Un libro* que conviene considerar

 

Creo que Venezuela es un país que está atravesando un proceso de metamorfosis muy profundo. No sé si para bien o no, pero creo que estamos ante un momento que puede ser un gran reto moral como sociedad, que es aprender de este terrible proceso, de este desierto tan grande al que hemos entrado, o quedarnos aislados, dando vueltas alrededor de nuestro propio eje. Hay un justo equilibrio y la oportunidad de saldar cuentas con muchos fantasmas, entre ellos “los hombres fuertes” y los militares. Para mí Venezuela es una proposición, una oportunidad, y esta es una visión que he ido ganando con el tiempo. Yo antes era mucho más dura con el país y creo que, en buena medida, la reconstrucción pasa por pensar el país de otra manera.

Karina Sainz Borgo (conversación con Dalila Itriago)

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El lector entenderá que me hayan impresionado las palabras del epígrafe, tomado de una inteligente entrevista que Dalila Itriago hiciera a la autora venezolana de La hija de la española, novela traducida “a 15 idiomas distintos, distribuida en 22 países, considerada uno de los 100 mejores libros de este año, según la revista Time”. Entenderá aun mejor con el siguiente registro de lo que yo mismo escribiera veinticinco años atrás:

El país está atravesando, en estos mismos momentos, por lo que tal vez llegue a ser la más importante transición en nuestra historia. No hay que perdérsela. Por lo contrario, es la hora de quedarse a producir y contemplar un soberbio espectáculo: el de un país que ha venido asimilando sufrimiento, creciendo en conciencia, aprendiendo serenamente de la adversidad, y que puede convertir ese doloroso proceso en una metamorfosis de creación política. (…) No es el momento de negarnos. Todo país próspero conoció la penuria primero que nada. Nos toca ahora a nosotros comprobar que no somos menos, no somos raza, ni cultura, ni pueblo inferior. A quienes piensan resolver sus problemas en tierra ajena y distante, queremos llamar a la reflexión. Tampoco encontrarán, salvo casos muy específicos y particulares, la vida fácil en ningún país. Todo el planeta vive ahora un inmenso ajuste, que naturalmente invalida o hace obsoletos a más de un modo de vida o producción. La inteligencia está en adaptarse a esta grandísima transformación de la humanidad, aprender y hacer cosas nuevas. (In memoriam Augusto Mijaresreferéndum #6, 8 de agosto de 1994).

Ese artículo, que anticipó en un cuarto de siglo la interpretación de Sainz Borgo, fue redactado en una situación bastante distinta de la actual; aún no teníamos una crisis de la magnitud alcanzada por estos días. Fue publicado (y leído por muy pocos) a mediados del primer año del segundo gobierno de Rafael Caldera y, claro, ya habían mediado el Viernes Negro (1983)—cuando naciera, sin que los venezolanos lo supiéramos, el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200—, el Caracazo (1989), el fallido intento golpista de aquel MBR200 (4 de febrero de 1992) y al año siguiente la defenestración constitucional de Carlos Andrés Pérez, a quien Karina Sainz absuelve sumariamente y en cuyo segundo gobierno se diera el crecimiento tumoral de un sector financiero que explotó a fines de la presidencia pro tempore de Ramón J. Velásquez y condicionó el inicio de la segunda de Caldera. Entre el Viernes Negro de Herrera Campíns y el Caracazo de Pérez presidió la República Jaime Lusinchi, el que admitió en 1985, ya en el segundo año de su período, severas dificultades del sistema político venezolano:

…la insuficiencia política funcional se manifiesta en Venezuela como enfermedad grave y, lo que es peor, con tendencia a un progresivo agravamiento. Es importante notar que la insuficiencia del sistema político es recono­cida por los miembros más conspicuos del mismo. Por citar el caso más notorio, vale la pena recordar una cruda frase del Primer Magistrado Nacional, Dr. Jaime Lusinchi, en ocasión de contestar a las Comisiones del Congreso de la República que fueron a participarle la instalación del período legislativo de 1985. En esa oportunidad el Presidente de la República confesó: “…el Estado casi se nos está yendo de las manos”. (Dictamen, junio de 1986).

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La siguiente pareja conceptual viene al caso:

Es una distinción francesa la idea de una cuenta corta y una larga de la historia. Ésta última es el tiempo lento, secular o milenario, de las sociedades. A su ritmo, las naciones experimentan fases felices o infelices de su existencia; algunas hasta su aniquilación. El progreso de las sociedades, o su declive, no son procesos rápidos. Esta característica de la cuenta larga puede desesperar a los miembros concretos de una comunidad, que quisieran ver la cesación de un mal o una gran necesidad social consumarse en el curso de sus propias vidas de cuenta corta. La lentitud metamórfica de la cuenta larga puede ser tolerada por el filósofo idealista, pero suscita la rebelión del existencialista que se ocupa del aquí y del ahora. ¿De qué me sirve un mapamundi—diría un Kierkegaard caraqueño—si lo que quiero es saber cómo llegar de la parroquia de La Candelaria a la urbanización de La Urbina? (Lecciones disponibles. Carta Semanal #260 de doctorpolítico, 25 de octubre de 2007).

Luego de más de treinta años de la admisión de Jaime Lusinchi la situación es bastante peor, pero una consideración de cuenta larga previene que desahuciemos al país, a pesar de la longevidad de los desarreglos. Por otra parte, en toda latitud de la actualidad es posible registrar crisis políticas, económicas y culturales, como se anticipara ya en el inventario parcial de La médula del problema (4 de octubre de 2019):

¿Será que la raíz de tales procesos es común? Bien pudiera ser que esos casos clínicos de enfermedad política, en apariencia dispares, tengan que ver con cosas como éstas: “En situaciones muy críticas, en situaciones en las que una desusada concentración de disfunciones públicas evidencie una falla sistémica, generalizada, es posible que se entienda que más que una crisis política se está ante una crisis de la política, la que requiere un actor diferente que la trate”. (De héroes y de sabios, 17 de junio de 1998).

Pero las personas, así como las sociedades y de modo más rápido, también pueden experimentar cambios metamórficos. Naturalmente, para que esto sea posible tienen que estar dispuestas a un aprendizaje que en gran medida es una desintoxicación, pues la advertencia de Sainz Borgo no deja lugar a dudas: la reconstrucción pasa por pensar el país de otra manera”.

El país que sufre agudos dolores y privaciones está atrapado en la tenaza de la perniciosidad del gobierno y la incompetencia de la oposición, mientras ambos se pegan mutuamente etiquetas en las solapas: ¡Dictadura! ¡Fascismo! Pobre país. (Etiqueta negra, 11 de abril de 2016).

Es preciso dejar atrás las ideologías—liberalismo o socialismo, socialdemocracia o socialcristianismo, progresismo o cualquier otro agregado conceptual con la desinencia ismo—, guías políticas inventadas en el siglo XIX que sólo sirven hoy como coartada de la mera lucha por el poder.** Una ideología es, esencialmente, “la pretensión de que se conoce cuál debe ser la sociedad perfecta o preferible y quién tiene la culpa de que aún no lo sea”. (El medio es el medio, 29 de abril de 2015). Lo que la sociedad puede hoy exigir de los políticos es su dedicación a solucionar concretamente los problemas de carácter público. Un cambio a favorecer, por tanto, es el tránsito de una política de poder a una política clínica, y esto será posible sólo desde organizaciones que alojen esa búsqueda de soluciones en vez de la mera acusación ritual del adversario. Por ejemplo, en una organización que se defina de este modo:

La Asociación tiene por objeto facilitar la emergencia de actores idóneos para un mejor desempeño de las funciones públicas y el de llevar a cabo operaciones que transformen la estructura y la dinámica de los procesos públicos nacionales a fin de: 1. Contribuir al enriquecimiento de la cultura y capacidad ciudadana del público en general y especialmente de personas con vocación pública; 2. Procurar la modernización y profesionalización del proceso de formación de las políticas públicas; 3. Estimular un acrecentamiento de la democracia en dirección de límites que la tecnología le permite; 4. Aumentar la significación y la participación de la sociedad venezolana en los nuevos procesos civilizatorios del mundo. (Sociedad Política de Venezuela – Proyecto de Acta Constitutiva, junio de 1985).

Pénsum de un taller suficiente para el político profesional

Así que la superación de nuestra castrante circunstancia requiere la lobotomía ideológica en los actores políticos vocacionales, y también el aprendizaje de la sociedad misma. Esto es posible, pues están disponibles nuevas nociones que sustituirían con ventaja la idea de política como lucha por el poder, el mecanicismo newtoniano de “fuerzas” y “espacios” políticos, el reflejo corporativista de entender a la sociedad como dividida en “sectores” y la peregrina idea de un “proyecto país” (los países se construyen a sí mismos).

Para los más jóvenes debe pensarse en una escuela universitaria de Política, no de Ciencias Políticas:

A pesar de la legítima existencia de “ciencias políticas”, la Política no es en sí misma una ciencia, sino una profesión, un arte, un oficio. Del mismo modo que la Medicina es una profesión y no una ciencia, por más que se apoye en las llamadas “ciencias médicas”, la Política es la profesión de aquellos que se ocupan de encontrar soluciones a los problemas públicos. Por tal razón, las soluciones a esta clase de problemas no se obtiene, sino muy rara vez, por la vía deductiva. La esencia del arte de la Política, en cambio, es la de ser un oficio de invención y aplicación de tratamientos. En este sentido, hay un “estado del arte” de la Política. El paradigma así delineado se contrapone a una visión tradicional de la Política como el oficio de obtener poder, acrecentarlo e impedir que un competidor acceda al poder. Esta formulación, que los alemanes bautizaron con el nombre de Realpolitik, es el enfoque convencional, que en el fondo es responsable por la insuficiencia política—exactamente en el mismo sentido que se habla de insuficiencia cardiaca o renal—de los actores políticos tradicionales. El tránsito de un paradigma de Realpolitik a un paradigma “clínico” o “médico” de la política se hará inevitable en la medida en que la sociedad en general crezca en informatización y acreciente de ese modo el nivel general de cultura política de los ciudadanos. (El caso de una Licenciatura en Política, 19 de septiembre de 2003).

Este aprendizaje del Pueblo es tanto o más esencial que el descrito para los profesionales de la Política, y nada tan fundamental como cobrar conciencia de que él es el Poder Supremo del Estado; en nuestra raíz constitucional, que el Pueblo no está limitado por la Constitución. Y es con la conjunción de ambos aprendizajes como la metamorfosis entrevista por Karina Sainz Borgo será exitosa.

¿Es esto posible? Para que algo sea un deber tiene primeramente que ser posible; nadie está obligado a hacer lo imposible. Estoy convencido de que tal programa de toma de conciencia y educación es perfectamente posible, aunque no sea lo que se predique convencionalmente. Nuestra “clase política”, por supuesto, aún se guía por la declaración de Pedro Pablo Aguilar, antiguo Secretario General de COPEI, al diario El Nacional el 7 de junio de 1986: “Mi planteamiento es que los intelectuales, los sectores profesionales y empresariales, los líderes de la sociedad civil no pueden seguir de espaldas a la realidad de los partidos, y sobre todo, a la realidad de los partidos que protagonizan la lucha por el poder”.

Pero ¿no se trata de una metamorfosis?

…el cambio es posible, aunque sea exigentísimo: “…la actual crisis política venezolana no es una que vaya a ser resuelta sin una catástrofe mental que comience por una sustitución radical de las ideas y concepciones de lo político”. (De la presentación del Proyecto SPV). En Krisis – Memorias prematuras (1986), volvería sobre el concepto: “… la revolución que necesitamos es distinta de las revoluciones tradicionales. Es una revolución mental antes que una revolución de hechos que luego no encuentra sentido al no haberse producido la primera. Porque es una revolución mental, una ‘catástrofe en las ideas’, lo que es necesario para que los hechos políticos que se produzcan dejen de ser insuficientes o dañinos y comiencen a ser felices y eficaces”.

Un año más tarde insistía:

…el obstáculo principal consistirá en salvar la diferencia entre una percepción de improbabilidad y una de imposibilidad. Ni aún el menos conservador de los hombres dará un céntimo a una campaña de este tipo si considera que todo el esfuerzo sería inútil, si piensa que un resultado exitoso es, más allá de lo improbable, completamente imposible. El análisis que hemos hecho indica que, si bien el éxito de una aventura así es por definición improbable—a fin de cuentas, se trataría de una sorpresa—no es ne­cesariamente imposible y que, por lo contrario, la dinámica del proceso po­lítico venezolano hace que esa baja probabilidad inicial vaya en aumento. (Sobre la posibilidad de una sorpresa política en Venezuela, septiembre de 1987).

¿Quién dijo miedo? ¿No le tenemos más miedo a lo que ahora vivimos? LEA

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* Nos dice Wikipedia en Español sobre el libro de Polanyi. “El libro publicado en 1944—La gran transformación: Crítica del liberalismo económico – (Texto completo)—intenta explicar la gran crisis económica y social con la que, desde principios del siglo XX, concluyó en Occidente un periodo relativamente largo de paz y confianza en el librecambio. Concretamente, Polanyi busca las causas profundas de una amplia serie de conflictos y turbulencias que incluye dos guerras mundiales, la caída del patrón oro o el surgimiento de nuevos proyectos políticos totalitarios. En último término, La gran transformación caracteriza el liberalismo económico como un proyecto utópico cuya puesta en práctica habría destruido los cimientos materiales y políticos de la sociedad moderna. Metodológicamente, La gran transformación une datos económicos, sociológicos y antropológicos para analizar acontecimientos históricos de gran magnitud”. (Enlace para descargar el libro como archivo de formato pdf: Polanyi, Karl – La gran transformación).

** “No se trata de eliminar el «combate político», sino de forzar al sistema para que transcurra por el cauce de un combate programático como el descrito. Valorizar menos la descalificación del adversario en términos de maldad política y más la descalificación por insuficiencia de los tratamientos que proponga. Este desiderátum, expresado recurrentemente como necesidad, es concebido con frecuencia como imposible. Se argumenta que la realidad de las pasiones humanas no permite tan «romántico» ideal. Es bueno percatarse a este respecto que del Renacimiento a esta parte la comunidad científica despliega un intenso y constante debate, del que jamás han estado ausentes las pasiones humanas, aun las más bajas y egoístas. (El relato que hace James Watson—ganador del Premio Nobel por la determinación de la estructura de la molécula de ADN junto con Francis Crick—, en su libro La Doble Hélice de 1968, es una descarnada exposición a este respecto). Pero si se requiere pensar en un modelo menos noble que el del debate científico, el boxeo, deporte de la lucha física violenta, fue objeto de una reglamentación transformadora con la introducción de las reglas del Marqués de Queensberry. Así se transformó de un deporte «salvaje» en uno más «civilizado», en el que no toda clase de ataque está permitida. En cualquier caso, probablemente sea la comunidad de electores la que termine exigiendo una nueva conducta de los «luchadores» políticos, cuando se percate de que el estilo tradicional de combate público tiene un elevado costo social”. (Los rasgos del próximo paradigma político, 1º de febrero de 1994).

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