¿Con qué se come eso?

Organizados por la Universidad Católica de Chile

 

…los actores políticos tradicionales entienden el mundo como dividido en dos clases de corte: aquél que les separa a ellos, únicos integrantes del “país político”, de un “país nacional” que a su vez es cortado por la distinción social obsoleta que agota a una nación en las imágenes del empresario y del obrero.

Dictamen – 21 de junio de 1986

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Estábamos en el último año del siglo pasado, a punto de elegir los rectores del Consejo Nacional Electoral (sucedáneo del antiguo Consejo Supremo Electoral). El 29 de mayo de 2000, Luis Miquilena preguntaba: “¿Con qué se come eso?” Se refería a quienes se llamaban a sí mismos “miembros representantes de la sociedad civil organizada” de modo más bien incomprensible, pues el Artículo 296 de la Constitución cuya redacción presidiera dice al comenzar: “El Consejo Nacional Electoral estará integrado por cinco personas no vinculadas a organizaciones con fines políticos; tres de ellos o ellas serán postulados por la sociedad civil, uno o una por las facultades de ciencias jurídicas y políticas de las universidades nacionales, y uno o una por el Poder Ciudadano”. (¿Fue “la sociedad civil” la que postulara tres de las cuatro rectoras oficialistas actuales? ¿Es que ninguno de los cinco rectores— cuatro postuladas y un postulado—tiene algún genero de vinculación con organizaciones de fines políticos?)  La réplica de Miquilena fue comentada en el artículo breve de la Carta Semanal #196 de doctorpolítico (27 de julio de 2006):

El término “sociedad civil” se ha hecho de uso común en los últimos años. A comienzos del gobierno de Hugo Chávez, una referencia al mismo por parte de Elías Santana, de larga trayectoria como dirigente civil, provocó el despectivo comentario de Luis Miquilena: “¿Con qué se come eso?” Vale la pena detenerse en su significado, sobre todo cuando ahora se prepara una “hoja de ruta” de “la sociedad civil” y se convoca a reuniones para considerar “el curso de acción política de la Sociedad Civil de cara al 2007”. (En la convocatoria de una reunión específica sobre este asunto, se añade: “Tendremos a varios voceros de ONG’s invitados”, y en la mención del año próximo hay una suerte de admisión de la inevitabilidad de la reelección de Chávez, puesto que la invitación acoge sólo a opositores al gobierno).

En efecto, en el uso común del término, se entiende por sociedad civil una aglomeración de organizaciones no gubernamentales que no sean partidos políticos, y esto no es (en parte) sino el remozamiento terminológico de la distinción—que introdujera, creo, Jóvito Villalba—entre un “país político” y un “país nacional”. En Dictamen (21 de junio de 1986), se describía la cosa al considerar algunos de los componentes de un paradigma político “esclerosado”:

  1. Existe un “país político” distinguible del “país nacional”: Esta formulación comprende un conjunto de postulados acerca de la natura­leza política de la sociedad venezolana. Para los actores políticos tradicionales ellos conforman el llamado país político. Son ellos los únicos autorizados para el manejo de los problemas públicos. El resto del país, el “país nacional”, no tiene otra función política que la de establecer, cada cinco años, un orden de poder entre los componentes del “país político”, el pecking order (orden de picoteo en un ga­llinero) que distribuye el poder disponible entre los candidatos. Esta visión es, por supuesto, errada. El país nacional es el país polí­tico. Por de­finición, el Estado es la sociedad política, y se define al Estado como un conjunto de personas que ocupan un territorio definido y se organizan bajo un gobierno so­berano. No es el Estado el conjunto de los ciudadanos con activismo político, como no lo es ni siquiera el gobierno de una nación. El Estado, la sociedad polí­tica, comprende a todos los nacionales de un país. Esta elemental noción se con­funde, se olvida o se escamotea con frecuencia. Se olvida, por ejemplo, que a los poderes públicos tradicionalmente considerados (ejecutivo, legislativo, judicial) los precede el poder fundamental que llamamos poder constituyente, cuya residen­cia es el pueblo. Otra cosa es la delegación de poder que se establece a través del acto electoral, pero no puede seguirse sosteniendo, por esclerótica, esa noción de la separación de un país político y un país nacional.

Comúnmente, pues, no se entiende que la sociedad civil sea el Pueblo, sino sólo las limitadas porciones de él que pertenezcan a alguna asociación distinta de un partido, lo que ahora parece no exigir que éstas se abstengan de propósitos políticos. Veamos:

Monseñor Ramón Ovidio Pérez Morales, miembro de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), afirmó que la sociedad civil debe arropar a los partidos políticos y forzar un gobierno de transición que conlleve a la reconstitucionalización del país. (…) Al consultarle si la reestructuración de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) podría conllevar a ese nuevo Gobierno, señaló que la sociedad civil es la que debe dar ese paso al frente. “Esto supone la integración de un gran frente nacional por un cambio político”. (Reporte Católico Laico).

No puede haber propósito más político que ése, y monseñor Pérez Morales está diciendo a las claras que la MUD es un establecimiento muy insuficiente que pretendió, con la reorganización que anunciara, “arropar” ella a la “sociedad civil”:

…Torrealba reportó el 17 de los corrientes la creación de un “Congreso de la Sociedad Democrática”, como instancia de articulación de los partidos políticos de la MUD con “organizaciones no gubernamentales y distintos movimientos sociales”, presentándolo como el principal mecanismo de consulta y debate de esa variedad de actores. (MUDa de piel, 24 de febrero de 2017).

Y es que lo que se anticipara en este blog hace algo más de cuatro años (MUD, MUD, MUD, es hora de partir, 25 de diciembre de 2012), amenaza ahora con convertirse en deporte nacional, luego de un desastroso desempeño de la central opositora y la Asamblea Nacional en 2016. Pérez Morales disimuló poco su desahucio de la dirigencia opositora profesional, y estuvo a milímetros de certificar su defunción, lo mismo que expidió sobre el diálogo: “el diálogo está muerto y se le puede dar un buen entierro”.

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La “sociedad civil” no es lo mismo que las ONGs que se oponen al gobierno de Maduro; ella no es homogénea. Hay organizaciones no gubernamentales que se inclinan en favor del oficialismo, y si bien una gran mayoría nacional repudia ese gobierno, tampoco toda ella está conforme con la MUD o partidos opositores que la componen:

Medición recentísima

 

Todavía es el PSUV el partido más apoyado

 

Oposición desciende, gobierno sube y no alineados mucho más

 

De mediciones como ésas puede concluirse que ninguna agrupación de ONGs opositoras puede ser tenida por representativa del Pueblo, y tampoco es que será más fácil acordarse entre ellas que en el seno de la Mesa de la Unidad Democrática. Apartando las que persiguen objetivos institucionales (no políticos) específicos, hay agrupaciones no partidistas de objetivo político único; por ejemplo, las que promueven la elección de una asamblea constituyente “originaria”, cosa que no existe. (Lo único originario es el Pueblo). Pues bien, hay al menos dos grupos competidores con ese propósito—el liderado por Enrique Colmenares Finol (el más antiguo) y el de Felipe Pérez Martí, exministro de Chávez—, si no se incluye a Voluntad Popular, que pertenece al “país político” pero cíclicamente replantea ese espejismo.*

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El primero de los números

En febrero de 1994 se estrenaba la publicación mensual referéndum, con un trabajo que fuera titulado Los rasgos del próximo paradigma político. Allí se lee:

La discusión pública venezolana se halla a punto de agotar los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a los principales factores de poder de la sociedad. Nuevamente, no hay duda de que términos tales como el de conciliación o participación se refieren a muy recomendables métodos para la búsqueda de un acuerdo o pacto nacional. No debe caber duda, tampoco, que no son, en sí mismos, la solución. (…) Por otra parte, el método mismo tiende a ser ineficaz. Los ideales de democracia participativa, la realidad de la emergencia de nuevos factores de influencia y poder, han llevado, es cierto, a la ampliación de los interlocutores de las «mesas democráticas» de las que debe salir el ansiado «acuerdo nacional». Así fue diseñado, por ejemplo, el consejo de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), al combinar en él la presencia tradicional de líderes empresariales y líderes sindicales, con representantes de partidos, de la iglesia, de las organizaciones vecinales, etcétera. Así buscó conformarse el «Encuentro Nacional de la Sociedad Civil» organizado por la Universidad Católica Andrés Bello, cuando su rector tomó el reto que pareció recaer, a mediados de 1992, sobre la Iglesia Católica venezolana, en respuesta a un estado de opinión nacional de gran desasosiego, que buscaba en cualquier actor o institución que pudiera hacerlo la formulación de una salida a la aguda y profunda crisis política. Pro Venezuela, la Mesa Democrática de Matos Azócar, los encuentros que organizó José Antonio Cova, y la constante prédica de los partidos, todos fueron intentos de alcanzar ese ya mítico gran entendimiento nacional. La evidencia es, pues, suficiente. La oposición de intereses en torno a una mesa de discusión difícilmente, sólo por carambola, conducirá a la formulación de un diseño coherente. Es preciso cambiar de método. Y es preciso cambiar el énfasis sobre la herramienta por el énfasis en el producto.

Ante un problema político, como ante uno de salud, lo importante es identificar un mejor tratamiento. Un consenso, una mayor “representatividad” de alguna proposición no es lo mismo que su corrección terapéutica. Pero la riqueza de la sociedad civil reside en la participación cívica de gente con vocación altruista e interesada en soluciones. Allí puede hallarse, de cuando en cuando, verdaderas gemas estratégicas.

Mapa genético de madre e hija (MUD 2012)

La lectura de Pérez Morales va, sin embargo, en otra dirección. Es ante el deficiente desempeño de la dirigencia opositora nacional que recomienda que la sociedad civil “arrope” a los partidos que, en nuestro caso, bien pudieran llamarse “subpartidos”. (A fines de 2012, la MUD se componía de 30 partidos; a semejanza de Italia que, con una población del doble de la nuestra, tiene hoy 11 partidos mayores, 23 menores y 71 regionales).

Quien escribe incluiría en la recomendación de Monseñor “arropar a la Asamblea”. Cuando se piensa en el mantra de la “presión de calle” se le cree dirigido contra el gobierno y sus aliados: la soñada marcha a Miraflores o las protestas ante el Consejo Nacional Electoral. (La que inaugurara la temporada guarimbera de 2014 se dirigió a la Fiscalía General de la República). Es tiempo de pensar en la presión ciudadana sobre el Poder Legislativo Nacional, sobre “nuestros” representantes.

¿Para qué? Para que hagan el aporte decisivo al meollo del problema político nacional que, en sentido restringido, se define como la sustitución perentoria del gobierno que preside Nicolás Maduro y, en sentido amplio y no menos importante, requiere el reemplazo del esquema socialista. Para que la Asamblea Nacional establezca alianza con el Poder Constituyente Originario y lo convoque a referéndum. (“Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional”, 5 de febrero de 2003). Para traer el Poder Supremo del Pueblo, como grande y definitivo terapeuta, a decidir si conviene el socialismo a Venezuela y si quiere elecciones presidenciales (no elecciones “generales”) inmediatas. (Ver en este blog ¿Qué espera la Asamblea Nacional? y Prontas elecciones, del 8 de marzo y el 22 de octubre de 2016, respectivamente. Sobre lo primero se llamó acá la atención de Monseñor Pérez Morales el 21 de julio del año pasado a raíz de importante artículo suyo; ver Pandemónium).

La Asamblea Nacional puede convocar inapelablemente—sin firmas, fotos o huellas dactilares—referendos consultivos por mayoría simple (84 diputados), pero para hacer eso debe recuperar su eficacia; esto es, debe salir de la situación de desacato que la mantiene maniatada y anulada. Por tanto, la sociedad civil que eligió a los diputados debe arroparles para que de una vez por todas procedan a recuperar su eficacia lo que, al menos declarativamente, cuenta con la apertura del Presidente de la República y el Tribunal Supremo de Justicia. Que les tomen la palabra y se dejen de declarar abandonos de cargos y crisis humanitarias, o de representar ante Luis Almagro y el flamante canciller brasileño peticiones de auxilio. Que resuelvan nuestros problemas aquí, dándonos el derecho de palabra.

No requerimos un “gobierno de transición”, sino uno que se elija cuanto antes y se ocupe del período corto que concluiría el 10 de enero de 2019 (lo que de suyo definiría su carácter “transicional”). Tampoco un acuerdo programático innecesario, al estilo de los Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional (23 de enero de 2012). Los candidatos que quieran presentarse a una elección presidencial tan posible como urgente, y habría bastantes, tendrán simplemente que convencer a un electorado que ha aprendido mucho en los pesados últimos años de nuestra república de gente que sufre. Es esta gente la que tiene que acordarse. LEA

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*Colmenares Finol está tras una constituyente desde al menos 2005, poco después del intento revocatorio fallido de 2004. (El suscrito escuchó una presentación suya en ese año en las oficinas de Don Ricardo Zuloaga). Antes aún, Herman Escarrá, diputado a la constituyente de 1999, propugnaba una nueva apenas tres años después como modo de salir de Hugo Chávez, y su proposición fue incluida en el combo de opciones que Súmate puso a consideración ciudadana el 2 de febrero de 2003. Raúl Isaías Baduel predicaba lo mismo por la época del referendo sobre los proyectos de reforma constitucional de 2007. Manuel Rosales se le había adelantado con esta idea del 25 de septiembre de ese mismo año: “Yo creo que, definitivamente, en Venezuela, después de este referendo constitucional hay que pensar seriamente en la realización de una Asamblea Nacional Constituyente porque es la refundación y la reconciliación del país”. El 7 de diciembre de 2013, Leopoldo López y Ma. Corina Machado encabezaban una lista de decenas de personalidades que pedían constituyente en un manifiesto de prensa; entre ellas destacaba el nombre de Blanca Rosa Mármol, hoy incorporada al grupo que lidera Felipe Pérez Martí.

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Semper Cornelis

Entrevista con Rosalía Arteaga, periodista ecuatoriana, 9 de septiembre de 2012 (primera parte)

 

¿Por qué este Ulises, este héroe de la belleza más poderosa, este insólito condensado de humanidad escogió a Venezuela como casa? (…) Creo tener la respuesta. Cornelis vio algo único en el alma venezolana. (…) Es nuestra gente lo que cautivó a Cornelis y Vera. Se quedaron en Caracas por nosotros.

Zitmangebouw de Caracas

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Folleto de la exposición

Ayer fuimos mi señora y yo a La Trinidad, por gentil invitación de Vera Roos de Zitman, para ver una exposición de esculturas de pequeño formato y de dibujos del gran e inolvidable amigo, Cornelis Zitman. Es una hermosa muestra de su arte, montada muy eficaz y bellamente por Berend, el mayor de los hijos de la singular pareja, sobre curaduría de Rafael Santana y la nieta de Cornelis, Sarah Adam. Vale la pena ir a sumergirse en esa belleza; hay oportunidad hasta el 2 de abril en el Secadero 3 del Parque Cultural Hacienda La Trinidad.

Cornelis solía hacer maquetas de sus esculturas finales, algunas de las cuales son de escala colosal. (Hubo que enviar una de ellas a Boston en la barriga de un Boeing 747 para que cupiera). Me regaló uno de esos bocetos, para una obra que nunca vio su plena realización; era la figura, de unos treinta centímetros de alto, de un hombre desnudo con una piedra en su mano derecha, sobre un suelo en el que reposaban otros proyectiles similares, listos para ser lanzados. ¿Contra qué? Pues hacia la puerta del viejo Consejo Supremo Electoral, que quiso encargarle un grupo escultórico que se colocaría a su entrada. Naturalmente, nunca se aprobó contratarle la obra que así proyectaba; no convenía recordarle al organismo electoral que el Pueblo podía visitarle con violentos reclamos, y menos al Pueblo mismo que podía hacer justamente eso. ¿Premonición de artista? El psicólogo existencial Rollo May postuló, en Love and Will (1969), que los neuróticos y los artistas presentían el futuro, y los segundos lo anticipaban en sus obras ¡constructivamente!

En el video de YouTube colocado al comienzo, primera parte de una entrevista—segunda parte, tercera parte—, Zitman deja entender lo que sus amigos sabemos: que nunca se tomó a sí mismo demasiado en serio. Poseedor de un persistente buen humor, cuenta cosas divertidas y entrañables acerca de su llegada a estos lares de la Tierra de Gracia descubierta por Colón en 1498, a los que regaló su arte y su familia. Espoleado por Rosalía Arteaga (nada menos que Ministra de Educación, Vicepresidenta y fugaz Presidenta de Ecuador), confiesa su ignorancia inicial acerca de la galerista parisina que lo descubriera en nuestro Museo de Bellas Artes, Dina Vierny; entonces no sabía que ella había sido la musa de Aristide Maillol, el gran escultor francés, o modelo preferida de Henri Matisse y Pierre Bonnard, ni que abriría a este europeo original, venezolano por adopción, las puertas de Francia, la patria de Rodin. Hoy hay exposiciones permanentes de su escultura en España y Holanda, y obras suyas en museos y espacios arquitectónicos de Japón, Italia o Estados Unidos, para no contar las colecciones privadas en todo el mundo. Por lo que respecta a nosotros, ya Cornelis había ganado el Premio Nacional de Escultura en 1951—”de ñapa”, dijo—, a cuatro años apenas de su benéfica llegada.

Detrás de su arte, por supuesto, estuvo su humanidad; nadie puede crear tanta belleza si ella no es la substancia de su alma. Quienes tuvimos la inmensa fortuna de tratarle supimos de su inerrante instinto moral, su bondad, su generosidad, su invariable alegría. No sabemos, creo, cómo agradecer su existencia entre nosotros. LEA

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MUDa de piel

 

Al cierre de 2016

 

Hace una semana explicó finalmente la Mesa de la Unidad Democrática la reorganización que había anunciado en reiteradas ocasiones. En su despedida como Secretario Ejecutivo de la federación opositora, Jesús Torrealba informó que su gerencia queda ahora en manos de un Coordinador General—José Luis Cartaya—, a quien responderán tres secretarías: la Política a cargo de Ángel Oropeza, la Técnica en manos de Roberto Picón Herrera (ejerce competentemente esa función desde 2012) y una Social que pedalearán en tándem Alfredo Padilla y Tinedo Guía.

El esquema organizativo

Más allá de eso, Torrealba reportó el 17 de los corrientes la creación de un “Congreso de la Sociedad Democrática”, como instancia de articulación de los partidos políticos de la MUD con “organizaciones no gubernamentales y distintos movimientos sociales”, presentándolo como el principal mecanismo de consulta y debate de esa variedad de actores. Además informó de una representación ampliada en el máximo nivel de la MUD, que pasa de ser un G4 a un G9 (un “comité político organizativo”): Acción Democrática, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo, Primero Justicia, La Causa R, Movimiento Progresista de Venezuela, Avanzada Progresista, Alianza Bravo Pueblo y Vente Venezuela. Esto es, tres socialdemócratas: AD, UNT, ABP; uno socialcristiano: PJ (aunque Wikipedia lo describe como profesando un “humanismo, socioliberalismo, tercera vía”); uno socialista: CR; tres progresistas: VP, MPV, AP; uno liberal: VV y, como en Rebelión en la granja, todos son iguales pero algunos serán “más iguales” que otros, pues el peso del voto de cada uno estará calibrado en función de su representación parlamentaria. Finalmente, se anunció que la vocería de la nueva organización será rotativa entre los partidos que tengan diputados en la Asamblea Nacional; en eso, al menos, Cartaya no hereda a Torrealba.

Una cosa más: este último aseguró que, tras semanas de deliberación, la MUD avanza en la construcción de una hoja de ruta que persiga un cambio del gobierno actual por uno de unidad que deberá aplicar “un proyecto de reconstrucción nacional consensuado”. Un mes antes había señalado estos objetivos de la recomposición: “definir un proyecto de construcción nacional, un proyecto país y un proyecto de gobierno de unidad nacional para que, en torno a ese propósito, nos unamos todos. Fortalecer los partidos políticos y que la vocería de la mesa la ejerzan directamente los actores políticos y construir una relación firme y sólida, permanente, respetuosa, entre liderazgo político y sociedad civil”. El Universal registró el 17 de enero: “[Torrealba] indicó que esas modificaciones de fondo deben dar lugar a ese proceso de reconstrucción de confianza”. La confianza en la MUD que dirigió había sufrido erosión, admitía.

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La mera reorganización no será suficiente para recuperar la confianza del pueblo opositor en la MUD, que en diciembre sólo alcanzaba 43,2%, según registró Venebarómetro. ¿Será eso posible? ¿Qué ha cambiado?

Primero: que ahora tendrán que ponerse de acuerdo nueve cabezas en lugar de cuatro en el “comité político organizativo”. Segundo: que se crea un espacio de interacción con ONG’s y “distintos movimientos sociales”. (A fines de 2002, la madre de la MUD—la Coordinadora Democrática—interactuaba con Fedecámaras, la CTV y la Gente del Petróleo en época del paro general y, principalmente, petrolero, y mantuvo relaciones con organizaciones como Asamblea de Educación, Asamblea de Ciudadanos, Sinergia y Ciudadanía Activa). Tercero: que para reforzar esto último se añadió una “Secretaría Social” a lo que ya eran órganos auxiliares existentes: lo que maneja Picón es lo mismo que siempre ha dirigido, y la Secretaría Política asume las funciones de lo que hasta ahora se conoció como Comité de Estrategia. Por lo que respecta a lo programático, en 2003 ya se había producido el Consenso País y en 2012 los Lineamientos de Programa de Gobierno de la Unidad Nacional. ¿Surgirá algo distinto o la MUD terminará por entender que no hay proyectos de países? (El Pitazo, 11 de enero: “El secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, Jesús ‘Chúo’ Torrealba, celebró la declaración de abandono del cargo aprobada por la Asamblea Nacional el pasado 9 de enero [!] y dijo que se debían trazar dos estrategias: una hoja de ruta a partir de este momento hasta que se llegue al poder y un proyecto claro de país”).

Lo esencial, puede decirse, no ha cambiado. La MUD sigue siendo una organización de organizaciones, un “movimiento de movimientos”; no es todavía un movimiento de ciudadanos y sigue definiéndose como oposición. Aún se le aplica la descripción de Ramos Allup (Ciudad Ccs, 9 de marzo de 2011): “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”. (Son al menos cinco las ideologías distintas—ideales y visiones—en el seno de la MUD). La ampliación de cuatro a nueve miembros de su “junta directiva”, si bien más representativa, hace el consenso estratégico y operativo más difícil, y el peso del voto de cada uno es más bien un asunto de procedimiento antes que de fondo. Por otra parte, aún la “vocería rotativa” no está rotando entre los miembros del G9 pero la asume, por ejemplo, Oropeza, quien ha declarado más frecuentemente que Cartaya y a veces contradictoriamente. Esta semana dijo a César Miguel Rondón que “el país no ve una salida a la situación del país, lo que lleva a la resignación”; en la misma entrevista asentó que la mayor autoridad de la MUD ya no son los partidos, sino que es un Congreso de la Unidad Democrática, que estará constituido por organizaciones populares, sectores universitarios, iglesias, “para que sea la gente que nos indique hacia dónde es el camino”. Tan sólo el viernes de la semana pasada había afirmado: “Este país no está desesperanzado sino urgido de que le digan para dónde ir”. (?) Voluntad Popular, por su lado, anuncia al público en general lo que “va a proponer” en la instancia directiva de la MUD: “Leopoldo nos plantea tres escenarios claves: la comunidad internacional, la calle y la realización de una gran jornada de consulta popular, que sea el pueblo quien decida si quiere o no elecciones presidenciales en este 2017. Esta agenda de lucha propuesta por Leopoldo López la estaremos difundiendo por todo el país”. Al final de su nota consiente la web de VP: “la agenda de lucha planteada por Leopoldo López será expuesta a la Mesa de la Unidad Democrática y a los sectores sociales para trabajar juntos en una ruta política”. ¿Es que no estarán “los sectores sociales” precisamente representados en el “Congreso de la Sociedad Democrática” de la MUD por estrenar? (Esa “agenda de lucha” será examinada mañana en el programa #237 de Dr. Político en RCR).

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Lo más innovador, por supuesto, es ese “Congreso de la Sociedad (¿Unidad?) Democrática”, pero se insiste con él en el eterno error de una representación sectorial de la sociedad. El 11 de febrero de 2015, dos presos y una diputada defenestrada—Leopoldo López, Antonio Ledezma y Ma. Corina Machado—proponían un esquema parecido: “…hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales”. La sociedad no es una torta que se pica en pedazos; quien debe hablar en esta crisis es la Corona en estado puro, no sus fragmentos “sectoriales”. Lo que hay que activar es el Poder Constituyente Originario, y los componentes de ese poder supremo no son sectores sino ciudadanos.

Mudar la pelambre o la piel es un proceso cíclico y superficial. Una mutación, una metamorfosis es infrecuente y muchas veces final, definitiva. Era lo que la MUD requería y no se ha producido todavía.

El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos.* Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito. (¿Jesús Gorbachov?, 1º de octubre de 2014).

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*He formulado la misma observación desde hace mucho tiempo, sin el menor éxito. Por ejemplo, el 12 de agosto de 2004 escribía en la Carta Semanal #99 de doctorpolítico, en referencia a la Coordinadora Democrática: “para ciertas evoluciones necesarias la organización pudiera estar genética o constitucionalmente impedida—porque es una organización de organizaciones en lugar de una organización de ciudadanos”.

LEA

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Todo vuelve a la normalidad

 

Ante la situación nacional ¿de qué se ríen con tanta alegría?

 

Ayer sábado los dirigentes opositores volvieron a la mágica “calle” para un enésimo ensalme ritual que mantenga alineada a su clientela política, poco después de la reorganización de la Mesa de la Unidad Democrática. La convocatoria fue emitida por Leopoldo López, quien aparece de primero en las encuestas como líder de la oposición, al igual que su partido, Voluntad Popular. Los más recientes registros así lo certifican; por ejemplo, el de Datanálisis—en estudio sufragado por Henri Falcón—y el de Hercon, en enero y febrero respectivamente:

 

Leopoldo López a la cabeza

 

A Voluntad Popular sólo lo supera el PSUV y a éste los no alineados que lo duplican

 

¿Cómo respondió la clientela a la convocatoria del principal líder y el principal partido? Reporta El Universal con apoyo en la agencia española de noticias, EFE:

Cientos de venezolanos seguidores del dirigente preso Leopoldo López marcharon este sábado 18 de febrero en Caracas para pedir su liberación cuando se cumplen tres años de su encarcelamiento y a dos días de que el TSJ reafirmara la condena de casi 14 años de cárcel por haber pronunciado discursos que promovieron violencia. La marcha salió de varios puntos de la capital venezolana que, aunque no convocó a miles, contó con la presencia de militantes del partido liderado por López, Voluntad Popular (VP), familiares de opositores presos y dirigentes de otras organizaciones políticas. (…) En esta manifestación también participó el presidente de la Asamblea Nacional (AN), Julio Borges, que marchó junto a dirigentes y diputados del partido Primero Justicia, así como el diputado Henry Ramos Allup, que estuvo acompañado de militantes de Acción Democrática (AD), según reseñó Efe.

Es decir, una asistencia verdaderamente magra en el consabido escenario del este caraqueño: “La movilización comenzó a las 9:00 a.m en cuatro puntos de la ciudad capital: la plaza Brión de Chacaíto, Parque del Este, Santa Fe y Caurimare; y tendrá como punto final la autopista Francisco Fajardo, a la altura del Distribuidor Altamira”. El mismo periódico registró las declaraciones del muy feliz Presidente (en desacato) de la Asamblea Nacional:

El Presidente de la Asamblea Nacional (AN), Julio Borges, aseguró este sábado que “el voto es la única forma que tiene el país para lograr la liberación de los presos políticos y salir de la crisis económica, política y social”. (…) Manifestó también que “solo votando se logrará un cambio en el país, para liberar a los venezolanos de toda esta grave situación por la que están pasando, la libertad del país solo se va a lograr a través del voto y por eso exigimos al CNE publicar el cronograma electoral”. (…) Para finalizar, el diputado expresó que Venezuela quiere y exige elecciones ya. “Seguiremos en las calles diciéndole al Gobierno y al Consejo Nacional Electoral que no descansaremos y seguiremos luchando por la libertad de todos los presos políticos y por la libertad de los venezolanos”.

¿Y la cesación del gobierno de Maduro que su predecesor postuló como “compromiso no transable” de la Asamblea Nacional? Bien, gracias. ¿Qué pasó con la declaratoria de abandono del cargo detentado por Maduro? No hablemos de eso; la cosa ahora es el cronograma electoral y, como sabemos, ese cronograma sólo incluye las elecciones de gobernadores y alcaldes que están en mora—por eso “exigimos al CNE publicar el cronograma electoral”—y las presidenciales de 2018. O sea, la normalidad, porque como dice Ángel Oropeza, “Este país no está desesperanzado sino urgido de que le digan para dónde ir”. Bueno, los más importantes líderes de la MUD le dijeron que fuera ayer al Distribuidor Altamira de la autopista Francisco Fajardo… y el país no fue. LEA

 

Todo el mundo sonreído

 

¿Será por esta gigantesca multitud?

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En Facebook, una vez más

Pero no creen el uno en el otro

 

El amable y bien intencionado Ramón Escovar León inició en Facebook un debate con la siguiente afirmación: “Los errores cometidos por la MUD no se corrigen cambiando a Chúo Torrealba sino modificando la estrategia, lo que que debe ser producto de una serena autocrítica”. Varios de sus corresponsales añadieron comentarios tan sinceros como bien encaminados. Entonces intervine, para sugerir primeramente la lectura de ¿Jesús Gorbachov? (1º de octubre de 2014) y Otra confesión de parte (14 de abril de 2016). Luego añadí estas contribuciones adicionales:

Hace muchos años ya que asemejé la MUD a un bote salvavidas según una definición de Enrique Jardiel Poncela. (Carta Semanal #194 de doctorpolítico, 13 de junio de 2006). O, más tarde, en el Post scriptum a Leopoldo è mobile qual piuma al vento (3 de junio de 2015): “La verdad es que López—Primero Justicia Popular, Redes Populares, Voluntad Popular; muy popular el muchacho—juega por su cuenta (también Ledezma y Machado; ver Ma. Corina y Shakespeare), y que sus iniciativas entusiasman a quienes obtienen satisfacción ritual y cotidiana—sobre todo en Facebook con la fórmula consabida: ‘Fulano se las cantó claritas. Excelente artículo. No tiene desperdicio’—en el más agresivo discurso antigubernamental. (Ver en este blog La arrechocracia). La verdad es que no hay unidad opositora, que nunca la ha habido sino circunstancialmente. Ya en 2006 se había recordado acá, en caracterización de la MUD, la definición de bote salvavidas que Enrique Jardiel Poncela propusiera en Para leer mientras sube el ascensor: ‘Lancha que sirve para que se ahoguen juntos los que se iban a ahogar por separado’”.

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De la madre de la Mesa de la Unidad Democrática, la fallecida señora Coordinadora Democrática—ver La torta, 11 de octubre de 2012, para una comparación de su dotación genética—, dije el 19 de agosto de 2004 tras el fracaso revocatorio: “Si tuviéramos, Dios no lo permita, un pariente con tan grave dolencia que ameritara la atención de toda una junta médica; si este cuerpo de facultativos intentase primero una cierta terapéutica y con ella provoca a nuestro familiar un paro cardiaco; si a continuación prescribe un segundo tratamiento que le causa una crisis renal aguda; si, finalmente, aplica aún una tercera prescripción que desencadena en nuestro deudo un accidente cerebro-vascular, con toda seguridad no le querremos más como médicos. Y ésta es la estructura del problema con la Coordinadora Democrática. La constelación que se formó alrededor de ella, no sin méritos que hemos reconocido, nos llevó primero a la tragedia de abril de 2002, luego a la sangría suicida del paro, finalmente a la enervante derrota del revocatorio. (Para no agregar al inventario una nutrida colección de derrotas menores). No hay vuelta de hoja. No podemos atender más nunca a esa dirigencia”. (Bofetada terapéutica). Nadie hizo caso; más de uno procedió a condenarme.

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Y para quien pudiera pensar que sólo critico, cotéjese ¿Qué se debe hacer? (I), ¿Qué se debe hacer? (II) y ¿Qué se debe hacer? (y III). Y no se trata de afán destructivo; así concluí Política natural (19 de marzo de 2009): “Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) El anacrónico experimento de Chávez representa los últimos estertores de una política vieja que agoniza. Es la política del poder, que él lleva a su exacerbación; es la autodefinición política sobre un eje izquierda-derecha que ya no existe, a pesar del último pataleo de Bernard Henri-Lévy. (Left in Dark Times, 2008). Pero es la muerte de gigantes, sin los que nunca hubiéramos divisado la tierra prometida. Como tales ¿por qué tendrían que sentirse mal por haber sido enormes e indispensables? Ellos construyeron las posibilidades que hoy tenemos. No se justifica entonces que entorpezcan el progreso, pretendiendo que lo que hacen, cada vez de eficacia menor, es lo único posible. Nos deben la libertad de crear, como ellos mismos en su momento lo hicieron, una cosa distinta”.

LEA

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El regalo

El libro ante el teclado

 

Hacia la 1:30 de la tarde de hoy recibí en mi casa el volumen Rafael Caldera: estadista y pacificador, por generosa remisión de Andrés Caldera Pietri. La obra de colaboración, editada por la Fundación Konrad Adenauer y la Universidad Metropolitana, es indispensable referencia para calibrar con justicia el significado del gran político venezolano, lo que sí es en verdad un legado. En ella escriben sobre este excepcional venezolano Rafael Tomás Caldera, Abdón Vivas Terán, Guillermo Aveledo Coll, Asdrúbal Aguiar, Tulio Álvarez, Horacio Biord Castillo, Beatriz Rodríguez Perazzo, Jair De Freitas, Rafael Mac Quhae, Tomás Straka, Francisco Javier Pérez, Ramón Guillermo Aveledo, Julio César Pineda, Manuel Donis Ríos, Edgardo Mondolfi Gudat, Hernán Castillo, René De Sola, Fernando Luis Egaña, Paciano Padrón, Laura Febres y Luis Bremo. (Rafael Ángel Rivas Dugarte trabajó la bibliografía, y Andrés Caldera Pietri y Napoleón Franceschi elaboraron otras referencias bibliográficas). Reproduzco a continuación el correo de agradecimiento que envié a los hermanos Caldera-Pietri. LEA

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Queridos Andrés y Rafael Tomás: hoy he recibido por gentil envío del primero de ustedes, el inestimable volumen que lleva por nombre Rafael Caldera: estadista y pacificador. Estoy agradecidísimo del obsequio, que planeo comentar en mi blog. (Les avisaré).

En veinte minutos he leído tres capítulos, en orden peculiar. Fui primero por el último, porque tengo recuerdos muy vívidos del evento que comenta: el debate Caldera-Úslar de la campaña de 1963. Fue bueno refrescar algunos de los puntos, pero para mí el bottom line de esa discusión fue lo que creo determinó el desenlace de la cosa a favor de vuestro padre. Úslar lo fustigaba porque COPEI había participado en el gobierno de Betancourt (un compromiso asumido para el apuntalamiento de una democracia que nacía); según el humanista tal cosa equivalía a haber pactado con el demonio comunista que sería Acción Democrática. Entonces Caldera señaló tranquilamente dos puntos: 1. que el partido de Medina, del que Úslar era líder importantísimo, había pactado con los comunistas en las elecciones municipales de 1941; 2. que durante el gobierno medinista Venezuela había establecido relaciones diplomáticas con la Unión Soviética. Úslar no quiso darse por aludido respecto de lo primero, pero de lo segundo ofreció como excusa esta enormidad: “Las relaciones con la URSS se establecieron por presión abierta y expresa del gobierno de los Estados Unidos”. Esto es, Úslar admitía que la política exterior de Medina no se fijaba con autonomía. Inconsistentemente, el partido de la campana iría a hacer lo que criticaba a COPEI, al formar no más concluir las elecciones el “Gobierno de Ancha Base” bajo la presidencia de Leoni, adeco, la encarnación del demonio comunista. El oportunismo es pecado que se consigue en gente cultísima.

Después fui en busca de la claridad doctrinaria de Rafael Tomás en el capítulo primero. Pedagógicamente escrito, con tranquila implacabilidad, expone la constancia en la fe, en una vida consistente como sólo la ha ofrecido entre nuestros políticos Rafael Caldera. En Estudio copeyano escribí en octubre de 1994 (el primer año de su segundo gobierno): “Así, la dimensión ideológica, el compromiso con un código de valores, quedan en la esfera de la persona individual. Rafael Caldera no puede, como no podrían Luigi Sturzo o Konrad Adenauer redivivos, garantizar que un contingente humano heterogéneo, como es la militancia copeyana, va a comportarse ‘socialcristianamente’. Él puede garantizar esa conducta únicamente de sí mismo”. En agosto de ese mismo año había puesto en Para entender a Caldera: “…en Caldera se tiene a un político que, junto con muy pocos otros, procede políticamente con arreglo a sus principios doctrinarios. Caldera es un demócrata cristiano auténtico, como hay unos cuantos en COPEI y unos cuantos también fuera de sus filas. (…) La clave para entender a Caldera está en la lectura del muy sencillo código principista de la democracia cristiana original, del que nunca se ha desviado…” Uno de los intertítulos de ese trabajo que inaugura el libro lo dice todo: Una vida coherente.

Por último, mi sesgo profesional me llevó a leer el trabajo de Beatriz Rodríguez Perazzo, Rafael Caldera: científico social. Nadie menos que Georges Gurvitch lo distinguió como el importante sociólogo que era al confiarle uno de los capítulos en su obra en dos tomos: Sociología del Siglo XX, que tuve en la edición castellana de 1965. Como si no hubiera hecho nada en Política y Derecho, fue en una época el primero de nuestros sociólogos, eximio profesor de Sociología del Derecho en la UCV, en brillante papel pedagógico recordado por sus muchos alumnos.

Pero aun antes, sin abrir todavía el volumen, me puse en “plan Balmes”. (Una vez me contaron que Jaime Balmes tenía una rutina invariable al enfrentarse a un nuevo libro que alguien otro hubiese escrito. Miraba fijamente el título de la obra antes de apartarla, para decidir qué habría dicho él bajo ese título. Sólo después de esa meditación iba a las páginas, y si el libro no se encaminaba por el rumbo que había pensado lo desechaba). Bueno, no hice eso, pero sí reflexioné sobre el título—Estadista y Pacificador—para decidir que era hasta cierto punto redundante; vuestro padre fue pacificador porque era precisamente un estadista quien nos gobernaba en circunstancias que clamaban por la paz, el más grande, completo, democrático, benéfico, profundo, coherente estadista de toda nuestra historia republicana.

Estoy en deuda con ustedes… y con él.

Abrazos

Luis Enrique

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