Tres extractos y una premonición

Estamos a punto

 

En química, puede uno disolver más y más sólidos en una mezcla hasta que se alcanza el estado de saturación. Un solo cristal adicional puede entonces precipitar a todos los sólidos fuera de la solución. La historia reciente muestra que los eventos pueden ser precipi­tados en una forma análoga en sociedades en las que se acumulan dema­siadas tensiones. Lo que se requiere entonces es sólo un catalizador.

Bohdan Hawrylyshyn – Road Maps to the Future

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Desde el punto de vista de las posibilidades que provee una situación turbulenta, es necesario advertir que aumentan las probabilidades de éxito de aventuras que intencionalmente busquen cristalizar a su favor las múlti­ples tensiones existentes, siempre y cuando sean bien ejecutadas y den realmente salida a tales tensiones. (…)

Yehezkel Dror emplea, junto con un análisis riguroso, varias sugesti­vas imágenes para el enfoque del tema en “Cómo sorprender a la Historia” (How to spring surprises on history). Por ejemplo, nos recuerda a Maquiavelo para “considerar la posibilidad de convergencia entre oportuni­dades históricas raras (ocassione), que provee la historia (fortuna) y que pueden ser utilizadas por gobernantes que tengan las raras cualidades ne­cesarias (virtu).

Nuestra percepción popular incluye la expresión “en río revuelto ga­nancia de pescadores”. No otra cosa es la percibida por líderes emergentes, distintos a los que militan en los partidos tradicionalmente poderosos de Venezuela. Es lo “revuelto” de la actual situación lo que ha estimulado la emergencia, en proporción jamás vista en Venezuela, de nuevos preten­dientes al trono de la esquina de Miraflores. (…) Es nuestra impresión que la situación actual de la política venezolana corresponde a la situación de saturación descrita anteriormente en los términos de Hawrylyshyn. Por esta razón pensamos que ninguno de los nombrados en esta lista tiene la potencialidad de ser el “catalizador” que cristalice, o mejor, canalice a su favor las tensiones. La gran mayoría de ellos ha tenido ya exposición pública suficiente, por lo que, si hubiera sido percibido alguno como el líder buscado, hace tiempo ya que se hubiera producido la estampida y hace tiempo ya que esto se hubiera manifestado en los registros de opinión pública.

No todas las personas perciben, no obstante, la situación de esa ma­nera, como inminencia de cambio radical. Sobre todo en personas de rela­tiva alta cultura política, y que pertenecen de algún modo a las élites políti­cas o económicas, es marcada la tendencia a considerar la situación como pasajera y resoluble mediante expedientes más o menos tradicionales. Esto es una tendencia relativamente común. Alexis de Tocqueville destaca, en L’Ancien Régime et la Revolution, la paradoja de la presencia evidente de los signos prerrevolucionarios y la ceguera de muchos de los actores socia­les de Francia en 1789: Ningún gran evento histórico está en mejor posi­ción que la Revolución Francesa para enseñar a los escritores políticos y a los estadistas a ser cuidadosos en sus especulaciones; porque nunca hubo un evento tal, surgiendo de factores tan alejados en el tiempo, que fuese a la vez tan inevitable y tan completamente imprevisto. (…) Las opiniones de los testigos oculares de la Revolución no estaban mejor fundadas que las de sus observadores foráneos, y en Francia no hubo real comprensión de sus objetivos aún cuando ya se había llegado al punto de explotar. …es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, Intendentes, los magistrados—hayan exhi­bido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hom­bres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la adminis­tración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evolu­ciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario.

(Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987).

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La característica general de la política venezolana hasta ahora es que si usted está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país, entonces usted ya perdió las elecciones.

Argenis Martínez

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En Poor Koko, John Fowles relata la violencia aparentemente gratuita que un intelectual hace brotar de un ladrón más bien inculto, provisto tan sólo de un barniz de catecismo marxista, a quien vence en una discusión. Precisamente porque había sido vencido por las palabras del intelectual, el ladrón reaccionó con violencia especialmente cruel. No hay nada tan humillante como una derrota intelectual.

Una vez un politólogo que ahora es político me propuso la siguiente cuestión para debatir: ¿cuál es el deporte más violento? Él proponía que era el fútbol el deporte más violento (él lo practica). Yo le sugerí considerar al ajedrez. En el enfrentamiento igualitario de dos inteligencias no caben las excusas. No se puede diluir la responsabilidad entre los varios miembros de un equipo, ni se puede argumentar que un defensor corpulento, mucho más grande que nosotros, nos ha impedido con tácticas sucias. No hay nada tan humillante como una derrota intelectual, y los intelectuales pueden ser particularmente crueles al infligirla.

Así, pues, hay un trasfondo de miedo en el rechazo a la posibilidad de un gobernante intelectual. Ante él se tiene tanta aprensión como ante la mujer que es la vez bella e inteligente en grado sumo. Mientras más brillante sea el intelectual más se le teme. Esto es hasta cierto punto natural. Puede con facilidad sentirse que una persona así tenderá al totalitarismo, basada en una conciencia egomaníaca que le haga pensarse superior a los demás. Pero si se es un verdadero intelectual se sabe que la inteligencia no es meritoria si no está al servicio de los demás, si no respeta y cree en la sabiduría superior del pueblo—“lo primero que debieran enseñar las escuelas de política es que el pueblo es más sabio y poderoso que el gobierno”—, si se cree inmune al error. Por fortuna, varios siglos de una ciencia más social y menos exclusiva, menos esotérica, han enseñado a quienes emplean sistemáticamente el pensamiento que las mejores teorías no son eternas.

Y si aún persiste la desconfianza puede adoptarse todavía otra estrategia. Puede acotarse y limitarse temporalmente el ejercicio del poder por el brujo. Respecto de los problemas del Estado venezolano “…en un lapso relativamente corto es posible modificar su organización, desencadenar su metamorfosis, para arribar, en un Estado diferente, a una disposición en la que los muy considerables talentos evidentes entre los venezolanos, puestos al servicio de la función pública, rindan resultados mucho más importantes y valiosos que los muy escasos que ahora obtenemos, desde que el paradigma político prevaleciente, la manera ordinaria de entender y hacer la política, los supuestos de nuestra política, comenzaran a ser impertinentes”.

Quizás sea una realidad paradójica que los problemas verdaderamente más fundamentales puedan ser resueltos más rápidamente que los problemas cotidianos de menor nivel. La evidente falla sistémica del Estado venezolano es algo que debe ser ciertamente resuelto con prontitud y en relativo corto tiempo. Creo difícil que los “hombres de acción” sean los llamados a acometer una reingeniería radical del Estado venezolano, obviamente aquejado por un catálogo casi completo de los problemas políticos conocidos en el mundo. El momento actual exige el rediseño de nuestro Estado. Exige, por tanto, pensamiento. Exige una manera diferente de entender la política. Exige, por tanto, un liderazgo ya no solamente programático, sino paradigmático. Y quienes pueden ejercer ese liderazgo no son otros que quienes encarnan el nuevo paradigma, y éstos se hallan entre quienes lo han inventado o ya lo han hecho suyo. Hasta que, reitero, ese nuevo paradigma haya permeado para generalizarse, y pueda confiarse de nuevo el gobierno a un nuevo político convencional

Puede pensarse, por consiguiente, en confiar este momento crucial de la política venezolana a quien “ya haya perdido” las elecciones porque “está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país”. Hay quienes estarían dispuestos a asumir la tarea metamórfica y a completarla en lapso de no mucha duración.

Esto es posible en Venezuela. No digo que probable; afirmo tan sólo que es posible. La probabilidad irá en aumento, como ha venido siendo, con el crecimiento del mal. Pues si el próximo gobierno de Venezuela es un nuevo gobierno convencional o si, peor aún, es un gobierno de vindicta seudo-justiciera que se justifica con una interpretación interesada de los próceres del pasado, el problema político nacional se agravará aún más. Entonces llegará un momento en que Tío Tigre deba dejar el mando a Tío Conejo. Que la mera posibilidad pueda convertirse en realidad efectiva dependerá, a la larga, del ineludible aumento de conciencia de los Electores venezolanos en general. En un cierto punto del futuro forzarán el cambio. Que esto pueda darse en un plazo más corto dependerá de la lucidez de las élites de poder del país: de ésas que asignan oportunidades y recursos, y que podrían, en un salto de conciencia que les justificaría como tales élites, abrir las puertas a la incruenta revolución, a la revolución mental que la magnitud de los problemas exige.

(De héroes y de sabios, junio de 1998).

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Esa nueva manera de hacer política requiere un nuevo actor político. El actor político tradicional pretende hacer, dentro de su típica organización partidista, una carrera que legitime su aspiración de conducir y gobernar una democracia. Sin embargo, el adiestramiento y formación que imponen los partidos a sus miembros es el de la capacidad para maniobrar dentro de pequeños conciliábulos, de cerrados cogollos y cenáculos. Se pretende ir así de la aristocracia a la democracia. El camino debe ser justamente el inverso. Debe partirse de la democracia para llegar a la aristocracia, pues no se trata de negar el hecho evidente de que los conductores políticos, los gobernantes, no pueden ser muchos. Pero lo que asegura la ruta verdaderamente democrática, no la ruta pequeña y palaciega de los cogollos partidistas, es que ese pequeño grupo de personas que se dediquen a la profesión pública sean una verdadera aristocracia en el sentido original de la palabra: el que sean los mejores. Pues no serán los mejores en términos de democracia si su alcanzar los puestos de representación y comando les viene de la voluntad de un caudillo o la negociación con un grupo. No serán los mejores si las tesis con las que pretenden originar soluciones a los problemas no pueden ser discutidas o cuestionadas so pena de extrañamiento de quien se atreva a refutarlas.

Ese nuevo actor político, pues, requiere una valentía diferente a la que el actor político tradicional ha estimado necesaria. El actor político tradicional parte del principio de que debe exhibirse como un ser inerrante, como alguien que nunca se ha equivocado, pues sostiene que eso es exigencia de un pueblo que sólo valoraría la prepotencia. El nuevo actor político, en cambio, tiene la valentía y la honestidad intelectual de fundar sus cimientos sobre la realidad de la falibilidad humana. Por eso no teme a la crítica sino que la busca y la consagra.

De allí también su transparencia. El ocultamiento y el secreto son el modo cotidiano en la operación del actor político tradicional, y revelan en él una inseguridad, una presunta carencia de autoridad moral que lo hacen en el fondo incompetente. La política pública es precisamente eso: pública. Como tal debe ser una política abierta, una política transparente, como corresponde a una obra que es de los hombres, no de inexistentes ángeles infalibles.

Más de una voz se alzará para decir que esta conceptualización de la política es irrealizable. Más de uno asegurará que “no estamos maduros para ella”. Que tal forma de hacer la política sólo está dada a pueblos de ojos uniformemente azules o constantemente rasgados. Son las mismas voces que limitan la modernización de nuestra sociedad o que la pretenden sólo para ellos.

Pero también brotará la duda entre quienes sinceramente desearían que la política fuese de ese modo y que continúan sin embargo pensando en los viejos actores como sus únicos protagonistas. Habrá que explicarles que la nueva política será posible porque surgirá de la acción de los nuevos actores.

Serán, precisamente, actores nuevos. Exhibirán otras conductas y serán incongruentes con las imágenes que nos hemos acostumbrado a entender como pertenecientes de modo natural a los políticos. Por esto tomará un tiempo aceptar que son los actores políticos adecuados, los que tienen la competencia necesaria, pues, como ha sido dicho, nuestro problema es que “los hombres aceptables ya no son competentes mientras los hombres competentes no son aceptables todavía”.

Porque es que son nuevos actores políticos los que son necesarios para la osadía de consentir un espacio a la grandeza. Para que más allá de la resolución de los problemas y la superación de las dificultades se pueda acometer el logro de la significación de nuestra sociedad. Para que más allá de la lectura negativa y castrante de nuestra sociología se profiera y se conquiste la realidad de un brillante futuro que es posible. Para que más allá de esa democracia mínima, de esa política mínima que es la oferta política actual, surja la política nueva que no tema la lejanía de los horizontes necesarios.

(Tiempo de incongruencia, febrero de 1985).

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Podemos entender por sorpresa la ocurrencia de un hecho improbable, y ya a mediados de la década de los ochenta Yehezkel Dror había advertido: “La sorpresa se ha hecho endémica”. Es usualmente lo negativo lo que nos sorprende—Berlusconi, Chávez, Trump—; pero también puede haber sorpresas positivas. Son tan improbables como las negativas; no son imposibles. “El maestro aparece cuando el discípulo está listo”, y el Pueblo de Venezuela ha aprendido mucho en los años más recientes; listo está. LEA

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Audiencia a la Curia Romana

La reunión de ayer en Roma

 

…me viene espontáneamente a la memoria el viejo adagio que describe la dinámica de los Ejercicios Espirituales en el método ignaciano, es decir: Deformata reformare, reformata conformare, conformata confirmare e confirmata transformare.

Francisco I, Papa

Audiencia a los miembros de la Curia Romana: Conversión personal y estructural permanente, 22.12.2016

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El papa Francisco entregó sus saludos navideños a la Curia Romana, en uno de los más fundamentales documentos emanados de su pluma. Allí dice, por ejemplo:

El compromiso de todo el personal de la Curia ha de estar animado por una pastoralidad y una espiritualidad de servicio y de comunión, ya que este es el antídoto contra el veneno de la vana ambición y de la rivalidad engañosa. En este sentido el Beato Paolo VI advirtió. «Que la Curia Romana no sea, por tanto, una burocracia, como injustificadamente algunos la juzgan; pretenciosa y apática, sólo canonista y ritualista, una palestra de escondidas ambiciones y de sordos antagonismos como otros la acusan, sino una verdadera comunidad de fe y de caridad, de oración y de acción; de hermanos y de hijos del Papa, que lo hacen todo, cada cual respetando la competencia ajena y con sentido de colaboración, para ayudarle en su servicio a los hermanos e hijos de la Iglesia universal y de toda la tierra».

Por considerarla de suprema importancia, este blog ofrece en su texto completo la salutación del Papa en este enlace: Audiencia a los miembros de la Curia Romana, Dic. 2016

Se me ocurre que la Mesa de la Unidad Democrática pudiera verse en el espejo de la Curia, al menos por eso de “la rivalidad engañosa” y lo de “palestra de escondidas ambiciones y de sordos antagonismos”. LEA

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Presión y temperatura decembrinas

Cierre del año de la joven encuestadora

 

Acaban de conocerse los resultados de Venebarómetro para el fin de 2016. He aquí unas cuantas de sus mediciones.

En primer lugar, una lámina elocuente sobre el deterioro de la calidad (y cantidad) de vida de los venezolanos:

 

Cada vez comemos menos

 

Luego, los temas políticos propiamente dichos, comenzando por la fe de los encuestados en el proceso de diálogo facilitado entre gobierno y oposición, que no alcanza a la mitad de la muestra de 1.200 entrevistados en hogares:

 

 

Venebarómetro registra un ligero repunte en la evaluación de la situación del país y el apoyo al presidente Maduro:

 

La percepción general del país

 

Calificaciones presidenciales

 

Lo que se refleja en la opinión acerca de cuál debiera ser el destino de Maduro con un descenso de quienes quieren su cesantía de una vez:

 

Mejora significativa pero insuficiente

 

Las opciones de la oposición no exhiben una preferencia dominante, y Venebarómetro parece estimar erróneamente que una asamblea constituyente puede “cambiar todos los poderes” (noción refutada en el programa #226 de Dr. Político en RCR):

 

¿Qué se puede hacer?

 

En cuanto a la suspensión del esfuerzo revocatorio, más de la mitad (57,6%) atribuye esto a la Presidencia de la República; si se le suma el entorpecimiento judicial (15,5%), casi las tres cuartas partes del país (73,1%) atribuyen ese desenlace al oficialismo, pero un poco más de la quinta parte (22,3%) señala a la oposición (que en vez de activar el proceso en el mes de enero comenzó a moverse a mediados de abril):

 

¿De quién es la culpa?

 

La evaluación de partidos y líderes arroja, por un lado, al PSUV como la organización individual más importante (subiendo de 25,1% en julio); la MUD ha descendido algo desde ese mes, cuando registraba 9,6%, y es superada ahora por Voluntad Popular (antes por Primero Justicia con 11,9%) marcando un desplazamiento hacia posturas más radicales de oposición:

 

La debilidad de las organizaciones políticas

 

Este fenómeno de progresiva radicalización se muestra igualmente en las preferencias por liderazgos individuales: Leopoldo López supera ahora por cinco puntos a Henrique Capriles (en julio la diferencia a favor de López era de sólo 1,1%):

 

Líderes y preferencias

 

Pero parece haberse debilitado la disposición a protestar por la situación que vivimos:

 

Protestas por motivos socioeconómicos

 

Protestas por motivos políticos

 

La cosa pudiera sintetizarse así: un alivio relativo para el gobierno, al haber logrado eliminar la amenaza de su revocación al tiempo que desciende la fe de los electores en la oposición institucionalizada en la Mesa de la Unidad Democrática. Y todavía no ha empezado a sentirse la mejora en los ingresos petroleros. LEA

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Juicio al régimen

 

El Magistrado Presidente

 

régimen Del lat. regĭmen. 1. m. Sistema político por el que se rige una nación.

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En el tribunal de la opinión pública venezolana, el gobierno que preside Nicolás Maduro Moros ha sido encontrado culpable. He aquí fotografías de cinco momentos del proceso.

 

Composición del jurado

 

Las faltas cometidas

 

Atribución de responsabilidades

 

Algunos entre los autores materiales

 

El autor intelectual

 

LEA

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Un año después

Buen soporte del análisis

Buen soporte  para el análisis político

 

El viernes de esta semana, 18 de noviembre, se cumplirá un año de que unos pocos venezolanos competentísimos—en su campo profesional y en el discurrir político—aceptaran conversar en mi casa cuando eran inminentes las elecciones de Asamblea Nacional, tentados por la promesa de unas empanadas fuera de serie. Exactamente un año antes, Nehomar Hernández me entrevistaba para una emisión especial del programa “Y así nos va”, que se transmite por Radio Caracas Radio (750 AM); la grabación de ese día, 18 de noviembre de 2014, fue puesta al aire el 30 de diciembre de ese año. En esa ocasión, repetí la predicción adelantada en el programa #119 de Dr. Político en RCR tres días antes: que el oficialismo perdería el control del Poder Legislativo Nacional. Pero ni en mi más optimista presunción había anticipado lo que sucedió: que los candidatos postulados por la Mesa de la Unidad Democrática ocuparían 112 curules, una mayoría de dos tercios. En el desayuno de hace casi un año exacto, sin embargo, escuchamos de uno de los asistentes la cifra de 111 diputados de la MUD, una predicción muy precisa. De esa sesión elaboré una minuta que remití a los invitados al día siguiente del gastronómico encuentro; hace unos minutos la reenvié al mismo grupo, junto con el registro de un rechazo creciente en la población opositora a lo acordado en la mesa de diálogo facilitada por el enviado de la Santa Sede y el trío de expresidentes reclutado por el gobierno. Así puse al destinatario principal:

El 18 de noviembre del año pasado (faltan cinco días para el primer aniversario) dijiste a un grupo de comedores de empanadas algo que quedó registrado en un aide-mémoire: “… J puso su mira sobre dos problemas que serían suscitados por acciones (campañas) del gobierno, a saber: 1. en procura de la desarticulación “por arriba” de la alianza de dirigentes de la MUD; 2. con el fin de ‘corresponsabilizar’ a la oposición como causante de la crisis nacional. (‘No nos aprobaron los recursos’)”En vista del nutrido y airado rechazo de los resultados del diálogo anunciados ayer, por parte de opositores “de a pie” (tal como se manifiestan intensamente en Facebook y Twitter), tal vez convenga añadir que se ha producido una “desarticulación por abajo”. (Por supuesto, la de por arriba está funcionando, como lo atestigua el comunicado de Vente Venezuela).

He creído de interés a los lectores de este blog reproducir acá la minuta en cuestión.

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AIDE MÉMOIRE 18/11/15 y APUNTES PRELIMINARES

 

La alimentación por empanadas quedó ayer ampliamente superada con la nutritiva exposición de M y los puntos resaltados por J.

M reforzó en nosotros la ya sólida expectativa de una pérdida del control oficialista de la Asamblea Nacional, al definir el proceso de crecimiento de la intención de voto a favor de candidatos opositores como un deslave. De hecho, aventuró su presunción personal de que la MUD alcanzará 111 diputados para una mayoría calificada de dos terceras partes, la que permitiría ejercer el máximo constitucional de facultades legislativas. (Ayer se supo de la más reciente medición de Datanálisis—octubre-noviembre—: oposición 63,2% vs. oficialismo 28,2%, para una ventaja de 35 puntos). Igualmente, destacó el asunto de la movilización y protección del voto, acerca de lo cual aseguró que hay aprendizaje y buenos preparativos de múltiples dolientes.

Mas allá de eso, presentó una película que muestra al enjambre ciudadano y sus sub-enjambres (estudiantes, empresarios informales…) en grado intenso e imaginativo de actividad. El país dista mucho de estar entregado. Esto es, sin duda, una buena y esperanzadora noticia; no hace mucho, me comunicaba un registro de la opinión que revelaba un país atemorizado y nihilista (“nada puede hacerse”), contraído a la esfera privada que se adaptaba a las colas de la escasez.

Factores extra-nacionales, añadió, contribuyen a la configuración del momento político: el aguacero sobre el gobierno de la ONU, la OEA y la OIT, junto con eventos como la defección y denuncias del fiscal Nieves y el apresamiento de familiares de la pareja presidencial en Haití y su secuela judicial. El gobierno está a la defensiva. M insertó que la figura de Leopoldo López inspira mucha desazón en el gobierno, pues su liberación equivaldría a que se desatara “un huracán”.

Asimismo, pronosticó un cuadro agravado de la situación económica en el primer trimestre de 2016, por factores tales como la desecación del sistema Guri y la sobreturbinación, que significará un agravamiento marcado en el suministro deficiente de electricidad, y una agudización de la oferta deficitaria de productos en el mercado nacional como consecuencia de las nuevas regulaciones en materia de precios “justos”, que han llevado a la cancelación de órdenes de importación de productores locales ante una rentabilidad negativa.

Finalmente, destacó cómo este proceso es la manifestación de un hartazgo con el sistema socializante y expresión de una necesidad sentida de cambio, de deseo mayoritario y concreto de salir del gobierno de Maduro cuanto antes. Así lo concretó luego al decir que, una vez ganada la Asamblea, la dirigencia opositora tendría que decidir si plantea un referendo revocatorio o la convocatoria de una asamblea constituyente.

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En cambio, J puso su mira sobre dos problemas que serían suscitados por acciones (campañas) del gobierno, a saber: 1. en procura de la desarticulación “por arriba” de la alianza de dirigentes de la MUD; 2. con el fin de “corresponsabilizar” a la oposición como causante de la crisis nacional. (“No nos aprobaron los recursos”).

Por otra parte, insistió en la importancia de la presentación mediática del triunfo electoral a partir del hecho fundamental de un voto popular mayoritario y su mensaje básico: el país cambió.

Lo primero resuena con apuntes de M acerca de la inestabilidad intrínseca a la alianza de oposición, cuyos factores principales—Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo—persiguen sus propias agendas y carecerían de candidatos que poner en el terreno en caso de una cesación anticipada de la administración actual. Esto es, no le costaría demasiado al gobierno provocar la desunión de la dirigencia opositora. (M dejó caer que se rumora insistentemente acerca de negocios de algunos líderes de la oposición con el gobierno; también que la significativa fracción de gente no alineada se adelgaza en la medida en que se acerca la fecha de las elecciones, por cuanto no percibe actores que pudieran satisfacer su anhelo, su “fantasía”).

Creo que lo señalado por J es muy perspicaz; se trata de problemas que seguramente se suscitarán. No estoy seguro, sin embargo, de que el gobierno pueda ser exitoso en sus intentos, especialmente en el punto de la corresponsabilidad opositora en la crisis: su intensa y reiterada prédica acerca de una “guerra económica” como culpable de la situación nacional* no ha sido creída. (Datanálisis en junio: mientras 47% de sus entrevistados responsabilizaba al presidente Maduro por la situación de desabastecimiento, 8% al gobierno o los ministros, 3,1% a los gobiernos regionales y 2,3% al PSUV—para un total de 60,4%—, sólo 0,6% culpaba a los empresarios nacionales y 0,7% al gobierno de los EEUU). No le arriendo, pues, la ganancia en el mecanismo freudiano de defensa psicológica con la proyección de su culpa en terceros.

En cambio, es más preocupante la situación de una alianza opositora pegada con saliva de loro, situación que no es nada nueva, por lo demás. Acá tendría el gobierno más probabilidades de incidir negativamente en desmedro del liderazgo opositor y sus declaradas intenciones de actuar unitariamente aunque, como dijeron J y M, se trata esencialmente de una liga estrictamente electoral.

Si queremos ir al fondo de la cosa, hay en este asunto una fundamental carencia de profundidad y eficacia estratégicas:

Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre. (Las élites culposas, marzo de 2012, p. 405).

El inminente triunfo opositor no se debe a que la oposición haya tenido aciertos notables, sino a las monstruosas nocividad e ineptitud del gobierno socialista. Datincorp preguntó en mayo de este año: “¿La solución de los problemas del país vendrá de…?” Y obtuvo estas respuestas: del oficialismo 17%, de la MUD 18%, de un nuevo liderazgo ¡56%! De modo similar, Venebarómetro obtuvo, para el 15 de septiembre, 86,8% de respuestas positivas a esta pregunta: “Ante el cuadro nacional que está viviendo el país en la actualidad ¿a Ud. le gustaría un cambio en la conducción del país?” De seguidas inquirió: “Y ese cambio le gustaría verlo conducido por…?” Los resultados: 11,3% de entrevistados que no supieron o no respondieron, “por los líderes de la MUD” 30,4%, “por un líder opositor sin que la MUD esté involucrada” 6,7%, por “otros líderes chavistas distintos al PSUV como Marea Socialista” 10,7%, y “por un independiente, otras personas distintas que conduzcan al país” 40,9%.

Por ahora, para M se trata de fantasías, pero si se cree que lo indicado sería trabajar en lo importante, la conclusión es obvia: ir en busca de liderazgos alternos sanos y competentes.

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La convocatoria de una constituyente es una mala idea. Se ha aceptado sin mayor examen la idea chavista de que una constituyente es “originaria” y por tanto tendría poderes absolutos. Ya el 10 de septiembre de 1998 pudo escribirse en Contratesis (para La Verdad de Maracaibo):

La constituyente tiene poderes absolutos, tesis de Chávez Frías y sus teóricos. Falso. Una asamblea, convención o congreso constituyente no es lo mismo que el Poder Constituyente. Nosotros, los ciudadanos, los Electores, somos el Poder Constituyente. Somos nosotros quienes tenemos poderes absolutos y no los perdemos ni siquiera cuando estén reunidos en asamblea nuestros apoderados constituyentes. Nosotros, por una parte, conferiremos poderes claramente especificados a un cuerpo que debe traernos un nuevo texto constitucional. Mientras no lo haga, la Constitución de 1961 continuará vigente en su especificación arquitectónica del Estado venezolano y en su enumeración de deberes y derechos ciudadanos. Y no renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros la aprobemos en referéndum.

A mayor abundamiento, el 23 de enero de 2012 fueron suscritos por quienes se medirían en las primarias presidenciales de la MUD los Lineamientos del Programa de Gobierno de la Unidad Nacional, de los que vale la pena recordar tres estipulaciones seguidas:

44. La base normativa fundamental para el nuevo gobierno es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la cual calificamos como una Constitución democrática, respetuosa del Estado de Derecho y de los derechos humanos.

45. Ella representa no sólo el punto de partida ineludible desde la perspectiva de la validez y vigencia formal de las normas, aunado ello a su ratificación popular, sino también una plataforma jurídica aceptable para el despliegue de las políticas de un gobierno democrático. Permite el funcionamiento de instituciones democráticas y garantiza los derechos humanos.

46. La prioridad político-institucional del nuevo gobierno no ha de cifrarse en el cambio global de esa Constitución, ni en la convocatoria de una Asamblea Constituyente.

Para el 7 de diciembre de 2013, veinticuatro horas antes de las elecciones municipales que Capriles presentó erróneamente como un plebiscito sobre el gobierno de Maduro, Leopoldo López y Ma. Corina Machado habían olvidado que firmaron tales lineamientos en señal de aquiescencia, pues publicaron un manifiesto sorpresivo fuera de la línea de la MUD, propugnando justamente una constituyente como medio de salir del actual sistema de gobierno, Maduro incluido. (Dos meses después lanzarían #lasalida). Vale la pena apuntar acá que tampoco tiene carácter referendario la elección próxima de Asamblea Nacional, como argumentara falazmente el 11 de octubre, en su artículo El socialismo va a referendo, el candidato José Guerra.

La noción está equivocada. Jamás unas elecciones (democracia representativa) equivaldrán a un referendo (democracia participativa); jamás fueron las elecciones municipales de 2013 un “plebiscito” acerca del gobierno de Nicolás Maduro, como intentara vender Henrique Capriles Radonski. Pretender algo así es adulterar el sentido constitucional de los actos electorales. El 6 de diciembre no está planteada esa disyuntiva, sino la de votar o no votar por alguno de los candidatos del circuito correspondiente. Si se quiere que algo sea tenido por un referendo consultivo debe serlo; no debe proponerse que las elecciones del 6D usurpen lo que tendría que ser una manifestación explícita del Soberano. (En Consideraciones sobre un texto de José Guerra).

Una cosa es que el rechazo general al actual gobierno venezolano informe mucha de la intención de voto antichavista y otra distintísima argumentar que el 6D tiene carácter referendario. Sostener esto, cuando no se quiso convocar un referendo que había sido recomendado largamente, es procedimiento tramposo y la mentira no se combate con otra mentira, sino sólo con la verdad.

Por lo que respecta a un referendo revocatorio, su convocatoria no es en ningún caso potestad de la Asamblea Nacional. Tal cosa sólo puede provenir de la iniciativa popular. (Artículo 72 de la Constitución).

Pero la Asamblea Nacional sí puede convocar referendos consultivos por mayoría simple, y esta opción estará al alcance de la próxima legislatura, a juzgar por los pronósticos electorales. Creo que esto es exigible a los nuevos diputados: que en la enorme crisis que habitamos se apele al Poder Supremo del Estado, el Poder Constituyente Originario, para que se escuche su voz.

Esto es algo a lo que la dirigencia política nacional, oficialista y opositora, se ha mostrado refractaria, mientras prefiere argüir vistosas falacias. LEA

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* Monseñor Celli anunció como cosa acordada entre el gobierno y la Mesa de la Unidad Democrática que “de manera conjunta se buscará combatir ‘el sabotaje, boicot o agresión’ a la economía venezolana”, lo que es un eufemismo para la noción de una “guerra económica”.

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Del horno de Datanálisis

La mitad del país no está polarizada

La mitad del país no está polarizada

 

La emisora Costa del Sol FM (Güiria, estado Sucre) ha asumido el servicio diario de noticias que antes se distribuía desde eljoropo. En su entrega de hoy, trajo cifras generadas por Datanálisis que empleara José Antonio Gil Yepes en una reciente exposición. El estudio completo fue entregado a los clientes de la encuestadora al comenzar el corriente mes.

La percepción de los principales problemas del país no difiere de la registrada por otros investigadores; ellos son: 1. Desabastecimiento, 75,7%; 2. Inseguridad, 54,5%; 3. Desempleo y crisis económica, 44,2%; 4. Costo de la vida, 44,1%; 5. Colas, 40,1%; 6. Corrupción e impunidad, 19,7%. “¡Es la economía, estúpido!”, decía Bill Clinton en una de sus campañas electorales. El proceso económico reciente en Venezuela ha hecho aumentar los índices de pobreza y recompuesto la agrupación en estratos sociales: Datanálisis registra hoy sólo 1,4% de venezolanos en las clases altas (A-B) y 14% en la clase media; 84,6% se ubica ahora en los estratos bajos.

No sorprende, por supuesto, el juicio general sobre la situación del país y el desempeño de Nicolás Maduro: 92,5% de los consultados evalúa negativamente la situación nacional y sólo 7,4% la ve positivamente; 75% de la muestra valora negativamente la gestión de Maduro y sólo un poco menos de una cuarta parte, 24%, opina positivamente de la misma.

En cuanto a la propensión electoral o referendaria, 70% de los entrevistados votaría por un candidato de oposición en una próxima elección presidencial y 30% por uno del gobierno; si se llega a celebrar un referendo revocatorio del mandato de Nicolás Maduro, 65,9% votaría por la revocación y 34,1% se opondría a ella. La aplicación de estos porcentajes a la posible votación efectiva—con 19 millones y medio de registro electoral y una abstención de 20% (la de abril de 2013 a la elección de Maduro, 6 puntos por debajo de la del pasado 6 de diciembre)—permite presumir que, en términos redondos, 10.517.000 electores causarían la falta absoluta del Presidente de la República, pues éste fue elegido hace tres años con 7 millones y medio de votos y esta vez sólo sería defendido por algo menos de 5 millones y medio.

Preferencias partidistas

Preferencias partidistas

Otro asunto resalta del estudio de Datanálisis: el bajo entusiasmo que las organizaciones políticas operantes estimulan en la opinión nacional. Así, 50% de los entrevistados rehúsa identificarse con alguna de aquéllas, y las que más concitan apoyo no son dominantes en el sentimiento nacional. No hay hasta ahora una oferta política que sepa convencer y capitalizar a ese mayor mercado de ciudadanos. ¿Manos a la obra? LEA

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