Cadenas de libertad

Actualizado al final con un video recomendado por Leonardo Durán.

Una cadena de bloques que libera

 

El mundo sólo necesita ser 1% mejor (o incluso una décima de por ciento mejor) cada día para acumular civilización. En tanto creemos 1% más de lo que destruimos cada año, tendremos progreso. Este incremento neto es tan pequeño que es casi imperceptible, especialmente ante el 49% de muerte y destrucción que nos afronta. Sin embargo, este minúsculo, delgado y tímido diferencial genera progreso.

Kevin Kelly – That We Will Embrace the Reality of Progress

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(El siguiente video, de muy buena calidad visual, tiene títulos en español que pueden ser activados mediante el icono de configuración, abajo a la derecha (rueda de engranaje justo a la izquierda del logotipo de YouTube).

 

Como argumentan los participantes del video precedente, el desarrollo tecnológico nombrado blockchain es bastante más que el 1% de progreso de Kevin Kelly, es una revolución de efectos actuales y potenciales diversos y profundos. El interés de este blog se centra, naturalmente, en el uso y consecuencias políticas de este poderoso desarrollo.

El concepto original lo debemos a Satoshi Nakamoto—un seudónimo que pudiera representar una persona o un grupo de colegas, como el Nicolas Bourbaki de las matemáticas francesas—, quien dio a conocer en 2008 la primera base de datos blockchain al introducir la primera de las criptomonedas en el mundo: bitcoin. Actualmente hay más de mil criptomonedas, de las que una decena ha logrado aceptación considerable (Dash, por ejemplo, con importante actividad en Venezuela).

La tecnología posibilita un enorme libro diario de contabilidad, en el que se asienta las transacciones entre miembros de una multitud que la emplea; se caracteriza por carecer de autoridad central—el proceso es enteramente desagregado—y por la seguridad de los registros protegidos por criptografía de primer nivel, puesto que cada nuevo asiento o bloque tiene una referencia a uno previo y la secuencia es inmodificable, a menos que la comunidad de sus usuarios conspire para permitirlo. Estas características hacen que la tecnología pueda ser aplicada a los sistemas de votación electrónicos, los que ya no dependerían de una autoridad central al estilo de nuestro Consejo Nacional Electoral; soluciones como la de Smartmatic han entrado súbitamente en irreversible obsolescencia.

Una cadena de bloques es una lista continuamente creciente de registros, llamados bloques, que están ligados y asegurados con el uso de criptografía. Cada bloque contiene típicamente un señalador (hash) que lo enlaza a un bloque previo, una marca temporal y los datos de una transacción. Por diseño, las cadenas de bloques son inherentemente resistentes a la modificación de los datos. Funcionalmente, una cadena de bloques puede servir como “un libro diario abierto que puede registrar transacciones entre dos partes eficientemente y de modo verificable y permanente”. Para su uso como libro diario distribuido, una cadena de bloques es comúnmente administrada por una red de igual a igual que se adhiere colectivamente a un protocolo para la validación de nuevos bloques. Una vez registrados, los datos en cualquier bloque dado no pueden ser retroactivamente alterados sin la alteración de todos los bloques subsiguientes y la colusión de la mayoría de la red. (Wikipedia).

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Algo así se veía venir:

La época que nos ha tocado en suerte contiene las más asombrosas posibilidades. Si todavía la dimensión de ciertos problemas parece abrumadora, también es cierto que las más recientes rupturas tecnológicas—principalmente en las tecnologías de computación, de comunicaciones y de bioingeniería—permiten avizorar nuevas y más eficaces soluciones. En particular, el horizonte tecnológico de lo democrático se ha expandido, y el actual nivel de participación popular en la formación de las decisiones públicas es muy inferior al que es tecnológicamente posible. (Proyecto SPV, 8 de febrero de 1985).

Treinta años más tarde podía decirse:

Las ideologías han perdido su poder de producir soluciones. El registro de la Organización Internacional del Trabajo hace tiempo que superó el millón de oficios diferentes en el mundo. ¿Cómo puede un partido representar en la única categoría de trabajadores una riqueza así, una complejidad de esa escala? Ya no vivimos la Revolución Industrial, cuando toda ideología se inventara; ahora vivimos la de la Internet, la telefonía móvil, las tabletas, las interacciones instantáneas, las enciclopedias democráticas, las apps. La de la biogenética, la cirugía mínimamente invasiva, la posibilidad de introducir al planeta especies vegetales o animales nuevas. La de una sonda espacial posada sobre un cometa, la comprobación experimental de la partícula de Dios o Bosón de Higgs, la fotografía cada vez más extensa y detallada de los componentes del cosmos, la materia oscura, la geometría fractal y las ciencias de la complejidad. La de la explosión de la diversidad cultural, la del referendo, del escrutinio inmisericorde de la privacidad de los políticos y el espionaje universal. La del hiperterrorismo, las agitaciones políticas a escala subcontinental, el cambio climático. Nada de esta incompleta enumeración cabe en una ideología, en la cabeza de Stuart Mill, Marx, Bernstein o León XIII. Cualquier ideología—la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea—es un envoltorio conceptual enteramente incapaz de contener ese enorme despliegue de factores novísimos y revolucionarios. Ésta es una revolución de revoluciones. (El medio es el medio, 29 de abril de 2015).

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Un nuevo actor

De algún modo, el chavismo se abrió tempranamente a estas posibilidades; en febrero de 2001 decretaba Hugo Chávez la Ley de Mensajes de Datos y Firmas Electrónicas, cuyo Artículo 4 estableció: “Los Mensajes de Datos tendrán la misma eficacia probatoria que la ley otorga a los documentos escritos…” Hace varios años que el Tribunal Supremo de Justicia tramita recursos de amparo constitucional que reciba por correo electrónico, y hace dos días declaraba Wilmar Castro Soteldo, Ministro de Agricultura Productiva—¿hay agricultura improductiva?—y Tierras, en bienvenida de las criptomonedas: “Ahora existe la posibilidad de abrirse espacios en las nuevas formas de transacciones. Es una de las grandes alternativas que tienen los pueblos de preservar la integridad de la humanidad, consolidar la paz y garantizar una vida, así como tener acceso a los bienes, servicios y alimentos”. Claro que tenía que insertarlas en el marco conceptual socialista; también dijo que para la humanidad monedas como el Bitcoin son “una herramienta para alcanzar su soberanía y darle soporte con sus riquezas a través del incentivo que establezcan para estimular la inversiones y el desarrollo productivo de esa economía. Puede ser una opción que cree una nueva etapa económica y financiera globalmente. Y se podría evitar la crisis que quieren generar regando dinero devaluado que se traduce en inflación”. (¿No es esto justamente lo que hace el gobierno de Maduro?) Para Castro Soteldo, las monedas digitales podrían protegernos de la malévola “guerra económica” del capitalismo imperial que tiene la culpa de nuestras privaciones económicas cotidianas. Pero de su exposición se colige que no ha entendido el asunto, pues postula: “La moneda digital es un instrumento que los gobiernos de todo el mundo pueden tener bajo su control y lanzarlo luego en una cesta global que se transa digitalmente, ésta a su vez puede tener como soporte el oro u otros minerales o riquezas tangibles de los países  que le den fortaleza a esquemas alternativos de transacción de bienes y servicios”. Ni las criptomonedas necesitan estar soportadas en otra cosa—oro, por caso—que las propias transacciones ni requieren gobiernos que las controlen; ellas se controlan a sí mismas en los millones de interacciones peer to peer (igual a igual) de los miembros de la comunidad.

Una cierta forma de hacer política—reptiliana: agresiva, territorial, ritual, jerárquica—está muriendo ante nuestros ojos. (¿Cómo puede ser uno territorial en Internet? ¿Quién es su jefe?) (Política natural, 19 de marzo de 2009).

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Ya hay las primeras aplicaciones políticas blockchain en desarrollos recentísimos, como consta en el reportaje Patentan un sistema de votación basado en blockchain. Sus capacidades permitirían tanto votaciones como referendos seguros, inviolables y profundamente democráticos, como se lee allí de un informe del Parlamento Europeo de septiembre del año pasado:

Los procesos de votación electrónicos tradicionales siempre se han caracterizado por realizarse de manera centralizada, es decir, es una empresa o un gobierno quien gestiona todo el proceso de votación y recuento.

El principal inconveniente de estos sistemas es que no son en absoluto transparentes para los ciudadanos, a quienes no les queda más remedio que confiar ciegamente en dicha entidad. En caso de haber cualquier tipo de manipulación en la votación, no podrían detectarlo.

La votación electrónica basada en blockchain resuelve este problema al realizar todo el proceso de manera descentralizada y totalmente transparente para los usuarios, dando el poder de control a la gente.

El poder planetario de las cadenas de bloques permite visualizarlas como la herramienta fundamental de una polis del mundo en formación. En Avant-garde Politician – Leaders for a New Epoch (2014), Yehezkel Dror postula la necesidad perentoria de una “Constitución de la Humanidad”; en eso concurrimos, pero diferimos en el modo de aprobarla. Dror, acostumbrado a moverse en los corridors of power, la imagina redactada y pactada por gobiernos del mundo, mientras que quien escribe, como minúsculo ciudadano del planeta, exige que sea aprobada y promulgada en un referendo planetario, y una aplicación blockchain que aloje una consulta de esa escala es perfectamente posible.

Viene una nueva y más poderosa democracia. LEA

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He aquí otro video que complementa la noción de blockchains y criptomonedas. (Como con el anterior, puede vérsele con subtítulos en español).

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Dios es un cerebro

 

Imagen por rayos X de un cerebro

Imagen por rayos X de un cerebro

 

A Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz

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Cuatro de la mañana o algo así, cuatro y cuarto de la madrugada a lo sumo. Me despierta un intenso fulgor, pero al abrir los ojos la habitación está a oscuras, como se supone que esté a esa hora. A mi lado, mi esposa duerme un sueño profundo.

Siento que mi incipiente conciencia madrugadora pasa gradualmente a ser poseída por otra que no es la mía, y entiendo que sólo los músculos de mis ojos me obedecerán mientras dure la posesión, que no sé si tendrá término. Una voz con acento centroamericano empieza a hablarme al interior de mi cráneo, pronuncia mi nombre, y aumenta su volumen hasta estabilizarse en un nivel tolerable, desde el que me llama una y otra vez, como si dijera probando, probando, 1, 2, 3, probando…

—Soy Claudio Salazar, salvadoreño. Estoy muerto; es decir, mi cuerpo ha muerto. Perduro en alguna de las neuronas de Dios. Se me ha permitido constatar que hay, por decirlo así, vida perdurable. Bueno, no sólo a mí, sino a toda alma que persiste en el cerebro que es Dios y se interese en el asunto.

Intenté una réplica en pregunta y me fue imposible. Como si hubiera leído mi mente, la voz prosiguió.

—Deja que te explique. No es la vida perdurable en un cielo concebido para premio de vidas justas, para adoración del Creador; Dios no es católico. (Ni budista; tampoco de la religión de los celtas o de ninguna otra). Es más bien que Dios no puede hacer otra cosa que recordarnos, pues almacena automáticamente en su memoria descomunal—no sé a ciencia cierta si es infinita, aunque sospecho con buenas razones que no lo es—el registro de la vida de cada uno de nosotros. Y cuando te digo registro te digo que es de absolutamente todo lo que experimentamos mientras nuestras conciencias fueron el epifenómeno de una materia gris. He vuelto a oler la leche de mi madre, por ejemplo; he vuelto a ver la niña de quien me enamoré por vez primera, a sentir el dolor de una nalgada de mi padre y a saber por qué me la propinó; he recuperado con todas sus palabras la cuarta clase de Mineralogía que recibí con mis compañeros en el bachillerato; he jugado todos los juegos de pelota con todos mis sudores y esfuerzos y la pérdida de aliento por ellos; he recordado de memoria cada uno de los libros que he leído… Todo eso está aquí, en la neurona divina que se me ha asignado. No nos acompaña el cuerpo que tuvimos, aunque sí la información de todas sus sensaciones, todas. Ahora continuamos pensando dentro de Dios.

Creo que intenté preguntar de nuevo y oí algo que sonó como un bufido apagado que salió por mis fosas nasales. Era yo presa de la inquietud, y entonces vi el rostro de Salazar, serenamente sonriente—un holograma de ultratumba, por supuesto—, y una calma placentera disolvió suavemente mi angustia. En cuanto estuve tranquilo ya no vi más su cara. Decidí no formular preguntas; él parecía saber lo que hacía y no me amenazaba.

—Yo no puedo acceder a tus experiencias guardadas en otra neurona divina, pero se me ha permitido comunicarme contigo. Parece que todo muerto puede hacer eso con un puñado de vivos, y escoger el mensaje verdadero y bueno (son las dos condiciones) que transmitirá a quienes todavía son mortales.

Entonces me invadió una curiosa anticipación, casi intolerable, de nuevo inquieto, expectante. Salazar habló una vez más antes de desaparecer de un todo.

—Te elegí en un mapa de la Tierra. ¿Sabes lo que hace Google Earth? Bueno, algo así, sólo que en vez de calles y árboles ves personas, y no estáticas como si hubieran sido fotografiadas en algún instante de pasado, sino en su vida actual, en sus exactas circunstancias momentáneas. Voy a decirte a qué vine.

Sentí, no sé cómo, que mis ojos brillaban de esperanza en la oscuridad y terminé de escuchar.

—Vine a decirte que dar no es un deber—sentenció—, es un derecho. Todos tenemos derecho a dar.

Después de eso no percibí otra cosa de él. Salazar no se despidió—tal vez quiso dejar la verdad que me había regalado sin la distracción de su adiós, que la habría hecho borrosa disminuyéndola de algún modo—, pero supe que se había ido de mi cabeza y también que yo no soñaba. Vi a mi esposa de nuevo, memoricé con precisión, como si fuere a ser necesario atestiguarlo luego, los objetos apilados sobre mi mesa de noche y la exacta disposición que adoptaban—”minúsculos granos de ceniza que adoptan una presuntuosa disposición”, he leído en alguna parte—, y entonces entró mi hijo, enfundado en su bata, con ánimo de despertarme sin saber que yo no estaba dormido. Me dijo:

—Papá: tienes una llamada telefónica de Oslo. §

 

LEA

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De un libro revelador

El historiador de lo complejo

M. Mitchell Waldrop, historiador de lo complejo

Hace justamente una semana, dejé acá constancia—en Historia de la Complejidad—de mi entusiasmo por el libro Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos, de M. Mitchell Waldrop; acá traduzco dos de sus pasajes (págs. 293-294). La obra es un recuento detallado del nacimiento del Instituto de Santa Fe (Nuevo México), y por tanto de la emergencia de las ciencias de la complejidad (“la ciencia del siglo XXI”), relevantes a fenómenos tan aparentemente disímiles como el sistema inmunológico, las avalanchas orográficas o las economías humanas. Esto último fue desde siempre tema prioritario del instituto: de hecho, la narración comienza con el reclutamiento del economista William Brian Arthur para el naciente centro de investigación, que reuniría las mentes más brillantes de la nueva disciplina bajo la presidencia de George Cowan y la dirección académica de Murray Gell-Mann, Premio Nobel de Física. John Reed, Presidente de Citicorp, fue el mecenas inicial del programa de economía en Santa Fe que Arthur instalara y dirigiera. A punto de arrancar con el apoyo de Reed, el economista preguntó a Eugenia Singer, asistente del entusiasta banquero, qué esperaba éste del programa; después de consultarle, Singer contestó: “El Sr. Reed le manda a decir que haga Ud. lo que quiera, con tal de que no sea nada convencional”. Ojalá hubiera en Venezuela mecenas lúcidos de una nueva política para el país, visto que lo convencional no funciona. LEA

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Langton* estaba diciendo básicamente que este “algo” misterioso que hace posibles la vida y la mente es una cierta clase de equilibrio entre las fuerzas del orden y las fuerzas del desorden. Más exactamente, estaba diciendo que uno debe ver a los sistemas en términos de cómo se comportan, en vez de cómo están hechos. Y cuando eso se hace, decía, entonces lo que se consigue son los extremos de ordencaos. Se parece mucho a la diferencia entre los sólidos, donde los átomos están fijos en sus sitios, y los fluidos, donde los átomos caen los unos sobre los otros al azar. Pero justo entre ambos extremos, explicó, en un tipo de transición de fase abstracta llamada “el borde del caos”, también se encuentra complejidad: una clase de comportamientos en la que los componentes del sistema nunca se fijan en un sitio, pero tampoco se disuelven en la turbulencia. Éstos son los sistemas que son a la vez suficientemente estables como para almacenar información y lo suficientemente evanescentes como para transmitirla. Éstos son los sistemas que pueden organizarse para ejecutar computaciones complejas, reaccionar al mundo, ser espontáneos, adaptativos, vivos.

(…)

Cuando uno tiene algo como un ecosistema o una economía, dice (Farmer**), no es obvio que conceptos como orden, caos y complejidad puedan incluso ser definidos con gran precisión, mucho menos una transición de fase entre ellos. Sin embargo, hay algo acerca del principio del borde del caos que suena bien. Tomemos la antigua Unión Soviética, dice: “Hoy está bastante claro que la aproximación totalitaria, centralizada a la organización de la sociedad no funciona muy bien”. En el largo plazo, el sistema que Stalin construyera estaba estancado en exceso, demasiado fijo, controlado de modo demasiado rígido para sobrevivir. O notemos los Tres Grandes fabricantes de carros en Detroit en los años setenta. Habían crecido tanto y estaban tan rígidamente fijados en ciertas maneras de hacer las cosas que ni siquiera pudieron reconocer el creciente desafío de Japón, mucho menos responder al mismo.

Por otro lado, dice Farmer, la anarquía tampoco funciona muy bien, como parecían decididos a demostrar algunos componentes de la antigua Unión Soviética poco después de su disolución. Ni tampoco un sistema de laissez faire sin restricciones, a juzgar por los horrores dickensianos de la Revolución Industrial en Inglaterra o, más recientemente, por la debacle de las entidades de ahorro y préstamo en los Estados Unidos. El sentido común, para no mencionar la reciente experiencia política, sugiere que las economías sanas, al igual que las sociedades sanas, tienen que mantener el orden y el caos en equilibrio, y no se trata tampoco de una clase de equilibrio aguado, promedio, a mitad de camino. Como una célula viva, tienen que regularse a sí mismas con una densa red de retroalimentación y regulación, al tiempo que dejen abundante espacio para la creatividad, el cambio y la respuesta a nuevas condiciones. “La evolución prospera en sistemas con una organización de abajo hacia arriba, que haga surgir la flexibilidad”, dice Farmer. “Pero al mismo tiempo, la evolución tiene que canalizar la aproximación de abajo hacia arriba de forma que no destruya la organización. Tiene que haber una jerarquía de control, con información que fluya de abajo hacia arriba y también de arriba hacia abajo”. La dinámica de la complejidad al borde del caos, dice, parece ser lo ideal para esta clase de comportamiento.

M. Mitchell Waldrop

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*Cristopher G. Langton, científico de computadores estadounidense, cofundador del campo de vida artificial.

**Doyne Farmer, físico y empresario estadounidense, cofundador (1991) de la compañía Prediction, que aplica principios físicos y matemáticos al sector financiero de la economía.

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Historia de la complejidad

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Una pequeña sección del Conjunto de Mandelbrot

A JRR

Por primera vez en mi vida dejaré de devolver un libro ajeno. Así lo he avisado descaradamente al prestamista, el Dr. José Rafael Revenga, quien ya en la lejana década de los fructíferos años sesenta, cuando estudiaba Sociología en la UCAB—fue mi profesor de Filosofía Política y Social—y, más tarde, cuando me contrató en el Instituto para el Desarrollo Económico y Social, me regaló la modernidad recomendándome la lectura de Operational Philosophy de Anatol Rapoport, Understanding Media de Marshall MacLuhan o The End of Ideology de Daniel Bell. El libro secuestrado es Complexity: The Emerging Science at the Edge of Order and Chaos. Su increíble autor es M. Mitchell Waldrop:

M. Mitchell Waldrop was the editorial page editor at Nature magazine from 2008 to 2010, and is currently a features editor at Nature. He earned a Ph.D. in elementary particle physics at the University of Wisconsin in 1975, and a Master’s in journalism at Wisconsin in 1977. From 1977 to 1980 he was a writer and West Coast bureau chief for Chemical and Engineering News. From 1980 to 1991 he was a senior writer at ­Science magazine, where he covered physics, space, astronomy, computer science, artificial intelligence, molecular biology, psychology, and neuroscience. He was a freelance writer from 1991 to 2003 and from 2007 to 2008; in between he worked in media affairs for the National Science Foundation from 2003 to 2006. He is the author of Man-Made Minds (Walker, 1987), a book about artificial intelligence; Complexity (Simon & Schuster, 1992), a book about the Santa Fe Institute and the new sciences of complexity; and The Dream Machine (Viking, 2001), a book about the history of computing. In his spare time he is an avid cyclist. He lives in Washington, D.C. with his wife, Amy E. Friedlander.

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A comienzos de los ochenta se inició en mí un enamoramiento, que no ha cesado, con la ciencia de la complejidad: caos, sistemas adaptativos, enjambres, avalanchas… (El lugar de la primera cita: algunas páginas en Scientific American, revista que sustituyó a Playboy en mis preferencias). Puse cuernos a Rapoport, MacLuhan y Bell con Benoît Mandelbrot, Mitchell Feigenbaum, Per Bak, Loren Carpenter y, sobre todo, con Stuart Kauffman, el gran biólogo teórico. En Maracaibo leí, en 1989, el libro de James Gleick: Chaos, the Making of a New Science. He predicado, hasta ahora con resultado nulo, que sin haber asido las nociones fundamentales del riquísimo campo de la complejidad no podrá haber verdaderos actores políticos del siglo XXI; los que tenemos piensan la sociedad con categorías mentales del siglo XIX.

Las ofertas provenientes de los actores políticos tradicionales son insuficientes porque se producen dentro de una obsoleta conceptualización de lo político. En el fondo de la incompetencia de los actores políticos tradicionales está su manera de entender el negocio político. Son puntos de vista que subyacen, paradójicamente, a las distintas opciones doctrinarias en pugna. Es la sustitución de esas concepciones por otras más acordes con la realidad de las cosas lo primero que es necesario, pues las políticas que se desprenden del uso de tales marcos conceptuales son políticas destinadas a aplicarse sobre un objeto que ya no está allí, sobre una sociedad que ya no existe. (Sociedad Política de Venezuela – Documento Base, febrero de 1985. Puse en su presentación: “…es mi creencia que la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces”).

O, más recientemente:

Es misión profesional de la política establecer su conexión con la verdad, y hoy en día los marcos mentales que soportan la idea de la política como lucha por el poder han dejado de funcionar. (Ver John Vasquez The Power of Power Politics, 1983). Son marcos mentales más recientes, derivados de las ciencias de la complejidad y el caos, de las avalanchas, de los enjambres, aquellos que pueden ofrecer la gramática necesaria, ésa que Arturo Úslar Pietri ansiaba en artículo suyo de 1991: Toda una retórica sacramentalizada, todo un vocabulario ha perdido de pronto significación y validez sin que se vea todavía cómo y con qué substituirlo. Hasta ahora no hemos encontrado las nuevas ideas para la nueva situación. (El medio es el medio, abril de 2015).

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Complexity2

Una gran historia

El libro prestado que expropiaré es mucho más que un catálogo de tales marcos mentales. M. Mitchell Waldrop ha construido la historia de las nuevas fronteras de la ciencia con una trama, ella misma compleja, hecha con biografías de los exploradores, ha penetrado en sus anécdotas de inspiración y creación del campo, y las que obtuvo milagrosamente de los actores de la gran película son iluminadoras, conmovedoras, profundamente humanas, detalladas como la vida misma. Eso es lo que hace fascinante y remuneradora la lectura de sus páginas, es lo que hace admirable la tenacidad de un puñado de intelectuales incomprendidos aun dentro de los círculos académicos de universidades excelentes, hasta que el Instituto de Santa Fe viera la luz:

Uno podía hablar hablar del instituto con una buena cantidad de gente excelente que simplemente no entendía adónde apuntaba. En su lugar, uno debía buscar una cierta clase de resonancia: “O los ojos de alguien se ponen vidriosos o comienza la comunicación, y si ella comienza entonces se ejerce una forma de poder que es extraordinariamente irresistible: el poder intelectual. Cuando se consigue alguien que entiende un concepto en las entrañas del cerebro, en sus tripas, donde la misma idea estuvo siempre, entonces se ha agarrado a esa persona. No se necesita hacerlo mediante coerción física, sino por un cierto tipo de apelación intelectual que equivale a la coerción. Los agarras por los cerebros, no por los testículos”. (P. 249).

Es George Cowan quien habla en el libro, el Presidente fundador del instituto, y el autor pone a hablar también a Stuart Kauffman, Murray Gell-Mann, William Brian Arthur, Kenneth Arrow, Chris Langton, John Holland… y un nutrido grupo adicional de mentes brillantes, los creadores de la ciencia del siglo XXI. Y como sus procesos mentales son presentados en su tiempo de desarrollo, en apartamentos modestos o cubículos incómodos, en ambientes hostiles, en medio de dificultades y hasta tragedias, esa historia recentísima resulta apasionante, pues nos permite a nosotros mismos el camino del descubrimiento.

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No parece haber sido traducido el libro al castellano. Esa tarea pudiera hacerla muy bien Bárbara Ellen Zitman Ross, la hija de Cornelis y Vera, quien llevó a un español impecable Why Mahler?, de Norman Lebrecht. Pienso proponérsela. LEA

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Taller de Política Clínica

Un taller con seis módulos temáticos (clic amplía)

Un taller con seis módulos temáticos (un clic sobre el gráfico lo amplía)

 

El 29 de julio de este año tendré el privilegio de conducir, en las aulas del Centro Javier en La Castellana, un Taller de Política Clínica en el marco institucional del Centro Internacional de Actualización Profesional de la Universidad Católica Andrés Bello, mi Alma Mater. Ya la información general de la actividad se encuentra disponible en la web del CIAP. En este enlace puede descargarse un prospecto más detallado del taller: Taller de Política Clínica. La descripción sinóptica del taller explica:

La Política es un arte. A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino un arte, un oficio: la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como lucha por el poder ideológicamente justificada, un enfoque convencional que es responsable por la insuficiencia política de los actores políticos tradicionales. El tránsito al paradigma “clínico” o “médico” se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos.

Gracias, en orden de aparición, a Luis Ugalde S. J., Silvana Campagnaro, María Esperanza Villarroel y Susana Rojas Nagy, quienes lo están haciendo posible. (De “nuestro lado”, debo agradecer a Gonzalo Pérez Petersen, José Rafael Revenga, José Antonio Gil Yepes y, sobre todo, a Ana Gabriela Canelón por el interés y la ayuda). Acabo de poner en Twitter que serán bienvenidos los interesados en una diputación a la Asamblea Nacional, si quieren llegar a ella provistos del más moderno lenguaje político.

Con la generosa hospitalidad de la UCAB

Con la generosa hospitalidad de la UCAB

A medida que se acerque la fecha, iré recordando su inminencia.

LEA

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Dos maravillas

René Magritte dice chapeau

René Magritte dice chapeau

A comienzos de los setenta, yo trabajaba en la Corporación Industrial Montana, como asistente de Hans Neumann. Una tarde, leía en la oficina un ejemplar de Scientific American. Me invadió una emoción casi mística al ver fotografías pareadas de la colisión de galaxias reales y de su simulación en computador: eran parecidísimas. Los ojos se me humedecieron. Sentí la urgencia de enseñar al Sr. Neumann la evidencia de lo maravilloso que es el cerebro humano y fui hasta su despacho, hablándole con fervor de la noticia.

Algo más sosegadamente, he visto ayer que científicos de los vecinos Instituto de Tecnología de Massachusetts y la Universidad de Harvard* lograron un riquísimo modelo de la evolución de nuestro universo, desde 12 millones de años a partir del Big Bang hasta la fecha, 14 mil millones de años después. La simulación despliega galaxias, huecos negros, estrellas, cúmulos que además cambian según su composición química, pues el modelo incluye ese refinamiento. Aunque tendrá que ser—y podrá ser—afinado, ya es en su estado actual un resultado majestuoso. Si hoy creemos que podrá tenerse un mapa dinámico del universo entero, tal vez algún día podamos incluso repararlo.

He aquí el video promocional del Proyecto Illustris, que sólo se obtiene en inglés. (Algo ayuda activar los subtítulos—cc en la barra de control—, aunque en numerosos puntos están mal. Por supuesto, es lo más remunerador ver este video a pantalla completa).

* En realidad, el equipo agrupó investigadores de otros centros de los EEUU, Inglaterra y Alemania:

Department of Physics, Kavli Institute for Astrophysics and Space Research, Massachusetts Institute of Technology; Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics; Heidelberg Institute for Theoretical Studies; Zentrum für Astronomie der Universität Heidelberg; Kavli Institute for Cosmology, and Institute of Astronomy, Cambridge UK; Space Telescope Science Institute, Maryland; Institute for Advanced Study, Princeton.

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La segunda maravilla es una reciente precisión de Ramón Guillermo Aveledo, suscitada por declaraciones de Roberta Jacobson, la en general entrometida Sub Secretaria de Estado para América Latina de los Estados Unidos. La Sra. Jacobson dijo que dirigentes opositores pedían a los EEUU que no se aplicara sanciones a Venezuela.

La respuesta oficial de la Mesa de la Unidad Democrática es impecable. Ojalá nuestro Tribunal Supremo de Justicia redactara así. De seguidas, el texto de la MUD:

Con motivo de las afirmaciones de la Secretaria de Estado Adjunta Roberta Jacobson ante el Comité de Asuntos Exteriores del Senado de su país, el Secretario Ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática estimó que es necesario dejar perfectamente claras varias cuestiones, las cuales pasó a enumerar:

1.- La Mesa de la Unidad trabaja por un cambio pacífico, democrático y constitucional en nuestro país. Un camino en el cual los protagonistas somos los venezolanos.

2.- La comunidad internacional puede ayudarnos en esta lucha, pero en ningún caso podemos aspirar a que nos sustituya. Existen unos valores que inspiran la convivencia entre las naciones, que deben ser defendidos eficazmente en todas partes. Para la paz y el progreso de América Latina, es necesaria una Venezuela de paz y progreso. Nuestra región, nuestro hemisferio y el mundo, entienden que el respeto a los Derechos Humanos es la base de la convivencia. Por eso se ha desarrollado la tutela internacional de los Derechos Humanos, de la cual por cierto el actual gobierno de Venezuela ha querido librarse, en perjuicio de nosotros sus ciudadanos.

La situación venezolana ha generado preocupación en el mundo entero. En su abrumadora mayoría los pronunciamientos de gobiernos, parlamentos, partidos e internacionales de partidos y organizaciones internacionales han sido por el respeto a los Derechos Humanos, la vigencia de la Constitución y la necesidad del diálogo entre venezolanos. Los cancilleres de Brasil, Colombia y Ecuador, y el Nuncio Apostólico de Su Santidad participan en el diálogo político como terceros de buena fe.

3.- En estas convicciones, la Mesa de la Unidad no cree que los ciudadanos deban pagar los fracasos y culpas del Gobierno y sufrir consecuencias perjudiciales en sus vidas, adicionales a las ya gravosas que les ocasionan las malas decisiones de las autoridades, por lo tanto ha sido consistente en su rechazo a medidas que perjudiquen al pueblo, como sanciones o embargos a toda una nación. Es nuestra posición, pública y abierta. Se refiere a cualquier país y, desde luego, al nuestro. La historia de esas políticas es una de ineficacia.

4.- Eso nada tiene que ver con las consecuencias personales que los gobernantes o cualquier titular de autoridad, debe enfrentar por sus actos. Por ejemplo, si la legislación internacional, o la de un país en el ámbito de su territorio, prevén sanciones a personas concretas por violaciones a Derechos Humanos o por actos de corrupción, nadie tiene derecho a arroparse en la bandera nacional para exigir una protección que no merece. Nunca un vocero de la Mesa de la Unidad ha planteado a funcionario de país alguno que se dicten sanciones que hagan que el pueblo pague las culpas de sus gobernantes. Tampoco que se exonere a personas de asumir la responsabilidad que acarrea su conducta.

Por todo lo anterior, dijo Aveledo, la Señora Secretaria Adjunta debe aclarar el alcance de su respuesta, pues se presta a equívocos indeseables. Las posiciones de la Unidad son públicas y conocidas. Ningún vocero de la MUD ha solicitado a funcionario norteamericano alguno lo que hoy ha trascendido en los medios. Y si alguna organización o individuo de la sociedad civil lo ha hecho, es bajo su responsabilidad y debe asumirla.

 ¡Bravo! ¡Gracias por tan clara dignidad! LEA

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