Damocles 2.0

 

Richard Westall: La espada de Damocles (1812)

 

Para aquel que ve una espada desenvainada sobre su impía cabeza, los festines de Sicilia, con su refinamiento, no tendrán dulce sabor, y el canto de los pájaros, y los acordes de la cítara, no le devolverán el sueño, el dulce sueño que no desdeña las humildes viviendas de los campesinos ni una umbrosa ribera ni las enramadas de Tempe acariciada por los céfiros.

Horacio, Odas III, 1

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espada de Damocles Amenaza persistente de un peligro. Diccionario de la Lengua Española

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Cabe a la Asamblea Nacional Constituyente instalada en 2017 la distinción de versión 1.0, como “amenaza persistente de un peligro” a quienes se dedican profesionalmente a oponerse a Nicolás Maduro. (Mons. Ovidio Pérez Morales comparó la cohabitación con ella a pasear con un cocodrilo). En verdad, Maduro no hizo otra cosa que complacer a sus oponentes:

Debe estar extáticamente feliz la gente de la Alianza Nacional Constituyente—Enrique Colmenares Finol, Felipe Pérez Martí, Blanca Rosa Mármol—, pues se han ahorrado el trabajo de convocar una asamblea constituyente; deben sentirse reivindicados Raúl Isaías Baduel, que la propuso a fines de 2007 en su libro Mi solución, y Manuel Rosales, también el 25 de septiembre de ese mismo año: “Yo creo que, definitivamente, en Venezuela, después de este referendo constitucional hay que pensar seriamente en la realización de una Asamblea Nacional Constituyente porque es la refundación y la reconciliación del país”. (Se refería al referendo que iba a celebrarse el 2 de diciembre y que terminaría con el rechazo a los proyectos de reforma constitucional que introdujeron a consideración popular la Presidencia de la República y la Asamblea Nacional de la época). Especialmente vindicado debe sentirse Herman Escarrá, pues él proponía una constituyente desde fines de 2002, a sólo tres años de la de 1999 en la que fue diputado ¡para salir de Chávez! (La asociación civil Súmate sometió su idea, junto con otras posibilidades, a los ciudadanos que debimos firmar ocho planillas a comienzos de 2003). Nicolás Maduro acaba de resolverles la cosa a todos ellos, según anuncio “histórico” de hoy que a su vez había anunciado y preanunciado; ya no tendrán que hacer más esfuerzos. (#lasalida de Maduro, 1º de mayo de 2017).

El 8 de diciembre de 2013 hubo en el país elecciones municipales; Henrique Capriles Radonski fungía, en imitación de Hugo Chávez, como autoungido jefe de campaña de los candidatos opositores y proclamaba que ese día se celebraría un “plebiscito” contra el gobierno del actual Presidente de la República. Leopoldo López y Ma. Corina Machado, sin embargo, torpedearon su proclama; un día antes, publicaron un remitido de prensa que abogaba por la celebración de una asamblea constituyente, que firmó una cincuentena de personas entre quienes destacaba la ex-magistrada Blanca Rosa Mármol. (Ésta integraría luego la alianza pro-constituyente liderada por Colmenares Finol, que insiste en la cosa desde al menos 2005). Comenzando el siguiente año, Capriles tomaba posesión como Gobernador del Estado Miranda (el 16 de enero), tras ser derrotado el año anterior por Hugo Chávez en contienda por la Presidencia de la República el 7 de octubre; al concluir el acto, hizo alusión no muy velada a López & Machado como compañeros que le ponían la mano en el hombro y luego lo apuñalaban por la espalda.

Dos días antes (29 de abril de 2017) de la convocatoria de elecciones de constituyente, Henry Ramos Allup declaraba a lo macho:

Damocles 1.0 se guindó a petición de la víctima.

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Escarmentados, ya no son los propios opositores quienes solicitan una segunda versión de la espada colgante. (Aunque José Guerra declaraba a CNN el 25 de octubre de 2016—cuando la Asamblea Nacional controlada por la oposición no había cumplido un año de instalada, ni siquiera de haber sido elegida—: “Hay una solución inmediata a la situación que vivimos: elecciones generales inmediatas. elecciones presidenciales, Asamblea Nacional (los diputados ponemos el cargo a la orden), gobernaciones y municipales”). Ahora es iniciativa de Diosdado Cabello la amenaza de un referendo revocatorio de esa misma asamblea. Trajo ayer el diario El Universal:

El Primer Vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), Diosdado Cabello, aseguró que ya tienen los cálculos para convocar a un revocatorio contra los diputados de la Asamblea Nacional (AN). Cabello explicó que “según la Constitución, todos los cargos son revocables, es constitucional y políticamente correcto, lo que no es correcto es que no podamos hacer un revocatorio y queramos dar un golpe de Estado”, dijo en rueda de prensa ofrecida este lunes en el Poliedro de Caracas.

Por fin precisa; en anteriores amagos anunciaba la revocación de la Asamblea, lo que es constitucionalmente imposible; no puede revocarse al órgano entero, sino diputado por diputado. Además, la revocación de un mandato sólo puede ser convocada por los electores. (20% de ellos). Así que no es “un revocatorio” sino 112 (contra los diputados de oposición). Lo que esto significa es que el Partido Socialista Unido de Venezuela (como la Mesa de la Unidad Democrática contra Maduro) intentaría convocar válidamente, estado por estado, los referendos revocatorios de los actuales diputados a la Asamblea Nacional. (Su anuncio fue pronunciado en acto preparatorio del próximo congreso del PSUV).

De tener éxito Cabello en ese propósito, la militancia de oposición y la ciudadanía de a pie que quisiera salvar a los diputados que eligió el 6 de diciembre de 2015 tienen la posibilidad de votar en contra del proyecto; podrían descolgar la espada 2.0 de Damocles. LEA

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¡Abajo el Rey de España!

 

Un rey entrometido y un presidente desalmado

 

El circuito Unión Radio titula así sobre una conversación de ayer entre Felipe VI de España y Donald Trump: “Rey Felipe pide ayuda a Trump para resolver crisis de Venezuela”. De inmediato pensé que ha podido solicitar su ayuda para mantener en cintura a Cataluña, o lograr que la prisión de su corrupto cuñado, el esposo de la infanta Cristina, sea lo más breve posible. Pero si se tratara de pedir para países distintos del suyo, entrometiéndose, consideré que también pudiera haber pedido auxilio para los más de dos mil niños separados de sus padres que buscaron refugio en los Estados Unidos, o para México, con una sustancial rebaja de la factura por el megamuro entre ambas naciones que empalidecería al de Berlín o, finalmente, si quería simpatizar con la ciudadanía estadounidense, el auxilio para que las muchas decenas de asesinados, gracias a la absurdamente sostenida Segunda Enmienda (la franquicia de la National Rifle Association), no se vean aumentadas.

Pero no, lo que está de moda es Venezuela; ahora es comme il faut exhibirse internacionalmente como “demócrata”, con alguna vistosa declaración que deja de entender que la solución del problema político venezolano está en manos de nuestro Pueblo, no en las del desalmado Sr. Trump, quien ahora elogia descaradamente al sanguinario dictador de Corea del Norte.

Felipe: ¿por qué no te callas, como pidiera tu padre a Hugo Chávez? LEA

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Resultados cantados

 

Cuando creían que se la estaban comiendo

 

Tomo de afirmaciones contenidas en nota de hoy del servicio de noticias de Costa del Sol FM (La oposición está en callejón sin salida, no hay liderazgo ni orientación). Así comienza:

Expertos afirman que la MUD se convirtió en un espacio para acomodarse económicamente, en lugar de ser una alternativa democrática cuyo objetivo sea transformar al país. Las protestas de 2017 que fueron sofocadas por el gobierno y dejaron un saldo de más de 120 muertos, la implantación de una asamblea nacional constituyente, la derrota en las elecciones de gobernadores y el adelanto unilateral de las presidenciales, parecen haber dejado sin aliento a la Mesa de la Unidad Democrática. Su presencia en el mapa político apenas se siente. “La oposición vive su peor momento”, aseguran analistas políticos. Advierten que la dirigencia está extraviada y no tiene una estrategia en común que capitalice el descontento que existe hacia el presidente Nicolás Maduro. El experto Pedro Afonso del Pino afirma que el alejamiento entre la oposición y la ciudadanía comenzó en 2015, cuando en medio de la victoria de las parlamentarias la MUD hizo promesas que no pudo cumplir. La principal fue asegurar que durante el primer año de gestión de la Asamblea Nacional se sacaría al mandatario del poder. “La estrategia que aplicó fue errada porque se apresuró. No supo capitalizar el triunfo de las parlamentarias. Las actuaciones condujeron a la oposición a un callejón sin salida, ahora no hay liderazgo ni orientación”, señala. El politólogo Alfredo Coronil asevera que la crisis en la oposición es la consecuencia de que sus miembros hayan utilizado a la MUD para mejorar su posición económica y social, y no para convertirse en una alternativa democrática capaz de transformar al país y devolverle la institucionalidad. Considera que la alianza de partidos “pudo ser gloriosa”. “A Maduro le tocó una oposición de segundones. Sus integrantes se corrompieron, dejaron a un lado el plan estratégico para acomodarse y se rebajaron al chavismo”, añade.

Afonso del Pino gira en órbita copeyana (hasta hace no mucho, en el Instituto de Formación Demócrata Cristiana, IFEDEC); Coronil Hartmann, hijastro de Rómulo Betancourt, lo hace en órbita adeca. De algún modo, pues, son las viejas formaciones políticas las que critican el desempeño de las nuevas y a sus líderes más connotados.

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Costa del Sol presenta las evaluaciones de Afonso y Coronil (más otras de Fernando Spiritto) como revelaciones, como si se tratara del descubrimiento del Polo Norte (¿o el agua tibia?), pero esencialmente la misma cosa (sin las acusaciones de corrupción) fueron adelantadas por el suscrito con mucha anticipación. He aquí un muestrario incompleto, de lo más reciente a lo más antiguo:

La verdad es que no hay unidad opositora, que nunca la ha habido sino circunstancialmente. Ya en 2006 se había recordado acá, en caracterización de la MUD, la definición de bote salvavidas que Enrique Jardiel Poncela propusiera en Para leer mientras sube el ascensor: “Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado”. En el epílogo de Las élites culposas [2012] está este juicio: “Y ésa es la tragedia política de Venezuela: que sufre la más perniciosa dominación de nuestra historia—invasiva, retrógrada, ideologizada, intolerante, abusiva, ventajista—mientras los opositores profesionales se muestran incapaces de refutarla en su discurso y superarla, pues en el fondo emplean, seguramente con mayor urbanidad, el mismo protocolo de política de poder… Su producto es mediocre”. Y el año pasado (8 de octubre) se ponía en El mercado político nacional: “No existe en el teatro político nacional una opción que hace falta: una organización política de código genético distinto del de un partido ideológico convencional (o una federación de partidos convencionales, una organización de organizaciones o ‘movimiento de movimientos’)”. Leopoldo è mobile qual piuma al vento, 3 de junio de 2015.

El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos. Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito. ¿Jesús Gorbachov?, 1º de octubre de 2014. (He formulado la misma observación desde hace mucho tiempo, sin el menor éxito. Por ejemplo, el 12 de agosto de 2004 escribía en la Carta Semanal #99 de doctorpolítico, en referencia a la Coordinadora Democrática: “para ciertas evoluciones necesarias la organización pudiera estar genética o constitucionalmente impedida—porque es una organización de organizaciones en lugar de una organización de ciudadanos”).

Si ahora hay, luego del descalabro del 16 de diciembre que siguió al fracaso del 7 de octubre, llamados al examen de conciencia—Ramón Guillermo Aveledo: “Todos los partidos tienen que reflexionar, es nuestra obligación”—, sería lo serio que la Mesa de la Unidad Democrática abriera una instancia de pensamiento concienzudo, que no esté limitado por las cajas perceptuales acostumbradas. El examen debe ser radical, pues la cosa no es la de meramente verificar el nivel táctico o procedimental. Es necesaria una lógica de presupuesto de base cero. (…) Es hasta ese nivel elemental que una reflexión responsable de la Mesa de la Unidad Democrática debiera llegar. Ella, y los partidos que la componen, deben saber que su esencia ha sido sobrepasada por los hechos, que si no emprenden una metamorfosis radical, creadora de una organización política cualitativamente distinta, se verán reducidos a la insignificancia. (…) La deliberación constructiva que propongo debe partir de esta premisa: cualquier intento de preservar el modelo federativo de la MUD estará condenado al fracaso. La gente de AD, Primero Justicia, COPEI, Un Nuevo Tiempo, etcétera, deberá entender que estos partidos deben desaparecer para dar origen a una organización radicalmente novedosa; la propia Mesa de la Unidad Democrática, por tanto, dejaría de existir, al no quedar nadie que federar. MUD, MUD, MUD, es hora de partir, 25 de diciembre de 2012.

Un amable y experto amigo obtendría conclusiones muy interesantes en un análisis del lenguaje corporal de los retratados en la fotografía de la hospitalidad copeyana: la mano izquierda volteada de Antonio Ledezma, la torva mirada de Julio Borges, alejada del centro de atención de los demás, el rostro desconfiado de Andrés Velásquez, etcétera. (Luego de las derrotas electorales de 2012).

 

Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) El anacrónico experimento de Chávez representa los últimos estertores de una política vieja que agoniza. Es la política del poder, que él lleva a su exacerbación; es la autodefinición política sobre un eje izquierda-derecha que ya no existe, a pesar del último pataleo de Bernard Henri-Lévy. (Left in Dark Times, 2008). Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos. No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta. Política natural, 19 de marzo de 2009.

Antes de estas cosas, ya opiné de la madre de la MUD, la fenecida Sra. Coordinadora Democrática:

Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia. (…) Hay que decir estas cosas, no para encontrar cabezas de turco, chivos expiatorios o dueños de la derrota, sino para destacar que tan desastrosos traspiés no son atribuibles a la ciudadanía que, como han dicho con razón muchos analistas, ha trascendido a sus líderes ostensibles y asistido heroicamente a cuanta batalla le propusieran quienes se suponía más duchos que el ciudadano común en asunto político. (…) De modo que ahora el país necesita nuevos líderes y una nueva especie, con código genético diferente, de organizaciones políticas. Bofetada terapéutica, 19 de agosto de 2004.

Para abreviar, un salto a treinta y tres años atrás:

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla in­volucra una responsabilidad bastante grande, una responsa­bilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte? Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicio­nales es justamente la afirmación que hacemos. Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tra­dicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Los descalificamos porque nos hemos convencido de su in­capacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los ver­daderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Proyecto SPV, 8 de febrero de 1985.

Alexis de Tocqueville (en L’Ancien Régime et la Révolution, 1856) postuló que “el verdadero arte del Estado” requería “una clara percepción de la forma como la sociedad evolu­ciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro”.

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Suficiente; podría insertar una docena o más de advertencias de esa naturaleza. Añado sólo sobre el tema de la corrupción en filas opositoras una pregunta de Edgardo Agüero, en medio de entrevista que me hiciera para el semanario La Razón, y mi respuesta:

Hay quienes afirman que existen factores dentro de la MUD que en función de sus intereses políticos y pecuniarios, juegan a favor del gobierno. ¿Qué habrá de cierto en ello?

Mi aproximación a la política es clínica. Si un médico intentara curar un hígado enfermo tratando célula por célula se volvería loco; por eso no me intereso por la chismografía política acerca de actores particulares. Si tuviera que descalificar a algún actor político no lo haría por su negatividad, sino por la insuficiencia de su positividad. No me intereso por esa clase de asuntos. La Razón como anfitrión, 29 de junio de 2015.

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La nota de Costa del Sol FM cierra con tres minifichas acerca de dirigentes opositores perseguidos:

Leopoldo López, fundador de Voluntad Popular

El ex alcalde de municipio Chacao fue inhabilitado en 2008 por la Contraloría. En 2014 lo encarcelaron y en 2015 lo sentenciaron a más de 13 años de prisión por supuesta incitación pública a la violencia en las manifestaciones de 2014. En la actualidad tiene casa por cárcel.

Henrique Capriles, líder de Primero Justicia

El ex gobernador de Miranda participó en las elecciones de 2012 como adversario de Hugo Chávez, y en las de 2013 contra Nicolás Maduro. En 2017, a un año de celebrarse las presidenciales, fue inhabilitado por 15 años debido a supuestos hechos de corrupción.

María Corina Machado, coordinadora de Vente Venezuela

En 2011 comenzó su ejercicio como miembro de la Asamblea Nacional. En 2014 fue acreditada como representante alterna de Panamá ante la OEA. El presidente de la AN de entonces, Diosdado Cabello, dijo que había perdido su condición de diputada. Ese mismo año fue investigada por la Fiscalía por supuesta conspiración.

El suscrito interpuso ante el Tribunal Supremo de Justicia, el 11 de agosto de 2008, una denuncia de inconstitucionalidad de la decisión #1.265 de su Sala Constitucional—Violación denunciada—, que sostuvo la inhabilitación de la Contraloría General de la República contra Leopoldo López, Enrique Mendoza y un centenar adicional de ciudadanos. (La misma argumentación refuta la posterior inhabilitación de Capriles del año pasado). El TSJ ni siquiera se dio por aludido.

En el caso del despojo de la investidura de Ma. Corina Machado como diputada, dediqué dos programas seguidos de Dr. Político en RCR (#88 y #89, del 29 de marzo y 5 de abril de 2014, respectivamente) a su defensa. Como era de esperar, no causaron el menor efecto. LEA

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El peso político de las palabras

 

Hacemos ondas al hablar

 

Si tiramos una piedra, un guijarro, un «canto», en un estanque, produciremos una serie de ondas concéntricas en su superficie que, extendiéndose, irán afectando los diferentes obstáculos que encuentren a su paso: una hierba que flota, un barquito de papel, la boya del sedal de un pescador… (…) Otros movimientos invisibles se propagan hacia la profundidad, en todas direcciones, mientras el canto o guijarro continúa descendiendo, apartando algas, asustando peces, siempre causando nuevas agitaciones moleculares. (…) De forma no muy diferente, una palabra dicha impensadamente, lanzada en la mente de quien nos escucha, produce ondas de superficie y de profundidad, provoca una serie infinita de reacciones en cadena, involucrando en su caída sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños, en un movimiento que afecta a la experiencia y a la memoria, a la fantasía y al inconsciente, y que se complica por el hecho de que la misma mente no asiste impasible a la representación. Por lo contrario, interviene continuamente para aceptar o rechazar, emparejar o censurar, construir o destruir.

Gianni Rodari – Gramática de la fantasía: El canto en el estanque

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Desde Nueva Zelanda me llegó—por cortesía de Evert Leonardo Durán—un artículo de Daniel Eckmann en el Neue Zürcher Zeitung (Nuevo Diario de Zúrich). El inteligente y amable corresponsal creyó encontrar, al leer la pieza del articulista (socio de una firma de periodismo, estrategia y gerencia basada en Zúrich, Suiza), un eco de mi concepción de la Política como arte de resolver problemas públicos. “El artículo cubre lo que es básicamente la idea del blog: concebir la política como arte de resolver problemas de carácter público”, me puso. (En Acerca de LEA: “A pesar de una temprana vocación pública, no ha sido sino desde 1983 que ha dedicado su atención preferente al tema de la Política, a la que concibe como un arte de carácter médico: esto es, como profesión que cobra sentido en la medida en que produzca soluciones a los problemas de carácter público”).

En efecto, Eckmann escribe en La decencia tiene un mercado (énfasis añadido):

El éxito del modelo estatal suizo se basa en estar siempre politizado de una manera orientada a la solución. Hoy hay más y más polarización, polémica y protesta que equilibrio, decencia y juicio. No importa hacia dónde se mire, cuanto más profesionales sean los parlamentos y más lejos estén las instituciones, mayor será su distancia de la realidad. La política se está convirtiendo cada vez más en una tarima en la que todos se presentan. Los representantes ya no son un reflejo de la población, sino una galería llena de autorretratos. El objetivo de los representantes del pueblo, cada vez más dependientes de su oficio, es la reelección (Potomac Fever en Estados Unidos). Como resultado, la política se alimenta de la emoción diaria más que de los fundamentos a largo plazo. Siempre cerca de cámaras y micrófonos, dado que todas las inhibiciones se pierden fácilmente. El intercambio de golpes ha sido durante mucho tiempo la forma retórica básica de la política. Los contextos no se explican ni se organizan, sino que se reducen a un lema. A favor o en contra, no hay nada en el medio. Y debido a que las etiquetas tienen que vencer, cada campo necesita sus chivos expiatorios. Cualquiera que piense diferente se convierte en un enemigo. Polarización, polémica y protesta en lugar de equilibrio, propiedad y sentido de la proporción. Un mal negocio. Es recompensado quien se queja de errores o defectos y señala con el dedo a los culpables. O, para decirlo sin rodeos: la producción de insatisfacción atrae más atención en el mercado político que la producción de soluciones. (…) La política no debe polemizar. Debe resolver problemas, para eso está allí.

(Sobre eso de la “necesidad” de que las etiquetas triunfen, puede verse en este blog Etiqueta negra, del 11 de abril de 2016).

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Tomemos “una palabra dicha impensadamente”, una palabra “al azar”. Fraudulento, por caso. Cuando la pronunciamos, decimos “Engañoso, falaz” (Diccionario de la Lengua Española), y falaz es “Embustero, falso”. Ahora es de rigueur que ciertos diccionarios importantes escojan una “palabra del año”; para el caso venezolano no hay duda: fraudulento ha sido durante el último año el adjetivo más repetido por la oposición venezolana para calificar el gobierno presidido por Nicolás Maduro, y puede fecharse el inicio de la temporada: el 1º de mayo de 2017, en cuanto Maduro convocara en uso de su prerrogativa constitucional (Artículo 348 de la Constitución) la elección de una asamblea constituyente, Allan Randolph Brewer Carías proclamó la tesis de que esa convocatoria era fraudulenta porque se necesitaría un referendo previo que la autorizara. Esa tesis es falsa; no hay en el texto constitucional nada que prescriba un referendo tal. (Ver A un corresponsal no identificado, 5 de junio de 2018).

Las ondas concéntricas creadas por esa piedra verbal en el estanque político venezolano fueron distribuyendo el horrible calificativo por doquier, llegando bastante más allá de los confines del estanque que es Venezuela para alcanzar a “la comunidad internacional”; poco tiempo después se le adjudicaba a las elecciones del pasado 20 de mayo, de nuevo sobre una tesis equivocada: que la Constitución prescribiría que la elección de un nuevo Presidente de la República debe tener lugar en el último cuatrimestre del año. (Afirmación falsa, falaz, engañosa, fraudulenta). Quienes han empleado ese pedrusco en incesante intento de lapidación escamotean por conveniencia los siguientes actos fraudulentos:

1. La declaración de que era un “compromiso no transable” de la Asamblea Nacional “buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno”. (Henry Ramos Allup, discurso inaugural como Presidente de la Asamblea Nacional, 5 de enero de 2016). Ese propósito no tiene fundamento constitucional, no es prerrogativa de la Asamblea Nacional procurar la cesación del gobierno y por tanto no puede ser en ningún modo un “compromiso no transable” de ese órgano.

2. La declaración de la Asamblea Nacional (9 de enero de 2017) que sostuvo que Nicolás Maduro había “abandonado” su cargo—ojalá lo hubiera hecho—, apoyada en sofismas de pretendida juridicidad, cuando es de toda obviedad que más bien se aferra a él con todas sus fuerzas. Las razones aducidas para tal resolución son enteramente ajenas al sentido constitucional de abandono del cargo, y la Asamblea Nacional omitió oficiar al Consejo Nacional Electoral exigiendo una nueva elección presidencial, como establece el Artículo 233 de la Constitución—”Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal y directa dentro de los treinta días consecutivos siguientes”—, siendo que aún faltaban veinticuatro horas para el cumplimiento de la condición.

3. El planteamiento muy reiterado de que el “plebiscito” del 16 de julio de 2017, organizado por la Mesa de la Unidad Democrática, había sido un claro mandato del Pueblo. El término-pedrusco plebiscito se escogió para eludir—¿fraudulentamente?—la prescripción del Numeral 5 del Artículo 293 de la Constitución, que adjudica inequívocamente al Consejo Nacional Electoral “La organización, administración, dirección y vigilancia… de los referendos”. Por otra parte, según la propia “comisión de garantes” del aludido evento, sólo se presentó a votar en aquella fecha 38,5% del registro electoral, lo que evidentemente no es el Pueblo ni una mayoría de él. (De hecho, la abstención de 61,5% es significativamente superior a la materializada el pasado 20 de mayo, que se esgrime para reforzar la noción de que la elección presidencial de ese día fue “fraudulenta”).

4. El nombramiento de un Tribunal Supremo de Justicia “legítimo” en contravención del Artículo 264 de la Constitución, que especifica la participación del Poder Ciudadano en el proceso: “…podrán postularse candidatos o candidatas ante el Comité de Postulaciones Judiciales, por iniciativa propia o por organizaciones vinculadas con la actividad jurídica. El Comité, oída la opinión de la comunidad, efectuará una preselección para su presentación al Poder Ciudadano, el cual efectuará una segunda preselección que será presentada a la Asamblea Nacional, la cual efectuará una tercera preselección para la decisión definitiva”. La Asamblea Nacional no procuró nunca esa participación.

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Claro, el sistema chavista-madurista también emplea pedradas verbales—fascistas, burgueses de pacotilla, cachorros del imperio, guerra económica—para referirse a sus opositores: “El intercambio de golpes ha sido durante mucho tiempo la forma retórica básica de la política. (…) Y debido a que las etiquetas tienen que vencer, cada campo necesita sus chivos expiatorios. (…) Es recompensado quien se queja de errores o defectos y señala con el dedo a los culpables”, escribió Eckmann. Los insultadores oficialistas más destacados—Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Diosdado Cabello, Pedro Carreño, Mario Silva—han empleado las palabras como piedras; en ocasiones, como bombas lacrimógenas. (Por ejemplo, escuálido: Flaco, macilento).

Y también ha incurrido el oficialismo, más de una vez, en conductas fraudulentas, Tal vez sea la más grave, la más fraudulenta, la Decisión 1.265 de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia del 5 de agosto de 2008, que estableció que los venezolanos por nacimiento tenemos menor protección de nuestros derechos políticos que los venezolanos por naturalización.

En el día de ayer, a partir de las cinco y diez minutos de la tarde, el suscrito remitió un total de cuarenta y dos correos electrónicos, a otras tantas direcciones del Tribunal Supremo de Justicia, con el texto que reproduce esta Ficha Semanal #207 de doctorpolítico. Es este texto una denuncia, bien fundamentada, ante el TSJ de la violación a un principio jurídico fundamental contenido en la Constitución, a los efectos del Numeral 4 del Artículo 5 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia. Este numeral explica que es una facultad del Tribunal “Revisar las sentencias dictadas por una de las Salas, cuando se denuncie fundadamente la violación de principios jurídicos fundamentales contenidos en la Constitución” y “avocarse al conocimiento de una causa determinada, cuando se presuma fundadamente la violación de principios jurídicos fundamentales contenidos en la Constitución… aun cuando por razón de la materia y en virtud de la ley, la competencia le esté atribuida a otra Sala”. La denuncia demuestra que la sección de la Decisión #1.265 de la Sala Constitucional que se contrae a dilucidar “la presunta contradicción entre el artículo 105 de la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República y del Sistema Nacional de Control Fiscal y el artículo 42 constitucional” es ilógica y falsa, y configura una violación tipificada por el numeral antes citado, al cercenar el alcance del Artículo 42 de la Constitución mediante procedimiento falaz. (Violación denunciada, 12 de agosto de 2008).

Eso sí fue verdaderamente fraudulento, a pesar de lo cual no fue combatido oportuna y eficazmente por el liderazgo opositor local una década atrás. Pero, bueno, de Suiza asegura Eckmann que “El intercambio de golpes ha sido durante mucho tiempo la forma retórica básica de la política”. Y después dicen que no somos suizos. LEA

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Once años de ausencia

Hace mucha falta

 

A Jaime, a Marcel y a la memoria de Peter

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Hace once años, a la medianoche entre el 27 y el 28 de mayo de 2007, dejó de verse la señal abierta de Radio Caracas Televisión, la familiar televisora venezolana fundada en 1953 por William H. Phelps. Se trató de una muerte anunciada; a pesar de que Hugo Chávez expusiera para fines de campaña electoral que la cesación de la licencia televisiva de las Empresas 1BC pudiese ser sometida a referendo, en cuanto derrotó convincentemente a Manuel Rosales en diciembre de 2006 anunció que la concesión de RCTV no sería renovada. (Poco después, hizo lo mismo sobre la estatización de la CANTV en Brasil—porque grababa sus conversaciones, según pretextó—y luego procedió con la de La Electricidad de Caracas). Un mes antes del sablazo contra RCTV se ponía en la Carta Semanal #234 de doctorpolítico (26 de abril de 2007):

El 20 de septiembre de 1952, mientras estaba vigente en Venezuela la Ley de Telecomunicaciones de 1940, RCTV C. A.—hoy subsidiaria de Empresas 1BC—recibió autorización para el establecimiento de una televisora comercial en la ciudad de Caracas. En aquella fecha no se estipuló un lapso de duración de la licencia. Es en 1987 (27 de mayo), cuando se publica en la Gaceta Oficial No. 33.726 el Reglamento de la Ley Orgánica de Telecomunicaciones sobre Concesiones para Televisoras y Radiodifusoras, expedido en el Decreto No. 1.577. El primer artículo del susodicho reglamento prescribe que las concesiones serán otorgadas por un lapso de veinte años. En consecuencia, dicen principalmente Hugo Chávez y sus acólitos Willian Lara y Jesse Chacón—de grata recordación, este último, por la toma sangrienta de Venezolana de Televisión del 27 de noviembre de 1992—la licencia quedará extinguida automáticamente al cumplirse veinte años del mencionado decreto. Lo que se niega a hacer el gobierno es a leer más allá del artículo primero del reglamento, cuyo tercer artículo dice sencillamente: “Los canales de Radio y Televisión tienen derecho a que se les extienda la concesión por veinte años más, salvo que pesare sobre ellos sentencia definitivamente firme en tribunales donde se les haya comprobado faltas graves a la Ley Orgánica de Telecomunicaciones”. No hay sentencia, ni firme ni floja, que pese sobre RCTV por violación grave de ninguna ley.

Pero la arbitrariedad y la desatención a la ley ha sido signo distintivo del chavismo-madurismo, empezando por el Tribunal Supremo de Justicia que aún controla. El 5 de agosto de 2008, su Sala Constitucional declaró válidas las inhabilitaciones políticas de Enrique Mendoza, Leopoldo López y un centenar más de personas impuestas por la Contraloría General de la República, a pesar de lo establecido en el Artículo 42 de la Constitución: “El ejercicio de la ciudadanía o de alguno de los derechos políticos sólo puede ser suspendido por sentencia judicial firme en los casos que determine la ley”. La decisión de la Contraloría no era una sentencia judicial, ni firme ni floja, y para sostenerla la Sala Constitucional proclamó que la protección del Art. 42 ¡sólo amparaba a los venezolanos por naturalización!

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Dicho esto, y habiendo admitido en el primer programa de Dr. Político en RCR (7 de julio de 2012) que Radio Caracas me había enseñado la felicidad, propongo para celebrar la trayectoria de su hermana, Radio Caracas Televisión, repasar el desternillante diálogo de Ilan Chester y Emilio Lovera en Radio Rochela, programa de RCTV que nos hizo reír por muchos años. (“Radio Rochela fue un programa humorístico venezolano transmitido por Radio Caracas Televisión. (…) Alcanzó fama internacional llegando a ser conocido no solo en Hispanoamérica, sino también en España y otras naciones europeas”. Wikipedia en Español).

 

 

Gracias, RCTV. LEA

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La conspiración de los holgazanes

Uno de los siete pecados capitales

 

Pereza: decisiva para explicar la ruptura de la convivencia y finalmente la guerra civil. Pereza, sobre todo, para pensar, para buscar soluciones inteligentes a los problemas; para imaginar a los demás, ponerse en su punto de vista, comprender su parte de razón o sus temores. (…) ¿No era una época en que los intelectuales gozaban de gran prestigio, no había entre ellos unos cuantos eminentes y de absoluta probidad intelectual? Ciertamente los había; pero encontraron demasiadas dificultades, se les opuso una espesa cortina de resistencia o difamación, funcionó el partidismo para oírlos “como quien oye llover…” Llegó un momento en que una parte demasiado grande del pueblo español decidió no escuchar, con lo cual entró en el sonambulismo y marchó, indefenso o fanatizado, a su perdición. Tengo la sospecha—la tuve desde entonces—de que los intelectuales responsables se desalentaron demasiado pronto. ¿Demasiado pronto—se dirá—, con todo lo que resistieron? Sí, porque siempre es demasiado pronto para ceder y abandonar el campo a los que no tienen razón».

Julián Marías – La Guerra Civil. ¿Cómo pudo ocurrir? (Madrid 2012).

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Salvo la envidia y la codicia, me confieso practicante de los restantes cinco pecados capitales…

Hallado lobo estepario en el trópico – 28 de mayo de 2011

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A mis diecinueve años cumplidos compré y leí en Mérida la Historia de la Filosofía de Julián Marías, cuando estudiaba el tercer año de Medicina en la Universidad de Los Andes; ahora es mi esposa quien tiene a su hijo Javier entre sus novelistas favoritos. Hoy me llegó de un apreciado amigo una reseña del ensayo de Marías el padre sobre la Guerra Civil Española; fue publicada—11 factores que explican la Guerra Civil Española según Julián Marías—el pasado 24 de febrero en Prodavinci, un sitio web que visito con frecuencia pues usualmente trae trabajos de calidad, pero había escapado mi atención. A mi estimulante corresponsal le puse:

Lo primero que llamó mi atención en el texto de Marías fue su referencia (en el tercer puesto de once factores explicativos de la Guerra Civil Española) a la pereza. No pude menos que recordar a ciertos amigos, a quienes dediqué [una entrada] en mi blog. Así puse: “A XXX, YYY y ZZZ, quienes prefieren leer no más de una paginita”.

Ocurre con frecuencia que mis lecturas clínicas del proceso venezolano son cortadas por un interlocutor que las declara “teóricas” o “demasiado largas”. Siempre me ha parecido que un proceso político tan complejo como el venezolano de las últimas dos décadas no puede ser comprendido con simpleza. “En la emisión #266 de Dr. Político en RCR se argumentó que el proceso político venezolano es, incorrectamente y con frecuencia, entendido como película en blanco y negro de superhéroes contra supervillanos (roles cambiantes según quien la cuente)”, por ejemplo. O esto:

Un amigo inteligente, bien intencionado y proactivo, me escribe: “es una DICTADURA”. (…) Se ha conseguido por fin la etiqueta definitiva, cuyo uso satisfará toda necesidad. Del otro lado de esta polarización que hace mucho más daño que bien, se ha empleado otras; la más reciente es una reciclada: “derecha fascista”. El país puede respirar tranquilo, pues su problema político se habría esfumado con tales “descubrimientos”; su clase política opone una etiqueta a otra, cada actor enfrentado coloca una estrella amarilla de seis puntas en el abrigo del otro, como hacía Hitler en la Alemania que sojuzgó tan trágicamente. Problema resuelto. (Etiqueta negra, 11 de abril de 2016).

Más recientemente aún, el uso indiscriminado del adjetivo “fraudulento” para calificar (más bien descalificar)—se pretende que decisivamente—cualquier cosa que se le ocurra al gobierno desde que muy erróneamente Allan Randolph Brewer Carías declarara a CNN, el 1º de mayo del año pasado, que la convocatoria a constituyente sólo podía hacerla el Pueblo en referendo. (Ver #lasalida de Maduro (segunda parte)).

A otro corresponsal de hoy acabo de decirle:

Bautizar un problema no es lo mismo que resolverlo. Nuestro problema no es taxonómico, no es decidir si Maduro es morrocoy o cachicamo, si su régimen es una dictadura, una democracia, una subdictadura (una vez diagnosticaron a mi madre de tiroiditis subaguda) o una subdemocracia. Yo evitaría el empleo del adjetivo “fraudulento”, precisamente porque es ahora una muletilla, una etiqueta con la que se pretende resolver todo.

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Regresemos al primer corresponsal. Una vez que hubiera leído la reseña completa de las tesis de Marías, le escribí de nuevo para reportarle que discrepaba de esta afirmación suya: “La función política que puede esperarse de los intelectuales es que sean intelectuales y no políticos”. Justifiqué la discrepancia en estos términos:

En De héroes y de sabios (junio de 1998) expuse:

Una vez un profesor extranjero, experto internacional en sistemas de decisión racional de alto nivel, fue invitado por un ministro clave de un gabinete de esta última mitad de siglo venezolana. El profesor, a petición del ministro, recomendó la institución de un centro de investigación y desarrollo de políticas—con una cierta propensión al largo plazo, bien dotado de recursos, escudado del poder—; una unidad de análisis de políticas para la Presidencia de la República, naturalmente sometida al corto plazo, con capacidad de respuesta instantánea; y un programa de formación para los que trabajarían en ambos tipos de centro. Dijo que esa trilogía era indispensable para aumentar la racionalidad en la toma de decisiones públicas. Después de escucharlo con mucha atención, y después de declarar que esto último era lo que él procuraba hacer desde su ministerio, el ministro dijo: “El problema, profesor, es que por mucho tiempo más la clave de la política venezolana estará en el número de compadres que tenga el Presidente en el país”.

Y no se crea que algo así ocurre sólo en el corazón del Gobierno Central: hace unos años ya en una de las operadoras de PDVSA, nuestro dechado de virtudes gerenciales, un conferencista buscaba una página en blanco en el rotafolio de la junta directiva a la que hablaría en unos instantes. En ese proceso se topó con una página en cuyo centro estaba escrito lo siguiente: “A la industria petrolera no le conviene tener demasiada gente inteligente”.

¿Qué es este prejuicio contra las personas que tienen la tara de intelectualidad? Que se sepa, la Constitución de 1961 sólo inhabilita para el ejercicio de los altos cargos públicos a quienes no son venezolanos por nacimiento, a quienes son demasiado jóvenes, a quienes son religiosos. (Si se comprende las enmiendas, a quienes han sido hallados culpables de delitos contra la cosa pública). No existe indicación alguna, ni en su texto original ni en las dos enmiendas subsiguientes, de la inhabilidad política de los “hombres de pensamiento”. ¿De dónde se saca entonces que éstos no deben mandar?

Más adelante en el mismo trabajo fui más allá:

Es probable que continúe habiendo un predominio de los “hombres de acción” en las cabezas ejecutivas de los Estados, de los partidos políticos, pero aun en este caso habrá un marcado aumento del espacio y la influencia de los “hombres de pensamiento” en la política.

Es probable que los hombres de pensamiento que se dediquen a la formulación de políticas se entiendan más como “brujos de la tribu” que como “brujos del cacique”. Esto es, se reservarán el derecho de comunicar los tratamientos que conciban a los Electores, sobre todo cuando las situaciones públicas sean graves y los jefes se resistan a aceptar sus recomendaciones.

Pero también es probable que en algunos pocos casos algunos brujos lleguen a ejercer como caciques. En situaciones muy críticas, en situaciones en las que una desusada concentración de disfunciones públicas evidencie una falla sistémica, generalizada, es posible que se entienda que más que una crisis política se está ante una crisis de la política, la que requiere un actor diferente que la trate.

Y luego el nuevo paradigma político se extenderá por el planeta: uno en el que la inteligencia reivindique su espacio y su función y en el que los hombres intelectualmente más capaces no sean tratados como inhábiles políticos.

Argenis Martínez había enunciado el año anterior esta maldición:

La característica general de la política venezolana hasta ahora es que si usted está mejor preparado en el campo de las ideas, es más inteligente a la hora de buscar soluciones y tiene las ideas claras sobre lo que hay que hacer para sacar adelante el país, entonces usted ya perdió las elecciones.

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Reconozco el feo pecado de haber leído algo, por ejemplo a Julián Marías hace cincuenta y seis años. Admito también haber sufrido y confrontado lo que él revela en materia de resistencia a los intelectuales:

…encontraron demasiadas dificultades, se les opuso una espesa cortina de resistencia o difamación, funcionó el partidismo para oírlos “como quien oye llover…”

Pero, como él declara, “siempre es demasiado pronto para ceder y abandonar el campo a los que no tienen razón”. No pienso ceder en ninguna de las estipulaciones del código de ética política que compuse y juré públicamente cumplir en septiembre de 1995, principalmente de la segunda de ellas:

2. Procuraré comunicar interpretaciones correctas del estado y evolución de la sociedad general, de modo que contribuya a que los miembros de esa sociedad puedan tener una conciencia más objetiva de su estado y sus posibilidades, y contradiré aquellas interpretaciones que considere inexactas o lesivas a la propia estima de la sociedad general y a la justa evaluación de sus miembros.

Creo que son suficiente protección de mis propios errores, de mi posible falta de razón, las estipulaciones quinta y sexta:

5. Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia.

6. No dejaré de aprender lo que sea necesario para el mejor ejercicio del arte de la Política, y no pretenderé jamás que lo conozco completo o que no hay asuntos en los que otras opiniones sean más calificadas que las mías.

Y el mismo código contiene una estipulación octava que me impide acoger el papel constreñido que Marías adjudica a los intelectuales:

8. Podré admitir mi postulación para cargos públicos cuyo nombramiento dependa de los Electores en caso de que suficientes entre éstos consideren y manifiesten que realmente pueda ejercer tales cargos con suficiencia y honradamente. En cualquier circunstancia, procuraré desempeñar cualquier cargo que decida aceptar en el menor tiempo posible, para dejar su ejercicio a quien se haya preparado para hacerlo con idoneidad y cuente con la confianza de los Electores, en cuanto mi intervención deje de ser requerida.

He leído (y escrito) libros, lo confieso, pero también he sido ejecutivo muchas veces, con algún éxito.

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Los holgazanes en los que pienso son, paradójicamente, personas bastante diligentes; trabajan muy denodadamente en numerosas iniciativas que buscan superar el actual estado de cosas en el país. Pero son intelectualmente perezosos; es en la comprensión del problema donde fracasan, prefiriendo no abandonar su congelado y nominalista diagnóstico por la incomodidad de desplazar su punto de vista, de aprender algo que se trate de explicarles y no quepa “en una paginita”.

“…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político. (…) …la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces. Por eso creo que las élites deben hacerse revolucionarias”. Krisis – Memorias prematuras (1986).

Ése es el trabajo. LEA

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