Memorias imprudentísimas

 

Personajes que hicieron inevitable a Chávez

 

A José Rafael Revenga, constante maestro y amigo

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Como refiriera en la entrada anterior, trabajé en PDVSA como Consejero de la Presidencia (de marzo de 1982 hasta mayo de 1983): “Renuncié a mi último empleo en mayo de 1983. Hice algún sondeo como para no saltar al vacío y decidí que empezaría a trabajar como asesor externo de organizaciones. Don José Antonio Giacopini Zárraga me aconsejó pensarlo muy bien. Su avezado ojo vislumbraba tiempos más difíciles, inconvenientes para abandonar la seguridad de un ingreso regular. Razón no le faltaba, pero eludí su consejo y di el salto”.

Así comienza el libro Krisis – Memorias prematuras; mi primer libro, mis primeras memorias. No está contado en él, por tanto, mi paso por la mayor empresa del país. La renuncia a mi cargo en ella tuvo que ver con una serie de desengaños que referiré a continuación, pero también obedecía a la recuperación de mi verdadera vocación: la política. (Dos años más tarde, elaboraba un proyecto de asociación política que superase los partidos tradicionales).

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El gran Marcel Roche

Era época de mis últimos días como Secretario Ejecutivo del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas; había hecho conocer a Raimundo Villegas, Ministro de Estado para la Ciencia y la Tecnología, mi deseo de asumir la Presidencia del organismo en momentos cuando éste se aprestaba a cambiar su Directorio de cinco miembros y el resto de su Consejo. Entre los acicates de esa intención fue el más importante una entrevista solicitada por Marcel Roche, el hombre-ciencia del país que fundara el CONICIT. El Dr. Roche pidió hablarme para decir: “Luis Enrique: toda la comunidad científica sabe quién ha sido en los últimos dos años el verdadero Presidente de este organismo; todo el mundo sabe que ése eres tú”. Recuerdo mi azoro y mi gratitud por el reconocimiento a que hubiera podido “cambiar hacia lo positivo un dañado clima organizacional, inspirar y conducir un ambicioso plan operativo, y completar casi el 100% de sus metas físicas en el 80% del tiempo y con un consumo de 70% de los recursos presupuestados”. (Cuestionario prerrevocatorio). Villegas no hizo caso y optó por seleccionar para la Presidencia a Ernesto Palacios Pru; como él mismo, miembro del Opus Dei.

Cuando aún no me había ido, llamó a mi casa Wolf Petzall, antiguo, dulce y entrañable amigo a quien debo cosas que todavía no he pagado. Me dijo de una vez: “Por fin tendremos plata para un think tank. El Directorio de PDVSA aprobó en diciembre la creación de la Unidad de Estudios Especiales que responderá directamente a la Presidencia. Tú eres quien más sabe de think tanks en el país, y creo que estás mandado a hacer para montarla y dirigirla. Ven a conversar conmigo”. Nada podía alegrar más mi inminente desempleo.

Petzall me reunió con Alirio Parra, el director de enlace con la nueva unidad, quien me invitó a cenar con mi señora en compañía de la suya. Ya Wolf le había mostrado unas primeras notas mías sobre su composición y se mostró encantado. Cumplidas las formalidades burocráticas, empecé a trabajar en la holding petrolera con el encargo de establecerla y conducirla.

Poco después llegó, procedente de Viena, el exembajador de Venezuela ante la Organización de Países Exportadores de Petróleo, Félix Rossi Guerrero. Me enteré de que él sería en verdad el director de la unidad cuando me encontró en mi oficina y preguntó ¡qué hacía yo en su escritorio! Mi queja ante Petzall no dio resultados; me explicó que Rossi era amigo de Parra y que la dirección de enlace—y la de la Unidad de Asuntos Internacionales (para la que también presenté un diseño el 4 de mayo de 1983)—se le había conferido a este último como un caramelito de consuelo. (Parra había sido hasta hacía poco el Director de Enlace de la poderosa Coordinación de Comercio y Suministro de PDVSA; se le había quitado esa función al conocerse manejos dudosos de su hermano en negociaciones de petróleo venezolano desde Londres para su propio lucro). Petzall razonó que, por su carrera diplomática, Rossi asumiría seguramente la jefatura de la Unidad de Asuntos Internacionales, aún inexistente, y yo volvería a dirigir la de Estudios Especiales.

Absorbí la nueva situación hasta que Rossi se dedicó a encerrarse en su oficina con su secretaria, una dama especialmente agraciada, con el pretexto de que tenía que ver el Campeonato Mundial de Fútbol de ese año. (España: 13 de junio a 11 de julio de 1982). Me quejé con Petzall, mi padrino, porque mi actividad había sido reducida a redactar “una paginita” al mes, mientras ganaba una importante remuneración. (Nuestra industria petrolera clasificaba a su personal en grupos, siendo el más alto el del Directorio de la empresa, el 31; a mí me habían clasificado en el 29, justo por debajo de los coordinadores funcionales, y percibía un atractivo sueldo mensual). Me sentí mal de ganar tanto por tan poco trabajo. Wolf volvió a tranquilizarme; me aseguró que la situación era temporal y me aconsejó: “Entretanto, hazte útil al General. El 27 de agosto será la Asamblea Anual de PDVSA. Escríbele el discurso“. Eso hice; a partir de allí el general Alfonzo quiso conversar conmigo prácticamente todos los días.

Aproveché de solicitar su permiso para visitar al Ministro de Hacienda, Luis Ugueto Arismendi. Corría el rumor de que Leopoldo Díaz Bruzual, quien presidía con rango de Ministro el Fondo de Inversiones de Venezuela, maniobraba para que las divisas internacionales de PDVSA, hasta los momentos bajo control de la empresa, fuesen entregadas a la discreción del Banco Central de Venezuela, que él presidiría después. Yo creía que podría transmitir criterios sobre el delicado asunto a Ugueto; a regañadientes, Alfonzo me dio su autorización.

A las 6 de la tarde del 19 de agosto de 1982, visité al Ministro de Hacienda en su despacho del Centro Simón Bolívar. De entrada le espeté: “Luis, estoy viendo disparidad de opiniones en el Gabinete Económico; tú dices una cosa, Maritza Izaguirre dice otra, Calderón Berti otra más y el ‘Búfalo’—Díaz Bruzual—otra distinta. No creo que eso convenga al país”. Ugueto reaccionó de inmediato, muy molesto: “¡Eso no es verdad! ¡El gabinete económico es un solo hombre!” (¿Él?) “¡Lo que pasa es que el presidente Herrera quiere una segunda voz en materia económica, y ésa es Díaz Bruzual!” De seguidas, introdujo él mismo el tema de las divisas de PDVSA: “Yo no estoy de acuerdo con transferir las divisas al Banco Central, aunque eso sea la ley. Usualmente, los abogados no conocen de realidades económicas”. Me despedía de él con la invaluable información de que PDVSA contaba con Ugueto como aliado.

Rafael Alfonzo Ravard

Regresé a PDVSA, donde el general Alfonzo me esperaba; entré en su despacho a las 7:20 de la noche. Estaba de pie tras su escritorio; conmigo prefería hablar así—él de pie, yo sentado—, creo que por nuestras respectivas estaturas. Le conté la conversación y le dije: “General, lo que me ha dicho el ministro Ugueto es señal de que podemos establecer una entente cordiale con el gabinete económico. Mi consejo es que procure aliviar el problema de caja del Gobierno; decrete dividendos extraordinarios que le alleguen dinero fresco, pero no permita que le cambien las reglas de juego y se lleven las divisas de la empresa al BCV”.

No pude dar crédito a mis oídos con la instantánea respuesta de Alfonzo: “Luis Ugueto no sabe nada de economía; Maritza Izaguirre es una come concha; Calderón Berti lo que quiere es serrucharme el puesto. ¡Yo no voy a a acordarme en nada con el gabinete económico!” Ocho días después decía, en la séptima asamblea de PDVSA, que “habría que apartar una cuota de 100.000 barriles diarios de petróleo durante diez años para pagar la deuda. Entre los asistentes al evento se encontraba el presidente Luis Herrera Campíns, a quien no le gustó nada tal declaración. El discurso sirvió asimismo para que el Contralor General de la República, Manuel Rafael Rivero, quien hasta los momentos no se había manifestado al respecto, ofreciera a la prensa solemnes y preocupadas declaraciones sobre la deuda de la Nación. El presidente Herrera declaró que estas manifestaciones de altos funcionarios públicos no eran convenientes. Pocos días después se produjo su decisión, en contra de la mayoría del gabinete económico, de centralizar todas las divisas del sector público en el Banco Central de Venezuela, incluyendo, muy especialmente, las de la industria petrolera”. (Cuando PDVSA era una empresa).

Al día siguiente, 20 de agosto, me recibiría Rafael Caldera en la sede del partido COPEI. Me había dicho que quería hablar conmigo de think tanks porque yo sabía “mucho de eso”. Al inicio de la conversación indicó: “Yo creo que los think tanks pueden ser muy útiles para generar ideas. Por ejemplo, el hueco de la esquina de Pajaritos está así desde mi gobierno. Un think tank podría decir qué se debe hacer allí; un estacionamiento pigeon hole, por ejemplo”. Mi visita sirvió fundamentalmente para saber que Caldera no tenía idea de la cosa y que tampoco, por cierto, estaba muy informado de los problemas económicos del gobierno de Herrera.

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Desanimado de lo que se exigía de mí en PDVSA, comencé a pensar que tal vez podía mudarme a alguna de sus subsidiarias: Lagovén, Maravén, Corpovén, Menevén. Arrancando 1983, fui a hablar primero con Frank Alcock, antiguo amigo y Presidente de Corpovén (empresa que convenientemente compartía con PDVSA la torre de oficinas de La Campiña), acerca de mi incomodidad. Al rompe me dijo: “Acá no tengo puesto para ti, pero ¿qué es lo que quieres? ¿No quieres comer m… del General y la vas a comer de Quirós Corradi en Lagovén?” Luego de la implícita recomendación, fui a hablar con Renato Urdaneta, el Presidente de Menevén. Éste respondió pocos días después con la oferta de un interesante trabajo desde el que supervisaría cuatro unidades funcionales, incluyendo la Secretaría de la Junta Directiva. Acepté en principio, pero el general Alfonzo impidió mi traslado. Él quería que trabajara con él hasta al menos el mes de septiembre, pero me permitió hablar a la junta que Urdaneta presidía sobre un verdadero think tank para la industria.

Un think tank es un instituto de investigación con un número considerable de al menos, quizá, treinta investigadores que suelen trabajar, en grupos multidisciplinarios y especializados, en la formulación de políticas, en proyectos dirigidos sobre todo a procesos sociales amplios y de largo alcance o carácter estratégico, que examinan sus creaciones y recomendaciones con la mayor rigurosidad científica. Un think tank ha sido establecido porque se cree en la utilidad de un servicio de esa clase (pública o privadamente, pública o secretamente) y por tanto se le dota adecuadamente, hasta generosamente, de recursos (bibliotecas, salones, oficinas, computadoras, correo electrónico y “navegación” en Internet, asistencia en búsqueda y apoyo administrativo). Un think tank, para que sea verdaderamente tal, debe tener garantizada la libertad de pensar y expresar lo que piensa, debe gozar de un derecho equivalente a la libertad de cátedra, de un derecho a la investigación. (De héroes y de sabios, 17 de junio de 1998).

RAND, que visité en 1977

Llevé a Menevén el modelo del más grande think tank del planeta, la Corporación RAND, cuyos proyectos se agrupaban en tres programas: el original programa de investigación para la Fuerza Aérea de los EEUU (Project RAND), el más general para su Departamento (ministerio) de Defensa y el Programa Doméstico que acometía problemas de la más variada índole, como el diseño de políticas de manejo de ciudades, policiales o antiterroristas, por ejemplo. Así, argumenté que un núcleo del think tank que me parecía factible debía dedicarse al desarrollo de nuestra política petrolera nacional, otro a la más amplia política energética y, finalmente, un “programa doméstico” en el que cupieran, por caso, proyectos educativos o sociales. Llegué al salón de juntas con suficiente antelación para preparar el recinto, y me enfrenté al rotafolio en busca de una página libre:

…hace unos años ya en una de las operadoras de PDVSA, nuestro dechado de virtudes gerenciales, un conferencista buscaba una página en blanco en el rotafolio de la junta directiva a la que hablaría en unos instantes. En ese proceso se topó con una página en cuyo centro estaba escrito lo siguiente: “A la industria petrolera no le conviene tener demasiada gente inteligente”. (De héroes y de sabios).

Mi visión de entonces no tuvo acogida. Petzall me llamó poco después para comunicarme que Humberto Calderón Berti, el Ministro de Energía y Minas, quería confiarme una misión; si decidía aceptar, se me mantendría en nómina de PDVSA con todas mis prebendas mientras durase la “comisión de servicio”. Acepté sólo la invitación de Calderón Berti a almorzar en su despacho, donde me comunicó que él quería que lo ayudara dirigiendo una fundación que pensaba establecer, para lo que debía yo viajar a alguna isla italiana (no recuerdo cuál) para asistir a un simposio, y también que él quería ser el próximo Presidente de PDVSA. Mi reacción consistió en mostrarme confundido: “Tú, Humberto, eres el jefe del Presidente de PDVSA, ¿y me dices ahora que quieres ser subalterno del cargo que ahora ocupas?” Calderón Berti respondió sin pensarlo mucho: “Sí, pero es que allí es donde está el poder”. Lo que en verdad quería, como igualmente el general Alfonzo, era ser Presidente de la República de Venezuela.

Decidí no aceptar.

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Todavía intenté ser útil a PDVSA y su Presidente. En enero de 1983, supe que por primera vez en su historia se proyectaba para fin de año un déficit de caja de la empresa; los precios del petróleo continuaban en depresión y ya no se contaba con las divisas internacionales, sustraídas a PDVSA mientras Alfonzo estaba de viaje. Obtuve un nuevo permiso del general Alfonzo, esta vez para hablar con banqueros locales que fácilmente podían resolver el problema; a regañadientes de nuevo—Alfonzo se codeaba con el Morgan y el Sumitomo; es decir, con grandes ligas, no con “pulperías” como el Banco Mercantil o el Provincial—, me permitió conversar con cinco banqueros que Iván Lansberg Henríquez reunió a almorzar en su oficina de la Torre La Previsora para que me oyeran: José María Nogueroles (Provincial), Gustavo Antonio Marturet (Mercantil), Iván Senior (Unión), Andrés Velutini (Caracas) y Alfredo Laffé (La Guaira). Como había previsto, con la mayor celeridad los cinco se mostraron en total disposición de cubrir el déficit. Me quedaba tiempo, y se me ocurrió solicitarles que me complacieran consintiendo participar en un ejercicio:

El ejercicio consistió en leer las palabras textuales de un fragmento de discurso, y pedirles que intentaran identificar a quien las había dicho. Las palabras mismas se referían a un país y a sus hábitos económicos. El orador fustigaba a los oyentes y decía que en su país la gente se había endeudado más allá de sus posibilidades, que quería vivir “cada vez mejor y mejor trabajando cada vez menos y menos”. Al cabo de la lectura los banqueros comenzaron a asomar candidatos: “¡Úslar Pietri! ¡Pérez Alfonzo! ¡Jorge Olavarría! ¡Gonzalo Barrios!” No fue poca su sorpresa cuando se les informó que las palabras leídas habían sido tomadas del discurso de toma de posesión de Helmut Kohl como Primer Ministro de la República Federal Alemana en octubre de 1982. El ejemplo sirvió para demostrar cuán propensos somos a la subestimación de nosotros mismos. Si se estaba hablando mal de algún país la cosa tenía que ser con nosotros. Al oír el trozo escogido los destacados banqueros habían optado por generar sólo nombres de venezolanos ilustres, suponiendo automáticamente que el discurso había sido dirigido a los venezolanos para reconvenirles. A partir de ese punto la reunión con los banqueros tomó un camino diferente. De hecho, uno de los banqueros presentes acababa de regresar de Inglaterra—se estaba, como quedó dicho, a inicios de 1983, cuando ya había emergido el problema de la deuda pública externa venezolana tras los casos de México y Polonia—y contó una conversación con importantes banqueros ingleses que mucho le había sorprendido. En esa conversación, nuestro banquero, quien hacía no mucho había sido Presidente del Banco Central de Venezuela, preguntó a sus colegas ingleses si albergaban preocupación por la deuda externa de los países en desarrollo. A lo que los financistas británicos contestaron: “Bueno, ciertamente que sí, pero ¡la que no nos deja dormir es la deuda de los Estados Unidos de Norteamérica!” (Este piazo’e pueblo, 27 de julio de 2006).

Bueno, el 18 del siguiente mes cayó en viernes y fue de color negro. La última cosa que recomendé a Alfonzo (a fines del año anterior) fue que aprovechara su relación con bancos japoneses, para obtener lo que Luis Ugueto Arismendi no pudo lograr: el refinanciamiento. En esta ocasión pareció acoger la sugerencia, pero me fui de PDVSA antes de saber si intentó llevarla a la práctica. Pocos días después renuncié a mi posición en busca de libertad, la que siempre he tenido por más valiosa que la seguridad. LEA

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Justo entre los justos

 

Conmemoración de un ídolo en Centroamérica

 

Arístides fue un estadista ateniense del siglo V a. C. que vivió entre el año 530 a. C. y el 468 a. C., arconte y estratego durante las Guerras Médicas. Obtuvo el sobrenombre de “el Justo”. El antiguo historiador Heródoto, lo citó como «el mejor y más honorable hombre de Atenas», y un tratamiento parecido le dispensó el filósofo Platón en sus escritos.

Wikipedia en Español

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Este año se conmemora el centenario del nacimiento de Arístides Calvani, figura gigantesca, legendaria, benéfica. Hay ya una buena cantidad de artículos sobre su significación y legado. Acá me ocuparé de agrupar recuerdos de nuestra interacción personal, siempre estimulante para mí.

Estuve ante él por primera vez en junio de 1958; Pérez Jiménez había caído y los estudiantes universitarios tendían a verse como héroes de la resistencia final, que comenzara con la carta pastoral de Mons. Rafael Arias Blanco, XI Arzobispo de Caracas, del 1º de mayo de 1957. (Ese documento ejerció un impacto considerable, siendo seguido por comunicados de prensa crecientemente críticos; éstos incluyeron los de profesores de la Universidad Central de Venezuela y su Federación de Centros Universitarios). A mediados de 1958, los estudiantes mayores de bachillerato ya reivindicábamos parte de la gloria, y se formó el Frente Estudiantil, una suerte de federación de centros de estudiantes de secundaria que iba a reunirse en los auditorios del Liceo Andrés Bello o el Instituto Pedagógico Nacional. En el auditorio del Colegio San Ignacio de La Castellana, Jenaro Aguirre S. J., quien presidía la Asociación Venezolana de Educación Católica, y el ya para entonces mítico Arístides Calvani hablaron a más de un centenar de prebachilleres de colegios católicos, y allá fui en representación del Colegio La Salle de La Colina. Mi recuerdo es muy vago: sólo registro que Calvani me impresionó fuertemente, que me pareció harto más interesante que Aguirre, que conocí en ese acto a Eduardo Fernández y Guillermo Betancourt, loyoleros y copeyanos, y que comencé amistad con ellos.

Mi posterior acercamiento a COPEI resultaba natural:

Por accidente biográfico había sido un insólito copeyano, pues mis padres me inscribieron en el colegio de La Salle en La Colina cuando tenía seis años de edad. Allí estudié hasta egresar como bachiller en 1959. Es así como a los quince años cobro conciencia política con el derrocamiento de Pérez Jiménez, mientras me encuentro en un ambiente naturalmente inclinado a adoptar la perspectiva socialcristiana. Siendo yo un “extremista del centro”, como años más tarde trataba de explicar a compañeros de universidad, la equidistancia copeyana del liberalismo y del marxismo convenía a mi temperamento. Así, pues, desde 1958 había tenido una episódica y semiclandestina simpatía o militancia verde. Para 1983 no me había separado del Partido Socialcristiano COPEI. (Krisis: Memorias Prematuras).

Y estando en COPEI o en sus cercanías—mi infancia y primera juventud transcurrieron en Las Delicias de Sabana Grande, a cuadra y media de Puntofijo, la casa de Rafael Caldera, con cuyos hijos mayores hice amistad—, resultaba imposible no oír frecuentemente el nombre de Arístides Calvani, tenido por una de las figuras más influyentes del socialcristianismo venezolano y continental. A cada rato se le nombraba.

……..

De regreso de Mérida, donde estudié los primeros tres años de Medicina entre 1959 y 1962, participé en el Movimiento Universitario Católico de la Universidad Central de Venezuela, donde cursé el primer año de Estudios Internacionales. Para alejarme de la política (?) y tratar de completar alguna carrera, me inscribí en Sociología, la principal especialidad de la Escuela de Ciencias Sociales que fundara Calvani en lo que yo suponía era el tranquilo monasterio de la Universidad Católica Andrés Bello. El Dr. Calvani, Director de la escuela, conducía el Seminario en días sábados para los alumnos de primer año; no pasó mucho tiempo sin que debiéramos acostumbrarnos a sus frecuentes regaños: “Ustedes no han tenido infancia. Ustedes no leen. Debieran leer a Blas Pascal”, mientras nos machacaba la máxima “El corazón tiene razones que la razón ignora”. Calvani iniciaba sus clases con una rutina invariable; colocaba un crucifijo que sacaba de un bolsillo sobre el escritorio del profesor y se santiguaba antes de iniciar su clase.

El 3 de diciembre de ese mismo año, lo escuché en el Hotel Tamanaco, donde presentó a la audiencia de la Asamblea Plenaria del Seminario Internacional de Ejecutivos el Instituto para el Desarrollo Económico y Social que había fundado y presidía. (Se supuso que el IDES funcionaría como el “Cordiplán” del Dividendo Voluntario para la Comunidad, la organización ideada por Eugenio Mendoza Goiticoa para consolidar y concentrar recursos de las empresas afiliadas para iniciativas de acción social). Pero es que Calvani ya había fundado para entonces el Movimiento Familiar Cristiano, el Instituto de Estudios Sindicales, el Instituto de Formación Demócrata Cristiana (IFEDEC) que ahora lleva su nombre y organiza el homenaje centenario, la Escuela de Ciencias Sociales ya mencionada, amén de fungir como Consultor Jurídico de COPEI (partido en el que no estaba inscrito) y desempeñarse como Diputado al Congreso de la República por el Estado Táchira (antes, en 1947, lo fue por el Distrito Federal, y más tarde—1979-83—Senador por el Estado Sucre); su firma calza al pie de la Constitución de 1961. (Seguramente se me olvida alguna otra ocupación de este hombre increíble). Por aquella época, me reclutó junto con Alejandro Suels para que hiciéramos análisis de contenido en publicaciones venezolanas, en búsqueda seudo kremlinológica de señales de actividad marxista preocupante, lo que dio lugar a una publicación periódica—al estilo de la revista Este-Oeste—cuyo consejo editorial se reunió por un tiempo en el apartamento de Pierre Paneyko, el fundador de la Librería Médica París. De esas reuniones recuerdo, además de Calvani y Pierre y María (su esposa), a Pedro Pablo Aguilar y Justino De Azcárate.

Una colección de sabios

En julio de 1964 (13 al 17), el IDES celebró en el auditorio del Colegio de Ingenieros de Venezuela el simposio Desarrollo y Promoción del Hombre, al que Calvani y el Vicepresidente del instituto, José Rafael Revenga, así como el jefe de este último en la Fundación Creole, Alfredo Anzola Montaubán, lograron traer un insólito consorcio de gigantes del desarrollo, incluyendo a los padres Louis Joseph Lebret y Jean Yves Calvez, Alfred Sauvy (el papa de la Demografía), Kenneth Boulding y Jorge Ahumada. La conferencia final del evento, del que no me perdí ninguna de sus sesiones, estuvo a cargo de Calvani: Instauración de las estructuras políticas más favorables al desarrollo del país, donde por ejemplo expuso:

Cuando contemplamos la multitud de cambios tecnológicos y la transformación de toda la instrumentación con la cual se construye el mundo de hoy; y cuando pensamos que, entretanto, las estructuras políticas de las democracias permanecen fundamentalmene sin modificación, nos tenemos que preguntar si esas estructuras políticas incambiadas pueden adaptarse a un proceso de desarrollo. (…) A quien lo quiera comprobar históricamente le bastará leer las primeras constituciones venezolanas y examinar las atribuciones presidenciales. Verá cómo, sustancialmente, salvo algunos pequeños cambios—que no funcionan por cierto—se encuentra uno, hoy, dentro de las estructuras políticas fundamentales de 1830.

Eso, dicho hace casi cincuenta y cuatro años. Al año siguiente, se me encargó la edición del libro que recogió las conferencias del simposio, y en 1966 ingresé a la plantilla del IDES, del que llegué poco después a ser Director.

………

De Arístides Calvani siempre recibí luces y bondad; era difícil no venerarlo. También recibí su confianza, de la que me enorgullezco. En 1964, mientras cursaba el segundo año de Sociología en la UCAB de la esquina de Jesuitas, sentado en un pupitre que compartía con Luis Ugalde S. J., Calvani nos encargó a ambos tomar las clases de Historia de las Instituciones mientras durase la convalecencia del profesor, Juan Carlos Rey. (Dimos clases a nuestros compañeros durante más de un mes).

Siempre conté con su consejo, práctico y experimentado. En unas pocas ocasiones compartimos tribuna, como en el ciclo de conferencias sobre Seguridad, Defensa y Democracia que organizaran Luis Castro Leiva y Aníbal Romero para la Universidad Simón Bolívar en 1980. Pero, sobre todo, recibí del irrepetible Dr. Calvani enseñanzas; era un educador nato, y son innumerables quienes pueden reconocer precisamente eso.

Arístides Calvani Silva, venezolano, nació en Puerto España, Trinidad, el 19 de enero de 1918. Su padre, Luis Francisco Calvani Grisanti, era a la sazón Cónsul General de Venezuela en esa isla que una vez fue nuestra, y allí fungió como padrino de bautizo del mío, Pedro Enrique Alcalá Reverón, pues mi abuelo, Pedro José Alcalá Lozano, era gerente de la Compañía Anónima Venezolana de Navegación allí mismo. No supe de esa relación cuasi familiar hasta después de muertos ambos. El Dr. Calvani fue a morir en compañía de su esposa, Doña Adela Abbo Fontana, y dos de sus hijas, a Guatemala, en la Centroamérica que fue motivo de sus desvelos y su crucial ayuda. Aún recuerdo la puntada de dolor que sentí en el alma al conocer la noticia. LEA

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Nuestro insólito Rafael Sylva

 

Rafael Sylva Moreno, pintor del desnudo a sus espaldas

 

A Oscar de Jesús, estos recuerdos agradecidos

 

Mi insuperable amistad de infancia y adolescencia con Oscar Álvarez Sylva me condujo a las puertas de su tío Rafael, fallecido el 16 de este mes de enero: los hermanos Sylva Moreno—Dolores Margarita (Loló), Mercedes Helena y Rafael—vivían en casas contiguas de la calle Las Trinitarias en La Campiña de Caracas. A pesar de que algo de sangre Calcaño corre por mis venas y de que mi abuela materna, Mary Chenel-Calcaño de Corothie, era una consumada pianista y la había oído interpretando muchas piezas, no fue sino hasta mis doce años de edad cuando descubrí, de un golpe para el que estaba impreparado, la música sinfónica que desde entonces me llena. El padre de mi compinche, el dulce Oscar Álvarez De Lemos, se preciaba de escuchar música con los mejores equipos de la época: un tocadiscos Garrard y un amplificador McIntosh. (Nada que ver con los computadores de Apple). Una noche que no olvidaré puso a sonar la Obertura-Fantasía Romeo y Julieta de Pyotr Illich Tchaikovsky, una pieza que me poseyó entonces por completo. En mis próximas visitas rogaba a Don Oscar que la repitiera, y poco después consintió en prestarme el disco (Columbia CL-747, con la orquesta de André Kostelanetz) que secuestré en mi casa durante un mes para oírlo incesantemente y torturar a mi familia. Supe que había llegado a un mundo que no dejaría de explorar—We shall not cease from exploration*—y ahorré para comprar mi propia copia, luego la Sexta Sinfonía (Patética) de Tchaikovsky (Erich Kleiber, Orquesta del Conservatorio de París, en una grabación de London Records) y después el Segundo Concierto para Piano y Orquesta de Sergei Rachmaninoff (Eugene Istomin, Eugene Ormandy, Orquesta de Filadelfia, Columbia Records). Esos tres discos fueron mi colección completa por casi un año, pues cada uno costaba Bs. 18 ¡o 20! y mi mesada semanal era de Bs. 10.

El McIntosh de Oscar y Rafael (sin transistores)

Entra en escena Rafael Sylva o, mejor, yo entré en su casa a escuchar música casi todas las tardes de la semana de trabajo. Rafael vivía al lado de los Oscares, en la quinta Santa Helena al centro del terreno común, con su esposa e hijos y su madre, Doña Helena Moreno de Sylva. A eso de las seis de la tarde llegaba de su labor en la agencia publicitaria McCann Erickson, donde fungía como Director de Radio y Televisión, y yo lo esperaba fielmente en la casa contigua de su sobrino, mi amigo, a quien fui progresivamente sustituyendo por el tío. La razón era muy simple: Rafael llegaba invariablemente al descanso de su casa a oír música sinfónica a todo volumen, y su colección discográfica era mucho más abundante que la de su cuñado; él sabía de eso. Además, tenía un equipo de sonido impresionante; también amplificaba con McIntosh y tocaba discos en Garrard, pero la música salía por dos enormes altavoces paralelos, cuando aún faltaba bastante para que nos llegara la estereofonía. Por lo demás, la cultura sinfónica de Rafael Sylva era descomunal, y no sólo de las obras sino también de su discografía. Aprendí de él el placer de escuchar bellezas sonoras en compañía y comparar distintas versiones de una misma pieza, a cotejar ejecutantes diversos en la ejecución de conjunto y, con más detalle, en pasajes específicos. Él era un verdadero connaisseur, un gourmet de la música.

Fue Rafael mi maestro de música, quien descubriera para mí muchas de las maravillas que ahora aprecio; tuve esa inmensa suerte. De temperamento fogoso, él no opinaba prudentemente sino con vehemencia; sus dictámenes musicales eran dogmas de fe, enunciados con seguridad inexpugnable. Así, por ejemplo, nadie habría interpretado de Rachmaninoff la Rapsodia sobre un tema de Paganini con tal fiereza—sustantivo escogido por Rafael—como William Kappell, especialmente su endiablada—él eligió el adjetivo—Variación 19. Acá pongo la pieza completa con ese ejecutante que admiró tanto, acompañado por la Orquesta Robin Hood Dell que dirigió el enorme Fritz Reiner, en interpretación que escuchamos juntos muchas veces:

Rapsodia

Debo a Rafael mi conocimiento de la música de Gustav Mahler, un compositor que le apasionaba. Con su talento para la degustación de la música a pedacitos, me hizo escuchar innumerables veces el pasaje que pongo a continuación, advirtiéndome que se trataba de un terremoto. Ocurre hacia el medio del primer movimiento de la Segunda Sinfonía en Do menor (Resurrección), y aseguraba Rafael que nadie como Leonard Bernstein (con la Filarmónica de Nueva York) lograba la explosión orquestal que tanto apreciara (al minuto y 23 segundos del audio de abajo):

Resurrección

La mayoría de quienes saben de Rafael lo conoce como el inventor de Nuestro Insólito Universo, el extraordinario programa radial iniciado en 1969; no muchos saben de dónde viene su tema musical. Es una composición del británico Ron Goodwin en el disco Music in orbit, y su nombre es The Milky Way. Helo aquí:

La Vía Láctea

Ya había dicho en Música hertziana (18 de noviembre de 2012):

Era mi amigo de infancia, estrecho compinche de barajitas y partidas de béisbol, aviones de plástico y planes de hacer cine, Oscar Álvarez Sylva. Su padre, Oscar Álvarez De Lemos, era ingeniero técnico del Grupo 1BC, y en su casa de La Campiña conocí a Félix Cardona Moreno—Pancho Tiznados y de El Baúl—, Cecilia Martínez y Charles Barry, figuras de RCR y la incipiente RCTV. El cuñado del Sr. Álvarez, hombre bondadoso y de eterno buen humor, era Rafael Sylva Moreno, pintor, publicista y director y productor de programas de televisión. Dirigió, por ejemplo, Kit Carson, héroe y cowboy cuyas aventuras transmitía RCTV con producción de McCann-Erickson (La verdad bien dicha). Era este Sylva el mismo del insólito Nuestro Insólito Universo. La cultura sinfónica de Rafael es asombrosa, y con frecuencia determinaba la musicalización de los programas. Así, escogió Fêtes—aquí por Pierre Boulez y la Orquesta de Cleveland—, uno de los Nocturnos orquestales de Claude Debussy (1862-1918), para la presentación de Kit Carson, cuyo anfitrión era Guillermo Rodríguez Blanco (el charnequeño Julián Pacheco).

Voy a ponerlo de nuevo, en recuerdo de mi amigo y mentor musical Rafael Sylva, hombre de fino espíritu y cultura extensa, de gran inteligencia:

 Fêtes

Arriba dije que Rafael era pintor; lo fue con formación académica, y sólo queda lamentar que no dejara obra numerosa en esa parcela de su territorio estético. Pintaba, creo, en alusiva admiración del estilo de Egon Schiele, el gran austriaco de la Secesión Vienesa. (Ver acá Eros y Euterpe). Del pincel de mi amigo sólo recuerdo un poderoso desnudo femenino y un magnífico autorretrato, del que lamentablemente no he podido conseguir sino esta fotografía que lo muestra parcialmente y en blanco y negro:

El artista ante su autorretrato

 

Otra herencia recibida de Rafael, otro de sus dogmas, es el aprecio insuperado por la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam; con él aprendí a apreciar su precisión interpretativa, sedosa y opulenta—adjetivo favorito de Rafael—, bastante antes de que la revista británica Grammophone la ubicara en 2008 como la mejor orquesta del mundo. Para decirle adiós apaciblemente, no consigo nada mejor que traer a ésa, su orquesta predilecta, en el Adagietto de la Quinta Sinfonía de Mahler, dirigido por Bernard Haitink. (Como se sabe, ese tema musicalizó Muerte en Venecia, la película de Luchino Visconti, y Venezuela es la Pequeña Venecia que lo despide grandemente entristecida).

 Adagietto

Gracias, Rafael. No te olvides de resucitar. LEA

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We shall not cease from exploration/ And the end of all our exploring/ Will be to arrive where we started/ And know the place for the first time. T. S. Eliot, Little Gidding

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El paradigma jurídico-militar

 

Una obra fundamental del siglo XX

 

A mediados de la década de los sesenta, estimulado por una incesante alimentación intelectual provista por José Rafael Revenga—mi profesor de Filosofía Política y Social en la Universidad Católica Andrés Bello—, inicié mi inmersión en temas de lógica y filosofía de la ciencia. Poco después, el Arq. Hugo Manzanilla Guerra me prestó Criticism and the Growth of Knowledge, la colección de conferencias y debates del Coloquio Internacional sobre Filosofía de la Ciencia celebrado en Londres en 1965. Las estrellas de ese simposio eran Thomas Kuhn, cuyas tesis sirvieron como centro de las deliberaciones, y la patriarcal figura de Karl Popper, quien había publicado La lógica de la investigación científica en 1934. El debate de estos dos gigantes me pareció fascinante, y pronto me hice de sendos ejemplares del libro de Popper y la seminal obra de Kuhn: La estructura de las revoluciones científicas, de la que ya tuve noticia en julio de 1972, cuando me cupo la fortuna de asistir al Taller de Análisis de Políticas para Tomadores de Decisiones de Alto Nivel, que condujera el profesor Yehezkel Dror durante su primera visita al país, en un aula de seminario del recién estrenado edificio del IESA (Instituto de Estudios Superiores de Administración); el profesor Dror tomó un tiempo para aplicar los conceptos básicos de Kuhn ¡al proceso de toma de decisiones!

En su obra central, La estructura de las revoluciones científicas, Kuhn introduce el concepto de paradigma para referirse al conjunto de nociones básicas y fundamentales—casi los axiomas—de una determinada disciplina. Popper enfatizaba como característico de la actividad científica una incesante crítica de las teorías; Kuhn sostiene que la “ciencia normal” hace todo lo contrario: intenta proteger al paradigma dentro del que se opera cuandoquiera que un evento empírico parece contradecir la teoría. De este modo la ciencia, normalmente, sería conservadora, y la actividad típica del científico sería la de resolver acertijos—puzzle solving—que hagan congruente la teoría con los datos aportados por la observación. (…) Ahora bien, de cuando en cuando ciertos acertijos permanecen irresueltos. Cuandoquiera que la acumulación de acertijos sin resolver es demasiado grande, o cuando éstos parecen ser fundamentales, el paradigma entra en crisis. El trabajo de los científicos va produciendo los postulados teóricos que darán paso a la formulación de un nuevo paradigma que absorba los acertijos irresueltos y se produce una revolución teórica, una revolución paradigmática. (Un tratamiento al problema de la calidad en la educación superior no vocacional en Venezuela, diciembre 1990).

En el simposio de Londres participó Margaret Masterman con una presentación sobre La naturaleza de un paradigma, conferencia en la que mostró cómo el propio Kuhn empleaba el término en no menos de veintiún sentidos diferentes. (Ver unos cuantos en Wikipedia en Español: Paradigma según Thomas S. Kuhn). Pero la idea fundamental es que un paradigma provee un marco mental dentro del cual puede pensarse la realidad, y entonces el concepto puede ser trasvasado con utilidad a actividades humanas distintas de la ciencia.

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Fue en 1980 cuando, luego de once años de trabajo en un grupo industrial, me encargaba de la Secretaría Ejecutiva del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT). Allí hubo oportunidad, en alguna reunión con los directores y jefes de unidades de la organización que me estaban subordinados, de declarar que en Venezuela predominaba un paradigma jurídico-militar, tan conservador como la “ciencia normal” de Kuhn. Postulé, entonces, que el trámite de los asuntos públicos en nuestra sociedad se entendía como un problema predominantemente jurídico o como algo que debe ser dirimido o controlado por la fuerza de las armas. (Marcel Antonorsi e Ignacio Ávalos, que habían escrito a cuatro manos La planificación ilusoria, una crítica del Primer Plan Nacional de Ciencia y Tecnología de 1975, empleaban asimismo el concepto kuhniano). Poco después tendría una confirmación de la primera mitad de mi tesis.

El docto jurista

En mayo de 1982 se reunía una vez más el Grupo Santa Lucía en Puerto Rico. Éste era un corte transversal de élites venezolanas—empresariales, académicas, políticas, militares—ensamblado en 1977 para discutir, en condiciones óptimas para la reflexión crítica, acerca de los más importantes problemas nacionales. Allan Randolph Brewer Carías y el suscrito teníamos tiempo fastidiando al grupo con una prédica común: que debía discutirse el tema de la reforma de la administración pública venezolana, la que reiteramos en Puerto Rico. Esa vez la mesa de la reunión reaccionó con hartazgo: “¡Caray ¡Reúnanse Randy y Luis Enrique y tráigannos una proposición concreta al respecto!”

Unos dos meses después nos citamos Randy y yo en la Casa de Italia, para almorzar un risotto estupendo y comparar notas a partir de las que pudiéramos cumplir lo que se nos había encargado. Inicié el trabajo exponiendo:

Creo ver en el país de la democracia dos escuelas en materia de reforma de la administración pública. Una es la de la Comisión de Administración Pública creada por Rómulo Betancourt, cuya dirección confiara al economista Héctor Atilio Pujol. Ésa fue una oficina que se aproximó al problema desde el punto de vista de sistemas y procedimientos; armada de los consabidos diagramas de flujo, resolvía los casos de insuficiencia que identificara con algún nuevo procedimiento representado en una flecha o cajita. “¿Hay muchas colas en esta oficina de cedulación? ¿Cuántas taquillas hay? ¿Cuatro? Pongamos ocho”. O tal vez: “¿Están desapareciendo fondos? ¿Cuántas copias hacen de las requisiciones? ¿Original y duplicado nada más? Hágase cinco: original, duplicado, copia amarilla, copia rosada, copia azul… y fírmeselas todas”. El problema con este enfoque de abajo hacia arriba es que la velocidad de complicación del aparato público es superior a la de una oficina de sistemas y procedimientos.

Uno de los “compendios” de Randy (clic amplía)

Luego vino Caldera en 1969. Caldera es un abogado latino, deductivista, socialcristiano, que cree que para cambiar una rueda desinflada hay que remontarse a Santo Tomás de Aquino y las fuentes del Derecho Natural para ir descendiendo por la Constitución, las leyes orgánicas, las leyes ordinarias, los reglamentos… hasta que ¡por fin! se llega al gato, la llave de cruz y el neumático de repuesto. Este presidente, entonces, te nombra a ti, abogado latino de obra extensa, deductivista, socialcristiano, cuya experiencia acerca de organizaciones complejas se reduce a una secretaria del Instituto de Derecho Público y las sesiones del Consejo de la Escuela de Derecho, para que presidas la Comisión de Administración Pública y te ocupes de la reforma. (No fue muy prudente de mi parte mencionar de ese modo irónico la experiencia de Randy con organizaciones complejas; soy incorregible). ¿Qué haces? Produces dos tomos de 500 páginas cada uno en los que consta qué debe ser modificado en la pirámide entera de la administración, desde la Corte Suprema de Justicia hasta el Concejo Municipal de Humocaro Alto (usé este ejemplo), pasando por todos los ministerios, todos los institutos autónomos, todas las empresas del Estado. “…apunté que no había en el país capacidad gerencial suficiente como para acometer tal cantidad de cambio, y que si llegare a haberla—mediante la contratación, por ejemplo, de Henry Kissinger, Robert McNamara, Peter Drucker y Lee Iacocca—, la intervención de un fornido atleta para trepanar su cráneo, resecarle medio pulmón, reducirle fracturas de costillas, extraerle la vesícula, colocarle una válvula mitral, suturarle úlceras gastroduodenales y circuncidarlo simultáneamente, crearía tal cantidad de trauma que, en cuanto se le destripase una espinilla en la nariz, moriría de shock irremediablemente. Creí que entendería al recomendarle una estrategia de radicalismo selectivo (Yehezkel Dror), para escoger unos pocos puntos estratégicos en el aparato del Estado y en ellos practicar una reforma a fondo. Si la cosa resultaba, entonces pudiera considerarse la extrapolación del esfuerzo a otras dependencias. Las ciencias sociales, le dije, son demasiado incipientes como para permitirse la arrogancia de un cambio omnicomprensivo. Me escuchó con gran atención y, después de considerar mi exposición como ‘muy interesante’, extrajo de su maletín veinte hojas anotadas en papel tamaño extra oficio; ellas contenían tan sólo el índice de una ponencia sobre reforma del Estado que debían discutir los miembros del Grupo Santa Lucía en intervenciones de tres minutos per cápita durante una sesión de media mañana. Había perdido mi tiempo”. (El eje chucuto, 25 de agosto de 2012).

Entre abogados te veas, dicen por ahí.

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Respecto del componente militar del paradigma no se necesita decir mucho, ante la monumental evidencia de su exacerbación elefantiásica durante el chavismo-madurismo:

Los militares “bolivarianos” piensan

Desde que entró, en mala hora, Hugo Rafael Chávez Frías a la política venezolana, el 4 de febrero de 1992, este ciudadano se ha conducido, constantemente, como un modelo agresivo. Por supuesto, por sus actos de esa fecha, que fueron armados para la agresión. Pero también en su campaña electoral de 1998, cuando ofrecía freír cabezas de adecos y copeyanos; también el 4 de febrero de 1999—cuarenta y ocho horas después de haber jurado sobre una constitución a la que declaró, frente a su padre, moribunda, en revelación de su carácter despiadado—cuando emplazó a la Presidenta de la Corte Suprema de Justicia para que aceptara el robo por necesidad; también cuando sugirió a Marcel Granier que su vida corría peligro; también cuando escribía cartas, en plan de colega revolucionario, al terrorista criollo Illich Ramírez Sánchez, alias “El Chacal”; también cuando incitó agresiones de otros, como las de la banda de Lina Ron, a la que declaraba luchadora meritoria; también cuando despidió con sorna a los ejecutivos de PDVSA; también cuando insulta a mandatarios extranjeros e instituciones públicas y organizaciones no gubernamentales en cualquier parte del globo; también cuando excita las invasiones de propiedades privadas, como él mismo hace en aplicación del “método Chaz”; también cuando amenaza a quienes se le opongan con el empleo de la fuerza armada; también cuando compra armas—fusiles, helicópteros, submarinos—y establece contingentes de reservistas más grandes que el ejército regular; también cada vez que golpea la palma de su mano diestra con el puño siniestro; también cuando no cesa de hablar de guerra, de magnicidio, de guerrilla, de resistencia; también cuando ofrece la expropiación a cuanto factor social no se alinee con su voluntad; también cuando acuña el lema de “patria, socialismo o muerte”. (Nocivo para la salud (mental), 5 de julio de 2007).

Claro, Norberto Ceresole le había dicho que la clave de su conducción revolucionaria estaría en el trípode “líder, ejército, pueblo”. (Nosotros siempre en último lugar).

Pero quiero anotar acá que lo jurídico y lo militar se complementan simbióticamente, se realimentan mutuamente.

Rafael Caldera rugía desde México en 1984 porque se había hecho lugar común la noción de que “el modelo de desarrollo venezolano” se había agotado. El Dr. Caldera respondió que eso no era cierto, que lo que en verdad ocurría era que el modelo de desarrollo no había visto su culminación, y que podía encontrársele definido en el Preámbulo de la Constitución de 1961. Para la época, los militares habían acogido ese concepto: la conferencia magistral del curso del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional sobre Objetivos Nacionales abría con el siguiente catecismo: “Los Objetivos Nacionales se dividen en Objetivos Nacionales Permanentes y Objetivos Nacionales Transitorios. Los Objetivos Nacionales Permanentes están expresados en el Preámbulo de la Constitución Nacional”. (Mitología proyectiva, 26 de abril de 2011).

Hay algo extraño en esa definición. El sentido en ella del término “objetivo” es el de la octava acepción del Diccionario de la Lengua Española: “Punto o zona que se pretende alcanzar u ocupar como resultado de una operación militar”. Naturalmente, hace mucho que ese significado ha ingresado a la cotidianidad civil para designar un sinónimo de meta o propósito, y si algo es una meta o propósito “permanente”, entonces es algo que nunca se alcanza.

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El cambio político necesario en el país (y en el mundo) es paradigmático; más que crisis políticas particulares, asistimos a una crisis de la política que ha adquirido dimensión planetaria. En una comprensión de la política como lucha por el poder, no puede sorprendernos que la fuerza militar ocupe un lugar privilegiado, y ya hemos visto que el último año y medio de la política local ha alojado un ping-pong jurídico de sentencias de desacato, enmiendas de recorte de período, declaraciones de abandono del cargo presidencial, demandas de la Fiscal General de la República ante el Tribunal Supremo de Justicia, discusiones sobre la interpretación del Artículo 347 de la Constitución, etcétera. Birretes de legista y gorras militares parecen ser lo que cuenta.

Necesitamos una Política Clínica, que se entienda a sí misma como arte u oficio de resolver los problemas de carácter público. El abogado y el militar deben estar subordinados a esa tarea, que es para lo que el Pueblo, el Poder Constituyente Originario, ha dado origen al Estado. De lo contrario, la institución perfectamente representativa de los venezolanos va a terminar siendo un tribunal militar. LEA

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Hace 15 años

 

Ortega, Ugalde, Carmona: la unción preparatoria de La Esmeralda (5 de marzo de 2002)

 

El 11 de abril de 2002 se reunió, en torno a las oficinas de PDVSA en Chuao, la más gigantesca concentración humana que se haya visto en Venezuela. Un descomunal río de gente inundaba la arteria vial de la autopista Francisco Fajardo. Personas de todas las edades y extracciones sociales se daban cita para protestar el atropello de la industria petrolera y exigir, a voz en cuello, como ya se había gritado el 23 de enero, la salida de Hugo Chávez de Miraflores. Confiado en su innegable y colosal fuerza, y estimulado por la consigna de los oradores de Chuao, que veían excedidas sus más optimistas expectativas, el inconmensurable río comenzó a desbordarse en dirección a ese palacio de gobierno. Por aclamación de unanimidad asombrosa, la mayoría aplastante del pueblo caraqueño, para asombro y terror de Chávez y sus acólitos, pedía que los militares se pronunciaran y sacaran al autócrata de la silla presidencial.

El grandioso movimiento encontró eco en todo el país. Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, Puerto La Cruz, Margarita, las ciudades todas alojaban la unánime manifestación de repudio. Y el gobierno se aprestó a dar la batalla de Caracas. Freddy Bernal comandó las huestes armadas del chavismo, cuya presencia fue exigida por el Ministro de la Defensa, José Vicente Rangel. Si lo hubiera querido, la portentosa masa hubiera asolado las oficinas de éste en la base aérea de La Carlota, aledaña al escenario de Chuao.

Luego los muertos. Muchos portaban chalecos que les hacían aparecer como fotógrafos de prensa. Asesinados a mansalva, con ventaja, con alevosía. La sociedad civil puso los mártires necesarios a una conspiración que, sordamente, se había solapado tras la pureza cívica de un movimiento inocente.

Dos semanas antes del sangriento día, un corpulento abogado trasmitía las seguridades que enviaba una “junta de emergencia nacional” a una reunión de caraqueños que habían descubierto su vocación por lo político en la lucha contra Chávez. Enardecido, con una bandera norteamericana prendida en la solapa, admitía que conspiraba junto con otros, que una junta de nueve miembros—cinco de los cuales serían civiles y el resto militares—ineluctablemente asumiría el poder en cuestión de días. Por ese mismo tiempo, Rafael Poleo rechazaba una contribución mía—ofrecida a su revista luego de aquel artículo* sobre el Acta de abolición—, en la que exploraba otros caminos constitucionalmente compatibles; explicó con paciencia de adulto al ingenuo niño que yo era que lo que iba a pasar era que “los factores reales de poder en Venezuela” depondrían a Chávez y luego darían “un maquillaje constitucional” a un golpe de Estado.

Pedro Carmona Estanga emergería como el líder de un golpe cuyo blanco, antes de que Hugo Chávez fuera depuesto por la presión de un pueblo, era este mismo pueblo, manipulado y utilizado por la sofisticación artera de operadores políticos que habían decidido la operación inconstitucional con bastante antelación. Los conspiradores viajaron a los Estados Unidos desde fines de 2001 para consultas, coordinaron calendarios, calibraron la temperatura creciente de la protesta popular, y estuvieron listos para el golpe de mano. Nada de esto sabían los que marcharon el 11 de abril. Nada sabrían hasta que la verdadera cara de los golpistas emergiera al día siguiente.

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El cardenal Velasco firma el decreto de Carmona (12/04/02)

* …el sujeto del derecho de rebelión, como lo establece el documento virginiano, es la mayoría de la comunidad. No es ése un derecho que repose en Pedro Carmona Estanga, el cardenal Velasco, Carlos Ortega, Lucas Rincón o un grupo de comandantes que juran prepotencias ante los despojos de un noble y decrépito samán. No es derecho de las iglesias, las ONG, los medios de comunicación o de ninguna institución, por más meritoria o gloriosa que pudiese ser su trayectoria. Es sólo la mayoría de la comunidad la que tiene todo el derecho de abolir un gobierno que no le convenga. El esgrimir el derecho de rebelión como justificación de golpe de Estado equivaldría a cohonestar el abuso de poder de Chávez, Arias Cárdenas, Cabello, Visconti y demás golpistas de nuestra historia, y esta gente lo que necesita es una lección de democracia. (De artículo del suscrito solicitado por la Revista Zeta, 3 de marzo de 2002).

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Texto de la entrada tomado de Las élites culposas, Editorial Libros Marcados, Caracas, 2012, a su vez extraído de Tragedia de abril (El Carmonazo), 14 de junio de 2002. LEA

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Cronología referendaria

 

De un trabajo escolar en Barquisimeto

De un trabajo escolar en Barquisimeto

 

La figura del referéndum popular en Venezuela comienza su existencia con la Constitución de 1961; su artículo 246 preveía una “reforma general” de ella misma, y el numeral 4 de esa norma establecía: “El proyecto aprobado se someterá a referéndum en la oportunidad que fijen las Cámaras en sesión conjunta, para que el pueblo se pronuncie en favor o en contra de la reforma”. Luego vendría la inclusión (mayo de 1998) en la reforma a la Ley Orgánica del Sufragio y Participación Política (diciembre de 1997) de todo un nuevo título: VI. De los referendos, en el que se estableció el referendo consultivo “con el objetivo de consultar a los electores sobre decisiones de especial transcendencia nacional”. (Art. 181).

El antepenúltimo

El antepenúltimo

Pero, antes de esto último, Rafael Caldera amenazó con un referendo “consultativo” al inicio de su segundo gobierno, cuando el Congreso de la República se negó a aprobar—con la principal oposición de COPEI—el segundo decreto de suspensión de garantías de 1994 a raíz de la crisis bancaria de ese año. Así recordé en Puro show (11 de noviembre de 2012):

En tal circunstancia, el gobierno amenazó con convocar un referendo para consultar al Pueblo acerca de la suspensión que pretendía, cuando aún no existía en la legislación venezolana la figura de referendos consultivos—Caldera prefería decir “consultativo”—, y dejó caer que José Guillermo Andueza, prestigioso jurista y Ministro de Relaciones Interiores, ya tenía una redacción del decreto de convocatoria de la consulta.

Entonces publicó el diario El Nacional los resultados de una encuesta telefónica que se le ocurrió hacer sobre el tema: 90% de los consultados apoyaba la suspensión de garantías. Ni corto ni perezoso, Luis Alfaro Ucero condujo las tropas parlamentarias de Acción Democrática en apoyo del decreto 285, que fue finalmente aprobado, dejando en deslucida posición a COPEI y a La Causa R, partidos que se opusieron. Juan José Caldera anunció en la Cámara del Senado que ya el referendo no sería necesario.

Por mi parte me sentí frustrado, y no porque las garantías quedaran suspendidas, sino porque la consulta popular no se había efectuado; por eso escribí Ahora tiene que consultar, el artículo principal del #6 de referéndum (publicación mensual que por entonces producía), el 8 de agosto de 1994. No me pareció ni serio ni acertado que el gobierno de Caldera reculara con el referéndum que amagara:

Este retroceso gubernamental tiene bastante de lamentable pues, como pudo evidenciarse, la ciudadanía creyó que había llegado la ocasión para participar directamente, por primera vez, en la adopción de una decisión de Estado. (…) …si el Gobierno declaró, por boca del Ministro Andueza, que ya tenía redactado un decreto para convocar a referéndum, ¿qué puede impedir que se redacte otro para consultar a los Electores sobre cualquier otro asunto, dado que según la doctrina Andueza habría bastado un acto del Ejecutivo para que se produjera la convocatoria? Si era posible convocar un referéndum “consultativo” sobre la suspensión de las garantías, es posible convocar un referéndum para consultar a los Electores sobre cualquier otra materia. A este respecto puede valer la pena considerar la siguiente idea: consultar a los Electores sobre los lineamientos generales del plan de desarrollo económico y social del Ejecutivo, el que hasta ahora, dicho sea de paso, es desconocido. La Constitución Nacional incluye ahora, gracias al Artículo 7º de su Enmienda Nº 2, la siguiente disposición: “El Ejecutivo Nacional en el transcurso del primer año de cada período constitucional, presentará para su aprobación, a las Cámaras en sesión conjunta, las líneas generales del plan de desarrollo económico y social de la nación”. En nuestra opinión, debiera ser a los Electores, no a las Cámaras del Congreso de la República, a quienes debiera solicitarse la aprobación de las “líneas generales del plan de desarrollo” del Ejecutivo. Esto, naturalmente, precisaría que la Constitución fuese modificada. No puede crearse de la noche a la mañana un carácter vinculante que colida con uno dispuesto expresamente en el texto constitucional. Pero si, como había argumentado el Gobierno, podía hacerse un referéndum no vinculante para consultar su diferendo con el Congreso, perfectamente puede celebrarse uno para el acto más esencial que puede haber en el ejercicio de la política: obtener la aquiescencia del Pueblo respecto del rumbo general del Estado de cuya soberanía es asiento.

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Después de la creación del referendo consultivo en la reforma de la Ley del Sufragio en mayo de 1998, se han suscitado los siguientes eventos y propuestas (en orden cronológico):

1. El suscrito propuso el 20 de septiembre de 1998, en el #28 y último de referéndum (publicación mensual que produje entre febrero de 1994 y septiembre de 1998), un Primer Referendo Nacional, artículo en que esto argumenté:

Es así como pienso que compete ahora al Presidente de la República [Rafael Caldera] argumentar ante el Congreso la necesidad de la reforma, advirtiendo que convocará a referendo para decidir sobre la convocatoria de la Constituyente. (…) Una vez que se decida convocar a los Electores, al Poder Constituyente, para consultarlo sobre el tema discutido previamente, vale la pena aprovechar la excepcional ocasión para consultarle sobre otras materias de “especial trascendencia nacional”. Por una parte hay varias decisiones que revisten esa trascendencia y que vienen siendo insistentemente propuestas al país. Por la otra, una vez más, no estamos en condiciones de desperdiciar recursos. Hay que sacarle el jugo al Primer Referendo Nacional. Por ejemplo, hace ya varios años que se propone vender—en distintas modalidades y proporciones—una porción de las acciones que el Estado venezolano posee exclusivamente en su empresa más importante: Petróleos de Venezuela. (…) Por ejemplo, hace ya varios años que se propone implantar en Venezuela un régimen monetario conocido con el nombre de “caja de conversión”, el sustituto total o parcial del Banco Central de Venezuela que pondría moneda nacional en circulación en función estricta de las reservas en dólares—la divisa preferida por los proponentes—y de una tasa rígidamente fija. Pues bien, éstas son materias, sin ninguna duda, de “especial trascendencia nacional”. Es tan obvia su trascendencia que no es necesario demostrarla. Es difícil proponer cosas de mayor trascendencia—aunque las hay—y por tanto serían materia perfecta de un referendo. (…) En estos momentos la Constituyente se perfila como un gran proceso estabilizador. Pero también lo es el referendo mismo, la apelación directa a la opinión del Poder Constituyente, de los Electores de la Nación, para decidir sobre asuntos de nuestro más alto interés. En el fondo, más que una elección de representantes o mandatarios, es el referendo el acto supremo de una democracia. Es la participación total de la voluntad de los Electores en la toma de decisiones fundamentales.

El penúltimo

El penúltimo

2. El 25 de abril de 1999 se celebró un referendo consultivo para consultar a los venezolanos si deseaban la elección de una asamblea constituyente “con el objeto de transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución” (redacción que luego se preservaría en el Art. 347 de la Constitución ahora vigente). Esa consulta fue convocada por el presidente Chávez luego de que la Corte Suprema de Justicia resolviera un recurso de interpretación del Art. 181 de la Ley del Sufragio, que preguntaba justamente si podía empleárselo para consultar sobre una constituyente aunque la figura no estuviera contemplada en la Constitución vigente para la fecha. La doctrina establecida en su decisión del 19 de enero de 1999—el carácter supraconstitucional (no limitado por ninguna constitución) del Poder Constituyente Originario—había sido anticipada el 13 de septiembre del año anterior en artículo—Contratesis—que escribí para el diario La Verdad de Maracaibo (por la misma época que escribía en referéndum Primer Referendo Nacional):

Es preciso reformar la Constitución de 1961 para que pueda convocarse una constituyente (Brewer-Carías y otros), pues hay que preservar el “hilo” constitucional. Incorrecto. El artículo 250 de la constitución vigente, en el que fincan su argumento quienes sostienen que habría que reformarla antes, habla de algo que no existe: “Esta Constitución no perderá vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o fuere derogada por cualquier otro medio distinto del que ella misma dispone”. El texto de 1961 no dispone de medio ninguno para derogarla. Sólo menciona enmiendas o reforma general. No prescribe medio alguno para sustituirla por conceptos constitucionales cualitativamente diferentes. Además, el Poder Constituyente, nosotros los Electores, estamos por encima de cualquier constitución. Si aprobamos la convocatoria a una constituyente eso es suficiente.

Hace poco (1º de noviembre) recordé para un corresponsal cercano uno de mis frecuentes intentos frustrados:

A comienzos de 1999, habiendo notado que se había sometido a los portorriqueños una baraja de opciones constitucionales—statu quo como “estado libre asociado”, independencia, conversión en el estado 51 de los EEUU—concebí un recurso de interpretación que llevé, muy mal asistido por una abogada inexperta, a la Sala Político-Administrativa de la CSJ, preguntando si podía emplearse el mismo Art. 181 de la Ley del Sufragio para someter directamente, sin pasar por Go—una asamblea constituyente—, un proyecto específico de nueva constitución. La redacción del recurso fue defectuosa, y fue rechazado sin pronunciamiento sobre el fondo del asunto al declararlo inadmisible sobre una technicality. (Abogados más competentes se negaron a asistirme; ya en ese tiempo una cobarde catatonia hizo que no quisieran comprometerse con un camino distinto del que tramitaba entonces Chávez). Hildegarde Rondón de Sansón emitió un voto salvado en el que opinaba que la Sala ha debido dar respuesta al punto de fondo por considerarlo de fundamental importancia. (Este concepto contradice, superándolo, lo que sostuve equivocadamente en 1995—en Comentario constitucional, el 12 de octubre, en el #16 de referéndum—: “…la única forma admisible de proveernos de una constitución nueva sería la de convocar una Asamblea Constituyente”).

3. El 15 de diciembre de 1999 se aprobó en referendo popular el proyecto de constitución formulado por la Asamblea Constituyente de ese año, promulgando la que ahora nos rige.

4. El 25 de febrero de 2002, propuse en el programa Triángulo de Televén un procedimiento para abolir el gobierno de Hugo Chávez con base en las firmas de una mayoría de los electores venezolanos. La más reciente redacción del Acta de Abolición (mayo de 2003) puede ser leída en este blog.

Fabricador de fulminantes

Fabricador de fulminantes

5. Desde fines de 2002, Primero Justicia intentó vender un referendo consultivo “no vinculante pero sí fulminante” sobre el deseo de los venezolanos de que Hugo Chávez renunciara a su cargo. (No podía ser vinculante por dos razones: primera, porque la Constitución establece el mecanismo revocatorio para el mismo fin; segunda, porque el Poder Constituyente Originario está limitado por los derechos humanos y la renuncia es una decisión personalísima, un derecho que entonces tenía Chávez y ningún otro podía ejercer por él).

Luego de que el paro empresarial de diciembre de 2001 y la marcha del 23 de enero de 2002 pusieran en evidencia que Chávez ya no contaba con apoyo mayoritario, Primero Justicia hizo la promoción de un recurso diferente: una enmienda constitucional para recortar el período. (El trabajo de diseño jurídico fue realizado previamente por el Dr. Juan Manuel Raffalli).* La incipiente presencia pública de la Coordinadora Democrática (antes de los acontecimientos de abril) se asoció con la idea de la enmienda, al punto de que piezas publicitarias en apoyo a la misma aparecieron en televisión bajo el patrocinio de la central opositora.

Los acontecimientos de abril del año pasado trastocaron grandemente percepciones y proyectos. Después de una recuperación más bien rápida en las filas de la oposición, Primero Justicia emergió con una idea diferente: un referendo consultivo. A sabiendas de que un referendo de esta clase no tendría efectos vinculantes—mientras sí los tendría, obviamente, un referendo revocatorio—el joven partido llevó a cabo una admirable campaña de recolección de firmas y entregó al Consejo Nacional Electoral planillas en número suficiente para la convocatoria. De nuevo, la Coordinadora Democrática aceptó la estrategia y promovió la iniciativa.

Todos sabemos que mientras la iniciativa del referendo consultivo estaba en progreso, el talibanismo opositor y el acicate pendenciero del gobierno indujeron a la Coordinadora Democrática y a la Gente del Petróleo a plantear el impaciente y suicida paro general de diciembre de 2002. A pesar de que se había decidido intentar el “no vinculante pero sí fulminante” referendo consultivo—que se celebraría en febrero de 2003—el más notorio liderazgo opositor procedió a torpedear la iniciativa, con la ilusión de que la parálisis nacional daría al traste con el gobierno aun antes de que el referendo se celebrase.

Poco antes de que el Tribunal Supremo de Justicia inmovilizara al Consejo Nacional Electoral** e interrumpiese el curso del referendo consultivo, Teodoro Petkoff, Eduardo Fernández y Baltazar Porras se reunían con Chávez, y el otrora “Tigre” revivía la idea de una enmienda para el recorte de período. Julio Andrés Borges se opuso ferozmente a la noción—a pesar de propugnarla meses antes—esgrimiendo un argumento razonable y otro deleznable. Borges tenía razón al señalar que faltaba muy poco para la supuesta realización del referendo consultivo, por lo que la consideración de la enmienda a esas alturas diluía fuerzas que debían concentrarse en éste. Al abundar en su rechazo a la enmienda, sin embargo, indicó que esta salida era defectuosa por cuanto dejaba “vivos” a otros poderes distintos del Ejecutivo, sin advertir que precisamente ese “defecto” estaba igualmente presente en su proposición del referendo consultivo.

Igualmente sabemos que el referendo consultivo, a pesar de contar con el número suficiente de firmas válidas, fue bruscamente interrumpido. Fue entonces cuando la Coordinadora Democrática optó por ofrecer, al mejor estilo McDonald’s, un combo de opciones para el “firmazo” privado (sin la anuencia o patrocinio de las maniatadas autoridades electorales) que tuvo lugar el domingo 2 de febrero, el día inicialmente previsto para la celebración del referendo consultivo.

El liderazgo opositor emitía, de esta forma, una señal de debilidad y confusión: el inequívoco mensaje de que no sabía en qué palo ahorcarse. Junto con pronunciamientos a favor de los ex empleados petroleros y de los medios de comunicación, junto con un documento para desconocer el gobierno, la Coordinadora ofrecía ahora la vieja receta de la enmienda de recorte de período (con papas fritas), una convocatoria a Constituyente (con queso) y, por primera vez, la convocatoria a referendo revocatorio (con tocineta) del mandato de Chávez y de varios diputados oficialistas.

Y ahora estamos en un punto en el que se exige toda la concentración opositora sobre la posibilidad constitucional del referendo revocatorio del mandato de Chávez a partir del 19 de agosto de este año, cuando sabíamos—o debíamos haber sabido—que esa posibilidad existía desde el 15 de diciembre de 1999.

Quienes ahora argumentan tersamente a favor de esta estrategia—no deja de ser razonable, reconocemos—son los mismos que guiaron a una desesperada sociedad civil por el tortuoso periplo que acabamos de recapitular. Son los mismos que nos aseguraron que la enmienda era la solución, luego el consultivo, después el paro y más adelante la vacuna polivalente del firmazo. ¿Qué pensarían los familiares de un paciente al que los curanderos recetasen en sucesión, con seguridades de curación en cada caso, radioterapia, quimioterapia, sangría y electroshock? (En Mandar, no pedir, artículo en la Carta Semanal #36 de doctorpolítico del 15 de mayo de 2003).

El mediador mediado

El mediador mediado

6. El 5 de febrero de 2003 propuse un Gran Referendo Nacional con el diseño de Un posible acuerdo político ante el ultimátum de abolición, que comenzaba afirmando: “Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional”. Vivíamos entonces un proceso de “negociación y acuerdos” entre gobierno y oposición con la mediación de la Organización de Estados Americanos y el Centro Carter, y entregué personalmente a César Gaviria el documento, que sujetaba a la disposición de Hugo Chávez la aquiescencia a la renuncia que pudiera expresar la mayoría de la población en un referendo como el propuesto por Primero Justicia; es decir, acordaría de antemano renunciar, so pena de sufrir la abolición de su gobierno. (La Gente del Petróleo pareció interesarse en el procedimiento de abolición pero su líder principal, Juan Fernández, se encargó de matar la iniciativa):

La mayoría ciudadana pronunciada contra Chávez en abril de 2002, aun disminuida por la Carmonada, parecía subsistir cuando se convocara el Paro Cívico Nacional sostenido, principalmente, sobre el paro petrolero. Arturo Castro tenía buenos contactos con la Gente del Petróleo, y al mismo tiempo creía en las bondades del tratamiento de abolición del gobierno. Por esto me propuso contactar a los líderes del paro en PDVSA para hacerles saber de esa avenida. Fuimos en enero de 2003 a una reunión convocada al efecto en un salón del Hotel Eurobuilding, muy cerca de lo que dio en llamarse Plaza de la Meritocracia, en la urbanización Chuao. Ya Horacio Medina había sido informado por Castro, y éste sabía por el primero de una cálida acogida preliminar de la idea. Esta posición de los petroleros fue confirmada al comienzo de la reunión, en la que Eddie Ramírez también manifestó su conformidad. Cuando estábamos ya adentrados en temas logísticos de la abolición, que Medina aseguró estaba en capacidad de resolver y manejar, apareció el muchacho de la película, catire y todo: Juan Fernández, la cara más visible de los petroleros en rebeldía. Este caballero aseguró que no sería necesario aplicar un tratamiento de abolición, puesto que el paro marchaba viento en popa y el gobierno caería irremisiblemente. No convenía, aseguró, complicar las cosas con un curso distinto de la huelga. (Las élites culposas).

7. El 15 de agosto de 2004, se celebró, con la heroica organización del esfuerzo por la asociación civil Súmate, un referendo revocatorio del mandato del presidente entonces en ejercicio, del que Hugo Chávez salió airoso. El resultado fue un verdadero baño de agua fría para la población opositora (ver Bofetada terapéutica, 19 de agosto de 2004), e inició una persistente prédica de fraude que a estas alturas persiste (ver Suma contra gentiles abstencionistas, 1º de enero de 2012), y además estableció una propensión a abstenerse de votar que favoreció repetidas veces a los postulados por el oficialismo en elecciones posteriores.

8. En su campaña electoral de 2006, Hugo Chávez hizo la promesa genérica del “socialismo del siglo XXI” e indicó que sometería a referendo popular la negativa a renovar la concesión a Empresas 1BC para operar Radio Caracas Televisión, promesa que no cumplió. El 18 de enero de 2007, invité a la dirigencia opositora a propiciar un referendo consultivo en la Carta Semanal #221 de doctorpolítico:

El socialismo del siglo XXI es la renacionalización de la CANTV, la estatización de todo el suministro eléctrico, la privación de su autonomía al Banco Central de Venezuela, la desaparición de las alcaldías, la terminación de la licencia de RCTV, el control de las operadoras de la Faja Petrolífera del Orinoco, el nombramiento ministerial de su hermano para que instruya a nuestros hijos en la ideología revolucionaria y mucho, pero mucho, gasto público. Pero estas medidas, expuestas con el mayor engreimiento, son en su concreción elementos de un programa de gobierno que pudo anunciar y no lo hizo, que pudo presentar en su campaña y no lo hizo. Y es que Chávez no hizo en realidad campaña, si es que por esto se entiende la exposición de un programa de gobierno para el que se busca apoyo o aquiescencia. Ninguno de esos elementos, que debieron ser explicados de antemano a los Electores, fue mostrado en modo alguno. El único mencionado, el cierre de Radio Caracas Televisión, iba a ser decidido por los mismos Electores en referendo consultivo.  (…) …nunca reveló, al escamotearlas deliberadamente, qué medidas se proponía instrumentar. Para ninguna de ellas tiene consentimiento electoral, ni siquiera para que pueda de nuevo legislar según su único entender. Y si no, que pruebe a consultarlas. Como Caldera en 1998, él tiene la facultad de llamar a un referendo consultivo, y nada impide que en un solo acto referendario se consulte más de una materia “de especial trascendencia nacional”. (Artículo 71 de la Constitución). Pero claro, no está en la naturaleza de Chávez el procedimiento democrático. Lo de él es pantalla y decreto, así que ¿por qué no emprende la oposición la convocatoria de un amplio referendo por iniciativa popular? ¿Qué tal si el triunvirato Borges-Petkoff-Rosales que ha vuelto a reunirse pone orden nuevamente en la incipiente cacofonía opositora y se atreve, aunque sea esta vez, a una iniciativa política audaz, profunda, de aliento? ¿No y que somos cuatro millones de los que menos de la mitad tendría que firmar? ¿No es cierto que la mayoría de los venezolanos—Datanálisis dixit—no quiere ni dictadores ni “mares de la felicidad”? Ése es un referendo que pudiera muy bien ganarse para la democracia en Venezuela, que no es otra cosa que el respeto a la inteligencia de sus Electores.

El planteamiento interesó a Carolina Jaimes Branger, quien me invitó a exponer la idea, en el programa que por entonces conducía en Radio Caracas Radio, el 18 de enero de 2007. La entrevista fue transmitida una semana después.

9. El 2 de diciembre de 2007, se sometió a referendo aprobatorio dos proyectos de reforma constitucional, el uno presentado por el Presidente de la República y el otro por la Asamblea Nacional. Varios artículos contenían referencia explícita al socialismo, y se proponía la posibilidad de reelección presidencial indefinida. Ambos fueron rechazados por mayorías de muy delgada ventaja. (Proyecto A: 50,65% No y 49,35% Sí; Proyecto B: 51,01% No y 48,99% Sí). Tibisay Lucena presidía ya el Consejo Nacional Electoral.

10. El 15 de febrero de 2009, se sometió a referendo aprobatorio convocado por la Asamblea Nacional la posibilidad de reelegir indefinidamente al Presidente de la República, los gobernadores de los estados, los alcaldes y los diputados a la Asamblea. (Con ocasión del referendo de 2007, Hugo Chávez se había negado a esta ampliación con el pretexto de que los gobernadores y alcaldes que la exigían sólo querían “perpetuarse en el poder”):

Ahora, como sabemos—después de prometer que respetaría la voluntad popular que se expresara el 2 de diciembre de 2007 (que negó específicamente, entre otras cosas, la reelección indefinida); después de decir, a raíz de las elecciones del 23 de noviembre del año pasado, que no promovería la enmienda que ahora nos amenaza; después de “dar su permiso” al PSUV y al pueblo (en ese orden) para que introdujeran su proyecto por iniciativa popular y de que tomara al final el camino de la Asamblea Nacional (al percatarse de que no lograría las firmas necesarias; si hubiese más de cuatro millones de firmas a su favor ¿para qué se necesitaba a la Asamblea?); después de que considerara urgentísima (“La vía de la Asamblea Nacional tiene una ventaja: que es más rápida”) una modificación constitucional que no sería, en todo caso, requerida antes de cuatro años enteros—, Hugo Chávez estima que debe abrirse la reelección indefinida también a los alcaldes, los gobernadores, los diputados a la Asamblea Nacional y los miembros de los consejos legislativos estadales. ¿No habíamos quedado en que tal cosa sólo aseguraría la entronización de caudillos que buscarían perpetuarse en el poder? (Ensayos de la coral, 15 de enero de 2009).

La enmienda constitucional implicada recibió la aprobación del 54% de los votantes.

No al socialismo

No al socialismo

11. El 23 de julio de 2009, en la Carta Semanal #341 de doctorpolítico, propuse lo siguiente:

El actual gobierno, que tanto autobombo resuena para presentarse como defensor de una democracia “participativa”, quiso en realidad hacer más difícil la participación popular en las decisiones “de especial trascendencia nacional” a través de un referéndum. En el proyecto de reforma constitucional derrotado el 2 de diciembre de 2007, se dejaba idénticas las exigencias señaladas al Poder Ejecutivo y al Poder Legislativo para la convocatoria de un referéndum de esa clase, pero se pretendía duplicar el esfuerzo de los ciudadanos para lograr lo mismo, al proponer la elevación a veinte por ciento de los electores registrados para asegurar la iniciativa eficaz. Como el proyecto no resultó aprobado, bastarán ahora 1.700.000 firmas ciudadanas válidas para causar un referéndum sobre la siguiente pregunta: ¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela de un sistema político-económico socialista?

Sobre esta idea se volvió poco después de los inicios mismos de este blog (la última de las cartas semanales de doctorpolítico es del 17 de diciembre de 2009). Así, Doctrina del referendo sobre el socialismo es del 9 de junio de 2010. Para esa fecha, José Rafael Revenga había convencido de la bondad de la propuesta a Lewis Pérez, quien a su vez intentó convencer a Henry Ramos Allup. A Revenga y a mí nos informó del dictamen de Ramos: “¡Eso es una locura!” El 29 de octubre de 2012, éste expresaba su deseo de un referendo similar por Noticias 24 Radio; he aquí la grabación de sus palabras:

Desde el primer año de Dr. Político en RCR se presentó el asunto de un referendo sobre el socialismo a la consideración de los oyentes, a partir del programa #17 del 3 de noviembre de 2012. A la dirigencia opositora—Julio Borges, Jesús Torrealba, Henry Ramos Allup—se le ha ofrecido la iniciativa. (Al primero de los mencionados, en carta del 3 de marzo de 2015 se le dijo: “Tal vez conozcas que llevo algún tiempo promoviendo este tratamiento referendario pero, si acogieras estos planteamientos, yo no tendría inconveniente en permanecer tras el telón; es decir, no exigiría protagonismo alguno”).

12. El 5 de abril de 2014, en el programa #89 de Dr. Político en RCR, introduje la posibilidad de añadir al referendo sobre el socialismo una pregunta sobre la deseabilidad de aplicar el Art. 350 de la Constitución al gobierno presidido por Nicolás Maduro. Así expliqué la cosa en este blog al día siguiente (El Gran Referendo):

Es sólo en esta semana que concluye cuando entendí que la manera correcta de aplicar el Artículo 350 de la Constitución—El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos—es a través de un referéndum. (…) Tal postura explica la proposición de incluir una tercera pregunta en el referendo consultivo, que he venido recomendando como tratamiento correcto de la más aguda de nuestras enfermedades políticas: ¿Desconoce Ud. el gobierno presidido por el ciudadano Nicolás Maduro, por las razones descritas en el Artículo 350 de la Constitución?

13. Desde 2014, alerté—no fui el único—sobre la posibilidad de convocar un referendo revocatorio del gobierno de Nicolás Maduro; por ejemplo, en el programa especial de Y así nos va (RCR 750 AM) en el que conversé el 18 de noviembre de ese año con Nehomar Hernández. (Fue transmitido el 30 de diciembre). En Dos cepas del virus salidista (13 de febrero de 2015) expuse:

En menos de un año puede iniciarse la recolección de firmas para convocar un referendo revocatorio del mandato de Nicolás Maduro por iniciativa popular, y de los trámites necesarios sabe algo Ma. Corina Machado; su know how sería utilísimo para un esfuerzo de esa clase, pues en 2004 logró la convocatoria del referendo contra Chávez.

Pero la Mesa de la Unidad Democrática empezó a moverse con decisión de revocar en abril de este año, luego de superar oposiciones internas a tal posibilidad (en gran medida porque apoyarlo equivaldría a catapultar una vez más la precandidatura presidencial de Henrique Capriles Radonski, quien tuvo éxito en posicionarse como su campeón):

…no sólo procrastinan las rectoras maduristas; también lo hizo la Mesa de la Unidad Democrática que, en perfecto conocimiento de la previsible resistencia oficialista hacia el revocatorio, no inició el procedimiento el 11 de enero de este año y perdió meses preciosos, antes de optar por algo que debió estar decidido incluso antes de su triunfo electoral del 6 de diciembre de 2015. (Cf. Dèjá vu). Son muy responsables del (al menos) culposo retraso Henry Ramos Allup y Jesús Torrealba, que un mes después de la fecha que permitía constitucionalmente el comienzo del proceso, se quejaban de que un revocatorio era “muy engorroso”. Justamente por ese engorro han debido estar listos y arrancar temprano. (En El retorcido derecho de Lucena, 9 de agosto de 2016).

Diálogo para un acuerdo

Diálogo para un acuerdo

14. El 25 de abril de este año propuse el texto de un acuerdo entre la Asamblea Nacional y el Poder Ejecutivo en Plantilla del Pacto; allí sugería:

Cláusula Tercera. El Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo nacionales auspiciarán la celebración de un Gran Referendo Nacional, el que consultará en diversas materias de especial trascendencia nacional y será convocado por la Asamblea Nacional para su celebración el domingo 26 de junio de 2016. A los fines de la determinación de las preguntas del Gran Referendo Nacional, el Gobierno Nacional suministrará tres preguntas para someter a consulta. La Asamblea Nacional las incluirá y someterá igualmente tres preguntas, una de las cuales será: “¿Está Ud. de acuerdo con la implantación en Venezuela de un régimen político-económico socialista?” Esta específica consulta se hace necesaria por el encabezado estándar de los decretos emanados del Ejecutivo: “Con el supremo compromiso y voluntad de lograr la mayor eficacia política y calidad revolucionaria en la construcción del socialismo…”, y asimismo por la aprobación del “Plan de la Patria”, presentado como “segundo plan socialista”.

Cláusula Cuarta. El ciudadano Nicolás Maduro Moros se compromete a presentar su renuncia al cargo de Presidente de la República si, al celebrarse ese Gran Referendo Nacional, resultare negada la pregunta especificada en la cláusula anterior, lo que causaría de suyo la falta absoluta que será subsanada por la elección prevista en el Artículo 233 de la Constitución, al producirse aquélla antes de los cuatro años del presente período constitucional, que se cumplirán el 10 de enero de 2017.

15. El 22 de octubre argumenté en Prontas elecciones:

El Poder Constituyente Originario, el Pueblo llamado a referendo en ese carácter, tiene la potestad de superponerse a la Constitución y aprobar una norma que ella no contemple. En consecuencia, puede preguntársenos a Nosotros, la Corona, el Soberano, lo siguiente:

¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria a elecciones, en el plazo de tres meses a partir de esta fecha, que escojan al ciudadano que se encargue de la Presidencia de la República hasta el 10 de enero de 2019, elecciones ésas en las que podrá participar como candidato el ciudadano Nicolás Maduro Moros, actualmente en el cargo?

(…) Exijamos, en cambio, a la Asamblea Nacional que escuche el clamor del Pueblo que quiere elegir prontamente un nuevo presidente. Ella puede, por mayoría simple de 84 brazos alzados, convocar inapelablemente ese referendo tan lógicamente fundado como aconsejable. Debiera la Asamblea comprender, por su parte, que no debe ponerse en riesgo la iniciativa. El Tribunal Supremo de Justicia ha ignorado o suspendido las actuaciones del Poder Legislativo Nacional sobre la base de su desacato, al haber incorporado diputados cuya investidura el mismo tribunal declaró suspendida. Que desincorpore esos diputados, pues no son requeridos para formar una mayoría calificada de dos tercios; lo que se necesita es “el voto de la mayoría de sus integrantes”. (Lo más elegante sería que los diputados en cuestión soliciten ellos mismos a la directiva de la Asamblea su desincorporación).

Veinticuatro días después, los diputados por Amazonas solicitaron ser desincorporados de la Asamblea Nacional, y ésta ya no está en desacato del Tribunal Supremo de Justicia.

16. Ha propuesto por estos días Henrique Capriles Radonski que, como lo más probable es que un referendo revocatorio contra Nicolás Maduro no pueda celebrarse en 2016, la Asamblea Nacional proceda a modificar la constitución para sustituir la previsión del último parágrafo del Art. 233 de la Constitución: “Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar el mismo”. Él sugiere que se extienda después del 10 de enero de 2017, cuando se cumplen los primeros cuatro años del período, lo postulado en el tercer parágrafo: “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes”. Ahora bien, ninguna modificación de la Constitución entra en vigencia hasta que la apruebe el Pueblo en referendo convocado al efecto; por tanto, Capriles propone en verdad, aunque no lo haya dicho, no un referendo sino dos: el revocatorio y el aprobatorio de tal modificación.

17. El 18 de los corrientes, Diego Arria propuso que se llevara a referendo consultivo convocado por la Asamblea Nacional el texto de los acuerdos que sean alcanzados en el diálogo entre el gobierno y la Mesa de la Unidad Democrática, en analogía con el referendo colombiano sobre lo pactado entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Los anunciantes

Los anunciantes de la confusión

18. Ayer lunes 21 de noviembre, Voluntad Popular puso una nota en su web en la que se lee:

El coordinador nacional encargado de Voluntad Popular, diputado Freddy Guevara, propuso junto a otros líderes de la tolda naranja una nueva ruta para el cambio democrático, pacífico y constitucional. Señaló que a través de la Asamblea Nacional deberá impulsarse un referendo popular, en el cual transcurrida la etapa de recolección de firmas debe consolidarse en un juicio político que destituya a Nicolás Maduro, dando cumplimiento al artículo 333 que indica que es obligación de “todo venezolano restaurar el orden constitucional cuando este haya sido roto”.

Si un referendo es convocado “a través de la Asamblea Nacional” no se requiere una recolección de firmas, y no hay previsión constitucional alguna que contemple un “juicio político” de destitución del Presidente de la República. La opacidad de la incomprensible propuesta parece indicar que se trata de una reedición del referendo revocatorio con alguna disposición que lo permita. (?) Hoy me ha señalado una persona muy bien informada de los procesos en el seno de la oposición venezolana:

En cada partido hay tendencias. UNT está a favor de llegar al 2018; Falcón también y PJ/Borges. Claro, jamás lo dirán en público. El acto de hoy en Paseo Las Mercedes, organizado por Angel Oropeza, busca darle soporte al diálogo y a Chúo en particular (apoyo de la “Sociedad Civil”). PJ/Guanipa, que está del lado de Capriles, no se ha definido, al igual que Henry Ramos. El Grupo de los 15, liderizado en alguna medida por María Corina y casi todo VP, se decanta por una “consulta popular” y el juicio político en la asamblea. Pero de la asamblea, apartando las discusiones de las leyes, la tarima política por casos como los de PDVSA, los narcosobrinos… dudo que salga nada. La decisión del diálogo y ahora la desincorporación de los 3 diputados tiene molestos a VP, el G15 y Guarulla. El G15 y VP planean retomar el proceso de recolección de firmas (con un CNE paralelo) y hacer un acto de votación para realizar el Revocatorio. Capriles no ha dicho que no, pero tampoco que sí. (Ver artículo de Leopoldo Puchi con fecha de hoy y otro de Carlos Blanco).

 

Días antes, María Corina Machado se pronunciaba a favor de que el juicio político de Maduro se hiciera popularmente. (?)
………

 

En cualquier caso, como se registrara en la más reciente emisión de Dr. Político en RCR, en la proliferación de proposiciones resalta una constante: la apelación al Pueblo. Por fin, se toma conciencia de que “Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo…” Algo va a cuajar. LEA
………

 

* El 11 de abril del año pasado, en el programa #139 de Dr. Político en RCR, puse el procedimiento de enmienda a consideración, reconociendo la precedencia de PJ y Raffalli. Más tarde, caí en la cuenta de que el TSJ probablemente impediría el efecto buscado; escribí en Martes de Ramos—25 de noviembre de 2015—: “…el Tribunal Supremo de Justicia [no] toleraría la aplicación ‘retroactiva’ a Maduro de ese recorte, supuestamente a un período de cuatro años; en 2009 ya proponía el magistrado Francisco Carrasquero López a su Sala Constitucional que la reelección permitía ‘recompensar a quienes [el pueblo] estime como sus mejores gobernantes’. Si la Presidencia es un premio, ¿cómo podría quitarse a Maduro el suyo completo—hasta el 10 de enero de 2019—que se ganó en la rifa del 14 de abril de 2013?”. (En R de repitientes, 3 de febrero de 2016),

 

** Primero Justicia consideró entonces que la aprobación del proyecto de enmienda sería posible porque ya Luis Miquilena, quien controlaba unos cuantos diputados, había salido del gobierno en enero de 2002 y podría ofrecer su apoyo a una oposición minoritaria. Luego del Carmonazo de abril, PJ jugó con la idea de promoverla por iniciativa popular—15% de los electores—, pero cambió el rumbo con la proposición de un referendo “no vinculante pero sí fulminante”—que preguntaría si el Poder Constituyente Originario deseaba que Chávez renunciara—, para el que Súmate recogió firmas y que fuera aprobado por un CNE accidental presidido por Alfredo Avella Guevara. (Esa decisión fue invalidada por el Tribunal Supremo de Justicia al haberse producido con la incorporación tramposa de un rector del organismo—Leonardo Pizani—que había renunciado dos años antes). Finalmente, PJ se plegó a la idea del revocatorio. (En R de repitientes, 3 de febrero de 2016).

 

(Para descargar este trabajo en archivo de formato .pdf: cronologia-referendaria)

 

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