el blog de luis enrique alcalá

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

Dos enfoques

 

Del autor de La rebelión de las masas

 

Resulta simplemente banal, e incluso enojoso, para un observador el transportar consigo mismo, vaya donde vaya, el centro del paisaje que atraviesa. Pero ¿qué es lo que le sucede al paseante si las circunstancias le llevan hacia un punto naturalmente privilegiado (encrucijada de caminos o de valles), desde el cual no ya sólo la mirada, sino las mismas cosas irradian? Es entonces cuando, al coincidir el punto de vista subjetivo con una distribución objetiva de las cosas, se establece la percepción en toda su plenitud. El paisaje se descifra y se ilumina. Se ve.

Pierre Teilhard de Chardin S. J. – Verprólogo a El Fenómeno Humano

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Una nueva ola de proposiciones jesuíticas para “la transición” moja las playas políticas venezolanas. Hace seis días, se publicó un artículo (Acuerdo obligado) de Luis Ugalde S. J. (comentado en el programa #316 de Dr. Político en RCR), y Benigno Alarcón Deza, el Director del Centro de Estudios Políticos y Gobierno de la UCAB, ha promovido en la página web de esa unidad y en su servicio de correos las proposiciones—Cómo producir una transición democrática en Venezuela I y II—que ha llevado a “partidos políticos y plataformas de la sociedad civil, como Creemos Alianza Ciudadana y el Frente Amplio Venezuela Libre, así como a otros actores representativos”. En general, puede decirse que ambas iniciativas son meritorios esfuerzos bien encaminados, incluyendo la pieza de Ugalde labores concretas, principalmente económicas, una vez completada “la transición” y las de Benigno Alarcón un método para conducir en el camino hacia ella. También, por supuesto, Ugalde se refiere al método: “una salida pronta y negociada con espíritu de reconciliación, no de venganza sino de perdón”,* en la que a su juicio se debe dar participación a militares y el “chavismo democrático”. Por su parte, Alarcón propugna algo similar: “es esencial que el liderazgo democrático pueda posicionarse del lado de la tolerancia y la justicia, que es lo opuesto a la venganza” y también hace referencia a un “plan de gobierno que atienda la gobernabilidad durante la transición” sin especificarlo, así como recomienda “[p]repararse para una elección presidencial”.

Alarcón va más allá en lo metodológico; así expone: “la ruta descrita demanda un factor esencial, hasta ahora inexistente: un liderazgo responsable de la dirección del proceso. Tal como sucede con una orquesta, ésta no puede funcionar sin un director y una partitura (plan bien definido) y tampoco con varios directores que dan instrucciones simultáneamente siguiendo partituras distintas. Se necesita un director y una partitura. Sin tal liderazgo resulta imposible lograr avances significativos en ninguna de las tareas necesarias”. Sobre esto abunda proponiendo que ese “director”, ese líder único, sea elegido directamente por la ciudadanía y recomienda una forma de hacerlo:

…en una elección de participación abierta se corren dos riesgos principales: uno es la dispersión de votos entre candidatos (conocidos o emergentes), lo que pudiese traer como consecuencia que quien gane por una mayoría relativa no cuente con el reconocimiento de parte importante del resto de electores. El otro es que tal elección, como algunos temen, termine generando una importante pugnacidad que haga más difícil la posterior cohesión de todo el movimiento democrático en torno a un liderazgo. Ambos obstáculos pueden superarse con una solución sencilla que ha sido probada en procesos electorales en otros países: una elección con selección múltiple; para ello existen varias metodologías con distintos niveles de complejidad. Creo que en nuestro caso lo más sencillo puede ser lo más eficiente. Cada elector tendría la oportunidad de votar por tres candidatos de su preferencia. Esta metodología tendría dos ventajas. La primera es que todo candidato, al necesitar de los votos de los electores de sus contendores, se vería obligado a reducir su pugnacidad hacia los otros candidatos. Si alguien necesita los votos de otro, nadie que dedique su campaña a descalificarlo tendrá los votos necesarios para ser una de las tres opciones mayoritarias. La segunda ventaja es que el ganador será el que tenga el mayor consenso y el menor rechazo entre todos los competidores y se convertiría en una de las opciones para la gran mayoría de los electores.

Hace más de catorce años, la Carta Semanal #91 de doctorpolítico (17 de junio de 2004) había sugerido esa misma modalidad:

Estas cosas las perciben algunos entre los aspirantes a la sucesión de Chávez, y se han reunido, como en gremio, para acordarse en algunas cosas—acuerdo que Américo Martín llama “el contrato”—y urgir a la Coordinadora Democrática un cronograma hacia la celebración de elecciones de base para la determinación del candidato único. (…) Parece ser que Tejera París recomendó una segunda vuelta de esta elección, para cimentar aun más el apoyo al candidato. Es lo más probable que se decida que no hay tiempo para, además, hacer una segunda vuelta. Pero hay un modo de simularla. Consiste en el modelo que los norteamericanos llaman run-off election. (Elección por vaciado; “elección de pérdida”. Debemos el dato, desde hace varios meses, al Dr. Ramón Adolfo Illarramendi). En una elección por vaciado uno puede seleccionar más de un candidato en orden de preferencia. Por ejemplo, si el Sindicato Único de Aspirantes a la Sucesión de Hugo Chávez (SUASHCH) terminara admitiendo diez—o veinte—candidatos en la elección “primaria”, los Electores podríamos señalar, digamos, tres nombres en orden de preferencia. Si el que recibe más votos no obtiene la mayoría absoluta, entonces se va pasando sucesivamente un colador que finalmente determinará el aspirante elegido. Quien queda de último en los votos que postulan como primera opción es eliminado. Pero quienes votaron por él no dejan de estar representados, porque su segunda opción será acumulada a los votos de los candidatos correspondientes. De nuevo se repite el proceso. Se elimina al último —los eliminados no pueden ya recibir las transferencias—y se adjudican sus segundas opciones. (En algunos casos muy apretados puede llegarse a las terceras opciones antes de arribar a un ganador). Llega un momento en que este proceso produce un ganador con suficiente mayoría. (Es muy fácil programar computadores para que hagan los cálculos con gran rapidez. Bastará iterar un algoritmo, diría un programador). No es un método perfecto, pero se le señalan dos ventajas. Los candidatos no pueden con facilidad transar apoyos entre sí y reciben menos ventaja de campañas de descrédito de oponentes, puesto que su suerte puede depender del apoyo secundario de quienes opten por sus contendores. Las campañas tenderán a ser más positivas y los aspirantes se respetarán más.

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En todo caso, las prescripciones de Ugalde y Alarcón son esencialmente metodológicas, del reino del cómo y no del qué, aunque el primero adelante tareas a cumplir desde el gobierno “de transición” y el segundo afirme: “La ruta descrita demanda un factor común para su desarrollo exitoso, un liderazgo que asuma la dirección y vocería única del proceso, que debe desarrollarse bajo un plan debidamente concebido”. Nadie propondría, supongo, un plan indebidamente concebido, pero la expresión de Alarcón revela que ese plan no existe aún.

La confusión de la herramienta con el fin explica mucho de los resultados de la política nacional. La discusión pública venezolana se halla a punto de agotar los sinónimos castellanos del término conciliación. Acuerdo, pacto, concertación, entendimiento, consenso, son versiones sinónimas de una larga prédica que intenta convencernos de que la solución consiste en sentar alrededor de una mesa de discusión a los principales factores de poder de la sociedad. Nuevamente, no hay duda de que términos tales como el de conciliación o participación se refieren a muy recomendables métodos para la búsqueda de un acuerdo o pacto nacional. No debe caber duda, tampoco, que no son, en sí mismos, la solución. (…) Es decir, se insiste en hablar de la herramienta sin hablar del producto que ésta debe construir. (De la herramienta al producto, en Los rasgos del próximo paradigma político, 1ª de febrero de 1994).

En efecto, no hay plan; no hay, más operativamente, una estrategia para causar la transición, tan sólo la prescripción de un liderazgo único que debe dirigir la orquesta en la interpretación de una única partitura que no ha sido escrita. Bueno, conocemos dos de sus temas principales: presión—”Ya dijimos que la mayor parte de las transiciones democráticas en el mundo se han producido por la movilización y presión social masivas” (Alarcón)—y negociación—“una salida pronta y negociada con espíritu de reconciliación” (Ugalde)—; el mismo Alarcón trae a colación sobre este punto:

Shimon Peres, cuando se le preguntó si veía la luz al final del túnel en el conflicto entre su país, Israel, y Palestina, dijo: “veo la luz, pero lo que aún no veo es el túnel que nos llevará a ella”. Si alguien tiene una propuesta más realista que no implique sentarse a esperar a que otros decidan o hagan algo que nosotros no hemos sido capaces de hacer, seré el primero en reconocer, con la mayor humildad, la pertinencia de otra alternativa y poner mi mayor esfuerzo en la construcción de un camino que sea factible hacia una Venezuela libre, próspera y democrática.

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Hay una manera eficaz y supremamente democrática de causar, de producir la transición; ésa no es otra que la decisión del Pueblo en referendo. El poder supraconstitucional del Pueblo y sólo él, a menos que Nicolás Maduro se avenga a renunciar a su nuevo período, puede causar una nueva elección presidencial, ésa para la que Alarcón aconseja prepararse:

El Poder Constituyente Originario, el Pueblo llamado a referendo en ese carácter, tiene la potestad de superponerse a la Constitución y aprobar una norma que ella no contemple. En consecuencia, puede preguntársenos a Nosotros, la Corona, el Soberano, lo siguiente: ¿Está Ud. de acuerdo con la convocatoria a elecciones, en el plazo de tres meses a partir de esta fecha, que escojan al ciudadano que se encargue de la Presidencia de la República hasta el 10 de enero de 2019, elecciones ésas en las que podrá participar como candidato el ciudadano Nicolás Maduro Moros, actualmente en el cargo? Que el presidente Maduro pueda presentarse como candidato marca, primeramente, una diferencia sustancial con la figura del referendo revocatorio; no se trata de una revocación, no la sustituye, y por consiguiente no puede recibir contravención jurídica alguna sobre la base de que la revocación está expresamente normada en la disposición del Artículo 72 de la Constitución. Luego, tal vez funcione como disuasivo de lo que pudiere ser su explicable tentación de oponerse a la solución descrita, con igual denuedo con el que ha entorpecido la revocación. (Prontas elecciones, 22 de octubre de 2016).

La misma fórmula, presentada hace dos años en este blog y en el programa #219 de Dr. Político en RCR, puede ser ajustada al momento actual. En la copiosa literatura oposicionista de estos años brilla por su ausencia el Pueblo, al que sólo quiere convocarse para “la movilización y presión social masivas”. Pero una decisión inapelable del Soberano es más eficaz que la mera presión, y ella puede ser causada por la organización de un referendo consultivo de iniciativa popular (con 10% de los electores, o la mitad del esfuerzo requerido para un referendo revocatorio).

Pero mandar es muy preferible a protestar. (…) Para esto es necesario, naturalmente, que el pueblo venezolano adquiera conciencia de Corona. Que se percate de que no tiene que desfilar para pedir o protestar, que no tiene que rogar pues puede mandar. (La marcha de la insensatez, 12 de febrero de 2014).

Todavía es tiempo de causar esa conciencia, de apostar al Pueblo. Es él, antes que los conciliábulos negociadores que probablemente no podrán ser obviados, el actor decisivo. Es él la luz al final del túnel. LEA

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*Sobre la prédica de Ugalde y Alarcón de no buscar venganza en la eventual transición, en Recurso de Amparo (14 de julio de 2015) debí contestar la pregunta que me hiciera la Sra. Amparo Schacher de Wiedenhofer: “Tomando en cuenta su visión de la política como acto médico ¿cuál sería el método y cuáles las primeras medidas a tomar si Ud. fuese elegido presidente actualmente?” Allí se encuentra lo siguiente:

Lo primero que haría como Presidente es comunicar al país mi convicción de que las personas de convicción socialista, en su mayoría, son gente que privilegia la virtud de la solidaridad, y que no debe llegarse a la Jefatura del Estado con ánimo altaneramente justiciero. Ya en septiembre de 1987 escribía (en Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela):

Si un aspirante a outsider sorpresivo, a “tajo” de las elecciones, plantea su campaña con un grado apreciable de vindicta, de falta de comprensión de lo que en materia de logros políticos debemos aun a los adversarios, obtendrá temprana resonancia y fracaso final. El outsider con posibilidad de éxito no se impondrá por una mera descalificación de sus contendientes y, en todo caso, no por descalificación que se base en la negatividad de éstos sino en la insuficiencia de su positi­vidad. El propio Isaac Newton reconoció: “Si pude ver más lejos fue porque me subí sobre los hombros de gigantes.”

Creo, por supuesto, que el socialismo, en tanto ideología, es terapia equivocada, medicina antigua, concebida en el siglo XIX como toda otra ideología—liberal o libertaria, social-demócrata o social-cristiana (o eso que ahora presentan como si fuera nuevo, un tal progresismo)—con la pretensión de saber cuál es la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que la sociedad actual no lo sea. Su presunción fundamental es errónea: a partir de unos pocos casos observables de empresarios nocivos para el grupo social, razonan que la empresa privada en general es perniciosa y por tanto debe ser establecido un “Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes”. (Diccionario de la Lengua Española; definición de socialismo). Si tal proceder fuese correcto, entonces habría que acabar con el Estado, pues son numerosos los casos de estados harto inconvenientes. Toda institución humana exhibe patologías, y la solución no es eliminarla, sino curarla.

Pero eso no es lo mismo que condenar al chavismo a la Quinta Paila del Infierno por toda la eternidad. Es posible hacer ver a quienes se inscriben en esa variedad del socialismo, aunque con dificultad, que su enfoque de la política es equivocado, como lo es toda posición ideológica. El error de mi contendiente no es causa de mi acierto, y nuestra tarea principal es la de reunir a un país ideológicamente dividido. Vale.

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Reconciliación y no venganza

Glazunov, un gran melodista ruso

El programa #316 de Dr. Político en RCR regresó sobre la noción de un acuerdo político en el país, en comentario a reciente artículo de Luis Ugalde S. J. en el que pone: “La salida del gobierno actual tiene que ser pronta y negociada con espíritu de reconciliación, no de venganza sino de perdón, con una nueva primavera de reencuentro venezolano combinada con una acción serena y equilibrada de la justicia, en los casos que se requiera para evitar la impunidad”. Se refrescó una idea antes expuesta en el programa: Nicolás Maduro puede abrir la puerta a una elección presidencial mediante su renuncia al cargo para el próximo período constitucional, lo que causaría una nueva elección en la que se permita su participación candidatural. Se trajo a los oyentes el Adagio de Otoño, una de las secciones del ballet Las estaciones, de Alexander Glazunov, y luego el inicio de la Obertura trágica, de Johannes Brahms. Éste es el archivo de audio de la ocasión:

LEA

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Proyecto equivocadísimo y elefantiásico

 

Debbie Wiseman, una fina compositora

Como muestra el título, el suscrito también puede escribir esdrújulas, las palabras preferidas del cursi-socialismo del siglo XXI. Es uno de sus productos provisionales el proyecto de una nueva constitución para Venezuela, un ampuloso y fundamentalmente errado documento de ¡411 artículos! El programa se centró sobre algunos de sus errores fundamentales. Dos temas musicales—¿Quién se ha atrevido a herirte? El inspector Linley—de Debbie Wiseman, y el inicio de la Obertura de H. M. S. Pinafore, opera cómica de Gilbert & Sullivan, acompañaron el tránsito de Dr. Político en RCR el día de hoy. Éste es su archivo de audio:

LEA

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¿Qué queda de autoridad moral?

 

¿Quién acatará lo que se predique desde este edificio?

 

Son tiempos mediáticos en los que por igual se crea fama y se difama. (difamar Del lat. diffamāre 1. tr. Desacreditar a alguien, de palabra o por escrito, publicando algo contra su buena opinión y fama. 2. tr. Poner algo en bajo concepto y estima. Diccionario de la Lengua Española). Esto no es lo mismo que calumniar (Del lat. calumniāri. 1. tr. Atribuir falsa y maliciosamente a alguien palabras, actos o intenciones deshonrosas); ciertamente, el condenatorio informe del Gran Jurado de Pensilvania—sobre seis diócesis del estado, salvo Filadelfia y Altoona-Johnstown, cubiertas en investigaciones anteriores—es difamatorio, pero no calumnia porque dice verdad tras dos años de investigación: a lo largo de más de 70 años, un total que excede 1.000 víctimas en ese estado sufrió abuso sexual a manos de al menos 301 hombres de Iglesia—sacerdotes depredadores, los llaman—, y se alega también la práctica episcopal del ocultamiento de tales hechos. No siempre en esa escala, la misma horrenda práctica ha sido documentada en Alemania (más de 3.600 víctimas), Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Chile, Guam, Honduras, India, Irlanda, México*, Noruega, Polonia y República Dominicana, así como en otras partes de los Estados Unidos. (Habría que ver qué pudiera encontrarse si se investigara el asunto en Venezuela).

El tema persigue ahora al papa Francisco, y ha servido para que sobre él y su presunto mal manejo del problema opere una campaña que se propone forzar su renuncia al cargo que ostenta. (Ver The Plot to Bring Down Pope Francis, 7 de septiembre de 2018, acerca del “escándalo que ahora rasga a la iglesia por sus costuras”). Esto es exactamente lo que está pasando; la cacería de Francisco por parte de los más conservadores entre los prelados católicos probablemente cause la desintegración de la iglesia entera o, al menos, la total desaparición de su autoridad moral salvo para el más fanático ultramontano. (Diccionario: Partidario y defensor del más lato poder y amplias facultades del papa). La cosa se amplifica en las pérfidas redes sociales, en particular entre nosotros:

…se le ocurre al papa Francisco observar en contestación a una entrevista improvisada lo siguiente acerca de las nuevas peticiones al Vaticano: “Es curioso… la misma oposición está dividida”, y se le llama comunista, se le quiere lapidar y se celebra en Facebook una caricatura de Edo en la que se lo representa como Poncio Pilatos. Alguien se limitó a comentarme que el Papa había sido inoportuno. La verdad, aunque a veces resulte incómoda—Terencio: “La verdad engendra odio”—, nunca es inoportuna. (De Facebook como Coliseo, 3 de mayo de 2017).

La figura de Francisco I había traído hálitos de cambio como no se veían desde los tiempos de Juan XXIII y su Concilio Vaticano Segundo; esto le había granjeado aprecio incluso en gente no católica. Al presentar su libro Avant-Garde Politician – Leaders for a New Epoch (2014), el experto mundial en decisiones políticas de alto nivel, Yehezkel Dror, asentaba—sobre el tipo de liderazgo imprescindible en lo que él considera una etapa crítica de la humanidad—: “También es necesaria una cohorte de líderes espirituales innovadores en moral y valores, como ilustra el caso del papa Francisco—aclaratoria debida: soy judío, no católico—, quizás incluso más urgentemente que los políticos de vanguardia”.

Ahora veremos si el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica es capaz de componer las cosas, de superar el costosísimo escándalo y la rebelión, de evitar lo que amenaza, entre otras cosas, con materializar un nuevo cisma de la iglesia. A lo mejor se ve forzado a sacrificarse renunciando él mismo. LEA

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*Los casos de abuso sexual contra menores de edad por parte de sacerdotes católicos en México han sido denunciados desde hace décadas, aunque han sido pocos los que han llegado a ser confirmados. En el 2002 la Iglesia fue acusada de cubrir los casos de abuso e incluso de pagar dinero para comprar el silencio de las víctimas. En este país cobra importancia particular el caso de Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo. Maciel murió en 2008, entre acusaciones de abuso sexual contra varios seminaristas y niños y la exigencia por parte de las víctimas de que pidiera perdón.​ (…) En 1997 nueve ex legionarios enviaron una carta pública a Juan Pablo II donde denunciaron abusos sexuales por parte de Maciel. Las acusaciones en contra de Maciel fueron negadas durante años por parte de la Legión de Cristo, que finalmente reconoció públicamente los crímenes realizados por su fundador. El cardenal Ratzinger también inició un proceso contra Marcial Maciel por acusaciones de pedofilia. En 2006, cuando Ratzinger ya era papa, anunció el cierre de la investigación sobre Maciel debido a su avanzada edad y quebrantada salud,​ ordenándole el retiro del sacerdocio público para consagrarse a una vida de «oración y penitencia». (Wikipedia en Español).

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Gringos golpistas

 

Portada en domingo

 

En todo tiempo, en todo sistema político, subsiste una fracción de per­sonas, muy reducidas las más de las veces, que piensan en un golpe de Estado por la fuerza como solución a los problemas. Hay conspiradores por vocación, que necesitan la excitación del secreto y la urdimbre de siniestros planes para hacerse con el poder.

Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela – septiembre de 1987

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The New York Times llevó a primera plana el inicio de un reportaje del 9 de este mes con este titular: Los Estados Unidos se reunieron con rebeldes de Venezuela acerca de un complot de golpe. Con mordacidad, comenta Ibsen Martínez para El País de España:

En el caso del golpe que no fue, el reportaje del New York Times suscitó frustración y rabia en más de un opositor impaciente. Soñar con una salida militar a lo que comenzó en 1992, hace 26 años, con una sangrienta intentona militar es el epítome venezolano a la prédica antipolítica que todavía nos ofusca. Una salida militar absolutamente redundante, por cierto, pues Maduro dio con ella muchísimo antes que la oposición. Hace tres lustros que el régimen chavista concretó todo el programa implícito en la fórmula “salida militar”. En Venezuela, los militares controlan desde la industria petrolera hasta la minería ilegal y reinan sobre la vida y la propiedad de los ciudadanos. Para colmo del desconsuelo, el militar constitucionalista, ese ser mitológico que derrocará a Maduro y lo llevará a la Corte Penal de La Haya al tiempo que entablará negociaciones con el FMI, ha sido suplantado por el general que fue a Washington a pedir aparatos de radio encriptados. Según el reportaje, este salvador integra la lista de caimacanes sancionados por lavar capitales y violar derechos humanos.

Debe estar muy molesto Ricardo Hausmann, que comenzando el año (2 de enero) propuso una salida más “seria”, en ampliación de la “ingenua” pregunta de Álvaro Uribe Vélez: “¿Habrá algún país latinoamericano que preste sus fuerzas armadas para proteger a la oposición venezolana?” (13 de mayo de 2016).

Se trata de una pieza delirante, que aboga por ¡la invasión de Venezuela por una fuerza armada ensamblada con militares de varios países de América y Europa! Hausmann pretende justificar tal crimen internacional sobre la base de una escueta enumeración más de los problemas que aquejan a la población venezolana. (No dice nada que no sepamos). Previamente, despacha como remedios inadecuados o inútiles dos posibles desenlaces: el que proporcionaría una elección presidencial y el que provendría de un golpe de Estado militar, como si se tratara de categorías equivalentes. (El graznido del pato negro).

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No es noticia que los Estados Unidos—su gobierno—intervienen cotidianamente en la política de países distintos, desde una supuesta superioridad moral. Ella no es tal:

en lo que sí se comportan los Estados Unidos como descarados hegemones es en su decisión de suspender su ayuda militar—incluyendo el adiestramiento—a 35 países que apoyan a la Corte Penal Internacional pero no han “exceptuado” a los Estados Unidos de eventuales causas en su contra por genocidio y crímenes de guerra. Según la agencia Fox News, los Estados Unidos, que son signatarios del pacto que creó la corte el año pasado, “temen que (el tribunal) pueda procesar causas políticamente motivadas en contra de sus líderes militares y civiles”. La administración de Bush está muy dispuesta, naturalmente, a levantar las sanciones—que incluyen a Colombia y a seis países de Europa oriental—cuando los países en cuestión consientan en conceder bilateralmente inmunidad para los funcionarios estadounidenses. (Bushit, 3 de julio de 2003).

O, también:

…la senadora Dianne Feinstein, líder del Comité de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos, acusó a su Agencia Central de Inteligencia de ocultar las torturas que ha administrado. La senadora Feinstein dijo, alegando que la CIA había borrado archivos pertenecientes a un informe del comité que preside en sus computadores: “Si el Senado puede desclasificar este informe, seremos capaces de asegurar que un brutal programa de detención e interrogación, nada americano, nunca más sea considerado o permitido”. (A propósito de John Kerry, 14 de mayo de 2014).

Es preferencia operativa de los EEUU emplear su potencia militar contra blancos más débiles, en principio fáciles: Grenada, Haití, Nicaragua, Panamá, Irak, Cuba, Vietnam… (No tan fáciles en los últimos dos casos). Si la justificación de sus intervenciones se predica como una acción contra dictaduras por su persistente violación de derechos humanos ¿por qué no las emprende contra un país de su tamaño—China, por ejemplo—o contra un aliado como Arabia Saudita, que ahora como gran concesión de libertad permite manejar automóviles a las mujeres? Esto sin considerar sus propias violaciones durante los desórdenes de Watts—Los Angeles police needed the support of nearly 4,000 members of the California Army National Guard to quell the riots, which resulted in 34 deaths and over $40 million in property damage. The riots were blamed principally on police racism. (Wikipedia)—o la represión de Occupy Wall Street:

El 24 de septiembre [de 2011] testigos dijeron ver a tres mujeres gritar y tirarse al pavimento tras ser rociadas por spray de pimienta en la cara. El incidente tomó lugar en la intersección de la Calle 1 y University Place en Greenwich Village, durante las marchas en Zuccotti Park y Union Square. Las autoridades dijeron que los manifestantes no tenían permiso para la marcha. Un video publicado en YouTube y en NYDailyNews.com muestra a uniformados que habían acorralado a las mujeres utilizando redes de color naranja y de repente rociaron a las mujeres con el spray rápidamente.​ Otra mujer que había quedado atrapada en la red y rociada con gas pimienta informó de otros incidentes y que se cree que era innecesario el uso de la fuerza policial. El portavoz del jefe del Departamento de Policía Paul J. Browne, dijo que la policía había usado el spray “apropiadamente.” Según el portavoz, “el spray de pimienta fue usado después de que individuos confrontaran a los oficiales e intentaran prevenirlos de colocar las barricadas—algo que fue editado en el vídeo, si no se hubiese visto.” Los activistas posteriormente publicaron el nombre y datos de contacto del funcionario que aparece rociando a la mujer con el spray de pimienta, y alentó al público a quejarse de su conducta. El oficial de policía, que usó el spray de pimienta fue identificado como el Inspector Anthony V. Bologna conocido como “Tony Bologna” del Departamento de Policía de Nueva York. Bologna ya había enfrentado quejas de derechos civiles por su papel durante la Convención Nacional Republicana de 2004 celebrada en Nueva York, por la presunta detención ilegal y violaciones de los derechos civiles. (Wikipedia en Español).

Las facultades de Derecho de varias universidades estadounidenses documentaron las violaciones; por ejemplo, la Universidad de Harvard:

The first report in our multi-clinic Protest and Assembly Rights Project series calls on New York City authorities to stop the pattern of abusive policing of Occupy Wall Street protests.  Lead authored by our partners at NYU and Fordham, the report released today documents in painstaking detail how the New York police and other city officials violated the rights of Occupy protesters. (Suppressing Protest: Human Rights Violations in the U.S. Response to Occupy Wall Street).

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Hoy se cumplen diecisiete años del ataque a las emblemáticas torres gemelas del Centro Mundial de Comercio en Nueva York, el primer acto hiperterrorista de la historia, que inauguraba el Tercer Milenio con el horror de 2.996 muertes. Dos años después, el gobierno estadounidense respondía a actos delictivos tan terribles con una invasión militar predicada sobre bases falsas (¿fraudulentas?), iniciando una guerra que duró ocho años y causó 461.000 bajas humanas; cada víctima de 2001 fue cobrada al precio de 154.

Una vez más: Yankees, go home! LEA

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El Pueblo y sus opositores

El primer ballet de Tchaikovsky

En la edición #314 de Dr. Político en RCR, se consideró las principales razones opuestas a la iniciativa de convocar al Pueblo a referendo: la extendida desconfianza respecto del Poder Electoral y la no menos extendida respecto del Pueblo mismo. Pero pronto llegará el evento referendario para la aprobación o rechazo de la “nueva” constitución, convocado por la Asamblea Nacional Constituyente. Dos números del Acto I de El lago de los cisnes de P. I. Tchaikovsky (el Vals y la Danza de las copas) acompañaron la ocasión, cuyo archivo de audio se pone a continuación:

LEA

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