Que no pase por debajo de la mesa

Portada de Mateo Manaure para las actas del simposio

Portada de Mateo Manaure para las actas del simposio

El año pasado se cumplieron 50 años de un evento excepcional: el simposio Desarrollo y Promoción del Hombre, organizado por el naciente Instituto para el Desarrollo Económico y Social (IDES) para presentarse en sociedad. Fueron sus líderes más destacados Arístides Calvani, primer presidente del instituto, Alfredo Anzola Montaubán, a la sazón Gerente de la Fundación Creole, y José Rafael Revenga, su mano derecha y Vicepresidente del IDES.

Entre el 13 y el 17 de julio de 1964, los afortunados asistentes atendimos, en el auditorio del Colegio de Ingenieros de Venezuela, las actuaciones de un insólito encierro de toros de fina casta: Ronald Clapham (Alemania), Simón Romero Lozano (Chile), Kenneth Boulding y Frederick Harbison (Estados Unidos), Jean Yves Calvez, Georges Celestin, Louis Lebret, Guy Lemmonier, Alfred Sauvy (Francia), Felix Morlion (Italia), Juan Pablo Terra (Uruguay), Roberto Álamo, Eloy Anzola Montaubán, Héctor Mujica y Arístides Calvani (Venezuela).

Bastaría recordar que el padre Lebret, fundador de Économie et humanisme, dirigía entonces el IRFED (Instituto Internacional para la Investigación y la Formación, la Educación y el Desarrollo), y era el autor de la famosa definición: “El desarrollo es la serie coordinada de pasos, para una población determinada, y para las fracciones de población que la componen, de una fase menos humana a una fase más humana, al ritmo más rápido posible y al costo menos elevado posible, manteniendo la solidaridad entre las poblaciones y subpoblaciones”. O que Kenneth Boulding, economista, fuera cofundador de la Teoría General de Sistemas y autor de más de treinta libros, entre los que destacaban The Economics of Peace y el seminal Conflict and Defence, además de editor del Journal of Conflict Resolution. O que Alfred Sauvy era ya el Sumo Pontífice de la Demografía e inventor del concepto de Tercer Mundo, que designaba a los países que no estaban alineados ni con Washington ni con Moscú: “…car enfin, ce Tiers Monde ignoré, exploité, méprisé comme le Tiers Etat, veut lui aussi, être quelque chose”. (“…porque, en fin, ese Tercer Mundo ignorado, explotado, despreciado como el Tercer Estado, también quiere ser algo”).

Nunca desde entonces se ha reunido en el país una masa crítica intelectual tan poderosa como la que el IDES ensambló hace cincuenta años y un año. A partir de los ricos e iluminadores insumos de esa pléyade de pensadores, los participantes trabajamos en grupos de discusión e intervinimos en la sesión plenaria, y fuimos testigos de un cotejo sorprendente: el padre Jean Yves Calvez, autor de La Pensée de Karl Marx, disertó—a cuatro manos con Héctor Mujica, la principal autoridad intelectual del Partido Comunista de Venezuela—acerca de La economía como respuesta a las necesidades del hombre. Mujica inició sus palabras con este testimonio: “Creo que los amigos del IDES me han escogido para presidir esta sesión precisamente porque soy un militante, soy un hombre comprometido con una ideología y un partido revolucionario, el Partido Comunista de Venezuela, desde mi adolescencia”. La apertura y tolerancia del liderazgo político y, sobre todo, empresarial de la época en Venezuela—era el primer año de la presidencia de Raúl Leoni—, que había dado origen, un año antes, al Dividendo Voluntario para la Comunidad y a su Declaración de Responsabilidad Social de la Libre Empresa, adelantándose treintisiete años a la conciencia social corporativa que se consolidara mundialmente hacia el año 2000, se ponían de manifiesto en esa inusual conjunción de marxólogo y marxista. (No faltó quien sugiriera que Alfredo Anzola Montaubán era un comunista disfrazado).

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La obra de Harbison & Myers

La obra de Harbison & Myers

Frederick Harbison fue quien tal vez trajera las más prácticas recomendaciones. (Su conferencia se produjo en la segunda sesión dedicada a Promoción de soluciones operacionales). Experto en desarrollo de recursos humanos, acababa de publicar con Charles Myers el libro Education, Manpower and Economic Growth, obra en la que se defendía la estrategia de desarrollar recursos humanos de alto nivel, luego de mostrar convincentemente que su densidad era el indicador más significativo de un país desarrollado. Harbison abrió su disertación, en la mañana del 17 de julio de 1964, con estas palabras:

Entre las naciones latinoamericanas, Venezuela es evidentemente la más rica en términos de ingreso nacional per cápita y también en términos de recursos nacionales para su población. Venezuela ha gozado consistentemente durante las últimas dos décadas de una tasa de crecimiento muy alta. Efectivamente, en términos de tasa de crecimiento, Venezuela se encuentra entre el 5 y el 10 por ciento de los países de más rápido crecimiento en el mundo. Se podría decir que, entre los países del mundo entero, Venezuela, en términos de su ingreso nacional es ya un país semi-avanzado. Evidentemente, tiene la capacidad para unirse, en un futuro no demasiado distante, al grupo de las naciones económicamente más avanzadas del mundo. Pongamos de lado, de una vez por todas, la idea de que Venezuela es un país pobre o un país subdesarrollado. Venezuela está en el proceso de convertirse en un país muy avanzado, y los venezolanos deberían tener conciencia de ese hecho y enorgullecerse de él. Sin embargo, me permito sugerir que la verdadera riqueza de una nación no son sus recursos minerales, su capital material o sus reservas de divisas extranjeras, sino más bien la etapa de desarrollo y la mentalidad de su población. Si un país no desarrolla a su población, a sus recursos humanos, sus proyectos de desarrollo económico estarán condenados al fracaso.

Medio siglo después, está claro que perdimos ese tren. (Las dos décadas previas aludidas por Harbison van del último año de Medina Angarita, pasando por la Junta presidida por Betancourt, la presidencia de Gallegos, la junta de Delgado Chalbaud y la presidencia de Pérez Jiménez, hasta el período democrático de Betancourt, concluido el mismo año del simposio).

Pero ese tren todavía pasa por nuestra estación. Cuando soplan vientos de cambio en Venezuela, vale la pena recordar su diagnóstico y su récipe: “…aunque Venezuela está acercándose a la etapa de una economía avanzada, su capacidad de desarrollar recursos humanos de alto nivel está muy subdesarrollada. (…) Tiene que desarrollar su propia capacidad de formación de este tipo de personal. Y esto significa, no sólo la expansión de la educación primaria y secundaria, no solamente el ingresar masas indiferentes de estudiantes a las universidades, sino la creación de institutos modernos de investigación, de educación postuniversitaria, de alta calidad, elevación de los niveles de excelencia en la universidad y en los programas avanzados para desarrollar aun más a los gerentes, ingenieros, técnicos y científicos, en el transcurso de su empleo profesional. En este siglo XX, de la explotación de los conocimientos, ninguna nación puede esperar alcanzar la prosperidad sin desarrollar la excelencia y la calidad a través de todo su sistema educativo”.

Más tarde, el Plan Mariscal de Ayacucho, liderado por Leopoldo López Gil bajo la primera presidencia de Carlos Andrés Pérez, fue acertada concreción de la estrategia harbisoniana. Hoy, sin embargo, una proporción alarmantemente grande de nuestros recursos de alto nivel alimenta la dotación profesional de países escogidos por venezolanos para la emigración. (Luego de derrotar a los moros, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla la emprendieron contra los judíos—médicos, comerciantes, artesanos—, a los que expulsaron de España, y ellos buscaron refugio en la tolerante Constantinopla. El gran sultán Salim preguntaba entonces a sus ministros acerca del prestigio político del monarca español: “¿Cómo pueden llamar sabio a este Fernando, que ha empobrecido sus dominios para enriquecer los míos?”).

A mí me tomaría 33 años señalar—en Si yo fuera Presidente—una osada pero posible meta nacional:

A fines del siglo pasado, y siguiendo el ejemplo de varias naciones europeas, Antonio Guzmán Blanco decretó la obligatoriedad de la educación elemental o primaria para todos los ciudadanos de Venezuela. Para la época del gobierno de Marcos Pérez Jiménez el título de bachiller todavía significaba algo, al punto de que funcionarios públicos con el rango de directores de ministerio eran tan sólo bachilleres. Eso ya no es suficiente hoy en día; por esto creo que el Estado venezolano debe apuntar a una meta aún más ambiciosa: que el habitante venezolano promedio pueda alcanzar un nivel de conocimientos equivalente por lo menos a tres años de educación superior.

Llegamos a la elección de una nueva Asamblea Nacional luego de años de desentendimiento entre nuestras universidades y los poderes nacionales, de asedio oficial a nuestros centros superiores de conocimiento. Los nuevos diputados debieran colocar como su primera prioridad el aseguramiento de los fondos necesarios al rescate y reanimación de nuestras universidades, pues Harbison tenía razón y nunca es tarde para hacerle caso. LEA

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Nota: al escribir estas líneas, he querido dedicarlas a José Rafael Revenga, Alfredo Anzola Méndez, Antonio D’Alessandro y Ana Blanco Díaz.

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Historia complementaria

 

La MUD hace cinco años y pico

La MUD hace cinco años y pico

Lo que sigue es el texto de una sección—La hija de la Coordinadora—del capítulo VIII (La enfermedad de la victoria) de Las élites culposas, y detalla la cacofónica incompetencia de la Mesa de la Unidad Democrática, tal como se manifestaba en 2009. Sirve de complemento a parte de lo expuesto en Dieciséis años de incompetencia.

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Quien escribe ignora cómo transcurrieron los procesos de deliberación estratégica en el seno de la MUD en 2009 pero, a juzgar por sus resultados, el método empleado en aquéllos debía ser errático, superficial y apresurado. La serenidad parecía estar ausente de esa deliberación, así como la unidad de criterio. En respuesta a la angustia ciudadana causada por la anunciada aprobación de la Ley Orgánica de Educación—13 de agosto de 2009—, líderes de distintos partidos pertenecientes a la Mesa saltaron ante la opinión pública con urgentes anuncios a nombre de “la oposición”, sólo para contradecirse en pocas horas.

El diario El Universal reseñaba, por ejemplo, el 14 de agosto: “El diputado del partido Podemos, Ismael García, anunció que a partir de este momento se declaran en rebeldía y desacato contra el instrumento legal, que calificó de absurdo… Indicó que acudirán al Consejo Nacional Electoral para solicitar un referéndum abrogatorio”.

La misma nota, de Yaneth Fernández y Alicia De La Rosa, recogía la posición de Antonio Ledezma: “Declaramos a todos los sectores democráticos en Venezuela, a los partidos políticos, a los sectores estudiantiles, a los educadores de universidades, liceos y escuelas, a los padres y representantes, a los transportistas, a los comerciantes de los pueblos del país, a los congresantes, a los legisladores, nos declaramos a partir de este momento en lucha permanente en defensa de la Constitución y la democracia venezolana”. De seguidas recomendaba esta novísima táctica: “Convocamos a Venezuela a activarnos esta noche haciendo sonar un gran cacerolazo en rechazo a la Ley inconstitucional. Esta noche a las ocho comenzará el corneteo en calles, autopistas de toda Venezuela y que se hagan escuchar en barrios y urbanizaciones las cacerolas”. No hubo reportes posteriores de cacerolas batientes dignas de reseñar.

Al domingo siguiente el mismo diario titulaba: “Oposición acuerda apoyar referendo abrogatorio contra Ley de Educación”. Daba cuenta de una reunión en la que el alcalde Ocariz había servido de anfitrión: “Alcaldes de oposición del Área Metropolitana, acordaron con la gobernación de Miranda, la Alcaldía Metropolitana, padres, representantes y docentes en contra de la Ley Orgánica de Educación, organizar la convocatoria a un referendo para eliminar este instrumento jurídico”. El primer orador del acto fue Juan José Molina, diputado por Podemos, quien dijo: “… queda el camino de la democracia y solicitar un referendo abrogatorio para seguir viviendo en la democracia que todos estamos acostumbrados”. También hablaron Gerardo Blyde—ex Primero Justicia, también pasado a Un Nuevo Tiempo—, Antonio Ledezma (Alianza Bravo Pueblo) y Carlos Ocariz (Primero Justicia), quien “se comprometió a apoyar a la sociedad civil en la recolección de firmas para el abrogatorio”. Ledezma, dice el periódico, “insistió en la necesidad de hacer un referendo abrogatorio que derogue la Ley Orgánica de Educación ya firmada este sábado por el presidente de la República Hugo Chávez Frías”. Blyde afirmó: “Hay que borrar [la LOE] del mapa jurídico venezolano y para eso es el abrogatorio”. Cerró el acto el Gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, quien contribuyó anunciando la creación del Comando Moral y Luces—siguiendo la pauta de Chávez, que todo lo relaciona con Bolívar—, cuya misión sería la de “solicitar formalmente” a las autoridades del Consejo Nacional Electoral activar un referéndum para “que sea el mismo pueblo venezolano el que apruebe o no la Ley de Educación”.

Esta fase del proceso merece tres comentarios. Primero, la iniciativa popular no solicita; manda, a pesar de la redacción constitucional. Segundo, éste no es asunto en el que debieron involucrarse de manera tan protagónica alcaldes y gobernadores electos, cuya exclusiva función era la de rendir un servicio público en sus respectivas circunscripciones; no podía servir de excusa que Hugo Chávez excediera su función presidencial al actuar como líder del PSUV y meterse en cosas que no le incumbían—fue costumbre sana, ya olvidada, de nuestra democracia liberar de disciplina partidista al Presidente de la República—, y si los partidos mencionados querían estar en aquel acto, sus voceros han debido ser Omar Barboza, Oscar Pérez o Richard Blanco y Julio Borges. Tercero, ya yo había alertado[1] que el camino abrogatorio sería impedido irremisiblemente, sobre la disposición del último párrafo del Artículo 74 de la Constitución: “No podrán ser sometidas a referendo abrogatorio las leyes… que protejan, garanticen o desarrollen los derechos humanos…”

No era difícil anticipar que el TSJ, cuya Sala Constitucional mutila la Constitución Nacional sin espabilar, declararía que la LOE era, justamente, un “desarrollo” del derecho a la educación, que es un derecho humano. Le bastaría apuntar a la primera cláusula del Artículo 103 de la Constitución Nacional: “Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones”. En consecuencia, un esfuerzo opositor por abrogar la nueva Ley Orgánica de Educación sería, irremisiblemente, trabajo perdido. Se trataba de un espejismo.

Debe reconocerse, por supuesto, que Acción Democrática no participó de tal sarao de apresuradas opiniones, y que Un Nuevo Tiempo anunció poco después su posición oficial de rechazo a la idea del referéndum abrogatorio. Pero no fue sino hasta el miércoles 19 de agosto cuando El Universal reportara:

La determinación de la Mesa de la Unidad contra un abrogatorio se tomó en una reunión plenaria la noche del lunes—según algunas fuentes, a instancias del MAS—en el entendido de que el anuncio de García no contaba con el consenso pleno, existiendo incluso dentro de la cúpula de los partidos posiciones divergentes. Éste fue el caso de Primero Justicia, pues Julio Borges dejó claro que el apoyo expresado a la consulta electoral por el gobernador de Miranda, Henrique Capriles, durante el acto del domingo en La Urbina, no contaba con el respaldo de la dirección nacional, confió uno de los asistentes al pleno… El secretario general de COPEI, Luis Carlos Solórzano, sí estima procedente impulsar un referendo contra la LOE, pero ninguno de los directivos de ese partido asistió a la reunión del lunes. Asimismo, las versiones coinciden en que en el debate, tanto Acción Democrática como La Causa R presentaron posiciones institucionales firmes desde el principio en contra de esa posibilidad… En cuanto al MAS, la posición inicial favorable expresada de manera pública por sus dos coordinadores nacionales, José Antonio España y Nicolás Sosa, debió ser reconsiderada tras la demanda del resto de los miembros de la dirección naranja por una posición colegiada.

También anotó el diario: “…otro dirigente, molesto por las marchas y contramarchas estratégicas de la alianza de oposición, estuvo en desacuerdo con responsabilizar a García exclusivamente y puso de bulto la concatenación de sucesos, pues tras la rueda de prensa del viernes—recalcó—se realizó el acto de calle en Chacaíto y el pronunciamiento de los alcaldes del Área Metropolitana de Caracas y del gobernador de Miranda a favor del abrogatorio, de modo que, a su juicio, hay una responsabilidad compartida en el apresuramiento del anuncio y el costo político que deberán pagar ahora una vez reconsiderada la decisión”.

Una vez muerta la peregrina noción abrogatoria, sin embargo, parecía que la Mesa de la Unidad buscaba una ganga: la décima parte de las firmas requeridas para forzar una consulta de abrogación. El lunes 24 de agosto continuó informando Carolina Contreras en El Universal: “Henrique Capriles Radonski, Gobernador de Miranda, acudió en representación de la Mesa de Unidad al Consejo Nacional Electoral (CNE) para solicitar un mecanismo que permita la reforma de la Ley Orgánica de Educación (LOE) vía iniciativa popular”. Y citó al mandatario mirandino, quien habría dicho: “Ya que se negó el referendo abrogatorio (…) el artículo 204 de la Constitución, 205 de la Constitución establece claramente de un 0.10% de los electores inscritos en el CNE pueden solicitar la reforma de una ley. Es decir que el Consejo Nacional Electoral tendría que fijar el mecanismo para que nosotros podamos a buscar la voluntad de ese 0.10% de electores”. (Sic, sic, sic).

Bueno, en primer término, la iniciativa popular de las leyes puede ejercerse con 1% de los electores, no con 0,1%, como señalaba Capriles mal informado, suponiendo que no hubiera sido citado incorrectamente. Luego, la iniciativa popular no puede reformar ninguna ley; tan sólo puede introducir un proyecto de reforma, cuyo destino será determinado por la Asamblea Nacional, hecho que lleva a otras consideraciones.

Para empezar, el Artículo 205 de la Constitución reza: “La discusión de los proyectos de ley presentados por los ciudadanos y ciudadanas conforme a lo dispuesto en el artículo anterior, se iniciará a más tardar en el período de sesiones ordinarias siguiente al que se haya presentado. Si el debate no se inicia dentro de dicho lapso, el proyecto se someterá a referendo aprobatorio de conformidad con la ley”. Si hubiera sido seria la intención de la Mesa de Unidad, lo más rápidamente que habría podido actuar sería recoger las firmas a tiempo para introducir el proyecto de reforma antes del 15 de diciembre de 2009, cuando concluía el segundo período de sesiones ordinarias de 2009. En tal caso, la Asamblea tendría la obligación de iniciar—no necesariamente concluir—la discusión del proyecto antes del 15 de agosto de 2010. A Cilia Flores le bastaría dar la palabra a un solo orador que “iniciara” la discusión el mismo 15 de agosto de 2010 en horas de la tarde.

Pero el obstáculo principal—que remitía al recuerdo de la pretendida enmienda de recorte de período en 2002—era que la misma Asamblea Nacional que acababa de aprobar la Ley Orgánica de Educación habría sido el órgano encargado de discutir y aprobar, o más probablemente rechazar, un proyecto de reforma introducido por iniciativa popular, así llegara respaldado por dieciocho millones de firmas, o el registro electoral en pleno. La Constitución no garantiza que un proyecto de ley introducido por iniciativa popular será aprobado. ¿En qué cabeza cabía, pues, que era una idea medianamente productiva la introducción de un proyecto de ley que negase lo que la asamblea de Cilia acababa de aprobar?

Así estaban las cosas, pues, con la oposición formal venezolana. Si la Mesa de la Unidad no volvía a revertir la actuación de su delegado, Henrique Capriles Radonski, para deslindarse de tamaño desatino, ya no tendría un chivo expiatorio, como en el caso de Ismael García, a quien atribuir el nuevo apresuramiento y la nueva equivocación, después de que ella convocara una enésima marcha de protesta en seguimiento de aquella profunda máxima estratégica de que había que “calentar la calle”.

La representación de Capriles, por otra parte, revelaba holgazanería política en la Mesa de la Unidad. Cuando todos los estudios de opinión reportaban rechazos muy mayoritarios a casi toda ejecutoria reciente del gobierno, se conformaba con captar la aquiescencia de uno por ciento de los electores, lo que ciertamente era más barato que diez por ciento de ellos.

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[1] En la Nota Ocasional N˚ 21 de doctorpolítico, del 15 de agosto de 2009.

 

LEA

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Libro gratis en .pdf

La portada que diseñara Aitor Muñoz Espinoza

La cubierta que diseñara Aitor Muñoz Espinoza (clic para ampliar la imagen)

 

…un texto llamado a ser tomado en cuenta por quienes ahondan en el estudio del gran problema venezolano del poder.

Ramón J. Velásquez

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En la práctica agotada la primera edición de Las élites culposas, la situación de la industria gráfica nacional hace difícil una segunda. Por tal razón, he creído conveniente poner a disposición del público general su texto íntegro, ofreciendo acá el archivo en formato .pdf a partir del cual se imprimiera. Abajo, pues, hay un enlace para descargar el libro completo.

La obra es la historia de un cuarto de siglo de política venezolana, vista con los ojos de alguien que fue testigo o actor de reparto en unas cuantas de sus peripecias. Concluye el recuento a fines de 2012, habiéndolo comenzado poco antes de la campaña electoral de 1988. Vista en conjunto, la trayectoria recorrida permite explicarse la llegada del chavismo al poder. Un capítulo último intenta penetrar en el futuro, e incluye este juicio: “Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder afirmada en la excusa de una ideología cualquiera que, como todas, es medicina obsoleta, pretenciosa, errada e ineficaz. Su producto es mediocre”.

Pero no es el libro una lectura pesimista, sino un llamado a la acción correctora:

Es de esperar que el pueblo venezolano aprenda de estos años terribles, tal como los alemanes—hoy la nación más sólida de Europa y no sólo económicamente—pudieron aprender de una de las dictaduras más espantosas que ha sufrido alguna parte de la humanidad. Pero no puede dejarse eso al azar. Es preciso educar al Pueblo, es necesario elevar su cultura política. Es ineludible hacer una política responsable y seria, que abreve de las más modernas nociones aportadas por la ciencia. Es urgente identificar y ayudar a liderazgos más modernos y clínicos. Es imperioso acercar recursos a cabezas nuevas que tienen otro enfoque de la tarea política, que discurren acerca de las implicaciones concretas de la vocación política desde nuevos paradigmas.

Esto es así porque la política ideológica está en crisis en todo el mundo; Carlos Fuentes dejó un último artículo antes de morir—Viva el socialismo. Pero…—; en él alude a “este nuevo desafío, el de una sociedad que al cabo no se reconoce en ninguna de las tribus políticas tradicionales: izquierda, centro o derecha”. Las peculiaridades del problema político venezolano impiden percatarse de ese problema de fondo.

Tal vez tenga razón Victoria De Stefano en su nota prologal a Las élites culposas:

…si bien registra las raíces del proceso, la cronología y secuencia de los acontecimientos con rigor de archivista, sin derrotismos y sin optimismos vacuos, sin sacrificar la anécdota pertinente y las esclarecedoras ironías o humoradas que muchas veces comportan, también se eleva por encima de ellas y, lo más importante, por encima de las tendencias en conflicto para un mejor diagnóstico de las opciones democráticas a las que, en nombre de su salud y sobrevivencia, debiera apostar nuestra voluntad colectiva.

Es con placer que obsequio a los lectores de este blog mis Memorias imprudentes. LEA

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Para descargar el libro v.8.0_Las élites culposas_v. imprenta para revisión_27.03.2012

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Rechazo de la osadía

Rechazo de la osadía es el título de una sección en el Capítulo VIII (La enfermedad de la victoria – 2007-2009) de Las élites culposas, publicado en 2012 bajo el sello editorial Libros Marcados, de Fausto Masó. Da cuenta del nacimiento de la idea de promover un referendo consultivo sobre el establecimiento en Venezuela de un sistema político-económico socialista. El Sr. Masó expuso la idea como suya, sin hacer referencia al antecedente, en su programa de radio con Roberto Giusti (Golpe a golpe) del viernes 28 de febrero de 2014 y, al día siguiente, en su artículo de los sábados en el diario El Nacional. En la misma emisora (Radio Caracas Radio), por mi parte, había comenzado a replantear la receta, que ya va para cinco años, desde el programa #72 de Dr. Político en RCR (7 de diciembre de 2013) y casi que desde entonces en toda emisión sucesiva ha sido discutido el tratamiento con los oyentes. (Incluyendo la de ayer: La renuncia de Diosdado Cabello). Antes de la “iniciativa” del Sr. Masó, en este blog, de cuyas entradas él recibe aviso por correo electrónico, se ha planteado la proposición reciente y frecuentemente (Desarreglos simétricos, La salida, Se cambia protesta por propuesta, etcétera). Es perfectamente posible que el Sr. Masó ignorara, como me asegura, esta última secuencia, y que no supiera de lo dicho en un programa que se transmite por donde él lo hace; pero, o ha olvidado que lo dije también en un libro de su sello o no lee lo que publica. Abajo, se reproduce parte de la sección aludida. LEA

(Actualización: a las 9:38 a. m. de hoy, recibí un correo electrónico del Sr. Masó, que pone: “en mi  programa de radio dire que tu hablaste antes del referendum sobre el socialismo”. Un minuto después, envío un segundo correo: “te agradeceria me sacaras de la lista de personas que reciben tu email sobre tu programa y el Doctor Politico. saludos”. Ya lo he complacido).

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Editor olvidadizo o negligente

Solo convocando a algún tipo de consulta electoral Nicolás Maduro acabará con la protesta popular, una consulta que se realizase con un nuevo CNE, y preguntase al país si quiere aplicar un modelo socialista, por ejemplo.

Fausto Masó, Dos salidas para Nicolás Maduro. El Nacional, 1º de marzo de 2014

Reconoceré según mi conocimiento y en todo momento la precedencia de aquellos que hayan interpretado antes que yo o hayan recomendado antes que yo aquello que yo ofrezca como interpretación o recomendación, y estaré agradecido a aquellos que me enseñen del arte de la Política y procuraré corresponderles del mismo modo.

Código de Ética Política de Luis Enrique Alcalá

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Rechazo de la osadía

Para ese entonces ya yo había recomendado agarrar el toro por los cachos y plantear un referéndum consultivo frontal, capaz de parar el trote a Hugo Chávez Frías: “¿Está usted de acuerdo con la implantación en Venezuela de un sistema político-económico socialista?”

Pero la dirigencia opositora formal no conseguía fuerzas para atreverse, e iba a suplicar al Consejo Nacional Electoral una gracia que no correspondía a ese órgano conceder. La errática y equivocadísima conducta de esa dirigencia la revelaba, una vez más, como políticamente incompetente, sólo capaz de meter en el corral la numerosa cantidad de pretendientes de oposición a alguna candidatura.

La situación reclamaba a gritos una nueva formación política, construida sobre la base de un código genético distinto del de los partidos tradicionales, capaz de unir al país y de hablar a la inmensa mayoría no alineada, que veía con horror la perniciosa, abusiva y arrogante trayectoria del gobierno y con atónita incredulidad la supina ineficacia de los partidos de oposición.

(…)

Como acabo de decir, yo había propuesto el 23 de julio de 2009:

Todas las encuestas que ha podido conocer quien escribe han dado recientes datos bastante similares. Por ser representativo del conjunto, limitemos los números a un solo estudio: el informe final del Monitor Socio-Político de Hinterlaces del 1˚ de junio de este año. Este estudio “cuantitativo y cualitativo” registra lo mismo que otros investigadores reportan: que una mayoría de los consultados rechaza las políticas más recientes del Ejecutivo Nacional y sus demás poderes sumisos.

En particular, por ejemplo, Hinterlaces (Oscar Schemel) mide 68% de desacuerdo con la nacionalización de empresas y haciendas ordenada desde la Presidencia de la República. (Quienes están de acuerdo con esa medida alcanzan sólo al 28%. Cuatro por ciento no quiso o no supo responder). Por ejemplo, según el estudio referido, 63% estima que esa medida pudiera afectar a la propiedad privada de todos los venezolanos. (Treinta y tres por ciento no cree tal cosa). Por ejemplo, 68% está de acuerdo con la propiedad privada que apoyan los empresarios y no con la propiedad colectiva propuesta por el presidente Chávez. (Veintisiete por ciento dice preferir la propiedad colectiva sobre la privada).

Y 57% no aprueba el establecimiento del “socialismo del siglo XXI” en el país, frente a 35% que lo aprueba. Y si ese socialismo fuera como el cubano, la desaprobación asciende a 87% y la aprobación desciende a 9%.Y 83% expresa desacuerdo con la idea de que es malo ser rico. (Once por ciento expresa acuerdo). Y 86% no piensa que ser pobre es bueno. (Diez por ciento sí lo cree). Y 80%—contra 16%—no concurre con la idea de que todos debemos ser iguales para que no haya ricos ni pobres, como sostiene que ocurriría el Presidente de la República.

En suma, la mayoría de los venezolanos rechaza la pretensión de implantar en el país un sistema político-económico socialista, a pesar de lo cual Rafael Ramírez, bajo su casco de Presidente de PDVSA, proclama: “PDVSA está con Chávez. PDVSA está con la revolución… Quien no esté en un comité socialista es sospechoso de conspirar contra la revolución”.

¿Qué hace uno con una mayoría tan fuerte? Pues procura que se exprese políticamente de modo válido. Pide que el asunto sea votado, pues está seguro de ganar una consulta que lo considera. Es ésa una regla política elemental. Quien tiene la mayoría quiere que se la mida y certifique, porque quien tiene la mayoría puede mandar.

La mayoría abundante que no quiere un régimen socialista para Venezuela debiera apoyar la convocatoria, por iniciativa popular, de un referéndum consultivo sobre dicha posibilidad, de una consulta que le pare el trote a Ramírez y a su jefe.

No obstante, lo que era una recomendación de perfecta lógica política, fue torpedeada insistentemente, con evaluaciones ligeras o interesadas y aun con descaradas mentiras. Yo había llevado la proposición, del espacio de correo electrónico de mi carta semanal, al más abierto del blog que inicié en noviembre de 2009, donde inserté varios artículos de promoción de esa iniciativa.

(…)

Por supuesto, el mismo referéndum podía ser convocado, sin mayor esfuerzo, por el presidente de la República en Consejo de Ministros, quienes acatan su voluntad sin la menor resistencia. Si Hugo Chávez hubiera creído entonces que saldría airoso en una consulta sobre la conveniencia del socialismo para Venezuela, ya la habría convocado. La Sala Situacional de Miraflores, por otro lado, es asidua visitante de mi blog y era infaltable lectora de mis cartas semanales, según lo sé por fuentes confiables, incluyendo una de la misma sala que admitió precisamente eso en comunicación que me dirigiera. El 2 de junio, dos días después de mi proposición de consultar al Soberano el día de la votación para elegir la Asamblea, Chávez regresó al reto que reiteraba desde hacía meses: que la oposición convocara un referéndum revocatorio y que éste podía celebrarse junto con las elecciones parlamentarias, copiando mi prescripción temporal. Según el Presidente, el CNE estaba en perfecta capacidad de organizar la cosa en cuatro meses.

Pero no hubo más adhesiones significativas a la idea. En el mes de julio, inicié un contacto con gente conocedora del mundo informático, pues de nuevo pensé que podía emplearse la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas para activar la convocatoria. Quien me fuera presentado como el experto que resolvería todo—no lo mencionaré—quiso convertir la cosa, ya ampliada a la acción de una organización política nueva, a un proyecto de negocios con el que ganaríamos mucha plata, y poco después la cercanía del 26 de noviembre hizo definitivamente inviable la iniciativa.

Ángel Graterol Monserrate, miembro de la Comisión de Finanzas de la MUD, escribió en mi blog el 31 de mayo de 2010: “Es un proyecto interesante. Sin duda la respuesta no será favorable al régimen. ¿Que haremos después? Recordemos cómo el régimen ha desconocido totalmente los resultados del REF. 2007”. Le contesté de esta manera:

Como dices, aun perdiendo un referéndum de tal naturaleza, el gobierno rebusca rutas alternas. Sin embargo, no transgrede todos los límites (no todo lo rechazado en 2007 pudo hacerlo, y sólo se atrevió a replantear en 2009 el tema de la reelección indefinida). Además, un resultado adverso en punto tan claro sería un puñetazo clarísimo en medio de la frente. Para usar una frase del mismo Chávez: se detendrían todos los motores de la revolución.

No conozco una proposición mejor, y de esto se trata. Es preciso actuar, y por tanto hay que proponer. En agosto de 2005 repetí una consideración que ya había hecho en febrero de 1985, veinte años antes:

Lo que el espacio político nacional debe alojar es una licitación política con claras reglas para la contrastación de proposiciones de conjunto.

¿Cuáles son estas reglas? Si a la discusión se propone una formulación que parece resolver un cierto número de problemas o contestar un cierto número de preguntas, la decisión de no adoptar tal formulación debiera darse si y sólo si se da alguna o varias de las siguientes condiciones:

a. cuando la formulación no resuelve o no contesta, más allá de cierto umbral de satisfacción que debiera en principio hacerse explícito, los problemas o preguntas planteados.

b. cuando la formulación genera más problemas o preguntas que las que puede resolver o contestar.

c. cuando existe otra formulación—que alguien debiera plantear coherentemente, orgánicamente—que resuelva todos los problemas o conteste todas las preguntas que la formulación original contesta o resuelve, pero que además contesta o resuelve puntos adicionales que ésta no explica o soluciona.

d. cuando existe otra formulación propuesta explícita y sistemáticamente que resuelve o contesta sólo lo que la otra explica o soluciona, pero lo hace de un modo más sencillo. (En otros términos, da la misma solución pero a un menor costo).

También decía hace 25 años:

En ausencia de estas condiciones para su sustitución, la política que se proponga puede considerarse correcta, y dependiendo de la urgencia de los problemas y de su importancia (o del tiempo de que se disponga para buscar una mejor solución) será necesario llevarla a la práctica, pues el reino político es reino de acción y no de una interminable y académica búsqueda de lo perfecto.

Es obvio que esa racionalidad no predominó entre los dirigentes de oposición en el año 2009.

luis enrique ALCALÁ

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Un encargo inacabado

Mi esposa ante el busto de Las Delicias

Mi esposa ante el busto de Las Delicias

In memoriam Ricardo Zuloaga

Mi infancia transcurrió en la urbanización Las Delicias de Sabana Grande. Allí jugué pelota en la calle, comí pomagás y bailé trompos en la “placita”, con los muchos amigos que vivían en el vecindario. La casa paterna—16-1 de la Calle Los Mangos, luego bautizada Alcalareña—estaba a una cuadra de la plaza, y frente a ella esperaba a eso de las siete de la mañana el autobús del colegio. El rocío y la neblina mañaneros que humedecían y escondían sus arbustos eran parte de un clima caraqueño que ha desaparecido con el desarrollo de la ciudad.

Fue en esa plaza donde sufrí mi primera de cinco fracturas, en el codo, a mis doce años. Salté ineptamente un seto que enredó mis pies y quedé en el suelo un buen rato, mirando incongruentemente el busto de Rafael Arévalo González que marcó nuestro tiempo infantil desde el centro de la plaza. Fue después cuando leí Memorias de un venezolano de la decadencia, el libro de José Rafael Pocaterra que mi padre atesoraba; por él supe que el caballero que presidía los juegos de la pandilla de Las Delicias había sido un héroe. No podía prever entonces que un empeño de Don Ricardo Zuloaga me regresaría esos recuerdos.

A fines de 2009 llamó Ricardo a la casa; había concluido la lectura de Alicia Eduardo: Una parte de la vida y creyó que mi esposa, la autora, era indicadísima para componer una biografía novelada de Arévalo o, al menos, curar una reedición de sus memorias, que habían sido editadas en 1977 sin demasiado cuidado. Un desayuno de consultas de nosotros tres con Ramón J. Velásquez, Carolina Jaimes Branger y Milagros Socorro produjo la decisión: se trabajaría las memorias, dejando para más adelante la posibilidad de la novela biográfica. Esta circunstancia me permitió cooperar en el proyecto, pues carezco de la habilidad narrativa de mi señora; a cuatro manos acometimos la tarea en 2010, y me tocó aportar un preámbulo que se pone abajo. (También se incluye al final un enlace para descargar el trabajo entregado a la Fundación Ricardo Zuloaga en formato .pdf).

Fue tal vez el último proyecto de Ricardo Zuloaga; todavía espera la edición que acometan los descendientes de Arévalo. LEA

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De las Memorias de Rafael Arévalo González pudiera decirse lo mismo que de la Octava Sinfonía de Franz Schubert: que son una obra inconclusa. Así las llama, por cierto, Luis Villalba Villalba, redactor de una introducción de casi ochenta páginas—un verdadero estudio—a la primera edición de la Editorial Mediterráneo (1977).

Parece que las comienza en 1933; por referencia directa de él mismo, las escribía en 1934, un año antes de morir. Sólo él hubiera podido completarlas. No sólo es que son incompletas en el recuento de su vida y que dejó de contar en el texto que logró escribir muchos episodios, sino que su artesanía está inacabada, especialmente en lo tocante a claridad cronológica. Pero la pluma de Arévalo era elegante, incisiva y amena; las muchas cosas que refiere tocan al lector de manera vívida, y logran transportarle a la circunstancia y la angustia que él vivió con la fortaleza del titanio.

Las Memorias de Arévalo son, por sobre todo, una historia política de Venezuela. En ellas hay poca o ninguna referencia al paisaje, a la geografía; son, a la manière de Theodore Zeldin, historia emocional. También son un solo recuento: el de la lucha de una conciencia recta contra los poderes más retorcidos e implacables. Es la historia de la valentía de un hombre.

Esta nueva edición de las Memorias de Arévalo fue suscitada por el Dr. Ricardo Zuloaga. Habiendo conocido la versión de 1977, encontró en ellas una lección permanente de indoblegable rectitud, capaz de arriesgar la existencia misma por la verdad y por lo que es justo. Entonces hizo que la Fundación Ricardo Zuloaga encargara una nueva edición que las hiciera más legibles—la primera consiste de un solo texto continuo, sin capítulos—y que proporcionara contexto con notas apropiadas.

Éste es el resultado: las 207 páginas seguidas de la primera edición han sido reorganizadas en 33 capítulos de más fácil digestión y, a las dos notas a pie de página proporcionadas por el propio Arévalo, se ha añadido 115 notas que ofrecen la referencia necesaria para desenmarañar y entender el complejo tejido de personajes y ambiciones ante el que la honestidad del heroico periodista se manifestó con tenacidad indómita.

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Joaquín Crespo, Antonio Guzmán Blanco, Raimundo Andueza Palacio, Juan Pablo Rojas Paúl, Ignacio Andrade, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez son los presidentes venezolanos que definen el acontecer político nacional en el tiempo de Rafael Arévalo González. Forman una secuencia trágica, con honrosísimas y muy escasas excepciones a una historia de apetencia por el poder que es dirimida con primitiva violencia armada, no por los caminos avanzados de la competencia cívica. Aquellos personajes se rodean de corruptas y muchas veces incapaces camarillas, y poco hay de encomiable en la sucesión de períodos de gobierno en su época, poco que pueda ser causa de orgullo para los venezolanos de hoy, aunque sí de preocupación al encontrar en aquella Venezuela del cambio de siglo—fin de siècle y Belle Époque que el delirio de Guzmán Blanco pretendió emular en medio de su peculado—conductas y procesos que no han sido erradicados a estas alturas del siglo XXI.

Es ante ese cuadro que se desarrolla la existencia de Rafael Arévalo González, es por ese contexto que el contraste de su digno proceder se hace más agudo, como los blancos dientes de un perro que está muerto en el camino.

La serenidad del héroe

La serenidad del héroe

Arévalo fue, primordialmente, un político, en el viejo sentido de la raíz griega que nos da los vocablos de polémica y polemólogo. Ejerció ese noble arte desde la tribuna del periodismo que, por propia admisión, no le interesaba tanto cuando fue posible respirar, durante el segundo gobierno de Crespo, una relativa libertad de expresión. Eran las dificultades lo que estimulaba a Arévalo; mientras más arriesgada era la protesta más dispuesto estaba a proferirla.

Era un tiempo de formas todavía románticas, y Arévalo descuella con el modernismo de su prosa, argumentalmente hábil, sólidamente dirigida a lo substancial de los entuertos que combatía. Su atrevimiento estuvo siempre acompañado de una astucia expositiva que dificultaba hacerle prisionero sin desfachatez. Era buen psicólogo; en más de una anécdota muestra el rápido cálculo de las emociones que varias veces le permitió salirse con las suyas. En el tiempo del telégrafo, tan importante como la Internet de hoy para las comunicaciones, Arévalo dominaba la tecnología y la gerencia del invento. Era de inteligencia poco común.

Arévalo ha sido llamado ingenuo por algunos; aseguran que lo fue al proponer en 1913 la candidatura presidencial de Félix Montes, enfrentándola al apetito continuista de Juan Vicente Gómez. La lectura de su artículo en El Pregonero no encuentra en él ingenuidad alguna; es la brutalidad implacable de Gómez el origen de una reclusión de ocho años para el franco periodista y ciudadano que sufriría otras trece prisiones, para un total de veintisiete años de encierro, el cuarenta por ciento de su vida. Una maleta siempre dispuesta en su casa tenía el siguiente membrete: Rafael Arévalo – La Rotunda.

Otros consiguen en sus memorias arrogancia. Rafael Arévalo González (1866-1935) sufrió, como todo hombre excepcional, el peso de su extraordinaria inteligencia; a ella va indisolublemente unida, ineludible, la conciencia clara de sus propias capacidades, y no podía escapar a su entendimiento que la mayoría de los hombres no se conducía con su valor y su diligencia. Arévalo, en consecuencia, escribió más bien con modestia lo que pudo acerca de su vida ejemplar, no para la promoción de su propia figura, sino como testimonio doloroso de la constante bajeza política de su país.

Fue la suya una vida valiente, pues no entraba inconsciente en el peligro. Tenía los pies firmemente plantados sobre una tierra peligrosa, y siempre supo a qué represalias se exponía con su comportamiento. Es la humanidad entera, no sólo la sociedad venezolana, la que debe agradecer y atesorar la trayectoria ejemplar de Rafael Arévalo González.

Pues él arriesgó todo—familia, posesiones (modestas), salud y vida—por la justicia enfrentándose una y otra vez al despotismo. La Enciclopedia Británica publicó en 1963 la colección Gateway to the Great Books, en cuyo Tomo 4 reproduce la obra Un enemigo del pueblo, de Henrik Ibsen. Acerca de ella dice: “Un hombre solo de pie, con la justicia de su lado contra el tirano, es una figura dramática familiar y poderosa. Pero también existe en la vida real. A menudo sufre la derrota personal, incluso la muerte. Pero su acción heroica no perece con él. Ella perdura, y hace a la vida más justa y habitable para el resto de nosotros. El idealismo, pues, en lugar de ser tonto e impráctico, puede resultar al final el único camino práctico”. Es ése el veredicto exacto sobre la vida del inolvidable héroe de Río Chico.

Luis Enrique Alcalá

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Memorias R. Arévalo G

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Gourmet de la inteligencia

Tristes, como Durero, por el adiós de Luis

Tristes, como Durero, por el adiós de Luis Penzini Fleury

Es un caballero que se ha ido. Ya no celebrará a Kepler y Copérnico ni hablará orgulloso de sus hijos, ni mejorará el paisaje urbano, ni jugará dominó con nosotros, ni nos obsequiará libros o aderezos deliciosos. No contará más chistes ingeniosos y finos o anécdotas hilarantes, no nos sorprenderá más con las cosas muchas que sabía; no nos abrazará con su sonrisa, no nos llamará con su voz dulce, gentil y pedagógica, no nos convocará a la bondad. El peso de todo eso reunido lo sentiremos ahora, como una sola mole de amistad descomunal, en su elocuente ausencia. Luis Penzini Fleury fue él mismo un generoso regalo cósmico.

Hubo cosas que no pudo conocer: la doblez, la mezquindad, la malicia; en esto era un ignorante. Despedía luz, eso sí; inventaba incesantemente iniciativas bondadosas y eficaces, pintaba las conversaciones de nobleza, comunicaba con entusiasmo su admiración por los hechos de la inteligencia, no se rendía.

El país era, tras la familia, su interés supremo; jamás dejó de vivirlo, de sufrirlo y gozarlo. Últimamente, predicaba que a la sucesión de los discursos de la vieja democracia y el prevaleciente del hombre fuerte militarista, buscáramos superponer a la patria el discurso de los valores, el del hombre sabio.

Una última sonrisa me regaló el lunes, con ojos que se despedían, al regresar a su casa de la diálisis rutinaria en la que puso conmovedora esperanza, pasando frente a la mía para morir. De algún modo, supe que no volvería a verlo y que no le había agradecido adecuadamente todo lo que me había dado.

Mañana será cremado como Sigfrido, la paz de la victoria. Ha muerto un gigante amable, y su huella enorme ha quedado impresa suavemente, como suave era su corazón, en el territorio de nuestras almas y en el de la geografía. Esa marca irá creciendo con la edad de nuestra nostalgia. LEA

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Funeral de Sigfrido e inmolación de Brunilda – George Szell y Orquesta de Cleveland

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