Segunda de quintas

Emil Orlik dibujó al compositor

Este sábado se transmitió la edición #239 de Dr. Político en RCR, dedicada a las predicciones catastrofistas que con frecuencia son expedidas sobre nuestro futuro. (Ver en este blog Del catastrofismo como placer). También se informó de recientes mediciones de Datanálisis, que revelan un crecimiento de los independientes en el país, y se comentó la significativa elección de Venezuela a la Presidencia de la Asociación de Estados del Caribe, que presagia el fracaso de los intentos de lograr la aplicación de la Carta Democrática Interamericana a nuestro país.Temas del Adagietto y el primer movimiento de la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler dieron continuidad al mes de las quintas sinfonías. Acá abajo, el archivo de audio de la emisión de hoy:

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*Venezuela acaba de ser elegida a la Presidencia de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), conformada por 25 Estados miembros: Antigua y Barbuda, Las Bahamas, Barbados, Belice, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dominica, República Dominicana, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, México, Jamaica, Nicaragua, Panamá, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago, y Venezuela. Apartando nuestro país, 23 de ellos son miembros de la OEA, que tiene un total de 35. (Cuba ha elegido no reincorporarse). La aplicación de la Carta Democrática Interamericana a Venezuela requiere la votación favorable de dos terceras partes de los miembros, o un total de precisamente 23 países. Fuera de los caribeños, sólo quedarían 12—entre los que se cuenta a Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador—para sancionar de tal modo a Venezuela. ¿Será probable que quienes votaron unánimemente a favor de Venezuela en la AEC lo hagan en su contra en la OEA? (Ver Etiqueta negra).

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Del catastrofismo como placer

Un camino a la notoriedad

 

catastrofismoActitud de quien, exagerando con fines generalmente intimidatorios, denuncia o pronostica gravísimos males.

Diccionario de la Lengua Española

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El estropicio causado en Venezuela por el chavismo-madurismo es de muy grandes proporciones. Al término de su dominación, será preciso practicar cirugía reconstructiva sobre el Estado venezolano y hacer mucha psiquiatría política de nuestra sociedad, pues el daño en la psiquis nacional que esa dominación ha producido es muy considerable.

Desde que entró, en mala hora, Hugo Rafael Chávez Frías a la política venezolana, el 4 de febrero de 1992, este ciudadano se ha conducido, constantemente, como un modelo agresivo. (…) Cualquier cosa positiva que Chávez haya podido traer a su pueblo es anulada por esta permanente modelación de la violencia, por cuanto aquí el daño que infiere es a lo psíquico de nuestra sociedad. (…) Preparémonos para una inmensa tarea de psiquiatría política al cese de su mando. (Nocivo para la salud mental, 5 de julio de 2007).

Entonces llevaba el pernicioso modelo socialista ocho años de haberse inaugurado, y esa peligrosidad era previsible. Cuatro días antes de su primera elección, el ingeniero petrolero Marco Antonio Suárez escribía muy preocupadamente a sus amigos:

No puedo votar por Chávez. Hago uso de mi muy democrático derecho a disentir. Por mucha arrechera que también tenga encima no pretendo lanzarme del trampolín sin saber si la piscina tiene agua, o por lo menos si hay piscina. No he visto en Chávez ni la intuición de saber gobernar esta complicación llamada Venezuela. No le he leído una frase coherente, sino efectista; no le he escuchado una propuesta sabia, sólo una denuncia hiperbólica llena de malabares. Lo cual no me impide ver que su triunfo es inminente y hasta posiblemente necesario. Creo que en su rabia represada los venezolanos estaremos tomando una decisión propia de ignorantes. (…) En cuarenta años la democracia venezolana ha preparado una generación completa de ignorantes, educados mediocremente, que leen y escriben su propia lengua mediocremente, mientras el chorro petrolero nos pasaba a todos por encima en cantidades encandilantes e iba a parar a bolsillos más que identificados, los mismos que de quienes hoy se rasgan las vestiduras. He aquí la combinación de la cual Hugo Chávez es producto: Venezuela está a punto de tomar una decisión marcada por la ignorancia innata de toda una generación estafada por nuestra versión de democracia. (…) Ya ni siquiera hace falta pensar en los culpables, que en su hirsuto afán de aferrarse a cualquier tipo de poder no se detienen a pensar que están frente a lo que crearon, y que lo mejor es encararlo con una dignidad que desconocen. Ojalá que entre la miríada de interrogantes que Chávez se niega a responder con algún dejo de claridad esté escondida en alguna parte una declaración de emergencia de la educación venezolana. Si alguno, ése debe ser su legado. Porque una vez electo, no son cinco, ni diez, son veinte años antes de que volvamos a ver luz. Y mientras tanto una nueva generación podrá educarse para que estos resbalones históricos no vuelvan a suceder. Para que la retórica superficial y sabanera no vuelva a ser protagonista. Para que los adornos baratos del lenguaje no sustituyan la discusión seria. Por lo pronto, Chávez habemus, con todo y verruga. Es nuestra manera particular de recibir el siglo XXI. Por ahora. (Anfitrionía, 4 de diciembre de 1998).

Más todavía, la posibilidad de la emergencia golpista fue anunciada en julio de 1991 (Salida de estadista) y ¡en septiembre de 1987! (Aunque en esta última fecha el suscrito la tenía por la menos probable entre los tipos concebibles de golpe de Estado: Modelo del Cono Sur, Modelo populista, Modelo cívico-militar):

Por otra vía, los golpistas podrían buscar apoyo, ya no en los sectores económicos, sino en los estratos de más bajos ingresos, planteando una orientación populista (al estilo de Perú en los años sesenta) nutrida ideoló­gicamente de fórmulas de izquierda, esto es, con dosis variables de mar­xismo. Los requisitos de un golpe de esta naturaleza son básicamente los mismos que los de cualquier intento militar. Principalmente, requiere un ni­vel muy acusado de descontento popular e incidentes reiterados de protesta social. Pero además requiere la presencia muy marcada de un liderazgo militar con ideología de izquierda. (…) …de ganar las elecciones de 1988 uno de los candidatos tradicionales (…) el próximo gobierno sería, por un lado, débil; por el otro, ineficaz, en razón de su tradicionalidad. Así, la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela; originalmente, los golpistas de febrero de 1992 planearon asaltar el poder en movimiento del 16 de diciembre de 1991, para amanecer en Miraflores en día de la muerte de Bolívar).

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La sociología de la Revolución Francesa

No toda predicción es, sin embargo, catastrofista. Alexis de Tocqueville consideraba la visión como una cualidad imprescindible en el verdadero estadista. Así dijo en L’Ancien Régime et la Révolution:

…es decididamente sorprendente que aquellos que llevaban el timón de los asuntos públicos—hombres de Estado, Intendentes, los magistrados—hayan exhibido muy poca más previsión. No hay duda de que muchos de estos hom­bres habían comprobado ser altamente competentes en el ejercicio de sus funciones y poseían un buen dominio de todos los detalles de la adminis­tración pública; sin embargo, en lo concerniente al verdadero arte del Estado—o sea una clara percepción de la forma como la sociedad evolu­ciona, una conciencia de las tendencias de la opinión de las masas y una capacidad para predecir el futuro—estaban tan perdidos como cualquier ciudadano ordinario.

En el año del Caracazo, varios ministros de la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez venían de posiciones ejecutivas exitosas en la empresa privada o en las filas académicas del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA); Moisés Naím, por ejemplo. Eran gente experimentada en las técnicas de gestión, pero el nombrado escribió un libro acerca del gigantesco desorden desde su voluntario y permanente exilio:

Naím estuvo entre quienes expresaron su sorpresa por la eclosión del descontento popular. En 1994, el Fondo Carnegie publicó su libro Paper Tigers and Minotaurs – The Politics of Venezuela’s Economic Reforms, sobre el paquete de Pérez y sus vicisitudes. (Puede leerse en este blog una crítica de ese libro en Minotauro de papel, artículo de diciembre de ese año). Naím argumentó que el Caracazo no se debió a que la política económica que él, como Ministro de Fomento, contribuyó decisivamente a implantar, estuviera fundamentalmente errada, sino a la falla de orden comunicacional de un gobierno que no supo explicar por qué el pueblo tenía, para alcanzar “la mayor suma de felicidad posible”, que someterse a la infelicidad de los desalmados ajustes del Consenso de Washington. El economista Jeffrey Sachs escribió una introducción al libro de Naím en la que comparte la sorpresa del autor:  “La gran paradoja de la experiencia venezolana es que logros macroeconómicos significativos—un rápido crecimiento del PNB, el haber esquivado la hiperinflación, la promoción de exportaciones—hayan sido acompañados por una profunda agitación política, incluyendo dos intentos de golpe. ¡Uno se estremece de pensar en lo que un fracaso macroeconómico hubiera producido!” (Apostilla a un texto defectuoso).

Los experimentados gerentes y profesores, Sachs incluido (como asesor del segundo gobierno de Pérez), no habían hecho caso de las advertencias: “un ni­vel muy acusado de descontento popular e incidentes reiterados de protesta social… (…) …la probabilidad de un deterioro acusadísimo sería muy elevada y, en consecuencia, la probabi­lidad de un golpe militar hacia 1991, o aún antes, sería considerable”. A posteriori, el mismo Sachs diría en The End of Poverty (2005):

…la actual economía del desarrollo es como la medicina del siglo dieciocho, cuando los doctores aplicaban sanguijuelas para extraer sangre de los pacientes, a menudo matándolos en el proceso. En el último cuarto de siglo, cuando los países empobrecidos imploraban por ayuda al mundo rico, eran remitidos al doctor mundial del dinero, el FMI. La prescripción principal del FMI ha sido apretar el cinturón presupuestario de pacientes demasiado pobres como para tener un cinturón. La austeridad dirigida por el FMI ha conducido frecuentemente a desórdenes, golpes y el colapso de los servicios públicos. En el pasado, cuando un programa del FMI colapsaba en medio del caos social y el infortunio económico, el FMI lo atribuía simplemente a la debilidad e ineptitud del gobierno. Esa aproximación, por fin, está comenzando a cambiar.

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Hasta manuales hay

Muy recientemente (28 de febrero) la web de Prodavinci publicó un trabajo de Douglas Barrios y Miguel Ángel Santos, que acometió la siguiente cuestión: “¿Cuánto tiempo tomará recuperarnos de la debacle económica?

¿Cuánto tardaría Venezuela en recuperarse de la debacle económica de estos años? Es una pregunta frecuente en las conversaciones cotidianas, en los salones de clases y en los foros de discusión dentro y fuera del país. Es también una pregunta sencilla, relativamente intuitiva, cuya respuesta es compleja por diferentes razones. En primer lugar, la pregunta supone que el país corrige el rumbo a partir de cierto punto, mediante una transición política de la que hoy en día nadie sabe a ciencia cierta cómo ni cuándo puede ocurrir. En segundo lugar, no todos entendemos lo mismo por recuperación. ¿Es detener la recesión? ¿Es recuperar el nivel de algún punto reciente? ¿Es volver a nuestro mejor momento? ¿Es alcanzar el nivel o las tasas de algún país que nos sirva de referencia? ¿Cuál es la base de referencia en la que piensan quienes se hacen esta pregunta? Es importante encontrar una definición de éxito que balancee nuestras ambiciones y posibilidades. Por último, aun suponiendo que sabemos a dónde queremos llegar y que ocurre un cambio político capaz de enrumbar al país en esa dirección, está el hecho de cuan factible es una recuperación acelerada.

Los autores del estudio sugerían que lo más probable es que Venezuela consuma veinticinco años, una generación, en el proceso, cuya esencia definen en el citado párrafo. Así resume esa conclusión un colega de ellos, Leonardo Vera, en artículo publicado en la misma web (¿Por qué Venezuela podría recuperarse de la debacle económica más rápido de lo que algunos suponen?, 8 de marzo):

S&B establecen que aun creciendo ininterrumpidamente a una tasa de 2,3% cada año, a Venezuela le tomaría 25 años retornar a los niveles de ingreso por habitante que exhibió en el año 2012 (dicho y sea de paso, su tercer mejor marca en más de 60 años de historia). Para ellos éste escenario, 25 años, es el “escenario relativamente más probable” en tanto que un crecimiento de la producción de este tipo (de 2,3%) ha sido registrado en Venezuela en al menos 50% de todas las secuencias posibles de diez años entre 1961 y 2015. Mucho más difícil sería volcarse a una meta de alcanzar el ingreso per cápita de 2012 en 10 años. Para ello se requeriría crecer durante ese lapso a tasas anuales de 4,6%, algo que ha ocurrido en sólo 5 de las 54 secuencias de 10 años entre 1961 y 2015.

Los lectores pueden acometer por su cuenta la lectura de ambos trabajos, y dejarse convencer por la más o la menos catastrofista de las evaluaciones. Barrios y Santos leyeron una versión preliminar del artículo de Vera (lo que éste hace constar), y ambos son profesores en la Universidad de Harvard, donde es académico de mucha importancia otro economista venezolano: Ricardo Hausmann. Éste lidera el llamado “Grupo de Boston”, una constelación de profesionales que sigue de cerca el caso venezolano desde los EEUU y mantiene nexos operativos con el Fondo Monetario Internacional. (Hausmann compuso en 2004 junto con su colega Roberto Rigobón, poco después del referendo revocatorio contra Hugo Chávez y por encargo de Súmate, el primer estudio de corte estadístico que pretendiera demostrar fraude electoral en ese evento; en este blog puede leerse una refutación—Juvenalia y tropicalia—de sus argumentos).

Ayer remití a un amigo los enlaces a la pareja de artículos publicados por Prodavinci, recibiendo el siguiente comentario: “Muchas gracias. Enfoque académico pero válido como marco de referencia; cambié mi opinión acerca del autor” (Santos). A mi vez respondí:

Santos siempre tuvo empaque académico, desde que era la estrella joven del IESA. Pero creo que se trata de lo académico al servicio de un propósito: decir lo peor posible respecto del gobierno actual, así sea mediante la justificación académica del catastrofismo. (“Esto es una crisis humanitaria, una hambruna” (Ma. Corina), cuando estas denotaciones tienen definiciones precisas que no corresponden a nuestra grave situación). (…) Estoy más de acuerdo con Vera. El razonamiento de Santos y Barrios es que las cosas no pueden mejorar más rápidamente porque en el pasado las cosas se comportaron de cierto modo. (“La historia siempre se repite”, lo que es una falacia).

Me permito recordarte de Recurso de Amparo (14 de julio de 2015):

Naturalmente, algunas cosas positivas vendrán de la mera omisión de lo negativo. La erradicación instantánea, por ejemplo, del abuso comunicacional del Ejecutivo Nacional actual y del estilo pugnaz y condenatorio en la retórica de los altos funcionarios del Estado. Un tratamiento respetuoso de nuestros empresarios, de nuestros universitarios, de nuestros obreros, de nuestros científicos, junto con la inmediata mejora del clima nacional, restañaría significativamente la hemorragia de la dolorosa emigración de nuestros talentos. Lo económico es en gran medida climático, y el solo hecho de la cesación de lo malo actual, del cambio de rumbo y de estilo, producirá efectos beneficiosos. Entonces escamparía.

La esperanza renacería, y con ella la energía necesaria para acometer metas ambiciosas. El país debe ser estimulado para que responda con su ingenio y su trabajo en pos de direcciones no tradicionales; es preciso encontrar actividades económicas distintas de la industria petrolera, pues necesitamos entrar en la economía del futuro, distinta de la mera extracción que es lo característico de una economía primaria, otra cosa que nuestra propia estimulación del calentamiento global. Es la marca de los tiempos la expansión indetenible de las actividades informáticas en la Internet o las de ingeniería genética; en actividades como ésas, en la nueva economía—ver New Rules for the New Economyde Kevin Kelly—siempre habrá espacio, siempre será posible, como demostró Irlanda, saltar de una economía tradicional a lo más adelantado.

Esa audacia es necesaria; esa audacia será bienvenida por los venezolanos, que queremos reto y acicate. Nada hay en nuestra composición de pueblo que nos prohíba entender el mundo del futuro. Venezuela tiene las posibilidades, por poner un caso, de convertirse, a la vuelta de no demasiados años, en una de las primeras democracias electrónicamente comunicadas del planeta, en una de las democracias de la Internet. En una sociedad en la que prácticamente esté conectado cada uno de sus hogares con los restantes, con las instituciones del Estado, con los aparatos de procesamiento electoral, con centros de diseminación de conocimiento. No es imposible que en el año 2015 el venezolano promedio tenga un nivel de conocimientos equivalente a una licenciatura de estudios generales. La educación primaria garantizada estaba bien para el país de Guzmán Blanco. A comienzos del siglo XXI los venezolanos todos deberíamos disponer de una educación superior. (En El mes de Janoreferéndum #11, 21 de enero de 1995. Digamos ahora, luego del tiempo perdido, en 2035).

Naturalmente, el estropicio es enorme. Habrá que hacer cirugía reconstructiva del Estado venezolano y psiquiatría política de nuestra sociedad. Pero Santos & Barrios (y Hausmann por detrás) hacen, con “estudios” como ése, más difícil que fácil el que el FMI nos tienda la mano. Están encareciendo la recuperación y agravando la depresión (no económica, sino psicológica).

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Creo conocer tres tipos de catastrofistas: 1. el que profetiza el desastre en apropiado tono de preocupación; 2. el que lo hace con rostro indignado, enfurecido, creyendo que es la actitud comme il faut que le reportará mayor admiración y apoyo político—políticos iracundos, atrabiliarios (de bilis negra) que (…) creen que es preciso mostrar constantemente un rostro disgustado, al borde del enfurecimiento” (Autoungidos furibundos); 3. quien pronostica la catástrofe con una condescendiente sonrisa de superioridad académica. De los tres, prefiero el primer tipo y el segundo sobre el tercero. Hay también quien cree ver en el desastre una buena cosa; hace unos meses, alguien me escribió: “La buena noticia es que la crisis continúa”. Mientras peor le fuera al país, peor le iría al gobierno y esto era lo importante. El más horrible de los cuentos produce placer a ciertos opositores. LEA

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Semper Cornelis

Entrevista con Rosalía Arteaga, periodista ecuatoriana, 9 de septiembre de 2012 (primera parte)

 

¿Por qué este Ulises, este héroe de la belleza más poderosa, este insólito condensado de humanidad escogió a Venezuela como casa? (…) Creo tener la respuesta. Cornelis vio algo único en el alma venezolana. (…) Es nuestra gente lo que cautivó a Cornelis y Vera. Se quedaron en Caracas por nosotros.

Zitmangebouw de Caracas

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Folleto de la exposición

Ayer fuimos mi señora y yo a La Trinidad, por gentil invitación de Vera Roos de Zitman, para ver una exposición de esculturas de pequeño formato y de dibujos del gran e inolvidable amigo, Cornelis Zitman. Es una hermosa muestra de su arte, montada muy eficaz y bellamente por Berend, el mayor de los hijos de la singular pareja, sobre curaduría de Rafael Santana y la nieta de Cornelis, Sarah Adam. Vale la pena ir a sumergirse en esa belleza; hay oportunidad hasta el 2 de abril en el Secadero 3 del Parque Cultural Hacienda La Trinidad.

Cornelis solía hacer maquetas de sus esculturas finales, algunas de las cuales son de escala colosal. (Hubo que enviar una de ellas a Boston en la barriga de un Boeing 747 para que cupiera). Me regaló uno de esos bocetos, para una obra que nunca vio su plena realización; era la figura, de unos treinta centímetros de alto, de un hombre desnudo con una piedra en su mano derecha, sobre un suelo en el que reposaban otros proyectiles similares, listos para ser lanzados. ¿Contra qué? Pues hacia la puerta del viejo Consejo Supremo Electoral, que quiso encargarle un grupo escultórico que se colocaría a su entrada. Naturalmente, nunca se aprobó contratarle la obra que así proyectaba; no convenía recordarle al organismo electoral que el Pueblo podía visitarle con violentos reclamos, y menos al Pueblo mismo que podía hacer justamente eso. ¿Premonición de artista? El psicólogo existencial Rollo May postuló, en Love and Will (1969), que los neuróticos y los artistas presentían el futuro, y los segundos lo anticipaban en sus obras ¡constructivamente!

En el video de YouTube colocado al comienzo, primera parte de una entrevista—segunda parte, tercera parte—, Zitman deja entender lo que sus amigos sabemos: que nunca se tomó a sí mismo demasiado en serio. Poseedor de un persistente buen humor, cuenta cosas divertidas y entrañables acerca de su llegada a estos lares de la Tierra de Gracia descubierta por Colón en 1498, a los que regaló su arte y su familia. Espoleado por Rosalía Arteaga (nada menos que Ministra de Educación, Vicepresidenta y fugaz Presidenta de Ecuador), confiesa su ignorancia inicial acerca de la galerista parisina que lo descubriera en nuestro Museo de Bellas Artes, Dina Vierny; entonces no sabía que ella había sido la musa de Aristide Maillol, el gran escultor francés, o modelo preferida de Henri Matisse y Pierre Bonnard, ni que abriría a este europeo original, venezolano por adopción, las puertas de Francia, la patria de Rodin. Hoy hay exposiciones permanentes de su escultura en España y Holanda, y obras suyas en museos y espacios arquitectónicos de Japón, Italia o Estados Unidos, para no contar las colecciones privadas en todo el mundo. Por lo que respecta a nosotros, ya Cornelis había ganado el Premio Nacional de Escultura en 1951—”de ñapa”, dijo—, a cuatro años apenas de su benéfica llegada.

Detrás de su arte, por supuesto, estuvo su humanidad; nadie puede crear tanta belleza si ella no es la substancia de su alma. Quienes tuvimos la inmensa fortuna de tratarle supimos de su inerrante instinto moral, su bondad, su generosidad, su invariable alegría. No sabemos, creo, cómo agradecer su existencia entre nosotros. LEA

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Sobre la secesión

El joven Tchaikovsky

Durante la emisión #238 de Dr. Político en RCR, se examinó la idea de elegir una asamblea constituyente en votaciones no organizadas por el Consejo Nacional Electoral sino por uno paralelo, así como hubo oportunidad de recordar el procedimiento de abolición (Manda Su Majestad, 17 de diciembre de 2016) y un referendo consultivo para decidir sobre elecciones presidenciales inmediatas (Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016). Éste, como cualquier otro que pudiera convocar la Asamblea Nacional, requiere que esa instancia del Poder Público Nacional ponga cese a la situación de desacato que ha anulado su eficacia durante todo 2016. Para iniciar un mes de “quintas sinfonías”, se escuchó en el programa dos temas de la Quinta Sinfonía en Mi menor de P. I. Tchaikovsky. Acá abajo, el archivo de audio de la transmisión de hoy:

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En Sábado de Carnaval

Mía y Sebastián

En la emisión #237 de Dr. Político en RCR se exploró una red de relaciones humanas y geográficas venezolanas que comprueban la existencia de una bondad productiva en nuestra sociedad. La anunciada reorganización de la Mesa de la Unidad Democrática pudiera ser insuficiente, y parece haber contradicciones en una reciente propuesta de Leopoldo López que ha sido expuesta por Voluntad Popular. Aprovechando que mañana se celebra la 89ª premiación de los Oscar, escuchamos el Tema de Mía y Sebastián, compuesto por Justin Gurwitz para la película que acapara las expectativas: La la land. También sonó un pasaje de la Rapsodia rumana #1, de George Enescu, en honor de las proceras hermanas Lya y Sofía Imber, venidas a Venezuela desde Rumania. Acá está el archivo de audio de la transmisión de hoy:

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MUDa de piel

 

Al cierre de 2016

 

Hace una semana explicó finalmente la Mesa de la Unidad Democrática la reorganización que había anunciado en reiteradas ocasiones. En su despedida como Secretario Ejecutivo de la federación opositora, Jesús Torrealba informó que su gerencia queda ahora en manos de un Coordinador General—José Luis Cartaya—, a quien responderán tres secretarías: la Política a cargo de Ángel Oropeza, la Técnica en manos de Roberto Picón Herrera (ejerce competentemente esa función desde 2012) y una Social que pedalearán en tándem Alfredo Padilla y Tinedo Guía.

El esquema organizativo

Más allá de eso, Torrealba reportó el 17 de los corrientes la creación de un “Congreso de la Sociedad Democrática”, como instancia de articulación de los partidos políticos de la MUD con “organizaciones no gubernamentales y distintos movimientos sociales”, presentándolo como el principal mecanismo de consulta y debate de esa variedad de actores. Además informó de una representación ampliada en el máximo nivel de la MUD, que pasa de ser un G4 a un G9 (un “comité político organizativo”): Acción Democrática, Voluntad Popular, Un Nuevo Tiempo, Primero Justicia, La Causa R, Movimiento Progresista de Venezuela, Avanzada Progresista, Alianza Bravo Pueblo y Vente Venezuela. Esto es, tres socialdemócratas: AD, UNT, ABP; uno socialcristiano: PJ (aunque Wikipedia lo describe como profesando un “humanismo, socioliberalismo, tercera vía”); uno socialista: CR; tres progresistas: VP, MPV, AP; uno liberal: VV y, como en Rebelión en la granja, todos son iguales pero algunos serán “más iguales” que otros, pues el peso del voto de cada uno estará calibrado en función de su representación parlamentaria. Finalmente, se anunció que la vocería de la nueva organización será rotativa entre los partidos que tengan diputados en la Asamblea Nacional; en eso, al menos, Cartaya no hereda a Torrealba.

Una cosa más: este último aseguró que, tras semanas de deliberación, la MUD avanza en la construcción de una hoja de ruta que persiga un cambio del gobierno actual por uno de unidad que deberá aplicar “un proyecto de reconstrucción nacional consensuado”. Un mes antes había señalado estos objetivos de la recomposición: “definir un proyecto de construcción nacional, un proyecto país y un proyecto de gobierno de unidad nacional para que, en torno a ese propósito, nos unamos todos. Fortalecer los partidos políticos y que la vocería de la mesa la ejerzan directamente los actores políticos y construir una relación firme y sólida, permanente, respetuosa, entre liderazgo político y sociedad civil”. El Universal registró el 17 de enero: “[Torrealba] indicó que esas modificaciones de fondo deben dar lugar a ese proceso de reconstrucción de confianza”. La confianza en la MUD que dirigió había sufrido erosión, admitía.

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La mera reorganización no será suficiente para recuperar la confianza del pueblo opositor en la MUD, que en diciembre sólo alcanzaba 43,2%, según registró Venebarómetro. ¿Será eso posible? ¿Qué ha cambiado?

Primero: que ahora tendrán que ponerse de acuerdo nueve cabezas en lugar de cuatro en el “comité político organizativo”. Segundo: que se crea un espacio de interacción con ONG’s y “distintos movimientos sociales”. (A fines de 2002, la madre de la MUD—la Coordinadora Democrática—interactuaba con Fedecámaras, la CTV y la Gente del Petróleo en época del paro general y, principalmente, petrolero, y mantuvo relaciones con organizaciones como Asamblea de Educación, Asamblea de Ciudadanos, Sinergia y Ciudadanía Activa). Tercero: que para reforzar esto último se añadió una “Secretaría Social” a lo que ya eran órganos auxiliares existentes: lo que maneja Picón es lo mismo que siempre ha dirigido, y la Secretaría Política asume las funciones de lo que hasta ahora se conoció como Comité de Estrategia. Por lo que respecta a lo programático, en 2003 ya se había producido el Consenso País y en 2012 los Lineamientos de Programa de Gobierno de la Unidad Nacional. ¿Surgirá algo distinto o la MUD terminará por entender que no hay proyectos de países? (El Pitazo, 11 de enero: “El secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, Jesús ‘Chúo’ Torrealba, celebró la declaración de abandono del cargo aprobada por la Asamblea Nacional el pasado 9 de enero [!] y dijo que se debían trazar dos estrategias: una hoja de ruta a partir de este momento hasta que se llegue al poder y un proyecto claro de país”).

Lo esencial, puede decirse, no ha cambiado. La MUD sigue siendo una organización de organizaciones, un “movimiento de movimientos”; no es todavía un movimiento de ciudadanos y sigue definiéndose como oposición. Aún se le aplica la descripción de Ramos Allup (Ciudad Ccs, 9 de marzo de 2011): “La política suele hacer extraños compañeros de cama. Hoy compartimos propósitos, no ideales ni visiones”. (Son al menos cinco las ideologías distintas—ideales y visiones—en el seno de la MUD). La ampliación de cuatro a nueve miembros de su “junta directiva”, si bien más representativa, hace el consenso estratégico y operativo más difícil, y el peso del voto de cada uno es más bien un asunto de procedimiento antes que de fondo. Por otra parte, aún la “vocería rotativa” no está rotando entre los miembros del G9 pero la asume, por ejemplo, Oropeza, quien ha declarado más frecuentemente que Cartaya y a veces contradictoriamente. Esta semana dijo a César Miguel Rondón que “el país no ve una salida a la situación del país, lo que lleva a la resignación”; en la misma entrevista asentó que la mayor autoridad de la MUD ya no son los partidos, sino que es un Congreso de la Unidad Democrática, que estará constituido por organizaciones populares, sectores universitarios, iglesias, “para que sea la gente que nos indique hacia dónde es el camino”. Tan sólo el viernes de la semana pasada había afirmado: “Este país no está desesperanzado sino urgido de que le digan para dónde ir”. (?) Voluntad Popular, por su lado, anuncia al público en general lo que “va a proponer” en la instancia directiva de la MUD: “Leopoldo nos plantea tres escenarios claves: la comunidad internacional, la calle y la realización de una gran jornada de consulta popular, que sea el pueblo quien decida si quiere o no elecciones presidenciales en este 2017. Esta agenda de lucha propuesta por Leopoldo López la estaremos difundiendo por todo el país”. Al final de su nota consiente la web de VP: “la agenda de lucha planteada por Leopoldo López será expuesta a la Mesa de la Unidad Democrática y a los sectores sociales para trabajar juntos en una ruta política”. ¿Es que no estarán “los sectores sociales” precisamente representados en el “Congreso de la Sociedad Democrática” de la MUD por estrenar? (Esa “agenda de lucha” será examinada mañana en el programa #237 de Dr. Político en RCR).

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Lo más innovador, por supuesto, es ese “Congreso de la Sociedad (¿Unidad?) Democrática”, pero se insiste con él en el eterno error de una representación sectorial de la sociedad. El 11 de febrero de 2015, dos presos y una diputada defenestrada—Leopoldo López, Antonio Ledezma y Ma. Corina Machado—proponían un esquema parecido: “…hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales”. La sociedad no es una torta que se pica en pedazos; quien debe hablar en esta crisis es la Corona en estado puro, no sus fragmentos “sectoriales”. Lo que hay que activar es el Poder Constituyente Originario, y los componentes de ese poder supremo no son sectores sino ciudadanos.

Mudar la pelambre o la piel es un proceso cíclico y superficial. Una mutación, una metamorfosis es infrecuente y muchas veces final, definitiva. Era lo que la MUD requería y no se ha producido todavía.

El trabajo metamórfico es éste: convertir la Mesa de la Unidad Democrática en el Movimiento de la Unidad Democrática. No sólo se trata de preservar las siglas; el asunto es dejar atrás el esquema de organización de organizaciones, de “movimiento de movimientos”, para establecer un movimiento de ciudadanos.* Si el objetivo no fuera el de unir a la oposición sino el de unir al país, toda la cosa cobraría un sentido profundo y podría augurársele éxito. (¿Jesús Gorbachov?, 1º de octubre de 2014).

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*He formulado la misma observación desde hace mucho tiempo, sin el menor éxito. Por ejemplo, el 12 de agosto de 2004 escribía en la Carta Semanal #99 de doctorpolítico, en referencia a la Coordinadora Democrática: “para ciertas evoluciones necesarias la organización pudiera estar genética o constitucionalmente impedida—porque es una organización de organizaciones en lugar de una organización de ciudadanos”.

LEA

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