el blog de luis enrique alcalá

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

Al menos 1,5 Gigapalabras

«Una imagen vale más que mil palabras» es un adagio en varios idiomas​ que afirma que una sola imagen fija (o cualquier tipo de representación visual) puede transmitir ideas complejas​ (y a veces, múltiples) o un significado o la esencia de algo de manera más efectiva que una mera descripción verbal.

Wikipedia en Español

______________________

 

Bits, bytes, kilobytes, megabytes, gigabytes son unidades de información cuyo significado empezamos a entender los comunes mortales hace cuarenta y cuatro años: Se acostumbra fechar la revolución del computador personal con la aparición del primer computador Apple, en 1976″. (Carta a Arturo Sosa hijo, el padre del Papa Negro, del 7 de septiembre de 1984).

Ocho bits, que componen 1 byte, son la cantidad de información requerida para representar unívocamente una letra o carácter de la escritura, pero un artículo de un poco más de 3.000 caracteres, que en principio requeriría en el orden de 24 kilobytes, genera un archivo almacenable de alrededor de 50 kilobytes (cincuenta millares de bytes), pues un procesador de palabras emplea una buena cantidad de bytes para asignarla a instrucciones de formato. La memoria total del primer computador personal de I. B. M. (fines de 1982), empresa que entró con retraso al mercado personal, era de sólo 256 Kbytes o ¡un cuarto de megabyte! Hace tiempo, sin embargo, que quien no hable en gigabytes (millones de bytes) no está en nada. Ahora se mide en esta gigantesca unidad la memoria y la capacidad de almacenamiento de los computadores personales más modestos y los teléfonos celulares de uso corriente.

Mil palabras, por supuesto, es bastante más que mil letras, y si el proverbio universal que atribuye esa elocuencia a una sola imagen es veraz, entonces la unidad mínima de un discurso visual—una caricatura de Rayma, por ejemplo—es la de megapalabras. Finalmente, la potencia máxima de una imagen—que no sea transmitida y multiplicada en la red de redes—es la de un mural urbano, puesto a la vista de los habitantes o visitantes de una ciudad. Ése es el caso de esta representación mural—que pudiera ser un montaje pero imagen al fin—en el embaulado del río caraqueño, el venerable Guaire de los indios teques y caracas:

 

Sobre un muro del Guaire

 

Todo un estudio; quizás una tesis de grado. LEA

___________________________________________________________

 

Share This:

A confesión de parte…

 

 

Fabrice Coffrini / Agence France-Presse — Getty Images

 

…relevo de pruebas.

_____________________

 

Anoche leí en The New York Times un reportaje acerca de la comparecencia de Juan Guaidó en el Foro Económico Mundial, que se celebra anualmente en el pueblo suizo de Davos. (De allá venía Carlos Andrés Pérez cuando fue recibido por el fracasado intento de deponerlo del 4 de febrero de 1992). Reclutado Google Translate para obtener una versión castellana a la que debí hacer unos cuantos ajustes, el resultado se reproduce acá a continuación y sin comentarios:

 

Guaidó promete cambio para Venezuela, pero no logra conquistar Davos

 

Un año después de declararse presidente, el líder de la oposición exhibió una figura emproblemada en el Foro Económico Mundial.

Por Mark Landler

  • 23 de enero de 2020 – Actualizado a las 12:27 p.m. ET

 

DAVOS, Suiza – Por estas fechas del año pasado, Juan Guaidó habría sido el brindis de Davos. Guaidó, el líder de la oposición venezolana, acaba de liderar una ola de disturbios populares para ganar la Presidencia de la Asamblea Nacional de Venezuela y se declaró el verdadero líder de su país en crisis.

Pero cuando Guaidó hizo la ronda en la reunión de figuras políticas y comerciales de este año, después de haber venido a Europa desafiando la prohibición de viajar fuera de su país, parecía un hombre cuyo momento hubiera pasado.

Con el represivo Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, todavía firmemente arraigado en el poder, y con el presidente Trump, el respaldo más destacado de Guaidó, distraído por su juicio en el Senado y su campaña de reelección, el asediado venezolano pasó la mayor parte de su tiempo respondiendo preguntas sobre por qué no había logrado derrocar al señor Maduro.

“Subestimamos la capacidad del régimen de hacer el mal”, dijo Guaidó en una sala a medio llenar donde, dos días antes, Trump había hablado ante una multitud que solo cabía de pie. “Realmente estamos en este momento subiendo una cuesta”.

Guaidó insistió en que él y sus seguidores terminarían por desalojar al gobierno de Maduro. Instó a los líderes europeos a tomar medidas enérgicas contra el comercio de oro de Venezuela, el que dijo ayudó a consolidar el control de Maduro al proporcionar un medio de cambio de divisas y asegurar la lealtad de los militares.

Pero el Sr. Guaidó pasaba trabajo para ofrecer nuevas ideas sobre cómo los gobiernos podrían apretar la presión sobre Maduro. Venezuela ya está bajo fuertes sanciones que hasta ahora no han podido desalojarlo. En un año electoral, Estados Unidos tiene menos probabilidades que nunca de considerar opciones más agresivas, como la intervención militar.

En Washington, el principal defensor del señor Guaidó, el ex Asesor de Seguridad Nacional John R. Bolton, dejó la administración. Trump no mencionó a Venezuela durante su discurso en Davos, y salió el miércoles de la estación alpina de esquí sin ver al Sr. Guaidó.

Eso dejó al venezolano con unas pocas reuniones que incluyeron a los líderes de Austria, Grecia y los Países Bajos, así como una sesión con un asistente regular a Davos, Tony Blair, el ex primer ministro británico. El martes, Guaidó se reunió en Londres con el actual Primer Ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson.

“La idea detrás de todas estas reuniones es la misma”, dijo Guaidó a los periodistas, hablando a través de un traductor. “La gente debería dejar de ver a Venezuela como un problema insoluble”.

Pero luego comparó a Venezuela con Siria, Yemen y Sudán del Sur, tres estados devastados por la guerra que a menudo se considera problemas insolubles.

Aunque Venezuela no se encuentra en estado de guerra, Guaidó señaló que millones de personas habían huido del país en busca de alimentos o atención médica. Los que se quedan atrás se encuentran en una pobreza extrema y viven con salarios de tan sólo $ 3,5 al mes, incluso para las enfermeras y otros profesionales. El gobierno ha aumentado su represión, encarcelando y torturando a miembros de la oposición.

El propio Guaidó asumió un gran riesgo al abandonar el país. Se negó a describir cómo evadió las fuerzas de seguridad, excepto para decir que no eran particularmente eficientes y que su equipo logró distraerlas. Aún así, Guaidó enfrenta la posibilidad de represalias severas cuando regrese a casa.

“Volver a Venezuela no será fácil”, dijo. “Espero poder llegar a casa sano y salvo”.

Justo antes de volar a Europa, el Sr. Guaidó se reunió con el Secretario de Estado Mike Pompeo en Bogotá, Colombia. Estados Unidos es uno de los más de 50 países que reconocen a Guaidó como el líder legítimo de Venezuela. El Sr. Pompeo insistió en que la administración estadounidense no había retrocedido en su determinación de ver expulsado al Sr. Maduro, y expresó la esperanza de que eso aún pudiera suceder.

“Escuché esta idea de que hemos subestimado a Maduro”, dijo Pompeo a los periodistas. “Lo que se ha subestimado es el deseo de libertad que descansa en los corazones del pueblo venezolano”.

Funcionarios estadounidenses dijeron que la visita de Guaidó a Davos fue valiosa porque puso un rostro humano a la lucha en Venezuela. A pesar de haber aparecido en los titulares durante el año pasado, Guaidó, de 36 años, sigue siendo una especie de abstracción para quienes están fuera de América Latina, según un alto funcionario. Al contar su propia historia, dijo esta persona, Guaidó aún pudiera movilizar apoyo entre los europeos, quienes serían cruciales para imponer sanciones efectivas y detener el comercio de oro.

Mientras el Sr. Guaidó analizaba sus problemas del año pasado, señaló una oferta de amnistía hecha por la oposición a miembros del ejército que aceptaran volverse contra el gobierno de Maduro. La oferta no arrastró a los altos funcionarios, en parte porque Maduro les dio acceso a lucrativas minas de oro. Han seguido siendo un baluarte de apoyo para él.

“Tratamos de hacer eso, pero nos rebotó”, dijo Guaidó. “Realmente son los altos mandos del ejército los que están detrás de él”. ML

___________________________________________________________

 

Share This:

¡Bis, bis, bis!

 

Ilustración en The Guardian para el obituario de Earl Wild, fallecido tal día como hoy hace diez años

 

Unos cuantos visitantes de este blog han expresado gran satisfacción por la entrada de hace nueve días, con el último movimiento del segundo Concierto para piano y orquesta en Do menor de Sergio Rachmaninoff a cargo de Earl Wild al piano, con el brillante acompañamiento de la Orquesta Filarmónica Real dirigida por Jascha Horenstein. La mayoría de ellos manifestó su total acuerdo con esta afirmación: “Convendrá Ud., amable visitante, (…) que nunca había escuchado una rendición tan satisfactoria como ésta, así de perfecta”.

En esa entrada también se reprodujo una apreciación de ArkivMusik: “la fusión de poesía y estilo del pianista se suman a una Rapsodia de Paganini que deja atrás casi todas las versiones estéreo”. Es por eso que hoy, a una década exacta de la despedida de Earl Wild, un encore más bien largo trae esa inmortal obra, que contiene uno de los más hermosos temas creados por Rachmaninoff, uno de los más hermosos de la entera literatura musical: la Variación 18. Dice Wikipedia en Español:

La parte más destacada de la obra ha sido la variación XVIII, que es una inversión del tema original de Paganini. Ha sido usada en la banda sonora de varias películas, entre otras: El Peñón de las Ánimas (1942), The Story of Three Loves (1953), Rhapsody (1954), Pide al tiempo que vuelva (1980), Dead Again (1991), Groundhog Day (1993), Sabrina (1995), Ronin (1998).

Añoro, otra vez, la muy autorizada presencia melómana de Nuestro insólito Rafael Sylva, quien jurase como catecúmeno radical que la mejor versión de la rapsodia* era la de William Kapell (en desventajosa grabación monaural), acompañado por la orquesta Robin Hood Dell bajo el mando de Fritz Reiner.

De temperamento fogoso, él no opinaba prudentemente sino con vehemencia; sus dictámenes musicales eran dogmas de fe, enunciados con seguridad inexpugnable. Así, por ejemplo, nadie habría interpretado de Rachmaninoff la Rapsodia sobre un tema de Paganini con tal fiereza—sustantivo escogido por Rafael—como William Kappell, especialmente su endiablada—él eligió el adjetivo—Variación 19.

Nunca tuvimos oportunidad de compararla con la rendición de Wild, Horenstein y la Royal Philharmonic Orchestra, como solíamos hacer con otras obras favoritas. Creo que él habría bendecido esta ejecución tan potente como luminosa, llena al mismo tiempo de fortaleza y claridad:

Rapsodia (en La menor) sobre un tema de Paganini, op. 43

¡Bravísimo! LEA

……

La rapsodia es una pieza musical característica del romanticismo compuesta por diferentes partes temáticas unidas libremente y sin relación alguna entre ellas. Es frecuente que estén divididas en secciones, una dramática y lenta y otra más rápida y dinámica, consiguiendo así una composición de efecto brillante. La forma de las partes integrantes de la rapsodia puede ser parecida a la de la fantasía. (Wikipedia en Español).

___________________________________________________________

 

Share This:

Adiós a las ideologías

 

El corresponsal de la ODCA, hijo y ministro de Rafael Caldera

 

 

Yo no tengo ideología, amigo mío. Yo lo que tengo es biblioteca.

Arturo Pérez Reverte

________________________

 

Acabo de recibir de Andrés Caldera Pietri el texto de sus palabras en la instalación del Consejo Superior de la Democracia Cristiana ODCA, evento previsto en comunicado que se comentara acá el 15 de este mes de enero. En ellas encuentro un intento de refutación de mi comentario crítico—”Vamos en el siglo XXI, en el tercer milenio, a un mundo postideológico, transideológico, pero la ODCA no se ha percatado de esa profundísima búsqueda”—, comenzando por esta proposición de Caldera Pietri en el segundo párrafo de su texto: “Por años hemos escuchado hablar del fin de las ideologías, como si pudiera reducirse la política a un mero pragmatismo vacío, enfocado en obtener o conservar el poder”.

Tal vez no esperase él una respuesta en andanadas, que transcribo parcialmente a continuación:

Sostener que vamos a un mundo postideológico no es lo mismo que “reducir la política a un mero pragmatismo vacío, enfocado en obtener o conservar el poder”. Esto puse al inicio en El caso de una licenciatura en Política (19 de septiembre de 2003):

La Política es un arte. A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino una profesión, un arte, un oficio. Del mismo modo que la Medicina es una profesión y no una ciencia, por más que se apoye en las llamadas “ciencias médicas”, la Política es la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. Por tal razón, las soluciones a esta clase de problemas no se obtiene, sino muy rara vez, por la vía deductiva. La esencia del arte de la Política, en cambio, es la de ser un oficio de invención y aplicación de tratamientos. En este sentido, hay un “estado del arte” de la Política.

El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como el oficio de obtener poder, acrecentarlo e impedir que un competidor acceda al poder. Esta formulación, que los alemanes bautizaron con el nombre de Realpolitik, es el enfoque convencional, que en el fondo es responsable por la insuficiencia política—exactamente en el mismo sentido que se habla de insuficiencia cardiaca o renal—de los actores políticos tradicionales. El tránsito de un paradigma de Realpolitik a un paradigma “clínico” o “médico” de la política se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos.

………

Ese ejercicio profesional clínico, he argumentado, debe estar sujeto a un código de ética, tal como la Medicina se rige por el Juramento de Hipócrates. Puedes leer el que compuse en 1995 acá: Código de conducta*

………

Las ideologías, como asenté en el material que te enviara al recibir de ti la noticia de la reunión de ODCA, son guías obsoletas que en la gran mayoría de los casos sirven como justificación (o coartada) precisamente para una mera lucha por el poder. Pedro Pablo Aguilar [ex Secretario General de COPEI],** declarando a El Nacional el 7 de junio de 1986: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”.

………

También anexé, a una de las respuestas, un texto de veinte páginas que compusiera entre el 18 y el 19 de febrero de 2013 para los amigos Marcel Granier y Luis Penzini, este último dolorosamente fallecido. (El lugar de los valores en la política). Ese documento se inició con esta explicación:

En las últimas dos visitas que he hecho, dos amigos de gran inteligencia y solidez moral me han planteado, con diferencia de unos pocos días, el mismo problema metapolítico: la función de los valores en el ejercicio de la política. No hay razón para sorprenderse de la coincidencia; ambos han compartido importantes pedazos de historia personal y cívica y son, por tanto, espíritus afines. El primero de ellos explicó que ha asumido antes la posición que defiendo acerca de la obsolescencia de las ideologías, pero que más recientemente se pregunta por la conveniencia de su preservación porque este asunto de los valores le parece central al buen ejercicio de la política. El segundo contrastó el discurso de “la Cuarta República” con el actual discurso militarista del hombre fuerte (una particular reencarnación del cesarismo democrático) y cree que el discurso político que podía dejar atrás a ambos es “el discurso de los valores”. Este tema del lugar de los valores en el ejercicio político, pues, es tanto importante como recurrente, tal como señala el epígrafe*** que fuera tomado de un texto de hace más de dos décadas.

Y siendo que el caso venezolano que más conozco es el de COPEI, me valí de él en esa comunicación para argumentar mi propia comprensión del tema ideológico:

Antes de la llegada del sistema chavista, fue COPEI la formación del bipartidismo que más tiempo y esfuerzo invirtió en el problema de la ideología, al punto que celebró su “congreso ideológico” en octubre de 1986. (Acción Democrática manejó este asunto de modo más íntimo y discreto, con las tesis internas de su Secretaría de Doctrina. Esta unidad, dirigida a la caída de Pérez Jiménez por Domingo Alberto Rangel, definía en su documento base: Acción Democrática es un partido marxista. Luego aclaraba que su empleo del marxismo era estrictamente para fines analíticos, no terapéuticos. Naturalmente, el Partido Comunista de Venezuela y el Movimiento Al Socialismo tenían una importante carga ideológica, más el primero que el segundo, así como organizaciones como La Causa R—fundada por el marxista Alfredo Maneiro—y Bandera Roja; pero estos partidos, sumados, por mucho tiempo no pasaron del “6% histórico de la izquierda venezolana”).

Fundado en 1946

COPEI, en cambio, se distinguió siempre por su definición ideológica. Rafael Caldera precisó la ubicación del partido en el mitin de cierre de su campaña presidencial en 1963; en su discurso dijo enfáticamente: “COPEI es un partido de centro-izquierda”, a pesar de que en su origen admiraba el falangismo español y había establecido su fuerza electoral en los estados andinos, que expresaban su descontento con AD, el partido que había interrumpido la hegemonía andina en 1945. La sección juvenil de COPEI buscó posicionarse al lado izquierdo con su propio nombre: Juventud Revolucionaria Copeyana. Nada de esto impidió que su práctica política se orientara inequívocamente a la búsqueda del poder, como indicó de nuevo Rafael Caldera: “Yo no estoy en las alturas del poder, sino en las arenas de la lucha política…”

Si el estilo inconfundible de la Realpolitik, de la política del poder por el poder, pudo entronizarse en tal grado en la práctica de la dirigencia copeyana, eso fue posible gracias al anquilosamiento de la función ideológica socialcristiana. En términos sobresimplificados, el esquema de actuación del político copeyano, en especial de su dirigencia, consistía en conocer los principios de la democracia cristiana—contenidos, como se ha explicado aquí antes, en el libro de Pérez Olivares y en la obra posterior de Rafael Caldera: Especificidad de la Democracia Cristiana—procurarse un adiestramiento retórico y de oratoria y manejarse dentro de los estatutos y reglamentos del partido, anotándose en alguno de los “ismos” determinados por el liderazgo de alguna figura en particular: calderismo, herrerismo, eduardismo, oswaldismo. El supuesto simplista de este esquema residía en la idea de que los principios funcionarían como axiomas geométricos, a partir de las cuales sería posible deducir la política concreta.

Es así como, tan tarde como en 1985, Eduardo Fernández y Gustavo Tarre Briceño entendían las labores del Congreso Ideológico Nacional como partiendo de un “nivel filosófico-principista” e incluyendo un “nivel de la política concreta”. Ambos niveles, pensaban, requerían un “puente sociológico” que les comunicase, lo que revelaba la dificultad con la que se habían topado: la incomunicabilidad entre principios y práctica política.

El problema era éste: no bastaba reflexionar intensamente sobre, digamos, el principio de la dignidad de la persona humana para extraer deductivamente una solución al problema de la deuda externa que fuese una solución demócrata cristiana.

Esa creencia en una relación deductiva entre principios y política es un rasgo bastante común del paradigma político clásico, y se manifestaba con particular intensidad en el pensamiento de los líderes de la democracia cristiana venezolana. Un destacado ejemplo lo constituyó el debate sobre el “agotamiento del modelo de desarrollo venezolano”, tema de moda por los comienzos de la década de los ochenta y en el que terció el Dr. Rafael Caldera con una tesis bastante típica de las formulaciones clásicas. Caldera argumentó, desde un discurso pronunciado en tierras mexicanas, que no era cierto que el modelo de desarrollo venezolano hubiese caducado; más bien, por lo contrario, el asunto era que no había sido llevado a la práctica, y que debía buscarse la descripción del susodicho modelo en el Preámbulo de la Constitución Nacional de 1961.

Una postura idéntica podía encontrarse en muchos otros discursos como, por ejemplo, en la estereotipada conferencia sobre “objetivos nacionales” del curso del Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional: “Los Objetivos Nacionales se dividen en Objetivos Nacionales Permanentes y Objetivos Nacionales Transitorios. Los Objetivos Nacionales Permanentes están enumerados en el Preámbulo de la Constitución Nacional”.

Vale la pena transcribir acá el texto pertinente del Preámbulo de la Constitución:

“…con el propósito de mantener la independencia y la integridad territorial de la Nación, fortalecer su unidad, asegurar la libertad, la paz y la estabilidad de las instituciones; proteger y enaltecer el trabajo, amparar la dignidad humana, promover el bienestar general y la seguridad social; lograr la participación equitativa de todos en el disfrute de la riqueza, según los principios de la justicia social, y fomentar el desarrollo de la economía al servicio del hombre; mantener la igualdad social y jurídica, sin discriminaciones derivadas de raza, sexo, credo o condición social; cooperar con las demás naciones y, de modo especial, con las repúblicas hermanas del continente, en los fines de la comunidad internacional, sobre la base del recíproco respeto de las soberanías, la autodeterminación de los pueblos, la garantía universal de los derechos individuales y sociales de la persona humana, y el repudio de la guerra, de la conquista y del predominio económico como instrumentos de política internacional; sustentar el orden democrático como único e irrenunciable medio de asegurar los derechos y la dignidad de los ciudadanos, y favorecer pacíficamente su extensión a todos los pueblos de la Tierra; y conservar y acrecer el patrimonio moral e histórico de la Nación…”

Obviamente el texto que antecede es un recuento de valores y criterios más que de objetivos, por lo que difícilmente puede llamarse al Preámbulo de la Constitución de 1961 un “modelo de desarrollo”.

Hoy la casa de Eduardo Fernández y su hijo

Ante tales dificultades llegó a hacerse doctrina del Instituto de Formación Demócrata Cristiana, IFEDEC, fundado por Arístides Calvani, la existencia de unos “planos de mediación”: pisos sucesivos de concreción mediante los cuales sería posible “descender” del techo de los principios hasta la planta baja de las políticas específicas. El invento era una elaboración de tesis formuladas en Chile, hacia la época de los años sesenta, por el padre jesuita Roger Vekemans, de gran influencia ideológica en la democracia cristiana continental.

Tales elaboraciones no hacían otra cosa, por supuesto, que complicar el problema, introduciendo una serie de pasos conceptuales que equivalía a “correr la arruga” una y otra vez. Una formulación alternativa, que les fue ofrecida, no contó con mucha acogida. (En 1985 ya les había sugerido que los valores no debían ser vistos como “objetivos”, sino como criterios de selección de tratamientos políticos. La idea subyacente, en este caso, es que la política no se deduce sino que se inventa. Frente a un determinado problema surge— dependiendo del “estado del arte” de las disciplinas analíticas—un grupo de soluciones diferentes, ante las que los valores son útiles para escoger aquella solución “más democrática” o “más justa” o que mejor parada deje a la “dignidad” o, a lo Moronta, a la “centralidad de la persona humana”).

Pero esta bizantina salida de postular la existencia—inobservable—de unos supuestos “planos de mediación” no obstaba para que en IFEDEC se admitiera que en política era inevitable “derramar sangre”, por lo que además del discurso principista y ético se manejaba una soterrada autorización a la práctica de la Realpolitik.

(En Estudio copeyano, referéndum, Vol. I, No 8, 19 de octubre de 1994).

………

En el estudio sobre el lugar de los “valores” en la política inserté esta observación: “El Movimiento Al Socialismo, Podemos, Patria Para Todos ondean banderas marxistas; Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo son partidos de la socialdemocracia; COPEI, Primero Justicia, Proyecto Venezuela y lo que quede de Convergencia son organizaciones socialcristianas. La misma redundancia de opciones dentro de una misma corriente ideológica ya es signo de que, incluso para ellas, lo ideológico no es lo importante”. (Olvidé mencionar en esta enumeración la formación de Henri Falcón, de la corriente “progresista” de la socialdemocracia y Voluntad Popular, partido inscrito en ¡la Internacional Socialista!, algo así como la ODCA adeca).

………

Todos los argumentos arriba transcritos están sujetos a la quinta estipulación de mi Código de Ética Política:

Consideraré mis apreciaciones y dictámenes como susceptibles de mejora o superación, por lo que escucharé opiniones diferentes a las mías, someteré yo mismo a revisión tales apreciaciones y dictámenes y compensaré justamente los daños que mi intervención haya causado cuando éstos se debiesen a mi negligencia.

De antes debiera Andrés Caldera Pietri estar persuadido de que no hablo por la tapa de la barriga; de ahora, que he considerado el asunto ideológico en profundidad. LEA

………

* En la comunicación a Granier y Penzini apunté: “Como tal oficio o profesión, debe estar sujeta la Política a un código de ética, algo que es mucho más específico y práctico que una doctrina centrada en valores abstractos, puesto que estipula los comportamientos correctos. En septiembre de 1995, sentí la necesidad de componer uno para la Política y opté por seguir, en su orden expositivo, el manifiesto en el Juramento de Hipócrates, el primer código deontológico de la humanidad. (El 26 de ese mes, juré cumplirlo públicamente en el programa Argumento, un espacio dominical que por entonces conducía en Unión Radio)”.

** Aguilar es uno de los firmantes del comunicado de ODCA, igualmente suscrito por Oswaldo Álvarez Paz, quien compitiera por el poder y perdiera ante Rafael Caldera en 1993 a pesar de ser fiel de su misma ideología—¿misma religión, distinta secta?—, Humberto Calderón Berti (defenestrado por Juan Guaidó), Abdón Vivas Terán (destituido de la Secretaría General de la Juventud Revolucionaria Copeyana por ser demasiado rojito para Caldera), Román Duque Corredor (próximo a Eduardo Fernández, inasistente ¿no invitado?), José Rodríguez Iturbe (fugaz Canciller del efímero Pedro Carmona Estanga), etcétera.

*** Es cada vez más frecuente encontrar (…) en los diagnósticos que intentan establecer las causas de la erosión institucional y la patología de la conducta societal, una referencia a una crisis de los valores. Sería igualmente sorprendente que la solución a esta mentada crisis de los valores (…) fuese a encontrarse en una vuelta a imágenes que fueron funcionales en un pasado. (Un tratamiento al problema de la calidad de la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990).

___________________________________________________________

 

Share This:

Ichi-go Ichi-e

 

Sergiu Celibidache (1912-1996): grande y bondadoso sabio musical

 

Ichi-go ichi-e (一期一会 literalmente “una vez, un encuentro”) es una frase japonesa que describe un concepto cultural vinculado con frecuencia al famoso maestro de té Sen no Rikyu. El término se traduce normalmente como “sólo por esta vez,” “nunca más,” o “una oportunidad en la vida.”

Wikipedia en Español

______________________

 

Alguna vez asistí a un concierto en el Teatro Municipal de Caracas para escuchar a la Orquesta Sinfónica de Venezuela dirigida por el enorme Sergiu Celibidache (1912-1996), quien vino varias veces a esta tierra donde forjó amistad especial con el Maestro Vicente Emilio Sojo. Por eso fue invitado especialísimo a la póstuma conmemoración de los noventa años del nacimiento de Sojo, ocasión en la que su empeño logró la publicación de un artículoMi amigo Sojoque escribiera acá por esos días de diciembre de 1977. En él, opinó así:

Sojo no ha sido un regalo caído casualmente desde arriba, una feliz materialización de las fuerzas ciegas de la naturaleza, una óptima fuerza de herencia y azar. Sojo es un sencillo y limpio fenómeno natural, una flor espontánea del campo criollo, una canción de las estrellas del cielo vernáculo, una sinfonía augural de esta tierra generosa, que de vez en cuando logra emanciparse de todas las influencias contradictorias y revela en una forma incontenible, por encima de toda interpretación subjetiva y fuera de toda contemporaneidad, su inconfundible identidad. El maestro Sojo es Venezuela. Ojalá que un buen día Venezuela fuera también el maestro Sojo.

Sojo y un joven director rumano

Eso no habría podido ser escrito sino desde la sinceridad de su aprecio por Sojo y nuestro país; Venezuela, “esta tierra generosa”, y su gente ocuparon un lugar privilegiado en el corazón de Celibidache. No olvidemos que, según él, de vez en cuando logramos emanciparnos “de todas las influencias contradictorias” para revelar nuestra “inconfundible identidad”. Si fuimos amados por él algo bueno debemos tener.

………

Celibidache no era simplemente un director; también fue un filósofo de la dirección orquestal. Nacido en Rumania de descendencia griega (Σέργιος Τσελεπιδάκης; Sérgios Tselepidákis), resistía la difusión de sus grabaciones argumentando que ellas no podían capturar la individualidad de la audición in situ como experiencia única e irrepetible (Ichi-go ichi-e): la del público asistente a un auditorio particular en un momento particular. (Celibidache argumentaba así como cultor que era del budismo Zen).

En veces fue criticado por dirigir secciones de una obra con lentitud exagerada y otras con rapidez fuera de la común. Desde su propio punto de vista, la crítica de una grabación por su tempo es irrelevante como crítica de la interpretación, escuchada fuera del momento y el ambiente exacto en los que ocurriera. No conozco sino una fracción de su numerosa discografía, y sólo puedo certificar el alargamiento de pasajes lentos en su dirección de Romeo y Julieta de P. I. Tchaikovsky y justificarlo como eficaz regodeo en la hermosura de su tema amoroso.

El nuevo mundo de Celibidache

Pero sus interpretaciones no tienen parangón en un aspecto fundamental: el de la definición instrumental. No conozco otras grabaciones, que no sean las suyas, que permitan la percepción de las distintas partes orquestales aun dentro de la más compleja textura; en los pasajes más ricamente orquestados, el aporte de cada instrumento o grupo instrumental se percibe con la mayor claridad, como un arroz cocido a la perfección para lograr granos totalmente separados. Se puede probar con una obra, que creamos conocer en detalle, dirigida por Celibidache y sorprenderse de oír lo que jamás habíamos escuchado. Es particularmente notable ése su logro distintivo, su asombrosa capacidad de hacernos escuchar nítidamente todas las voces orquestales, en esta lujosa y convincente versión de la Sinfonía #9 en Mi menor, la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonin Dvořák, con la Orquesta Filarmónica de Múnich, de la que fuera Director Musical desde 1979 hasta su muerte:

 

1. Adagio – Allegro molto

2. Largo

 3. Scherzo

4. Allegro con fuoco

 

Nuestro Maestro Sojo tuvo un amigo rumano verdaderamente excepcional. LEA

____________________________________________________________

 

Share This:

Pensamiento crítico y científico

A Nelson Landáez

___________________

 

Es de vieja tradición en la filosofía occidental (…) el establecimiento de la distinción entre opinión y conocimiento. Aristóteles, por ejemplo, propone que si lo opuesto de una proposición no es imposible o no conduce a la autocontradicción, entonces la proposición y su contraria son asunto de opinión. Este criterio excluye las proposiciones de suyo evidentes, así como las demostrables, y ambos tipos de proposición no expresan opinión, sino conocimiento.

Conocimiento y opinión, 14 de junio de 2007

________________________________________________

 

Hace tres días recibí por el medio de WhatsApp el video que se coloca a continuación:

 

 

Reproduzco, de este blog, la Nota del Día del 28 de junio de 2010 (Contenedores de palabras podridas):

Neil Postman y Charles Weingartner sostenían en La enseñanza como actividad subversiva (1969), que una de las tareas fundamentales de la educación era proporcionar a los educandos un “detector de porquería”. (Crap detector). El estudiante debía aprender a distinguir entre un discurso válido y con sentido, y uno construido con falsedad. Así, el paciente racional debe preferir la medicina científica a cacareadas “medicinas sistémicas” o “alternativas”, independientemente de la propaganda televisada que nuestros canales de televisión admitan. Así debe el ciudadano preferir, más bien exigir, una política científica, y rechazar la payasada que busca imponérsenos.

El primer deber del político es el de educar al pueblo, para que sea cada vez más autónomo, menos tutelado políticamente. (Claro que entonces él mismo debe ser educado en la verdad política). Así que recordaremos a John Stuart Mill y Bárbara Tuchman. Dice ésta en conjetura profundamente democrática: “El problema pudiera ser no tanto un asunto de educar funcionarios para el gobierno como de educar al electorado a reconocer y premiar la integridad de carácter y a rechazar lo artificial”.

Dice Mill: “Si nos preguntamos qué es lo que causa y condiciona el buen gobierno en todos sus sentidos, desde el más humilde hasta el más exaltado, encontraremos que la causa principal entre todas, aquella que trasciende a todas las demás, no es otra cosa que las cualidades de los seres humanos que componen la sociedad sobre la que el gobierno es ejercido… Siendo, por tanto, el primer elemento del buen gobierno la virtud y la inteligencia de los seres humanos que componen la comunidad, el punto de excelencia más importante que cualquier forma de gobierno puede poseer es promover la virtud y la inteligencia del pueblo mismo… Es lo que los hombres piensan lo que determina cómo actúan”.

Pero también advierte: “Un pueblo puede preferir un gobierno libre, pero si, por indolencia, descuido, cobardía o falta de espíritu público, se muestra incapaz de los trabajos necesarios para preservarlo; si no pelea por él cuando es directamente atacado; si puede ser engañado por los artificios empleados para robárselo; si por desmoralización momentánea, o pánico temporal, o un arranque de entusiasmo por un individuo, ese pueblo puede ser inducido a entregar sus libertades a los pies de incluso un gran hombre, o le confía poderes que le permiten subvertir sus instituciones; en todos estos casos es más o menos incapaz de libertad, y aunque pueda serle beneficioso tenerlo así sea por corto tiempo, es improbable que lo disfrute por mucho”.

Y ésta es una cita complementaria—Lo que no corta una hojilla—de la Nota del Día 15 de julio de ese mismo año:

Una ideología se compone de una explicación y una prescripción. Por el primero de sus componentes, pretende entender cómo funciona una sociedad dada o, como en el caso de la más pretenciosa de todas (el marxismo), la historia entera de la humanidad. (Historicismo marxista o materialismo histórico). Es este componente el que se quiere hacer pasar por científico. Aunque fue la pareja Marx-Engels la que acuñó el término “socialismo utópico”, fue el segundo quien catalogó las teorías de Marx como “socialismo científico”. Muchos creen conmovedoramente que esto es así. El general Raúl Isaías Baduel, con ocasión de su pase a retiro el 18 de julio de 2007, dijo en su discurso de despedida: “…si la base para la construcción del Socialismo del Siglo XXI es una teoría científica de la talla de la de Marx y Engels…”, …”, y el presidente Chávez dijo en la Asamblea Nacional el 15 de enero de este año: “El marxismo sin duda que es la teoría más avanzada en la interpretación, en primer lugar, científica de la historia, de la realidad concreta de los pueblos…” Captor y cautivo piensan lo mismo en este punto.

Fue, sin embargo, nadie menos que Karl Popper, el papa de la Filosofía de la Ciencia en el siglo XX, quien mostrara y demostrara que el “historicismo”, en particular el marxista, era un discurso contracientífico. (En La miseria del historicismo). Antes, en La lógica de la investigación científica, Popper estableció un sólido criterio, el famoso “criterio de demarcación”, para distinguir entre un discurso científico y uno que no lo es. El marxismo no pudo nunca superar la barra del criterio popperiano.

La explicación proporcionada por la ideología usualmente consigue culpables de un estado indeseable de la sociedad—indeseabilidad que se establece según los “valores” de la ideología concreta—que resalta en su crítica. Así, por ejemplo, el marxista sostendrá que la culpa del subdesarrollo es de la empresa privada, cuyo afán de lucro produce la “exclusión” de grandes contingentes humanos en su afán por mantener privilegios de clase, y que el Estado revolucionario está llamado a corregir ese estado de cosas; por lo contrario, un liberal argüirá que el subdesarrollo es culpa de la excesiva intromisión del Estado en la economía y que, si se deja tranquila a la “libre empresa”, será posible alcanzar un desarrollo avanzado. En medio de estos polos extremos se ubican las ideologías intermedias: básicamente la socialdemocracia (socialismo evolucionista o reformista), una suerte de socialismo de virulencia atenuada fundado desde Alemania por Eduard Bernstein hacia 1896, y la democracia cristiana o socialcristianismo, desarrollado a partir de principios expuestos en las “encíclicas sociales” de los papas a partir de León XIII (1891), y que desde un inicio se perfilaba explícitamente como un “tercer camino”.

Todas ellas son formas obsoletas e ineficaces de plantearse la actividad política. Son medicina precientífica.

Ahora, un planteamiento precedente que regresa a los autores citados al principio (en Un tratamiento al problema de la calidad en la educación superior no vocacional en Venezuela, 15 de diciembre de 1990):

Un objetivo fundamental de este programa de educación superior, tal vez más profundamente pedagógico que el de ofrecer las nociones más recientes sobre el hombre y su universo, sea el de proporcionar las herramientas útiles al desempeño intelectual. En efecto, transferir contenidos incurre inevitablemente en la subjetividad de la selección de lo que se transmite. En cambio, dotar a un hombre de herramientas para el aprendizaje, para la operación intelectual, es de hecho una donación más liberadora. El objetivo es formulable de la manera siguiente: se trata de convertir un mal aprendedor en un buen aprendedor, siguiendo la terminología de Neil Postman y Charles Weingartner. Estos autores señalan, entre los rasgos de un buen aprendedor, su apertura mental, la nula incomodidad que sienten al formular preguntas, su disposición al reconocimiento de la propia equivocación, su placer de encontrarse en situación de aprendizaje. Obviamente, un buen aprendedor posee, además, el dominio de ciertos métodos y técnicas que hacen eficiente el proceso de absorción y elaboración de conocimiento.

Finalmente, el relato inicial de la Carta Semanal #281 de doctorpolítico (3 de abril de 2008):

Hace treinta y tres años, la edad de Cristo, de que el suscrito, en compañía de Eduardo Quintana Benshimol, filósofo, y Juan Forster Bonini, químico, se trasnochara mucho por culpa de una discusión que amenazaba con hacerse interminable. Amanecimos en casa de Eduardo, entre serísimas consideraciones pedagógicas e innumerables botellas de Coca-Cola. Los tres, ex alumnos del Colegio La Salle, debíamos responder a un requerimiento de la Fundación Neumann, que nos había solicitado que le presentáramos un proyecto innovador en materia educativa.

A pesar de que el proyecto terminaría teniendo una intención instrumental—proporcionar a los educandos herramientas que les permitieran dejar de ser malos aprendedores para ser buenos aprendedores—, la discusión de aquella noche sin fin estaba centrada en el problema de los contenidos. Nos resultaba imposible concebir ejercicios de descripción o razonamiento que no estuvieran referidos a algún contenido concreto, y sabíamos que nuestra posición de instructores determinaba una autoridad con la que sería muy fácil imponer a inteligencias juveniles—trabajaríamos con alumnos de los últimos años de bachillerato y los primeros universitarios—nuestras propias opiniones sobre las cosas.

Después de numerosos desvíos retóricos, ingeniosos aunque no poco bizantinos, aterrizamos hacia las cinco de la mañana en una declaración de principios: en la aplicación del proyecto, nos consideraríamos sin derecho de imponer nuestros puntos de vista a los alumnos, y nos comprometimos a advertirlos cuando discutiéramos cosas que eran materia, no de conocimiento, sino de opinión. Puesto de otro modo: nos comprometimos a respetar y cuidar la libertad de pensamiento de los jóvenes, cuyos cerebros estarían a nuestra disposición mientras participaran en los programas que administraríamos.

Arribados a ese punto, el cansancio tuvo vía libre para cambiar de tema. Hablaríamos unos minutos más de Cat Stevens, Jacques Monod y el béisbol local, y nos fuimos a dormir, exhaustos pero felices de haber resuelto nuestros punzantes y católicos escrúpulos. Dos días después presentamos el proyecto a la fundación (“la cual aceptó”), conscientes de que lo técnico y lo metodológico en el concepto estaban libres de manipulación.

En educación, nada más importante que respetar la libertad de conocimiento de los educandos y dotarles de las herramientas necesarias al ejercicio crítico en su aprendizaje. LEA

____________________________________________________________

 

 

Share This:

Share This: