el blog de luis enrique alcalá

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

De Alonso Moleiro

Plataforma Unitaria Democrática (PUDE, pero ya no puedo)

Actualizado al final con audio de poco más de un minuto

 

Tomado de El País de España (con fecha de anteayer)

 

Las diferencias en la oposición venezolana dificultan la celebración de las primarias en junio

 

El retraso en las gestiones, el silencio de los políticos y la lentitud en la obtención de recursos frenan el proceso de escoger candidato para 2024

 

Alonso Moleiro

Caracas – 23 ene 2023 – 0:27 GMT-4

Las elecciones primarias que había planificado la oposición venezolana como instrumento para dirimir sus diferencias y escoger un liderazgo unificado para enfrentar a Nicolás Maduro en las presidenciales de 2024 ha entrado en una zona de turbulencias. El final del gobierno interino de Juan Guaidó a finales de 2022 ha tensado aún más la relación entre los líderes opositores y si hace un mes se hablaba de celebrar las primarias en junio de este año ahora esa fecha se antoja difícil.

Hace unas semanas había consenso en todos los extremos las fuerzas democráticas en la idea de las primarias abiertas a la población, pero el retardo de sus gestiones, el silencio de los políticos y la lentitud en torno a la obtención de los recursos ha encendido las alarmas. Algunas fuentes vinculadas a la oposición ya confirman que es difícil que puedan celebrarse en junio.

En las propias corrientes opositoras hay diferencias muy claras sobre el proceso. Por ejemplo, sobre la pertinencia de solicitar o no la asistencia del Consejo Nacional Electoral, -instancia que domina el chavismo pero que tiene presencia opositora- y sobre la viabilidad del voto de la diáspora. La Plataforma Unitaria ya solicitó al CNE la habilitación de los 14.000 centros de votación del país, una demanda que aún no ha sido respondida. Vente Venezuela, el partido de María Corina Machado, ha insistido en organizar unos comicios con voto manual. Sobre este punto también abundan las divergencias.

“Hay quienes hablan de primarias de la boca para afuera, pero no quieren primarias”, ha declarado recientemente Leopoldo López, de Voluntad Popular, abriendo fuego contra sus críticos después de un prolongado silencio y ahora que ha quedado disuelto el gobierno interino. “Hay quienes quieren ser candidatos, pero no quieren primarias. Manuel Rosales es un caso. Henrique Capriles tampoco las quiere. Nosotros creemos que una candidatura acordada al margen de la gente está destinada a fracasar en este contexto y vamos a trabajar duro para empujar esas primarias. Aquí sólo se puede avanzar con la gente, en una consulta abierta.”

Para López, ni Primero Justicia, ni Acción Democrática, ni Un Nuevo Tiempo, “tienen mucho interés en que la diáspora participe en esa consulta” y en sus entrañas “hay sectores que están penetrados por los intereses de la dictadura”. Capriles, en una entrevista con EL PAÍS, desmintió que él no quiera primarias y dijo que las declaraciones de López buscan, precisamente, “dinamitar” ese proceso. “Estoy absolutamente a favor de las primarias, de un proceso de consulta abierto y lo más amplio posible”, aseguró.

“La organización de las primarias sigue avanzando, este es un proceso que le pertenece a la sociedad civil, no a los partidos”, ha declarado una fuente cercana a la organización de esta cita, que ha preferido mantener su nombre en la reserva. “Pero es cierto que hay retardos. Un tema importante es el de los recursos”*, afirma. “Además, hay decisiones cruciales que hay que tomar, que tienen costos, y el tiempo juega en contra. La participación o no del CNE en la organización de las primarias es un aspecto crucial, sobre el cual hay opiniones encontradas.”

La Comisión Electoral Para las Elecciones Primarias, presidida por José María Casal, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Andrés Bello, y un calificado equipo de académicos, juristas, y personal especializado trabaja con total autonomía en su encomienda y canaliza con Manuel Barboza, de Un Nuevo Tiempo, secretario ejecutivo de la Plataforma Unitaria, el ensamble de las decisiones con el sector político.

Sin embargo, y aunque algunos políticos lo niegan, sí parece estar ganando terreno la idea de acordar un candidato de consenso en sectores de los partidos hegemónicos de la oposición. Sobre todo, de acuerdo a las fuentes, ante los costos de la elección, la posibilidad de retrasos en el calendario e incluso la dificultad de acordar qué hacer con el Consejo Nacional Electoral.

En particular en Un Nuevo Tiempo, el partido de Manuel Rosales, actual gobernador del Estado Zulia —un político socialdemócrata de línea moderada—, crece el interés en allanar el camino para una fórmula alterna a una consulta para pactar un candidato. Rosales —que ya enfrentó a Hugo Chávez como candidato en 2006— tiene números aceptables en las encuestas, no tiene inhabilitaciones políticas del régimen, se ha declarado favorable al fin de las sanciones económicas contra el chavismo y ha reanudado relaciones institucionales con Miraflores.

Un acuerdo consensuado para escoger un abanderado opositor, al margen de una consulta, agravaría las fisuras con otros sectores. “Para Voluntad Popular la convocatoria a unas primarias para legitimar el liderazgo de las fuerzas democráticas es un punto de honor, y en esto no tenemos problema en estar en minoría. No vamos a participar en ninguna maniobra de este tipo, ni acompañar a un candidato negociado”. Una opinión muy similar, en sus propios términos, tiene María Corina Machado y muy probablemente otros precandidatos que se alistan para participar, como Delsa Solórzano y Andrés Velásquez.¶

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Es del 15 de septiembre de 2009 una mención de Alonso Moleiro en este blog:

Pudiera ofrecer numerosos ejemplos de mi reconocimiento a personas particulares cuando encuentro sus opiniones valiosas y originales; por caso, reconocí una opinión de Alonso Moleiro leída en Tal Cual en el programa #94 de Dr. Político en RCR (10 de mayo de 2014): «una exposición de Alonso Moleiro que parece convencida de la necesidad de un referendo consultivo sobre el socialismo», aunque yo había propuesto exactamente eso—en Parada de trote (23 de julio de 2009)—casi cinco años antes. (En La mezquindad en la política venezolana).

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Algunos de los actores mencionados por Moleiro en su artículo para El País lo fueron acá el pasado 14 de octubre en ¿Algo nuevo?

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* Mi esposa me recordó lo que sigue—a propósito de «Un tema importante es el de los recursos”—de una entrevista en el programa Y así nos va, conducido por Daniel Lara y Nehomar Hernández el 17 de marzo de 2015, próximo a cumplir ocho años. El fragmento recogido acá es de poco más de un minuto.

 

Un desarrollo de esto último puede encontrarse en Participación popular electrónica, de hace casi dos años.

LEA

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Recuerdos de un amigo ido hoy

Henrique Machado Zuloaga a la izquierda de Luis Ugueto Arismendi, su gran amigo

 

El Informe Krisis ocupó buena parte de mi actividad en 1984, así como sirvió, además de fuente de ingresos, como canal para desaguar mis inquietudes sobre la política nacional e internacional. Nació, como dije antes, en octubre de 1983, en la recta final de las elecciones de ese año. La invasión a Grenada dominó por ese entonces la escena internacional, pues no faltó quien pensara que ese episodio presagiaba un ejercicio similar hacia Nicaragua. El conflicto centroamericano, junto con las vicisitudes del mercado petrolero internacional y el proceso de refinanciamiento que por entonces conducía el ministro Arturo Sosa, fueron los tres procesos de “interfase” externa que el informe analizó con asiduidad. Por lo que respecta a lo nacional, el Informe Krisis atendía a la actividad política, la actividad económica, la actividad “social” (más bien laboral) y a la más específica relación del gobierno con el sector empresarial.

Tuvo buena acogida. Algunos importantes personajes lo comentaron favorablemente. Ramón Escovar Salom estaba encantado y lo creía “refrescante”, mientras Eloy Anzola Etchevers me decía: “Se publican muchos informes destinados a la gerencia. Algunos son buenos y otros son malos, pero lo que tú escribes no lo está diciendo nadie más”. Hilarión Cardozo se acercó hasta mi oficina para hablarme bien de la publicación y al mismo tiempo tratar de convencerme de que, en vista de la explosiva situación en la que las elecciones habían dejado a COPEI, su propia figura resultaba la indicada para una secretaría general de salvamento y que él se comprometía a hacerlo sin pretender la candidatura a la Presidencia de la República. El amistoso optimismo de Frank Alcock Pérez-Matos auguraba un “imperio económico” que yo construiría a partir del informe. La verdad es que nunca estuve totalmente concentrado en la construcción del imperio. Más cerca de mis tendencias fue la invitación que me hizo Arturo Ramos Caldera. A fines de una mañana de marzo de 1984 me visitó. Arturo es el portador constante de su sinceridad. Es un alma noble que se dirige a las cosas sin enredarse por los vericuetos de la sofisticación intelectual. Sin mucho preámbulo me dijo: “Vengo a hacerte una invitación. Haz una revista. El informe está muy bien, pero sigue siendo una publicación para élites y tú debes hablar y escribir para todo el mundo”. En esto coincidiría, meses más tarde, la intuición de Allan Brewer. Corina Parisca de Machado había obtenido la autorización de Henrique, su marido, para invitar a su casa a varios amigos pudientes y tratar de convencerlos de aportar fondos para el desarrollo del informe. “Randy” preguntó en esa reunión si no “teníamos” planes de hacer una revista, entendiendo por esto la publicación de un semanario al estilo de la revista Resumen.

Esa reunión en la casa de los Machado fue, por mi culpa, un éxito fracasado o, tal vez, un fracaso exitoso. La cena fue programada para el 23 de agosto. Pocas horas antes de la reunión, y presa de una fuerte excitación, fui a hablar con Corina hasta su casa. Allí le dije que había decidido transparentar mi inquietud de fondo ante los invitados, pues no sentía sincero hablarles de un producto comercial de una empresa (el Informe Krisis), cuando lo que verdaderamente me movía era una vocación hacia una carrera pública. (La declaración de que esto era mi dirección la había confiado por primera vez a Francisco y Thaís Aguerrevere en 1983, durante la campaña electoral de ese año).

Corina reaccionó espantada y argumentó fuertemente en contra de ese discurso. Me dijo que no convenía y que lograría más cosas limitándome al plan establecido previamente, hablando del informe y solicitando de los circunstantes el aporte de capital necesario. (Henrique había sugerido que mis amigos gustosamente contribuirían para eso a título de fondo perdido). Creía Corina que los invitados de todos modos entenderían cuál era mi búsqueda a largo plazo sin necesidad de decírsela explícitamente. Por espacio de una hora traté de convencerla sin lograrlo. Después me rendí a la lealtad que uno debe a su anfitrión, especialmente si se trataba de personas que buscaban ayudarme, como Corina y Henrique, con gran desprendimiento. Así, hablé esa noche del informe sin coherencia y sin convicción. Fui presentado por Corina, quien abrió su discurso aclarando que Henrique le había dicho no tener “nada que ver con eso”. Después, al solicitar que me escucharan, me caracterizó como una persona que acostumbraba ver los procesos sociales “desde un helicóptero” el que a veces volaba demasiado alto. Cuando tomé la palabra ya estaba bastante desanimado. Pero fue mi culpa y mi equivocación. Yo he debido hacer una de dos cosas: o convencerme a mí mismo de que una apertura de mi espíritu era prematura y restringirme a hablar del informe y su evolución, o no haber advertido a Corina y haber dicho lo que sentía sin alarmarla previamente, aclarando en el momento de dirigirme a los presentes que ni ella ni su esposo sabían lo que yo iba a decir. En la forma torpe de ejecutarlo, después de haber asustado a la pobre Corina a última hora, lo que hice fue referirme al informe sintiendo que engañaba a los que escuchaban al no haber descubierto mis intenciones más profundas. A pesar de eso, Reinaldo Cervini, Ricardo Zuloaga y Eduardo Quintero se acercaron a ofrecerme su cooperación. Eduardo me dijo: “Espero que me llames para concretar”, lo que significaba tanto que quería ayudarme como que, en su correcta opinión, yo no había concretado nada. Ricardo me confió: “No entendí mucho, pero creo que lo que quieres hacer es algo como orientarnos en la interpretación de lo que pasa con tu informe. Estoy dispuesto a ayudarte”. Reinaldo hizo algo equivalente, algo así haría Gustavo Julio Vollmer y los Machado me despidieron aliviados.¶

(Tomado de Krisis: Memorias prematuras, 1986).

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En mayo de 1998 asistí a una reunión de análisis en el bufete de Humberto Bauder Fontúrvel, donde expuse mi argumentación sobre la conveniencia de la constituyente. Con metáfora informática, dije que el “sistema operativo” del Estado venezolano no funcionaba bien y había que instalar uno nuevo. (No se pasaba de Windows XP o Vista a Windows 7 poniendo remiendos al sistema más antiguo, sino dominándolo con la superposición del nuevo). El “constituyente ordinario” (el Congreso de la República) quedaría excedido en sus facultades, puesto que él mismo era creación de la constitución que había que sustituir enteramente con nuevos conceptos constitucionales. Ante esta declaración, Corina Parisca de Machado, presente en aquella sesión, encontró virtud en el planteamiento, al suponer que “le arrancaría una bandera a Chávez”. Admití ese efecto colateral beneficioso, pero recalqué que la constituyente debía operar aunque Chávez no existiera. De más está decir que si se hubiese seguido ese camino, la constituyente habría sido muy distinta de la que Chávez terminó convocando.

Corina Parisca se convirtió en entusiasta defensora de la noción, y me invitó a exponerla a su esposo, el importante industrial Henrique Machado Zuloaga, poco después de la reunión en el Escritorio Bauder. La Sra. Machado se animó, incluso, a promoverme, al decir a su marido: “Cuando ya 56% de los venezolanos quiere constituyente es hora de abrazarla. Tenemos que ayudar a Luis Enrique, porque no sabemos si lo que detendrá a Chávez es un acorazado, un cuerpo de ejército o un indiecito con una flecha”. Yo era el indiecito; la versión tropical de David, armado únicamente de una honda y una piedra, enfrentado al gigante Goliat.

El asunto quedó pendiente, hasta que llegó una fecha patria no laborable: el 24 de junio de 1998, día de la Batalla de Carabobo. A las 3 de la tarde quedamos convocados, además del suscrito, Pedro Carmona Estanga, José Rafael Revenga, Beatriz De Majo y el encuestador Alfredo Keller para discutir la situación política, en momentos cuando ya se veía con claridad que, de no ocurrir un milagro, Hugo Chávez sería el nuevo Presidente de la República. Entretanto, Salas Römer cabalgaba ese mismo día acompañado de su montonera electoral.

El anfitrión abrió fuegos sintéticamente: mientras Chávez subía en las encuestas, la cotización del bolívar bajaba. La economía rechazaba a Chávez; era preciso diseñar “una campaña inteligente, profunda y con mucho real” para detenerlo. Carmona Estanga añadió indicadores económicos que corroboraban lo dicho por Machado, y entonces los “políticos” presentes presentaron su evaluación.

De Majo dijo que era imposible que la candidatura copeyana de Barbie Sáez repuntara para ganarle a Chávez; Revenga emitió el mismo pronóstico para la candidatura de Alfaro Ucero, que aún estaba vigente. Keller apeló a sus mediciones para pronosticar—¡horror!—que tampoco Salas Römer podría parar el ascenso de Chávez y sería derrotado. Entonces propuso: “Yo auparía a una contrafigura de Chávez que fuera capaz de vencerlo con argumentos, aunque esa persona no vaya a ser candidato”. Keller daba a entender con esta última condición que Salas Römer ya estaba montado en el burro—¿caballo?—y que no convendría improvisar una candidatura de última hora. Al terminar su exposición, clavó en mí su mirada.

Tal vez Alfredo Keller no me diga nunca si pensaba en mi persona como capaz de hacer la tarea que había delineado; lo cierto es que mi tono extraña y escarmentadamente modesto de esa tarde me impuso no postularme para la misión, e intervine por la salida lateral de hablar una vez más acerca de la necesidad de promover un proceso constituyente, lo que no fue atendido por los circunstantes. Por un minuto, se examinó perentoriamente dos posibles contrafiguras que pudieran debatirle a Chávez: Alberto Quirós Corradi y Elías Santana, que no causaron mucho entusiasmo. La proposición de Keller ya no estaba sobre la mesa.

Tomado de Las élites culposas – Memorias imprudentes, 2012

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Sueño repetido

 

Caminaba la loma más bien suave de una colina, fácilmente superable en la neblina. (O quizá la noche, tal vez la madrugada). Iba, con muchos otros, en una dirección generalmente definida. Miraba mucho al sendero, el que aparecía bajo sus pies en cuanto los movía. Caminaba en penumbra hacia la luz.

En el trayecto sus ojos distinguían en el suelo, y querían entender, papeles impresos con letras muy negras que nunca llegaron a significar nada; los abría con sus manos y eran totalmente intrascendentes. Pero no podía evitar recogerlos, aunque nunca había leído algo importante, nada que ameritara concentrarse en su texto, distraerse del camino. Siguió cruzando la loma sin demasiada prisa. Sabía que tenía que hacer algo, cumplir una misión, decir alguna cosa. No podía cejar ante tan grave deber.

Después de un tiempo sin haber alcanzado su destino desconocido, oyó una voz grave y lejana que creyó ubicar en las alturas: “¡Apúrate!” La oyó dos veces, tal vez tres. Siguió caminando lentamente. Al cabo de un rato volvió a escuchar la urgencia: “¡Apúrate!” Aceleró el paso y cuando le pareció que llegaba adonde debía estar, la voz penetró su alma de nuevo y le dijo, tranquila pero decisivamente: “Demasiado tarde”.

Se trataba de un sueño, y despertó para vestirse y desayunar antes de ir a la pequeña plaza a esperar el autobús que lo llevaría al colegio. Hacía frío, por lo que vestía su chaqueta de cuero, y vio el rocío sobre las hojas y alguna telaraña perlada de gotas de agua. Entonces tenía seis años de edad, e ignoraba que soñaría lo mismo tres o cuatro veces más, la última en 1980. ¶

LEA

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Ochenta

Mi esposa y nuestros nietos, varones y catires

 

Ayer vinieron unos cuantos miembros de la familia a felicitarme por mi conversión en octogenario. Mi señora y reina preparó una gigantesca y deliciosa torta criolla de queso, una de sus especialidades. Fui agradecidamente feliz.

Otras felicitaciones mayormente familiares vinieron por WhatsApp y por correo electrónico, incluyendo algunas de gente de la que no sabía desde hace años.

Todos me restregaban en la cara las ocho décadas de mi vida.

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Llegué al mundo en la Policlínica Caracas de la parroquia Santa Rosalía, la misma donde me extrajeron las amígdalas cuatro años después. De esta incidencia guardo el recuerdo de unos chicles especiales, llevados a la clínica por mi tía Yolanda, que ayudaron a la pronta cicatrización. No muchas incidencias de salud he vivido desde entonces, principalmente por razones traumatológicas. (Cinco fracturas).

Apunto estas cosas porque soy menor que Joe Biden—¡por 52 días!—, pues él nació el 20 de noviembre de 1942 y ahora considera lanzarse a una segunda presidencia de los Estados Unidos. ¶

LEA

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Las revelaciones de documentos clasificados de Trump y Biden no son lo mismo

Archivos clasificados

 

Análisis de Philip BumpColumnista nacional en The Washington Post

10 de enero de 2023 a las 10:04 a. m. EST

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Después de servir como vicepresidente de Barack Obama durante ocho años, Joe Biden hizo lo que suelen hacer los expolíticos de alto perfil: creó un think tank en una universidad destacada.

El de Biden se llamaba Centro Penn Biden para la Diplomacia y el Compromiso Global, con sede en la Universidad de Pensilvania. Pero a diferencia de otros funcionarios electos y otras instituciones similares, el compromiso de Biden con el Penn Biden Center pronto quedó en segundo plano. Para abril de 2019, era candidato a la presidencia.

En noviembre, casi exactamente dos años después de la elección de Biden, los abogados del presidente estaban vaciando una oficina en el centro cuando, según su relato, descubrieron unos 10 documentos con marcas de clasificación. Al día siguiente, los documentos fueron entregados a los Archivos Nacionales. El Departamento de Justicia los está revisando ahora.

En su destilación más concisa, documentos con marcas de clasificación encontrados en la oficina del presidente, el escenario parece una imagen especular de la controversia que rodeó a Donald Trump durante gran parte del año pasado, incluida la búsqueda del FBI de su propiedad en Mar-a-Lago. Como era de esperar, Trump y sus aliados han tratado de hacer esta comparación, incorporando fondos que Penn (en general, no el centro de Biden) ha recibido de China.

“¿Cuándo va a allanar el FBI las muchas casas de Joe Biden, tal vez incluso la Casa Blanca?” Trump dijo enfurecido en la plataforma de redes sociales que posee. “Definitivamente, estos documentos no fueron desclasificados”.

Pero, así como la cuestión fundamental con los documentos de Trump no es si fueron clasificados, las situaciones de los dos presidentes no son obviamente comparables en la forma que sugiere Trump.

En este punto, no sabemos mucho sobre los documentos de Biden más allá de lo que su equipo ha hecho público, lo que sin duda es una advertencia importante. Según la declaración del equipo de Biden, los documentos fueron encontrados en un armario cerrado y rápidamente entregados al gobierno. Lo que contienen no está claro, al igual que su nivel o estado de clasificación actual. (Por supuesto, hay numerosos documentos existentes que no están ya clasificados pero que, sin embargo, aún pueden llevar marcas de clasificación). Una persona, presumiblemente con la lengua en la mejilla, le dijo a CBS News que los documentos no contenían secretos nucleares.

Sabemos un poco más sobre los documentos de Trump. Sabemos que la búsqueda del FBI en Mar-a-Lago arrojó docenas de documentos con marcas de clasificación en múltiples ubicaciones alrededor de la instalación. Sabemos que tan solo una caja en la oficina de Trump en las instalaciones del evento, una sala donde regularmente recibía invitados, contenía más de una docena de documentos.

También sabemos que la incautación de esos documentos se produjo sólo después de un largo esfuerzo por asegurar los documentos (tanto clasificados como no clasificados) que se produjeron durante su presidencia y, por lo tanto, eran propiedad del gobierno. La investigación sobre los documentos de Trump se inició en mayo de 2021 cuando los Archivos Nacionales se comunicaron con el equipo de Trump sobre documentos que sabía que existían pero que no estaban en su poder. (El archivista del país, al ver a Trump salir de la Casa Blanca en enero anterior, mencionó más tarde que se preguntaba qué había en las cajas que el personal de Trump estaba cargando en el Marine One). Durante los siguientes meses, los Archivos y el equipo de Trump iban y venían para tomar posesión del material.

A mediados de enero de 2022, el equipo de Trump entregó finalmente una gran cantidad de material: cajas de documentos que The Washington Post informó que habían sido empacadas bajo la supervisión del propio Trump. A principios de febrero, Trump impulsó una declaración pública declarando que había entregado todos los documentos pertinentes. Su personal se opuso. Mientras tanto, los Archivos descubrieron que el material devuelto se entremezcló con material clasificado y de otro tipo. Se hizo una remisión al Departamento de Justicia para investigar un posible mal manejo de documentos clasificados.

Como parte de esa investigación, el Departamento de Justicia entrevistó a empleados de Trump, quienes revelaron que otros documentos clasificados probablemente todavía estaban en posesión de Trump. Un gran jurado emitió una citación para cualquier documento en posesión de Trump con marcas de clasificación, independientemente de si todavía están clasificados. A principios de junio, funcionarios del Departamento de Justicia viajaron a Mar-a-Lago, donde les entregaron un paquete de material, incluido material clasificado. La abogada de Trump, Christina Bobb, firmó una declaración jurada afirmando, entre otras cosas, que “todos y cada uno de los documentos correspondientes acompañan a esta certificación”. En otras palabras, todos los documentos con marcas de clasificación habían sido entregados.

Se encontró material con marcas de clasificación en al menos doce cajas en dos habitaciones. También se encontró miles de páginas de otros documentos, muchos de los cuales probablemente pertenecen a la categoría de registros presidenciales que son propiedad del gobierno de los Estados Unidos. A pesar de toda la atención comprensible sobre el material clasificado, es importante reconocer que los Archivos también buscaron y obtuvieron, con retraso, muchos otros registros que se suponía que Trump no debía tener sin el consentimiento del gobierno.

Es de esperar que pueda verse cómo la divulgación del documento de Biden difiere tanto en escala como en importancia. Nuevamente, no conocemos todos los detalles de la producción del documento de Biden, por lo que esta evaluación puede cambiar. Pero en este momento no hay indicios de que la escala de información del gobierno retenida sea tan grande o, lo que es más importante, de que Biden o su equipo intentaron ocultar los documentos al Departamento de Justicia. No hubo una declaración jurada firmada por los abogados de Biden que afirmara que el armario del Penn Biden Center ya no contenía ningún documento clasificado antes de que se descubrieran dichos documentos. Biden no hizo ningún esfuerzo por argumentar públicamente que le había dado al gobierno todo lo que quería a pesar de que no lo había hecho; en verdad, para empezar no hay indicios de que el gobierno estuviera buscando estos documentos.

Ya estamos lo suficientemente adentrados en la era Trump de la política nacional como para estar familiarizados con sus intentos de refutar las críticas al afirmar que sus oponentes están haciendo cosas igualmente malas o peores. Éste es el enfoque que está adoptando y en esto, como siempre, sus aliados se hacen eco y lo elevan.

No es una buena comparación. ¶

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Traducción de reportaje de hoy en The Washington Post.

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Lo que está mal en el mundo

Los esposos G. K. Chesterton y Frances Blogg con su cachorro

 

A Maya, mi nieta, quien hoy cumple veintidós años

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El párrafo más acojonante de la historia de la literatura política

 

Al final de su libro Lo que está mal en el mundo, G. K. Chesterton alude a una ley promulgada en aquel período en el Reino Unido según la cual, para evitar las epidemias de piojos en los barrios pobres, los niños de la clase obrera deberían llevar las cabezas rapadas. Los pobres, escribe Chesterton, se encuentran tan presionados desde arriba, en submundos de miseria tan apestosos y sofocantes, que no se les debe permitir tener pelo, pues en su caso eso significa tener piojos. En consecuencia, los médicos sugieren suprimir el pelo. No parece habérseles ocurrido suprimir los piojos. Y es que sería largo y laborioso cortar las cabezas de los tiranos; es más fácil cortar el pelo de los esclavos. En el razonamiento que hila la conclusión de este libro formidable, Chesterton sostiene que la lección de los piojos de los suburbios es que lo que está mal son los suburbios, no el pelo. Y dice una cosa verdaderamente sorprendente: sólo por medio de instituciones eternas como el pelo podemos someter a prueba instituciones pasajeras como los imperios.

Chesterton lleva todo el libro pensando un punto de partida sobre el que construir todo un orden social, un mínimo más allá del cual no tiene sentido defender nada. Y comienza así el último párrafo del libro, el más bello que yo haya leído en mi vida sobre el tema de la revolución: Hay que empezar por algún sitio y yo empiezo por el pelo de una niña. Cualquier otra cosa es mala, pero el orgullo que siente una buena madre por la belleza de su hija es bueno. Es una de esas ternuras que son inexorables y que son la piedra de toque de toda época y raza. Si hay otras cosas en su contra, hay que acabar con esas otras cosas. Si los terratenientes, las leyes y las ciencias están en su contra, habrá que acabar con los terratenientes, las leyes y las ciencias. Con el pelo rojo de una golfilla del arroyo prenderé fuego a toda la civilización moderna. Porque una niña debe tener el pelo largo, debe tener el pelo limpio. Porque debe tener el pelo limpio, no debe tener un hogar sucio; porque no debe tener un hogar sucio, debe tener una madre libre y disponible; porque debe tener una madre libre, no debe tener un terrateniente usurero; porque no debe haber un terrateniente usurero, debe haber una redistribución de la propiedad; porque debe haber una distribución de la propiedad, debe haber una revolución. La pequeña golfilla del pelo rojo, a la que acabo de ver pasar junto a mi casa, no debe ser afeitada, ni lisiada, ni alterada; su pelo no debe ser cortado como el de un convicto; todos los reinos de la tierra deben ser mutilados y destrozados para servirle a ella. Ella es la imagen humana y sagrada; a su alrededor la trama social debe oscilar, romperse y caer; los pilares de la sociedad vacilarán y los tejados más antiguos caerán, pero no habrá de dañarse un pelo de su cabeza. 

G. K. Chesterton, Lo que está mal en el mundo. Ed. El Acantilado. (Traducción de Mónica Rubio Fernández).

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