Nociones de Política Clínica

Carátula del folleto

Carátula del folleto

Hoy se dio inicio al Taller de Política Clínica, que hospitalariamente aloja la Cátedra de Fisiología Normal de la Escuela Luis Razetti en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela. La actividad, como explicara el Dr. Jacobo Villalobos, Jefe de la cátedra, es una secuela de la presentación La política como arte de carácter médico, en el espacio Ciencia y algo más… que coordina la distinguida Profra. Ana Blanco Díaz. Ella y la competente investigadora Emilia Díaz han organizado estupendamente el taller en tiempo brevísimo. El grupo de acuciosos asistentes se reunirá conmigo hasta el viernes de esta semana. LEA

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Política Clínica en la Escuela Luis Razetti

El afiche promocional

El afiche promocional (clic amplía)

Luego de la experiencia de una disertación del pasado 10 de julio sobre la Política como arte de carácter médico—feliz para mí: Una orgullosa alegría—, la Cátedra de Fisiología Normal de la Escuela Luis Razetti, en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela, ha acogido mi ofrecimiento de un Taller de Política Clínica y lo ha programado para la semana del 9 al 13 de noviembre. La asistencia es gratuita, aunque el cupo está limitado a 40 personas. Al lado, el afiche elaborado por la cátedra con instrucciones para la inscripción; en el siguiente enlace puede descargarse el plan temático de la actividad, estructurado en seis módulos: Taller de Política Clínica. El último día se expondrán el quinto y sexto módulos. Acá puede descargarse la planilla para inscribirse, la que debe enviarse a fisiologia.razetti@gmail.complanilla inscripción.

LEA

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Una orgullosa alegría

Con la distinguida nefróloga Ana Blanco Díaz

Con la distinguida nefróloga Ana Blanco Díaz

Pocas cosas pudieran haberme causado más alegría que la invitación de la Profra. Ana Blanco Díaz a comparecer al espacio Ciencia y algo más…, que ella coordina desde la Cátedra de Fisiología Normal en la Escuela Luis Razetti de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela. Vengo de recibir ese honor para alguien que una vez abandonó los estudios de Medicina, pero lleva 31 años involucrado en política entendiéndola como profesión médica. Tal fue el título de lo que ella llamó amablemente una ponencia: La política como arte de carácter médico.

En 1959, el primer año de la democracia venezolana, procuré inscribirme en esa facultad, pero era noviembre y el curso de primer año no se había iniciado por un conflicto relacionado con el cupo. La Universidad de Los Andes, como las de Zulia y Carabobo, queriendo aliviar a la UCV, ofreció algunas plazas y entonces decidí ir a Mérida, donde podría alojarme en la casa de mi tío materno, Harry Corothie, quien era allá profesor en la Facultad de Ingeniería Forestal, de la que había sido su Decano; estaba empeñado en empezar los estudios universitarios lo antes posible. No me fue mal; obtuve buenas calificaciones y formé parte del Departamento de Bioquímica como preparador y auxiliar de investigación, pero luego debatí con compañeros socialistas y comunistas, fui por eso electo a cargos políticos y gremiales y viví la universidad de la guerrilla. En 1962, ya agudamente contagiado con el virus político, interrumpí la carrera y regresé a Caracas y a la universidad caraqueña, pero a Estudios Internacionales, la carrera más corta de aquellos días (cuatro años sólo) que tuviera que ver con Política, pues sentía vergüenza con mis padres por haber abandonado los estudios de Medicina—sobre todo con mi madre, quien serviría luego 30 años en el Hospital Universitario de la UCV como una de sus damas voluntarias—; a ella le habría encantado verme hoy disertar cerca de sus predios.

 Ramón J. Velásquez con Ma. Josefina Corothie Chenel-Calcaño de Alcalá, dama voluntaria del Hospital Universitario

Ramón J. Velásquez con Ma. Josefina Corothie Chenel-Calcaño de Alcalá, dama voluntaria del Hospital Universitario

 

Continué envuelto en política, y un año más tarde fui a refugiarme en la Universidad Católica Andrés Bello a ver si terminaba algo, donde logré completar los estudios de Sociología, de nuevo una disciplina cercana a la Política. Ella me llevaría principalmente a la actividad privada, sin por eso alejarme de un todo de lo público. Tardaría 20 años en resurgir esa vocación política ya irreversiblemente; en 1983 renuncié a PDVSA para dedicarme a ella. Fue en diciembre de 1984 cuando por primera vez propuse el enfoque médico a unos amigos—Diego Bautista Urbaneja y Gerardo Cabañas Arcos—: “En esa reunión en mi casa expuse por primera vez mi noción de la ruta que estaba marcada para nuestra legitimación en tanto políticos como un camino ‘médico’. La llamé ‘la metáfora médica’. El acto político es un acto médico, dije, pues en el fondo se trata de proponer, seleccionar y aplicar tratamientos a los problemas”. (Krisis: Memorias prematuras). En junio de 1986, me atreví por fin a escribir un Dictamen acerca del soma político venezolano, que incluía un apéndice sobre el estado de la psiquis nacional. En su introducción escribí explícitamente:

Un paciente se encuentra sobre la cama. No parece padecer una indisposición común y leve. Demasiados signos del malestar, demasiada intensidad y duración de las dolencias indican a las claras que se trata de una enfermedad que se halla en fase crítica. Por esto es preciso acordar con prontitud un tratamiento. No es que el enfermo se recupe­rará por sus propias fuerzas y a corto plazo. Tampoco puede decirse que las recetas ha­bituales funcionarán esta vez. El cuerpo del paciente lucha y busca adaptarse, y su re­acción, la que muchas veces sigue cauces nuevos, revela que debe buscarse tratamientos distintos a los conocidos. Debe inventarse un nuevo tratamiento. La junta médica que pueda opinar debe hacerlo pronto, y debe también descartar, responsable y clara­mente, las proposiciones terapéuticas que no conduzcan a nada, las que no sean más que pseudotratamientos, las que sean insuficientes, las que agravarían el cuadro clínico, de por sí extraordinariamente complicado, sobrecargado, grave. Así, se vuelve asunto de la primera importancia establecer las reglas que determi­narán la escogencia del tratamiento a aplicar. Fuera de consideración deben quedar aquellas reglas propuestas por algunos pretendidos médicos, que quieren hacer prevalecer sus tratamientos porque son los que más gritan, o los que hayan tenido éxito en descalificar a algún colega, o los que sostengan que a ese paciente “lo vieron primero”. La situación no permite tolerar tal irresponsabilidad. No se califica un médico porque haya logrado descalificar a otro. No se convierten en eficaces sus tratamientos porque los vocifere, como no es garantía de eficacia el que algunos sean los más antiguos médicos de la familia. El paciente requiere el mejor tratamiento que sea posible combinar, así que lo indicado es contrastar los tra­tamientos que se propongan. Debe compararse lo que realmente curan y lo que real­mente dañan, pues todo tratamiento tiene un costo. Es así como debe seleccionarse la terapéutica. Será preferible, por ejemplo, un tratamiento que incida sobre una causa patológica a uno que tan sólo modere un síntoma; será preferible un tratamiento que resuelva la crisis por mayor tiempo a uno que se limite a producir una mejora transito­ria. Y por esto es importante la comparación rigurosa e implacable de los tratamientos que se proponen. Solamente así daremos al paciente su mejor oportunidad.

diploma-fisiologia

Timbre de orgullo

Hoy pude aclarar, como he hecho muchas veces, que no tengo doctorado alguno, a pesar del nombre de este blog y mi programa en Radio Caracas Radio. El tratamiento de doctor, aparente en el diploma que generosamente me obsequiara la Profra. Blanco, no me corresponde; sólo sugiere la aproximación médica a la política en la marca personal que mi hijo mayor—Leopoldo Enrique, hoy de cumpleaños—me recomendara inventar, y allí significa algo como “el doctor me recetó”, “vengo del doctor”.

También pude expresar mi deseo de volver definitivamente a la Facultad de Medicina de la UCV. A mi paso por Mérida, atesoré una inscripción latina a la entrada del Departamento de Patología del Hospital Los Andes: Hic locus est ubi mors gaudet socorrere vitae —”Es en este lugar donde la muerte se alegra de socorrer a la vida”—, y si no logré completar la carrera de médico ni aquí ni allá, preferiría que mi eventual cadáver sea disecado por estudiantes de Anatomía de la Escuela Luis Razetti, como yo hice con más de uno en la Universidad de Los Andes. Esto sería, por otra parte, una egoísta conveniencia: en esta época de dificultad económica nacional sería un ahorro en gastos de cremación o enterramiento para mis familiares sobrevivientes. Es igualmente mi deber reportar que me postulé, por iniciativa propia (Ley Orgánica de Procesos Electorales), a un Doctorado honoris causa en Medicina de la Universidad Central de Venezuela.

Hoy he sido feliz. LEA

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La política como arte de carácter médico

Estudié por su texto

Estudiábamos Fisiología por su libro de texto

El viernes de esta semana que comienza, 10 de julio, tendré el honor de presentar en la Cátedra de Fisiología Normal de la Escuela Luis Razetti de Medicina, en la Universidad Central de Venezuela—Auleta Dr. Eduardo Coll García, Salón 227, Instituto de Medicina Experimental—, una ponencia titulada La política como arte de carácter médico. Atiendo así la amable invitación de la Profra. Ana Blanco Díaz. La sesión se iniciará a las 12:30 del mediodía.

Es natural sentir predilección por alguna materia entre varias, y en mis tres años de escuela médica fueron en sucesión mis predilectas la Bioquímica, la Fisiología y la Fisiopatología, que aprendí de los Dres. Jorge Martens, Eduardo Briese y Juan José Cayaffa entre 1959 y 1962 en Santiago de los Caballeros de Mérida. Ese tiempo en la Universidad de Los Andes marcó indeleblemente mi vida toda, y determinaría más tarde mi aproximación a la política:

En esa reunión en mi casa expuse por primera vez mi noción de la ruta que estaba marcada para nuestra legitimación en tanto políticos como un camino “médico”. La llamé “la metáfora médica”. El acto político es un acto médico, dije, pues en el fondo se trata de proponer, seleccionar y aplicar tratamientos a los problemas. (Reunión del 9 de diciembre de 1984, reseñada en Krisis: Memorias prematuras).

La entrada es libre. LEA

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Recordatorio: Taller de Política Clínica

Un taller con seis módulos temáticos (clic amplía)

Un taller con seis módulos temáticos (un clic sobre el gráfico lo amplía)

 

El próximo 29 de julio tendré el privilegio de conducir, en las aulas del Centro Javier en La Castellana, un Taller de Política Clínica en el marco institucional del Centro Internacional de Actualización Profesional de la Universidad Católica Andrés Bello, mi Alma Mater. Ya la información general de la actividad—con instrucciones para la inscripción—se encuentra disponible en la web del CIAP. En este enlace—Taller de Política Clínica—puede descargarse un prospecto más detallado del taller que explica en su descripción:

La Política es un arte. A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino un arte, un oficio: la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como lucha por el poder ideológicamente justificada, un enfoque convencional que es responsable por la insuficiencia política de los actores políticos tradicionales. El tránsito al paradigma “clínico” o “médico” se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos.

 

Con la generosa hospitalidad de la UCAB

Con la generosa hospitalidad de la UCAB

LEA

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Taller de Política Clínica

Un taller con seis módulos temáticos (clic amplía)

Un taller con seis módulos temáticos (un clic sobre el gráfico lo amplía)

 

El 29 de julio de este año tendré el privilegio de conducir, en las aulas del Centro Javier en La Castellana, un Taller de Política Clínica en el marco institucional del Centro Internacional de Actualización Profesional de la Universidad Católica Andrés Bello, mi Alma Mater. Ya la información general de la actividad se encuentra disponible en la web del CIAP. En este enlace puede descargarse un prospecto más detallado del taller: Taller de Política Clínica. La descripción sinóptica del taller explica:

La Política es un arte. A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino un arte, un oficio: la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como lucha por el poder ideológicamente justificada, un enfoque convencional que es responsable por la insuficiencia política de los actores políticos tradicionales. El tránsito al paradigma “clínico” o “médico” se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos.

Gracias, en orden de aparición, a Luis Ugalde S. J., Silvana Campagnaro, María Esperanza Villarroel y Susana Rojas Nagy, quienes lo están haciendo posible. (De “nuestro lado”, debo agradecer a Gonzalo Pérez Petersen, José Rafael Revenga, José Antonio Gil Yepes y, sobre todo, a Ana Gabriela Canelón por el interés y la ayuda). Acabo de poner en Twitter que serán bienvenidos los interesados en una diputación a la Asamblea Nacional, si quieren llegar a ella provistos del más moderno lenguaje político.

Con la generosa hospitalidad de la UCAB

Con la generosa hospitalidad de la UCAB

A medida que se acerque la fecha, iré recordando su inminencia.

LEA

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