Lo contrario se exigía en el Mayo Francés (1968)

 

Es de esperar que La Patilla—sitio web cuyo jefe es Alberto Federico Ravell, el mismo que dirige el Centro de Comunicación Nacional del “gobierno” de Juan Guaidó—se refiera a éste como protagonista de la ficción que lo tiene por Presidente de la República de Venezuela:

El Presidente (E) de Venezuela, Juan Guaidó, propuso una agenda de lucha para el año 2020, donde los partidos políticos estuvieron respaldando una salida política a la gran crisis humanitaria que atraviesa Venezuela. El plan establecido por el Jefe de Estado busca reunificar, rectificar y alinear las visiones de todos los sectores sociales y políticos del país que hacen falta para lograr los objetivos planteados durante el nuevo ciclo. Los liderazgos políticos, estudiantes, universidades y academia, liderazgo sindical, iglesias, sector empresarial, chavismo disidente, el Frente Amplio e incluso fuerzas independientes como Soy Venezuela, son los que formarán parte de la agenda. El mandatario aseguró que el llamado es a convocar un proceso de encuentros y conversaciones abiertas con los principales liderazgos y sectores de las fuerzas democráticas del país, con el único objetivo de incorporar y asignar responsabilidades, con la intención de definir una única hoja de ruta que confrontará directamente a la dictadura desde distintos flancos.

Ya habíamos visto esa película. El 13 de febrero de 2015 se publicaba en este blog Dos cepas del virus salidista, nota en la que se daba cuenta de lo siguiente:

Athos Ledezma, Porthos López y Aramís Machado—quizás es más apropiado Juana de Arco en lugar de Aramís—proponen luego tres agendas bastante completas para un “gobierno de transición”: agenda política-institucional, agenda de atención a la emergencia social y agenda económica. No es esa enumeración, por archiconocida, lo que interesa en el documento, sino esta prescripción:

Asumiendo ese compromiso hacemos un llamado, sin distingos políticos y trascendiendo las diferencias, para que pongamos en marcha, con la urgencia del caso, un Acuerdo Nacional para la Transición en el que esté representada la Unidad de todos los ciudadanos de Venezuela, a través de las visiones de los trabajadores, los jóvenes, los empresarios, los académicos, los políticos, los miembros de las iglesias y de la Fuerza Armada, en fin, de todos los sectores nacionales. Los consensos y compromisos del Acuerdo Nacional le darán solidez a las decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos; para armonizar socialmente al país y para asegurar la estabilidad política en su paso por un proceso que experimentará riesgos, turbulencias y acechanzas de diverso orden.

Una vez más, se cuela el concepto corporativista en el modo propuesto para la aprobación del tal “acuerdo nacional para la transición”. Esto es, el Pueblo no hablaría desde su propia esencia, sino fraccionado en “sectores” (como pedazos de la “torta social”). Cuando Chávez enarbolaba la bandera de la asamblea constituyente en su primera campaña electoral (1998), el artículo Contratesis refutaba esa noción que ahora comparten los comunicadistas à trois:

La constituyente debe componerse, a lo Mussolini, corporativamente. (Chávez Frías et al). Esto es, que debe estar compuesta por representantes de distintos cuerpos o unidades sociales: obreros, empresarios, militares retirados, profesionales colegiados, eclesiásticos, etcétera. Muy incorrecto. Nuestra condición de miembros del Poder Constituyente no nos viene de pertenecer a algún grupo o corporación, sino de la condición simple y original de ser ciudadanos.

(…)

Quien debe hablar en esta crisis es la Corona en estado puro, no sus fragmentos “sectoriales”.

Esto es, lo que se necesita desde hace tiempo y cada vez con mayor urgencia es una gran consulta al Pueblo como único poder capaz de resolver nuestros graves problemas: “Las heridas venezolanas son tantas y tan lacerantes, que no hay modo de curarlas sin una apelación perentoria al poder fundamental y originario del Pueblo, a través de un Gran Referendo Nacional”. (Gran Referendo Nacional, 5 de febrero de 2003).

………

Por su parte, Noticiero Digital registra hoy declaraciones de Gerardo Blyde que traslucen la prefabricación de la figura política de Guaidó (énfasis añadido acá):

El 5E debe resurgir un mensaje de esperanza y debemos trazarnos un camino (…) mi recomendación sería no manejar expectativas muy grandes con respecto a lo que realmente se puede lograr. (…) Tenemos un líder que además tiene un soporte parlamentario importante y reconocimiento internacional, tanto la AN como ese líder son importantes para buscar el cambio. (…) Yo no digo que no haya críticas, pero no destructivas, y en el momento que ataquen a uno, nos unamos. No hay tiempo para crear otro líder, no podemos esperar cinco años más.

Guaidó, admite descuidadamente Blyde, es una creación, un producto de laboratorio o, más bien, de libretistas de una telenovela política. Luego de diecinueve años de marchas para protestar, todavía ese liderazgo fabricado reitera la inexacta e inconveniente comprensión sectorial de la Nación. Carece de la imaginación necesaria para asumir la noción simple y fundamental de que el Pueblo es el poder supremo de nuestra República. Es la contumacia al ignorar tan sencilla y poderosa verdad lo que hace repetir al muy poco imaginativo liderazgo opositor que “debemos trazarnos un camino” (Blyde), que hay que tomar “decisiones que deberán ser adoptadas para salir de la crisis en todos los ámbitos” (Ledezma, López & Machado), que se convoca a “todos los sectores” a un proceso de encuentros y conversaciones abiertas con los principales liderazgos y sectores de las fuerzas democráticas del país, con el único objetivo de incorporar y asignar responsabilidades, con la intención de definir una única hoja de ruta que confrontará directamente a la dictadura desde distintos flancos” (Guaidó).

Todo permanece, se nos dice, aún en el futuro: el camino que hay que trazar, decisiones que deberán ser adoptadas, la definición de una única hoja de ruta. Pero debemos ser comprensivos; tales cosas requieren un esfuerzo de imaginación y ésta no se compra en botica. Hasta ahora, la poca imaginación exhibida es mentirosa: Guaidó no es el Presidente de Venezuela, la Asamblea Nacional no puede autorizar la ocupación de nuestro territorio en aplicación del Numeral 11 del Art. 187 de la Constitución y el TIAR no es es “un tratado interamericano, en sus grandes líneas, de asistencia humanitaria. Dicen que tiene que ver con el tema del uso de la fuerza. No es así. Principalmente afecta a cuestiones de asistencia humanitaria”. (Juan Guaidó, El Nacional, 22 de julio de 2019).

No sé si crear otro líder es lo indicado, Dr. Blyde, pero el actual es muy malo. La manifiesta perniciosidad del régimen presidido por Nicolás Maduro no debe ser superada con la mentira. Eso es, además, una falta de respeto al Pueblo. LEA

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