Gracias a la red

Manfredo en el Jungfrau, Ford Madox Brown (1842)

El programa #346 de Dr. Político en RCR salió sólo por canales de Internet, dado que la emisora sufrió la prohibición de transmitir por señal abierta el martes 30 de abril por parte de CONATEL.

La sesión comentó los sucesos de esa fecha con ayuda de una evaluación publicada en The New York Times, e hizo referencia a una nueva equivocación del diputado Juan Guaidó, al solicitar a los venezolanos que asisten a las arengas que conduce que repartan a militares la «invitación» o «petición» de que se unan al movimiento que lidera. Se dijo durante la transmisión:

Los militares no atienden peticiones o invitaciones; acatan órdenes. Constitucionalmente acatan órdenes del Presidente de la República, es decir, de Nicolás Maduro. (El diputado Guaidó no es el Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional). Sólo un poder puede superponerse al del Presidente: el del Pueblo. Reitero la fórmula del Acta de Abolición: ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República…

Fue el 17 de diciembre de 2016 cuando se explicara en la emisión #227 el concepto de tal Acta de Abolición del gobierno, explicado el mismo día en Manda Su Majestad, entrada de este blog.

La música de la transmisión de hoy se inició con Where, pieza de The Platters sobre el tema principal del primer movimiento de la Sinfonía Patética de P. I. Tchaikovsky; luego sonó el noble y poderoso tema de la Sinfonía Manfredo en Si Menor, el opus 58 del mismo compositor.

Éste es el archivo de audio correspondiente:

LEA

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Lo vengo diciendo

 

Visto desde afuera

 

Ofrezco acá muestras de una larga prédica, con citas dentro de citas.

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La salida no es la calle. La salida es la apelación al Soberano. (…) No puede ocultarse lo pernicioso del régimen chavista, y la condición a la que ha sometido al país es repudiable en todo sentido. Es por ello que las ganas de mucho Pueblo de protestarlo son harto explicables; el gobierno nos ha llevado a los límites de la exasperación. Pero mandar es muy preferible a protestar.

La salida – 21 de febrero de 2014

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…en la quincuagésima emisión del programa Dr. Político por Radio Caracas Radio (29/06/13), sugerí al presidente Maduro la utilidad de verse en el espejo egipcio, cuatro días antes de que los militares depusieran el gobierno de Mohamed Morsi, que el domingo pasado cumplió escasamente un año de haber sido electo. Ayer, diecisiete millones de egipcios protestaban su gobierno en muchas de las ciudades de Egipto, y ese enorme enjambre ciudadano forzó su término y la transición en circunstancias que llaman a la preocupación. Wael Ghonim, un respetado ícono cívico en Egipto que había apoyado a Morsi hace un año, lo acusó de polarizar y paralizar al país, y opinó así: «Ningún país avanza cuando la sociedad está dividida de este modo, y el principal papel del Presidente de la República es unir, pero, desafortunadamente, el Dr. Morsi, el Presidente de la República, ha fracasado miserablemente en este objetivo». Es Nicolás Maduro quien no ha dejado de citar al toro del atentado y… los toros embisten.

 Huele a humo – 27 de junio de 2017

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Hace casi quince años (31 de diciembre de 2002), me escribía Jorge Olavarría: “Luis: te mando el artículo que hoy publico en El Nacional. Por favor, no seas muy severo. Un abrazo. JO”. El artículo en cuestión se llamaba “¿Por qué los militares no sacan a Chávez?”, y en él decía Olavarría que deponer a Chávez militarmente no podía ser tenido por acción subversiva y recomendaba un gobierno militar de transición. Así le contesté:

Gracias, Jorge, por el envío, y mis deseos por un Feliz Año para ti y los tuyos.

 No tengo otra severidad que reiterar lo que para mí es un principio clarísimo: que el sujeto del derecho de rebelión es una mayoría de la comunidad. En esto estoy con la Declaración de Derechos de Virginia respecto de un gobierno contrario a los propósitos del beneficio común, la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad: “…a majority of the community hath an indubitable, inalienable, and indefeasible right to reform, alter, or abolish it…”

Si se aceptase algo distinto, la validez de la intentona de febrero de 1992, por referirse sólo a un ejemplo, estaría abierta a discusión. Niego esa posibilidad. La aventura de Chávez et al. es un claro abuso de poder, sobre todo cuando la mayoría de la población rechazaba, sí, el infecto gobierno de Pérez, pero rechazaba también el expediente de un golpe de Estado.

 Es por esto que el proyecto de Acta de Abolición que conoces ofrece la única justificación posible al desacato militar: “Nosotros, la mayoría del Pueblo Soberano de Venezuela, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario… mandamos a la Fuerza Armada Nacional a que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República…”

Como escribí en marzo en un artículo que me solicitara Poleo:

Pocos días después de la reseña de El Universal, Jorge Olavarría de Tezanos Pinto retomó el punto en dos emisiones de su columna en El Nacional (así como en intervenciones televisadas), sólo que en su opinión tal derecho sería la fundamentación de un golpe de Estado clásico, y prescribía algunos ingredientes del mismo, como el inevitable manifiesto de los golpistas. Acá quiero marcar diferencia respecto de la posición de Olavarría: el sujeto del derecho de rebelión, como lo establece el documento virginiano, es la mayoría de la comunidad. No es ése un derecho que repose en Pedro Carmona Estanga, el cardenal Velasco, Carlos Ortega, Lucas Rincón o un grupo de comandantes que juran prepotencias ante los despojos de un noble y decrépito samán. No es derecho de las iglesias, las ONG, los medios de comunicación o de ninguna institución, por más meritoria o gloriosa que pudiese ser su trayectoria. Es sólo la mayoría de la comunidad la que tiene todo el derecho de abolir un gobierno que no le convenga. El esgrimir el derecho de rebelión como justificación de golpe de Estado equivaldría a cohonestar el abuso de poder de Chávez, Arias Cárdenas, Cabello, Visconti y demás golpistas de nuestra historia, y esta gente lo que necesita es una lección de democracia.

Y también en el mismo artículo: “En detalle, nosotros mandamos que cese el patológico y folklórico paso de Chávez por el gobierno y de ese modo autorizamos a la fuerza armada de este país para que retire a ese ciudadano de Miraflores, en caso de que ni siquiera ante tal mandato expreso el alucinado personaje consienta en bajarse de la silla. Ése sí sería entonces un derecho de rebelión conferido por nosotros a quienes—los militares—sí se encuentran, como súbditos, en situación de subordinación y obligación de obediencia”.

Si tenemos, Jorge, la posibilidad real de dictar la abolición desde el piso civil, desde la única legitimidad de la mayoría del pueblo, no debemos admitir que el estamento militar se rebele por su cuenta y riesgo.

 Admito que este planteamiento se ha limitado estrictamente a una consideración de principios. Los aspectos prácticos del asunto constituyen, naturalmente, discusión aparte.

Recibe un saludo muy cordial

Luis Enrique

Prerrogativa del Poder Supraconstitucional – 3 de agosto de 2017

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Este artículo no es, obviamente, una defensa de Nicolás Maduro, sino de la participación del Pueblo; regateada, eludida, entorpecida y usurpada por el coro de las voces más locuaces de la oposición y, naturalmente, por el coro antifonal del oficialismo, que tampoco ha creído nunca en el Pueblo como Poder Supremo del Estado. Ninguno de los recíprocos héroes y villanos de la película en blanco y negro que pretende ser fiel registro de nuestra realidad lo toma en cuenta para decidir.

¡Qué vaina con Ugalde! – 18 de junio de 2018

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A partir del 25 de febrero de 2002 y hasta enero de 2003, el suscrito promovió sin éxito un procedimiento de abolición del gobierno de Hugo Chávez, fundado sobre la noción de que tal recurso únicamente se justifica mediante una decisión certificada de la mayoría del Pueblo, dado que solamente ella es titular del derecho de rebelión. (…) Con dos adiciones a su segundo considerando, el 17 de diciembre de 2016 adapté la misma salida para aplicarla al caso de Nicolás Maduro. Ésta es su redacción (Manda Su Majestad):

ACTA DE ABOLICIÓN

Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando

Que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz,

Que el gobierno presidido por el ciudadano Nicolás Maduro Moros se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines, al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, insultar, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, impedir la manifestación y el ejercicio de la voluntad popular, encarcelar personas arbitraria e injustamente, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto,

Por este Acto declaramos plenamente abolido el gobierno presidido por el susodicho ciudadano, ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República y decretamos el siguiente

ESTATUTO DE TRANSICIÓN

Cláusula Primera. A la cesación del mandato del ciudadano Nicolás Maduro Moros, el Consejo Nacional Electoral procederá a organizar una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los noventa días consecutivos siguientes para completar lo que resta de período constitucional. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional, quien no podrá postularse en esa elección.

Cláusula Segunda. El ciudadano así investido no podrá postularse en las elecciones presidenciales que sucederán al término del período.

Cláusula Tercera. El Presidente de la República elegido según lo dispuesto en la Cláusula Primera procederá a restablecer plenamente la libertad de opinión y prensa y resarcir a sus antiguos dueños los medios de comunicación confiscados.

Es sólo desde la condición de Poder Supremo del  Estado, desde el Poder Constituyente Originario del Pueblo, que una cosa así adquiere corrección. Si el hartazgo de una mayoría de los venezolanos ya no admite diálogo o negociación con el gobierno de Maduro—ver Del armisticio como programa, 11 de mayo de 2017—, he allí una avenida democrática y definitiva. Pero antes de esa poderosa solución, puede ordenarse en referendo la celebración de nuevas elecciones e incluso la disolución de la Asamblea Nacional Constituyente y la anulación de todos sus actos. Podemos incluso forzar un acuerdo de los poderes públicos nacionales que recoge la totalidad de las reivindicaciones opositoras, a las que habría que añadir la anulación de ulteriores actos absurdos de la Asamblea Nacional, como el nombramiento inconstitucional de un Tribunal Supremo de Justicia paralelo. Naturalmente, estas cosas son únicamente posibles en consultas populares que la oposición venezolana y también el oficialismo han rehusado auspiciar; no son esas consultas—los referendos requeridos—los pretendidos «cabildos abiertos» que no son tales y en todo caso exceden su potestad, como también el nuevo invento de «asambleas populares» que en función del libreto insurreccional se distinguen de las «asambleas de ciudadanos» mencionadas en el Artículo 70 de la Constitución.

Pero la patraña centrada en la creación de un Estado paralelo cuyo jefe sería el ingeniero industrial Juan Guaidó es inadmisible, como es vergonzosa su evidente coordinación con gobiernos extranjeros, principalmente con el presidido por el Sr. Trump, cuyo asesor de seguridad John Bolton declaraba en 1994:

No existen las Naciones Unidas. Hay una comunidad internacional que ocasionalmente puede ser dirigida por la única potencia real que queda en el mundo, y ésa es los Estados Unidos, cuando convenga a nuestros intereses y logremos que otros se acoplen. (Wikipedia).

La Revolución Marrón – 30 de enero de 2019

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«Es constancia que expido (…) a petición de nadie». (LEA #100 – 19 de agosto de 2004). LEA

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El programa del apagón

 

Un compositor que era médico y químico

El pasado sábado 27 de abril, se produjo una interrupción del suministro eléctrico hacia el final del programa #345 de Dr. Político en RCR. En segundos, la planta auxiliar de la emisora restableció la energía eléctrica y la transmisión al aire continuó pero no pudo recuperarse el archivo digital de la grabación, que es lo que se inserta comúnmente en este blog para su reproducción. Lo que sigue, por tanto, es una síntesis textual de lo tratado y la inclusión de los temas musicales empleados en la transmisión. (A modo de compensación, se los incluye acá en su duración completa; el programa está usualmente limitado a un minuto y medio de música por pieza). En la sesión interrumpida, se escuchó el tercer movimiento—Nocturno—del Cuarteto para cuerdas #2 en Re mayor de Alexander Borodin, en versión de las cuerdas de la Orquesta de Filadelfia dirigida por Eugene Ormandy, y la hermosa canción de Charles Danvers—Prière sans espoir—cantada por Lucien Lupi.

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El parto comunal

Reportaba El Universal el jueves de la semana pasada:

El presidente Nicolás Maduro encabezó este jueves el lanzamiento de la «Ofensiva Comunal 2019» para fortalecer «el Sistema Económico Comunal» que, a su juicio, repercutirá en el beneficio de la población más vulnerable. “Tenemos que ver claramente por dónde vamos a transitar, cómo vamos a consolidar los Consejos Comunales y Comunas y cuáles son las tareas prioritarias a desarrollar”, puntualizó el mandatario desde un acto realizado desde el Parque Ezequiel Zamora en Caracas y transmitido por VTV. (…)  “Apruebo 16.557 millones de bolívares para la Ofensiva Comunal 2019, para la protección de nuestra gente. También apruebo la creación de la Universidad Bolivariana de las Comunas”. Por último, convocó a un debate en 20 días, donde se espera la participación de los líderes comunales, con el fin de proponer un plan estratégico y aprobar propuestas con líneas de avance para “hacer cambios en la revolución”, a fin de darle solución a los problemas actuales del país. “Junto al pueblo, los barrios y la comuna, debemos prepararnos para rectificar errores y cambiar todo lo que tengamos que cambiar. Le pido al pueblo que me ayude, que me siga ayudando a construir la patria próspera, la patria feliz”, enfatizó.

Bueno, lo que ha venido «construyendo» Nicolás Maduro es una patria quebrada e infeliz y, además, los gobiernos no construyen la patria; ella se construye a sí misma.

Quizás la causa de nuestro pesimismo contemporáneo es nuestra tendencia a ver la historia como una turbulenta corriente de conflictos—entre individuos en la vida económica, entre grupos en política, entre credos en la religión, entre estados en la guerra. Éste es el lado más dramático de la historia, que captura el ojo del historiador y el interés del lector. Pero si nos alejamos de ese Mississippi de lucha, caliente de odio y oscurecido con sangre, para ver hacia las riberas de la corriente, encontramos escenas más tranquilas pero más inspiradoras: mujeres que crían niños, hombres que construyen hogares, campesinos que extraen alimento del suelo, artesanos que hacen las comodidades de la vida, estadistas que a veces organizan la paz en lugar de la guerra, maestros que forman ciudadanos de salvajes, músicos que doman nuestros corazones con armonía y ritmo, científicos que acumulan conocimiento pacientemente, filósofos que buscan asir la verdad, santos que sugieren la sabiduría del amor. La historia ha sido demasiado frecuentemente una imagen de la sangrienta corriente. La historia de la civilización es un registro de lo que ha ocurrido en las riberas. (Will Durant, Los placeres de la filosofía).

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En diciembre de 2010 se aprobó la Ley Orgánica de Comunas, bajo la Presidencia de la Asamblea Nacional en manos de Cilia Flores, hoy esposa del presidente Maduro. Dice su primer artículo: «La presente Ley tiene por objeto desarrollar y fortalecer el Poder Popular, estableciendo las normas que regulan la constitución, conformación, organización y funcionamiento de la Comuna, como entidad local donde los ciudadanos y ciudadanas en el ejercicio del Poder Popular, ejercen el pleno derecho de la soberanía y desarrollan la participación protagónica mediante formas de autogobierno para la edificación del estado comunal, en el marco del Estado democrático y social de derecho y de justicia». En el Título Segundo de la ley se establece estas definiciones fundamentales:

Comuna

Artículo 5. Es un espacio socialista que, como entidad local, es definida por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres, que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que le sirven de sustento, y sobre el cual ejercen los principios de soberanía y participación protagónica como expresión del Poder Popular, en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y sustentable, contemplado en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación.

Propósito

Artículo 6. La Comuna tiene como propósito fundamental la edificación del estado comunal, mediante la promoción, impulso y desarrollo de la participación protagónica y corresponsable de los ciudadanos y ciudadanas en la gestión de las políticas públicas, en la conformación y ejercicio del autogobierno por parte de las comunidades organizadas, a través de la planificación del desarrollo social y económico, la formulación de proyectos, la elaboración y ejecución presupuestaria, la administración y gestión de las competencias y servicios que conforme al proceso de descentralización, le sean transferidos, así como la construcción de un sistema de producción, distribución, intercambio y consumo de propiedad social, y la disposición de medios alternativos de justicia para la convivencia y la paz comunal, como tránsito hacia la sociedad socialista, democrática, de equidad y justicia social.

Tales disposiciones son obviamente inconstitucionales, al cotejarlas con el Artículo 2 de la Constitución (Título I – Principios Fundamentales): «Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político». Igualmente, establece la Constitución en su Artículo 16 (Título II – Del Espacio Geográfico y la División Política): «Con el fin de organizar políticamente la República, el territorio nacional se divide en el de los Estados, Distrito Capital, las dependencias federales y los territorios federales. El territorio se organiza en Municipios». Es decir, no se le organiza en «comunas».

Pero Diosdado Cabello, aun como Presidente de la Asamblea Nacional, quiso amenazar a la de abrumadora mayoría opositora, resultante de las elecciones del 6 de diciembre de 2015, con un tal «parlamento comunal» que la propia ley no contempla. (Para la Ley Orgánica de Comunas no hay un parlamento comunal; de lo que ella habla es de un parlamento separado en cada comuna). Reportaba la web de El Universal el 16 de diciembre de 2015:

Durante una nueva emisión del programa rutinario de todos los martes, Con el Mazo Dando, Cabello explicó que el Parlamento Comunal, juramentado el pasado martes, está respaldado por la Constitución venezolana. Cabello fundamentó sus argumentos en el artículo 5 de la Constitución. «Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos», citó el presidente de la Asamblea Nacional.  (…) «La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución y en la Ley» añadió el diputado. Explicó que la Ley a la que se refiere dicho texto es la Ley Orgánica de las Comunas. (…) Según la interpretación de Cabello, el párrafo constitucional al que hace referencia, contempla que el máximo ente competente en materia jurídica es el pueblo y el Poder Legislativo tiene que responder primeramente a las directrices de la comunas.

Esto fue comentado acá al día siguiente (Un «parlamento» Helene Cursis): «No, Sr. Cabello, las comunas no eligieron a la Asamblea Nacional; ésta fue elegida directamente por los ciudadanos, sin ninguna clase de intermediación comunal; es a ellos a los que responde, y la palabra comuna no aparece en ninguna parte de la Constitución. Lo más cercano al término es esta prescripción: ‘Artículo 184. La ley creará mecanismos abiertos y flexibles para que los Estados y los Municipios descentralicen y transfieran a las comunidades y grupos vecinales organizados los servicios que éstos gestionen previa demostración de su capacidad para prestarlos, promoviendo (…) 5. La creación de organizaciones, cooperativas y empresas comunales de servicios, como fuentes generadoras de empleo y de bienestar social, propendiendo a su permanencia mediante el diseño de políticas donde aquellas tengan participación’. Por ejemplo, una cooperativa o empresa comunal para limpieza de oficinas o servicio de taxi. Pero las comunas o soviets venezolanos son una tramposa e inconstitucional creación del chavismo para escapar del referendo de 2007, cuando los proyectos de reforma de la Constitución introducidos por el Presidente de la República y la Asamblea Nacional fueron rechazados. El 2 de diciembre de ese año, una mayoría del Poder Constituyente Originario negó, entre otras cosas, esta pretensión de reformar el Artículo 16: ‘Sobre la conformación del territorio nacional. Aparece como unidad política primaria la ciudad, la cual estará integrada por comunas «células sociales del territorio’, las cuales a su vez estarán conformadas por las comunidades, ‘cada una de las cuales constituirá el núcleo territorial básico e indivisible del Estado Socialista Venezolano’. (Wikipedia en Español)«.

También se incluyó esta observación: «La Ley Orgánica de Comunas fue publicada en Gaceta Oficial del 21 de diciembre de 2010. ¿Cómo es que el Presidente saliente de la Asamblea Nacional no se ocupara durante cinco años enteros de instalar el ‘parlamento comunal’, que ahora cacarea a última hora, y sujetarse a él mientras ejercía su poder? ¿Por qué él mismo jamás respondió ‘primeramente a las directrices de la comunas’? La ignorancia del Sr. Cabello en materia constitucional sólo es superada por su perniciosidad política y su disposición al razonamiento falaz, y hasta en esto último es muy malo. Su alucinado ‘parlamento comunal’ no es más que un aborto».

Por último, en aquella entrada del 17 de diciembre de 2015, se incluyó una lámina de la encuesta de Venebarómetro correspondiente a febrero de 2014 con este comentario: «El pueblo venezolano no ha mostrado un notable entusiasmo por el parto de los montes de la ley de comunas (con el ojo ciego y desentendido de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que ha debido declarar su inconstitucionalidad)».

El Pueblo no quiere un estado comunal

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Ahora, la música del sábado 27 de los corrientes:

 Nocturno

Oración sin esperanza

Buen provecho. LEA

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Disquisiciones sobre un tema de arepera

 

Lo surgido de nosotros (más dos madres, una hermana y una sobrina)

 

Dejé asentada el 24 de marzo de 2012 (La casa del delfín: Teología conjetural II) esta constancia:

Parece seguro que la causa principal del retraso (dos años y nueve meses) en conseguir el sí de mi esposa es que la hubiera espantado desde un principio. Enamorado con angustia desde la noche en que la conocí, le dejé caer como primera cosa tres páginas y media mecanografiadas de Disquisiciones sobre un tema de arepera, el 3 de junio de 1976. La había visto por vez primera el 11 de mayo, y en una visita a la arepera Las Tres Esquinas—en la intersección de la Avda. Rómulo Gallegos con la Cuarta de Los Palos Grandes—acompañados de Eduardo Plaza Aurrecoechea, mi compadre, y Gisela Marrero Santana, nuestra futura comadre (que apostó en 1979 una caja de champaña que no ha pagado a que Nacha Sucre y yo no duraríamos seis meses de casados), emergió en la noche del 2 de junio una tesis corrosiva y escéptica acerca de las posibilidades del amor.

Comoquiera que yo necesitaba que me quisiera, me pareció harto inconveniente permitir que las cínicas tesis de esa noche permanecieran sin refutación: «La renuncia a construir el futuro. La reducción de uno mismo a caja de resonancia que depende de la cuerda exterior y no de sí misma. Ésa es la más grande declaración de inferioridad que pueda hacer una persona. Sólo aquél que rescata puede inventar. Se necesita, siempre, inventar el amor. Con un realismo orgulloso y apasionado, que también viva el presente con fruición».

Era inevitable que quien todavía no era mi señora se formara la impresión de que mi cerebro estaba, en verdad, tostado. (Ya la habían informado de que yo era medio loco). ¿A quién se le ocurría cortejar de esa manera? Pronto confirmaría su hipótesis.

Tenía yo entonces «la edad de Cristo», y faltaban siete años para que poseyera un computador personal dotado de procesador de palabras, así que me levanté angustiado de la cama para vaciar mediante una obsoleta máquina de escribir la urgencia que me dominaba. Hoy, cuando nuestro matrimonio arriba justamente a cuatro décadas de feliz y fructífera sociedad, creo que Nacha no me abandonará al ver reproducido de seguidas (con alguna edición) el pesado y pretencioso texto, con el que desesperadamente quise convencerla de la solidez del amor que aún no le había declarado pero ella sospechaba. (Debo admitir que hay cosas en él que yo mismo no entiendo bien a cuarenta y tres años de distancia). LEA

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DISQUISICIONES SOBRE UN TEMA DE AREPERA

3 de junio de 1976 – 3:25 a. m.

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No es nada nuevo afirmar lo siguiente: el mundo y en particular el ser humano se nos presentan como dualidades, pero vale mucho entenderlo para el discurso que se haga en torno al tema del amor.

Cada nivel de conciencia tiene su nivel de certidumbre—diría Hegel—, y parece sin embargo inalcanzable la verdad, pues si cambio tanto de pareceres y a cada paso mi espíritu se halla convencido de su propia certeza ¿qué garantía tengo de llegar alguna vez a la verdad? Si la señal es esa certidumbre subjetiva, se me antoja como efímera e infiel.

Pero si comparo certezas recientes con certidumbres de antaño encuentro una evidencia inmediata: mi nueva certeza incluye de alguna manera mis certezas anteriores, a las cuales ha modificado contradiciéndolas al tiempo que las rescata y las preserva, de modo que puedo ver, felizmente, tal sucesión de contradicciones no como una inconsistente locura, sino como el íntimo mecanismo con el cual se aproxima el espíritu a la verdad.

Hoy en día hay enormes capas de humanidad que ven su mundo y su destino como compuesto por una secuencia de instantes que no se tocan, en contradicción con la cultura precedente que afirmaba su lema sobre la percepción de que había una sola e ininterrumpida línea de tiempo. Para esta concepción, las palancas de la historia eran el raciocinio y la voluntad. «Querer es poder» rezaba la divisa. Ya no es esa la vivencia; ahora la consigna es vivir el presente porque el futuro, en propiedad, no existiría.

Creo—estoy seguro con certidumbre de estreno—que esa convicción aislada es incompleta, que obedece a un aparente manto de revolución liberadora y que en el fondo proviene de un secreto temor. Creo, asimismo, que tal noción es muy explicable: viene como grito escéptico y decepcionado de los testigos de un momento crucial en la historia humana. (La verdadera historia, no la historia que se contabiliza en acontecimientos, sino aquella cuyos hitos están señalados por crisis y sustitución de percepciones). Por todas partes nos asaltan procesos que nos empequeñecen y nos paralizan. Todo nos desahucia. La escala de las instituciones políticas, por ejemplo, ha saltado súbitamente al ámbito planetario, y allí la dimensión del ciudadano y su posibilidad de influencia se miniaturiza con proporcional rapidez. Solución: ¿renuncia a la participación política?

O es la percepción de lo temporal lo que sufre un reacomodo. Vivimos la era de la aceleración frenética de las modas, dentro de un sistema que se sostiene entre otras cosas por eso, que de todo hace un fugaz y transitorio evento. Ya no somos los histéricos reprimidos, súbditos de Victoria; ahora somos los obsesivo-compulsivos que no conocen la fuente de su conducta ni tampoco la posibilidad de reposo. Sin saber por qué, saltamos febrilmente de una cosa a otra, de una experiencia a otra.

Muy bien; ésa puede ser una estrategia para tomar contacto con el mundo. Pero a mí no me satisface, porque elige un polo de una dualidad entre las muchas que componen el ser del hombre. Escoge la ruta del acopio desenfrenado, amplio y superficial del número mientras que, maldita sea, yo ejerzo mi opción a favor de la relación apasionada, concentrada y profunda con el universo de una flor, de un amor, de una persona. En el diseño de una roca puede leerse el universo entero si se mira con suficiente penetración en la mirada. Cuando amo es porque la novia me abre el código conque descifro al mundo. En ese momento me siento poderoso y sincronizado con lo cósmico. Veo, entiendo, creo y creo.

Otros prefieren renunciar a eso. La evidencia que ofrecen parece irrebatible: «En todos los casos que hemos visto, la relación ha terminado por extinguirse, en una explosión repentina y traumática o bien en un lento proceso congelante de cenizas». Los que así hablan, cuando son personas generosas, cometen sin embargo un error compuesto de grave monto. Primero, confunden lo interminable con lo atemporal. Es un idiota el que pone plazo a su sentimiento, sea para minimizarlo con el pánico o para decir que terminará con la muerte y será «eterno» de acuerdo con su óptica pueblerina. Pero peor aún es aquel triste personaje que no sabe amar sin referirse al tiempo, porque el legítimo enamorado es aquel que no tiene la compulsión de medir su pasión, ni con vara pequeña ni con reloj perenne. Simplemente, su amor no tiene tiempo.

En segundo lugar, demuestran su ignorancia de lo que es la vida y, por tanto, de lo que es el hombre. No hubo en la tierra milenaria vida durante longevas eras. Un habitante del espacio que pensara y razonara como los equivocados reportaría a su nave madre: «Hemos examinado todo el planeta. Lo hemos hecho durante larguísimos períodos y no hay rastro de vida. Ergo: es imposible que se dé la vida en este sitio». Otro viajero sideral diría más tarde: «Informo que durante millones de años la forma más avanzada de vida que se encuentra es la de reptiles que ignominiosamente arrastran sus corpulentos rasgos. Hemos concluido que sobre estos terrenos nunca correrán hermosos corceles, ágiles y altos»: Otro finalmente asentará: «Largo tiempo he recorrido este interesante astro, poblado por variedad de espaciosas tribus vegetales, innumerables rebaños de caballos y patrullas de monos incapaces de palabra. Es mi convicción firme la de que aquí no florecerá la palabra inteligente». La historia de la tierra no es más que una cadena de sucesos imprevisibles, fortuitos, imposibles. La ausencia enorme de cada uno nunca negó su presencia posterior.

El último error es más grave, porque si los anteriores eran errores lógicos, éste es un error militar. Si aquéllos, los que han logrado desprenderse de obsoletas y mezquinas opiniones, tratan al amor con incredulidad y pesimismo, están entregando bandera y posición al enemigo. Porque los otros, los que discriminan, los que moralizan para el público pero no para ellos mismos, los que acumulan metales o papeles bancarios, los que se creen una especie superior pero no se dan cuenta de que sus clubes exclusivos son elegantes jaulas de un zoológico infecundo, ésos sí hablan del amor a boca llena y corazón vacío; ésos sí dicen respetar el pendón que les dejamos en el suelo. Y eso es una profanación que no tiene nombre, un insulto a nosotros que no debemos permitir. El amor es nuestro. De todos los matices y perfumes, de toda dirección ascendente. El estancamiento, el pesimismo, el cansancio son para ellos.

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«No creo que el solo sufrimiento enseñe. Si el mero sufrir enseñara, todo el mundo sería sabio, pues cada persona sufre. Al sufrimiento debe añadirse duelo, comprensión, paciencia, amor, apertura y la disposición de seguir siendo vulnerable». Eso lo escribió, no una persona cualquiera, sino una mujer llamada Anne Morrow Lindbergh, cuyo hijo fue secuestrado y muerto de noche el 1º de marzo de 1932.

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La renuncia a construir el futuro, la reducción de uno mismo a caja de resonancia que depende de la cuerda exterior y no de sí misma; ésa es la más grande declaración de inferioridad que puede hacer una persona. Sólo aquel que rescata puede inventar. Se necesita, siempre, inventar al amor. Con un realismo orgulloso y apasionado, que también viva el presente con fruición. Lo contrario es hacerse inválido al comparar la capacidad propia e igualarla con la del mediocre que no pudo.

Por eso ¡venga el muro! Trataré de fracturarlo con el corazón y con la frente. Si resultare yo fracturado y muerto, ya vendrán detrás cabezas testarudas a resquebrajar la pared de los cobardes. Porque es inevitable la ideología para el amor cuando se tiene amor por la ideología.

Luis Enrique

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La palabra de Monseñor

 

Antonio Vivaldi (1678-1741), Il Prete Rosso

Para cerrar las transmisiones de 2017, Dr. Político en RCR recibió la esclarecida y esclarecedora visita de Mons. Ramón Ovidio Pérez Morales, un activo humano fundamental de la Iglesia Católica venezolana. Hoy contamos de nuevo con su iluminadora palabra, al día siguiente de la efemérides patriótica del 19 de abril. El jueves de la semana próxima se cumplirán nueve años de un poderoso artículo de su autoría: ¡Presidente, vuelva al Cabildo! Al reproducirlo al día siguiente de su publicación, este blog asentó:

El documento abajo transcrito deslumbra por su claridad, asombra por lo completo y concentrado, sobrecoge por su valor. Dentro de la extensa literatura política venezolana de la última década, ningún otro texto se le compara en esas cualidades. Franco y contundente, constituye la más firme denuncia de un régimen que pretende imponer su voluntad en Venezuela desde un autoritarismo excluyente y ventajista.

Siendo hoy Sábado Santo, se apeló al prolífico músico del Barroco y sacerdote italiano Antonio Vivaldi para escuchar su más apreciado Gloria. (Compuso al menos tres). Luego, anticipando el día de mañana, se ofreció el inicio de la Sinfonía #2 en Do menor (Resurrección) de Gustav Mahler. A continuación, el archivo de audio de la transmisión #344 del programa:

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Defensa del programa (otra vez)

 

Gluck en 1775

A partir de una extraviada intervención crítica de la sesión anterior, el programa de hoy fue dedicado a justificar la seriedad del compromiso con la verdad de Dr. Político en RCR. La participación posterior de los oyentes permitió abundar en el asunto con una cita final de Hallado lobo estepario en el trópico (28 de mayo de 2011). La segunda sección de Danza de los espíritus benditos, de la ópera Orfeo y Eurídice de Cristoph Willibald Gluck, prestó su muy hermosa melodía antes de cerrar la emisión con la Obertura de la opereta El murciélago, de Johann Strauss h. He aquí el audio del programa de hoy:

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