¿Qué dicen los demás?

 

A la caza del error donde se encuentre

 

Un observador tan agudo y serio como Andrés Oppenheimer se ha ocupado de la más reciente ocurrencia de Ricardo Haussman: su proposición de que Venezuela sea ocupada por una fuerza multinacional—sudamericana, norteamericana, europea—para “liberarnos”. En Día de Reyes, puso un artículo—¿Una intervención militar en Venezuela?—en su blog (que aloja El Nuevo Herald), y en él desecha la extraviada receta. No la despacha, sin embargo, en términos principistas, sino por ilusa: “…a juzgar por lo que escucho de diplomáticos estadounidenses y latinoamericanos, es muy poco probable que la propuesta de una intervención militar pueda prosperar. Incluso México, Brasil, Argentina y Perú, los países que han criticado más duramente a Maduro, se opondrían a una acción armada”.

En camino a ese juicio que desestima el último desvarío de Hausmann, recoge parte de su argumentación:

Hausmann argumenta que Maduro ha cerrado todas las vías pacíficas* para una solución negociada al drama de Venezuela. Una coalición militar internacional de países dispuestos a apoyar un nuevo gobierno designado por la Asamblea Nacional democráticamente electa en 2015 sería legítima y tendría muchos precedentes históricos, dice. El propio héroe de la independencia de Venezuela, Simón Bolívar, ganó el título de Libertador de Venezuela gracias a una invasión de 1814 organizada y financiada por la vecina Nueva Granada (actual Colombia), argumenta Hausmann. Y Francia, Bélgica y los Países Bajos se liberaron de regímenes opresivos gracias a las acciones militares internacionales en la Segunda Guerra Mundial, agrega. (…) Y uno podría argumentar en apoyo de su argumento de que [un feo dequeísmo] Venezuela ya ha sido invadida por otro país, Cuba, que en muchos aspectos dirige el régimen de Maduro.

Bueno, Cuba no ha ejecutado una invasión armada de Venezuela, aunque no hay duda de que durante todo el desastroso chavismo-madurismo ha sido para Venezuela la “nación más favorecida”. George Washington, grandemente admirado por el Libertador, insistió con su Discurso del adiós (1796) en las siguientes advertencias:

…una vinculación apasionada de una nación a otra produce una variedad de males. La simpatía por la nación favorita, que facilita la ilusión de un interés común imaginario donde verdaderamente no existe ningún interés común real, e infundiendo en la una las enemistades de la otra, traiciona a la primera haciéndola participar en las querellas y guerras de la segunda sin motivo ni justificación adecuadas. Esto conduce igualmente a conceder a la nación favorita privilegios que se niega a otras, lo que puede perjudicar doblemente a la nación que hace las concesiones, al desprenderse innecesariamente de lo que debiera haber conservado, y al excitar los celos, la mala voluntad y la disposición a tomar represalias en aquellos a quienes se rehúsa iguales privilegios. Y también ofrece a ciudadanos ambiciosos, corruptos o engañados (que se consagran a la nación favorita), facilidades para que traicionen o sacrifiquen los intereses de su propio país sin ser odiados, a veces incluso con popularidad, revistiendo, con las apariencias de un sentido virtuoso del deber, una elogiable deferencia hacia la opinión pública, o un laudable celo del bien público, las viles o necias exigencias de la ambición, la corrupción o la infatuación. Como avenidas de la influencia extranjera en formas innumerables, tales adhesiones son particularmente alarmantes para el patriota verdaderamente ilustrado e independiente. (…) La excesiva parcialidad por una nación, así como la excesiva aversión a otra, hacen que aquellos a quienes afectan sólo vean el peligro por un lado, y sirven como velo, y aun de ayuda a las artes e influencias del otro lado. Los verdaderos patriotas, que resisten las intrigas de la nación favorita, se exponen a hacerse sospechosos y odiosos, mientras los instrumentos de ésta, y aquellos que la siguen ciegamente, usurpan el aplauso y la confianza del pueblo cuando abdican sus intereses.

Pero la Campaña Admirable—no tuvo lugar en 1814, como asienta Hausmann y recoge Oppenheimer, sino el año anterior—, si bien contó con recursos y oficiales neogranadinos, tuvo como jefe del ejército que tendría éxito en liberar el occidente de Venezuela—Mérida, Barinas, Trujillo y Caracas—a un venezolano y caraqueño: Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios. En ningún caso se trató de la invasión del Virreinato de Nueva Granada a la Capitanía General de Venezuela, restaurada entonces luego del fracaso de nuestra Primera República en 1812. Los argumentos “históricos” de Hausmann, recogidos por Oppenheimer, son una falsificación de la historia. (Y esto se aplica igualmente a la superficial y medianamente vistosa, pero falsa, equiparación de nuestra tragedia con la de Francia, Holanda y Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial; estos tres países estaban ocupados por una previa fuerza de invasión: la Wehrmacht del gobierno nazi alemán).

En todo caso, Andrés Oppenheimer no aprueba el récipe de Hausmann. Ahora bien ¿qué dice de esa recomendación Julio Borges? ¿Qué dicen Antonio Ledezma, Ma. Corina Machado, Leopoldo López, Omar Barboza y Henry Ramos Allup? ¿Qué ha dicho, por ejemplo, Luis Almagro? ¿O es que no establece la Carta de la Organización de Estados Americanos en su Artículo Tercero (Principios):

e) Todo Estado tiene derecho a elegir, sin injerencias externas, su sistema político, económico y social, y a organizarse en la forma que más le convenga, y tiene el deber de no intervenir en los asuntos de otro Estado. Con sujeción a lo arriba dispuesto, los Estados americanos cooperarán ampliamente entre sí y con independencia de la naturaleza de sus sistemas políticos, económicos y sociales.

(…)

g) Los Estados americanos condenan la guerra de agresión: la victoria no da derechos.

h) La agresión a un Estado americano constituye una agresión a todos los demás Estados americanos.

i) Las controversias de carácter internacional que surjan entre dos o más Estados americanos deben ser resueltas por medio de procedimientos pacíficos?

¿Será que también Almagro, Secretario General de la OEA, no se guía por el documento fundamental de la organización que dirige sino por el desiderátum de Álvaro Uribe Vélez? (“¿Habrá algún país latinoamericano que preste sus fuerzas armadas para proteger a la oposición venezolana?” 13 de mayo de 2016). Las claras reglas de la Organización de Estados Americanos impedirían que la fuerza invasora tripartita recomendada por Hausmann—”una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos”—se complete; más le valdría intentar el convencimiento de la OTAN (menos EEUU) para que nos invada. Pudiera comenzar por la venta de su peregrina idea a Angela Merkel. LEA

 

………

*Cuando se pone sobre Nicolás Maduro toda la responsabilidad del recrudecido enguerrillamiento político en Venezuela, se prefiere la ignorancia de lo que ha hecho el otro lado de la ecuación: “…la proclamación de Nicolás Maduro, que resultó electo Presidente de la República el 14 de abril de 2013 por estrechísimo margen—sus cifras venían en estrepitosa caída; de haberse celebrado la votación una semana después habría perdido por estrechísimo margen—, fue cuestionada y una vez más se habló de fraude electoral. Henrique Capriles Radonski se refirió a Maduro con el cognomento de ‘El Ilegítimo’ durante más de un año, a pesar de la ampliación de la auditoría de las elecciones a 100% de las mesas de votación. (…) en ese mismo año, Capriles pretendió que las elecciones municipales del 8 de diciembre serían un ‘plebiscito’ sobre el gobierno de Maduro—lo perdió de calle—, y veinticuatro horas antes Leopoldo López y Ma. Corina Machado lo torpedearon con la publicación de un manifiesto a favor de una constituyente para ‘#lasalida’ de Maduro (por un breve tiempo conocida como ‘#lamovida’). El 16 de enero hablaba Capriles de una ‘puñalada en la espalda’, imagen que ha repetido Maduro por estos días para referirse a su propia disidencia interna. López & Machado torpedeaban asimismo una incipiente cooperación del gobierno con alcaldes de oposición en materia de seguridad ciudadana; tal cosa no podía ser permitida. (…) en 2014 ‘#lasalida’ endureció su línea, inaugurando la temporada de guarimbas con la marcha hacia la Fiscalía General de la República. (…) …la ocurrencia del 12 de febrero de 2014, ya claramente distanciada de la línea de la MUD. (…) En la tarde de ese infausto día (…) NTN 24, la televisora colombiana que estaba avisada; había programado un grupo de entrevistas que sólo mostrarían a conspicuos radicales: Leopoldo López, Ma. Corina Machado, Diego Arria y ¡Otto Reich! (¿Por qué consideró NTN 24 que el Sr. Reich, gente de Reagan y los Bush, tenía algo pertinente que decir en los justos momentos cuando se desarrollaban los violentos acontecimientos?) (…) …el 6 de diciembre del año siguiente, la oposición lograba una mayoría determinante de 112 diputados en la Asamblea Nacional. (…) …la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia—el órgano llamado a conocer recursos del derecho contencioso electoral—recibió nueve impugnaciones de algunos de los resultados de la votación, a siete de las cuales se opuso el propio CNE. Bastaba, en principio, que prosperara la invalidación de tres diputados opositores para destruir la mayoría de dos tercios, requerida para actos cruciales del control legislativo como la elección de magistrados del TSJ. (Si a ver vamos, la cámara había sido reducida a un total de 163 diputados, y 109 siguen siendo las dos terceras partes de esa base; pero la Asamblea conducida por Henry Ramos Allup nunca quiso probar una votación calificada con esos números). (…) el 31 de marzo de 2016 se dio cuenta del persistente desconocimiento del presidente Maduro desde la Asamblea Nacional, evidenciado en la declaración inicial de Ramos Allup en cuanto tomó posesión de su Presidencia, al postular que era ‘un compromiso no transable’ del nuevo Poder Legislativo Nacional ‘buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno’. Es decir, fue él quien iniciara, con esa declaratoria de guerra, el conflicto entre poderes en el que las sentencias 155 y 156 del TSJ han sido las incidencias más recientes. Después intentaría la Asamblea la avenida de invalidar la investidura del Presidente de la República sobre la base de su presunta doble nacionalidad, que abandonó al recibir de la Registraduría Nacional de Colombia la constancia de que Nicolás Maduro no aparece en sus archivos como ciudadano de ese país. También abandonaría la noción de recortar su período mediante una enmienda constitucional, al percatarse de que el Tribunal Supremo de Justicia la declararía de aplicación retroactiva inválida al caso de Maduro, y se sentó a esperar el proceso revocatorio que la Mesa de la Unidad Democrática intentó activar con retraso de tres meses. (Desestimado inicialmente por el propio Ramos Allup y Jesús Torrealba, entre otros que se oponían porque haría subir las acciones de Capriles, posicionado como el titular exclusivo de la franquicia de la revocación. (…) …para coronar las ofensivas bélicas de la Asamblea Nacional contra el Poder Ejecutivo Nacional presidido por Maduro, el 9 de enero de este año culminó el ‘juicio político’ en su contra proclamando su abandono del cargo (¡?), lo que ni siquiera creía ella misma, puesto que omitió oficiar al Consejo Nacional Electoral ordenando la celebración de elecciones presidenciales. Por último, ya en la última fase de su desvarío, aprobó el ‘Acuerdo sobre la reactivación del proceso de aplicación de la Carta Democrática Interamericana de la Organización de Estados Americanos’ el 21 de marzo. ¿Podemos sorprendernos del aumento de la crónica paranoia oficialista que, en su concepto épico de la política, interpretó tal cosa como preludio a una invasión de Venezuela por efectivos muy bien armados del Comando Sur de los Estados Unidos?” (La historia desaparecida, 2 de abril de 2017).

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El graznido del pato negro

 

Actualizado con nota al pie

Discípulo de Álvaro Uribe Vélez, “gente decente”

 

Los cisnes—que son, como se sabe, palmípedas—no cacarean. Más bien graznan. Las aves que cacarean se encuentran propiamente dentro de la familia de las gallináceas. (No todas las gallináceas, es de advertir, cacarean). Sin embargo, una de las más cacareadas de las “pruebas” de fraude sistemático y masivo es un estudio cuyos autores son Ricardo Hausmann y Roberto Rigobón y que lleva por título “En busca del cisne negro: Análisis de la evidencia estadística sobre fraude electoral en Venezuela”.

Juvenalia y tropicalia, 9 de septiembre de 2004

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¿Habrá algún país latinoamericano que preste sus fuerzas armadas para proteger a la oposición venezolana?

Álvaro Uribe Vélez, 13 de mayo de 2016

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A sense of disaster pervaded the United States, sharpened by the most widely quoted remark of the war: “It becomes necessary to destroy the town in order to save it.” The American major meant that the town had to be razed in order to rout the Viet-Cong, but his phrase seemed to symbolize the use of American power—destroying the object of its protection in order to preserve it from Communism.

Barbara Tuchman, The March of Folly

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Con fecha de hoy se publica en Project Syndicate (The World’s Opinion Page) un artículo cuyo autor es Ricardo Hausmann: D-Day Venezuela, del que también hay versión en español. Se trata de una pieza delirante, que aboga por ¡la invasión de Venezuela por una fuerza armada ensamblada con militares de varios países de América y Europa! Hausmann pretende justificar tal crimen internacional sobre la base de una escueta enumeración más de los problemas que aquejan a la población venezolana. (No dice nada que no sepamos). Previamente, despacha como remedios inadecuados o inútiles dos posibles desenlaces: el que proporcionaría una elección presidencial y el que provendría de un golpe de Estado militar, como si se tratara de categorías equivalentes.

Dado que todas las soluciones son imprácticas, inviables o inaceptables, la mayoría de los venezolanos anhelan alguna forma de deus ex machina que los salve de esta tragedia. Lo mejor sería poder convocar elecciones libres y justas para llegar a tener un nuevo gobierno. Este es el Plan A de la oposición venezolana organizada en torno a Mesa de la Unidad Democrática, y es lo que se busca en las conversaciones que se están realizando en la República Dominicana. No obstante, es un desafío a la credulidad pensar que un régimen dispuesto a matar de hambre a millones de personas para mantenerse en el poder, va a ceder ese poder en elecciones libres.

(…)

La idea de un golpe militar para restaurar el orden constitucional agrada menos a muchos políticos democráticos porque temen que después los soldados no regresen a sus cuarteles. Por lo demás, el régimen de Maduro ya es una dictadura militar, con oficiales a cargo de muchas agencias gubernamentales. Los oficiales de alto rango de las fuerzas armadas son esencialmente corruptos, habiendo participado durante años en actividades de contrabando, delitos cambiarios y en las compras públicas, narcotráfico y muertes extrajudiciales que, en términos per cápita, son tres veces más prevalentes que en Las Filipinas de Rodrigo Duterte. Un número importante de altos oficiales decentes han estado renunciando a las fuerzas armadas.

El adjetivo que Hausmann adjudica a los altos oficiales que estarían renunciando en “número importante” (?) evoca la fórmula que Juan Carlos Sosa Azpúrua propugnaba en agosto de 2014 (buscar “unos militares decentes”), pero también es un contrasentido la prédica de un procedimiento a todas luces inconstitucional para “restaurar el orden constitucional”. Según el economista de longevo y voluntario exilio, el fuego debe combatirse precisamente con fuego.

No se queda allí, sin embargo; primero desprecia la utilidad de las sanciones internacionales aplaudidas y procuradas por más de un dirigente de la oposición:

Las sanciones focalizadas en individuos, que administra la Office of Foreign Assets Control (OFAC) de Estados Unidos, están incomodando a muchos de los bandidos que gobiernan Venezuela. No obstante, en el mejor de los casos son muy lentas, pues para el tiempo que rindan el efecto deseado se habrán producido decenas de miles de muertes evitables y se habrán ido al exterior millones de nuevos refugiados venezolanos. Y, en el peor de los casos, nunca surtirán efecto. Al fin y al cabo, sanciones como estas no han conducido a un cambio de régimen en Rusia, Corea del Norte, ni Irán.

A continuación, anuncia su prescripción pretendidamente infalible con el mayor desparpajo:

Esto nos deja con una posible intervención militar internacional, solución que asusta a la mayoría de los gobiernos latinoamericanos a causa de la historia de agresiones contra sus intereses soberanos, especialmente en México y Centroamérica. (…) Si se trata de soluciones, por qué no considerar la siguiente: la Asamblea Nacional podría destituir a Maduro y al narcotraficante de su vicepresidente, Tareck El Aissami, sancionado por la OFAC y a quien el gobierno estadounidense le ha embargado más de US$ 500 millones. Dado este vacío de poder, la Asamblea, nombraría de forma constitucional a un nuevo gobierno, el que a su vez podría solicitar asistencia militar a una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos. Esta fuerza liberaría a Venezuela de la misma forma en que canadienses, australianos, británicos y estadounidenses liberaron a Europa en 1944-1945. Más cerca de casa, esto sería semejante a la liberación de Panamá de la opresión de Manuel Noriega por parte de Estados Unidos, la que marcó el inicio de su democracia y del crecimiento económico más rápido de América Latina.

Panamá es propuesto como el modelo a seguir, económicamente y por haber sido objeto de invasión, pero en el original en inglés se nota de modo más inmediato la confusión de Hausmann: “the National Assembly could impeach Maduro”. Hausmann parece creer que es aplicable en Venezuela el procedimiento estadounidense de impeachment, y también luce que ignora que el 9 de enero de 2017 ya la Asamblea Nacional había declarado el “abandono” del cargo de Presidente de la República por parte de Nicolás Maduro; esto es, ya lo habría destituido. (Sin el menor efecto, por cuanto se trató de procedimiento tan arbitrario como nulo. Ni la propia Asamblea Nacional creyó en su decisión, puesto que dejó de oficiar al Consejo Nacional Electoral para que convocara elecciones presidenciales en el plazo de un mes, como manda la Constitución para el caso de falta absoluta del Presidente antes de cumplirse cuatro años del período, lo que ocurriría al día siguiente. Ni siquiera porque habría “llegado en la raya” se le ocurrió a Julio Borges exigir esas elecciones).*

En síntesis, no es ya que Hausmann, contratado en 2004 por María Corina Machado, crea haber demostrado fraude en el referendo revocatorio contra Hugo Chávez; ahora su delirio alcanza nuevas cotas para abogar por una invasión militar de Venezuela que incluiría tropas estadounidenses: “una coalición de países amigos, entre ellos, latinoamericanos, norteamericanos y europeos”. Al menos Uribe Vélez había entrevisto la “ayuda” de sólo “algún país latinoamericano”.

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Hausmann se inscribe en la simplista “comprensión habitual de nuestra política nacional como película en blanco y negro, una historia de héroes contra villanos (en roles cambiantes según quien la cuente) que no admitiría otras salidas”. (El mercado político nacional, 8 de octubre de 2014). Así trasluce cuando escribe “la oposición política organizada está hoy en una posición de mayor debilidad que en julio, a pesar de la crisis y del masivo apoyo diplomático internacional”, como si no hubiera otras opciones. Las próximas elecciones nacionales contarán con candidatos que no se inscriben en tal dicotómica polarización.

Déjenos tranquilos, Prof. Hausmann; desde su exilio dorado, desde su Hausmannskost (cocina casera) no se ocupe más de nosotros. Los venezolanos lo declaramos persona non grata. LEA

………

Actualización: Bloomberg trae hoy (3 de enero) una nota de la que se traduce lo siguiente: “Pero, bajo las leyes actuales, los legisladores pueden expulsar a Maduro y El Aissami y procurar la instalación de un nuevo gobierno conducido por el jefe de la Asamblea Nacional. Esa persona pudiera entonces solicitar a fuerzas internacionales que provean asistencia militar para restaurar un orden democrático, dijo Hausmann”. No existe ninguna ley venezolana que permita tales cosas. Bloomberg, quizás sin proponérselo, no hace otra cosa que confirmar el grado de delirio de Hausmann y su abismal ignorancia—y la de la agencia misma—acerca de la juridicidad venezolana, que más bien lo sometería a juicio por el delito de traición a la patria si pudiera echarle mano. (Ver asimismo la evaluación del desvarío en Americas Quarterly por Sean W. Burges y Fabricio Chagas Bastos: Invadir Venezuela es una pésima idea).

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¡Ah, los Fernández!

Padre e hijo

“Tigre” y tigrito mano gorda

Hace más de un año hice una advertencia a Pedro Pablo Fernández de que publicaría lo que sigue, y éste no ha hecho caso de ella. Creo que le he dado tiempo suficiente. Procedo. LEA

………

 

Como es mi costumbre, por creerlo deber elemental envié a Eduardo y Pedro Pablo Fernández avisos y enlaces de Un reconocimiento mezquino, el resuello por la herida de Fernández padre por la falta de apoyo de Rafael Caldera en 1988, y de Hijo de gato (“tigre”)… nota del hijo que promueve la receta de un “gobierno de unidad nacional”.

Seguramente el primero no había leído la crítica que le dediqué al escribirme: “No entiendo por qué te parece mezquino. La mayoría de los comentarios que he recibido lo califican más bien de muy generoso. Yo lo considero ‘justo’, por eso lo escribí”. A eso repuse: “Es clarísimo por qué llamo así a un artículo que resalta por repetición (tres veces destacas) ‘la parte impura que cabe en el alma de los grandes’. Esa insistencia desvaloriza mucho los elogios. Es inelegante, por decir lo menos”. Allí se detuvo el intercambio.

Pero su hijo sí había leído completa mi evaluación de su pieza y me envió una reacción más extensa; la copio de seguidas y luego mi réplica inmediata. LEA

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(De Pedro Pablo Fernández para el suscrito)

Es natural que tengamos diferencias, pero hay varias cosas en tu escrito que denotan mala fe.

Hay un evento infortunado y es el hecho de que por un error humano EF manda mi artículo. Tu que recibes todos mis artículos te habrás dado cuenta de que los mando yo mismo. Ese error sirvió para que pudieras ridiculizarlo identificando al papito con su hijito.

Tú dices: “Ahora esgrime P. P. otra vez una tesis paterna: “Un gobierno de Unidad Nacional es la mejor apuesta que podemos hacer todos”. Naturalmente, siempre y cuando lo presida su progenitor, el papá de P. P.”

Yo quiero que tu me digas en que parte del escrito yo sugiero algo que tenga que ver con EF. Es un comentario sin sentido que solo se puede explicar en la mala fe.

Escribes mas adelante: “¿No es Fernández el joven el director de una película que “domina el desenlace de la trama y escoge un final feliz” para él y su padre?”

En ninguna parte de mi escrito hay si quiera una sugerencia de trama, ni una especulación sobre cómo puede ser el final. La trama y el final feliz es pura especulación tuya.

La crítica a los partidos fue más que merecida y sigue siéndolo. Los partidos se prostituyeron, se pragmatizaron y se convirtieron en asociaciones para alcanzar el poder. Yo no solo creo eso, he escrito varios artículos afirmándolo. Los considero responsables de una cultura populista que malbarató una formidable renta petrolera. La campaña sistemática contra el sistema es otra cosa.

La extraordinaria novela “Por estas calles” se convirtió en un instrumento al servicio de objetivos políticos concretos. Es bueno leer la entrevista que le hace Marta Rivero a Ibsen Martínez, que aparece en el libro “La rebelión de los náufragos”, para darse cuenta de hasta qué punto se utilizó con fines muy personales.

Yo siempre he tenido el mejor concepto de ti, de tu capacidad intelectual, de tu profundidad y de tu cultura. Este artículo tuyo es una decepción. No porque te metas conmigo sin necesidad, sino por la falta de honestidad. Pones en boca mía cosas que no dije y presupones posiciones sin tener ningún elemento que confirme tus hipótesis. Leíste ese artículo desde una posición completamente prejuiciada.

El artículo que escribí iba dirigido a hacer una reflexión que tiene que ver con cosas que tú y yo compartimos. Dedicarte a descalificar y a ridiculizar al que lo escribió y a su papá no creo que contribuya en nada.

Yo no soy para nada susceptible a las críticas, todo lo contrario. La forma como me ha afectado tu artículo me produce una molestia enorme más conmigo que contigo.

Yo acabo de leer el artículo de nuevo. Si tú tienes la honestidad de volverlo a leer te darás cuenta de que tus comentarios no responden para nada a lo que el artículo dice.

Esta carta que te mando es un desahogo y probablemente una estupidez al mismo tiempo.

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(Mi respuesta)

Pedro Pablo: la Política no será algo serio si sus practicantes actúan con base en conjeturas sin fundamento. No te consta en absoluto que mi motivación haya sido la mala fe. (DRAE: 1. f. Doblez, alevosía. 2. f. Der. Malicia o temeridad con que se hace algo o se posee o detenta algún bien). No penetras ni mi corazón ni mi mente, y por tanto no tienes derecho a postular la existencia en mí de tan feo e inferior motivo. Se trata de algo que me es enteramente desconocido; jamás en mi vida he actuado de mala fe.

Por supuesto que un cierto estado emocional tiñó la redacción de mi artículo: el desagrado. Primero, hacia la excusa de una tal “campaña antipolítica para destruir a los partidos, con Marcel Granier a la cabeza, pensando que iban a ser ellos los llamados a salvar a la patria a la caída del sistema”. He argumentado suficientemente, en el texto que explicablemente te ha caído mal, acerca de la inadecuación de ese pretexto, y ahora traes una evaluación que contradice sus implicaciones, al escribirme “La crítica a los partidos fue más que merecida y sigue siéndolo”.

El autor de Más y mejor democracia

El autor de Más y mejor democracia

Granier ha luchado más que muchos contra Chávez, y con costos superiores, como para que se ponga, en palabras tuyas, que esa “campaña antipolítica para destruir a los partidos” no imaginó que “el llamado sería el Teniente Coronel nacido en Sabaneta”. Discrepo de varias cosas sostenidas por Granier, pero él tenía todo el derecho de hacer su propia política, objetivo límpidamente patente en sus libros a partir de 1984. Que buscara sus legítimos objetivos fuera de los partidos actuantes no es lo mismo que hacer “antipolítica”, que fue lo que sugeriste y lo que tu padre argumentó en 1985: “que criticar a los partidos equivaldría automáticamente a denigrar de la democracia como sistema” (como registré en mi primer libro, en el que añadí a continuación: “No hacía más, pues, que repetir la falacia de la identificación de partidos concretos con democracia”). Jamás hizo Granier “campaña sistemática contra el sistema”; por lo contrario, predicó “más y mejor democracia”, concepto que tu padre repite por estos días a cada rato sin atribuirlo a Marcel, así ganando indulgencias con escapulario ajeno.

Como dijera Newton, hypotheses non fingo; tampoco penetro yo tus neuronas para saber si eso de “campaña política para destruir a los partidos, con Marcel Granier a la cabeza” procede de una mala fe de tu parte. Pero no es verdad que lo político sea únicamente lo que hacen ciertos partidos específicos y nadie más. Poco antes de La conspiración satánica (Eduardo Fernández), yo escribía (febrero de 1985):

Intervenir la sociedad con la intención de moldearla in­volucra una responsabilidad bastante grande, una responsa­bilidad muy grave. Por tal razón, ¿qué justificaría la constitución de una nueva asociación política en Venezuela? ¿Qué la justificaría en cualquier parte? Una insuficiencia de los actores políticos tradicionales sería parte de la justificación si esos actores estuvieran incapacitados para cambiar lo que es necesario cambiar. Y que ésta es la situación de los actores políticos tradicio­nales es justamente la afirmación que hacemos. Y no es que descalifiquemos a los actores políticos tra­dicionales porque supongamos que en ellos se encuentre una mayor cantidad de malicia que lo que sería dado esperar en agrupaciones humanas normales. Los descalificamos porque nos hemos convencido de su in­capacidad de comprender los procesos políticos de un modo que no sea a través de conceptos y significados altamente inexactos. Los desautorizamos, entonces, porque nos hemos convencido de su incapacidad para diseñar cursos de acción que resuelvan problemas realmente cruciales. El espacio in­telectual de los actores políticos tradicionales ya no puede incluir ni siquiera referencia a lo que son los ver­daderos problemas de fondo, mucho menos resolverlos. Así lo revela el análisis de las proposiciones que surgen de los actores políticos tradicionales como supuestas soluciones a la crítica situación nacional, situación a la vez penosa y peligrosa. Pero junto con esa insuficiencia en la conceptualización de lo político debe anotarse un total divorcio entre lo que es el adiestramiento típico de los líderes políticos y lo que serían las capacidades necesarias para el manejo de los asuntos públicos. Por esto, no solamente se trata de enten­der la política de modo diferente, sino de permitir la emergencia de nuevos actores políticos que posean experien­cias y conocimientos distintos. Las organizaciones políticas que operan en el país no son canales que permitan la emergencia de los nuevos actores que se requieren. Por lo contrario, su dinámica ejerce un efecto deformante sobre la persona política, hasta el punto de imponerle una inercia conceptual, técnica y actitudinal que le hacen incompetente políticamente. Hasta ahora, por supuesto, el país no ha conocido opciones diferentes, pero, como bien sabemos, aún en esas condiciones los registros de opinión pública han detectado grandes desplazamientos en la valoración popular de los actores políticos tradicionales, la que es cada vez más negativa.

Además de lo que por la época hiciera Granier, quizás esas palabras, que él conocía, estuvieran en la mente de tu padre cuando escribió su deplorable artículo. No sé; hypotheses non fingo. Insisto, entonces añadía: “…el país no ha conocido opciones diferentes, pero, como bien sabemos, aún en esas condiciones los registros de opinión pública han detectado grandes desplazamientos en la valoración popular de los actores políticos tradicionales, la que es cada vez más negativa”. Tal estado de opinión era independiente de lo que gente como Granier o yo escribiéramos, aunque él influía mucho más que yo en esa opinión, en virtud de su poder comunicacional.

Lo que ahora me dices—“La crítica a los partidos fue más que merecida y sigue siéndolo”—es bien distinto de lo que escribiste, y sigue siendo verdad esto que puse: “Es realmente irónico que quienes fueron los principalísimos responsables de la llegada de Hugo Chávez Frías a Miraflores quieran cargar la culpa a los que se preocuparon de advertir a tiempo la necesidad de corrección, que pretendan pasar factura a Ibsen Martínez y RCTV por la transmisión de un registro de la realidad: la magnífica telenovela Por estas calles”.

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Para reivindicar a CAP

Para reivindicar a CAP

Mirtha Rivero, que yo sepa, no posee el don de infalibilidad cuando habla ex cathedra de política y costumbres. Todo su libro es un intento por reivindicar a Carlos Andrés Pérez; así lo admite tácitamente al publicarlo con prólogo de Alonso Moleiro, que certifica: “…comienza a emerger una corriente de pensamiento que aspira a restituir los méritos al primer Presidente reelecto por el voto popular en la historia venezolana. El volumen que tiene usted en sus manos no es el primero que apunta en esa dirección, pero seguramente es uno de sus intentos más acabados (…) un libro como La rebelión de los náufragos se entrega a la causa de la reivindicación…” Y en la Carta Semanal #350 de doctorpolítico (25 de septiembre de 2009) me ocupé de asentar: “La verdad es que los partidos venezolanos, especialmente Acción Democrática y COPEI, que alternaron en el poder suministrando seis personalidades para ejercer ocho presidencias entre 1959 y 1999, no necesitaron ayuda para deteriorarse ante la opinión pública, no necesitaban que Ibsen Martínez expusiera sus defectos en una telenovela que fue posible porque copió de la realidad política, a pesar de que recientemente él haya llegado a pensar que se le fue la mano y se sienta, sin motivo, culpable de la venida de Hugo Chávez por haber atizado la antipolítica”. (¿Necesito repetir que Por estas calles inició sus transmisiones cuatro meses después del 4F?)

Pero si la tomáramos como oráculo infalible, habría que admitir la verdad de lo siguiente:

La incorporación de Copei al gobierno [de Pérez] tampoco fue tarea fácil. Casi inmediatamente después del golpe se había planteado el tema, e inclusive a finales de febrero el ex presidente Luis Herrera Campins llegó a sugerirlo, pero en los copeyanos había demasiado rechazo a participar, y cuando por fin decidieron incorporarse al gobierno lo hicieron a regañadientes. Aunque Eduardo Fernández, como secretario general de su partido, afirmó ese día que el país estaba por encima de las diferencias, en la votación que hizo el Comité Nacional de Copei para decidir el asunto, casi todos los organismos funcionales votaron en contra, y muchos dirigentes hablaron muy mal del futuro de un gobierno “de unidad nacional”, como preferían llamarlo los socialcristianos en sus comunicados oficiales. (Pág. 263 de La rebelión de los náufragos).

No es de ahora la inclinación de tu padre hacia los gobiernos “de unidad nacional”.

Y también dice Rivero lo siguiente (pág. 261): “Eduardo Fernández reiteró su llamado a una Asamblea Constituyente…” La única vez que tu padre me hablara airadamente fue en el acto inaugural de la Fundación Venezuela Positiva (1995), en lo que fue el auditorio del Banco Consolidado; me reclamó muy molesto porque yo había resaltado que él se había sumado a la causa constituyente en declaraciones que diera en Valencia después de la intentona de Chávez y me dijo que tal cosa no era verdad. Claro, no le convenía que se ventilara tal contradicción de su habitual prédica contraria.

………

No me chupo el dedo, Pedro Pablo. Tengo motivos, históricos y biográficos, para suponer que tu padre cree que puede, y aspira con todo derecho como puse hace ocho días en Un reconocimiento mezquino—sobre reciente artículo suyo acerca de Caldera—a presidir un “gobierno de unidad nacional”, que es la “salida muy sencilla” que postulas en tu artículo. Lo vi muy satisfecho en reciente entrevista que le hiciera Pedro Penzini López por Globovisión, en la que precisamente eso fue claramente planteado sin negación del entrevistado. Fue algo muy diferente a su respuesta en la entrevista que mencioné al final, cuando contestó, según la nota de Noticias 24: “Al ser consultado sobre la posibilidad de poner a la orden su nombre para ser considerado un posible candidato a la presidencia, Fernández no dudó en responder: ‘Mi reacción inicial sería decir que no, pues no estoy seguro que mi nombre sirva’. No obstante, manifestó su disposición para promover el consenso”. [Negritas de Noticias 24; nótese lo de reacción “inicial”. Es decir, a lo mejor después diría que sí]. Una vez más, no hago hipótesis, pero sí puedo imaginar, porque no me chupo el dedo, que padre e hijo han hablado muchas veces de esa posibilidad. ¿Querrás negarlo?

No tiene nada que ver el “error” de la procedencia del correo que recibí (con tu artículo) mi reacción al mismo; habría sido idéntica si lo hubiera recibido de tu parte.

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La pregunta que pongo al cierre—¿No es Fernández el joven el director de una película que “domina el desenlace de la trama y escoge un final feliz” para él y su padre?está enteramente justificada; tú escribiste, refiriéndote a los que “ridiculizas” porque plantean “salidas muy sencillas” (no mucho más sencillas que “un gobierno de unidad nacional”): “Actúan como que fueran los directores de una película que dominan el desenlace de la trama y escogen el final feliz”. No he hecho otra cosa que aplicar a tu muy sencilla salida tu propia analogía. Me has reclamado así: “quiero que tu me digas en que parte del escrito yo sugiero algo que tenga que ver con EF”. No es necesario; hay algo que se llama subtexto: “El subtexto o matiz es el contenido de una obra que no se anuncia de manera expresa por los personajes (o por el autor), pero está ‘implícito’ o se convierte en algo comprensible para el observador a través del desarrollo de la misma. (…) El subtexto es el contenido que no se enuncia en un texto, pero que se expresa por medio del comportamiento del personaje a través, por ejemplo, del ocultamiento y los sobreentendidos”. (Wikipedia en Español).

Si me atreviera, como tú lo haces conmigo, a psicologizar tu reacción, diría que he metido el dedo en la llaga, que he tocado un punto sensible.

………

Rechazo de plano estas palabras: “Este artículo tuyo es una decepción. No porque te metas conmigo sin necesidad, sino por la falta de honestidad. Pones en boca mía cosas que no dije y presupones posiciones sin tener ningún elemento que confirme tus hipótesis. Leíste ese artículo desde una posición completamente prejuiciada”. Pues no, Pedro Pablo, leí tu artículo desde una posición suficientemente informada y puse en tu boca lo que tú mismo dijiste. ¿Tienes tú elementos que confirmen tu hipótesis de que era la intención de Granier “destruir a los partidos”? ¿Es que cuando se trata de tus propias conjeturas es obligatorio aceptarlas como verdades incontrovertibles? Atribuirme falta de honestidad es un irrespeto y una ofensa que no te admito. Espero que tengas el valor viril de retirar esa injusta acusación y ofrecerme tus disculpas. De lo contrario, me veré impelido a publicar nuestra correspondencia en mi blog, un espacio público. Tú verás.

Luis Enrique Alcalá

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En artículo posterior (Últimas Noticias, 15 de junio de 2016), Pedro Pablo Fernández escribe ya sin careta: “Apoyar e impulsar al gobierno para que profundice las medidas que viene tomando es lo mejor que podemos hacer en beneficio del país, del gobierno, y sobre todo, en beneficio de los que pretenden sucederlo, porque las medidas que no se tomen hoy se tendrán que tomar mañana a un costo político mayor”. ¿Querrá decir, por ejemplo, apoyar, impulsar y profundizar los CLAP?

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Incensurado

Actualizado al final con nuevo intercambio.

La edición de esta entrada

 

Hoy ha llegado a las 4:05 p. m. un comentario del Sr. Noé Barrera a Constituyente habemus. Se pone a continuación:

Entre letras, y espero equivocarme, asumo que sos chavista. En Venezuela y demás países social-comunistas no hay régimen de ley. Para Mi la posición de la mud de exigir elecciones prontas sintoniza mucho con el sentir popular; la oportunidad de dialogar ya pasó. Ahora me parece demasiado ingenuo aceptar los resultados del CNE por carecer de pruebas de fraude. Una América libérrima para todos

………

He procedido, después de publicarlo, a suprimirlo, aunque dándole el honor de esta entrada; no se permiten en este blog tratamientos irrespetuosos, ni contra mí ni contra terceros. Aun así, las palabras del Sr. Barrera se preservan para la posteridad (mientras pueda accederse a este blog).

Copio ahora lo que pensaba ponerle como contestación:

En el artículo que usted comenta no se discute el tipo de país que sería Venezuela ni el tema de lo que queda de ley; no se menciona el tema del diálogo, que para mí es acuerdo; no se acepta en ninguna forma los resultados del Consejo Nacional Electoral. Eso y el hecho de que carecemos de pruebas de fraude son cosas distintas.

Entre palabras, yo podría suponer (no “asumir, que en su sentido es anglicismo) que Ud. entiende la política venezolana como película en blanco y negro de superhéroes contra supervillanos (papeles cambiantes según quien la cuente). Yo podría suponer que o es argentino o es presuntuoso y confianzudo. Yo podría suponer que también es soberbio y narcisista, al escribir el posesivo “mi” con inicial mayúscula, como si viniera de majestades o divinidades.

Yo podría suponer que usted cree que puede haber elecciones con sólo exigirlas, cuando las que tenemos por delante son las regionales, en mora constitucional, y las municipales este año y las presidenciales el año que viene. La única forma de tener prontas elecciones presidenciales anticipadas es mediante mandato del Poder Supraconstitucional en referendo, uno que la Asamblea Nacional no quiso convocar aunque se le propuso. Esas elecciones no pueden ser negociadas en una mesa de acuerdos; eso sería inconstitucional, y sólo el Pueblo puede incurrir en inconstitucionalidad, y no en lo tocante a derechos humanos o el respeto que debemos a soberanías equivalentes a la nuestra.

No es que yo podría suponer que usted ignora quién soy; es que lo supongo. No creo tampoco que usted haya hecho ni la centésima parte de lo que yo sí en combate del chavismo-madurismo. Baste este inventario parcial que sólo alcanza hasta el 19 de agosto de 2004 (algo he hecho en los últimos trece años):

Pocos días después del 4 de febrero de 1992, el diario El Globo me publicaba artículo en el que asentaba contundentemente mi opinión de que la asonada de aquel día era un evidente abuso de parte de Hugo Chávez y sus secuaces de conjura. (El día 3 de febrero me había publicado asimismo, la víspera del golpe cuya preparación ignoraba, un artículo en el que por enésima vez exigía la renuncia de Carlos Andrés Pérez).

En 1994 escribí, a raíz del sobreseimiento de la causa de los prisioneros de Yare, que han debido cumplir, contra lo concedido por Rafael Caldera, la pena exacta que las leyes venezolanas preveían en materia de rebelión.

En desayuno al que fui invitado en plena campaña electoral de 1998 (en las oficinas de la agencia de publicidad J. Walter Thompson) dije al mismísimo Hugo Chávez, expositor de circunstancia, que el titular del derecho de rebelión es una mayoría de la comunidad, y no una logia de una decena de comandantes que sin ningún derecho juraran alzarse ante los restos de un decrépito y patriótico samán. En la misma ocasión le quise hacer entender que si insistía en glorificar su criminal aventura de 1992 no tenía ningún sentido establecer un diálogo al que me invitaba, tras mi declaración primera, en compañía de William Izarra.

El 19 de agosto de ese mismo año escribí, para el diario La Verdad de Maracaibo, un artículo en el que se estableció, por primera vez de modo público, una comparación entre la figura de Chávez Frías y la de Adolfo Hitler.

En enero de 1999, ya electo Chávez, me permití decir en voz tan alta que llegó a todo el auditorio, y en su presencia a distancia de dos metros, que estaba completamente equivocado en su concepto constituyente, en acto convocado en La Viñeta.

Durante todo el transcurso de su desgobierno, por escrito, por radio, por televisión, he hecho explícita mi consistente oposición a sus ideas y sus métodos. El 25 de febrero de 2002, por citar un solo caso, propusimos un procedimiento para abolir su régimen en conocido programa matutino televisado.

En síntesis, no me gusta el animal político que es Chávez, como tampoco simpatizo con su simple personalidad, porque rechazo el abuso y la idea de que alguien se crea con derecho a imponer su inconsulta voluntad a todo un pueblo.

(El 17 de diciembre del año pasado adapté el procedimiento de abolición al caso del presidente Maduro).

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Un Mundo libérrimo para todos, Sr. Barrera; no ponga usted nada que se parezca a su nombre. El Poder Constituyente Originario del Estado de la Tierra es la población toda del mundo. LEA

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Actualización: se ha producido entre el Sr. Barrera y el suscrito un intercambio que se transfiere de seguidas.

Sr. Barrera: es norma de mi blog no publicar comentarios irrespetuosos en contra de nadie, incluyéndome. Había publicado sus letras para contestarlo en ese espacio, pero decidí llevarlo a primera página, donde se lee en Incensado. Como comentario queda suprimido.

Directamente

Luis Enrique Alcalá

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Entiendo, en mi contexto tambien es de mal gusto que te tilden de sandinista. No te tomes tan en serio, pero tacitamente haces lobby chavista. Es mi opinion.

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Ud. no me conoce, y no tiene la menor base para asentar esa opinión, que además es falsa. Esto (en Manda Su Majestad, 17 de diciembre de 2016) no es hacer lobby chavista:

Nosotros podemos mandar, como Soberano que somos, directamente desde nuestro Poder Supremo, sin la mediación de algún poder constituido o la regulación legal o reglamentaria. Podemos mandar como Corona y punto. No necesitamos una consulta previa que nos pregunte si queremos mandar. He aquí nuestros mandatos, contenidos en un Acta de Abolición del gobierno presidido por Maduro y su necesario Estatuto de Transición:

ACTA DE ABOLICIÓN

Nosotros, la mayoría del Pueblo de Venezuela, Soberano, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario, considerando

Que es derecho, deber y poder del Pueblo abolir un gobierno contrario a los fines de la prosperidad y la paz de la Nación cuando este gobierno se ha manifestado renuente a la rectificación de manera contumaz,

Que el gobierno presidido por el ciudadano Nicolás Maduro Moros se ha mostrado evidentemente contrario a tales fines, al enemistar entre sí a los venezolanos, incitar a la reducción violenta de la disidencia, destruir la economía, desnaturalizar la función militar, establecer asociaciones inconvenientes a la República, emplear recursos públicos para sus propios fines, insultar, amedrentar y amenazar a ciudadanos e instituciones, desconocer la autonomía de los poderes públicos e instigar a su desacato, promover persistentemente la violación de los derechos humanos, impedir la manifestación y el ejercicio de la voluntad popular, encarcelar personas arbitraria e injustamente, así como violar de otras maneras y de modo reiterado la Constitución de la República e imponer su voluntad individual de modo absoluto,

Por este Acto declaramos plenamente abolido el gobierno presidido por el susodicho ciudadano, ordenamos a la Fuerza Armada Nacional que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República y decretamos el siguiente

ESTATUTO DE TRANSICIÓN

Cláusula Primera. A la cesación del mandato del ciudadano Nicolás Maduro Moros, el Consejo Nacional Electoral procederá a organizar una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los noventa días consecutivos siguientes para completar lo que resta de período constitucional. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional, quien no podrá postularse en esa elección.

Cláusula Segunda. El ciudadano así investido no podrá postularse en las elecciones presidenciales que sucederán al término del período.

Cláusula Tercera. El Presidente de la República elegido según lo dispuesto en la Cláusula Primera procederá a restablecer plenamente la libertad de opinión y prensa y resarcir a sus antiguos dueños los medios de comunicación confiscados.

Como queda claro, el Pueblo manda de esa manera a la Fuerza Armada Nacional, al Consejo Nacional Electoral y al propio nuevo Presidente de la República; tiene poder suficientísimo para emitir esas órdenes, así como para pautar un procedimiento especial que regule el curso institucional posterior a la abolición del régimen.

Para seguir en las suposiciones, yo podría suponer que usted no es suficientemente caballero como para reconocer su error ni ofrecer sus debidas disculpas.

Luis Enrique Alcalá

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El heraldo de la conspiración

La bendición de un golpe de Estado, 5 de marzo de 2002

 

Durante los años de la dominación chavista, la voz y la pluma de Ugalde han pronunciado y escrito agudas advertencias. Se le tiene por una de las cabezas más autorizadas y coherentes de la oposición al régimen de Hugo Chávez. En ocasiones, sin embargo, se ha reunido mal. El martes 5 de marzo de 2002 andaba en mala compañía.

Las élites culposas

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Luis Ugalde S. J. ha vuelto a las andadas. Hace quince años bendecía, en la Quinta La Esmeralda de la popular y populosa barriada de Campo Alegre, la coincidencia de las agendas de Fedecámaras y la Confederación de Trabajadores de Venezuela ante el gobierno de Hugo Chávez, crecientemente repudiado por entonces:

La imagen más penetrante de la reunión de La Esmeralda, ese 5 de marzo, es la de Ugalde en medio de Pedro Carmona Estanga y Carlos Ortega, a quienes había tomado de las muñecas para elevar sus brazos como si se tratara de héroes deportivos que hubieran quedado tablas en un encuentro. Ugalde había asistido al sonado evento “en representación de la Conferencia Episcopal Venezolana” y en señal del beneplácito de ésta por el acuerdo al que habían arribado Fedecámaras y la Confederación de Trabajadores de Venezuela, sobre cómo gobernar a la República una vez que el gobierno de Chávez hubiera cesado. Un mes y siete días más tarde caía ese gobierno, y Carmona Estanga, uno de los protagonistas en la función de La Esmeralda, asumía por pocas horas la dirección del Poder Ejecutivo Nacional. El sentido de la reunión del 5 de marzo era el de impresionar a la Nación, con el anuncio de que el fin del gobierno de Chávez era inminente. El Arzobispado de Pamplona registraba, en su resumen diario de prensa del 7 de marzo de 2002, una nota de esa misma fecha de El País de Madrid, que ponía: “Sindicalistas, empresarios y eclesiásticos de Venezuela firmaron un pacto democrático de emergencia, cuyo objetivo es la superación de la pobreza, para que lo aplique un Gobierno de transición, sin el presidente Hugo Chávez… El presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), Carlos Ortega, el presidente de la organización gremial de la patronal venezolana Fedecámaras, Pedro Carmona, y el rector de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), el padre jesuita Luis Ugalde, en representación de la Conferencia Episcopal Venezolana, firmaron el martes el pacto democrático contra Chávez”. También reportaba el periódico madrileño palabras de Carlos Ortega, pronunciadas en el acto reseñado: “El acuerdo es para crear un clima de diálogo para un gobierno de transición. No estamos pidiendo cacao, ni tirando un salvavidas al Ejecutivo”. La nota cerraba refiriendo lo dicho por quien presidiría al mes siguiente un brevísimo gobierno de treinta y seis horas: “Para el presidente de la patronal, Pedro Carmona, la propuesta tiene carácter permanente y puede servir perfectamente para un nuevo Gobierno”. La reunión de La Esmeralda formaba parte de la agenda de una conspiración. (Las élites culposas).

Dos días antes del publicitado evento, Rafael Poleo me había solicitado un artículo para la Revista Zeta, en el que debía explicar el “tratamiento de abolición” que expuse en Televén el 25 de febrero de 2002 (mes y medio antes del Carmonazo), luego de interesarse en él por la lectura de una nota de Marta Colomina de ese mismo día (3 de marzo) que recomendaba se apoyara mi planteamiento. (En el programa Triángulo que dirigía Carlos Fernandes, había insistido en la definición del derecho de rebelión en la Declaración de Derechos de Virginia, que establece como único titular de tal derecho a “una mayoría de la comunidad”). Escribí lo solicitado por Poleo ese mismo día, diciendo:

…el sujeto del derecho de rebelión, como lo establece el documento virginiano, es la mayoría de la comunidad. No es ése un derecho que repose en Pedro Carmona Estanga, el cardenal Velasco, Carlos Ortega, Lucas Rincón o un grupo de comandantes que juran prepotencias ante los despojos de un noble y decrépito samán. No es derecho de las iglesias, las ONG, los medios de comunicación o de ninguna institución, por más meritoria o gloriosa que pudiese ser su trayectoria. Es sólo la mayoría de la comunidad la que tiene todo el derecho de abolir un gobierno que no le convenga. El esgrimir el derecho de rebelión como justificación de golpe de Estado equivaldría a cohonestar el abuso de poder de Chávez, Arias Cárdenas, Cabello, Visconti y demás golpistas de nuestra historia, y esta gente lo que necesita es una lección de democracia.

Luego de la cita en La Esmeralda, llamé al editor para ofrecerle un segundo artículo sobre el tema, pero Poleo lo rechazó: “explicó con paciencia de adulto al ingenuo niño que yo era que lo que iba a pasar era que ‘los factores reales de poder en Venezuela’ depondrían a Chávez y luego darían ‘un maquillaje constitucional` a un golpe de Estado”. (Las élites culposas).

………

El sábado 10 de diciembre de 2016, Ugalde puso en venta su recomendación de encontrar un “Larrazábal II” en un foro de la Fundación Espacio Abierto, dirigida por Luis Manuel Esculpi*: Larrazábal II, dijo Ugalde, tomaría “la responsabilidad del Ejecutivo nacional y la Presidencia y proclamaría ante el país un gobierno de transición y de unidad nacional”. (Especial Noticiero Digital, 12 de diciembre de 2016). Ahora (19 de junio) ha escrito El Gobierno de Transición, artículo publicado por Notiespartano y reproducido en El Universal. Así comienza:

Todo gobierno medianamente democrático si llega a una deslegitimación y fracaso parecidos a los de Maduro, renuncia y convoca a elecciones. La Constitución venezolana para situaciones similares prevé el referendo para revocar al Presidente antes de su término. Maduro tramposamente lo impidió; luego anuló la Asamblea Nacional y aplazó las elecciones regionales; ahora pretende eliminar la Constitución con una “constituyente” no convocada por el único que lo puede hacer, el pueblo.

Dos inexactitudes de entrada: 1. la anulación de la Asamblea precedió a la paralización del esfuerzo revocatorio, no fue “luego” de éste; 2. el Presidente de la República puede convocar a constituyente según establece el artículo 348 de la Constitución. (Ver ¿Preguntas sin respuestas?).

Más adelante expone: “Urge hablar públicamente para madurar un gobierno de transición saliendo del actual Ejecutivo deslegitimado. Sería un grave error pensar en elecciones inmediatas”. Esto es, el gobierno transicional que avizora, al no provenir de la voluntad electoral del Pueblo tendría que ser establecido mediante un golpe de Estado. Elecciones para después, según prescribe: “El gobierno de transición debe fijar fecha de elecciones libres antes de un año, con condiciones democráticas y transparencia. (…) Sin dejar la actual protesta de calle (acción decisiva para desbloquear los caminos constitucionales) debemos simultáneamente empezar a formar un gobierno de transición con hombres y mujeres de diversa procedencia pero unidos con claridad programática y  decididos a no prolongarse en el poder más allá de los meses de transición emergente. Un Gobierno de Transición, con todas las de la ley, con una Fuerza Armada decididamente democrática y defensora de la Constitución. Basarnos en la Constitución y en lo que nos queda de instituciones legítimas; en primer lugar la Asamblea Nacional en alianza con el pueblo sufriente alzado y con la Fiscal convertida en defensora de la democracia y unidos en el rescate del CNE y TSJ. La Fuerza Armada está obligada e invitada a asumir su responsabilidad constitucional y democrática en la difícil reconstrucción del país, con lo que recuperará los perdidos reconocimiento y afecto del pueblo”.

En suma, una nueva conspiración, una negociación de los que Rafael Poleo llamaba “los factores reales de poder” en la que el Pueblo no participaría; la democracia es para más tarde (“Sería un grave error pensar en elecciones inmediatas”). Y, por supuesto, nada de eso es basarse “en la Constitución y en lo que nos queda de instituciones legítimas”. Esas cosas, dichas por quien viste sotanas y clergymen, llevan para mentes desprevenidas su garantía personal en su carácter de hombre de Iglesia; como en La Esmeralda, certifican la “corrección moral” de la receta, puesto que es sacerdote y debe ser gente santa. Ugalde sabe cosas, y debe saber bastante de los preparativos y los protagonistas de un complot en la misma dirección en la que apunta. Como en La Esmeralda, sus insistentes llamados parecen formar parte de “la agenda de una conspiración”.

Y no es que la tenga cogida con Ugalde, mi compañero de pupitre en la Escuela de Sociología de la Universidad Católica Andrés Bello, allá por 1964. (Me mueve, eso sí, lo dicho por un sacerdote jesuita verdaderamente grande, Pierre Teilhard de Chardin: “Si no escribiera sería un traidor”). Los mismos argumentos que esgrimí en la Revista Zeta los opuse ante Jorge Olavarría, quien me escribiera el 31 de diciembre del trágico año de 2002: “Luis: te mando el artículo que hoy publico en El Nacional. Por favor, no seas muy severo. Un abrazo. JO”. El artículo en cuestión se llamaba “¿Por qué los militares no sacan a Chávez?”, y en él decía Olavarría que deponer a Chávez militarmente no podía ser tenido por acción subversiva y recomendaba un gobierno militar de transición. A este otro amigo le contesté:

Gracias, Jorge, por el envío, y mis deseos por un Feliz Año para ti y los tuyos.

 No tengo otra severidad que reiterar lo que para mí es un principio clarísimo: que el sujeto del derecho de rebelión es una mayoría de la comunidad. En esto estoy con la Declaración de Derechos de Virginia respecto de un gobierno contrario a los propósitos del beneficio común, la protección y la seguridad del pueblo, la nación o la comunidad: “…a majority of the community hath an indubitable, inalienable, and indefeasible right to reform, alter, or abolish it…” (…) Si se aceptase algo distinto, la validez de la intentona de febrero de 1992, por referirse sólo a un ejemplo, estaría abierta a discusión. Niego esa posibilidad. La aventura de Chávez et al. es un claro abuso de poder, sobre todo cuando la mayoría de la población rechazaba, sí, el infecto gobierno de Pérez, pero rechazaba también el expediente de un golpe de Estado.

 Es por esto que el proyecto de Acta de Abolición que conoces ofrece la única justificación posible al desacato militar: “Nosotros, la mayoría del Pueblo Soberano de Venezuela, en nuestro carácter de Poder Constituyente Originario… mandamos a la Fuerza Armada Nacional a que desconozca su mando y que garantice el abandono por el mismo de toda función o privilegio atribuido a la Presidencia de la República…” (…) Si tenemos, Jorge, la posibilidad real de dictar la abolición desde el piso civil, desde la única legitimidad de la mayoría del pueblo, no debemos admitir que el estamento militar se rebele por su cuenta y riesgo.

 Admito que este planteamiento se ha limitado estrictamente a una consideración de principios. Los aspectos prácticos del asunto constituyen, naturalmente, discusión aparte.

Acá se ha expuesto cómo puede resolverse el problema del gobierno de Nicolás Maduro desde la voluntad del Pueblo, quien debe estar al inicio y no al final de la fase de transición: el 22 de octubre de 2016 en Prontas elecciones, y el 17 de diciembre en Manda Su Majestad (donde se adapta el acta de abolición, pensada en 2002 frente al problema de Chávez, a la actual circunstancia madurista). No sé si Luis Ugalde me ha leído, pero antes se ha dicho que mis prescripciones “no forman parte de la dinámica de la política real”. Hay quienes prefieren—por razones prácticas, naturalmente—las cosas mal hechas. LEA

………

*Luis Manuel Esculpi abandonó el Movimiento Al Socialismo para fundar Izquierda Democrática y luego el partido Unión con Francisco Arias Cárdenas. Después de las elecciones de 2000, regresó a Izquierda Democrática para finalmente incorporarse junto con la dirección nacional de este partido a Un Nuevo Tiempo a comienzos de 2007.

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Error de especialista vs. tino de lego

Se puede regular hasta el error

 

derogar Del lat. derogāre. 1. tr. Dejar sin efecto una norma vigente.

Diccionario de la Lengua Española

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En el submundo de Twitter suelen suscitarse debates políticos, y uno que pareció establecerse entre un caballero José González, quien parece ser abogado, y el suscrito pudiera haberse desinflado bastante. En varios tuits del 28 de mayo me puso:

“@doctorpolitico argumenta que el Presidente sí puede convocar ANC sin referendo”, “Son polémicas q surgen por lamentables tesis de existencia de poder constituyente originario recogidas en Constitución 1999”, “Yo respeto su opinión y siempre defiendo la valentía con la cual la expone pero en este caso difiero radicalmente”, “Lo q llaman ‘poder constituyente originario’ no es omnipotente. Está severamente limitado por el Do. Internacional Público”, “Una ANC ‘originaria’ no puede restablecer la esclavitud, suprimir la autonomía e independencia del poder judicial, etc”.

A mi vez contesté:

“La doctrina del Pueblo como Poder Constituyente Originario es la base de la democracia, y no tiene nada de lamentable”, “Nunca he afirmado su omnipotencia. Está limitado por DDHH y tratados con soberanías equivalentes”, “No hay asambleas constituyentes originarias, y no debatiré con Ud. en ráfagas de 140 caracteres”.

Entonces lo invité al espacio de este blog, que es bastante amplio, para discutir apropiadamente el importante tema. Pero pareció, como dije, desinflarse la inminente e irrealizada diatriba; el mismo Dr. González puso luego: “Dado que en eso estamos de acuerdo, no hay nada que debatir. Mis respetos”. También prometió enviar unas notas que no me han llegado, pero seis días después volvió a mencionarme: “Aunque no creo en utilidad del debate jurídico en esta situación, me gustaría ver q @doctorpolitico invitara a @monacomiguel para contrastar”. Y es que el sábado pasado el Dr. Miguel Mónaco, Doctor en Derecho, Director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UCAB y profesor de Derecho Administrativo, había estado en el programa que precede inmediatamente a Dr. Político en RCR, y habiendo llegado yo con antelación a la emisora pude escuchar algunos conceptos que emitió con los que estuve francamente en desacuerdo, al punto que me referí a uno en particular que me pareció totalmente erróneo. (Luego dije a José González traviesamente: “Ud. no tiene ‘la iniciativa de invitar’ a mi programa, pero diga al Dr. Mónaco que sería bienvenido. O Ud., o Raffalli…” “…o Brewer, o la fiscal Ortega, o el Decano de Derecho de la UCV o la Ucab”. Él comunicó a Mónaco copiándole de mi respuesta: “El @doctorpolitico ha tenido la gentileza profesor @monacomiguel. Cordial saludo a ambos”. Entonces el Dr. Mónaco decidió seguirme en Twitter y yo correspondí de igual modo. Hasta allí el intercambio.

Tengo los registros de audio de lo que me pareció equivocadísmo en el Dr. Mónaco y mi comentario posterior (y no soy abogado). Acá los pongo en sucesión:

Mónaco
Alcalá

Creo que sin ser especialista (sólo un diletante) me asiste la razón cuando afirmo que ningún poder constituido puede “dejar sin efecto” la Constitución, no puede derogar la constitución que lo ha creado. El 22 de octubre del año pasado propuse un procedimiento, enteramente compatible con nuestra constitucionalidad, para obtener elecciones presidenciales inmediatas de la voluntad del Poder Constituyente Originario (Prontas elecciones). En la primera de dos actualizaciones, anticipaba un posible intento del Tribunal Supremo de Justicia por impedir que tal procedimiento fuera aplicado; así dije: “¿Podría el laboratorio de guerra bacteriológica oficialista diseñar un nuevo antibiótico que actúe diferentemente? Seguramente buscará desarrollar otro, pero le será muy difícil. El que logren inventar atacaría también a la propia base de su existencia: ‘El desconocimiento de esa doctrina fundamental del acervo constitucional venezolano equivaldría a pulverizar las bases jurídicas del régimen público nacional’. Para matar tiene que suicidarse”. Esa doctrina crucial es ésta:

…que el Pueblo, en su carácter de Poder Constituyente Originario, era un poder supraconstitucional, puesto que es la Constitución la que emana del Pueblo, y no a la inversa. No fue que la Corte instituyese o estableciese esa supraconstitucionalidad. Lo que la Corte hizo fue reconocerle al Pueblo ése su carácter originario y supremo. Y es por tal razón que la Corte asentó la doctrina de que, en ese carácter, el Pueblo no está limitado por la Constitución, la que sólo limita al poder constituido…

Cuatro meses y seis días antes de que la Corte Suprema de Justicia estableciera esa doctrina (el 19 de enero de 1999), este aficionado al Derecho había asentado en artículo (Contratesis, 13 de septiembre de 1998) para La Verdad de Maracaibo:

La constituyente tiene poderes absolutos, tesis de Chávez Frías y sus teóricos. Falso. Una asamblea, convención o congreso constituyente no es lo mismo que el Poder Constituyente. Nosotros, los ciudadanos, los Electores, somos el Poder Constituyente. Somos nosotros quienes tenemos poderes absolutos y no los perdemos ni siquiera cuando estén reunidos en asamblea nuestros “apoderados constituyentes”. Nosotros, por una parte, conferiremos poderes claramente especificados a un cuerpo que debe traernos un nuevo texto constitucional. Mientras no lo hagan la Constitución de 1961 continuará vigente, en su especificación arquitectónica del Estado venezolano y en su enumeración de deberes y derechos ciudadanos. Y no renunciaremos a derechos políticos establecidos en 1961. Uno de los más fundamentales es, precisamente, que cuando una modificación profunda del régimen constitucional sea propuesta, no entrará en vigencia hasta que nosotros no la aprobemos en referéndum.

Hay veces cuando el lego puede enmendar la plana del letrado. LEA

………

 

Actualización: En el espacio de Twitter se dio un intercambio polémico entre el Dr. Mónaco y yo que transcribo de seguidas:

Alcalá: Gracias por seguirme. Vengo poco a Twitter. Me ocupo más de mi blog: doctorpolitico.com. En RCR sábados a las 12.

Mónaco: Lo conocí hoy saliendo del programa con Paola Bautista. Estamos en contacto. Un gusto

A: Igualmente. Si fuera de su interés participar en mi programa de los sábados a las 12 m. en RCR, pudiera dejarme saber cuándo estaría disponible y un teléfono al cual pudiera llamársele desde el estudio. Por este medio de mensajes privados de Twitter no lo vería sino yo. Saludos

M: Apreciado Luis, para mi seria un gusto y un honor participar en su programa. Puedo este sábado si así lo desea. Si quiere puedo asistir o si prefiere por teléfono también puede ser. Como usted prefiera. Mi numero de celular es XXXXXXXXX. Avísame cualquier cosa. Muchos saludos y gracias por la invitación. Muchas gracias por su artículo además, le voy a mandar una respuesta respetuosa por el Twiter sobre la cual podemos conversar el sábado. Lo felicito por tener un programa donde se debata estos temas

A: Puede responder a la entrada del blog al pie de ella misma, y tendrá más espacio. Y no creo que yo respondo a “algo distinto”, sino a sus propias palabras, como consta del audio. Pudiera ser que Ud. hubiera querido significar otra cosa, pero lo que dijo es que los poderes constituidos pueden derogar la Constitución. Le avisaré si puedo alojar su participación, física o telefónica, el próximo sábado.

M: Primero, gracias nuevamente por el debate. Un gusto. Escuche dos veces la grabación y dije lo contrario, y es que el 333 fue establecido para cuando se intente derogar a la constitución por medios distintos a los que ella establece, y señale como ejemplos precisamente de esos medios distintos al Presidente o la Asamblea Nacional. Sólo el poder constituyente puede convocar a una ANC y derogar a la constitución, no los poderes constituidos. Hay una conferencia mía que puede revisar sobre ese punto en YouTube, y la puede buscar por Eventos Ucab. Y como le sea mejor mi participación, cuente con ella

A: Como dije le avisaré, y también dije que no respondo a algo distinto, como Ud. afirma. Sus palabras están grabadas; es más, tengo grabado todo el programa y hay en él varios otros puntos que me parecen equivocados. Lo que comenté el sábado es sólo lo que me pareció más grave.

M: Encantado entonces de debatirlo, y volverlo a explicar. Lo que dije lo mantengo y esta grabado también en el programa de YouTube que le indico. Avíseme cualquier cosa. Saludos

A: Ud. habrá querido decir, seguramente, otra cosa, pero derogar es dejar sin efecto algo; en este caso, la Constitución. Puede ser que un poder constituido desconozca la Constitución, pero no “puede” (el término que Ud. empleó) derogarla. (La propia Sala Constitucional ha ido más allá de desconocerla; la ha mutilado. Vea en mi blog Violación denunciada). Más aún, pudiera “derogarla” un gobierno de facto; no se necesita ser un poder constituido para hacerlo. No sé qué dijo Ud. en la conferencia montada en YouTube; la evidencia que he comentado es lo que dijo en RCR. Cuando se produzca su participación, por otra parte, discutiré también otros puntos, por ejemplo lo relativo a la capacidad presidencial de convocar constituyentes. En este momento debo atender otras tareas. Hasta un próximo contacto.

M: Mantengo lo que dije sobre la interpretación tal cual del 333. La interpretación que usted realiza conduce a que no existiera supuesto de aplicación de la prohibición de derogatoria por medios distintos. Eso lo converso con usted con gusto en su programa o fuera de el. Y me refiero a que mantengo a lo que dije en RCR

A: Yo no interpreto el artículo, Dr. Mónaco; me he limitado a escuchar sus palabras. En ningún caso puede Ud. deducir de lo que he afirmado—que sólo el Pueblo puede derogar una constitución al aprobar una nueva—que tal cosa conduzca a “que no existiera supuesto de aplicación de la prohibición de derogatoria por medios distintos”. No soy responsable de que haya ofrecido Ud. una explicación defectuosa de lo que quiso decir. Y le dije que debía atender otras tareas.

M: Mi querido Luis, quien puede juzgar si fue defectuosa o no serán los oyentes o cualquier tercero que invitemos para reunirnos. Mi argumento cumple perfectamente con las técnicas de interpretación hermenéutica, pero usted también me dirá con razón que eso solo lo puede afirmar la audiencia o un tercero. Así que siempre es un gusto para mi el debate de estos temas, por lo que cuente usted con mi participación o reunión cuando esté a su disposición

A: Dr. Mónaco: 1. no necesita repetirme a cada rato lo de su participación o una reunión; 2. que su explicación fue defectuosa no es un asunto de jueces, sean ellos oyentes o un tercero; ellos también podrían equivocarse. La veracidad de una afirmación sólo depende de su relación con los hechos—“La proposición ‘la nieve es blanca’ es verdadera si y sólo si la nieve es blanca”. Alfred Tarski: Noción semántica de verdad—y es un hecho que Ud. afirmó que sólo los poderes constituidos podían derogar la Constitución. Yo afirmo que no pueden; podrán violarla o desconocerla, pero nunca derogarla. Acá puede causar problemas técnico-hermenéuticos el sentido del término “puede”. Por ejemplo, en el programa Ud. opinó que el Presidente de la República no “puede” convocar directamente a constituyente, y mi opinión es contraria como “puede” constatar en el audio de mi programa del sábado pasado, poco después de que nos saludáramos fugazmente. (No siento que eso me autorice a llamarle “mi querido Miguel”). Asimismo está registrada mi opinión sobre ese punto en ¿Preguntas sin respuestas? También afirmó Ud. en el trozo reproducido en mi blog que el 333 está referido “para una situación parecida a la que estamos, en la cual el Presidente de la República toma la decisión de que la Constitución debe derogarse”. El producto de una constituyente, pensada para redactar una nueva constitución que, en cualquier caso no entra en vigencia hasta que el Pueblo la apruebe en expreso referendo, es el único “medio previsto” en la vigente para derogarla. Por eso no es una convocatoria a constituyente “otro medio distinto al previsto en ella”, que es aquello a lo que el 333 se refiere. En nada se parece la situación actual a lo que niega el 333. Y como está visto que podemos debatir por este medio, tal vez no haga falta su comparecencia ni física ni telefónica en mi programa. Lo único que le faltaría serían los “jueces”, y éstos son muy fáciles de obtener entre los lectores de mi blog, al que vuelvo a invitarle para que inserte los comentarios de la longitud que requiera para argumentar en la entrada correspondiente (Error de especialista vs. tino de lego). ¿Sería eso aceptable a las técnicas de interpretación hermenéutica? Buenas noches.

M: Pues creo respetuosamente que esta equivocado, y también entiendo que no desee que en su programa exponga los argumentos que refutan los suyos. Creo que el derecho a replica aplicaría, pero no pienso ejercerlo si usted no me desea invitar para que yo haga la demostración de lo que señaló. No obstante lo anterior, aplaudo programas como el suyo que tocan temas tan importantes por los que con gusto lo escuchare cada vez que pueda y lo seguiré siempre por vía del Twiter. Siga usted impulsando estudio de estos temas. Muchos saludos

A: Ud. hace hipótesis sin base, Dr. Mónaco, lo que es un procedimiento poco aconsejable en la búsqueda de la verdad. Ud. no tiene acceso a mis estados mentales, y por tanto desconoce por entero lo que puedan ser mis deseos. Su derecho a réplica lo he garantizado, además, reiteradamente en el espacio de mi blog, donde mañana publicaré este intercambio por completo. Fui yo quien le hablara inicialmente de participar en mi programa, sabiendo perfectamente que sostenemos puntos de vista distintos, y no creo que ningún argumento suyo podría refutar los míos, puesto que existe la evidencia de lo que Ud. dijo el sábado pasado. El último mensaje que ha enviado es muy impertinente. Creo, por último, que es hipócrita escribir “mi querido Luis” y “respetuosamente”, o instruirme con superioridad que siga “impulsando estudio de estos temas”, cuando se atreve a suponer que tengo miedo a ser refutado por Ud. No lo tengo; le espero en la arena del blog, pero Ud. no irá a mi programa por otra razón: porque no quiero disminuir la calidad a la que están acostumbrados mis oyentes. Ud. decide si acepta mi directo y abierto desafío.

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Hasta ahora, 6 de junio a las 9:09 a. m., no hay comentarios del Dr. Mónaco a esta entrada. Vale

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