensar dentro de cajas conceptuales de ese tipo y hacerlo de modo mayormente imperceptible.

Para McLuhan los medios (extensiones del hombre) constituyen un am­biente que modi­fica a su inventor y del que éste no está habitualmente cons­ciente. El mero hecho de tomar con­ciencia de un ambiente crea otro nuevo, y de este nuevo ambiente no poseemos conciencia. Es como si mirásemos hacia arriba a través de una serie de cúpulas transparentes. Sólo podríamos darnos cuenta de la más próxima si subimos sobre ella, pero entonces tampoco po­dríamos per­cibir las que la envuelven por arriba. (Un tratamiento al problema de la calidad en la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990).

Nested domes: cúpulas anidadas, pudiéramos concluir.

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Empaques conceptuales de la acción política

La política, como la ciencia misma—el más autocrítico de los modos de discurrir—, no escapa al encierro de los marcos conceptuales. Así como hay paradigmas científicos, hay paradigmas políticos. Las ideologías son marcos particularmente importantes, y las existentes (con insustanciales variantes recientes, tales como el “progresismo”) fueron todas desarrolladas entre los siglos XVIII y XIX. El liberalismo, la más antigua, se la tiene fundada por John Locke en su Segundo Tratado sobre el Gobierno, publicado anónimamente doce años antes de iniciarse el siglo XVII (1689), pero fue la obra de su compatriota John Stuart Mill (1808-1873) el pináculo de la doctrina liberal; el socialismo marxista puede considerarse fundado en 1848, con el Manifiesto Comunista de Carlos Marx y Federico Engels; alrededor de 1890, sobre todo con los trabajos de Eduard Bernstein, se echó las bases de la socialdemocracia o socialismo reformista; en 1891, el papa León XIII establecía las de la democracia cristiana, pues el fundamento de ésta es la Doctrina Social de la Iglesia. (En 1919, el sacerdote italiano Luigi Sturzo, junto con otros, fundaría el Partido Popolare Italiano, del que fuera su Secretario General).

Prácticamente todo partido venezolano esgrime una ideología como tarjeta de visita: Acción Democrática, Alianza Bravo Pueblo, Un Nuevo Tiempo—que hizo un “congreso ideológico” (2008) sobre una ponencia enteramente socialdemócrata que proveyera Demetrio Boersner—y sorprendentemente hasta Voluntad Popular, están inscritos en la Internacional Socialista. (Todavía en 1959, el documento doctrinario central de AD postulaba como afirmación primera: “Acción Democrática es un partido marxista”). COPEI—cuyo precursor congreso ideológico sesionara en 1986—, Proyecto Venezuela, Convergencia (lo que quede de él) y Primero Justicia (que celebró su propio congreso en 2007), conforman la “familia socialcristiana”. (El último nombrado se refiere a su ideología como “humanismo cristiano”). El Partido Socialista Unido de Venezuela y, por supuesto, el Partido Comunista de Venezuela, son de corte marxista radical, aunque Hugo Chávez, declarado él mismo un marxista, se ocupó de aclarar que el PSUV no era marxista-leninista. No hay, nunca los ha habido, partidos liberales importantes en Venezuela; en la Mesa de la Unidad Democrática han figurado Fuerza Liberal, Unidad Visión Venezuela y, hasta agosto del año pasado, Vente Venezuela. El “progresismo” ha hecho su aparición con Avanzada Progresista, Cuentas Claras, Partido Progreso y Voluntad Popular (que se define en esa corriente de la socialdemocracia): “Está formado por diversas doctrinas filosóficas, éticas y económicas del liberalismo y el socialismo democrático”. (Wikipedia). La mera proliferación de partidos de una misma ideología pone de manifiesto que ella no es en verdad lo importante; si lo fuera ¿por qué no constituyen una sola organización, por caso, AD, ABP, UNT y VP? ¿Por qué la “familia socialcristiana” está dividida en cuatro pedazos?

Las ideologías han perdido su poder de producir soluciones. El registro de la Organización Internacional del Trabajo hace tiempo que superó el millón de oficios diferentes en el mundo. ¿Cómo puede un partido representar en la única categoría de trabajadores una riqueza así, una complejidad de esa escala? Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones. (El medio es el medio, 29 de abril de 2015).

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Pero las ideologías funcionan principalmente como pretexto que autorizaría un elemento paradigmático omnipresente, común a todas las formaciones partidistas ideológicas; la lucha por el poder.

…digamos que una ideología es un sistema de creencias acerca de cuál es la sociedad humana perfecta o preferible. (…) Lo cierto es que todo partido político es, en el fondo, una organización con el pragmático propósito de obtener poder político y, si dispone de ideología, esgrime ésta como justificación (coartada) de su objetivo. Descrita como aglomeración de “principios” y “valores”, la ideología partidista santifica al partido y a sus líderes, pues éstos serían “hombres de principios”. (Panaceas vencidas, Carta Semanal #318 de doctorpolítico, 5 de febrero de 2009).

Satán llega a todas partes

A esto se añade el axioma cuasi-pitagórico de que “no hay democracia sin partidos”. A mediados de 1985, “publicó Eduardo Fernández un artículo que llamó ‘La conspiración satánica’, haciendo uso de la frase de Caldera de hacía unos meses. En este artículo, publicado en el diario El Nacional, Eduardo hacía una especie de retrato hablado de los ‘conspiradores’, advirtiendo contra quienes osaran cuestionar a los partidos, puesto que criticar a los partidos equivaldría automáticamente a denigrar de la democracia como sistema. No hacía más, pues, que repetir la falacia de la identificación de partidos concretos con democracia”. (Krisis – Memorias Prematuras). Al año siguiente, diría prácticamente lo mismo Pedro Pablo Aguilar al mismo periódico: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”. (El Nacional, 7 de junio de 1986).

¿A qué reaccionaban, uno tras otro, ambos dirigentes socialcristianos? Pues a un diagnóstico del 8 de febrero de 1985, que ya identificaba la causa de la “insuficiencia política” luego descrita en Dictamen (21 de junio de 1986), que reproduciría las palabras de Aguilar: “La exploración de Venezuela pone de manifiesto la coexistencia simultánea—y en gran medida interactuante—de varios síndromes, cada uno de los cuales es la asociación de un conjunto de signos. Los síndromes no son todos de la misma clase, pues corresponden a procesos patológicos de distinta gravedad o se mani­fiestan en distintos componentes o estructuras sociales. Sin embargo, es posible resumir así el problema somático más importante de la actualidad venezolana: Ve­nezuela padece una insuficiencia política grave”. El trabajo del año anterior exponía justamente a su inicio:

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla in­volucra una responsabilidad bastante grande, una responsa­bilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte? Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicio­nales es justamente la afirmación que hacemos. Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tra­dicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Los descalificamos porque nos hemos convencido de su in­capacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los ver­daderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Así lo revela el análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa. (Proyecto SPV – Documento Base).

En cambio, se escribió con algo de más concisión y caridad dieciséis meses más tarde:

Todo actor político lleva a cabo su actividad desde un marco general de percepciones e interpretaciones de los acontecimientos y nociones políticas. Este marco conceptual es el paradigma político, y del paradigma que se sustente de­pende la capacidad de imaginar y generar las soluciones a los problemas públicos. Es ése el sustrato del problema. La insuficiencia política funcional en Vene­zuela no debe explicarse a partir de una supuesta maldad de los políticos tradi­cionales. Con seguridad habrá en el país políticos “malévolos”, que con sis­temati­cidad se conducen en forma maligna. Pero esto no es explicación suficiente, puesto que en la misma proporción podría hallarse políticos bien intencionados, y la gran mayoría de los políticos tradicionales se encuentra a mitad de camino en­tre el al­truismo y el egoísmo políticos. La explicación última de nuestra insuficiencia política funcional reside, pues, en la esclerosis paradigmática del actor político tradicional.

Ésa era “la conspiración satánica”; la lectura de su presunta inconveniencia sobrevive aún:

Leopoldo Castillo creyó ver—A través de la mordaza—, en la crítica de la sociedad española a los principales partidos políticos de su país, un grave peligro: que España siga un camino parecido al venezolano, en el que el descrédito de Acción Democrática y COPEI habría abierto la puerta a la llegada del chavismo en las elecciones de 1998. Lo malo no fue, según Castillo, que AD y COPEI se portaran mal sino decirlo; no la sordera de los políticos sino la locuacidad de quienes nos atrevimos a criticarlos. (A llorar p’al valle, 8 de agosto de 2013).

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Política cotidiana

Siendo las ideologías sólo variantes de una coartada para luchar por el poder, y esta actividad el factor constante en la política cotidiana—en Venezuela tanto como en toda nación del mundo—, es ella lo que entienden los políticos como consubstancial a su quehacer: lo que alguna gente llamaría “la dinámica de la política real”. Pero a esto puede superarlo una visión transideológica, que entienda la política como el arte clínico de resolver los problemas públicos, sujeto a un código de ética profesional antes que a unos pretendidos “valores”. (Ver El lugar de los valores en la política). Tal era el contraste, lucha contra curación, en una discusión a distancia entre Diego Bautista Urbaneja y el suscrito. El 2 de mayo de 2015 hice explícitas nuestras diferencias en el programa #142 de Dr. Político en RCR; he aquí el archivo de audio de esa ocasión:

Claro que a quien pretenda negar que la política sea realmente una lucha por el poder, por más que se la maquille ideológicamente, se le reputa iluso, romántico, comeflor. Hay casos en los que esto no es así:

Esto es el método verdaderamente racional para una licitación política. No se trata de eliminar el “combate político”, sino de forzar al sistema para que transcurra por el cauce de un combate programático como el descrito. Valorizar menos la descalificación del adversario en términos de maldad política y más la descalificación por insuficiencia de los tratamientos que proponga. Este desiderátum, expresado recurrentemente como necesidad, es concebido con frecuencia como imposible. Se argumenta que la realidad de las pasiones humanas no permite tan “romántico” ideal. Es bueno percatarse a este respecto que del Renacimiento a esta parte la comunidad científica despliega un intenso y constante debate, del que jamás han estado ausentes las pasiones humanas, aun las más bajas y egoístas. (El relato que hace James Watson—ganador del premio Nobel por la determinación de la estructura de la molécula de ADN junto con Francis Crick—en su libro La Doble Hélice (1968), es una descarnada exposición a este respecto). Pero si se requiere pensar en un modelo menos noble que el del debate científico, el boxeo, deporte de la lucha física violenta, fue objeto de una reglamentación transformadora con la introducción de las reglas del Marqués de Queensberry. Así se transformó de un deporte “salvaje” en uno más “civilizado”, en el que no toda clase de ataque está permitida. En cualquier caso, probablemente sea la comunidad de electores la que termine exigiendo una nueva conducta de los “luchadores” políticos, cuando se percate de que el estilo tradicional de combate público tiene un elevado costo social. (Los rasgos del próximo paradigma político, 1º de febrero de 1994. Ver, también, Política natural, 19 de marzo de 2009).

Esa práctica es posible, y sé eso porque es la que mantengo. El 28 de junio de 2015 me entrevistó el periodista Edgardo Agüero para el semanario La Razón. Una de sus preguntas fue la que pongo acá, seguida de mi contestación:

Hay quienes afirman que existen factores dentro de la MUD que en función de sus intereses políticos y pecuniarios, juegan a favor del gobierno. ¿Qué habrá de cierto en ello?

Mi aproximación a la política es clínica. Si un médico intentara curar un hígado enfermo tratando célula por célula se volvería loco; por eso no me intereso por la chismografía política acerca de actores particulares. Si tuviera que descalificar a algún actor político no lo haría por su negatividad, sino por la insuficiencia de su positividad. No me intereso por esa clase de asuntos.

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Como se insinuara en 1994, una mutación de esa clase en la actividad política se hará realidad a partir de la presión de los pueblos, y ahora es la Internet la mayor de las fuerzas que empujan en esa dirección. De nuevo, no hace falta chuparse el dedo: la red de redes tiene sus propias patologías y su propia vulnerabilidad, desde las noticias falsificadas (fake news) hasta los ataques intencionalmente dirigidos de los hackers, pero ese territorio “virtual” (tan real como cualquier otra realidad) es la “arena política” del futuro; está empezando a ser el asiento de una democracia más desarrollada y completa. Los efectos de tan gigantesca mutación son ya patentes, como la ola de denuncias de acoso sexual lo comprueba o, más recientemente, el cuestionamiento creciente de la sacrosanta National Rifle Association a raíz de la última masacre en un colegio en Estados Unidos. Los políticos no podrán escapar al escrutinio y la exigencia. Una política lúcida estimularía en Venezuela ese proceso:

Esa audacia es necesaria; esa audacia será bienvenida por los venezolanos, que queremos reto y acicate. Nada hay en nuestra composición de pueblo que nos prohíba entender el mundo del futuro. Venezuela tiene las posibilidades, por poner un caso, de convertirse, a la vuelta de no demasiados años, en una de las primeras democracias electrónicamente comunicadas del planeta, en una de las democracias de la Internet. En una sociedad en la que prácticamente esté conectado cada uno de sus hogares con los restantes, con las instituciones del Estado, con los aparatos de procesamiento electoral, con centros de diseminación de conocimiento. (El mes de Jano, 21 de enero de 1995).

Somos una polis interconectada

 

Esa vocación debe ser acompañada

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Entre las cosas más difíciles de hacer, prácticamente heroicas, destaca como una de las más exigentes el cambio de paradigmas, de percepciones, de marcos mentales. Hace nueve años se delineaba este problema, al comentar la incoherencia de la segunda federación de partidos de oposición al chavismo-madurismo, la muy tenaz y valiente Mesa de la Unidad Democrática:

Para que sea eficaz es necesario trabajar en el logro, justamente, de la coherencia. Tal cosa es imposible de lograr en el promedio de las posiciones de oposición, en la combinación negociada de sus respectivas ideologías. Una cosa así sólo puede provenir de un discurso esencialmente diferente, de una nueva especie de organización política. Pero esto último puede ser alcanzado de dos maneras. La más radical es la construcción de esa nueva opción desde cero, la inauguración de una asociación política fresca. La otra es la metamorfosis de organizaciones existentes, y en principio ésta sería la ruta más económica. (…) Claro está, esta segunda posibilidad sólo es viable—esto sí una “política realista”—a partir de la disposición de los actuales partidos democráticos a transformarse en especímenes políticos inéditos, y entonces tendrían que autorizar que en ellos se practicara lobotomía frontal e implante de nuevos circuitos conceptuales, en los que venga impreso un paradigma clínico de la política. Sería necesaria mucha valentía y una elevación grande, en nuestros políticos convencionales, para lograr lo que se necesita a partir de una metamorfosis de lo existente. Pero ¿quién sabe? A lo mejor el aprendizaje de diez años de sobresaltos y desafueros, de ineficacia y de fracaso, ha puesto las conciencias políticas a punto de caramelo. (En Nacimiento o conversión, 4 de junio de 2009).

La tarea, aunque difícil, no es imposible, especialmente en políticos jóvenes, no totalmente esclerosados. Con menos benevolencia, se comentaba en 1985 (Proyecto SPV) este problema: “Las organizaciones políticas que operan en el país no son canales que permitan la emergencia de los nuevos actores que se requieren. Por lo contrario, su dinámica ejerce un efecto deformante sobre la persona política, hasta el punto de imponerle una inercia conceptual, técnica y actitudinal que le hacen incompetente políticamente”. Pero, de nuevo, hace treinta y tres años el país estaba en condiciones muchísimo mejores que las impensablemente desastrosas de estos días; la necesidad de reaprender es hoy una emergencia.

Y el cambio es posible, aunque sea exigentísimo: “…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. (De la presentación del Proyecto SPV). En Krisis – Memorias prematuras (1986), volvería sobre el concepto: “… la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces”.

Los nuevos y más apropiados marcos mentales—teorías de la complejidad, del caos, de las avalanchas, de los enjambres—están disponibles, aunque advierta Wikipedia:

Una revolución científica se produce cuando, de acuerdo a Kuhn, los científicos encuentran anomalías que no pueden ser explicadas por el paradigma universalmente aceptado dentro del cual ha progresado la ciencia hasta ese momento. El paradigma no es simplemente la teoría vigente, sino toda la cosmovisión dentro de la que existe, y todas las implicaciones que conlleva. (Cambio de paradigmaparadigm shift).

Las mencionadas teorías novísimas han sido desarrolladas a partir de la segunda mitad del siglo XX, a pesar de lo cual no hay garantía de que un nuevo paradigma no necesite jamás un reemplazo. Convendrá mantener incólume una sana modestia:

Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra. (En Tiempo de incongruencia, febrero de 1985).

Es la modestia intelectual que caracterizó a Ludwig Wittgenstein; en la penúltima proposición de su monumental Tractatus Logico-Philosophicus proclamó lúcidamente:

6.54 Mis proposiciones sirven como elucidaciones del siguiente modo: quienquiera que me entienda llegará a reconocerlas como sin sentido, cuando las haya usado—como escalones—para trepar más allá de ellas. (Debe, por así decirlo, arrojar lejos la escalera después de haber subido por ella).

En el verdadero largo plazo, la “cuenta larga” de los franceses, es cuestión de paciencia (mucha). Thomas Kuhn dijo en su obra magna, citando a Max Planck: “Una nueva verdad científica no triunfa convenciendo a sus oponentes para hacerlos ver la luz, sino más bien porque sus oponentes mueren tarde o temprano y surge una nueva generación familiarizada con aquélla”.

Yo prefiero con mucho que no muera ningún gigante, al menos todavía. LEA

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Para descargar esta entrada (11 páginas) en formato .pdf: Catástrofe anticatastrófica

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La caída de las lochas

Hay que meterla para que caiga

 

Así decimos en México cuando por fin logramos entender algo. La expresión tiene origen en la época en que, en México, los teléfonos públicos y otras máquinas de ranura, funcionaban con una moneda de veinte centavos «un veinte». Cuando se lograba la comunicación, la moneda caía en el recipiente del teléfono y entonces se decía: «ya cayó el veinte». (…) De este decir, los mexicanos hicimos metáfora y ahora lo usamos para referirnos a ese momento en que por fin se nos «prende el foco» y logramos entender algo. (…) …no somos los mexicanos, los únicos a quienes una moneda hace clic en el cerebro. En Inglaterra dicen: «the penny has dropped» (el penique ha caído). También en Alemania dicen: «Jetzt ist bei mir der groschen gefallen!», que puede traducirse como «me cayó el groschen» (…) Por si fuera poco, en hebreo existe la expresión «Nafal Ha-asimón» (cayó el asimón ). Y qué creen… resulta que el «asimón» era la moneda que en Israel ¡caía en los teléfonos públicos cuando se hacía una llamada! Y figurativamente, la expresión significa «ya se entendió». Visto lo anterior, ya no me extrañó saber que en Rumania dicen «mi-a picat fisa» (me cayó la ficha); en Argentina «me cayó la ficha»; en Venezuela «me cayó la locha» y en Brasil «caiu a ficha». En todos los casos, hay una moneda que cae a un teléfono público o a una máquina de ranura, y siempre significando ese momento en que por fin se logra entender algo.

¡Ya me cayó el veinte!

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Las soluciones a los problemas del país están en nuestras manos; es cuestión de entender eso. Metamos varias lochas para que caigan una tras otra.

Primera locha: el poder supremo del Estado venezolano reside en el Pueblo. En nuestro carácter de Poder Constituyente Originario—el único; no hay “constituyentes originarias”—, somos un poder supraconstitucional. Ni siquiera la Constitución nos limita.

Toda la estructura del Poder Público venezolano, así como sus atribuciones, descansan sobre una decisión de la Corte Suprema de Justicia del 19 de enero de 1999. Se trata de la decisión sobre recurso de interpretación interpuesto ante la Sala Político-Administrativa sobre la posibilidad de consultar a los Electores si era su voluntad la convocatoria a una Asamblea Constituyente. (…) La Corte contestó, muy acertadamente, que esta consulta sí podía hacerse al Poder Constituyente Originario. Y lo hizo de una vez, al comienzo mismo de la argumentación. La Corte estimó, en perfecta consistencia con la más elemental doctrina de la democracia, que el Pueblo, en su carácter de Poder Constituyente Originario, era un poder supraconstitucional, puesto que es la Constitución la que emana del Pueblo, y no a la inversa. (…) Y es por tal razón que la Corte asentó la doctrina de que, en ese carácter, el Pueblo no está limitado por la Constitución*, la que sólo limita al poder constituido, y por ende podía discutirse sobre una constituyente aunque tal figura no estuviese contemplada en la Constitución de 1961. El desconocimiento de esa doctrina fundamental del acervo constitucional venezolano equivaldría a pulverizar las bases jurídicas del régimen público nacional; la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, por caso, debe su existencia a la Constitución Nacional, que emergiera al mundo de la vigencia cuando el Poder Constituyente Originario la refrendara en referendo aprobatorio del 15 de diciembre de 1999. Y ese referendo fue convocado para decidir sobre el producto de la Constituyente de 1999, que fue elegida en votaciones mandadas por otro referendo, el consultivo del 25 de abril de ese mismo año. (…) …ese referéndum consultivo vinculante fue posible porque la Corte Suprema de Justicia así lo estableció el 19 de enero de 1999. (…) Toda la legitimidad del Poder Público venezolano reside en la invulnerabilidad de esa precisa sentencia y su clarísima doctrina, que permitió decidir sobre un punto no contemplado en la constitución de la época: la elección mandatoria de una asamblea constituyente, pues el Poder Constituyente Originario no está limitado por la Constitución. (Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016).

Segunda locha: la iniciativa popular puede convocar al Pueblo para que se pronuncie en referendo sobre “materias de especial trascendencia nacional”. (Artículo 71 de la Constitución: “a solicitud de un número no menor del diez por ciento de los electores y electoras inscritos en el registro civil y electoral”). Esto es la mitad del esfuerzo requerido para un referendo revocatorio; con el actual nivel de registro electoral, en términos gruesos se requiere la manifestación de voluntad de 2 millones de electores. El 16 de julio de 2017, votó un total de 7.535.259 ciudadanos, o 38,5% del registro, en el “plebiscito” convocado por la oposición profesionalizada. (Dicho sea de paso, aunque fuera portentosa esa asistencia, ella no fue ni con mucho la mayoría del Pueblo; ni siquiera alcanzó 40%).

Tercera locha: siendo que no somos “los de abajo”, puesto que todo otro poder nos está subordinado, podemos contestar con toda legitimidad estas cuestiones: a. si queremos disolver la Asamblea Nacional Constituyente convocada legítimamente el 1º de mayo de 2017, elegida dudosamente el 30 de julio del mismo año sobre bases comiciales viciadas e instalada el 4 de agosto siguiente; b. si queremos anular todos sus actos desde la fecha de su instalación hasta la de celebración del referendo. (Quienes sostienen, por el oficialismo y desde la oposición, la equivocada noción de que la ANC es “originaria”, plenipotenciaria, aducen lo establecido en el Artículo 349 de la Constitución: “Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente”. Nosotros no somos un poder “constituido”; somos el Poder Constituyente Originario. Ese artículo no nos obliga).

Cuarta locha: no se necesita que la Mesa de la Unidad Democrática, negada a esa consulta político-jurídica válida—a diferencia de la del 16 de julio—, promueva la convocatoria del referendo requerido. La promoción puede venir de una asociación civil de propósito único, que se extingue automáticamente al quedar convocado el referendo, razón por la cual no es competencia ulterior de la MUD o de ningún partido, ni siquiera del PSUV. (Con algunas personas amigas, me encuentro trabajando en la constitución de la asociación necesaria).

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Total: cuatro lochas, o lo que había que meter a una rockola para que sonaran cuatro canciones; sólo dos mediecitos: cincuenta céntimos de bolívar, de aquel bolívar “débil”. Casi tan viejas como las lochas que ya no se acuña, fueron anticipadas hace catorce años en Salir de la caja (25 de marzo de 2004):

Es preciso salir de la caja de la Constitución de 1999, cayendo en la cuenta de que en realidad estamos por encima de ella. “Gregorovius pensó que en alguna parte Chestov había hablado de peceras con un tabique móvil que en un momento dado podía sacarse sin que el pez habituado al compartimiento se decidiera jamás a pasar al otro lado. Llegar hasta un punto en el agua, girar, volverse, sin saber que ya no hay obstáculo, que bastaría seguir avanzando”. (Julio Cortázar, Rayuela).

Aquel tabique era de vidrio, transparente, y por tanto indetectable por los ojos de los peces, que habían aprendido a no darse topetazos. LEA

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*Sólo está limitado, redactó Humberto La Roche, el magistrado ponente, por los derechos humanos y los convenios válidamente establecidos con soberanías equivalentes de otras repúblicas.

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El candidato desalineado

 

¿Unitario o unificador?

 

Siendo que Chávez tiene el mayor control del poder posible en Venezuela—político, militar, económico—una oposición al estilo cacical debe fracasar. Es un brujo, no un cacique, quien puede suceder a Chávez a corto plazo. (2006). No es otro “tío tigre” menor que pretenda discutirle la posición alfa a Tío Tigre en su manada. Es Tío Conejo.

Carta Semanal # 131 de doctorpolítico, 31 de marzo de 2005

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El epígrafe de esta entrada, repetido el pasado 6 de diciembre en ¿Dónde está Tío Conejo?, fue empleado en ese mismo carácter para encabezar Tío Conejo como outsider, un capítulo del libro que editara Fausto Masó (Libros Marcados) a fines de 2005. Allí se expuso:

Un imperio maléfico está a punto de coronar su totalitario dominio sobre toda la galaxia, al que escapa, por ahora, un pequeño enclave republicano y democrático del que la princesa Leia es su líder. Es decir, la propia guerra asimétrica. La Estrella de la Muerte es la mortífera nave imperial que se aproxima inexorablemente hasta el planeta rebelde, en el que un último movimiento de resistencia está a punto de perecer. Desde aquí se lanza una oleada de interceptores y bombarderos con la esperanza de atinar en el único punto débil de la masiva y acorazada nave de guerra: un agujero por el que debe penetrar un misil explosivo hasta el corazón del monstruo. La tarea es endemoniadamente difícil: los aviones de ataque democráticos deben ingresar a toda velocidad en una trinchera estrecha de la superficie descomunal de la esfera y, mientras eluden la artillería enemiga y el más preciso y letal contraataque del mismísimo Darth Vader (escoltado por dos cazas), disparar un cohete en el instante exacto para que penetre por el vulnerable hueco. Es de conocimiento común en nuestra galaxia que Luke Skywalker logra la improbabilísima hazaña y desintegra así a la Estrella de la Muerte; claro está, con ayuda de “la Fuerza”.

En términos objetivos clásicos la dificultad de derrotar electoralmente a Hugo Chávez en 2006 es equivalente a la confrontada por Skywalker al final de Una Nueva Esperanza. El Darth Vader venezolano las tiene prácticamente todas consigo: no sólo tiene el control de todo el aparato estatal—desde el nivel nacional hasta el municipal en lo ejecutivo, y transversalmente en lo legislativo, judicial, electoral y el “poder ciudadano”—lo que incluye casi todo aparato represor—militar convencional y de reserva junto con lo policial (salvo unos pocos municipios)—sino por supuesto los recursos financieros públicos, que en el año electoral han sido presupuestados en nada menos que 85 billones de bolívares. (Más de cuatro veces, en bolívares corrientes, lo que manejara en su primer año de gobierno). Por si fuera poco, usará este poder desde una plataforma de apoyo electoral que oscila, según las encuestas, entre 45% y 60%—veinte o cuarenta puntos sobre su más cercano competidor—y, para coronar, ha adquirido una estatura mundial que, independientemente de su corrección, es superior a la de cualquier candidato emergido o emergente y a la de cualquier otro presidente venezolano de la historia, en verdad segunda sólo tras la de Bolívar.

Maduro no es Chávez, por supuesto; no se da en él la “estatura mundial” de su padre político y tampoco disfruta de sus preferencias electorales un año antes de que derrotara convincentemente a Manuel Rosales en diciembre de 2006. Sin embargo, Venebarómetro midió entre el 27 de octubre y el 15 de diciembre pasados estas asombrosas preferencias:

Maduro como favorito de la carrera

 

Al presentar la lámina precedente en ¿Dónde está Tío Conejo? (6 de diciembre de 2017), se dijo: “En las clases A y B, Maduro saca casi cuatro puntos de ventaja sobre Leopoldo López, trece y pico sobre Henrique Capriles, casi diecisiete sobre Henry Ramos Allup y veinticinco puntos sobre Henri Falcón. La conclusión estratégica es tan clara como ineludible: para derrotar a un Maduro repotenciado, hay que poner en el campo a un candidato competente y atractivo que no provenga de la Mesa de la Unidad Democrática”.

Claro que la pregunta de la encuestadora es inducida: “Si… los candidatos fueran los que a continuación le menciono…” Igualmente inducida—”De la siguiente lista que le voy a mostrar a continuación”—, pero de resultados bastante contradictorios es la medición de Datanálisis entre el 10 y el 23 de noviembre de 2017:

Maduro no es el favorito según Datanálisis

 

Las listas inducidas de Datanálisis y Venebarómetro no incluyen una figura que no obstante aparece en nominaciones espontáneas, como ésta del mismo estudio de la segunda firma:

En primarias hipotéticas y sin inducción

 

La figura a la que me refiero es, por supuesto, la de Lorenzo Mendoza, que por estos días emerge como fenómeno en las preferencias de una significativa fracción de electores. Esta posibilidad es digna de tomar en cuenta, porque parece ser una matriz de opinión que se consolida la preferencia por un candidato no chavista que tampoco venga de la Mesa de la Unidad Democrática o de algún partido de los que la componen (o descomponen). Ambos estudios registraron una evaluación negativa de la MUD; Datanálisis en 60,9% de su muestra, Venebarómetro en 65,7%, y este deterioro se refleja en las precandidaturas de oposición provistas por sus partidos afiliados.

………

Apartando las mediciones, el juicio de algunos opinadores refuerza la prescripción de una candidatura no oficialista que tampoco sea de la oposición profesional. Werner Corrales ya escribió en Facebook (10 de noviembre de 2017):  “Hablando en serio, creo que la circunstancia política de Venezuela requiere de un candidato o candidata a quien muchos venezolanos aprecien mucho, que genere una unidad de los venezolanos que quieren el cambio, lo que significa que no puede ser de un partido político de oposición. Además debe ser una persona capaz de gobernar si es elegida. Estas dos ideas son las que nos deben guiar para escoger a esa persona”. El día antes, Luis Ugalde S. J. se había pronunciado, en forma muy similar pero con abundamiento, en entrevista que le hiciera César Miguel Rondón por el Circuito Éxitos:

Cuando una familia está convencida de que al enfermo hay que operarlo, por lo menos los médicos están convencidos. Pero no quieren la operación de ninguna manera, y cuando hay un episodio de agravamiento se termina aceptando lo que no se aceptaba antes. Ahorita en Venezuela tenemos la derrota de la oposición democrática y tenemos una derrota brutal del gobierno en el cometido fundamental de hacer vivible la vida en Venezuela. La derrota de la oposición democrática ha dejado en evidencia cosas que sabíamos pero que no eran tan evidentes. El problema del país es de tal gravedad que los que creían que esto era un simple catarro que se resuelve pues hoy en día no están convencidos. Hay que escoger un candidato unitario que se salga de lo normal, que no sea de ningún partido político y que vaya con todo el respaldo de los partidos políticos; creo que eso es posible. Venezuela recibiría con un aplauso increíble el lanzamiento de un candidato que tiene la capacidad de responder a la gravedad de la situación y de reentusiasmar a la población. En cuanto aparezca una luz la gente se va a agarrar a eso, y esa luz puede aparecer si nos exigimos de verdad verdad con los pies en la tierra y sin hacernos ilusiones. El trabajo primero no lo tiene que hacer la población sino la dirigencia: hacer una propuesta que no esté desgastada, que sea sorprendente positivamente e inmediatamente la esperanza se dispara.

Primero, una enmendadura de plana a Ugalde; antes que un “candidato unitario” que significaría uno aceptado por todos los partidos (“con todo el respaldo de los partidos políticos”, como él lo pone) lo que se requiere es un candidato capaz de unir al país. Cuando se iniciaba el papel de Jesús Torrealba como principal ejecutivo de la MUD, se señaló en este blog—¿Jesús Gorbachov?, 1º de octubre de 2014—lo siguiente:

El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos. Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito.

Luego, con doce días de antelación a la receta Corrales-Ugalde, el suscrito había expuesto en el programa #272 de Dr. Político en RCR (28 de octubre) los mismos criterios de competencia y procedencia, al indicar que el candidato a suceder a Nicolás Maduro debía ser “capaz de gobernar” o “de responder a la gravedad de la situación” y que no debía provenir del oficialismo, por supuesto, ni tampoco de la oposición (MUD o cualquiera de sus partidos). Pero en esa misma transmisión se reprodujo la primera formulación de este último criterio el 18 de noviembre de 2014, en programa especial de Y así nos va grabado en tal fecha y transmitido por Radio Caracas Radio el siguiente 30 de diciembre; esto es, con un adelanto de tres años. He aquí el fragmento pertinente (menos de tres minutos) de esa conversación entre Nehomar Hernández y el suscrito:

Y así nos va – 18 de noviembre de 2014

Dos cosas de esa anticipación trianual merecen ser comentadas; la primera es la cuestionable sabiduría de pasar de un polo al contrario súbitamente (de Chávez a Carmona o de Maduro a Mendoza); si algo es opuesto al socialismo—Sistema de organización social y económica basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de los bienes (Diccionario de la Lengua Española)—es un empresario privado como Lorenzo Mendoza, que además sometería la supervivencia de la empresa que dirige al grave peligro de estatización con un enfrentamiento directo este mismo año. Seguramente Mendoza está consciente del grave riesgo y parece renuente a su candidatura, según nota publicada hace dos días en la web de Noticias al Día y a la Hora:

El semanario Quinto Día señaló este viernes en sus exclusivas de última página que el Movimiento Independiente Nacional de Alianza Sociales (Minas) ofreció la candidatura presidencial al dueño de Empresas Polar, Lorenzo Mendoza, pese a que éste “ha dicho una y mil veces, que no tiene interés de la actividad política”. El medio indicó que Mendoza ha insistido entre su círculo de amigos que “su compromiso es la industria que dirige y con sus trabajadores”.

La segunda cosa: a fines de 2014 parecía que la cesantía anticipada de Maduro daría paso a un período incompleto, lo que en sí mismo prestaría un carácter transicional al inmediato sucesor. Esto último puede darse, aun si este sucesor asumiera la Presidencia de la República al inicio de un nuevo período constitucional de seis años, si prefiriese realizar una labor corta de transición y renunciara en un lapso no mayor de dos años, tal vez menor. Entonces su propio sucesor completaría el período con al menos cuatro años de ejercicio. (Quizás, desaparecido el peligro que Maduro representa para Empresas Polar, se interesara Mendoza en ejercer la Vicepresidencia Ejecutiva del nuevo gobierno, quedando bien posicionado para su propia candidatura).

En todo caso, la emergencia política de su figura, crecientemente apetecida por electores venezolanos, es expresión de un persistente rasgo de la opinión venezolana: que el segmento político más importante del país está integrado por ciudadanos que no se alínean con el oficialismo y tampoco con la oposición. En mayo de 2015, Datincorp preguntaba a sus encuestados de dónde vendría la solución de los problemas del país; 17% de ellos contestó que del oficialismo, 18% que de la oposición y ¡56% que vendría de nuevos liderazgos! LEA

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Breve y al punto

 

La adulteración retórica de la verdad

 

Hoy publica la web de El Universal una nota que lleva por título: María Corina Machado advierte a la AN que no le ha cumplido al país. Allí se lee que la dirigente de Vente Venezuela y ahora de Soy Venezuela—ya se vino, según parece—reclama lo siguiente:

La coordinadora de la organización política Vente Venezuela, María Corina Machado, se refirió a la instalación del tercer periodo legislativo del actual Parlamento Nacional, señalando, entre otros aspectos, que la actual Asamblea Nacional (AN) no ha cumplido con el mandato que le dio el pueblo venezolano el 16 de julio de 2017 tras la realización del plebiscito que le dictaba tres directrices a cumplir.

El día que ella recuerda, el Pueblo de Venezuela no emitió ningún mandato; según la propia directiva de la Mesa de la Unidad Democrática—Informe Final de la Comisión de Garantes—, el 16 de julio del año pasado compareció un total de 7.535.259 electores, lo que equivale a 38,5% del registro electoral. Eso no es el Pueblo, ni siquiera la mayoría de él. LEA

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En pocas palabras

El consejo de un sabio

 

Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional.

Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003

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A Alfredo Anzola Méndez, Leopoldo Baptista Zuloaga y Melquíades Pulido García, quienes prefieren leer no más de una paginita.

 

El sábado pasado se expuso, en el programa #275 de Dr. Político en RCR, una salida simple y poderosa a los difíciles problemas políticos venezolanos. De su archivo de audio se ha extraído un fragmento de cinco minutos que explica lo esencial del tratamiento; es el que se pone acá abajo:

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Sacudón terapéutico

Actualizado abajo con declaraciones de hoy de Antonio Ecarri Bolívar, Vicepresidente de Acción Democrática, y de Nicolás Maduro en nota al pie.

 

Un estado generalizado en la población opositora

 

Una mezcla cambiante de explicables sentimientos, en la que en un instante predomina la rabia, en otro la depresión, en otro la desesperanza, en otro la incredulidad más refractaria, se ha aposentado en el corazón de amplias capas de la población venezolana desde la madrugada del 16 de agosto. Como aquél esposo que se niega a aceptar la muerte de la más adorada esposa, aferrado al cadáver, ido de juicio, y dice entre desconsolados gimoteos, una y otra y otra vez: “No es verdad. Ella no está muerta. No puede estar muerta”. Así discurren ahora centenares de miles de venezolanos, impedidos emocionalmente de considerar la realidad del resultado referendario.

Bofetada terapéutica – 19 de agosto de 2004

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La elección de gobernadores de estado impacta menos nuestra vida cotidiana y ciudadana que una decisión acerca de quién deba ser o dejar de ser el Presidente de la República, pero los resultados oficiales anunciados en la noche del pasado domingo llevaron las cotas de negación y desesperanza opositoras a niveles posiblemente mayores que las alcanzadas en la madrugada del 16 de agosto de 2004, cuando Henry Ramos Allup voceara “¡Fraude!” Al menos tres factores pudieran explicar tal recrudecimiento: primero, que la “revolución” chavista-madurista ya se acerca a veinte años desesperantes de dominación; segundo, que en 2004 apenas se fundaba Facebook (Twitter dos años más tarde); esto es, que ahora las redes sociales permiten la amplificación y difusión casi instantánea de los estados de opinión; tercero, que las expectativas, sobre la base del éxito opositor en la elección de Asamblea Nacional en diciembre de 2015 y lo que las encuestas registraban, eran de un nuevo y extendido triunfo; Datanálisis, por ejemplo, esperaba 16 gobernaciones para la oposición.

En términos del número de gobernaciones alcanzadas por la oposición, que esta vez haya obtenido las de Anzoátegui, Bolívar*, Mérida, Nueva Esparta, Táchira y Zulia significa un progreso de 50% respecto de las que ganó en 2012:

 

Gobernaciones de oposición en la era chavista-madurista

 

Ninguno de los gobernadores proclamados por el Consejo Nacional Electoral en esa media docena de estados parece dispuesto a renunciar a su logro, en solidaridad con la tesis de la Mesa de la Unidad Democrática: que los resultados anunciados son fraudulentos (la palabra de moda).

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Ayer envió Baltazar Cardenal Porras un mensaje a unos cuantos de sus corresponsales; en él ponía:

La primera lección que debemos asumir es que la mejor manera de calibrar nuestra espiritualidad es cuando se presentan las situaciones adversas. No hay, no puede haber motivo para la desilusión ni la desesperanza. La razón es sencilla, las adversidades y los aparentes fracasos están para superarse no para llorarlos. Por supuesto que hay que hacer discernimiento personal y colectivo, pero no para desahogarnos ni buscar chivos expiatorios sino para ver hacia adelante. Nos toca por nuestra condición de creyentes y de pastores. Esto no quita que se sienta dolor y pena por lo sucedido.

En segundo lugar, hay que pisar tierra y no hacernos ilusiones vanas. Estamos ante un gobierno que ha sido calificado de “delincuencial” y esto no es solamente un epíteto, es una realidad y hay que asumirla como tal. Crece y crecerá la desconfianza y la falta de credibilidad en los organismos públicos, y esto es grave, por las consecuencias que pueda traer. Las tentaciones son muchas: violencia, exilio, componendas o enfrentamientos que deben ser guiados, en nosotros, por el respeto, la misericordia y la justicia. Nada fácil de compaginar pero así debe ser.

Tercero. Es fácil y cómodo achacar todo a la ineficiencia de la MUD. Tiene su responsabilidad y debe asumirla pero no se puede ser masoquista. La responsabilidad primera y mayor es la del gobierno y la de los organismos públicos que se deben a la ciudadanía y no a ninguna parcialidad. El comportamiento del CNE, del plan República, y el abuso grosero, antes, durante y después de las elecciones regionales, son muestra clara de ello.

Cuarto. Hay que evitar por todos los medios la tentación de la violencia. Es fácil, decir a la calle. Pero no se trata sin más de ofrecerse como carne de cañón ante quienes no tienen escrúpulos para lesionar vidas y bienes.

Quinto. No podemos hacernos eco de los que solamente son críticos de barrera, que no se comprometen con nada, critican todo, pero no se involucran. Más bien este tipo de personas hacen daño a la sociedad, y terminan sirviendo a los intereses de quienes dicen adversar.

Sexto. Dios quiera y la MUD sea capaz, o tenga los elementos claros para poder ofrecer a la opinión pública, la acusación de desconocimiento y de fraude en los resultados electorales. Sería excelente para la salud social.

Séptimo. No hay duda de que podemos hablar de incongruencias entre lo pronosticado y los resultados. Por supuesto que tanto los analistas como los que ofrecen datos pueden equivocarse. Pero la dimensión de lo sucedido, indica que hay algo más profundo. El manejo inescrupuloso de los datos, la manipulación y el regodeo ante el adversario, indicativo de que algo no va por buen camino.

Escribo a la carrera, porque hoy ha sido complicado abrir el internet. En los análisis de los próximos días tendré elementos más concretos que compartir con ustedes. Lo que no podemos en estos momentos es convertirnos en plañideras con cara de velorio y decir sin más: apaga y vámonos.

Hacía falta una sacudida así. LEA

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* El presidente Maduro aseguró hoy que el PSUV había ganado la gobernación del estado Bolívar.

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Actualización: a las 10:39 a. m. de hoy, la web de El Universal publicó la siguiente nota:

El vicepresidente de Acción Democrática (AD), Antonio Ecarri Bolívar, informó este martes que está en discusión que los gobernadores electos por la oposición se juramenten ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC).

Durante una entrevista transmitida por RCR aclaró que hay que estudiar bien esa decisión; porque están tomando en consideración que de no ir quedarían excluidos, y según él los electores “van a querer que sus gobernadores se instalen, tomen posesión y ejerzan”.

Ecarri señaló que juramentarse ante la ANC “no legitima a nadie, porque desde su origen y elección es ilegal e inconstitucional”.

Cabe recordar que el jefe del comando de campaña de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Gerardo Blyde, afirmó que no iban a acudir a esa juramentación, porque tal proclamación se debe realizar ante los Consejos Legislativos Estadales.

Por otra parte, Ecarri Bolívar acotó que la razón por la que la oposición perdió el grueso de las gobernaciones en las elecciones regionales celebradas el domingo 15 de octubre fue por la “abstención” de gran parte de los electores.

En cuanto a las actas, puntualizó que no han encontrado “inconsistencias numéricas”, por lo que no ve factible que esa diferencia de 600 mil votos que “nos saca el Gobierno esté asociada a un fraude”.

Sin embargo, indicó que en los comicios hubo una serie de “ventajismos políticos” que, a su juicio, viciaron la nulidad del proceso “como la exclusión de testigos en las mesas en el estado Miranda, la migración de electores de centros a 48 horas del proceso y el no permitir las sustituciones”.

N. R. aunque la ANC fuese legal y constitucional, ningún gobernador tendría que juramentarse ante ella; Gerardo Blyde tiene razón. Vale.

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