Criptocorrespondencia

 

¿Flores o Casandras?

 

A Eugenia Josefina

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En el día de hoy un amigo me envió un artículo de Aurelio Concheso: El Bitcoin y la burbuja de los Tulipanes. Concheso es un competente ingeniero mecánico egresado del prestigioso MIT y fue alto dirigente empresarial venezolano en Consecomercio y Fedecámaras; seguramente maneja herramientas conceptuales para discutir el tema de las criptomonedas. Sin embargo, su argumentación es fundamentalmente retórica, pues esencialmente sostiene que así como ocurriera con la primera burbuja especulativa registrada por la historia, el sorprendente surgimiento en valor de algunas criptomonedas, especialmente de la primera y más conocida—Bitcoin—, esta expansión de las monedas digitales basadas en la tecnología de “cadena de bloques” (blockchain), podría tener el mismo destino. Esto escribió:

La primera burbuja financiera documentada históricamente es la de los tulipanes holandeses, conocida también como “tulipmania” en el Siglo 17. Oriundos del Imperio Otomano, los tulipanes fueron llevados a Holanda por el embajador austriaco en Turquía y flor culturista amateur, Ogier Ghislain de Busbecq en el Siglo 16. En el suelo arenoso de los Países Bajos, robado al mar literalmente, florecieron produciéndose en ellos cambios de colores mientras crecían que le daban un aura exótica que a su vez aumentaba su valor. Hoy se sabe que esos cambios de colores eran producto de un parásito de la flor el cual le transmitía un virus. (…) Hay quienes seguramente dirán que cualquier parecido entre los tulipanes y el Bitcoin es pura coincidencia, pero los elementos de una burbuja claramente están ahí. Durante buena parte de la historia de la humanidad, la moneda reserva era el oro. Esto fue así hasta que la Revolución Industrial creó una sociedad más productiva, y necesitada de aumentos en los medios de pago que la limitada cantidad de oro en el mundo no podía dar, con lo que se paso al concepto de “monedas reserva” como la Libra Esterlina y eventualmente el Dólar que, por la fortaleza de las economías que representan tienen un valor intrínseco aceptado por los mercados financieros. (…) El riesgo es que, así como un mercado de futuros y un virus produjeron el desinfle de una burbuja hace 400 años, que esto vuelva a suceder con el Bitcoin, solo que el virus no será biológico sino virtual.

Al amable corresponsal le puse:

Razonar a partir de similitudes, aunque sugerente, es usualmente un procedimiento que conduce al error*. Si a ver vamos, “la fortaleza de las economías que (…) tienen un valor intrínseco aceptado por los mercados financieros” genera burbujas peores que la de los tulipanes, como la que causara la crisis financiera de 2008 en los EEUU y varios países europeos.

También le invité a ver este pedagógico y divertido video sobre esa crisis que explotara al término de la presidencia de George W. Bush:

 

 

En ese tiempo, la Carta Semanal #304 de doctorpolítico (Pompa y circunstancia, 25 de septiembre de 2008) se atrevió a apuntar lo siguiente:

En la base del asunto está una deformación sistémica. Ha explotado una pompa especulativa de proporciones titánicas, pero es que la formación de burbujas parece ser consustancial al funcionamiento de los mercados de capital. Incluso en “mercados experimentales”—juegos de simulación con participantes de alguna sofisticación—en los que se elimine la especulación y esté ausente el exceso de confianza, emergen espontáneamente las burbujas, definidas como discrepancias injustificables entre el valor de mercado y el valor intrínseco de las cosas. (Ver King,  Smith, Williams, Arlington y van Boening: The Robustness of Bubbles and Crashes in Experimental Stock Markets, en Nonlinear Dynamics and Evolutionary Economics, Oxford University Press, 1993). Se trata de sistemas complejos, que ni pueden ser regulados por control central ni parecen poder escapar a crisis caóticas cada cierto tiempo.

Y en el número siguiente (El precio de lo complejo, 2 de octubre de 2008), se complementó la información:

A pesar de que, ex post facto, es posible trazar la trayectoria de los mercados financieros—en realidad una miríada de trayectorias entrecruzadas—que llevó a la gigantesca pérdida, lo más constructivo es percatarse de que los grandes agregados, los sistemas complejos, tendrán una historia que incluirá episodios catastróficos, y por ende debe aprenderse de la experiencia para mejorar los sistemas e instalar protecciones para el manejo de las emergencias que seguramente ocurrirán de nuevo. Es esa “robustez”—la persistencia—de los crashes económicos a la que se refiere el trabajo citado en el número anterior de esta carta: The Robustness of Bubbles and Crashes in Experimental Stock Markets, publicado hace ya quince años. (Artículos más recientes sobre el mismo fenómeno, como The Social Life of Financial Bubbles o el más técnico The Effect of Short Selling on Bubbles and Crashes in Experimental Spot Asset Markets, ambos de 2006, pueden obtenerse gratuitamente en Internet).

Por último, anexé a mi contestación una publicación nada alarmante de Deloitte** sobre el tema de las criptomonedas, que se puede descargar aquí en formato .pdf: Blockchain-and-CyberLEA

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*Ver, sobre este tipo de falacia (razonamiento inválido con apariencia de validez), Generalización apresurada en Wikipedia en Español.

**Deloitte Touche Tohmatsu Limited (llamada de forma abreviada Deloitte) es la firma privada número uno de servicios profesionales del mundo, por volumen de facturación (36.800 millones de dólares en 2016), una de las más importantes y prestigiosas del mundo y también una de las llamadas Cuatro Grandes Auditoras (Big Four auditors en inglés), junto a PricewaterhouseCoopers, Ernst & Young, y KPMG. Calificada en los últimos 4 años como el lugar número uno para lanzar una carrera por la revista BusinessWeek. (Igualmente en Wikipedia en Español).

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Los expertos financieros

En estos días de la devaluación china y la crisis griega, conviene tener una idea clara acerca de quiénes son los expertos financieros que deciden lo que debe hacerse en casos como ésos. John Bird y John Fortune explican acá al lego cómo se formó y explotó la burbuja inmobiliaria en los Estados Unidos, que en 2008 arrastró poderosos bancos y contribuyó decisivamente al triunfo electoral de Barack Obama:

 

 

No debemos juzgar a los financistas internacionales tan severamente, sobre todo si ignoramos su asombrosa competencia profesional. LEA

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Récipe del Dr. Rodríguez

Francisco Rodríguez es el Economista Jefe del Bank of America* para la Región Andina, y habló en Globovisión, con Vladimir Villegas, de remedios claros y sencillos a la maltrecha economía nacional. Son decisiones muy recomendables, a la mano del Ejecutivo Nacional para una rectificación de sus enredadísimas políticas. Si el gobierno acierta a ver que el récipe del Dr. Rodríguez le sería políticamente muy rentable, la oposición venezolana se vería en problemas para ganar, como parece probable, las elecciones de Asamblea Nacional el año que viene. He aquí los dos segmentos de la entrevista de Villegas a Rodríguez: LEA


Economista: Leyes económicas vía Habilitante… por Globovision

“Si se le pones el precio verdadero a las… por Globovision

 

*Bank of America es la tercera compañía más grande del mundo en la lista de la revista Forbes para el año 2010.

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Orlando curioso

La mirada económica de Orlando Ochoa

La curiosa mirada económica de Orlando Ochoa

¿Quién le dará a la voz con que revele
tan noble asunto, conveniente acento?
¿Quién al verso las alas, porque vuele
tanto que llegue a tan alto argumento?

Ludovico Ariosto – Orlando Furioso: Canto III, Estrofa 1

Antonio Vivaldi Orlando Furioso: Introducción

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El economista Orlando Ochoa coordinó la redacción de un documento de excepcional importancia—Crisis cambiaria, petróleo y deterioro socioeconómico—, a cuyo pie estamparon su firma 47 economistas venezolanos. (Una docena más de profesionales lo suscriben sin identificarse, impedidos de hacerlo por válidas razones). El sólido trabajo fue dado al conocimiento público el 30 de enero. En la víspera, la Academia Nacional de Ciencias Económicas había emitido por su cuenta un preocupado pronunciamiento:

Los problemas económicos de inflación, escasez y desempleo que Venezuela está padeciendo en los actuales momentos no tendrían razón de ser si no fuera por la insistencia reiterada del Gobierno Nacional en tomar medidas contrarias y contraproducentes a las posibilidades de desarrollo sostenido que permiten los recursos naturales, el capital y el talento humano con que cuenta el país. La economía venezolana ha sido expuesta durante los últimos años a una serie de medidas que han generado importantes desequilibrios macroeconómicos, afectando seriamente el funcionamiento del sistema económico interno, especialmente en su capacidad para proveer los bienes y servicios requeridos para mantener y mejorar el nivel de vida de la población, así como para incrementar el empleo productivo. La exagerada expansión del gasto del sector público, financiado en buena medida con endeudamiento, y la emisión monetaria sin respaldo por parte del Banco Central de Venezuela, en un marco de hostigamiento a la actividad económica privada, de inseguridad jurídica y desestimulo a la inversión, destacan como causas fundamentales del extraordinario proceso inflacionario que hoy nos afecta. (…) La Academia Nacional de Ciencias Económicas considera imperiosa la rectificación de la actual política económica, si es que se quiere evitar un mayor deterioro de nuestra economía.

No se trataba de criticar por criticar; la institución hizo este ofrecimiento: “La Academia Nacional de Ciencias Económicas reitera su disposición a colaborar con la formulación de los lineamientos que podrían guiar la rectificación esperada”.

Lo mismo hicieron los 47 economistas, algunos de ellos académicos, al elevar proposiciones concretas para la rectificación. Específicamente, centran su atención sobre el meollo del problema: PDVSA.

El camino a la solución de los problemas petroleros y económicos descritos, la verdadera causa, se puede iniciar con la reorganización del flujo de divisas de PDVSA, lo cual debe facilitar el aumento de la capacidad de producción petrolera y aumentar el suministro de divisas al BCV, el cual fue de 98% del total de las exportaciones petroleras antes de 1999; y fue disminuyendo hasta representar sólo 53% de las exportaciones en los tres primeros trimestres de 2013. No obstante, es imperativo establecer simultáneamente un balance fiscal en el sector público (reducción del enorme déficit) con disciplina monetaria (eliminar el financiamiento monetario del BCV al sector público), para poder orientar la política económica a alcanzar un régimen cambiario con una sola tasa de cambio, con libre convertibilidad y acceso a divisas, tal como lo disfrutan hoy Bolivia y Ecuador, países del ALBA con mucho mejor sentido de responsabilidad fiscal y estabilidad económica. (…) Un sector petrolero fuerte y en crecimiento, una política cambiaria adecuada y sostenible, conjuntamente con un sólido balance fiscal transparente (sin fondos públicos en divisas en el exterior para gasto extra-presupuestario discrecional) es compatible con una amplia política social contra la pobreza, un banco central autónomo y distante de financiar el déficit público. Instituciones sólidas y respetadas, con políticas sanas, son condiciones esenciales para reducir la inflación y el endeudamiento, elevar el salario real y estimular el crecimiento de la producción nacional, para así alcanzar una estabilidad económica duradera. Al alcanzar la estabilidad económica Venezuela podrá entonces contar con capacidad para elevar su producción de bienes y servicios e insertarse exitosamente en el MERCOSUR, lo cual hará también necesario un entendimiento entre el sector público y sector privado.

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Hoy tuve la fortuna de presenciar en Centroávila una certera presentación de Orlando Ochoa sobre tan preocupante cuestión. Allí volvió a hablar de entendimiento; recordó que Fernando Enrique Cardoso, el sensato ex Presidente del Brasil, le señaló, además de una apertura de la economía y la guerra a la pobreza, la precondición de un amplio y sincero acuerdo de gobernabilidad entre los principales factores políticos y económicos de su país para el éxito brasileño. Allí repitió que el regreso a un sano orden fiscal era compatible con programas de asistencia a las capas más pobres de la población. Allí apuntó, reiteradamente, a PDVSA como la verdadera raíz del inmenso desarreglo económico nacional.

Entonces pensé: la solución de la cosa no es salir de Nicolás Maduro; es salir de Rafael Ramírez. Es él quien debiera ofrecer su renuncia. LEA

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Para descargar en .pdf: Orlando curioso

 

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Relectura económica

Un plan que lucía razonable

Hasta 1973, la economía venezolana creció serena y consistentemente, a ritmo sensato, dentro del marco de la democracia. A comienzos de ésta (1959) el Estado venezolano propició una reforma agraria, pero también una política de industrialización que implicaba un explícito e importante estímulo a la actividad económica privada.

A partir de 1974 el país experimentó un crecimiento desmedido, cuyas consecuencias seguimos sufriendo a la fecha. En ese año se había cua­druplicado, en cuestión de meses, el valor de las exportaciones energéti­cas venezolanas, a raíz del embargo árabe de fines de 1973. Es conveniente enfatizar este hecho: el crecimiento de la década 1973-83 no se debió a factores buscados por Venezuela, sino a causas totalmente exógenas determinadas por terceros actores internacionales, entre las que debe anotarse además la profusa y espléndida oferta de financia­miento internacional de la época.

Cualquier economía, por más sana que fuese, enfermaría de importancia si se viera inundada de esa forma por tan desorbitada y repentina for­tuna. De hecho, se conoce con el nombre de “enfermedad holandesa” a procesos de este tipo, para designar la dolencia económica en la que el súbito influjo de ingreso petrolero y ayuda internacional puede destruir la economía. (En los años 70 la explotación de petróleo en el Mar del Norte generó una inundación, esta vez de dólares, en Holanda. La divisa holandesa se revalorizó sustancialmente, encareciendo sus exportaciones no petroleras hasta el punto de hacerlas no competitivas. Al mismo tiempo la importación se hizo barata, y los altos salarios del sector pe­trolero causaron su elevación en otros segmentos de la economía. Estas fuerzas se combinaron para causar estragos en la actividad privada no petrolera).

De modo que sufrimos una enfermedad por factores no endógenos. Su­frimos un atragantamiento e indigestión de divisa extranjera. (En 1963 el Primer Curso de Dirigentes Campesinos del Instituto Venezolano de Ac­ción Comunitaria se celebraba en Caracas, con una duración de un mes. A los pocos días de haberse iniciado la angustia cundía entre los directi­vos del instituto, pues la gran mayoría de los dirigentes campesinos asistentes habían enfermado de aguda dolencia digestiva. El temor inicial de una intoxicación causada por presuntos alimentos descompuestos dio paso después a la comprensión de la causa real de la epidemia: los asis­tentes al curso rara vez habían comido tres veces diarias, y la ingesta normal que ofrecía el IVAC representaba un marcado salto en la dieta habitual de los enfermos. Lo que en principio es bueno puede perfecta­mente hacerse pernicioso en la práctica, en ciertas condiciones).

Y tampoco es que la gestión económica pública de la época no intentó protegerse de la enfermedad. La creación del Fondo de Inversiones de Venezuela pretendió ser el remedio que el gobierno de los EEUU prescribiría en Irak, luego de invadirlo, para precisamente buscar esa protección. (“En Irak sus funcionarios se pre­ocupan porque el influjo de dólares empuje hacia arriba el valor de la mo­neda local y dispare los salarios hasta el punto de que la manufactura y otras industrias no petroleras languidezcan… Entre los remedios que la administración Bush está considerando para contrarrestar la enfermedad holandesa está la creación de un fondo para estabilizar el ingreso petro­lero del gobierno incluso ante fluctuaciones en los precios del crudo…” Mi­chael M. Phillips, U.S. Tries to Gird Iraq for the Perils of Oil-Cash Glut, The Wall Street Journal, 19 de enero de 2004).

Debe apuntarse, por otra parte, que la República de Venezuela trató de emplear el excedente de ingresos en inversión económicamente razona­ble. En 1975 cualquier economista del planeta hubiera recomendado al gobierno venezolano que hiciera lo que precisamente emprendió: el desa­rrollo, mediante concentradas e importantes inversiones, de sus “venta­jas comparativas”. Si Venezuela se caracterizaba, además de por su ele­vado ingreso petrolero, por una abundancia de minerales de hierro y aluminio en una región bendita por la presencia de energía hidroeléctrica abundante y relativamente barata, entonces hacia allí debía ir la inver­sión pública. El Plan IV de SIDOR fue el programa emblemático de esa política. (Naturalmente, el primer uso del chorro inicial de dólares fue la adquisición de la industria petrolera misma en 1975, cuando se expropió a las transnacionales del petróleo. Decir que la “cuarta” república estaba “vendida al imperio” es una grosera distorsión. Ya antes de ese hecho fundamental durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, Rafael Caldera había denunciado el tratado comercial de Venezuela con los Estados Unidos).

11 años después del Plan IV

Pero nadie, ningún experto económico en el mundo entreveía entonces que una profunda transformación de la economía mundial estaba en marcha y haría eclosión en los últimos años del siglo XX. Así, hubo que esperar a 1986 para leer un comentario como el siguiente: ““La Revolución Industrial estuvo en gran medida basada en mejoras radicales en los métodos de modificación de materiales básicos tales como el algodón, la lana, el hierro y más tarde el acero. Desde en­tonces, continuas mejoras en las técnicas de producción han hecho dispo­nible un creciente número de productos basados en mate­riales a un nú­mero mayor de mercados. De hecho, desde la Revolución Industrial un aumento en el consumo de materiales ha sido un signo de crecimiento económico… En años recientes parece haberse producido un cambio fun­damental en este patrón de crecimiento. En Norteamérica, Europa Occi­dental y Japón la expansión económica continúa, pero la demanda por muchos materiales básicos se ha estabilizado. Pareciera que los países industriales han alcan­zado una encrucijada. Ahora están saliendo de la Era de los Materiales, que abarcó los dos siglos siguientes al advenimiento de la Revolución Industrial, y se están adentrando rápidamente en una nueva era en la que el nivel de uso de los materiales ya no constituye un indicador importante de progreso económico”. (Eric D. Larson, Marc H. Ross y Robert H. Williams, Beyond the Age of Materials, Scienti­fic American, junio de 1986).

Sólo entonces advirtieron: “Dado que el procesamiento de los materia­les básicos consume mucho más energía por dólar de unidad producida que lo que lo hacen las actividades de fabricación intermedia y final, aún un pe­queño cambio en el procesamiento puede tener un profundo efecto en la energía consumida por la industria (que en 1984 representó dos quintas partes de toda la energía consumida en los Estados Unidos). Nuestro aná­li­sis sugiere que la producción agregada de materiales en los Estados Unidos permanecerá en términos gruesos constante entre 1984 y el año 2000 (cuando se la mide en términos de kilogramos de producto pondera­dos por la energía consumida en fabricar cada producto). Ya que espera­mos que la industria mejorará su eficiencia en el uso energético a una tasa de entre 1 a 2 por ciento por año durante ese período, el resultado puede muy bien ser una disminución en el consumo industrial de energía, quizás en tanto como 20%…”

Finalmente concluyeron: “Como cualquiera otra profunda transformación histórica, traerá consigo beneficios así como pesa­dos costos para aquellos que han hecho una inversión en la era que ter­mina. Los países industria­les están siendo testigos de la emergencia de una sociedad centrada en la información, en la que el crecimiento económico está dominado por produc­tos de alta tecnología que tienen un contenido de materiales relativamente bajo. En esta sociedad los materiales básicos continuarán siendo usados, y a muy altas tasas si se les compara con las tasas de otras sociedades. El hecho económico crítico es que su uso ya no estará creciendo. En los años por venir, el éxito y el fra­caso económicos estarán determinados por la capacidad de adaptarse a esta realidad”.

Pero eso no lo sabía nadie en 1974. Aun doce años más tarde los autores del trabajo reseñado formulaban su visión en términos tentativos. (“Puede ser que la nueva era llegue a ser la Era de la Información, aunque es probablemente demasiado temprano para bauti­zarla con alguna segu­ridad”).

En suma, fuimos atacados desde 1973 por patología económica de origen extraño y no sabíamos que poner todos los huevos en la cesta de Gua­yana crearía rigideces de tanta consideración que aún gravitan sobre no­sotros. Esta lectura es importante para desmontar la impresión estándar que se tiene de nuestro desempeño económico general en tanto sociedad: que exhibimos una conducta esencialmente censurable. Dentro de una general propensión nacional a la autodenigración, una interpretación in­correcta de la trayectoria económica venezolana contribuye a la entroni­zación de un marco cognitivo asfixiante e injusto. LEA

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Los apremios de una mujer fenicia

León de Pas - Zeus y Europa, 1997 - Cuartel General del Consejo Europeo, Bruselas

Según la leyenda, Zeus estaba enamorado de Europa y decidió seducirla o violarla, siendo ambas versiones casi equivalentes en la mitología griega. Se transformó en un toro blanco y se mezcló con las manadas de su padre. Mientras Europa y su séquito recogían flores cerca de la playa, ella vio al toro y acarició sus costados y, viendo que era manso, terminó por subir a su lomo. Zeus aprovechó esa oportunidad y corrió al mar, nadando con ella a su espalda hasta la isla de Creta. Entonces reveló su auténtica identidad y Europa se convirtió en la primera reina de Creta. El acto amoroso tuvo lugar bajo un plátano, árbol que, según la mitología, debe el que sus hojas sean perennes a este acontecimiento.

Wikipedia en español

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Creta es la mayor isla de Grecia, naturalmente, allí donde Georgios Papandreou fue el primer gobernante que perdiera su investidura a causa de la crisis financiera de la zona euro. A aquel destino llegó Europa, una princesa fenicia, desde las arenas de las playas de Tiro. Un dios tan libidinoso como Silvio Berlusconi, el segundo gobernante que cayera por las mismas razones, se transformó en el símbolo de los mercados en pujanza para seducirla. Su hermano, Cadmo, trajo el alfabeto, la fundición de metales, el arado y la agricultura, tal vez la moneda inventada al continente y la cultura que comienzan con Grecia. Gente laboriosa estos fenicios, los comerciantes de la antigüedad que fueron a buscar estaño hasta las islas británicas donde David Cameron balbucea y reprime las protestas de la pobreza, los primeros colonizadores de la Península Ibérica, donde otro gobierno incapaz de arreglar la economía se prepara a cesar, esta vez por votos indignados.

Pero ahora su descendencia está en problemas: crujen las economías de doce repúblicas de la Unión Europea. Conductas macroeconómicas en gran medida irresponsables, exageradamente optimistas o arrogantes, han puesto en peligro el gran experimento de la integración de Europa. Ya hay quien expide certificados de defunción del euro; Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, ha hecho precisamente eso: “This is the way the euro ends. Not with a bang but with bunga-bunga”. (El 9 de noviembre en su blog en The New York Times). Como él, la mayoría de los analistas espera el deceso del sueño europeo.

Y, sin embargo, viendo las cosas bien, asistimos a un inusitado esfuerzo de cooperación de los jefes de Estado de Europa. Nunca antes, los líderes del Viejo Continente habían actuado de manera tan coordinada, tan sinérgica. (Merkel y Sarkozy destacan por su diligencia y desprendimiento, por su prudencia). Antes resolvían sus problemas con guerras que extendían al mundo, dos veces el siglo pasado. Ahora los líderes se reúnen y acuerdan tratamientos sensatos.

La Zona Euro no ha muerto todavía; es más, se puede argumentar que se dirige a un nuevo estadio evolutivo. El peligro común alimenta el cambio, dirigido a un ulterior fortalecimiento de las instituciones centrales. Así, se le pide al Banco Central Europeo que funcione abiertamente como lo hace la Reserva Federal de los Estados Unidos, que intervenga para salvar a la moneda única del continente.

Stuart Kauffman es el biólogo teórico que destacara que la rica complejidad de la vida resulta no sólo de la selección natural de una competencia darwiniana, sino de una auto-organización que emerge de dinámicas bastante distantes del equilibrio. Un cristal es completamente organizado, sus átomos en posiciones fijas dentro de una estructura regular; pero un cristal es una estructura muerta. La desorganización total, por otra parte, es también la negación de la vida, que requiere la preservación de estructuras orgánicas. Por eso dice Kauffman que la complejidad de los organismos y los sistemas biológicos se crea en una franja al borde del caos.

Creo que es justamente eso lo que ahora ocurre en Europa y que, a pesar de los anuncios de Casandra, la fuente de la cultura occidental terminará por resolver su crisis sistémica. Europa saldrá fortalecida, una vez más, de tierras griegas y romanas.

El 2 de agosto de 1993, el esquema integracionista europeo, ya debilitado por la poco entusiasta—hasta difícil—aprobación del Tratado de Maastricht por parte de varios de los países de la Comunidad, recibió un golpe de importante magnitud. La especulación desatada contra las monedas de Francia, Dinamarca, Bélgica, España y Portugal, como consecuencia de la negativa del Bundesbank a las peticiones de reducción de su tasa de interés clave, pareció descarrilar el programa previsto para la unificación monetaria europea: la meta de una única moneda hacia 1999. Al mes siguiente de estos hechos, Milton Friedman, el Premio Nobel de Economía y líder de la llamada Escuela de Chicago, se expresaba en estos términos: “Si los europeos quieren de veras avanzar en el camino de la integración, deberían comprender que la unidad política debe preceder a la monetaria. El continuar persiguiendo algo que se acerca a una moneda común, mientras cada país mantiene su autonomía política, es una receta segura para el fracaso”. (Entrevista en la revista L’Espresso, 26 de septiembre de 1993).

La nueva crisis es mucho más extensa y profunda. La apuesta de este blog es que de ella resultará el aprendizaje que unirá más a los europeos. Pocos grupos humanos merecen más una polis común próspera y poderosa. LEA

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Europa, una luna muy particular

Es muy apropiado que Europa, uno de los satélites de Júpiter—Dyēus-pətēr, en indo-europeo; Dyaus Pita en védico; Dieus-pater en latín; es decir, el Padre Zeus—, su dios amante, haya sido el nombre que Galileo Gailei le adjudicara hace cuatrocientos años y un año al descubrirlo. La especial tectónica de Europa, el hecho de que tenga agua y hasta una delgada atmósfera de oxígeno, han alentado especulaciones de que pueda alojar alguna forma de vida. Lo más reciente acerca de este caso hipotético es reportado en TIME Magazine. Allí se lee cómo se agencia Europa para tener una temperatura más propicia a la vida, con una superficie fracturada que los planetaristas han designado como “terreno del caos”. Y eso que no estaban pensando en la tesis de Stuart Kauffman.

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