el blog de luis enrique alcalá de sucre

la política como arte de carácter médico (y otras cosas)

Regreso en una semana (tal vez dos)

A más tardar

 

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El precio del atrevimiento

 

Vincent Van Gogh – La Morera

 

Tomo prestado de María Popova, del más reciente de sus muy recomendables Brainpickings (a los que puede uno suscribirse gratuitamente para recibirlos todas las semanas). Así lo ha titulado:

 

El impulso creativo: John Coltrane* sobre la perseverancia contra el rechazo, la mentalidad del innovador y cómo las dificultades alimentan el arte.

 

Luego nos regala:

Noche estrellada

Crear cualquier cosa de belleza, atrevimiento y sustancia que haga que el mundo se vea a sí mismo de nuevo, ya sea una ley revolucionaria del movimiento planetario o la Noche Estrellada**, es el trabajo de una perseverancia solitaria contra las mareas de la convención y la conformidad, a menudo a costa del doloroso ostracismo del visionario por el status quo que está desafiando con su visión. Rilke reconoció esto cuando observó que “las obras de arte son de una soledad infinita” y Baldwin lo reconoció en su clásica investigación del proceso creativo, en la que argumentara que la principal distinción del artista es la voluntad de mantener el estado que todos los demás evitan con el mayor celo: la soledad.*** No la romántica soledad del ermitaño junto a un plateado arroyo, sino la cruda soledad existencial y creativa que Baldwin comparó con “la soledad del nacimiento o la muerte” o “la soledad del amor, la fuerza y ​​el misterio que tantos han ensalzado y muchos han maldecido, pero que nadie jamás ha entendido ni realmente ha podido controlar”.

Esta fuerza parecida al amor, la fuerza creativa, es lo que alimenta la perseverancia necesaria para marcar el comienzo de una nueva forma de ver o una nueva forma de ser. Es la fuerza vital mediante la cual los visionarios sobreviven a la soledad de sus vidas contraculturales.

(…)

Coltrane escribe:

La verdad es indestructible… La historia muestra (y es lo mismo hoy) que el innovador suele encontrarse con algún grado de condena; generalmente, según el grado de su desviación de los modos de expresión predominantes o lo que sea. El cambio siempre es tan difícil de aceptar.

En un sentimiento que evoca la observación del artista Egon Schiele: que los visionarios tienden a provenir de la minoría y se hacen eco del séptimo de los diez mandamientos del pensamiento crítico de Bertrand Russell: “No temas ser excéntrico al opinar, porque toda opinión ahora aceptable fue excéntrica alguna vez“. Coltrane agrega:

Los innovadores siempre buscan revitalizar, extender y reconstruir el status quo en sus campos específicos, donde sea que sea necesario. Muy a menudo son rechazados, marginados, tenidos por subciudadanos, etc. por las mismas sociedades a las que aportan tanto sustento. A menudo son personas que soportan grandes tragedias personales en sus vidas. Cualquiera que sea el caso, ya sea aceptado o rechazado, rico o pobre, siempre están guiados por esa grande y eterna constante: el impulso creativo.

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Gracias, María Popova, por el texto sanador y la imagen de La morera de Van Gogh que has elegido para ilustrarlo. LEA

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*John William Coltrane (Hamlet, Carolina del Norte, 23 de septiembre de 1926-Nueva York, 17 de julio de 1967), también conocido como Trane, fue un músico estadounidense de jazz, saxofonista tenor y saxo soprano. Ocasionalmente, tocó el saxo alto y la flauta. Aunque también muy controvertido, se trata de uno de los músicos más relevantes e influyentes de la historia del jazz, a la altura de otros artistas como Louis Armstrong, Duke Ellington, Charlie Parker y Miles Davis. (Wikipedia en Español).

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**  Starry, starry night – Don MacLean

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*** En junio de 1986 fui de visita a la casa de una pareja de amables amigos—acabo de reencontrarme con el esposo en Facebook—en compañía de un amigo común. Éste preguntó al anfitrión—ya para entonces se habían formado en mis tripas las primeras ganas de presidir la República—: “¿Qué piensas tú de lo que anda buscando Luis Enrique?” En segundos vino la contestación: “Luis Enrique está soñando solo… pero sueña bonito”. (…) La soledad es, parece, la condición de quienes quieren invitar a sus prójimos a una reunión con el futuro o, simplemente, con la verdad. (Hallado lobo estepario en el trópico, 28 de mayo de 2011).

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Más importante que Carabobo

Hasta Google nos recuerda hoy

 

Hoy se celebran dos siglos y una década de la firma del Acta de Independencia de Venezuela (5 de julio de 1811), un año, dos meses y dieciséis días después de la Declaración de Independencia del 19 de abril de 1810,  Nacimos entonces como nueva república del ámbito americano—la primera de Hispanoamérica—, treinta y cinco años y un día después de la correspondiente declaración estadounidense.

José Gabriel de Alcalá y Sánchez

Carmen América Fernández Alcalá de Leoni se empeñó en hacer una galería, en el Palacio Legislativo de Caracas, con retratos de los firmantes del 5 de julio durante la presidencia de su esposo, Raúl. Por el parentesco de su segundo apellido sabía que mi padre, Pedro Enrique Alcalá Reverón, conservaba un retrato de su tatarabuelo, José Gabriel de Alcalá y Sánchez Ramírez de Arellano, diputado por la provincia de Cumaná al Congreso fundador y firmante del Acta. (La pintura había sido encargada por el nieto de éste, Sandalio, para regalarla a su padre, José Vicente, hijo del prócer). A la petición del cuadro por la Primera Dama, no hubo más remedio que entregarlo.

Por fortuna, era ese cuadro el único en formato ovalado de los retratos que Menca de Leoni pudo reunir; el resto eran pinturas de formato rectangular. Así, dispuso que la efigie de mi retatarabuelo fuese copiada en un lienzo rectangular para no desentonar con los demás; luego, retornó el original a su primo lejano, Pedro Enrique. A la muerte de éste, en diciembre de 1982, la pintura pasó a mi patrimonio de hijo mayor tal como él había dispuesto, y hoy mi segundo hijo varón ha reproducido los apellidos del diputado de Cumaná en mis nietos al casarse con Andreína Sánchez. (Antes de eso, mi hermano menor, nacido en 1956, fue bautizado como José Gabriel).

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¿Qué hemos aprendido desde entonces? El 8 del mes pasado se lee en nota de Venezolana de Televisión:

Este martes, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, resaltó que el socialismo territorial sintetiza la nueva visión del socialismo iniciado por el Comandante Chávez. En su participación en la instalación del Consejo Presidencial del Gobierno Popular para las Comunas, el Ejecutivo Nacional detalló que desde la llegada del Comandante Hugo Chávez al Gobierno de Venezuela, hubo un nuevo impulso al socialismo. “La bolivariana y el pensamiento filosófico del Comandante Chávez logró captar los errores, las deficiencias en las teorías del socialismo, y en Venezuela desde nuestra experiencia, surgió la teoría científica del socialismo bolivariano del Comandante Chávez”, manifestó. Asimismo, resaltó que el Comandante Chávez construyó una nueva teoría multidimensional del socialismo, que abarca cinco aspectos: lo político, lo moral, lo económico, lo social y lo territorial. De igual manera, el Mandatario Nacional explicó que el socialismo en lo político, impulsa la nueva democracia participativa y protagónica; en lo moral, la espiritualidad, los valores, la honestidad y el patriotismo como bandera. Ante esto, resaltó que el socialismo en lo económico impulsa un nuevo modelo productivo, para la construcción de una nueva economía; en lo social, abarca los beneficios para el pueblo como la educación gratuita y de calidad, la salud para todos, la construcción de viviendas para el pueblo, y en lo territorial comprende lo comunal y el Poder Popular en acción.

Nunca ha sido científica la ideología socialista, tal como toda otra ideología. Federico Engels llamó “socialismo científico” al “materialismo histórico” de su compinche, Karl Marx, para distinguirlo de los “socialismos utópicos” de gente como Proudhon u Owen. Pero…

Una ideología se compone de una explicación y una prescripción. Por el primero de sus componentes, pretende entender cómo funciona una sociedad dada o, como en el caso de la más pretenciosa de todas (el marxismo), la historia entera de la humanidad. (Historicismo marxista o materialismo histórico). Es este componente el que se quiere hacer pasar por científico. Aunque fue la pareja Marx-Engels la que acuñó el término “socialismo utópico”, fue el segundo quien catalogó las teorías de Marx como “socialismo científico”. Muchos creen conmovedoramente que esto es así. El general Raúl Isaías Baduel, con ocasión de su pase a retiro el 18 de julio de 2007, dijo en su discurso de despedida: “…si la base para la construcción del Socialismo del Siglo XXI es una teoría científica de la talla de la de Marx y Engels…”, …”, y el presidente Chávez dijo en la Asamblea Nacional el 15 de enero de este año: “El marxismo sin duda que es la teoría más avanzada en la interpretación, en primer lugar, científica de la historia, de la realidad concreta de los pueblos…” Captor y cautivo piensan lo mismo en este punto.

Fue, sin embargo, nadie menos que Karl Popper, el papa de la Filosofía de la Ciencia en el siglo XX, quien mostrara y demostrara que el “historicismo”, en particular el marxista, era un discurso contracientífico. (En La miseria del historicismo). Antes, en La lógica de la investigación científica, Popper estableció un sólido criterio, el famoso “criterio de demarcación”, para distinguir entre un discurso científico y uno que no lo es. El marxismo no pudo nunca superar la barra del criterio popperiano.

La explicación proporcionada por la ideología usualmente consigue culpables de un estado indeseable de la sociedad—indeseabilidad que se establece según los “valores” de la ideología concreta—que resalta en su crítica. Así, por ejemplo, el marxista sostendrá que la culpa del subdesarrollo es de la empresa privada, cuyo afán de lucro produce la “exclusión” de grandes contingentes humanos en su afán por mantener privilegios de clase, y que el Estado revolucionario está llamado a corregir ese estado de cosas; por lo contrario, un liberal argüirá que el subdesarrollo es culpa de la excesiva intromisión del Estado en la economía y que, si se deja tranquila a la “libre empresa”, será posible alcanzar un desarrollo avanzado. En medio de estos polos extremos se ubican las ideologías intermedias: básicamente la socialdemocracia (socialismo evolucionista o reformista), una suerte de socialismo de virulencia atenuada fundado desde Alemania por Eduard Bernstein hacia 1896, y la democracia cristiana o socialcristianismo, desarrollado a partir de principios expuestos en las “encíclicas sociales” de los papas a partir de León XIII (1891), y que desde un inicio se perfilaba explícitamente como un “tercer camino”.

Todas ellas son formas obsoletas e ineficaces de plantearse la actividad política. Son medicina precientífica. (Pensamiento crítico y científico, 17 de enero de 2020).

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Pero el rechazo de las ideologías no es lo mismo que la execración de quienes se guían por ellas. Mi señora participa en un club de lectura (Las Hormigas), que mantiene un blog para registro de sus actividades y la publicación de otros materiales de interés literario. En su entrada más reciente (Volver la vista atrás…) está la minuta que ella escribió acerca de una novela del colombiano Juan Gabriel Vásquez; en aquélla se lee: “El libro dio para una buena discusión; nos hizo pensar, comprender y saber que perdonar es indispensable para conseguir la paz”.

Escribí en Recurso de Amparo (14 de julio de 2016):

Creo, por supuesto, que el socialismo, en tanto ideología, es terapia equivocada, medicina antigua, concebida en el siglo XIX como toda otra ideología—liberal o libertaria, social-demócrata o social-cristiana (o eso que ahora presentan como si fuera nuevo, un tal progresismo)—con la pretensión de saber cuál es la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que la sociedad actual no lo sea. Su presunción fundamental es errónea: a partir de unos pocos casos observables de empresarios nocivos para el grupo social, razonan que la empresa privada en general es perniciosa y por tanto debe ser establecido un “Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes”. (Diccionario de la Lengua Española; definición de socialismo). Si tal proceder fuese correcto, entonces habría que acabar con el Estado, pues son numerosos los casos de estados harto inconvenientes. Toda institución humana exhibe patologías, y la solución no es eliminarla, sino curarla. Pero eso no es lo mismo que condenar al chavismo a la Quinta Paila del Infierno por toda la eternidad. Es posible hacer ver a quienes se inscriben en esa variedad del socialismo, aunque con dificultad, que su enfoque de la política es equivocado, como lo es toda posición ideológica. El error de mi contendiente no es causa de mi acierto, y nuestra tarea principal es la de reunir a un país ideológicamente dividido.

Como asentara mi jefa, “Perdonar es indispensable para conseguir la paz”.

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Creo que son referencias pertinentes a este tema La muerte de un coloso, entrada del 6 de marzo de 2013 sobre el deceso de Hugo Chávez, y los primeros dos segmentos del programa #35 de Dr. Político en RCR, tres días después:

  Del programa Dr. Político en RCR #35

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Comentarios a editorial de EL PAÍS de España

Primero que nada, se reproduce el compacto editorial del diario madrileño del 27 de este mes de junio que hoy concluye:

 

Opciones en Venezuela

La nueva posición de EE UU y la UE ante el régimen de Maduro es positiva. La pelota está en el tejado de Caracas

Josep Borrell, a su llegada a la cumbre europea de Bruselas el pasado viernes. (JOHANNA GERON / POOL / EFE)

 

El futuro de la profunda crisis de Venezuela depende de sus dirigentes y sus ciudadanos, pero se juega en buena medida en el exterior. Esta semana, la Administración de Joe Biden y la UE han coincidido por primera vez desde la era de Obama en la fórmula para tratar de frenar la deriva del régimen de Nicolás Maduro. La meta es, como siempre, la celebración de elecciones libres y con garantías. Lo inédito es que Washington y Bruselas se abren a levantar las sanciones si el chavismo demuestra voluntad real de diálogo y acepta una negociación amplia. La oposición se ha mostrado tradicionalmente reticente a entablar conversaciones con el Gobierno. Con la excepción de figuras como Henrique Capriles, la mayoría de los líderes antichavistas han rechazado en los últimos años toda opción que no pasara por la inmediata renuncia de Maduro. Las razones para desconfiar sobran. El aparato oficialista no solo controla los resortes del Estado y las competiciones electorales, sino que en los últimos intentos para buscar una salida negociada ha tratado de imponer sus reglas y condiciones. Los ensayos de diálogo, auspiciados por Noruega, algunos países latinoamericanos o la propia UE, han sido una constante. Y los resultados, un rotundo fracaso.

La llegada de Biden supuso un punto de inflexión por las expectativas generadas. Trump endureció las sanciones y mantuvo una posición belicista, incluso agitando las amenazas de una intervención armada. Esa estrategia le sirvió para hacer campaña en EE UU, pero no desembocó en una solución. Al contrario, contribuyó a agudizar el enfrentamiento en el país sudamericano. El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, y el alto representante para Política Exterior de la UE, Josep Borrell, han sentado las bases para una nueva iniciativa internacional, con más fuerza que las anteriores.

El comunicado conjunto emitido el viernes, al que se sumó Canadá, hace hincapié en una salida pacífica, pide el fin de la persecución de los opositores y la liberación de los presos políticos e insta a Maduro a revertir el desmantelamiento de las instituciones. Pero, por encima de todo, abre la puerta a una revisión de las sanciones que han repercutido en la economía de un país ya postrado por una catastrófica gestión. No hay tiempo que perder para paliar una emergencia que ha abocado a millones de personas a la miseria o al exilio. El primer banco de pruebas serán las elecciones locales y regionales ya fijadas para noviembre. Washington y Bruselas llaman a un proceso electoral apegado a los estándares internacionales. La pelota está en el tejado del régimen, que no tiene excusas para negarse a convocar un proceso electoral libre y democrático. A la vista de su lamentable historial, no caben grandes expectativas. Aún así, la nueva posición común de EE UU y la UE es una noticia positiva.

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Para iniciar el comentario de ese editorial de un periódico más bien serio, tomaré de una entrada en este blog del 2 de abril de 2017 (La historia desaparecida):

Primero: la proclamación de Nicolás Maduro, que resultó electo Presidente de la República el 14 de abril de 2013 por estrechísimo margen—sus cifras venían en estrepitosa caída; de haberse celebrado la votación una semana después habría perdido por estrechísimo margen—, fue cuestionada y una vez más se habló de fraude electoral. Henrique Capriles Radonski se refirió a Maduro con el cognomento de “El Ilegítimo” durante más de un año, a pesar de la ampliación de la auditoría de las elecciones a 100% de las mesas de votación. (Ver La torpeza de la deshonestidad).

Segundo: en ese mismo año, Capriles pretendió que las elecciones municipales del 8 de diciembre serían un “plebiscito” * sobre el gobierno de Maduro—lo perdió de calle—, y veinticuatro horas antes Leopoldo López y Ma. Corina Machado lo torpedearon con la publicación de un manifiesto a favor de una constituyente para “#lasalida” de Maduro (por un breve tiempo conocida como “#lamovida”). El 16 de enero hablaba Capriles de una “puñalada en la espalda”, imagen que ha repetido Maduro por estos días para referirse a su propia disidencia interna. López & Machado torpedeaban asimismo una incipiente cooperación del gobierno con alcaldes de oposición en materia de seguridad ciudadana; tal cosa no podía ser permitida.

Tercero: en 2014 “#lasalida” endureció su línea, inaugurando la temporada de guarimbas con la marcha hacia la Fiscalía General de la República. (Sí, con la misma heroína Luisa Ortega Díaz en su jefatura). En un post scriptum Leopoldo è mobile qual piuma al vento, puse: “Lo siguiente fue la ocurrencia del 12 de febrero de 2014, ya claramente distanciada de la línea de la MUD. (Ver en este blog La marcha de la insensatez). En la tarde de ese infausto día, quien escribe veía como muchos venezolanos la transmisión de NTN 24, la televisora colombiana que estaba avisada; había programado un grupo de entrevistas que sólo mostrarían a conspicuos radicales: Leopoldo López, Ma. Corina Machado, Diego Arria y ¡Otto Reich! (¿Por qué consideró NTN 24 que el Sr. Reich, gente de Reagan y los Bush, tenía algo pertinente que decir en los justos momentos cuando se desarrollaban los violentos acontecimientos?)”

Cuarto: poco después de las primeras refriegas, asistimos al espectáculo de un “diálogo” televisado en el Palacio de Miraflores (10-11 de abril de 2014), según el guión oficialista. Maduro llegó a decir en su discurso de cierre que vio “la buena intención” en el rostro de los opositores, a pesar de que Capriles había cerrado el grupo de oradores de la Mesa de la Unidad Democrática con una nueva referencia a los cuadernos de votación del 14 de abril del año anterior. (“La Ley Orgánica de Procesos electorales menciona el cotejo de cuadernos electorales para casos del contencioso electoral, es decir, en caso de impugnaciones específicas, no como procedimiento universal según peregrina idea de la MUD-Capriles”; ver Las reglas de juego, 14 de abril de 2013). “El inusual debate de ideas en un país sumido en una extrema polarización en cada institución estatal, contó con la bendición del papa Francisco, que a través de un mensaje leído por el nuncio Aldo Giordano, pidió a ambas partes que se abran, se reconozcan, se respeten y perdonen y que no se detengan ante la coyuntura de lo conflictivo”. (Noticias 24). La manifiesta ineficacia del aparatoso diseño motivó en este blog la recomendación de reconstruir la instancia sobre nuevas bases. (Una segunda oportunidad: Diálogo 2.0).

Quinto: el 6 de diciembre del año siguiente, la oposición lograba una mayoría determinante de 112 diputados en la Asamblea Nacional. Acá puesto anteayer en Sobre renglones torcidos: “…la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia—el órgano llamado a conocer recursos del derecho contencioso electoral—recibió nueve impugnaciones de algunos de los resultados de la votación, a siete de las cuales se opuso el propio CNE. Bastaba, en principio, que prosperara la invalidación de tres diputados opositores para destruir la mayoría de dos tercios, requerida para actos cruciales del control legislativo como la elección de magistrados del TSJ. (Si a ver vamos, la cámara había sido reducida a un total de 163 diputados, y 109 siguen siendo las dos terceras partes de esa base; pero la Asamblea conducida por Henry Ramos Allup nunca quiso probar una votación calificada con esos números)”. En esa misma entrada del 31 de marzo se dio cuenta del persistente desconocimiento del presidente Maduro desde la Asamblea Nacional, evidenciado en la declaración inicial de Ramos Allup en cuanto tomó posesión de su Presidencia, al postular que era “un compromiso no transable” del nuevo Poder Legislativo Nacional “buscar nosotros, dentro del lapso de seis meses a partir de hoy, una salida constitucional, democrática, pacífica y electoral para la cesación de este gobierno”. Es decir, fue él quien iniciara, con esa declaratoria de guerra, el conflicto entre poderes en el que las sentencias 155 y 156 del TSJ han sido las incidencias más recientes. Después intentaría la Asamblea la avenida de invalidar la investidura del Presidente de la República sobre la base de su presunta doble nacionalidad, que abandonó al recibir de la Registraduría Nacional de Colombia la constancia de que Nicolás Maduro no aparece en sus archivos como ciudadano de ese país. También abandonaría la noción de recortar su período mediante una enmienda constitucional, al percatarse de que el Tribunal Supremo de Justicia la declararía de aplicación retroactiva inválida al caso de Maduro, y se sentó a esperar el proceso revocatorio que la Mesa de la Unidad Democrática intentó activar con retraso de tres meses. (Desestimado inicialmente por el propio Ramos Allup y Jesús Torrealba, entre otros que se oponían porque haría subir las acciones de Capriles, posicionado como el titular exclusivo de la franquicia de la revocación, a pesar de que voces diferentes—la del suscrito entre otras, el 14 de abril de 2013 en Se cae de maduro—habían alertado acerca de tal posibilidad constitucional a partir del 11 de enero de 2016).

Sexto: para coronar las ofensivas bélicas de la Asamblea Nacional contra el Poder Ejecutivo Nacional presidido por Maduro, el 9 de enero de este año [2017] culminó el “juicio político” en su contra proclamando su abandono del cargo (¡?), lo que ni siquiera creía ella misma, puesto que omitió oficiar al Consejo Nacional Electoral ordenando la celebración de elecciones presidenciales. Por último, ya en la última fase de su desvarío, aprobó el “Acuerdo sobre la reactivación del proceso de aplicación de la Carta Democrática Interamericana de la Organización de Estados Americanos” el 21 de marzo. ¿Podemos sorprendernos del aumento de la crónica paranoia oficialista que, en su concepto épico de la política, interpretó tal cosa como preludio a una invasión de Venezuela por efectivos muy bien armados del Comando Sur de los Estados Unidos?

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Más tarde vendría el nombramiento inconstitucional** de un Tribunal Supremo de Justicia “legítimo” por la Asamblea presidida por Julio Borges (2017), y al año siguiente la presidencia de ella por alguien menos pugnaz, Omar Barboza, hasta que llegara la increíble secuencia de desaguisados bajo la presidencia de Juan Guaidó. El 23 de enero de 2019, a escasos 18 días de su elección como Presidente de la Asamblea Nacional, Guaidó se autoproclamó como Presidente encargado ante un “cabildo abierto” en la ciudad de Caracas, con base en una interpretación absoluta e intencionalmente errónea del Art. 233 de la Constitución.

Nuestra Constitución contempla sólo un caso en el que el Presidente de la Asamblea Nacional asume la Presidencia de la República; su Artículo 233 lo establece así en su segundo parágrafo: “Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional”. No es la Asamblea Nacional—mucho menos un “cabildo abierto” que no fue tal y cuyo nivel decisional no rebasa el de asuntos municipales—el órgano que designa a su Presidente como encargado de la Presidencia de la República sino esa previsión constitucional, y ésta requiere la existencia previa de un Presidente electo cuya falta absoluta se haya producido, lo que no ha sido nunca el caso. José Ignacio Hernández, el cuestionado “Procurador Especial” nombrado inconstitucionalmente por Guaidó, escribió el 11 de enero del año pasado [una semana antes de la autoproclamación]: “…el supuesto de hecho del artículo 233 es distinto a los hechos actuales. Con lo cual, y al contrario de lo que parece creerse, el artículo 233 de la Constitución no es la norma aplicable a la crisis actual”. Luego argumentaría falsamente que correspondería a la Asamblea Nacional interpretar ese artículo para “ajustarlo” a la situación real, cuando el Artículo 336 confiere inequívocamente esa potestad al Tribunal Supremo de Justicia. (Exégesis de Crisis (Group), 12 de marzo de 2020).

A continuación vendría la aprobación inconstitucional por la AN del tal “Estatuto de Transición” y la pretensión de que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca el TIAR es “un tratado interamericano, en sus grandes líneas, de asistencia humanitaria. Dicen que tiene que ver con el tema del uso de la fuerza. No es así. Principalmente afecta a cuestiones de asistencia humanitaria”. (Juan Guaidó, El Nacional, 22 de julio de 2019). Más tarde, las intentonas fracasadas de deposición violenta de Maduro por levantamiento militar azuzado por él y Leopoldo López desde La Carlota o la invasión de mercenarios estadounidenses con los que Guaidó había contratado. Todo, como vemos, muy constitucional.

Sobre este pasaje del editorial: El aparato oficialista no solo controla los resortes del Estado y las competiciones electorales, sino que en los últimos intentos para buscar una salida negociada ha tratado de imponer sus reglas y condiciones. Los ensayos de diálogo, auspiciados por Noruega, algunos países latinoamericanos o la propia UE, han sido una constante. Y los resultados, un rotundo fracaso”. Si controlara las competiciones electorales ¿cómo es que el Consejo Nacional Electoral certificó la abrumadora mayoría de diputados de oposición el 6 de diciembre de 2015? Más incomprensible aún: ¿cómo es que el CNE proclamara que los proyectos de reforma constitucional de 2007, de suprema importancia estratégica para Hugo Chávez, fueran desaprobados por minorías ínfimas de 1,31% y 2,02%? Luego, las negociaciones iniciadas en Oslo, que proseguirían en Barbados con la mediación de Noruega, se vieron interrumpidas al levantarse el gobierno venezolano de la mesa; la razón de abandono de la negociación por parte del gobierno fue la justificación por Guaidó de un nuevo lote de sanciones impuestas por el gobierno extranjero para el cual trabajaba.

¿Lo último? Oigamos treinta segundos del primer “Servicio de Información Pública” del día de ayer:

Hay que tener tupé para proponer que una nación vecina declarada en confrontación con el gobierno venezolano participe de las negociaciones que se preparan. LEA

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* “Jamás unas elecciones (democracia representativa) equivaldrán a un referendo (democracia participativa); jamás fueron las elecciones municipales de 2013 un ‘plebiscito’ acerca del gobierno de Nicolás Maduro, como intentara vender Henrique Capriles Radonski. Pretender algo así es adulterar el sentido constitucional de los actos electorales”. (En Consideraciones sobre un texto de José Guerra, 11 de octubre de 2015).

** La Constitución exige la participación del Poder Ciudadano en el nombramiento de magistrados del Tribunal Supremo de justicia, y ese poder público no estuvo presente en la Plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes, donde pretendió elegirse un TSJ que de “legítimo” no tenía nada y poco después llegó a conocerse como “en el exilio”.

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Quiénes amamos y quiénes somos

Lo que sigue es una traducción de la más reciente entrada del estupendo blog de Maria Popova, Brainpickings.

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José Ortega y Gasset sobre el amor, la atención y la arquitectura invisible de nuestro ser

 

Una de las ilustraciones en The ABZ of Love

“La atención es la forma más rara y pura de generosidad”, escribió la gran filósofa francesa Simone Weil poco antes de su prematura muerte. Una época después de ella, Mary Oliver elogió al amor de su vida con la observación de que “la atención sin sentimiento … es solo un informe”. Recordando siglos de poemas de amor de personas geniales que se atrevieron a amar más allá de los límites culturales de su época, el poeta J.D. McClatchy observó que “el amor es la calidad de la atención que prestamos a las cosas”.

Debido a que nuestra atención da forma a toda nuestra experiencia del mundo – esto, después de todo, es la base de todas las tradiciones orientales de atención plena, que entrenan la atención para templar nuestra calidad de presencia – los objetos de nuestra atención terminan, de una manera sutil. pero de manera profunda, dando forma a quienes somos.

Debido a que difícilmente existe una condición de conciencia que concentre la atención de manera más aguda y total en su objeto que el amor, qué y a quién amamos es la revelación última de qué y quiénes somos.

Eso es lo que explora el gran filósofo español José Ortega y Gasset (9 de mayo de 1883-18 de octubre de 1955) en una serie de ensayos escritos originalmente para el diario madrileño El Sol y publicados póstumamente en inglés como On Love: Aspects of a Single Theme (biblioteca pública): una culminación singular de la investigación filosófica de Ortega sobre los puntos ciegos, los prejuicios y los autoengaños conmovedores de la cultura occidental sobre el amor, es decir, sobre quiénes y qué somos.

Al definir el amor como “ese sentido de percepción espiritual con el que uno parece tocar el alma de otra persona, sentir sus contornos, la dureza o la dulzura de su carácter”, Ortega señala que el amor revela “las preferencias más íntimas y misteriosas que forman nuestro carácter individual”. Él escribe:

Hay situaciones, momentos en la vida, en los que, sin saberlo, el ser humano confiesa grandes porciones de su personalidad última, de su verdadera naturaleza. Una de estas situaciones es el amor. En su elección * de amantes [los seres humanos] revelan su naturaleza esencial. El tipo de ser humano que preferimos revela los contornos de nuestro corazón. El amor es un impulso que brota de lo más profundo de nuestro ser, y al llegar a la superficie visible de la vida lleva consigo un aluvión de conchas y algas del abismo interior. Un naturalista experto, al archivar estos materiales, puede reconstruir las profundidades oceánicas de las que han sido desarraigados.

Al definir la atención como “la función encargada de dar estructura y cohesión a la mente”, Ortega la sitúa en el centro de la experiencia del amor:

“Enamorarse” es un fenómeno de atención.

[…]

Nuestra vida espiritual y mental es simplemente la que tiene lugar en la zona de máxima iluminación. El resto, la zona de inatención consciente y, más allá, el subconsciente, es solo vida potencial, una preparación, un arsenal o reserva. La conciencia atenta puede considerarse como el espacio mismo de nuestras personalidades. También podemos decir que esa cosa desplaza un cierto espacio en nuestras personalidades.

Medio siglo después de que William James, una de las mayores influencias y progenitores filosóficos de Ortega, sentara las bases de la psicología moderna con su declaración “Mi experiencia es lo que acepto atender”, agrega Ortega:

Nada nos caracteriza tanto como nuestro campo de atención… Esta fórmula podría aceptarse: dime dónde está tu atención y te diré quién eres.

[…]

“Enamorarse”, inicialmente, no es más que esto: atención anormalmente fijada en otra persona. Si ésta sabe aprovechar su privilegiada situación y nutre ingeniosamente esa atención, el resto sigue como irremisible mecanismo.

Paradójicamente, la narrativa cultural que nos transmitieron los románticos postula que el amor amplía y consagra nuestra conciencia de la vida: de repente, todo se ilumina; de repente, todo canta. Cualquiera que haya vivido la embriagadora euforia del amor temprano lo ha sentido y, sin embargo, Ortega insinúa que se trata de una ilusión de conciencia, que enmascara el fenómeno real en el trabajo, que es más bien lo contrario: todo está teñido con aspectos del amado, difuminado y ignorando los detalles que le dan al mundo su actualidad. Ortega escribe:

El enamorado tiene la impresión de que la vida de su conciencia es muy rica. Su mundo reducido está más concentrado. Todas sus fuerzas psíquicas convergen para actuar sobre un solo punto, y esto le da un aspecto falso de intensidad superlativa a su existencia.

Al mismo tiempo, esa exclusividad de la atención dota al objeto favorecido de cualidades portentosas … Al abrumar un objeto de atención y concentrarse en él, la conciencia lo dota de una incomparable fuerza de realidad. Existe para nosotros en todo momento; está siempre presente, junto a nosotros, más real que cualquier otra cosa. Hay que buscar el resto del mundo, desviando laboriosamente nuestra atención del amado … El mundo no existe para el amante. Su amado lo ha desalojado y reemplazado … Sin una parálisis de la conciencia y una reducción de nuestro mundo habitual, nunca podríamos enamorarnos.

Mucho antes de que los científicos cognitivos llegaran a estudiar la atención de “un discriminador intencional y sin complejos”, cuando enmarca nuestra experiencia de la realidad mediante la exclusión deliberada, Ortega escribe:

La atención es el instrumento supremo de la personalidad; es el aparato que regula nuestra vida mental. Cuando está paralizado, no nos deja ninguna libertad de movimiento. Para salvarnos tendríamos que reabrir el campo de nuestra conciencia, y para lograrlo sería necesario introducir otros objetos en su foco para romper la exclusividad del amado. Si en el paroxismo del enamoramiento pudiéramos ver repentinamente a la amada en la perspectiva normal de nuestra atención, su poder mágico quedaría destruido. Sin embargo, para ganar esta perspectiva tendríamos que enfocar nuestra atención en otras cosas, es decir, tendríamos que emerger de nuestra propia conciencia, que está totalmente absorbida por el objeto que amamos.

Nada ilustra más claramente esta contracción de la lente que la experiencia desconcertante de salir del estado sonámbulo de enamoramiento, una experiencia familiar para cualquiera que haya emergido de un enamoramiento o haya profundizado un enamoramiento hasta convertirse en una almeja y un amor constante. Ortega escribe:

Cuando salimos de un período de enamoramiento, sentimos una impresión similar a despertar y emerger de un pasaje estrecho repleto de sueños. Entonces nos damos cuenta de que la perspectiva normal es más amplia y aireada, y nos damos cuenta de todo el hermetismo y la rareza que sufrieron nuestras mentes apasionadas. Por un tiempo vivimos los momentos de vacilación, debilidad y melancolía de la convalecencia.

Pero a pesar de sus posibles peligros, el amor sigue siendo a la vez la experiencia más interior y la más influyente de nuestra personalidad. En un sentimiento que evoca esa línea exquisita de El Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. – Ortega considera cómo el amor, un rasgo tan invisible pero tan esencial de nuestra humanidad, pule el lente de toda nuestra cosmovisión:

Las cosas que son importantes están detrás de las cosas que son aparentes.

[…]

Probablemente, solo hay otro tema más interno que el amor: el que puede llamarse “sentimiento metafísico”, o la impresión esencial, última y básica que tenemos del universo. Esto actúa como base y apoyo para nuestras otras actividades, sean las que sean. Nadie vive sin él, aunque su grado de claridad varía de persona a persona. Abarca nuestra actitud primaria y decisiva hacia toda la realidad, el placer que el mundo y la vida nos brindan. Nuestros otros sentimientos, pensamientos y deseos son activados por esta actitud primaria y son sostenidos y coloreados por ella. Por necesidad, la tez de nuestras aventuras amorosas es uno de los síntomas más reveladores de esta sensación primogenital. Al observar a nuestro prójimo con amor podemos deducir su visión o meta en la vida. Y esto es lo más interesante de averiguar: no anécdotas sobre su existencia, sino la carta en la que apuesta su vida.

Del mismo libro

Y, sin embargo, nuestra cultura tiene una peculiar ceguera deliberada sobre cómo el amor da forma a la vida y la expresión particular de vitalidad que es nuestro trabajo creativo, una negación peculiar del hecho elemental de que, debido a que amamos con todo lo que somos, nuestros amores impresionan todo lo que hacemos. (Escribí Figuring en gran parte como un antídoto para esta peligrosa ilusión, explorando cómo los amores en el centro de las grandes vidas moldearon la forma en que esas personas geniales a su vez moldearon nuestra comprensión del mundo con su trabajo científico y artístico). Ortega comparte este disgusto por la disminución cultural del amor como motor del trabajo creativo. Al observar que muchas personas con un poder creativo extraordinario han tendido a tomar sus amores “más en serio que su trabajo”, el trabajo mismo por el que son celebrados como genios, y una elección por la que han sufrido burlas de sus contemporáneos y de la posteridad, advierte. contra este juicio cultural común:

Es curioso que sólo aquellos incapaces de producir una gran obra crean que lo contrario es la conducta adecuada: tomarse en serio la ciencia, el arte o la política y desdeñar los asuntos amorosos como meras frivolidades.

Un siglo y medio después de que la astrónoma Maria Mitchell, una figura clave en Figuring, observara que “cualquiera que sea nuestro grado de amigos, estamos más bajo su influencia de lo que somos conscientes”, lamenta Ortega:

No tomamos suficientemente en consideración la enorme influencia que nuestros amores ejercen en nuestra vida.

Pero mientras que el amor revela quiénes somos, también moldea quiénes somos, esculpiendo nuestro carácter y matizando nuestra personalidad. El siglo de la psicología desarrollado desde la época de Ortega ha iluminado hasta qué punto “quiénes somos y en qué nos convertimos depende, en parte, de a quién amamos”. Ortega intuye este poder transformador del amor y, en consonancia con la teoría de Kurt Vonnegut de que se puede estar enamorado hasta tres veces en la vida, escribe:

Una personalidad experimenta en el curso de su vida dos o tres grandes transformaciones, que son como etapas diferentes de una misma trayectoria moral … Nuestro ser más íntimo parece, en cada una de estas dos o tres fases, girar unos grados sobre su eje, para desplazarse hacia otro cuadrante del universo y orientarse hacia nuevas constelaciones.¶

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A propósito de Carabobo

Lo que sigue es transcripción de las dos secciones finales de La verdad que ya no podemos eludir (1984), un artículo que ensamblé de textos previos para acompañar la publicación de una conferencia de Arturo Úslar Pietri en la Casa de Venezuela en Tenerife: La Comunidad Hispánica en el mundo de hoy.*Sigo creyendo que lo que allí propuse tiene sentido, que sería benéfico para el muy traumatizado mundo que habitamos.

La portada de la única edición de la segunda Válvula

 

LOS TABIQUES YA NO EXISTEN

Venezuela resultaría aplastada si pretendiese interponerse entre el Kremlin y la Casa Blanca, como quedaría reducida España dentro de la OTAN y de la Comunidad Económica Europea. Pero fuera del pueblo hispánico no hay otro candidato a ese papel amortiguador, porque no lo es China y no lo es la India ni el Japón y porque Europa es sólo un posible campo de batalla y de los demás ningún otro tiene el tamaño requerido.

Y entonces sí seríamos un mercado enorme, en el que alcanzaríamos la dimensión necesaria a una verdadera industrialización. Entonces sí podríamos salir de la inflación.

Entonces lo que debemos entre todos se tornaría en arma poderosa. Entonces sí podríamos decir a soviéticos y norteamericanos que el conflicto de Centroamérica va a ser digerido en nuestro seno. Entonces la Guyana ya no sería el contendor indespreciable que es para Venezuela, sino lo que Hong Kong es a la China para una federación hispánica. Entonces sí podríamos emprender la senda de la informatización y la modernidad.

Entonces seríamos protagonistas de la “tercera ola”. Lo suficientemente significativos como para proponer incluso la reconstitución de una hermandad más temprana, la del español y el portugués.

Habrá que despejar suspicacias. Habrá que explicar que nuestros Estados conservarían su autonomía ante un gobierno federal democráticamente electo—“constituido por el voto de estos fieles habitantes”. (Acta del 19 de abril). Habría que asegurar que permanecerían las peculiaridades vascas, catalanas, peruanas, mexicanas, canarias, uruguayas, panameñas, colombianas, venezolanas, castellanas.

Habría que darse cuenta de que contaríamos con un tribunal propio y eficaz para dirimir los diferendos territoriales entre nuestros Estados—como los Estados norteamericanos acordaron un procedimiento para dirimir los suyos—y de que entonces sí nos arreglaríamos para explotaciones conjuntas de yacimientos comunes y que ya no tendríamos, por esto, que alienar nuestra voluntad a jueces alemanes o ingleses reunidos en La Haya. Esto es perfectamente posible. El estilo estructural de la nueva democracia española lo permite y lo alienta, como puede colegirse del tratamiento diseñado para los distintos componentes de la nación peninsular: catalanes y vascos, por ejemplo. En efecto, los recientes cambios en la estructura política española facilitan la convergencia con los latinoamericanos, quienes vemos con alivio y alegría la entronización de la libertad en el territorio de la Península.

Es necesario que cesen los partidos y se consolide la unión. El Maestro Grases demostró a la Generalitat catalana cómo el Bolívar tardío, como lo fue el originario, era un Bolívar hispano. Cómo su último sueño era la democracia en la Península que hasta ahora ha sido que Juan Carlos y Adolfo Suárez y Felipe González han podido completar. Sueño al que hubiese dedicado otro juramento si las fuerzas no le hubieran faltado. Él no pudo regresar a la casa paterna puesto que las leyes de la vida le exigían la emancipación. Nosotros sí podemos convocar a todos los hermanos.

Alguien dijo una vez: “Los proletarios no tienen otra cosa que perder que sus cadenas”. Ahora se puede afirmar que los hispanos no tenemos otra cosa que perder que los tabiques. Y éstos, si miramos con atención, ya no están allí. Procesos de actualidad están impulsando una nueva conciencia en este sentido, la que no contradice históricamente el proceso de emancipación de las colonias de la antigua corona española. El interlocutor y hermano peninsular de los latinoamericanos de ahora no es el mismo que combatimos en las guerras de Independencia.

La situación centroamericana es un caso muy claro y contundente. El actual conflicto se resuelve de un modo en el contexto de la tensión entre superpotencias y de un modo distinto dentro de un contexto hispánico. En el primer caso la salida pudiera muy bien ser la detonación de un conflicto de extensión mundial. En el segundo, el marco hispánico puede admitir sin contradicciones regímenes políticos de signo ideológico diverso, pues para él las distinciones entre doctrinas políticas se supeditan al de la unión de un mundo con historia y lengua que sólo adquieren pleno significado en un espacio máximo, más allá de un espacio andino, centroamericano o aun latinoamericano. No estaremos completos sin España.

De allí, por ejemplo, el apoyo que el gobierno español brinda a las iniciativas del Grupo Contadora en relación con la crisis centroamericana y el llamado de atención que ha enviado a las grandes potencias para que se abstengan de considerar a la zona en cuestión como territorio para dirimir disputas que nos son ajenas. Asimismo habrá que entender que hay cuestiones internacionales ante las que los hispanoparlantes asumiremos posiciones coincidentes, como expresión de una conciencia unificada frente a problemas que reconoceremos como propios.

 

MISIÓN PARA UN PUEBLO OLVIDADO

En su edición del 15 de noviembre de 1982, la revista Newsweek publicó un extenso informe especial sobre el tema del idioma inglés como lengua de comunicación internacional. Luego de señalar que después del chino—hablado sólo por los chinos y fragmentado en varios grupos lingüísticos—el inglés es hablado por unos setecientos millones de personas en el mundo entero, pasa a considerar otros idiomas. Dijo Newsweek: “Sólo otro idioma, sin embargo, ofrece un serio reto como lengua para la comunicación mundial: el francés. De acuerdo con las más generosas estimaciones de París, hay 150 millones de francoparlantes en el mundo”. En el resto del artículo el idioma castellano es ignorado por completo. Curiosamente, la revista eligió olvidar, voluntaria o involuntariamente, a un conjunto de trescientos millones de almas que hablan una sola lengua y que ocupan una extensa zona del planeta que se extiende desde la frontera sur de los Estados Unidos de Norteamérica, se aloja en el continente europeo y alcanza al continente asiático en las Islas Filipinas. Se trata de trescientos millones de personas que hablan español, trescientos millones de personas no tomadas en cuenta por Newsweek.

Han sido los trabajos lingüísticos de Sapir y Whorf los que han destacado con mayor fuerza los diferentes marcos mentales, las diversas metafísicas que los distintos lenguajes imponen a los parlantes. Hay cosas formulables en un idioma que resultan impensables en otro. Se piensa distinto en español que en inglés o en chino. El efecto es profundo y a veces indetectable. Esto significa que hay trescientos millones de personas que piensan parecido porque hablan el mismo idioma: el español. Los pueblos que hablan español están ligados, por supuesto, por razones históricas. Pero si cada una de las naciones del mundo hispánico no hubiese tenido relación con ninguna otra y hubiese inventado el idioma castellano independientemente, esto bastaría para hacerlas muy similares en enfoques y percepciones de las cosas. Efectivamente, es el lenguaje un fenómeno profundo y radical. Es por esto que aunque no tuviésemos razones históricas para considerarnos un solo pueblo, la comunidad metafísica del lenguaje nos presenta la unión como la más sensata opción de futuro.

Pues el hecho lingüístico tiene importantes consecuencias para la época que atraviesa ahora la civilización humana. La característica más notable de la próxima fase en la evolución del hombre estará, como lo confirma una miríada de acontecimientos, asentada sobre el uso extenso e intenso de las tecnologías de comunicación e información. Las formas cotidianas de la dominación, por ejemplo, serán las de dominación por posesión de información. La información se superpone a lo económico como lo económico se superpuso a lo militar. En estas circunstancias, la uniformidad que representa un idioma común es un activo de considerable poder. Para la crisis actual, en la que una excesiva preocupación por el know-how, por las señales y por los medios ha desplazado la preocupación clásica por las finalidades, los contenidos y los significados, la emergencia de una nueva realidad geopolítica con un  lenguaje común y una inclinación acusada hacia el mundo de los valores representa una esperanza.

Una vieja leyenda alemana afirma que en el origen del mundo había dos clases de hombres: los héroes y los sabios. Cada mañana, los héroes partían a correr las aventuras que les son propias: doncellas que rescatar, castillos que conquistar y dragones que matar. Al final de la jornada encaminaban sus pasos hacia las cuevas que habitaban los sabios—quizás las cuevas de Altamira—para que éstos les explicaran el significado de lo que habían hecho durante el día. Es un esquema parecido al de Hegel, y en todo caso distante del temperamento español, el que exigiría conocer los significados antes de acometer sus aventuras. Tal vez la historia española se escribe antes de que ocurra.

En 1968 Jorge Luis Borges pasó un tiempo en Cambridge “on the Charles” para enseñar en las aulas de Harvard. Por ese tiempo se le hizo un conjunto de entrevistas muy iluminadoras de su pensamiento. En una de ellas dice diferenciarse de Unamuno en que a éste le angustia la trascendencia y la inmortalidad, mientras que a él, Borges, no le importa si ya no sigue siendo Borges, si no hubiera sido nunca Borges, si no hubiera nunca sido. Es claro que Borges es un redomado mentiroso. Si a alguien le preocupan esas cosas es a Borges, quien no cesa de escribir del infinito, de los espejos y de sus dobles. En el fondo, no puede haber hispano a quien no interese la trascendencia. Es de la trascendencia del hombre, esgrimida contra la posibilidad apocalíptica y maniquea de su eliminación, de lo que precisamente se trata.¶

LEA

………

* En Krisis: Memorias Prematuras (1986), refiero: “Hacia la segunda mitad de octubre Andrés Sosa Pietri llamó a mi casa una mañana. Ya hacía cierto tiempo que mi oficina había vuelto a mi hogar. Me pidió que le ‘sacara’ el número de diciembre de la revista de sus empresas. Estaba inconforme con lo que se había venido publicando. No fue hasta mediados de noviembre cuando se pudo arribar al concepto de lo que fue el primer número de la revista Válvula”. Propuse ese nombre para la revista porque la principal empresa de Sosa era la Constructora Nacional de Válvulas, ignorando que Úslar Pietri había lanzado un importante manifiesto poético ultraísta en 1928 en una revista que se llamó, justamente, Válvula. (Ambas publicaciones, separadas por 56 años, llegaron a editar sólo un único número). En el libro de 1986, expliqué: “Era una locura. Desde fines de noviembre es cuando las imprentas se hallan más atareadas. Se decidió publicar un número dedicado a un solo gran tema: el conjunto de los pueblos hispánicos. Yo tenía la posibilidad de armar rápidamente un texto con lo que había escrito a Arturo Sosa y lo que había dicho en Filadelfia. Se decidió pedir a Arturo Úslar Pietri que escribiese algo. No le fue necesario. Tenía a la mano el texto inédito de una conferencia suya en Tenerife de varios años antes y de una gran actualidad”. Más adelante refiero: “La repartí con orgullo. Al Dr. Úslar Pietri le había encantado. Recomendó su envío a España y a universidades norteamericanas. La llevé o entregué personalmente a una buena cantidad de gente. A mi madre y mis hermanos, a mis suegros, a Marcel Roche, que pasaba unos días en Venezuela antes de regresar a representar a Venezuela ante la UNESCO en París, a Abel Figueira Chaves, el dueño del Automercado Los Palos Grandes, a Isidro Dos Santos, mi suplidor de leche y periódicos, a Oscar Avilán, el amistoso cobrador de las cuotas del automóvil, al profesor Horacio Vanegas, a Cruz Arguinzones, mi mensajero, a Elías Santana, el dirigente de las asociaciones de vecinos, a Gerardo Cabañas, entre otros. Son personas en las que tiendo a pensar cuando tengo algo que dar”.

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