Dolor de incomprensión

 

Recuerda: un profeta es rara vez elogiado/ Antes del ocaso/ Del día cuando por primera vez proclama/ Verdades desagradables./ Pero cuando tus verdades/ Se hagan obvias con el tiempo,/ Y su autor sea reivindicado,/ Sé, en ese momento de cosecha, clemente, misericordioso,/ Amplio de mente, con gran propósito,/ Y que la contrariedad de la vida te haga sonreír. (Karen Sloan, poetisa imaginaria en Overload, novela de Arthur Haley).

 

Cuando el tiempo le dio la razón, Yehezkel admitió: “Tengo sentimientos encontrados por haber tenido razón: a la vez satisfacción y pesar; satisfacción intelectual y pesar como ser humano”. (…) Resueno, pues, con la tristeza de Yehezkel Dror; no hay diversión en ver cómo se desenvuelve un resultado negativo del que uno advirtiera.

Hallado lobo estepario en el trópico – 28 de mayo de 2011

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A la memoria de Margaretha Geertruida Zelle (Mata Hari)

Hoy me leyó alguien de una nota en el diario Tal Cual, que decía que Nicolás Maduro estaba contento con el desmembramiento de la Mesa de la Unidad Democrática, lo que comenté escuetamente sin pensarlo mucho: “¡Por supuesto!” El retruécano de mi informante, persona que me conoce, me dejó sin habla, pues fue esta pregunta, pronunciada en anticipado tono de desaprobación: “¿Y tú también estás contento?”

Mi interlocutor me conoce desde hace tiempo, y sabe de mis críticas a la MUD y a su madre, la fallecida Sra. Coordinadora Democrática; cuatro días después del referendo revocatorio de 2004, escribía en el #100 de la Carta Semanal de doctorpolítico (Bofetada terapéutica):

Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia. El Informe Stratfor, publicación electrónica norteamericana, a todas luces conservadora, insospechable de chavismo, dictaminó de ella, lapidariamente, el pasado 6 de agosto: “Afortunadamente para Chávez, si hay algo que la oposición venezolana ha demostrado es que es estratégicamente torpe, profundamente impopular y moralmente cuestionable”. Nunca hemos sido tan implacables con la dirigencia opositora autoungida en esta publicación, aunque ya antes hemos hecho algunas caracterizaciones por las que la considerábamos constitucional o genéticamente impedida de producir lo que fue necesario y no se hizo, a pesar de reiteradas y longevas advertencias y recomendaciones.

La sustitución de ese liderazgo nunca ocurrió, “a pesar de reiteradas y longevas advertencias y recomendaciones”. Por muchos años asistí a la reunión semanal de la peña política más duradera de Caracas. En ella expuse, antes del primer triunfo electoral de Hugo Chávez, la proposición de que Rafael Caldera convocara una asamblea constituyente, que naturalmente elevé a quien entonces presidía la República.

En mayo de 1998 asistí a una reunión de análisis en el bufete de Humberto Bauder Fontúrvel, donde expuse mi argumentación sobre la conveniencia de la constituyente. Con metáfora informática, dije que el “sistema operativo” del Estado venezolano no funcionaba bien y había que instalar uno nuevo. (No se pasaba de Windows XP o Vista a Windows 7 poniendo remiendos al sistema más antiguo, sino dominándolo con la superposición del nuevo). El “constituyente ordinario” (el Congreso de la República) quedaría excedido en sus facultades, puesto que él mismo era creación de la constitución que había que sustituir enteramente con nuevos conceptos constitucionales. Ante esta declaración, Corina Parisca de Machado, presente en aquella sesión, encontró virtud en el planteamiento, al suponer que “le arrancaría una bandera a Chávez”. Admití ese efecto colateral beneficioso, pero recalqué que la constituyente debía operar aunque Chávez no existiera. De más está decir que si se hubiese seguido ese camino, la constituyente habría sido muy distinta de la que Chávez terminó convocando. (Las élites culposas).

Cuando Chávez llevaba sólo dos meses gobernando, también en la peña, argumenté que una oposición por negación de él no funcionaría; que lo que sería eficaz era una superposición, y que antes se debía refutar su discurso—”ser rico es malo”, por ejemplo—en vez de su mera acusación ritual y cotidiana:

El opositor patológico es adicto al objeto de su oposición. Si Chávez no ha dicho nada últimamente siente una desazón de carácter obsesivo-compulsivo y busca encontrar en el territorio de alguna gobernación, o un municipio fronterizo, una manifestación más de la maldad de su régimen. Pero, atraído irremisiblemente hacia el objeto de su odio, como quien se deja cautivar por la mirada de una serpiente, como mariposa que busca la lumbre en la noche (así se achicharre), procura estar enterado de todos los pasos del actual Presidente de la República, y esto realimenta su angustia, su odio, su estrés. Chávez sabe que causa ese efecto y disfruta dando pie a que esas emociones cundan en el número de sus opositores; hace a propósito lo que él presume que causará mayor irritación a sus opositores. El niño es llorón y la mamá lo pellizca. Ésta no es, por otro lado, la única realimentación que se produce en esta dinámica. La ritual execración de la figura presidencial proporciona al opositor adicto un progreso indirecto en la imagen ética que tiene de sí mismo. En efecto, mientras puedo hablar peor del Presidente, mientras más malvado lo encuentro, yo soy por implicación una mejor persona. Como no soy como él—¡Dios me libre!—entonces soy bueno. Mi bondad progresa relativamente, sin que yo haga mérito independiente, porque su maldad crece todos los días. Así obtengo satisfacción moral. Y todavía hay un segundo mecanismo psicológico que refuerza la adicción: que en la execración ritual, en saborear una mezcla de amargura y angustia porque el hombre no ha caído, el opositor adicto ha encontrado la trascendencia. Ahora es un patriota, ya no sólo un ejecutivo financiero, un comunicador social o un dentista. Ahora soy héroe, pues he sentido en carne propia la gaseosa y lacrimógena represión. Ahora soy valiente. (En Enfermo típico, enero de 2006).

 Dos años después del texto citado, retomé la prescripción de 1999 en Retrato hablado (octubre de 2008):

…la refutación del discurso presidencial debe venir por superposición. El discurso requerido debe apagar el incendio por asfixia, cubriendo las llamas con una cobija. Su eficacia dependerá de que ocurra a un nivel superior, desde el que sea posible una lectura clínica, desapasionada de las ejecutorias de Chávez, capaz incluso de encontrar en ellas una que otra cosa buena y adquirir de ese modo autoridad moral. Lo que no funcionará es “negarle a Chávez hasta el agua”, como se recomienda en muchos predios. Dicho de otra manera, desde un metalenguaje político es posible referirse al chavismo clínicamente, sin necesidad de asumir una animosidad y una violencia de signo contrario, lo que en todo caso no hace otra cosa que contaminarse de lo peor de sus más radicales exponentes. Es preciso, por tanto, realizar una tarea de educación política del pueblo, una labor de desmontaje argumental del discurso del gobierno, no para regresar a la crisis de insuficiencia política que trajo la anticrisis de ese gobierno, sino para superar a ambos mediante el salto a un paradigma político de mayor evolución.

Y ante la misma audiencia semanal el año siguiente:

El aparato de contención debe responder a la guía de un jefe único. Al independizarse trece colonias del dominio de Jorge III de Inglaterra, no se produjo el nombramiento de trece generales en jefe, sino el de uno solo: Jorge Washington. Lo mismo debe hacerse en Venezuela ahora. La solución no es una instancia suprema colegiada, como se probó ya con poco éxito en tiempos de la Coordinadora Democrática. Al jefe del aparato deberá darse autoridad y recursos para que establezca el estado mayor y las unidades funcionales que hagan falta. Deberá ser persona inteligente y experimentada, que comprenda la verdadera naturaleza de la guerra y no sea meramente algún fanfarrón que sólo atine a predicar valentías radicales e inviables con envoltura moralista. (…) El aparato no debe exigir a gobernadores y alcaldes de oposición su participación en la lucha. Éstos deben en principio restringirse al cumplimiento de las funciones para las que fueron electos, y a la defensa de sus administrados y sus atribuciones, en ocasiones federados con colegas amenazados. Si el oficialismo abusa de los cargos que acumula involucrándolos en el combate partidista, no debe reproducirse esa conducta de este lado. El aparato puede y debe, eso sí, facilitar información a los gobernadores y alcaldes de oposición y defenderles. El aparato de contención hará bien en alejarse del protocolo de acusación ritual que cada día añade unas cuantas páginas al prontuario del régimen, sin atinar a refutarlo. El trabajo de fondo es el esbozado en la sección anterior: superponer al discurso chavista uno de nivel superior, capaz de extinguirlo. Pero mientras eso está disponible, es preciso construir refutaciones. (En Contribución a la Peña de Luis Ugueto Arismendi (3), marzo de 2009).

Y tres meses después me negaba al desahucio definitivo de la federación opositora en Nacimiento y conversión (junio de 2009):

Para que sea eficaz es necesario trabajar en el logro, justamente, de la coherencia. Tal cosa es imposible de lograr en el promedio de las posiciones de oposición, en la combinación negociada de sus respectivas ideologías. Una cosa así sólo puede provenir de un discurso esencialmente diferente, de una nueva especie de organización política. Pero esto último puede ser alcanzado de dos maneras. La más radical es la construcción de esa nueva opción desde cero, la inauguración de una asociación política fresca. La otra es la metamorfosis de organizaciones existentes, y en principio ésta sería la ruta más económica. (…) Claro está, esta segunda posibilidad sólo es viable—esto sí una “política realista”—a partir de la disposición de los actuales partidos democráticos a transformarse en especímenes políticos inéditos, y entonces tendrían que autorizar que en ellos se practicara lobotomía frontal e implante de nuevos circuitos conceptuales, en los que venga impreso un paradigma clínico de la política. Sería necesaria mucha valentía y una elevación grande, en nuestros políticos convencionales, para lograr lo que se necesita a partir de una metamorfosis de lo existente. Pero ¿quién sabe? A lo mejor el aprendizaje de diez años de sobresaltos y desafueros, de ineficacia y de fracaso, ha puesto las conciencias políticas a punto de caramelo.

Ha habido de mi parte, por tanto, proposición y no mera crítica (por mejor fundada que haya estado); varios años después de que comparase por la primera vez a la Mesa de la Unidad Democrática con el bote salvavidas de Enrique Jardiel Poncela—”Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado”—, recomendé a la segunda venida de Jesús (Torrealba)*:

El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos. Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito. (En ¿Jesús Gorbachov?, octubre de 2014).

Por lo demás, mis diagnósticos y pronósticos acerca de las “fuerzas” políticas convencionales antecedieron en catorce años la llegada del chavismo en 1999:

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla in­volucra una responsabilidad bastante grande, una responsa­bilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte? Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicio­nales es justamente la afirmación que hacemos. Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tra­dicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Los descalificamos porque nos hemos convencido de su in­capacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los ver­daderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Así lo revela el análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa. Pero junto con esa insuficiencia en la conceptualización de lo político debe anotarse un total divorcio entre lo que es el adiestramiento típico de los líderes políticos y lo que serían las capacidades necesarias para el manejo de los asuntos públicos. Por esto, no solamente se trata de enten­der la política de modo diferente, sino de permitir la emergencia de nuevos actores políticos que posean experien­cias y conocimientos distintos. Las organizaciones políticas que operan en el país no son canales que permitan la emergencia de los nuevos actores que se requieren. Por lo contrario, su dinámica ejerce un efecto deformante sobre la persona política, hasta el punto de imponerle una inercia conceptual, técnica y actitudinal que le hacen incompetente políticamente. (En Proyecto SPV, febrero de 1985).

En septiembre de 1987—Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela—anticipé el golpe de Estado fallido de febrero de 1992: “el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable”. (Más tarde se sabría que los conjurados planeaban insurgir el 16 de diciembre de 1991, para amanecer en Miraflores en fecha aniversaria de la muerte de Simón Bolívar). Para Alexis de Tocqueville, el “verdadero arte del Estado” requiere una capacidad de predecir el futuro. (L’Ancien Régime et la Révolution).

Hasta ahora no me ha disuadido la desatención, que ya lleva treinta y dos años; me es poco menos que imposible dejar de proponer tratamientos que considero correctos luego de someterlos yo mismo a un método autocrítico implacable. (“Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia”. Estipulación Quinta de mi Código de Ética, septiembre de 1995).

No, la desatención no ha podido frenar mis ímpetus de terapeuta pronosticador—es lo que los médicos son profesionalmente—; lo que si admito es la pena que me causa la incomprensión de gente que se supone me conoce y estima. No estoy contento con la implosión de la Mesa de la Unidad Democrática. LEA

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*Jesús Torrealba era el vocero de la Coordinadora Democrática para la época del referendo revocatorio contra Hugo Chávez, en 2004.

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Runrún de alerta

 

La Constitución según Nicolás y Delcy

 

Acaba de escribir Nelson Bocaranda acerca de “las pretensiones de acelerar los procesos de alcaldías y consejos legislativos (¿hasta las presidenciales?) para aprovechar el desencanto y la depresión de los votantes por la democracia. El impulso de la abstención por parte del régimen le dio sus resultados. Lo continuarán mientras les funcione”.

Como un amigo me recordara al comentar ese runrún, se requeriría la autorización del Pueblo en referendo, como único poder supraconstitucional, para celebrar elecciones presidenciales en plazo distinto al establecido en la Constitución. Eso es una verdad como un templo, pero para el oficialismo*, la constituyente en operación se rige por otra doctrina, como se ha mostrado en la juramentación indebida de los gobernadores postulados por el PSUV. Tal doctrina pretende que, mientras la constituyente esté funcionando, la Constitución ha entrado desde el 30 de julio en estado de suspended animation (animación suspendida). Los gobernadores electos deben juramentarse ante los Consejos Legislativos de sus respectivos estados, tal y como lo establecen sus constituciones. (Artículo 164 de la Constitución: “Es de la competencia exclusiva de los estados: 1. Dictar su Constitución para organizar los poderes públicos, de conformidad con lo dispuesto en esta Constitución”).

Es la óptica de Delcy Rodríguez (y Nicolás Maduro) que el órgano malformado que preside puede imponer cualquier cosa, así contradiga a la Constitución, por aquello de que “Los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente”. (Artículo 349). Pero tales decisiones sólo pueden ser de rango subconstitucional, pues esa asamblea no puede modificar o sustituir la Constitución por su cuenta; para algo así se requiere la anuencia expresa del Poder Constituyente Originario y ella no lo es. (Disposición Final: Única. Esta Constitución entrará en vigencia el mismo día de su publicación en la Gaceta Oficial de la República de Venezuela, después de su aprobación por el pueblo mediante referendo).

En todo caso, el respeto a la Constitución no es algo que haya caracterizado al oficialismo chavista-madurista; tan sólo el año pasado, el Consejo Nacional Electoral dejó de observar el mandato constitucional que exigía elegir gobernadores en 2016, sin que ofreciera una explicación satisfactoria de tal inobservancia. (Tiene un buen maestro: el Tribunal Supremo de Justicia, cuya Sala Constitucional mutiló en 2008 el Artículo 42 de la Constitución; ella “interpretó” que la provisión de que “El ejercicio de la ciudadanía o de alguno de los derechos políticos sólo puede ser suspendido por sentencia judicial firme en los casos que determine la ley” ¡sólo protegía a los venezolanos por naturalización!)

Así que tal cosa aconseja que las preparaciones candidaturales para la Presidencia de la República debieran iniciarse con prontitud. Como sugiere Bocaranda, la tentación del oficialismo para aprovechar el considerable desarreglo de la oposición profesional venezolana es muy grande. Maduro bien pudiera estar pensando que ahora sí puede ser reelegido. (¡Dios nos libre!) LEA

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*También en la doctrina de ciertas figuras en la oposición, como las agrupadas en la Alianza Nacional Constituyente, ésta sí hoy en animación suspendida. En su documento fundamental, afirmaba: “Constituyente Originaria – Introducción 1. El objetivo que se persigue es el de cambiar no solo los aspectos mejorables de la constitución, sino todos los poderes como el ejecutivo, el TSJ, el CNE, la Contraloría General, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía, y la Asamblea Nacional”. Una guillotina pretendidamente supraconstitucional y “originaria”; no hay tal cosa como una constituyente originaria; este carácter sólo es del Pueblo.

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Por ahora

Tibisay Lucena anuncia una nueva victoria oficialista

 

 

La Rectora Presidenta del Consejo Nacional Electoral anunció 17 triunfos oficialistas y 5 opositores (el estado Bolívar no tiene resultado oficial definitivo) en la elección de Gobernadores de Estado de ayer, el domingo 15 de octubre de 2017. Éstas fueron sus palabras:

He aquí los porcentajes de la votación total obtenidos por el PSUV y la MUD en cada estado:

Un mapa nuevamente rojo

 

Minutos antes del anuncio del CNE, la Mesa de la Unidad Democrática hizo una advertencia discrepante por boca de Gerardo Blyde, a cargo del comando de campaña opositor. Esto fue lo que dijo:

Por ahora, no está claro el porcentaje de abstención en esas elecciones; el 10 de octubre, Prodavinci publicaba un simulador de resultados según fuera el nivel de participación, e indicaba que las candidaturas del PSUV podrían captar 14 gobernaciones con una abstención de 41,2% y 16 con una de 42,9%. (Algo así, azuzado por algunos dirigentes que expresaron su inconformidad con la asistencia a las elecciones—Ma. Corina Machado o Alberto Franceschi, notablemente—, pudiera haber causado estragos en la votación opositora). Este blog no posee en los momentos esa información crucial, y William Clifford expuso en La ética de la creencia este criterio: “Es en todo tiempo y lugar moralmente erróneo que cualquiera crea en algo sobre la base de evidencia insuficiente”. Tendería a creerle a Carlos Ocariz, que declaró, en su primera campaña por la Alcaldía del Municipio Sucre del Estado Miranda en 2004, que había perdido la elección no por fraude oficialista sino por abstención opositora. Hacia las 8 de la noche de ayer, circulaba la especie de que la oposición se habría alzado con quince gobernaciones y peleaba otras dos, y dadas las expectativas fundadas en los previos estudios de opinión, si la abstención fue menor del 40% la credibilidad del anuncio de Lucena sería muy escasa.

 

Los rostros de la derrota

 

La web del diario El Nacional trae esta mañana un reportaje de BBC Mundo con una interpretación preliminar de lo ocurrido.

Volveremos sobre el punto. LEA

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Hay que preservar los matrimonios

Media Iberia árabe a mediados del siglo XI

 

 

Oyendo hablar un hombre, fácil es
saber dónde vio la luz del sol
Si alaba Inglaterra, será inglés
Si reniega de Prusia, es un francés
y si habla mal de España… es español.
Joaquín Bartrina

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A Jaime, en su cumpleaños

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Carles Puigdemont es español, puesto que habla mal de España. Pero no se queda en el hablar, sino que propone nada menos que 538 y 880 años después los respectivos divorcios retroactivos de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla y León—hija de Juan II de Castilla y de su segunda mujer, Isabel de Portugal—, pareja que dio origen a la Corona de España (1479), y de la antecesora del Rey Católico, la reina Petronila de Aragón, y Ramón Berenguer, IV Conde de Barcelona (1137). Cataluña no era ya una federación de entidades independientes en el siglo XII; Barcelona había agrupado antes de entonces unos cuantos de los condados catalanes en lo que Carlomagno (800) entendía como la Marca Hispánica, limítrofe con Al Andalus y por tanto necesitada de un marqués que mandara sobre los soldados cristianos del área, pero cuando tras la Conquista de Granada ya no hubo Al Andalus sino Andalucía, España era, como lo es ahora, una sola cosa que incluía a Cataluña: el patrimonio del más reciente matrimonio. Sólo el argentino jesuita Francisco podría decretar esas disoluciones, dado que ambos esponsales dinásticos lo fueron de gente muy católica.

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Iberia libre de dominio árabe en tiempos de Felipe II (clic amplía)

Lo de la lengua catalana no basta como pretexto; si es por eso, los aragoneses (ver nota abajo) también tenemos una propia (aunque sólo la usen unas 25 mil almas), al punto de que he podido decir a mi mujer Me fan goyo os tuyos güellos. (“Me gustan tus ojos”). La razón ostensible de Puigdemont es que, como dice un eslogan secesionista, Madrid roba a Cataluña. En 2014, los catalanes pagaron impuestos superiores, en unos 10 mil millones de euros, a los recursos que llegaron a su territorio como gasto público central. ¿Es esto injusto? ¿No se pecha más a los más ricos por aquello de la progresividad del impuesto? (Los catalanes son el 16% de la población española, y aportan 19% del producto interno bruto y más del 25% de las exportaciones nacionales). ¿No debe ir más gasto público hacia las regiones más necesitadas? Cataluña no tiene más necesidades que las restantes comunidades autónomas de España, pero sí tiene una deuda pública de 77 mil millones de euros, de la que 52 millardos los debe al fondo especial que estableciera el gobierno de España en 2012 (para proveer dinero a las regiones con dificultad de conseguir fondos internacionales luego de la crisis financiera del país). Por mucho, el mayor beneficiario de ese fondo es Cataluña, del que tomara 67 mil millones; todavía debe al resto de España más de las tres cuartas partes de eso. La Catalexit podría representar la catalepsia catalana. (Datos tomados de Could Catalonia make a success of independence?, artículo del 9 de octubre en BBC News).

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Puigdemont conoce esas cifras, y por esto se me pone que su reconcomio es otro más antiguo; pienso que más bien resiente la capitis diminutio de Barcelona desde cuando entrara en un pacto de “iguales” con el Reino de Aragón hace más de ocho siglos y medio. ¿No podría complacerse y conferirse a Puigdemont, en aras de la paz y la integridad de España, el título noble de Conde de Barcelona? Sólo habría que superar un pequeño detalle, y éste es que el mismísimo Rey de España es el Conde de Barcelona. ¿Querrá Felipe VI abdicar esa dignidad menor en Carles para aquietarlo? LEA

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Supongo que tengo títulos para meter cuchara en esta sopa catalana: la mitad de mis genes viene de Aragón por la rama paterna, la mitad mía es española, siendo originario mi apellido de Alcalá del Obispo, al noreste de Zaragoza. Juan de Alcalá, de esa casa pero nacido bastante más al sur en Málaga, llegó a Nueva Andalucía (Cumaná) a mediados del siglo XVII; allí casó—hay que preservar los matrimonios—el 13 de febrero de 1669 con Isabel Márquez (vasco vizcaíno) de Valenzuela (leonés) y Villafranca (término en español e italiano, Vilafranca en catalán y gallego, Vila Franca en portugués, Villefranche en francés). Por eso no me escandaliza lo que muestra el video de acá abajo:

 

Las caceroladas mencionadas por el castizo locutor se dieron contra Puigdemont, en la villa franca que debe seguir siendo la gran ciudad que es Barcelona. Vale.

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Mediciones barométricas

Actualizado al final con cuatro resultados posibles diferentes

Estudio recentísimo de la opinión electoral

 

Poco antes de la elección de gobernadores, Venebarómetro ha medido las variables más influyentes en el voto efectivo. He aquí unas pocas láminas de su registro para este mes de octubre; el proyectado huracán opositor ha sido reducido de Categoría 4 a Categoría 3. (Un clic sobre las imágenes las amplía):

 

Lectura de la situación general del país

 

Evaluación de la gestión presidencial de Nicolás Maduro

 

Marcado deterioro opositor y moderado repunte oficialista

 

La actual proporción de gobernaciones debe invertirse

 

La gente de Datanálisis está esperando la captura de 16 gobernaciones por la oposición. LEA

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Prodavinci acaba de publicar (10 de octubre) los números de una simulación de resultados (vale la pena operar la estupenda herramienta en el enlace precedente), en términos de gobernaciones para cada bando, según el nivel de participación electoral. Éste es el cuadro:

Todo depende de la abstención

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Invitación

 

Nicolás Maduro ante la ANC el jueves 7 de septiembre

 

El Presidente de la República debe corregir su noción de que los gobernadores que resulten electos (¿el 15 de octubre?) estarán subordinados a la constituyente. Como muchos otros medios igualmente hicieron, Tal Cual reportó:

El mandatario Nicolás Maduro indicó este jueves que todo gobernador que resulte electo en los próximos comicios regionales debe subordinarse al mandato de la Asamblea Constituyente”, de lo contrario será destituido “inmediatamente”.

En ninguna parte de la Constitución dice que la constituyente dispone sobre ningún poder constituido. El Art. 349 dice que “los poderes constituidos no podrán en forma alguna impedir las decisiones de la Asamblea Nacional Constituyente.”, pero eso no es lo mismo que estarle subordinados. Además, las decisiones de la constituyente no pueden ir contra la Constitución. La Constitución no está suspendida; el funcionamiento de una constituyente no significa que esté suspendida, y tampoco que la constituyente pueda suspender ni un solo artículo de ella.

Las decisiones que pueda tomar la constituyente deben corresponder a los campos que le son indicados constitucionalmente en el artículo 347, y apartando lo de “redactar una nueva Constitución”—no su promulgación, que sólo puede hacerla el Pueblo en referendo, como se indica en el Preámbulo de la Constitución y en su Disposición Final*, esos campos de actuación constitucionalmente indicados son los de “transformar al Estado” y “crear un nuevo ordenamiento jurídico”. Ahora bien, como la constituyente no puede hacer cambios constitucionales por su cuenta, lo que puede cambiar del Estado y el ordenamiento jurídico tendría por fuerza que ser de nivel subconstitucional. Aun así, cosas tales como destituir un funcionario no son transformar el Estado ni crear un nuevo ordenamiento jurídico; menos todavía puede la constituyente destituir un funcionario para el que la Constitución especifica un procedimiento especial de remoción, como era el caso de la Fiscal General.

En propiedad, se transforma al Estado y se crea un nuevo ordenamiento jurídico precisamente con una nueva constitución, y ésta no entra en vigencia hasta que el Pueblo así lo decida.

Así que invito al Presidente de la República a que componga sus conceptos constitucionales y constituyentes. En lo que dijo el jueves hay un claro y preocupante extravío. LEA

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*Del Preámbulo: “El pueblo de Venezuela (…) mediante el voto libre y en referendo democrático, decreta la siguiente Constitución”. Disposición Final: “Única. Esta Constitución entrará en vigencia el mismo día de su publicación en la Gaceta Oficial de la República de Venezuela, después de su aprobación por el pueblo mediante referendo”.

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