el blog de luis enrique alcalá

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

George Clooney for President

 

Un político para el presente y el futuro

 

La idea expresada en el título de esta nota vino a la mente mientras veía una entrevista, de este mismo año, del mítico David Letterman a George Clooney. En ella se hizo aparente la evidente inteligencia del notable actor, así como otros rasgos de su personalidad, de los que no es el menor su compasión de persona con indudable vocación humanitaria. En Test para Trump (3 de agosto de 2016), se echó mano de cuatro rasgos necesarios descritos en El político virtuoso (18 de octubre de 2007), para examinar si alguno de ellos estaba presente en Donald Trump. (El artículo original de 2007 se proponía lo mismo para evaluar a Hugo Chávez). Por ejemplo:

Una tercera virtud política, exigible de los líderes que adquieren poder público y complementaria de la anterior o muy cercana a ella, es la compasión. (…) Quien odia es un mal político; quien se mueve con el poder en pos de sus resentimientos es un mal político, pues desecha parte integral del tejido social y niega a otros la libertad de mejorar, de dejar atrás sus errores y progresar moralmente.

El test propuesto concluía así: “Sería fácil añadir otras virtudes a esta exigua lista, pero si los ciudadanos tomáramos conciencia de que debemos exigir a nuestros políticos responsabilidad, humildad, compasión y honestidad, y así lo hacemos, podríamos al fin construir entre todos una buena república. Sería utilísimo, por caso, preguntarnos si el gobernante de turno ha sido adornado con las cuatro virtudes cardinales de un buen político. ¿Es Donald Trump responsable, en el sentido expuesto? ¿Es humilde? ¿Es compasivo? ¿Es honesto?”

………

Apartando su muy destacada carrera cinematográfica, Clooney ha hecho su impacto de activista en el campo de derechos humanos, que certificara la revista TIME en 2009 al incluirlo en su lista de “Personas más influyentes en el mundo”. Pone Wikipedia: “También destaca por su activismo político y económico, y ha servido como uno de los Mensajeros de la Paz de las Naciones Unidas desde el 31 de enero de 2008. Su trabajo humanitario incluye su postura de encontrar una resolución para el conflicto de Darfur, la recaudación de fondos para Haití por el terremoto de 2010, el reconocimiento del genocidio armenio, la ayuda a las víctimas del tsunami de 2004 y las del 11 de septiembre de 2001, y la creación de documentales tales como Arena y Dolor para elevar la conciencia general acerca de las crisis internacionales”. Por supuesto, su matrimonio con Amal Alamuddin, ella misma una eficaz abogada de derechos humanos, ha potenciado esta notable actividad de Clooney.

Viéndolo conversar con Letterman, creí encontrar una posibilidad presidencial en él; sus ideas son claras, son humanitarias, compasivas, algo muy distinto de las desalmadas, erráticas e irresponsables actuaciones de Donald Trump. No perteneciendo al establishment de la tradicional bipolaridad política estadounidense, y vividas las experiencias de competentes gobernantes que fueron antes actores de cine (Ronald Reagan y Arnold Schwarzeneger), me pregunté ¿por qué no Clooney como Presidente de los Estados Unidos? LEA

___________________________________________________________

 

Share This:

Máximas para la acción

 

Fritz Kreisler (1875-1962)

En la consideración de la conducta ciudadana conveniente ante las próximas elecciones del 20 de mayo, el programa #296 de Dr. Político en RCR echó mano de Citas favoritas, que mayormente son máximas o criterios para la acción; especialmente ésta de Isaac Asimov: Nunca permitas que tu sentido de la moral te impida hacer lo que es correcto”. De Fritz Kreisler, se escuchó Liebesleid, y de Antonio Vivaldi el inicio del tercer movimiento de Verano, uno de los conciertos para violín y orquesta del grupo Las cuatro estaciones. Acá está el audio de la emisión de hoy:

LEA

__________________________________________________________

 

Share This:

Pataleo de “comeflor”

 

Vladimir y Benjamín conversandito

 

A JRR

_________

 

Hace un rato me envió un amigo el enlace a un artículo en The Harvard Gazette: Choosing partners or rivals, cuyo sumario anuncia que un reciente estudio de Martin Nowak y colaboradores examina cómo las estrategias pueden promover o destruir la cooperación. La dicotomía entre socios y rivales es la estructura lógica de los autores del estudio, que emplearon como modelo el clásico juego de estrategia que la literatura especializada conoce como Dilema del prisionero.

En vísperas de la Navidad de 2007, la aguda comentarista Argelia Ríos y su esposo invitaron a su casa a un compacto grupo de comensales: Cristina Guzmán, Bernardo Paúl (Q. E. P. D.), Arístides Hospedales, mi señora y yo. Estábamos contentos, luego de que el 2 de diciembre de ese año los proyectos socializantes de reforma constitucional de Hugo Chávez y la Asamblea Nacional de la época fueran derrotados en referendo, lo que el suscrito había predicho. Uno de los circunstantes aconsejó una actitud acogedora de la figura del general Raúl Isaías Baduel, pues pensaba que luego de su publicitada oposición a los proyectos mencionados pudiera emerger como líder nacional y eventual Presidente de la República. Otro me acusó de pensar la política románticamente*, y declaró como dogma que todo político venezolano quería en realidad ponerle la mano a la bolsa de treinta mil millones de dólares de la renta petrolera nacional. “A ver, nómbrame uno que no quiera eso”, me conminaba.

A partir de allí se agrió el feliz ambiente, pues rechacé con molestia tanto el dogma como la acusación. Tres días después (jueves, 27 de diciembre de 2007) tocaba publicar la Carta Semanal #269 de doctorpolítico, que decidí dedicar al examen de la discrepancia y envié a cada uno de los presentes en el gentil agasajo. Al leer hoy la nota en The Harvard Gazette me pareció que su análisis había sido anticipado en aquello que entonces había escrito, pues incluso eché también mano del “juego del prisionero”. De esa carta transcribo ahora lo fundamental de ella:

El protagonista de ¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes? (por Enrique Jardiel Poncela) se propuso, con ánimo de naturalista de lo más empírico, una exploración que pudiera rebatir la noción de que alguna vez hubiera once mil vírgenes. Su método: yacer con toda mujer que tuviese a tiro. Después de una catalogación sexual que le llevó años y a muchos sitios, después de una dilatada carrera de fornicador, jamás encontró una virgen. Así, razonó, nunca hubo once mil vírgenes, pues si alguna vez las hubiera habido debería haber quedado aunque fuera una.

Respecto de la existencia de un himen, sin embargo, es fácil pensar dicotómicamente. O una mujer lo tiene o no lo tiene, es tautología que se insinúa de inmediato. O es virgen o no lo es. O está preñada o no lo está; no puede estar medio preñada. Pero los políticos no son categorizables de modo tan elemental, a pesar de que, con autocomplaciente vulgaridad, admirados de su propia y pretendida astucia, haya quienes digan con frecuencia que a Perencejo le hace falta mucho burdel político. Implícita en una caracterización tal, está la idea de que cierta inmoralidad es imprescindible para ejercer la política, que la conducta inmoral o amoral es consustancial a la política.

Atendamos, entonces, a lo que las ciencias, sociales y biológicas, tienen que decir sobre este asunto, pues, quiéralo o no el cínico, es deber moral del político ser responsable y serio, puesto que se entromete en la vida de un amplio contingente humano, y no puede hacer eso con seriedad o responsabilidad si no procura abrevar de lo científico.

Una primera constatación, evidente, es que ciertamente hay conductas observables que responden a motivaciones egoístas, que hay comportamientos que se rigen por la suspensión de otra moralidad que no sea el propio interés o beneficio. La palabra “maquiavelismo” ha llegado a ser un término técnico; los psicólogos sociales y de la personalidad lo emplean para describir la tendencia de una persona a engañar y manipular a otras personas para fines de ganancia personal, y también aluden a “inteligencias maquiavélicas”. De hecho, Richard Christie y Florence Geis diseñaron un test destinado a medir el nivel de maquiavelismo presente en una persona cualquiera. El test MACH-IV, desarrollado hacia 1960, se ha convertido en la herramienta estándar de los psicólogos para la evaluación cuantificada de la presencia de maquiavelismo. Algunos, bastante interesantemente, han creído encontrar una correlación entre maquiavelismo y desórdenes psicopáticos o sociopáticos y, más específicamente, con el desorden narcisista de la personalidad, de indudable importancia política en Venezuela. Sobre todo los sociópatas se caracterizan, como las personalidades maquiavélicas, por la maquinación astuta. Estos tipos de personalidad no son, por fortuna, los más frecuentes.

Una segunda fuente científica mana de la Biología, y crea un río que corre en dirección distinta. Escribiendo para The New York Times (Científicos hallan inicios de la moralidad en comportamiento de primates, 20 de marzo de 2007), Nicholas Wade reporta:

Algunos animales son sorprendentemente sensitivos a peligros que acosan a otros. Los chimpancés, que no saben nadar, han llegado a ahogarse en estanques en zoológicos tratando de salvar a otros. Ante la posibilidad de obtener comida halando una cadena que también administra una descarga eléctrica a un compañero, los monos rhesus pasan hambre durante días enteros. Los biólogos arguyen que éstas y otras conductas sociales son las precursoras de la moralidad humana… El año pasado Marc Hauser, un biólogo de la evolución en Harvard, propuso en su libro Mentes morales que el cerebro tiene un mecanismo, conformado genéticamente, para la adquisición de reglas morales, una gramática moral universal similar a la maquinaria neural para el aprendizaje del lenguaje. En otro libro reciente, Primates y filósofos, el primatólogo Frans de Waal defiende, contra filósofos críticos, su punto de vista de que las raíces de la moralidad pueden encontrarse en la conducta social de monos y simios… La vida social requiere empatía, la que es especialmente obvia entre los chimpancés, así como sus métodos para terminar las hostilidades internas. Toda especie de simio o mono tiene su propio protocolo para la reconciliación después de las peleas, según hallazgo del Dr. de Waal. Si dos machos no logran reconciliarse, los chimpancés hembras a menudo reúnen a los rivales, como si sintieran que la discordia empeora a la comunidad y la hace más vulnerable al ataque de vecinos. Incluso llegan a evitar una pelea arrebatando piedras de las manos de los machos. El Dr. de Waal cree que estas acciones son emprendidas para el mayor bien de la comunidad, distinto de las meras relaciones entre individuos, y son un precursor significativo de la moralidad en las sociedades humanas.

Pero es que hasta en disciplinas más abstractas, como la Teoría de los Juegos (John von Neumann y Oskar Morgenstern), es posible asistir a la emergencia de la cooperación. El famoso “dilema del prisionero” es un juego de estrategia matematizable—inventado en la Corporación RAND, el más grande think tank del mundo—, que modela cómo es posible llegar a un resultado que daña a todos los jugadores cuando éstos siguen una estrategia perfectamente racional que se cierra a la cooperación. Llevado a computadores que juegan entre sí, y a pesar de sembrar en ellos una estrategia inicial de retaliación (tit for tat), al cabo de numerosas repeticiones los computadores típicamente “aprenden” a cooperar.

El altruismo, pues, es tan real como el egoísmo, por lo que cualquier esfuerzo serio y responsable de entender el comportamiento social, y de hacer política, debe tomarlo en cuenta.

En febrero de 1985 escribía el suscrito: “Si se piensa en la distribución real de la ‘honestidad’—o, menos abstractamente, en la conducta promedio de los hombres referida a un eje que va de la deshonestidad máxima a la honestidad máxima—es fácil constatar que no se trata de que existan dos grupos nítidamente distinguibles. Toda sociedad lo suficientemente grande tiende a ostentar una distribución que la ciencia estadística conoce como distribución normal de lo que se llama corrientemente ‘las cualidades morales’: en esa sociedad habrá, naturalmente, pocos héroes y pocos santos, como habrá también pocos felones, y en medio de esos extremos la gran masa de personas cuya conducta se aleja tanto de la heroicidad como de la felonía… Tan imposible como hacer que una población esté compuesta por genios, es lograr que sea toda de idiotas. Tan imposible como hacer que toda sea una población de santos es obtener que sea íntegramente conformada por delincuentes, y, por tanto, en una sociedad económicamente justa, no podrá ser que todos sus habitantes sean ricos o que todos sus habitantes sean pobres”.

Una “Política Clínica”, pues, no cree que “el maestro es el apóstol de la juventud”, como titulaba Luis Beltrán Prieto Figueroa uno de sus recordados artículos, ni tampoco que la universidad es “fundamentalmente una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre”, como reza nuestra Ley de Universidades. (1970). Ese lenguaje hiperbólico no es bueno para fundar repúblicas, y ya Bolívar alertaba contra las que llamaba “aéreas”. Para ser político clínico no es necesario chuparse el dedo.

Pero una aberración contraria, si queremos hacer dicotomías, es desconocer el altruismo en política. El político profesional serio debe ser, sin duda, realista. Esto no conduce a tener el realismo como sinónimo de cinismo. Nadie menos que Federico el Grande de Prusia quiso escribir un breve ensayo—corregido y ampliado por el cáustico Voltaire, su protegido—para refutar a Maquiavelo. En Anti-Maquiavelo (1740), Federico expuso que el italiano había ofrecido un punto de vista parcial y sesgado del arte del estadista. Además de reivindicar un lugar para un genuino interés por la prosperidad de los ciudadanos, el gran monarca apuntó agudamente cómo Maquiavelo había escamoteado la evidencia del término infeliz o desastroso de más de un gobernante malhechor por él alabado.

Y es que, asimismo, no es nada difícil recabar comprobación empírica de que la bondad es eficaz. La bondad funciona en la práctica. Los expertos en gerencia de personal ya abrazaban, a fines de los años sesenta del siglo pasado, la “Teoría Y”, que se oponía a una “Teoría X” que contemplaba cínicamente las motivaciones de los empleados de las empresas privadas. Sin darse cuenta de lo que hacían, eran, como Federico el Grande, antimaquiavélicos. Habían descubierto que, con mucho, era preferible ser amado que temido.

El líder temido, no cabe duda, puede ser muy eficaz. Con frecuencia logra sus propósitos. Pero para lograr metas más elevadas es necesario ser líder amado. No se puede convocar a grandes cosas desde el miedo.

Es en este sentido práctico, plenamente realista, que Don Pedro Grases, el gran catalán venezolano, afirmaba en su septuagésimo quinto cumpleaños: “La bondad nunca se equivoca”. Para quien había logrado escapar de la muy real y concreta tragedia de la Guerra Civil Española, eso no era poesía, sino constatación práctica.

Una política fundada en ese sentimiento, a pesar de su hermosura, es perfectamente posible. (Y muy necesaria). LEA

………

*El 20 de marzo pasado escribí a un amigo distante acerca de mi presunta ingenuidad, que recientemente ha sido presumida como la posición desde la que predico un referendo por iniciativa popular que pueda disolver la Asamblea Nacional Constituyente en funciones. Así le puse:

Hay quienes razonan que siempre he sido un iluso comeflor, que no entiende que “el régimen” nunca va a permitir ese referendo. Yo creo que le será al gobierno muy difícil impedirlo.

Conozco al enemigo; tú hiciste universidad en el “monasterio” de la UCAB, yo también allí, pero antes estuve tres años en Mérida (donde fui el participante más destacado de un curso antiguerrillero bajo instrucción de un capitán cubano anticastrista) y uno en la UCV, adonde fui armado a rescatar cuatro decanos no izquierdistas secuestrados en el salón del Rectorado. He debatido más de una vez con comunistas, y ellos siempre salieron en derrota. Sé cómo piensan y cómo operan, sé qué trampas emplean y dónde las colocan; sé rebatirlos. (En 1962, fui elegido como primer Presidente del Movimiento Universitario Católico de la ULA porque dos días antes logré revolcar a un mirista y un comunista en su Facultad de Humanidades). Sé también que, en último caso, pueden matarme, pero ya estoy demasiado mayor como para que eso me importe. En Retrato hablado (30 de octubre de 2008), escribí:

Finalmente, y no menos importante, la persona en cuestión deberá estar dispuesta a arriesgarse grandemente. Una tarea como la descrita [contrafigura de Chávez] pondrá en peligro, indudablemente, su seguridad personal. Chávez no es José Gregorio Hernández, y aun si quisiere respetar a ese contendiente, tan distinto de los que ha confrontado hasta ahora, su círculo inmediato incluye gente violenta con lógica revolucionaria que autoriza, en nombre de valores pretendidamente superiores, prácticamente cualquier cosa. Lo de Chávez y sus principales aliados es un protocolo de poder sine die, eterno. El outsider del que se viene hablando deberá ser capaz de resistir los ataques que sobrevendrían, en una gama que puede ir desde el enlodamiento de su reputación hasta la eliminación física. El riesgo aumentará a medida que la opción que represente comience a significar una posibilidad clara de éxito.

No soy un comeflor; no me chupo el dedo.

___________________________________________________________

 

Share This:

Lo que a todos conviene

 

La facilitación de las cosas

 

Menos de un minuto de audio del programa #295 de Dr. Político en RCR (28 de abril de 2018)

 

___________________________________________________________________________________________

 

Pudiera ser que se extienda el consenso de que un gobierno presidido por Henri Falcón sería suficientemente mejor que una nueva presidencia de Nicolás Maduro y que, a pesar de las numerosas y justificadas reservas acerca de la elección presidencial del 20 de mayo próximo, suficientes electores vayan a votar en esa fecha para asegurar tal resultado y oponer un obstáculo prácticamente insalvable a cualquier tentación de adulterarlo. En ese probable caso, Falcón se convertiría en el sucesor de Maduro, pero no podría asumir la Presidencia de la República sino hasta el 10 de enero de 2019, ocho meses y medio después de la elección. Como salta de inmediato a la mente, ese prolongado lapso es realmente inconveniente a la Nación.

Pero habría un modo simple de convertirlo en un aconsejable período de transición. De perder Maduro la votación ante Falcón, el primero podría actuar como estadista para facilitar las cosas a su Pueblo (“Maduro es Pueblo”): podría renunciar en breve plazo—¿un mes?—luego de designar a su oponente como Vicepresidente Ejecutivo de la República. Dice el último parágrafo del Artículo 233 de la Constitución: “Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar el mismo”. Así, pues, se aseguraría que Falcón mismo condujera la transición hacia su propio período constitucional. (Una forma alterna, tal vez menos deseable, es que Maduro y Falcón acordaran el nombramiento de un tercero para la tarea transicional).

………

Si algo es conveniente a la paz de la República es que no luce probable que Falcón llegue a la Presidencia de ella con ánimo de vindicta justiciera; no corresponde al Presidente actuar como juez o fiscal acusador, aunque esto haya sido conducta en la que tanto Chávez como Maduro incurrieran a lo largo de sus respectivos mandatos.

Lo primero que haría como Presidente es comunicar al país mi convicción de que las personas de convicción socialista, en su mayoría, son gente que privilegia la virtud de la solidaridad, y que no debe llegarse a la Jefatura del Estado con ánimo altaneramente justiciero. (…) Creo, por supuesto, que el socialismo, en tanto ideología, es terapia equivocada, medicina antigua, concebida en el siglo XIX como toda otra ideología—liberal o libertaria, social-demócrata o social-cristiana (o eso que ahora presentan como si fuera nuevo, un tal progresismo)—con la pretensión de saber cuál es la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que la sociedad actual no lo sea. (…) Pero eso no es lo mismo que condenar al chavismo a la Quinta Paila del Infierno por toda la eternidad. Es posible hacer ver a quienes se inscriben en esa variedad del socialismo, aunque con dificultad, que su enfoque de la política es equivocado, como lo es toda posición ideológica. El error de mi contendiente no es causa de mi acierto, y nuestra tarea principal es la de reunir a un país ideológicamente dividido. (En Recurso de Amparo, 14 de julio de 2015).

El esquema propuesto permitiría una transición pacífica, naturalmente sin impedir que los órganos apropiados del Estado venezolano—Fiscalía General de la República, Procuraduría General de la Nación—opten por llevar a juicio a funcionarios públicos que hayan incurrido en actividades dolosas o criminales, especialmente aquéllas que hayan afectado el patrimonio de la Nación. Es algo que Nicolás Maduro debiera aceptar.

………

Finalmente, uno de los candidatos inscritos para la competencia democrática del 20 de mayo ha propuesto un procedimiento harto aconsejable, como titulaba El Universal el 24 de este mes: “Luis Alejandro Ratti propuso escoger candidato unitario para enfrentar a Maduro”. El sumario de la noticia explicaba: “Según el candidato presidencial por iniciativa propia, la escogencia debe realizarse a través de una encuesta nacional para que sea el pueblo el que decida quién debe enfrentar a Nicolás Maduro en los comicios presidenciales del próximo domingo 20 de mayo”.

Le tomaría la palabra. Rápidamente, una encuestadora confiable—hay varias; ni Hinterlaces* ni Meganálisis, por favor—podría hacer esa medición preguntando, por ejemplo: “Entre Javier Bertucci, Henri Falcón, Reinaldo Quijada y Luis Alejandro Ratti ¿quién prefiere Ud. que enfrente a Nicolás Maduro el 20 de mayo?” Si Falcón, como es presumible, superara claramente a los tres otros postulados no oficialistas, las organizaciones que les postulan pueden hacer hasta el 10 de mayo las sustituciones necesarias de retirarse estos últimos. (Artículos 63 y 64 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales).

………

Como me observara mi profesor de Filosofía Política y Social, la posibilidad de la transición delineada pudiera ser el mejor acicate del voto, pues propicia lo que ansía la casi totalidad de los venezolanos: un alivio instantáneo. LEA

………

* Según TeleSur, la encuestadora de Oscar Schemel (Hinterlaces) acaba de medir una intención de voto de 51% a favor de Nicolás Maduro. Las siguientes son láminas de Datanálisis de su estudio de opinión del mes de marzo, en una muestra de 800 personas naturales de todos los niveles socioeconómicos, inscritas para votar y entrevistadas cara a cara en hogares. (Fecha de campo: 19 al 29 de marzo de 2018. Error máximo admisible ±3,39% Las figuras azules corresponden a opositores, las verdes a independientes y las rojas a oficialistas). Para este blog, Datanálisis es hoy bastante más creíble que Hinterlaces.

 

Juicio del actual Presidente

 

Acuerdo con el llamado de abstención

 

Disposición a votar

 

Preferencias de voto entre no abstencionistas

 

Preferencias de voto de quienes seguramente votarán

 

___________________________________________________________

 

Share This:

Suficientemente mejor

 

crest A plume of feathers on a helmet.

(Penacho de plumas en un yelmo, como el usual en los que encabezan blasones de nobleza).

________________________________________________________________________________________________

 

El blasón de Falcón

En la cita #295 con los oyentes de Dr. Político en RCR, quien conduce el programa hizo una razonada y decidida recomendación de votar por Henri Falcón en las elecciones presidenciales del 20 de mayo, porque un gobierno suyo sería suficientemente mejor que una nueva presidencia de Nicolás Maduro. Igualmente propuso exigir que ese mismo día se consulte al Pueblo sobre su aceptación de un régimen socialista y la continuación de la Asamblea Nacional Constituyente. Un episodio de la Obertura de La Reina de Espadas, de P. I. Tchaikovsky, y el tema de la serie televisiva Falcon Crest, de Bill Conti, sonaron durante la transmisión, cuyo archivo de audio se pone a continuación:

LEA

___________________________________________________________

 

Share This:

Ética y política

Federico Chopin (1810-1849)

Volvió al programa #294 de Dr. Político en RCR la clara guía ética de William Clifford, resumida en el principio expuesto en su obra, La Ética de la Creencia: “Es en todo tiempo y lugar moralmente erróneo que cualquiera crea en algo sobre la base de evidencia insuficiente”. Luego, hubo oportunidad de comentar la conducta poco profesional de Meganálisis, la inconstitucionalidad del “Tribunal Supremo de Justicia en el exilio”, la posibilidad de sustituir la candidatura presidencial de Henri Falcón por otra más idónea y la descripción del Frente Amplio en una presentación de Ángel Oropeza, Coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática. El más famoso de los Nocturnos de Federico Chopin—#2 en Mi bemol mayor—y el Allegro de la 6ª Sinfonía de P. I. Tchaikovsky constituyeron la ofrenda musical de hoy. He aquí el archivo de audio de esta transmisión:

LEA

_________________________________________________________

 

Share This:

Share This: