Cuando PDVSA era una empresa

 

Entonces era toda una vajilla de plata

 

El 27 de agosto de 1982 se celebró el séptimo aniversario de la fundación de Petróleos de Venezuela S. A., con su acostumbrada asamblea anual. En esa ocasión su Presidente, el general Rafael Alfonzo Ravard, pronunció un discurso que causó considerable revuelo. (“El discurso provocó un desusado interés. Carlos y Sofía Rangel entrevistaron al general Alfonzo de inmediato, así como Marcel Granier en Primer Plano. La revista Resumen puso la efigie del general en su próxima portada y el discurso fue traducido al inglés y circulado en el exterior”. Krisis – Memorias Prematuras). Casi todo su texto fue redactado por el suscrito; en marzo de aquel año PDVSA me había contratado como Consejero de su Presidencia para establecer la Unidad de Estudios Especiales que debía responder a ella. Uno de sus vicepresidentes me encargó directamente la escritura del discurso.

Alfonzo preservó prácticamente todo el texto que le presenté, salvo lo siguiente:

He girado instrucciones a Ia Unidad de Estudios Especiales de la Presidencia de Petróleos de Venezuela para que proceda a elaborar el proyecto de lo que sería la Fundación Petróleos de Venezuela la que, alimentada por significativos aportes de la industria, vendría a ser un efectivo colaborador en el desarrollo de proyectos con orientación de estricto contenido social. La acción de esa Fundación Petróleos de Venezuela sería una faceta adicional de 
la considerable contribución de la industria a las tareas de desarrollo nacional. (…) Su norte deberá ser el de contribuir directamente a la modernización y avance social del país. Ya se vislumbra esbozos preliminares de algunos de los proyectos que podría acometer; uno de ellos, por ejemplo, se refiere a la creación de un instituto independiente para la investigación sistemática y el análisis creativo de la política energética nacional. Si nos hallamos atravesando circunstancias de incertidumbre y cambio, pocas iniciativas pueden ser tan importantes como la de dotar al país de un instrumento para el análisis científico y a largo plazo del desarrollo energético nacional, en el que la independencia de criterio y cuidadosas reglas para su integración aseguren su utilidad.

Las inciertas condiciones a las que Alfonzo se referiría eran las de una contracción en los precios internacionales del petróleo; el ciclo de altos precios, iniciado a fines de 1973 con el embargo árabe petrolero a raíz de la Guerra del Yom Kippur, tocaba a su fin: “Ya 1982 contenía todos los elementos preocupantes que hoy en día dominan la percepción nacional. El mercado petrolero había forzado a comienzos de ese año el famoso primer ‘techo’ en la producción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Antes de la primera mitad del año el Ministro de Hacienda, Luís Ugueto Arismendi, había regresado del Japón con las tablas en la cabeza. El desasosiego que las malas noticias de México y Polonia habían causado en la red financiera internacional influyó para que los japoneses quisieran imponernos un interés de refinanciamiento superior al acostumbrado. Este era el primer signo de erosión en la calificación crediticia de primera clase que hasta entonces disfrutó Venezuela”. (Op. cit.)

Por otra parte, Alfonzo era firme creyente en que la responsabilidad primaria de PDVSA era la de ser una empresa productiva y rentable y, además, creyó su responsabilidad ciudadana alertar acerca del preocupante nivel de endeudamiento externo del país, así que pidió a Dick Irving, otro miembro de la Unidad de Estudios Especiales, que preparara un fragmento que sustituyera al reproducido arriba. La sustitución declaraba que habría que apartar una cuota de 100.000 barriles diarios de petróleo durante diez años para pagar la deuda. Entre los asistentes al evento se encontraba el presidente Luis Herrera Campíns, a quien no le gustó nada tal declaración. (“El discurso sirvió asimismo para que el Contralor General de la República, Manuel Rafael Rivero, quien hasta los momentos no se había manifestado al respecto, ofreciera a la prensa solemnes y preocupadas declaraciones sobre la deuda de la Nación. El presidente Herrera declaró que estas manifestaciones de altos funcionarios públicos no eran convenientes. Pocos días después se produjo su decisión, en contra de la mayoría del gabinete económico, de centralizar todas las divisas del sector público en el Banco Central de Venezuela, incluyendo, muy especialmente, las de la industria petrolera”. Op. cit.)

El disgusto de Herrera Campíns fue magnificado por la comparación implícita entre su propia administración del Estado y la excelentísima de PDVSA, como se desprende de otra cita del discurso (bajo este párrafo). Justo al asumir la Presidencia de la República, Herrera había anunciado a la ciudadanía: “Recibo un país hipotecado”, señalando que la deuda total de la República ascendía a 110 mil millones de bolívares. Alfonzo indicó el 27 de agosto de 1982, ante el propio Herrera y periodistas locales e internacionales, que el monto era ahora de 150 mil millones. “Luís Herrera entregó a Jaime Lusinchi una Venezuela hipotecada en segundo grado”. (Op. cit.)

Utilizando infornación compilada por el Centro de Información Técnica de INTEVEP, podemos contrastar—el análisis comparativo es siempre el indicado en estos casos—la productividad de Petróleos de Venezuela con la de las mayores catorce empresas petroleras de los Estados Unidos de Norteamérica. Este grupo está compuesto por las siguientes compañías, en orden decreciente de volumen de ventas: Exxon, Mobil, Texaco, Standard Oil de California, Standard Oil de Indiana, Gulf Oil,
 Atlantic-Richfield, Shell Oil de los Estados Unidos, Phillips, Tenneco, Sun Oil, Occidental, Standard Oil
 de Ohio y, finalmente, Getty. Durante el año de 1981, la Exxon, como es sabido, ocupó el primer lugar en cifras absolutas tanto de ventas como de ganancias: vendió 108 mil millones de dólares y obtuvo ingresos netos por valor de 5.567 millones de dólares. La empresa que obtuvo el noveno lugar en ventas fue la que ocupó el segundo lugar en ingresos netos. Esa empresa se llama Petróleos de Venezuela, la que con ventas cinco veces menores—19 mil millones de dólares—rindió beneficios equivalentes al 60% de las ganancias de la Exxon, la empresa más grande del mundo. Petróleos de Venezuela tuvo ingresos netos por valor de 3.325 millones de dólares.

En materia de ingresos netos como porcentaje de ventas la Exxon ocupó el undécimo lugar, con 5,1%, siendo la segunda y la tercera Standard Oil de Ohio y Shell Oil, con 14,5 y 7,9%, respectivamente. La primera empresa en ese aspecto fue Petróleos de Venezuela, con 16,9%. La Exxon es la primera empresa en lo tocante a monto absoluto de activos, con un valor de 63 mil millones de dólares. La sexta empresa es Petróleos de Venezuela, con casi 21 mil millones y situada por debajo de Mobil, Texaco, Standard Oil de California y Standard Oil de Indiana. Sin embargo, Petróleos de Venezuela supera a esas las mayores cinco empresas norteamericanas en el rendimiento de sus activos. Exxon obtuvo un poco menos de 9% de rendimiento sobre sus activos totales, Mobil casi 7%, Texaco 8%, la empresa de California 10% y la de Indiana 8%. Petróleos de Venezuela alcanzó el 16%.

He dejado para el final la comparación que considero más ilustrativa e importante, pues recientemente los venezolanos han escuchado preguntas sobre la productividad de Petróleos de Venezuela y sobre los niveles de empleo de la empresa. Siendo la primera empresa en ingresos netos como porcentaje de ventas, como acabamos de ver; siendo la primera empresa en ingresos netos como porcentaje de los activos y la segunda como generadora de ingresos netos en términos absolutos, dentro de esa lista Petróleos de Venezuela es tan sólo la duodécima en cuanto a fuerza hombre. y este hecho incontrastable implica realizaciones muy importantes de las que el país debiera tomar noción. Petróleos de Venezuela es también la primera en términos de ingresos netos sobre el número de trabajadores. Cada trabajador de Petróleos de Venezuela genera ingresos netos por un monto de 78.901 dólares, o 23.912 dólares más que el trabajador de la que más se le acerca, Standard Oil de California. Cada trabajador de Petróleos de Venezuela genera tantos ingresos netos como el que generan sumados el trabajador de Exxon, el de Mobil y el de Texaco, las tres más poderosas empresas petroleras norteamericanas. El trabajador de Petróleos de Venezuela hace esto después de haber pagado todos los gastos de exploración, los gastos de reparación de pozos, los gastos de transporte y comercialización, los gastos de operación que le incluyen a él mismo, las inversiones que requiere su industria. El trabajador de Petróleos de Venezuela hace esto después de que su empresa ha contribuido con 60.341 millones de bolívares al Tesoro Nacional. Venezuela puede estar orgullosa de la productividad de su industria petrolera, puede estar orgullosa de su trabajador petrolero.

El contraste entre el desempeño del Gobierno Nacional y el de PDVSA no podía ser más agudo. Con razón, el discurso molestó mucho a Luis Herrera Campíns. Aún no podíamos comparar con la conducción de Rafael Ramírez, que bajo su casco de Presidente decía en julio de 2009: “PDVSA está con Chávez. PDVSA está con la revolución… Quien no esté en un comité socialista es sospechoso de conspirar contra la revolución”. LEA

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Datanálisis fresquita

 

Recolección de datos del 8 al 15 de este mes

 

Entre las más confiables encuestas se encuentra indudablemente la de Datanálisis, y acaba de presentar resultados que terminara de recoger hace apenas dos días. Puede descargarse treinta de sus láminas en este enlace: Datanalisis Mayo. He aquí tres de ellas importantes:

 

Ubicación política de los entrevistados

 

 

¿Quiénes votarían?

 

¿Por quién votarían?

 

LEA
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La banalidad de la mentira

¿La más común de las herramientas políticas?

 

Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

Juan 8:44

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La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira.

Jean-François Revel – El Conocimiento Inútil (1988)

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La lectura de una reseña de libros en The New York Times—La Mentira en Política: Reflexiones sobre Los Papeles del Pentágono (18 de noviembre de 1971)—me fue posible gracias al envío de su enlace por un amigo. Transcrita a un archivo de MS Word, resulta en un abundante y abrumador documento de veinte páginas, cuya lectura hice después de medianoche sin poder parar. Su autora, Hannah Arendt, había sido enviada por The New Yorker diez años antes a Jerusalén, para cubrir el juicio del nazi Adolf Eichmann; de allí surgió Adolf Eichmann en Jerusalén: Un reporte sobre la banalidad del mal (1963). “Hoy la frase es utilizada con un significado universal para describir el comportamiento de algunos personajes históricos que cometieron actos de extrema crueldad y sin ninguna compasión para con otros seres humanos, para los que no se han encontrado traumas o cualquier desvío de la personalidad que justificaran sus actos. En resumen: eran «personas normales», a pesar de los actos que cometieron”. (Wikipedia). Sólo hacían su trabajo bajo instrucciones.

Arendt fue, por supuesto, quien escribiera otra década atrás Los orígenes del totalitarismo, su obra tal vez más importante, que traza el surgimiento y despliegue del nazismo y el estalinismo en la primera mitad del siglo XX; de formación filosófica, estaba particularmente preparada para descubrir en todos estos desarrollos relaciones significantes profundas. Mientras leía su evaluación crítica de Los Papeles del PentágonoRelaciones Estados Unidos – Vietnam, 1945-1967: Un estudio elaborado por el Departamento de Defensa—, cuya publicación debemos a una decisión de Robert McNamara (Secretario de Defensa bajo John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson entre 1961 y 1968), supe que querría ofrecer a los lectores de este blog algunos de sus impactantes pasajes, que acá pongo traducidos y corridos en su orden expositivo, aunque pertenezcan a secciones diferentes.

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Los Papeles del Pentágono, como muchas otras cosas en la historia, cuentan historias diferentes, enseñan lecciones diferentes a lectores diferentes. Algunos aducen que sólo ahora pueden entender que Vietnam fue el resultado “lógico” de la Guerra Fría o la ideología anticomunista; otros, que son una oportunidad única para aprender acerca de los procesos de toma de decisiones en el gobierno. Pero la mayoría de los lectores está de acuerdo en que el tema básico presentado en los Papeles es el engaño. Porque el secreto—eso que diplomáticamente se conoce como discreción y también como arcana imperii, los misterios del gobierno—y el engaño, la falsedad deliberada y la mentira abierta, empleados como medios legítimos para el logro de fines políticos, han estado con nosotros desde el comienzo del registro histórico. La veracidad nunca se ha contado entre las virtudes políticas, y las mentiras siempre han sido consideradas como herramientas justificables en la ocupación política.

Por consiguiente, cuando hablamos acerca de la mentira, y especialmente de ella entre los hombres de acción, recordemos que la mentira no penetró en la política por algún accidente de la concupiscencia humana, y por tal razón no es probable que la indignación moral la haga desaparecer. La falsedad deliberada trata con hechos contingentes, es decir, con asuntos que no portan ellos mismos una verdad inherente, pues no hay necesidad de que sean como son; las verdades fácticas no son nunca obligatoriamente verdaderas. Es esta fragilidad lo que hasta cierto punto hace tan fácil y tan tentador el engaño. Nunca entra en conflicto con la razón, porque de hecho las cosas pudieran haber sido como el mentiroso sostiene que fueron; las mentiras son a menudo más admisibles, más atractivas a la razón que la realidad, puesto que el mentiroso tiene la gran ventaja de saber de antemano lo que la audiencia desea o espera oír. Ha preparado su historia para el consumo público con especial cuidado de hacerla creíble,* mientras que la realidad tiene el incómodo hábito de confrontarnos con lo inesperado, aquello para lo que no estábamos preparados.

No debe sorprender que la reciente generación de intelectuales, que crecieron en la insalubre atmósfera de rampante publicidad y aprendieron que la mitad de la política es “construir imagen” y la otra mitad el arte de hacer que la gente crea en la imagen, recaigan casi automáticamente en los viejos adagios de la zanahoria y el palo cuandoquiera que la situación se haga demasiado seria para la teoría. Para ellos, la mayor desilusión de la aventura de Vietnam debió haber sido el descubrimiento de que hay gente con la que tampoco funcionan los métodos del palo y la zanahoria.

Que el engaño, la falsedad, y el rol de la mentira deliberada se convirtieran en los asuntos principales de los Papeles del Pentágono se deben, antes que a la ilusión, la equivocación, el error de cálculo y otras razones parecidas, al extraño hecho de que las decisiones erróneas y los declaraciones mentirosas violaban consistentemente los sorprendentemente exactos reportes de los hechos de la comunidad de inteligencia. Aquí el punto crucial es que la política de mentir casi nunca fue dirigida al enemigo, sino principal si no exclusivamente para el consumo doméstico, para la propaganda interna y especialmente para engañar al Congreso de los Estados Unidos.

Es de incluso mayor interés que casi todas las decisiones en esta desastrosa empresa fueron tomadas con conocimiento pleno del hecho de que probablemente no podrían ser llevadas a cabo, de aquí que los objetivos tuvieron que ser constantemente cambiados. Hubo primeramente los objetivos proclamados públicamente—”asegurar que al pueblo de Vietnam del Sur se le permita determinar su futuro”, o “ayudar al país para que gane en su lucha contra la …conspiración comunista”, o la contención de China y evitar el efecto dominó o la protección de la reputación americana como “garante antisubversivo”. A éstos ha añadido el Sr. Rusk recientemente la meta de impedir la III Guerra Mundial, aunque ella no aparece en los Papeles del Pentágono ni jugó ningún papel real según conocemos del registro de los hechos.

La misma flexibilidad marcaba consideraciones tácticas: Vietnam del Norte es bombardeado para prevenir un “colapso de la moral” en el Sur y particularmente el desmoronamiento del gobierno de Saigón. Pero cuando se programó el comienzo de las primeras incursiones ese gobierno ya se había desmoronado, “un pandemónium reinaba en Saigón”, y debió posponérselas y hubo que encontrar un nuevo objetivo. Ahora era obligar “a Hanoi a detener el Vietcong y el Pathet Lao”, una meta que incluso los jefes del Estado Mayor no esperaban lograr, pues dijeron: “Sería inútil concluir que estos esfuerzos tendrán un efecto decisivo”.

La mayor potencia del mundo

De 1965 en adelante, la noción de una victoria clara quedó atrás y el objetivo se convirtió en “convencer al enemigo de que no puede ganar”. Comoquiera que el enemigo no se convencía, apareció el nuevo objetivo: “evitar una derrota humillante”, como si el significado de una derrota en la guerra fuera una mera humillación. Lo que reportan los Papeles del Pentágono es el temor por el impacto de la derrota, no sobre el bienestar de la nación sino sobre la reputación de los Estados Unidos y su Presidente. Así, poco antes, durante los muchos debates acerca de lo aconsejable de emplear tropas en tierra contra Vietnam del Norte, el argumento no era el temor de la derrota misma o la preocupación por la retirada de las tropas en caso de ella, sino que “Una vez que las tropas de EEUU estén dentro, será difícil retirarlas… sin admitir la derrota”. (Énfasis añadido). Finalmente, el propósito político era el de “mostrar al mundo hasta donde están los Estados Unidos dispuestos a llegar por un amigo y “cumplir sus compromisos”.

Todos estos objetivos coexistían, casi de manera desordenada; a ninguno se le permitió la cancelación de sus predecesores, puesto que cada uno se dirigía a una “audiencia” diferente y había que producir un diferente “escenario” para cada una. La muy citada enumeración de las metas de EEUU por McNaughton en 1965—evitar una derrota humillante (para nuestra reputación como garante), 70%; impedir que Vietnam del Sur (y el territorio adyacente) caiga en manos de China, 20%; permitir al pueblo de Vietnam del Sur el disfrute de un mejor y más libre modo de vida, 10%—es refrescante por su honestidad pero probablemente fue construida para poner algo de orden y claridad en los debates de la siempre molesta pregunta de por qué librábamos una guerra en Vietnam entre todos los lugares del mundo. En el borrador de un memorándum previo, McNaughton mostraba, tal vez sin proponérselo, cuán poco él mismo, ni siquiera en esa fase temprana del sangriento juego, creía en la asequibilidad de cualquier objetivo substancial: “Si Vietnam del Sur se desintegrara por completo bajo nosotros, debiéramos tratar de mantenerlo unido el tiempo suficiente para permitirnos la evacuación de nuestras fuerzas y de convencer al mundo de que acepte la unicidad (e imposibilidad congénita) del caso de Vietnam del Sur”. (Cursivas añadidas).

“Convencer al mundo”, “demostrar que los EEUU eran ‘un buen médico’ dispuesto a cumplir sus promesas, ser duro, asumir riesgos, sangrar y herir al enemigo feamente”; usar “una minúscula nación atrasada” carente de toda importancia estratégica “como caso de demostración de la capacidad de los EEUU para enfrentar una ‘guerra de liberación’ comunista”; mantener intacta una imagen de omnipotencia, “nuestra posición mundial de liderazgo”, demostrar “la voluntad y la capacidad de los Estados Unidos de lograr lo que se proponga en los asuntos mundiales”; mostrar “la credibilidad de nuestras promesas a amigos y aliados”; en síntesis, “comportarse como” la “más grande potencia del mundo” por ninguna otra razón que la de convencer al mundo de este “simple hecho”, éste fue el objetivo permanente que, con el inicio de la Administración Johnson, sacó de la escena a los restantes objetivos y teorías, la teoría del dominó y la estrategia anticomunista de las etapas iniciales del período de Guerra Fría así como la estrategia contrainsurgente, tan querida por la Administración Kennedy.

La meta última no era ni el poder ni la ganancia. Ni siquiera fue la influencia sobre el mundo con el fin de servir a intereses particulares tangibles en pro de los cuales el prestigio, una imagen de “la mayor potencia del mundo”, se necesitara y empleara con propósito. La meta era la imagen misma, como era manifiesto en el propio lenguaje de los resolvedores de problemas, con sus “escenarios” y “audiencias” que tomaron prestados del teatro. Para esta meta última, todas las políticas llegaron a ser medios intercambiables a corto plazo hasta que, finalmente, cuando todas las señales apuntaban a la derrota en una guerra de atrición, ya el objetivo no fue evitar la humillante derrota sino encontrar modos y maneras de evitar admitirla y “salvar la cara”.

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Hasta aquí; podría seguir traduciendo la enjundiosa reseña de Hannah Arendt. Ella incluye, por ejemplo, un mentís a la teoría del dominó—que tras Vietnam caerían en las garras comunistas otras naciones vecinas–; así apunta que la CIA aseguraba en 1964: “Con la posible excepción de Cambodia, es probable que ninguna nación del área sucumba rápidamente al comunismo como resultado de la caída de Laos y Vietnam del Sur”. También extrae de los Papeles del Pentágono una contradicción a la teoría de que los insurgentes sudvietnamitas estuvieran dirigidos y apoyados por “una conspiración comunista”. Según consigue, la inteligencia estadounidense en 1961 estimaba que el 80 o 90% de los vietcongs habían sido reclutados localmente, y que había escasa evidencia de que dependieran de suministros externos. También apuntó sobre “la premisa de una conspiración monolítica del mundo comunista y la existencia de un bloque sino-soviético”, que Mao y Chou En-lai se dirigieron al presidente Roosevelt en enero de 1945 “tratando de establecer relaciones con los Estados Unidos con el fin de evitar una total dependencia de la Unión Soviética”.

Una cita adicional es conveniente, porque nos concierne como latinoamericanos. Hacia el final de su pieza, dice Arendt:

Finalmente, hay una lección a ser aprendida por aquellos que, como yo misma, creyeron que este país se había embarcado en una política imperialista, que había olvidado sus viejos sentimientos anticoloniales, y tal vez estaba teniendo éxito en establecer esa Pax Americana que denunciara Kennedy. Cualesquiera sean los méritos de estas sospechas, y ellas pudieran justificarse por nuestras políticas en América Latina, si unas guerras pequeñas no declaradas son medios necesarios para obtener fines imperiales, los Estados Unidos serán menos capaces de emplearlas exitosamente que cualquier otra gran potencia, puesto que mientras la desmoralización de las tropas americanas ha alcanzado ahora proporciones sin precedentes—según Der Spiegel, 80.088 desertores, 100.000 objetores de conciencia y decenas de miles de drogadictos—, el proceso de desintegración del ejército comenzó mucho antes y fue precedido por desarrollos similares durante la Guerra de Corea.

Niños huyendo del napalm

Trece años después de la reseña de Hannah Arendt, se publicaba La marcha de la insensatez: de Troya a Vietnam, obra importantísima de Barbara Tuchman (1912-1989), historiadora de dos Premios Pulitzer. Arendt habla de cómo la “Construcción de imagen como política global—no la conquista del mundo sino la victoria en la batalla por ‘ganar las mentes de la gente’—es ciertamente algo nuevo en el enorme arsenal de insensateces humanas registradas en la historia”. Bueno, Tuchman no dejó de anotar en ese libro una particularmente desquiciada de la Guerra de Vietnam:

Una sensación de desastre penetraba los Estados Unidos, hecha más aguda por la observación más ampliamente citada de la guerra: “Se hace necesario destruir el pueblo con el fin de salvarlo”. El mayor estadounidense quería decir que el pueblo debía ser arrasado para derrotar al Viet-Cong, pero su frase pareció simbolizar el empleo del poder americano para destruir el objeto de su protección y así preservarlo del comunismo.

No en balde se estrenó en la época (1963, el mismo año de Un reporte sobre la banalidad del mal) la película “épica”—epic film—que se llamó El mundo está loco, loco, loco, loco. LEA

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*Nota del traductor. Dijo Mark Twain: “La diferencia entre la ficción y la realidad es que la ficción tiene que ser verosímil”.

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¿Dónde está Tío Conejo?

 

Fotos instantáneas recentísimas de la opinión nacional

 

Siendo que Chávez tiene el mayor control del poder posible en Venezuela—político, militar, económico—una oposición al estilo cacical debe fracasar. Es un brujo, no un cacique, quien puede suceder a Chávez a corto plazo. (2006). No es otro “tío tigre” menor que pretenda discutirle la posición alfa a Tío Tigre en su manada. Es Tío Conejo.

Carta Semanal # 131 de doctorpolítico, 31 de marzo de 2005

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Venebarómetro fue la encuestadora más acertada cuando pronosticó casi exactamente las proporciones del triunfo opositor en diciembre de 2015; ahora retrata los movimientos complementarios de un deterioro de la oposición y una recuperación de Nicolás Maduro, en medición cuyo trabajo de campo concluyó hace tres semanas. La incompetencia de la Mesa de la Unidad Democrática y su fragmentado liderazgo, así como la torpe actuación de la Asamblea Nacional desde su instalación hasta la fecha, son factores explicativos importantes de tal resultado. (El levantamiento de datos tuvo lugar antes de que el efecto del aumento de salarios y pensiones se sintiera, y las purgas en PDVSA tampoco se habían producido). Así tenemos este desplazamiento en la valoración del estado general del país:

Menos mala en 15 puntos respecto de la percepción en septiembre (clic sobre la imagen para ampliar)

 

Lo mismo se percibe, naturalmente, en la evaluación de la presidencia de Nicolás Maduro: en septiembre, 75,6% lo evaluaba negativamente (77% en mayo; el pico ocurrió en septiembre de 2015, dos meses antes de la elección de Asamblea Nacional). Ahora ese juicio ha descendido a 68%, aunque dos terceras partes de la opinión nacional preferirían su salida inmediata. De todos modos, la disposición a protestar para exigir su cesantía o renuncia parece menor que la contraria; a la pregunta

¿QUÉ TAN DISPUESTO ESTÁ UD. A SALIR A PROTESTAR PARA SOLICITAR LA SALIDA DE NICOLÁS MADURO DEL PODER, ES DECIR, ESTARÍA MUY DISPUESTO, QUIZÁS SALDRÍA, QUIZÁS NO SALDRÍA O NO ESTÁ NADA DISPUESTO?

las respuestas se agruparon así: Muy dispuesto 32,4%, Quizás saldría 16,3%, Quizás no saldría 6,3%, Nada dispuesto 40,8%. (4,1% no supo o no quiso responder).

 

Más de 30% lo evalúa positivamente

 

Dos tercios lo quieren fuera de una vez

 

Pero el desplome de la Mesa de la Unidad Democrática es dramático:

MUD

 

Tampoco son alentadoras las preferencias registradas si se las mide respecto de los partidos:

El PSUV supera al mayor de los partidos de oposición (AD) por 21,8 puntos; el partido Ninguno supera al primero

 

Llevados al escenario de las elecciones presidenciales, no hay definición suficiente o convincente del candidato de oposición preferible. Éstas son las preferencias espontáneamente manifestadas en unas hipotéticas elecciones primarias para definir la candidatura opositora:

El prisionero doméstico con 8,9% de ventaja sobre el inhabilitado; Otros, Ninguno y NS/NR suman 32 puntos

 

La sorprendente guinda del postre: hoy por hoy ¡Nicolás Maduro ganaría las elecciones ante cualquier candidato de la oposición convencional!

Sorpresa de sorpresas: Maduro es el favorito de la carrera

 

En las clases A y B, Maduro saca casi cuatro puntos de ventaja sobre Leopoldo López, trece y pico sobre Henrique Capriles, casi diecisiete sobre Henry Ramos Allup y veinticinco puntos sobre Henri Falcón. La conclusión estratégica es tan clara como ineludible: para derrotar a un Maduro repotenciado, hay que poner en el campo a un candidato competente y atractivo que no provenga de la Mesa de la Unidad Democrática. LEA

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Enlace para descargar la encuesta completa en formato .pdf: -Venebarometro-Diciembre-2017

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What’s up in Whatsapp?

La evolución del radio pulsera de Dick Tracy

 

Transcribo acá el intercambio de hoy con un respetadísimo corresponsal en el maravilloso espacio de Whatsapp. (Mi hijo mayor, que sabe de estas cosas de la Red de Redes, me ha explicado pacientemente que el correo electrónico ha sido suplantado por el chat). Esto nos dijimos:

De su parte: 

Problema No.1 para Sto. Domingo: la existencia de la ANC. Pretender ser poder omnipotente, supremo, inapelable, “divino” es la herramienta privilegiada del Régimen para imponer su proyecto totalitario comunista, hambreador, enfermador, opresivo, narcorrupto. El Régimen buscará que no se lo toque. Es la tenaza y guillotina principal de que dispone. Ojo a distractivos y caramelos o concesiones que aunque importantes y urgentes no van a la médula y causa de la tragedia nacional. Al lado de los 4 importantes puntos del Card. Parolin hay hoy este superpunto de la ANC.

 

De la mía:

La ANC no es algo que pueda decidirse en una mesa de negociación. Si bien sobre bases comiciales deformes, fue legítimamente convocada. A pesar de la propensión de moda a las etiquetas, ella no es fraudulenta y fue elegida por 8 millones de votantes. (Según el CNE; 7 millones según el alegato no probado de Smartmatic, una votación parecida a la del “plebiscito” del 16-J, o 38,5% del registro electoral). Sólo el Poder Constituyente Originario, el Pueblo expresado en referendo, podría disolverla e incluso anular todos sus actos. Tampoco puede decidirse en una mesa por los negociadores elecciones fuera de los ciclos constitucionales (las “elecciones generales” que propusiera José Guerra por CNN el 25 de octubre del año pasado).* Es punto que enfaticé en mi visita con N. a su residencia, poco antes del viaje papal a Colombia.
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*…se me informa que el diputado José Guerra ha dicho hoy (25 de octubre) a CNN: “Hay una solución inmediata a la situación que vivimos: elecciones generales inmediatas. elecciones presidenciales, Asamblea Nacional (los diputados ponemos el cargo a la orden), gobernaciones y municipales”. Repuse al informante: “Creo que las elecciones generales son un exceso. A la Asamblea acabas de elegirla, más temprano que tarde tendremos elecciones regionales, y para las presidenciales necesitas pasar por encima de la Constitución. De allí lo que propuse: un referendo consultivo del Poder Constituyente Originario para establecer estas últimas con base constituyente”. El país no está para más elecciones de las que necesita. (De la Actualización #2 a Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016).

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LEA

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La voz de los que saben

 

Verdades responsablemente dichas

 

Desde hace ya un buen tiempo, un grupo de profesionales con profundos conocimientos (de primera mano) sobre la industria del suministro eléctrico en Venezuela advierte responsable y competentemente acerca de los problemas de ésta y las soluciones requeridas. Se trata del Grupo Ricardo Zuloaga, que acaba de emitir (16 de octubre) un informe de la condición actual del sistema eléctrico venezolano con claras recomendaciones para la reparación de sus graves heridas.

Siete ingenieros—Miguel Lara, José G. Aguilar, Iñaki Rousse, Efraín Carrera, Ciro Portillo, Leopoldo Baptista, Nelson Hernández—y la Licda. Florinda Morales concurren en el siguiente diagnóstico:
 

El Sistema Eléctrico Venezolano atraviesa la peor condición operativa de su historia, los cortes del servicio eléctrico afectan a todas las ciudades del país y la recurrencia de los mismos, así como su tiempo de afectación, siguen en incremento.

El equipamiento eléctrico que aún trabaja lo hace en condiciones precarias debido a mantenimientos no ejecutados y que son diferidos más allá de lo recomendado por sus fabricantes. Esta práctica conlleva a que los equipos no funcionen adecuadamente y que los mismos terminen colapsando por fallas de tipo catastrófico, cuya reparación requiere de recursos monetarios y de lapsos de tiempo considerablemente mayores a los que se tendrían bajo las prácticas recomendadas.

El manejo del embalse de Guri, cuya central suministra aproximadamente el 50% del consumo eléctrico nacional, no se ajusta a lo establecido por los estudios y la ingeniería. Su sobreexplotación bajo condiciones hidrológicas desfavorables ha puesto en riesgo la operatividad de su central y ocasionó racionamientos masivos que no debieron ocurrir. Por otra parte, su llenado extemporáneo coadyuvó, innecesariamente, a la inundación de áreas pobladas en el sur del país.

Los reiterados cortes anunciados por las autoridades eléctricas no han sido ni son producto de eventos climatológicos (Lluvia o sequía), ni por accidentes causados por elementos pertenecientes a nuestra fauna ni por supuestos sabotajes, donde las autoridades eléctricas acusan a personas que perdieron su vida al estar hurtando material eléctrico energizado o al tratar de conectarse ilegalmente a la red eléctrica o al proceder, de forma imprudente, a reparar alguna falla que pudiera llevar varios días de duración debido a la conocida inacción de Corpoelec para la reparación de las averías que afectan a los usuarios.

Las frecuentes e intempestivas interrupciones del servicio eléctrico han llevado a que muchos usuarios coloquen dispositivos protectores a sus maquinarias y electrodomésticos, los cuales, ante fallas, que por su naturaleza causan “bajones” de tensión, se desconecten masivamente y con ello provocan una brusca “subida” de tensión. Estas oscilaciones terminan dañando aparatos que no están protegidos. Esta situación se ve potenciada por la deficiencia crónica en la generación térmica disponible y por el cambio en la composición de la demanda (Ahora mayoritariamente residencial). Cabe destacar que el creciente número de usuarios que se ven afectados por el deficiente servicio que reciben, se encuentran desamparados y sin más respuesta que excusas sin fundamento por parte de quien lo presta.

Un hecho lamentable y de gravedad es que los frecuentes cortes están ocasionando víctimas fatales entre recién nacidos y enfermos cuando se interrumpe el suministro eléctrico a centros hospitalarios, generalmente públicos, cuyas obligatorias plantas de emergencia no arrancan porque se encuentran inoperativas, bien sea por estar dañadas y no haber sido reparadas o por no disponer del combustible requerido para su operación.

El alumbrado público es prácticamente inexistente. La falta de iluminación en autopistas, avenidas y calles de los pueblos y ciudades de Venezuela en horas nocturnas, propicia el incremento de la inseguridad.

La causa de estas deplorables condiciones es identificada en el reporte del Grupo Ricardo Zuloaga con sintética claridad: “La realidad es que la crisis eléctrica que afecta a la sociedad venezolana, desde hace más de una década, es resultado de un modelo de sector eléctrico inviable, gestado por decisiones políticas tomadas desde 1999 que lo transformaron en un sector politizado, desprofesionalizado, burocrático, plagado de irregularidades administrativas, sin transparencia y de creciente opacidad”.

Igualmente sintética es la solución expuesta: “La solución a la crisis eléctrica… pasa por un cambio político que revierta los factores que caracterizan el actual modelo de sector”. Naturalmente, advierten también: “Sin embargo, el cambio político, por sí solo, no es garantía de solución de la crisis eléctrica. El profundo estado de deterioro que presenta la infraestructura eléctrica, la desmotivación y las múltiples carencias que agobian al recurso humano, los desconocidos pasivos pendientes de honrar a proveedores nacionales e internacionales, la quiebra financiera, el rezago tarifario, la insuficiencia de ingresos, las crecientes pérdidas no técnicas, los vicios y prácticas corruptas que se han instaurado, la inexistencia de inventarios de piezas y partes para la atención de averías, la no ejecución oportuna de mantenimientos y la excesiva burocracia, entre otros, son retos que demandarán al equipo que corresponda solventar la crisis eléctrica una sólida capacidad gerencial, amplios conocimientos de la industria eléctrica y especialmente ética profesional”.

Vale la pena leer el sucinto informe completo (4 páginas) que puede descargarse en archivo de formato .pdf en el siguiente enlace: El GRZ ante profundización de la crisis eléctrica Octubre2017. En cuanto sea posible una nueva toma de decisiones nacionales, el claro reporte será herramienta imprescindible. LEA

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