El Chamán del Guaraira Repano entra en trance de cuando en vez, y en más de una ocasión murmura en lenguas incomprensibles. Ayer en la mañana temprano le acompañé a los pozos de la quebrada Tocomé, donde sufrió una súbita parálisis durante unos cinco minutos, con la vista clavada sobre algún punto en lo alto de un eucalipto. Al terminar el episodio, comenzó a musitar, repetidamente, algo que sonaba como “nonivén”. Por fin me di cuenta de que las lenguas incomprensibles que habla lo son porque las pronuncia muy mal. A juzgar por lo que después pronosticó, el término que repetía era inglés: “nonevent”. (Un evento u ocasión decepcionante o insignificante, especialmente uno que se esperaba o quería que fuese excitante o interesante. Un evento programado que no ocurrió. Oxford American Dictionaries).

Un poco más tarde, sentado en cuclillas frente a mí, me dijo que no iba a pasar lo que todo el mundo estaba esperando con la visita del cardenal Urosa a la Asamblea Nacional. “Doña Cilia—explicó—sólo necesitaba la comparecencia para congraciarse con el Sumo Sacerdote de la rama maisántica de la Iglesia Bolivariana. No quiere averiguar nada; lo que quiere es poder decirle al Jefe: ‘¿Vio, Presidente? Puse al Sr. Urosa en el banquillo de los acusados’. Con eso saldrá del paso”. Eso fue lo único que dijo, tres horas y media antes de la cita del prelado en el Palacio Legislativo. Después pasó a otros temas, y no hubo forma de que contestara nada más sobre la confrontación cardenalicio-parlamentaria, que a esas horas me parecía ominosa. Nada; hizo algunas referencias botánicas, habló extensamente del casabe y su valor nutritivo y luego comenzó a adentrarse más en la montaña, advirtiéndome que no le siguiera.

Quedé solo, preguntándome si la negativa de Cilia Flores a la presencia de medios de comunicación durante la comparecencia arzobispal, porque podrían incitar alteraciones del orden público, no era en sí misma la admisión de que no podían garantizarlo. Pero luego pensé que ella podría tener razón. A fin de cuentas, la garantía del orden público es asunto del Poder Ejecutivo, y tomando en consideración aquello de la separación de los poderes, la Presidenta de la Asamblea no podía comprometerse con asunto fuera de su incumbencia. He permanecido en el cerro a ver si el Chamán reaparece, y no sé qué pasó en la reunión. Pero bajaré antes de que anochezca; ya me enteraré de si la sangre ha corrido. LEA

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